¡Bienvenidos a mi primer fic de Harry Potter! Después de escribir sobre Naruto, me apetecía cambiar de fandom. Pero antes de nada, disclaimer: Harry Potter no me pertenece. Si fuera mío, estaría en las Bahamas sorbiendo un daiquiri y tomando el sol. Esta historia sólo es una ficción propia inspirada por los personajes de la señora Rowling.

Os pido paciencia, porque va a ser un fic largo. Intentaré recompensar vuestra constancia actualizando con la máxima rapidez posible, pero ya os anticipo que soy muy lenta escribiendo. El pairing principal es Draco x Hermione. Cualquier otro pairing que aparezca, como el HarryxGinny o el RonxHermione, es puramente secundario.

Este fic es esencialmente AU. Dumbledore se ha enfrentado contra Voldemort y ha logrado dejarle herido de muerte, por lo que los Mortífagos confían en poder recuperarle iniciando un ritual de sangre durante la noche de Fin de Año. Por su parte, Dumbledore también ha quedado gravemente herido, y Snape es su brazo ejecutor. Es el séptimo año en Hogwarts, y están a punto de comenzar las vacaciones de Navidad. Aquí arranca la historia.


-Para.

-Qué.

-Que estás poniendo nerviosa con tus paseos- restalló Ginny.

Ignorando totalmente a su hermana, Ron Weasley hizo un gesto de desesperación hacia la puerta del aula de pociones.

-¿Pero por qué no sale del examen? Lleva ya dos horas ahí dentro. ¿Se puede saber qué está haciendo?

-Escribir en los márgenes- sugirió Harry con una risita.- Ya sabes cómo es Hermione.

Ron soltó un bufido y se dejó resbalar por la pared hasta caer sentado junto a Harry.

-O citarle a Snape las referencias bibliográficas que ha usado para responder al examen- se sumó Ginny.

Ron se pasó una mano por el pelo, y volvió a resoplar.

-Ahora en serio: todos habéis visto que el examen SÓLO tenía una hoja ¿verdad?-esperó a que los demás lo corroboraran- Entonces, ¿qué preguntas secretas habrá creído ver Hermione que nosotros y el resto de la clase no viéramos pasada la primera hora?

-Bueno, a lo mejor no se sabe alguna de las preguntas-aventuró Neville.

Todas las miradas se posaron en él. Se había hecho el silencio.

-Neville, por dios- habló Harry, expresando el estupor general- Estamos hablando de Hermione.

-Seguro que sale asegurando que le ha ido fatal- predijo Ron, como si pudiera verlo pintado en la cara de Neville. Se peinó el pelo detrás de las orejas e imitó la voz de Hermione poniendo los ojos en blanco- Esta vez sí que me ha ido fatal, de verdad, no sabía si citar el tratado de Cicuta Malitia o a Gladiolus Finnigan, creo que voy a suspender, Dios mío, me suicidaré…

-¡Yo no tengo esa voz, Ron!- le sobresaltó la voz de Hermione, que en ese preciso instante acababa de salir del examen. Le señaló acusadoramente desde el otro lado del pasillo- ¡No creas que no te he oído!

-Oh no- Ron hizo una mueca y se volvió hacia Harry con expresión lastimera- ¿Por qué siempre tiene que enterarse de todo?

Hermione se acercó a sus camaradas Gryffindor a paso vigoroso y descargó pesadamente la cartera en el suelo, junto a Ginny.

-¿Por qué habéis salido todos tan pronto del examen?-preguntó.

Silencio.

-¿Cómo que "tan pronto"?- saltó Ron- ¡Dirás que cómo has salido tú tan tarde! ¡Luego te quejarás cuando te acusamos de ser una obsesa estudiantil! ¿Qué respuestas esperabas encontrar en dos horas?

-¡Respuestas!- repitió Hermione, como si acabara de recordar algo importante- Harry ¿qué has puesto en la pregunta número tres?

Ron puso los ojos en blanco y asió a Hermione del brazo para que le mirara a los ojos.

-Ha puesto: "Hoy es el último examen antes de vacaciones, deja de obsesionarte y de darles la brasa a tus amigos".

