Disclaimer: Nada es mío, todo pertenece a otra gente y/o otras empresas y lo único que yo consigo es desgastar mis neuronas y las teclas del teclado.

Stand by my side

Epílogo

La nieve suavizaba la vista que se apreciaba desde la ventana de la torre. Ya era de noche, pero el manto suave y blanco de los copos recién caídos brillaba débilmente con destellos de cristal.

Era la primera Navidad que Lily no pasaba en casa. A pesar de que intentaba luchar contra la melancolía y los recuerdos, en una época como la Navidad no resultaba nada fácil.

Suspiró, corrió la cortina y se sentó en uno de los mullidos sillones del pequeño saloncito de los Premios Anuales. James estaría a punto de llegar. Había tenido que salir hacía un par de días para asistir al funeral de un amigo de sus abuelos. Mortífagos. Cada vez estaban más activos, y rara era la semana en que algún alumno no tuviese que irse precipitadamente de la escuela.

Lily volvió a suspirar y se abrazó las piernas. Normalmente a esas horas debería de estar patrullando los pasillos, pero en Hogwarts no quedaba apenas nadie. Las familias querían tener a sus niños cerca en tiempos así.

Lily y Susan habían decidido quedarse en Hogwarts y hacerse compañía mutuamente, ya que no tenían ningún deseo de ver a sus respectivas familias. James había intentado convencerlas para que fuesen a su casa, pero ninguna de las dos quería una Navidad llena de fiestas y gente desconocida. Así que James decidió quedarse. Meg también había renunciado a ir a Irlanda para quedarse con ellos y Sirius y Remus tampoco se lo pensaron dos veces antes de decidirse.

La puerta del salón privado se abrió y entraron Sirius y Meg con las mejillas rojas y el pelo mojado.

- Haced el favor de secaros, vais a coger una pulmonía… ¿Cuándo dejaréis de tener 5 años?- protestó Lily mirándoles con el ceño fruncido.

Meg le sacó la lengua y Sirius asintió con falsa docilidad.

- Hay que aprovechar la nieve recién caída Lily- explicó el moreno- Tenías que haber visto la paliza que le he dado en la guerra de bolas- añadió señalando a Meaghan.

La castaña le miró con enfado.

- ¿Sabes que te digo? Que no eres mi novio.

Sirius entornó los ojos y Lily se echó a reír. Hacía sólo un mes que Meg había aceptado que Sirius se refiriese a ella como "su novia" y desde entonces al menor enfado, le prohibía que lo hiciese.

- Vaaale- dijo suspirando el joven- Ganaste tú.

Meg sonrió y le dio un beso sonoro en la mejilla.

- ¡Ay! Vaya novio más guapo que tengo…

- Y más calzonazos- añadió Remus que acababa de entrar cargando unos cuantos libros.

- Tú calla- dijo Sirius de mal humor mientras Meg le hacía carantoñas mimosas.

Lily se levantó del sillón y dio una palmada.

- Bueno, espero que estéis todos preparados. Tenemos un árbol que decorar- dijo señalando un abeto que estaba en el medio de la habitación- Y una cena que preparar…- añadió mirando significativamente a Sirius.

- Todo listo- contestó él- Cuando venga James bajamos a buscarlo todo a las cocinas.

- Pues entonces vamos a empezar- dijo la pelirroja asignándole a Remus un spray de nieve mágica y a Meg unas cintas de colores

- ¿Y yo?- pidió Sirius

- Tú quédate quieto. No quiero en mi árbol angelitos que escupan, ni velas que se conviertan en lanzallamas, ni lucecitas que griten obscenidades- dijo Lily aludiendo a los cambios que Sirius y James hacían todos los años en las decoraciones navideñas del castillo

- A todo el mundo le gusta mucho nuestra mejora en la decoración- protestó Sirius.

Lily le lanzó la mirada que James denominaba "mirada de la prefecta nivel V" y Sirius se calló sin rechistar.

