PRÓLOGO

La joven sonrió para si misma al tiempo que observaba a su alrededor el paisaje tan hermoso que la rodeaba: era realmente bonito, con una enorme playa que se perdía en el horizonte, el mar y sus olas al pie de acantilados abruptos donde iba a morir aquel oleaje,..la flora exótica con sus palmeras , la fauna tropical con sus pajáros multicolores…era realmente un paraiso: era su paraiso,..la Tierra Prometida.

La joven Cetra se encontraba al pie de uno de aquellos acantilados, sentada en el borde, contemplando maravillada el mar, el cielo rojizo al atardecer mientras el sol cedía paso a la luna..Aeris sonrió exhalando un largo suspiro: jamás en la Tierra había visto antes algo tan bello…no parecía real..mejor dicho, no era real, corrigió la joven para si misma. Aquel lugar era donde los Cetras regresaban para vivir llenos de paz y armonía..regresaban al morir.

Al pensar en su muerte, la chica se puso seria. Había pasado ya casi un año desde que Cloud y sus compañeros habían derrotado a Sefirot..un año desde su muerte…al pensar en Cloud un halo de tristeza la envolvió. Seguía sintiendo algo por el, no sabía explicar realmente lo que era…pero cada vez que le recordaba se ponía triste..intentó apartar al joven de su mente y se sorprendió a si misma al recordar que era una persona célebre en la Tiera Prometida: no solo había sido la última Cetra en desaparecer del planeta, sino que había sido la Cetra que había desatado el poder de Sagrado...todos en la Tierra Prometida la tenían respeto..la llamaban " la oradora", en memoria de lo que había hecho por salvar al planeta. Aunque ella no decía nada, no le gustaba mucho ese nombre..le recordaba al dia de su muerte….

Aeris..¿ estás bien?

Mamá…- la joven Cetra sonrió mientras se ponía en pie. Al menos, ahora estaba reunida de nuevo con su verdadera madre, Ifalna. A pesar de todos esos años sin verse, habían mantenido conversaciones silenciosas en la iglesia de los suburbios…Aeris estaba feliz de volver a vivir con su madre.

Llevas mucho tiempo aquí..¿ qué haces?

Es..precioso…- Aeris señaló el mar, el cielo..Ifalna sonrió. Para ella, ya no era tan hermoso debido a todo el tiempo que llevaba habitando el lugar pero para su hija, aquello era aun una novedad.

Lo es, cariño. Aún recuerdo cuando vine aquí..me encantaba pasear por la playa, al atardecer, a solas…y cuando me comunicaba contigo,…me encontraba alli mismo.- Ifalna señaló la amplia playa a sus pies..una pequeña roca emergía del agua..

Allí…me hablabas….- Aeris miró interesada el lugar.

¿ quieres verlo de cerca?

La chica asintió. Las dos mujeres, madre e hija descendieron el acantilado dando un rodeo hasta encontrarse en la playa de cristalinas aguas. El cielo seguía siendo de un rosa fucsia, profundo…Ifalna y Aeris no parecían ser la madre y la hija: Ifalna aparentaba 28 años, y Aeris 22, exactamente las edades en las que habían muerto.siempre seguirían con esas edades. Ambas llegaron a la pequeña roca y se detuvieron.

Me gustaba sentarme aquí- Ifalna se sentó sobre la piedra y su hija hizo lo mismo. La roca era grande y de un color rojizo…Aeris sonrió a su madre:

Es preciosa la Tierra Prometida…

¿ no era asi como te la imaginabas?- preguntó su madre, curiosa.

No es eso, tan sólo…- la joven enmudeció de pronto.

Tan sólo ..¿qué?- Ifalna sabía que a su hija le ocurría algo, por lo que insistió.

Bueno, la Tierra Prometida promete felicidad ilimitada...lo sé..pero…yo no se si..

No sabes si serás más feliz aquí que en la tierra…es eso,.¿ cierto?- preguntó la Cetra con suavidad.

No quiero decir que no sea feliz, estoy contigo..pero hecho de menos a gente..