Hermione se soltó de un tirón y frunció el ceño, indignada.

-Para tu información, no es obsesión cuando uno está preocupado por un examen que sabe con certeza que ha sido un estrepitoso fracaso.

-¡NO!- se escandalizó Ron, llevándose las manos a la cara- Hermione ¿¡no irás a sacar un nueve!

-Con Snape lo tiene bastante difícil- sonrió Ginny, abrazándose las rodillas- Creo que ya sabemos todos para quién será la matrícula en Pociones.

-Totalmente inmerecida- murmuró sombríamente Hermione.

-Me estáis deprimiendo- suspiró Ron. Se puso en pie y abrió los brazos-Mañana nos dan las vacaciones de Navidad. ¿Es que soy el único que está deseándolas?

-Llevas deseándolas desde septiembre, Ron- rió Ginny.

-Desear con antelación es prolongar la espera- Hermione meneó la cabeza, pero estaba sonriendo- Aunque este año van a ser especiales.- se cogió al brazo de Harry y lo apretó cariñosamente- Me alegro de que te hayas decidido a venir conmigo. Esta noche le escribiré a mi madre contándoselo.

-También podría haberse quedado en mi casa- dijo Ron, sin poder ocultar su envidia- Tenemos sitio para invitados.

Una carcajada desagradable resonó a su espalda.

-"¿Sitio para invitados"¿He oído bien?- canturreó una voz conocida.

Ron se volvió lentamente para encontrarse frente a Draco Malfoy, secundado por sus inseparables Crabbe y Goyle.

-¿Desde cuándo tenéis espacio libre en tu casa, Weasel? ¿Es que se os ha muerto el hámster?-los labios de Malfoy se curvaron en una sonrisa venenosa.

Ron cerró los puños, pero la firme mirada disuasoria de Hermione le detuvo.

-¿Qué tripa se te ha roto ahora, Malfoy?- preguntó Harry, glacial.

Draco le dedicó un eufemismo de sonrisa.

-Oh, nada en particular. Sólo que os he visto aquí tirados por el suelo y he pensado que era muy conmovedor que os solidaricéis así con las largas noches de Weasel en su cama- juntó las manos y suspiró- Muy…Gryffindor.

Hermione agarró rápidamente a Ron antes de que éste saltara y le lanzó una mirada de indignación a Draco.

-Si tú también quieres compasión tendrás que ganártela, Malfoy. Por ejemplo, recuérdanos lo patético que eres en quidditch, tus notas compradas, o tu cara de hurón y a lo mejor nos esforzamos por tenerte un poco de pena.

- Yo no le tendría pena- silbó Ron. Sus ojos castaños llameaban- Está de suerte. Con lo que valora el sitio libre, estas Navidades sin su padre le parecerán las mejores de su vida.

-¡RON!- se escandalizó Hermione. No es que fuera a ponerse de parte de Malfoy, pero usar la muerte de su padre como arma arrojadiza le parecía de mal gusto.

Sin embargo, Draco no había pestañeado. Sin borrar su sonrisita sardónica, miró indolentemente el reloj.

-¡Pero bueno, si sólo has tardado cinco segundos en reaccionar, Weasel!- cerró el reloj y lo guardó de nuevo dentro de la capa- No está mal, no está nada mal. Sigue esforzándote, todo Hufflepuff te anima. Si es que lo que haga esa casa realmente importa, claro.

A sus espaldas, Crabbe y Goyle rieron obedientemente. No porque lo hubieran entendido, por supuesto.

-Supongo que debe ser duro ¿no, Malfoy? Ahora que tu padre está muerto, tienes que ser el doble de capullo para que no se note su ausencia- regurgitó Ron, rojo de ira.

Draco palideció.

-¡RON! ¡Que no te rías de eso!- insistió Hermione, pegándole en el brazo- ¡Era su padre!

-¿De qué parte estás?- replicó Ron, atónito. Apuntó un dedo acusador hacia Draco- ¡Su padre era un Mortífago!

-¡Pero era su padre! No te rías de algo así!- insistió ella.

-Gracias…Granger- musitó Draco, dolido.