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A Susan no le daba miedo vagar por las mazmorras sola. De hecho, opinaba que el riesgo de encontrarse a un Slytherin era tentador. Pero esa tarde las mazmorras estaban desiertas; Hogwarts estaba desierto.

Susan suspiró distraídamente y se ajustó la capa para protegerse de la humedad. Se detuvo enfrente de una puerta escondida tras un tapiz y, después de mirar hacia ambos lados, se deslizó dentro con rapidez.

- Llegas tarde- la recibió un susurro silbante.

La joven encogió los hombros en señal de desdén y encendió las antorchas de la pequeña habitación con su varita. El hombre que la había recibido la miró con censura

- No hay nadie que pueda ver la luz hoy, así que no me mires con esa cara de estreñido, Snape.

- Eres peor que una gastroenteritis.

- Y tú eres muy malo insultando- le contestó la rubia acomodándose en un sillón, al lado del de su compañero.

Snape la miró a los ojos unos largos segundos y luego suspiró.

- Sigues enfadada conmigo.

- No, no te confundas- le contestó la chica- No estoy enfadada. En realidad tengo un cabreo monumental y muchas ganas de darte una paliza.

El joven se echó a reír.

- No me digas que tenemos que volver a discutir lo mismo…- protestó el hombre mientras se acercaba a darle un beso en la mejilla a la chica.

Ella se apartó.

- No, Severus. Hoy no te va a servir. ¿No ves que lo que estás a punto de hacer es malo? ¿No ves que va contra toda ética y moral?

Snape gruño de forma feroz.

- ¡Hemos hablado de esto muchas veces Susan! ¡Lo que voy a hacer es seguir mis principios, mis creencias y MI MORAL!

- ¡Tú moral! ¡Ja!- chilló ella esbozando una sonrisa furiosa- ¡Siguiendo a ese loco demente, matando a inocentes y sembrando el terror!

Snape exhaló un fuerte suspiro y tomó a la chica por los hombros. Luego la atrajo hacia sí y le dio un profundo beso en los labios.

- Voy a hacerme la marca mañana Susan. Está decidido.

La chica apartó la vista y se zafó de Snape.

- Pues entonces no esperes encontrarme cuando vuelvas- susurró furiosa

- Susan…

- ¡No!- le cortó ella levantándose y mirándole dolida- Tú lo has decidido. A lo mejor, la próxima vez que nos veamos deberás matarme… ¡Y no dudo que lo harás!- exclamó antes de salir corriendo por la puerta, intentando tragarse las lágrimas antes de llegar a la Torre de Gryffindor.

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La cena de Navidad fue alegre y distendida, un pequeño remanso de paz dentro de la guerra que estaban viviendo. Cuando ya se habían intercambiado sus regalos y estaban un poco achispados por el champán, James se puso encima de la silla para proponer un brindis.

- ¡Quítatelo todo!- empezó a chillar Sirius

- ¿Quieres callarte? Estoy intentando dar un discurso

- Yo prefiero que te quites la camiseta- apuntó Susan con una sonrisa.

Lily la miró con reprobación pero luego se echó a reír.

- Un momento de seriedad, por favor- dijo el muchacho severamente- Luego a lo mejor me quito la camiseta…-añadió con una sonrisa pícara- Pero ahora quiero proponer un brindis por la felicidad, porque aunque creas que te ha dado la espalda, siempre está ahí, en los lugares más insospechados, esperándote- dijo mirando significativamente a Lily.

La pelirroja también se puso encima de su silla y le dio un beso a su novio.

- Yo quiero proponer un brindis por el amor, y para que todo el mundo ame y sea amado…- dijo Lily

- A mí lo de ser amado me parece muy bien también…- dijo Sirius poniéndose también en pie y mirando a Meg, provocando carcajadas de todos los comensales- Pero yo quiero brindar por la juventud, para que la aprovechemos y la vivamos, pensando en el ahora más que en el mañana

Meg siguió a su novio y levantó también su copa.

- Yo brindo por los amigos, porque los conservemos y los cuidemos como se merecen, porque son la gente maravillosa que llena tu vida.

