Silencio


No había que ser genio para darse cuenta.

Harry James Potter Evans estaba enamorado.

Con la pequeña cucharita, Hermione dio otra vuelta al humeante líquido en la taza, sin poder evitar esa sensación de miedo que se extendía por todo su pecho. Inconscientemente se preguntaba cuánto tiempo demoraría su amigo en contárselo o invitarla a la boda, lo primero que sucediera.

La joven alzó la mirada, encontrándose por una milésima de segundo con los orbes verdes que al instante parecieron encontrar interesante la base de la mesa. El aire se negó en ingresar al cuerpo de Hermione.

Mordiéndose el labio inferior, Hermione pensó que estaba comportándose de manera absurda. Ella debía sentirse feliz por Harry, desearle lo mejor, anhelar que la chica no lo lastime, que le dé la felicidad y estabilidad que él tanto necesita, la familia que él tanto anhela.

Egoísta.

Así se sentía Hermione, y no era porque alguien sin rostro había atrapado el corazón del joven Potter, no piensen mal. Ella lo quiere, aún sin decidirse de qué manera. Es sólo que... pues...

Hermione dio un sorbo a la taza, dejando que el sabor del café inundara su ser y al mismo tiempo aclarara sus pensamientos.

Harry se estaba apartando de ella.

Y eso la hería.

No deseando pensar en el por qué de aquel punzante sentimiento, Hermione volvió sus ojos al reloj que portaba en su muñeca izquierda, aceleró en un par de sorbos su café, y fingió una prisa que no tenía.

–Ha sido un gusto estar contigo un momento, Harry – dijo la joven Granger, su voz temblorosa tratando de ocultar sus temores al haber pasado más de media hora en compañía de él, completamente en un denso silencio, cuando en tiempos anteriores ambos podían perfectamente envolverse en a otro mundo entre diálogos y pensamientos similares.

Los ojos del joven la miraron brevemente, asintiendo por menos tiempo, sus pensamientos volando de inmediato hacia ella. Hermione podía saberlo, sin temor a equivocarse. Ellos siempre se comunicaron con miradas, y la de Harry ahora estaba envuelta en muchos enigmas, imposibles de descifrar para Granger.

Él no se percató de la débil sonrisa de Hermione, ni de sus ojos castaños brillantes.

–Nos vemos – se despidió Hermione, sonándole a pura mentira esas dos palabras.

Las palabras penetraron lentamente en el cerebro de Harry, una sensación extraña asfixiándolo, golpeándolo incansablemente.

Él volvió sus ojos nuevamente hacia la mesa de madera, sumiéndose en sus pensamientos.

Patético.

Harry sonrió, sin ganas. Desde hace tiempo atrás que a sus labios no se asomaba una risita de verdad.

Otra cita más en completo silencio.

¿Valor? ¿Qué demonios es eso? El significado de aquella palabra no existe, no cuando eres incapaz de confesarle a aquella persona, que es exasperante, irritante, llena de tantos defectos que la vuelven perfecta a tus ojos, que no puedes seguirla viendo como una simple amiga. Aunque con Hermione nunca algo ha sido simple.

Y él no puede decírselo.

El destino se mofa en su cara

Harry James Potter está enamorado de Hermione Jane Granger, y es incapaz de decírselo.

Y lo más curioso es que parece que ella no se ha dado cuenta. Aún cuando no era necesario ser un genio para darse cuenta.

Pero el amor idiotiza a los seres humanos, y eso eran los dos.

Par de idiotas.

Fin del proyecto


Es lo que me entregó la musa, otro mini-oneshot sobre mi pareja predilecta en el fandom potteriano. Sé que tengo siglos sin aparecerme por aquí, pero para bien o para mal, Harmony late en mis venas.

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