O.o Kaoru-chan o.O


-Disclaimer-

Rurouni Kenshin no me pertenece, este fic es por mero entretenimiento.

-Author's notes:

Ho! Perdón por la tardanza. Creo que ya no sigo un orden de actualización, escribo lo que me resulta más facil y lo subo. De una forma, es mucho mejor porque no desaparezco por mucho tiempo, pero bueno... no actualizaré las que a ustedes le gusta... pero... no se quejen:P


'A la vuelta de mi casa nació el amor: Cupido toca la puerta'

By: Kaoru-chan

Capitulo 6: Un poco igual a antes

- ¡Nos vemos mañana Kao-chan! –

Kaoru se dio media vuelta y saludó a sus dos felices amigas que movían la mano frenéticamente desde el auto de un chico que habían conocido en el baile. Sonrió contenta hasta que sus amigas desaparecieron de su vista. Sus manos comenzaron a buscar las llaves en su cartera. Una vez que las encontró, miró la casa frente a ella. Grande e impotente, como la casa de al lado. Lentamente miró la casa vecina. Casi idéntica a la suya pero con rasgos más modernos.

Observó detalladamente como los primeros rayos del sol golpeaban la casa y alumbraba una de las habitaciones del piso superior. Su sonrisa se borró y su mirada se profundizó como si se perdiera en algún recuerdo. Recuerdos, donde antes en esa misma ventana una silueta le llamaba por las noches, cuando le corría las cortinas y le abría la ventana invitándola a pasar y a dormir. Donde en las noches de tormenta buscaba refugio, donde era escuchada, donde jugaba con su igual. Ya nada sería igual a antes.

Y por primera vez en mucho tiempo, sonrió con tristeza. Colocó la llave en la puerta, pero no la abrió, solo se quedó mirando la cerradura y la llave entre sus dedos. Lentamente su cuerpo comenzó a tensarse, su respiración se agitaba y tenía unas ansias que la carcomía por dentro. Necesitaba respirar, sentía como sí le faltara el aire. Algo muy fuerte le apretaba el pecho y sentía el mismo dolor que hacía tiempo no sentía, pero ahora acompañado con el remordimiento.

Cerró sus ojos fuertemente, intentando disipar aquellos recuerdos, aquellos pensamientos y aquellos sentimientos. Intentó controlarse y respirar con normalidad. Cuando le ordenó a su cuerpo relajarse, y lo logró, volvió a abrir los ojos. Pero ellos le ardían. Sacudió la cabeza e intentó sonreír. Una sonrisa débil y sin mucho sentimiento, algo no propio de la jovencita más alegre del pueblo, pero una sonrisa al fin y al cabo. Miró sus ropas un instante y se vio presentable. Al levantar la vista al cielo nuevamente, vio la claridad del día. Alentándose a sí misma, retiró la mano de la cerradura y se alejo de su casa. Tal vez, después de todo, pudiera hacer ese ahora un poco igual a lo que era antes.

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Megumi se reincorporó de su cama. Somnolienta y toda despeinada, sus ojos parpadearon un par de veces antes de adaptarse al sol de la mañana. Kaede ya se había encargado de abrirle la ventana y descorrer las cortinas. Restregó sus ojos, salió de la cama. Se colocó la bata de dormir arriba de su camisón rosa que le llegaba hasta la rodilla y caminó hacia el baño. Allí, abrió el agua de la bañadera y nivelo el agua a una temperatura cálida. Echó un poco de sales y aceites, y poco tiempo después, la bañadera estaba llena de espumas. Se despojó de sus ropas y metió un dedo en el agua. El agua estaba exquisita.

Relajó su cuerpo al sentir el agua golpeándola en pequeñas olas, las sales masajeando su cuerpo, y el olor a jabones la abrumó por un instante. Cerró sus ojos y recostó su cabeza en el borde de la bañadera.

Finalmente era sábado. Tenía todo un fin de semana para ella sola. Sin preocupaciones, ni chiquilinas insoportables con sonrisas no-naturales en la cara. Nada de papeleo, nada de horas hasta tarde y pacientes mirándola feo.

Aquel fin de semana no vería a Kenshin Himura.

El recuerdo de un pelirrojo de ojos lavandas, la llevó a su mundo de doctores. Todos vestidos con batas y llenos de papeleo y pacientes impacientes. Kenshin Himura, era un doctor sumamente conocido en la ciudad de Tokyo, más que nada por ser uno de los cirujanos más jóvenes y atractivos que había. Pero además de eso, tenía una personalidad envidiable. Todo el mundo parecía quererlo en Tosa.