- Y yo brindo por el futuro, porque todos podamos vivir en un mundo mejor algún día…- dijo Remus, imitando a los demás

Susan se levantó y tomó de la mano al licántropo.

- Yo brindo por las oportunidades que nos da la vida, por saber aprovecharlas y saber cuando es necesario dejar el orgullo de lado y perdonar a la gente que de verdad nos quiere…

Remus besó a la chica en la mejilla. Su cara era un espejo de la radiante felicidad que sentía en esos momentos.

Mientras bebían el chispeante champán, todos notaron que sabía diferente, como un elixir mágico que calentaba sus corazones y los unía a los seis con lazos invisibles pero irrompibles.

Irrompibles, incluso por la muerte.

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Los restos de la cena de Navidad llenaban la mesa del pequeño saloncito. Remus y Susan ya se habían ido, juntos. Todos habían notado que la rubia no era la misma esa noche. Había permitido que Lupin la llevase a su habitación.

Había decidido darle una oportunidad, aunque no dejaba de preguntarse si se podía estar enamorada de dos hombres a la vez… Pobre Susan. Tuvo siempre un corazón maltratado. Pero todo el amor que repartió le fue devuelto con creces. Después de su muerte a manos del mismo Voldemort Remus quedó destrozado, aún seguía amándola. Snape se volvió un traidor por ella y todavía no había dejado de culparse por su muerte.

Meg y Sirius estaban dormidos en uno de los sofás. Sirius llevaba puestos por encima de los pantalones unos calzoncillos con luces de neón, regalo de su novia.

Fueron una pareja feliz, pero no pudieron aguantar el vivir separados: a Meg la ficharon los Pride y se fue a Irlanda; Sirius era un mago demasiado poderoso como para ser prescindible y sabía que su sitio estaba en Inglaterra. A veces el amor no basta. Sin embargo, aún muchos años después de su separación y a pesar de estar felizmente casada, Meg sabía que no volvería a querer a nadie del mismo modo. Cuando la muerte y la inocencia de Sirius fueron demostradas, la ex –Huffie sintió un alivio enorme y una tristeza todavía más grande a la vez. Quizás, si existía un cielo, Sirius y ella volverían a encontrarse con 16 años y podrían volver a amarse, esta vez para siempre.

Lily y James estaban en el balcón, abrazados. Lily sostenía las llaves de su nuevo hogar. El nuevo hogar que compartiría con James, su nueva familia.

Ambos volvían a ser felices, y aunque esa felicidad no duró tanto como se merecían, ambos murieron por amor, con sus corazones limpios y sabiendo que gracias a ellos había esperanza enel mundo. Un niño, su hijo, que llevaba toda la esperanza que ambos habían aprendido a guardar. Un niño que salvaría el mundo, tal y como ellos se habían salvado el uno al otro

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Ahora sí que sí… esto es todo. Me he puesto a llorar un poco, lo admito. Ha sido muy difícil escribir este capítulo. De hecho, lo he acabado hoy.

Sé que llevo casi tres mesas sin actualizar y no voy a deshacerme en excusas porque son las de siempre, añadiéndole a todo esto que aunque me entristezca, me estoy distanciando del mundo de HP y de los fanfics. Supongo que es natural. No sé, no me animo tanto a escribir como antes (aunque tenga tiempo) y lamentablemente estoy dejando de ser una freak. Sin tan siquiera intentarlo, os lo prometo. Talvez he hecho eso tan abominable que llaman crecer, o tal vez tengo intereses nuevos. No sé… lo único que os puedo asegurar por el momento es que no tengo ninguna nueva historia larga pensada; aunque no descarto que en el futuro vuelva el interés. Lo que sí espero seguir haciendo es escribir historias cortas porque me divierten y el compromiso adquirido es menor… Pero no sé…

Sinceramente, espero que pronto volváis a saber de mí… Hasta entonces muchas gracias a todos los que me habéis seguido y apoyado, a todos aquellos que siempre me dejáis comentarios para animarme y a todos aquellos cuyas historias me han servido de inspiración.

Muchas gracias y esperemos que hasta pronto

Henar