Ifalna asintió silenciosamente. Sabía que su hija era feliz en la Tierra, sabía que por muy feliz que fuera en la Tierra Prometida no igualaría a la felicidad que había sentido todos esos años con Elmira, su madre adoptiva, o sus amigos…

cariño…hiciste un gran sacrificio cumpliendo la voluntad del planeta. Diste tu vida sin pensarlo, eres una heroína,..lo sabes¿ verdad?

Aeris miró a su madre con sorpresa. Era la primera vez que le decía algo así.

cualquiera lo hubiera hecho, como Cetra era mi deber. Sólo yo podía salvarlo, tenía que hacerlo, no iba a permitir que el mundo fuera destruido. No podía permitir que murieran todos…

en cualquier caso, has sido valiente. Aeris, se a todo lo que has tenido que renunciar, has dejado a muchos seres queridos en la Tierra…incluyendo a un muchacho rubio llamado Cloud..

Aeris no dijo nada.Se puso en pie, el oleaje le mojaba los pies pero no le importaba. En aquel lugar andaba descalza, no tenía temor a hacerse daño, no se podía lastimar con nada…

- mamá, Cloud es pasado..él ahora seguramente estará viviendo con Tifa..será feliz con Tifa..- la joven dijo esto con un nudo en la garganta.

- o quizás te siga queriendo a pesar de todo- sonrió a su hija.

- imposible, ya no existo¿ recuerdas?

- puede que en su corazón, aun vivas y le acompañes a todas horas del día.

La joven enmudeció, pensativa,pero negó con la cabeza.

- mamá¿ volvemos?

Ifalna se puso en pie, y ambas tomaron el camino de regreso a su casa, situada en lo alto del acantilado junto a las demás. Eran casas individuales, enormes, con preciosos jardines repletos de flores. Al llegar a la suya, Aeris sonrió: siempre sonreía cuando veía los escritos en jeroglificos de los Cetras: en letras grandes,a la entrada de su casa, se veía: " casa de Ifalna y su hija, " la gran oradora Aeris, salvadora del planeta"

- ¿ no crees que es un poco exagerado?-Aeris señaló las letras haciendo una mueca.

Ifalna sonrió, pero no contestó. Para ella, no lo era: Aeris había dado su vida y su futuro por la de los demás, lo minimo que podían hacer ahora por ella era elogiarla, pero eso a su hija no se lo comentó, tan solo se dispuso a entrar en su casa. Aunque algo llamó su atención: el buzón parecía haber sido abierto… la Cetra lo observó: una carta reposaba en su interior.

¿ Qué es?- Aeris observó la carta con atención.

Aquí dice, " para Ifalna y su …

Haber si adivino- sonrió Aeris- para Ifalna y su hija " la gran oradora Aeris, salvadora del planeta".

Correcto- rió Ifalna. Es una carta de los Mayores.

Aeris se sorpendió. Los Mayores eran los cetras encargados de reunir a los demás Ancianos para comunicarles noticias, sobre la misma Tierra Prometida o sobre el planeta. En todo el tiempo que había estdo en la Tierra Prometida, solo una vez los Mayores habían realizado una reunión, y esa ocasión había sido para anunciar que Sagrado había vencido a Meteorito. Aquel día una fiesta fue organizada en honor a Aeris.

abrela- Aeris sentía curiosidad.

Dice asi " a todos los Cetras que pueblan la Tierra Prometida:

" nosotros, los Mayores, queremos reuniros en la colina de las flores, para comunicaros una noticia que nos afectará a todos, seamos jovenes o viejos. Se trata del planeta,incómodo con algo que parece amenazarle. La bella Lucrecia, madre biológica del general Sefirot como todos sabreis, nos ha dado una información que queremos retransmitiros mañana por la tarde, exactamente a las 7 :00. Por último, espero que lo que valla a decir ahora no os incomode pero.."

Ifalna se silenció de pronto. Aeris la miró expectante.

-¿ pasa algo¿ que dice la carta?

Ifalna continuó con dificultad.

" pero…a la reunión acudirá un miembro más,..un miebro que todos conoceis muy bien aunque nunca ha estado con nosotros…

Ifalna volvió a callar. Impaciente, Aeris tomó la nota de las manos de su madre y leyó la carta hasta el final. Su rostro palideció...en la carta ponía… " el nombre de aquel miembro, el Gran Sefirot."

La carta cayó de sus manos.