Todos le miraron con sorpresa. ¿Era aflicción lo que veían en el rostro de Malfoy, súbitamente demudado?

Ron abrió la boca, desconcertado. Harry y Hermione intercambiaron una rápida mirada de estupor.

Demasiado para Draco. Incapaz de prolongar la pantomima por más tiempo, se echó a reír ruidosamente, con sus secuaces a coro.

-Maldito degenerado- murmuró Harry, mirándole con repugnancia.

Draco se limpió las lágrimas de risa y se volvió hacia Hermione.

-Gracias por tu compasión, Granger- dijo con voz aflautada- ¡Dame un abrazo!

Esta vez fue Ron quien tuvo que impedir que Hermione le sacara los ojos con las uñas al deslenguado Slytherin.

-¿Qué te ocurre, Granger? –Draco se llevó una mano al pecho, fingiendo consternación-¿Me vas a negar el abrazo que tanto necesito?-soltó una carcajada, como si aquello le divirtiera enormemente.- Afortunadamente para mí, no lo necesito. Entre un padre muerto y un padre sangresucia, no hay color. Casi tendría que darte el abrazo yo a ti. Pero no sueñes con ello, Granger.

Hermione se revolvió, furiosamente, pero Ron no estaba dispuesta a soltarla. Clavó sus ojos ardientes en los grises de Malfoy.

-Estaré esperando el día en que te conviertas en Mortífago-siseó, rabiosa-Será el día en que no tengamos que andarnos con miramientos contigo.

Draco ladeó la cabeza, sin borrar la expresión divertida de su rostro.

-¡Yo también lo espero, Granger! Será muy divertido cuando podamos iniciar de una vez por todas la limpieza de sangre- Hermione palideció- Ya que estás tan pesada, te pondré en cabeza de la lista. Para que no se diga que no me acuerdo de mis amigos.

Con un rugido de furia, Harry se levantó de un salto, con la varita en la mano y los ojos destilando odio. Crabbe y Goyle le imitaron inmediatamente. Draco redujo la sonrisa a una mueca y sacó también la suya.

-¿Celoso, Potter?-sus ojos grises titilaron de satisfacción.-No te preocupes. Cuando ese día llegue, tú tendrás toda mi atención.

-¡No llegarás nunca a verlo!-juró Ron, temblando de ira. Apuntó con su varita el insolente rostro de Draco e hizo una mueca-¿Por qué dejar para mañana lo que puedes hacer hoy? Puedes morir como tu padre aquí y ahora.

Un brillo peligroso iluminó las pupilas de Draco. Los nudillos de la mano con la que asía la varita se le pusieron blancos.

-¿Sabes cúal es el problema, Weasel?-siseó- Hay demasiados de vosotros. Demasiados Weasel pobretones. Alguien debería enseñar a tus padres a deshacerse del exceso de natalidad.- dio un paso amenazador hacia Ron- Es fácil. Es como con los gatos. Se meten en un saco, se cierra, y se tira al agua.

Ron palideció. Instintivamente, Harry trató de agarrarle del brazo, temiendo que matara a Malfoy allí mismo.

-A lo mejor ya saben hacerlo- prosiguió Draco con voz suave, disfrutando del efecto que sus palabras tenían en el pelirrojo - ¡Quién sabe cúantos hermanitos podrías perdido ya! ¡Cúantos hermanitos Weasel! Pero ya sabes qué duro es mantener un montón de bocas hambrientas.

-¡Hijo de puta! –bramó Ron, tirándosele encima. Todo el mundo lanzó un grito de consternación al ver al pelirrojo derribar a Draco con un golpe sordo. Ginny se llevó las manos a la boca. Dean animaba furiosamente.

-¡Sepáralos, Harry!- le acució Hermione, sacudiendo su brazo- ¡Rápido!

Ron había perdido el control. Sentado a horcajadas sobre un retorcido Draco, le asestaba puñetazos a diestro y siniestro, sin que la mitad llegaran a su objetivo: pese a que no era tan fuerte como él, Draco era muy escurridizo.

-¡HARRY!- gritó Hermione, mirándole consternada- ¿No vas a hacer nada?