Muy diferente a lo que era Tokyo.

Tal vez sea una de las razones por la cual sienta una atracción por el doctor. Admiraba mucho su trabajo, pero además tenía el suficiente coraje para despegarse de su ciudad natal y comenzar una nueva vida, dejando todo atrás. Como lo habían hecho sus padres. Ellos habían dejado toda su vida en Japón, la habían dejado a ella, y habían comenzada a recorrer el mundo en busca de nuevos métodos de curación, de nuevos tratamientos y en busca de salvar a la mayor cantidad de personas posibles.

Tal vez, sin que se diera cuenta, lo que ella buscaba en Tokyo, en Tosa, en Kenshin Himura, era una representación de sus padres permanente. Una persona como ellos, pero que estuviera con ella. Tal vez por eso haya decidido trabajar con él, por eso tal vez, le atraía tanto.

Abrió los ojos y se sentó en la bañadera. Nunca lo había pensado de esa forma. Pero, le encantaba aquellos ojos, aquella sonrisa, y aquella personalidad. Sin embargo, la sonrisa de Kenshin era diferente para cada uno de los receptores, y a ella le gustaba mucho la sonrisa que tenía Kenshin cada vez que Kaoru venía.

En aquellos momentos, desearía ser Kaoru, ser feliz y sonriente como ella. Ser amada de la misma manera que ella lo era. Pero solo se podía conformar con ser Megumi Takani, la amargada hija única de los Takani.

Tal vez, lo que necesitaba Kenshin, no era alguien como ella. Sino tal vez, como Kaoru.

Sonrió con amargura. Había sido derrotada por una alegre adolescente.

-

-

Toc-To—

Kaoru ni siquiera había terminado de golpear, cuando las cortinas se descorrieron y dejaron ver a su pelirrojo vecino abriendo la ventana. Kaoru le sonrió y saltó del árbol para acercarse un poco más a la ventana. Kenshin estaba vestido con el pijama, pero con la bata de dormir encima, pero su cabello estaba bien peinado y su rostro limpio. Algo inusual teniendo en cuenta de que era muy temprano y al ser domingo la mayoría de las personas se levantaban tarde, y Kenshin no era la excepción. Al parecer llevaba un tiempo despierto.

- ¡Muy buenos días Kenshin! – saludó Kaoru alegremente mientras pasaba por la ventana de la habitación. Limpió sus ropas, sacando la tierra de la misma y un par de hojas de su cabeza.

- Buenos días señorita Kaoru – saludó con una sonrisa Kenshin, mientras veía a la jovencita pasar por el umbral. - ¿Se divirtieron?

- Sora y Tae siempre se divierten. – dijo Kaoru sonriente, - les encanta salir a bailar. Conocimos a unos chicos, los mismo que nos trajeron.

- Eso no es muy seguro – añadió Kenshin frunciendo el ceño, pero no de enojo.

- Ya lo sé, pero es imposible detenerlas. Pero al parecer les conocían de una escuela

- Sigue siendo arriesgado – siguió Kenshin. Poco después levantó la mirada hacia Kaoru – Pero sigue sin responderme como la pasó.

- Bueno... no soy muy fanática de los bailes, - dijo tímidamente.

- En tal caso, no debería haber ido.

- Si, lo sé, pero las chicas querían, además me sentía en deuda. – sonrió Kaoru, recordando todas las veces que les había negado una salida.

- Eres muy buena – dijo sinceramente Kenshin. Alargó su mano hacia Kaoru, quien abrió los ojos de sorpresa. La mano de Kenshin tocó sus cabellos y Kaoru sintió una caricia... hacia mucho tiempo, en ese mismo cuarto... en esa misma habitación...

Lentamente, Kenshin sacó su mano y Kaoru vio en ella una pequeña hoja de árbol. Sonrió, al parecer aliviada.

- Iré a preparar el desayuno – dijo Kaoru caminando hacia la puerta.

- De acuerdo, enseguida bajo – dijo Kenshin sonriendo. Kaoru se dio media vuelta y levantó la mano como si lo saludará. Detrás de él estaba la cama, pero estaba hecha.

'¿Hace cuanto que esta despierto?'

Kenshin se quedó mirando el punto donde Kaoru había desaparecido. Bajo la cabeza y los mechones de su cara le taparon sus ojos, caminó hasta el baño de la habitación y se lavó la cara. Varias veces. De pronto se encontró mirándose en el espejo del baño. No había podido dormir en toda la noche. Había estado casi toda la noche mirando el techo de su habitación.

