XXII

Dádiva

La lluvia ya había cesado, pero no en su alma. Se dirigió a ese lugar donde tantas cosas habían pasado, donde comenzaron a ser amigos y secretos que no necesitaban decirse se habían confidenciado. Miró desde esa punta en donde él se había transformado en ese extraño y espectacular guerrero y miró hacia abajo. Inconscientemente se preguntó si era lo bastante profundo para caer y no volver a respirar

Trató de pensar en sus momentos felices; allí, cuando tomó de esa exquisita energía y la hizo uno con ella, cuando flotó por los aires siendo luego estrechada por sus brazos, cuando sintió por un momento que todo había valido la pena. Cerró los ojos invocando esos momentos como si lo hiciera por última vez. Creyó que estaba bien, se sentía liviana levitando en la tranquilidad de su conciencia porque asumió su culpa, porque entendió que por muy correcta que actuara ante la vida siempre le enterraría el puñal de vuelta.

Decidió caminar hacia delante para ver si se atrevería, sin embargo, para cuando dio el primer paso no había más que aire bajo sus pies, comenzando el rápido descenso por no saber mantener su flotación. Luchó por mantener su vuelo en el aire, luchó por enfocarse como le habían enseñado y no distraerse con la resistencia del aire, luchó por aferrarse a la vida en esos últimos metros que la separaban del fondo.

Lloró las últimas lágrimas abrazándose a sí misma, sabía ahora que nada ni nadie podría ayudarla. Su último consuelo fue que todo esto al final tenía sentido, ya había sido salvada de la muerte dos veces. La primera, por buscar una pelota que sus padres le habían lanzado en un juego, apartándola de la explosión causada por los androides. La segunda, la vez que fue salvada por Gohan. El momento de pagar su prorrogada deuda ya había arribado.

Un día, cuando yo tenía 17 años viajé 20 años al pasado para advertirles a mis amigos acerca de los androides. Sin embargo, uno de mis principales objetivos era encontrar a la persona más importante de mi vida, a la que nunca conocí; mi padre. Pero apenas traté con él lo odié con todo mi corazón, era todo lo que yo aborrecía en una persona: arrogante, hiriente, despreciativo y egoísta, y solo soporté vivir un año con él porque era mi sangre y necesitaba a alguien con quien entrenar.

Allí en el pasado, aunque te parezca difícil creerlo, yo fallecí. Mi alma salió de mi cuerpo y comenzaba a ascender al mundo de los muertos, pero lo más increíble es que pronto fui resucitado. Luego me contaron que apenas fui asesinado por un monstruo llamado Cell, mi padre, el ser ególatra que no movería un dedo ni por su propia familia, trató de vengar mi muerte y luchó contra el monstruo sin importarle perder la vida…

Abrió los ojos pensando que una especie de ángel de la guarda que te guía por el reino de los muertos para alcanzar tu eternidad le contaba aquello. Pero seguía allí, el mismo cielo estrellado, la misma calidez del cuerpo que ella conocía bien, el mismo tono de voz que una día le dijo Te amo en la intimidad de su entrega.

A mi padre lo juzgué erróneamente por mucho tiempo; y lamentablemente contigo cometí el mismo error por segunda vez… ahora, quiero que tú estés conmigo para ayudarme a no cometer el mismo error por una tercera vez…

La aterrizó de regreso a la superficie y la miró a los ojos. La tensión en su faz contaba de las tres palabras que debía pronunciar, pero en un acto de humildad y del corazón se arrodilló sobre el suelo mojado, como el más vil impenitente ante un Cristo redentor. Dana negó suavemente con la cabeza y descendió a su mismo nivel, ella era tan o más culpable que él.

Para cuando se miraron otra vez fue como si comenzaran todo desde el principio. Ya no más cargos de conciencia ni encrucijadas. Por fin pudo ser ella misma y mostrarse tal cuál era, se acabó la muchacha temerosa y arisca. Ahora Trunks pudo ver su auténtico ser, una mujer pura, sufrida, bondadosa y enamorada, la compañera destinada para él desde el principio.

-No puedo creer lo increíblemente fuerte que eres.- Le dijo dulcemente acercando una mano para acariciar su rostro y secar sus lágrimas. Ella no respondió más que cerrando los ojos y exhalando un suspiro de merecido descanso, acurrucándose a su cuerpo con fuerza. Trunks recordó al último momento que el pasto estaba húmedo para dejarse caer y perdió el equilibrio en mantenerse, cayendo graciosamente hacia atrás.

Rieron, se besaron y rodaron a lo ancho y largo de la herbosa meseta en infantiles juegos, quedando ella finalmente aferrada en sus brazos sobre ese espectacular cuerpo de guerrero híbrido, recibiendo su agradable temperatura de 39º C.

Parecía que podían escuchar la música de las estrellas para cuando Trunks la silenció.

-¿Te gustan las historias largas?-

-Solo si tienen un final feliz.-

-La que te voy a contar ahora lo tiene. Te lo prometo.-

FIN

¿FIN¿Quieres que sea el fin? hehehe... Tengo escribiendo lo que sería la continuación de sus vidas, la que no está exenta de problemas…

Muchas gracias por tu lectura, me encantó escribir esta historia.

Hasta Otra…