-Se lo merece, Hermione-dijo Seamus, sin apartar la mirada de la contienda- ¡Mira lo que ha dicho de ti! ¡Y de Ron!

En ese momento, Ron soltó un grito y se llevó la mano a la nariz. Malfoy le había asestado un cabezazo y ahora la hemorragia era demasiado fuerte como para seguir peleando.

-¡RON!- gritó Ginny, corriendo a su lado.

Malfoy, con la cara manchada por la sangre de Ron, sonrió triunfal y alzó su varita, listo para asestar el golpe de gracia. Pero Hermione ya había tenido bastante.

Expelliarmus!

La varita salió despedida y fue a parar a los pies de Ron. Los ojos del Weasley se iluminaron automáticamente de puro regocijo. Sin embargo, antes de que pudiera blandir la suya propia, Hermione intervino de nuevo, esta vez con un Petrificus Totalus sobre Ron.

Harry, Seamus, Ginny y Dean contemplaron la escena como si no pudieran creérselo. Draco, estupefacto, miraba a Ron, que se había quedado congelado apuntándole con la varita.

-¡Sois…unos críos!- gritó Hermione, harta de las miradas de estupor que le dirigían sus compañeros.

Draco arqueó las cejas y se llevó una mano a la mandíbula, convencido de que al día siguiente luciría un buen hematoma. Crabbe y Goyle habían corrido a su lado rápidamente, quizá intentando que se le olvidara que en ningún momento habían saltado a defenderle.

-Malfoy - Hermione ahora se había vuelto hacia él, apuntándole fieramente con la varita- Lárgate. Ahora.

-Por supuesto.– respondió Draco, dedicándole una insolente sonrisa- Con Weasel petrificado, esto ya no tiene gracia.

Harry apretó los dientes pero Hermione le lanzó una mirada de advertencia. Caer en las provocaciones de Malfoy era perder el tiempo. Lo único que importaba ahora era perderle de vista con la esperanza de que se cortara la cabeza por accidente.

No obstante, antes de que se perdieran por el último recodo del pasillo, Draco se volvió y se puso la mano junto a la oreja, como si percibiera algo.

-¿Oyes eso, Potter?

Harry frunció el ceño.

-¿Qué se supone que tengo que oír, Malfoy?

Los ojos grises de Draco destellaron de júbilo.

-¡El sonido de veinte puntos menos para Gryffindor!- terció, desapareciendo por la esquina.

Hermione miró a Harry, desconcertada.

- ¿Qué…?

-Oh, no…- gimió Neville, pegándose a la pared como si quisiera desaparecer.

-McGonagall aproximándose en estado de furia asesina a las doce en punto- murmuró Seamus.

Hermione cerró los ojos, sintiendo como el rostro se le ponía incandescente por la vergüenza. Lentamente, Harry y ella se dieron la vuelta para encararla, conscientes de que aunque no hubiera visto nada, la figura de un Ron con la nariz ensangrentada y congelado bajo los efectos del Petrificus Totalus hablaría por si sola.

-¡No puedo creerlo!- estalló la bruja. Sus ojos recorrieron rápidamente a la concurrencia y anotaron el estado de Ron, las caras de culpabilidad de Finnigan y Thomas y la presencia de Hermione Granger- Señorita Granger, no creí que usted participara de este tipo de actividades.

Todos se encogieron ante su áspera voz. Neville era un ovillo humano que contemplaba temblorosamente el adusto rostro de la mujer. Hermione tragó saliva, profundamente avergonzada.

-Sólo pretendía detener la pelea-musitó, bajando la vista- No se me ocurrió nada mejor.

Los ojos de Minerva MacGonagall centellearon.

-¿Pelea?

-Malfoy nos había insultado-se atrevió a intervenir Neville desde su miserable posición.

-Lo sé.-Sus ojos estaban fijos en Hermione- Le he visto escabullirse nada más entrar yo en el pasillo. ¿Puedo saber qué ha pasado exactamente?

Harry se aclaró la garganta y la miró.

-Provocó a Ron burlándose de su familia, y luego se ensañó con Hermione- respondió.-La llamó sangresucia.