Muchos recuerdos lo habían asaltado durante la noche. Recuerdos de una vida mejor. De una noche como esa. Solo acostado en la cama, acosado por recuerdos oscuros. En aquel momento, todo su alrededor parecía atacarlo, recordando lo que había hecho, manteniendo latente la cicatriz que tenía en su corazón.

Respiró hondo. En aquel lugar nadie le había arrinconado con preguntas sobre su pasado. Tal vez no le interesaban o era por respeto, de una forma u otra se los agradecía. Todavía no tenía el valor para enfrentar su pasado en aquel lugar tan puro e inocente. Allí parecía que nadie conocía el dolor, todo era armonía y dulzura, como su vecina Kaoru.

Todo el pueblo parecía amarla, y la verdad tenía razones para hacerlo. Era buena con todo el mundo, ayudaba cuando se lo pedían, no importaba que, además siempre estaba cuando se la necesitaba y sonreía de una manera que hacia saltar tu corazón de la emoción. Que te ponías contento de solo verla, aunque no hablaras, su presencia era exquisita. Además era muy linda y hasta donde había oído, tenía un club de fans...

Durante toda su vida, Kenshin no había conocido a una chica tan dulce como ella. Ella era de las que escaseaban. Dichoso sería su futuro marido.

Podía imaginarse una pequeña Kaoru corretear por los jardines con enormes ojos azules y sonrisa impactante. Si, sus hijos serían todos hermosos y amados como ella.

Se encontró a si mismo sonriéndose frente al espejo. ¿Dónde había quedado su inquietud? Se encogió de hombros y bajo a ayudar a Kaoru con el desayuno.

Sin siquiera detenerse a pensar en aquellos ojos negros que le atormentaron la noche.

O o o O

- Pues este café ha estado mejor que el de ayer – comentó Kenshin tomando el último trago de café de su taza.

- Solo lo dices porque me quieres – dijo Kaoru vaciando todo el café de la cafetera en el lavado. Kenshin solo sonrió.

- Mañana le saldrá mejor.

- Si – respondió Kaoru en un bostezo.

- Debería dormir. Yo lavaré los platos – Kenshin se reincorporó

- Esta bien, puedo hacerlo yo – respondió Kaoru sonriendo y arremangándose.

- Yo me encargó – dijo Kenshin tomando la esponja de las manos de Kaoru en un roce – Vaya a descansar. Su hermano debe estar preocupado.

- ¿Sano? Seguro debe estar durmiendo como un tronco – respondió sinceramente Kaoru, mientras secaba los platos que Kenshin lavaba. Kenshin suspiró al notarlo, nadie podía con su genio.

- Sin embargo, se preocupa mucho por usted – dijo recordando las llamadas que le hacía cuando estaba en el consultorio – siempre la pasa a buscar en el consultorio.

- Es que no se fía mucho de ti. – respondió sin pensar Kaoru, más tarde se reprendió a si misma por haberlo dicho.

- ¿Como? – preguntó Kenshin sorprendido.

- No quise decirlo de esa manera. – se apresuró a agregar – Es solo que mi hermano no se lleva bien con los doctores.

- ¿Y eso porque?

– Porque perdió a alguien muy importante gracias a ellos.

Y Kenshin no preguntó más al ver la cara de Kaoru. Su expresión era la misma, pero era la primera vez que notaba algo extraño en los ojos azules.

Poco tiempo después. Kaoru salía despidiéndose dejando solo a Kenshin, sin ningún pensamiento.

O o o O

Kaoru abrió la puerta de su casa. Todo estaba a oscuras, en penumbras. Caminó sin hacer ruido, intentando no despertar a su hermano, aunque si un hipopótamo pasaba por allí, no se daría cuenta. Tiene el sueño pesado.

Se sacó los zapatos y comenzó a caminar en puntas de pie. Vio la mesa donde se encontraba varias cartas, y no encontró la que esperaba con tanto anhelo. Solo una carta de Tokyo le alegró un poco la mañana. No logró avanzar mucho cuando vio un movimiento en el sillón. Su corazón dio un vuelco, pero logró juntar valor para acercarse. Tomando un jarrón como arma, se encaminó hacia el sillón. El movimiento seguía. Cuando estaba a punto de lanzar el jarrón, notó que un castaño estaba sentado en ella.