La expresión del rostro de la profesora no varió, pero frunció el ceño ante aquel abominable insulto.

-Comprendo- dijo lentamente- Sin embargo, la culpa es sólo suya. Un Gryffindor no cae en provocaciones que sólo buscan hacerles perder la templanza. Veinte puntos menos.

Hermione se quedó blanca.

-¡Pe…pero!-balbució.

McGonagall frunció el ceño y la miró de hito en hito.

-¿Quiere que sean treinta, señorita Granger? Me decepciona usted. Me pregunto qué ha sido de su buen sentido de la disciplina.

Esta última observación acabó por hundir a Hermione en la más absoluta miseria. Pálida como la ceniza, se mordió el labio inferior y asintió sin decir palabra.

-Por cierto-oyó que añadía la profesora antes de darse media vuelta- Hagan el favor de devolver al señor Weasley al mundo de los vivos. Que visite a Madame Pomfrey para que le cure ese estropicio.

Todos volvieron a asentir con expresión desmayada y contuvieron la respiración hasta que la punta de su traje verde desapareció por el recodo.

-Veinte puntos menos- murmuró Hermione sombríamente.

-No es culpa tuya- dijo Harry, pasándole un brazo por los hombros para confortarla- Si no hubieras detenido a Ron, se habría comido a Malfoy.

Los ojos castaños de Hermione se estrecharon hasta convertirse en dos furiosas rendijas.

-Maldito Malfoy- siseó-Maldito bastardo engreído y racista. Todo iba como la seda hasta que apareció. No entiendo qué placer puede hallar en despotricar a diestro y siniestro, sin importarle quién le escucha.

-Lo sé, pero no dejemos que nos eche a perder el día- sonrió Harry, intentando que ella hiciera lo mismo- piensa que nosotros al menos podemos perderle de vista. Su familia, desgraciadamente, tiene que convivir con él.

-Sólo de pensarlo me da escalofríos-murmuró Hermione, frotándose los brazos.

-Malfoy por la mañana, por la tarde, y por la noche- se sumó Seamus, como ensimismado en la idea. Meneó la cabeza mecánicamente- Yo me suicidaría.

-Y yo- aseguró Thomas.

-Y Ron también, si alguien le despetrificara- intervino Ginny, señalando a su hermano.

-Lo siento, Ginny- se disculpó Hermione, arremangándose y apuntando con la varita a Ron- Me había olvidado totalmente de él.

Tras pronunciar el contrahechizo, Ron cayó al suelo con un golpe sordo, completamente aturdido. Lo primero que hizo fue llevarse las manos a la nariz y mirar enfadado a Hermione.

- Her…mione-masculló, tocándose con cuidado la nariz -¿Se puede saber por qué…?

-Tuve que hacerlo- se disculpó, contrita- Ibas a meterte en problemas si hechizabas a Malfoy.

Ron miró a Harry.

-¿Me he perdido algo?

Harry sonrió.

-Bueno, tanto como perderte...no creo que nadie quiera asistir a una reprimenda de McGonagall.

-Ni que su casa pierda veinte puntos – añadió Hermione.

-Pero no ha habido ninguna detención, ¿ no?- inquirió Ron, aterrorizado ante la idea de perder días de vacaciones.

-No- respondió Dean- Afortunadamente, podríamos considerar que McGonagall está de nuestra parte- movió los dedos en el aire, entrecomillando la frase- Si hubiera sido Snape, mañana estaríamos limpiando las mazmorras de Slytherin en vez de coger el tren de vuelta a casa.

-Bueno, eso es lo más importante- suspiró Ron, satisfecho. Se sacó un pañuelo de la capa y se lo aplicó cuidadosamente contra la nariz para limpiarse la sangre- Veinte puntos menos no importan. Los recuperaremos- aseguró, ignorando la expresión escandalizada de Hermione. Intentó ponerse en pie, pero las piernas no le respondían-¿Por qué…por qué no puedo moverme?-preguntó, pálido.

-Efectos secundarios del Petrificus- respondió Hermione- Tardarás unos cinco minutos en recuperar la movilidad de todo el cuerpo.