'Oni-chan' sonrió aliviada al verlo. Al parecer tenía una pesadilla por la forma en la que se movía. Le revolvió el cabello y lo tapó con la frazada que se había caído al piso. Cuando ya se estaba retirando. Su hermano abrió los ojos. Castaños la recibieron.

- ¿Cómo la pasaste? – preguntó haciéndose a un lado. Kaoru captó el mensaje, y se acomodó al lado de su hermano, como lo hacía cuando era chica. Se arropó con la frazada y respiró profundo, dejando todo su cansancio salir a la superficie. – No deberías exigirte tanto – continuó Sanosuke.

Kaoru sonrió como toda respuesta.

- Esa sonrisa no funciona conmigo jou-chan – siguió su hermano serio. – Quiero que sonrías cuando de verdad lo sientas.

La sonrisa de Kaoru se borró al instante, dejándola con el semblante serio. - ¿Me estabas esperando? – preguntó distante.

- Eres jou-chan – contestó de la misma forma Sanosuke.

Kaoru reprimió una sonrisa.

- ¿Cómo te fue?

- Sabes que no me gustan los bailes

- Entonces¿Por qué fuiste?

Kaoru se encogió de hombros.

- Así no vas a ganar nada.

- Pero a mamá le gustaría.

- Eso no la traerá de vuelta.

- Pero me hace recordarla. Como tú lo haces...

- Kaoru...

- Lo sé, lo siento. Pero oni-chan, tu también...

- Ya lo sé.

- Pero igual...

- Lo sé.

- Entonces¿Porque?

- Por la misma razón que tu lo haces. Para no olvidar.

- Pero te estas lastimando.

- A veces deberías escucharte más seguido.

- Pero lo mío es diferente.

- Tal vez.

Los hermanos se sumieron en silencio.

- Lamento que no te llegara nada.

- Esta bien, me lo imaginaba. Igual, seguiré esperando.

- ¿Las dos cosas?

- Son importantes.

De nuevo silencio.

- escuché antes las llaves¿Qué pasó?

- Fui a visitar a Kenshin.

Sanosuke resopló.

- Sabes, deberías intentar conocerlo. No es como crees. Megumi tampoco

- Esa mujer me crispa los nervios.

- Creo que es mutuo – Kaoru sonrió divertida. Miró a su hermano – Quiero verte sonreír oni-chan... Acuérdate lo que prometiste.

- Lo sé, lo sé. Solo necesito tiempo.

- La semana que viene es el festival. Ese día sería perfecto.

- Ya veremos...

- oni-san...

- Esta bien, esta bien ¿de acuerdo?

- ¡bien!

Kaoru recostó su cabeza en el hombro de Sanosuke y cerró sus ojos.

- Te manda saludos de Tokyo – dijo Sanosuke

- ¿Va a venir?

- dice que este año no puede, pero el próximo te espera.

- ojala.

- Te irá bien. Tienen que estar locos para rechazarte.

- eso espero

Sanosuke cerró sus ojos, y cuando Kaoru comenzaba a dormirse, dijo.

- mmmh... oni-chan...

- mmh?

- ¿No tenía que ir a trabajar?

O o o O

Notas de la autora: Actualización un poco lenta, pero es todo lo que puedo hacer. Comencé la universidad y la verdad que te dan una cantidad de cosas para leer. Ahora entiendo a muchas autoras.

Pero además de eso, tengo un bloqueo y no me sale escribir. Además estoy enfermita y tengo un poco de fiebre, y estoy muy mocosa :S

¿Qué más? Ah, si, estoy comenzando un nuevo proyecto, con una amiga. Muy pronto lo van a ver. Pero les adelanto que va a estar muy pero muy bueno. ¿Adelante? Se va a llamar Glamour en la isla.

Este fic va a tener quince capítulos, mas o menos los tengo estructurados así que solo será cuestión de escribir.

El resto de mis fics...

-Like we were yesterday... – Capitulo 14 – En progreso, me queda una hojita o dos para terminar el capitulo.

-I hate you love –Capitulo 8- Terminado.

-El fin del sueño-En la indecisión de que hacer.

-Si te odio te amo, si estudio estoy en el secundario-Capitulo 5- Todavía no escribí nada :P

-Broken Pieces-Traduciendo el capitulo 7-

En proceso de varios especiales.

Eso es todo. Los veré en mi proxima actualización que esperemos que sea pronto.

Bai Bai


Please review so you'll update soon and makes me happy :)

Por favor review de esa manera actualizaré más rápido y me hace feliz :)

O.o Kaoru-chan o.O