-Nosotros nos vamos a la torre a recoger las cosas- dijo Seamus, echando a caminar con Neville y Dean- Nos vemos allí.

-¡No me dejéis solo aquí sentado en el pasillo como un idiota! ¡Traidores!- protestó Ron. Lanzó una mirada suplicante a Hermione- ¿Herm, tú te quedas conmigo, no?

-Lo siento-respondió la joven bruja, con expresión compungida-Pero tengo que ir a escribirle a mi madre avisándola de que traeré a Harry conmigo a casa por Navidad.

Ron frunció el ceño. No le pasaba desapercibida la emoción que titilaba en los ojos de Hermione cada vez que mencionaba a Harry, y se sentía incómodo. Antes le hubiera dado igual, pero desde hacía más de un año, ella, a pesar de su sabelotodismo y su obsesión por la pulcritud, se había hecho un hueco en su corazón, varios centímetros por encima de la zona reservada a la amistad. Cada vez que una lechuza llegaba con una carta de Víctor Krum, a Ron se le indigestaba la comida.

¡Y sin embargo allí estaba ella, dispuesta a abandonarle en mitad del pasillo por ir a escribirle a su madre las excelencias de Harry!

Ron meneó la cabeza y dejó escapar un profundo suspiro.

Ten amigos, pensó.

-Ya me quedo yo contigo- oyó que le decía Harry, dándole una palmadita- Así nos ponemos de acuerdo para vernos estas vacaciones.

-Gracias, Harry-murmuró Ron, sintiendo que volvía a él el buen humor pre navideño- Eres un amigo.

Snape llenó lentamente la copa de agua y se la tendió a Dumbledore.

-Despacio, Albus.-murmuró, serio.

El anciano mago asintió y sorbió el contenido lentamente. Tenía mucha sed, pero dar un trago más largo de lo normal significaría echar por tierra los esfuerzos curativos de Madame Pomfrey. A raíz de la batalla contra Voldemort, sus pulmones habían resultado gravemente heridos y sabía que ya no iba a recuperarse del todo. No a sus años. Sin embargo, una sonrisa apareció en su arrugado rostro.

-Siempre te has…preocupado demasiado, Severus-murmuró- Estoy bien.

Era mentira. Ambos lo sabían. Snape hizo una mueca y se llevó las manos a la espalda, iniciando un lento deambular por el cuarto.

- ¿Qué vamos a hacer con Malfoy?- preguntó finalmente, en su característico tono de bajo.- No puede volver a casa con Narcissa. Será el primer sitio donde le buscarán.

El viejo mago no dijo nada. Ladeó levemente la cabeza sobre la almohada y dejó que sus ojos recorrieran la tapicería del techo mientras sopesaba las diferentes posibilidades.

-Evidentemente, mandarle a casa de Crabbe o Goyle tampoco sería buena idea- murmuró el maestro de pociones- Quizá con los Parkinson…

Dumbledore agitó débilmente la mano, descartando aquella idea.

-En estos momentos, ninguna casa Slytherin es segura. Muchos tienen o han tenido relación con los Mortífagos.

Silencio. Durante varios minutos, sólo se oyó el quedo tic tac del reloj de pared.

-Podría quedarme yo con él aquí-propuso Snape, tras meditarlo unos segundos- Por poco que me entusiasme compartir mis vacaciones con un adolescente malencarado.

-No, Hogwarts está descartado también- Dumbledore se irguió y bebió trabajosamente un sorbo de agua de la copa situada en su mesilla de noche. Tosió- Por los mismos motivos que las casas Slytherin. Además -prosiguió débilmente- necesito que sigas desempeñando tus funciones.

Snape se cruzó de brazos y miró al viejo mago con expresión sombría.

-Entonces, ¿dónde sugieres que le enviemos? ¿A casa de los Weasley?- ah, el sarcasmo.

Dumbledore le miró de hito en hito, con una extraña expresión en el rostro.

-Era una broma.-aclaró el maestro de pociones, sin creerse que pudiera estar considerando aquella idea.

-Brillante, Severus- se regocijó Dumbledore, sin mirarle.