Disclaimer: Los personajes y escenarios de este fan fiction son totalmente propiedad de J.K Rowling y las empresas aprovechadas de su trabajo. Sólo algunos de ellos (y creo que en este fict en concreto, ninguno) son de creación propia. Lo que quiero venir a decir es que yo no gano nada con esto salvo divertirme un poco e intentar divertir a otros, nada más.

NOTA DEL AUTOR: Hola! ¿Qué tal estáis? Aquí os traigo una nueva historia! Esta historia será un fict no muy largo (unos cuatro capis) en el que trato mi visión acerca del final de la saga de Harry Potter. Además, incluyo una historia que sé es imposible, pero que espero os guste. Por cierto, a aquellos que halláis leído el sexto libro dos cosas: 1º Encontraréis una cosa que coincide con algo del sexto libro y quiero que sepáis que es pura coincidencia, este fict lo escribí mucho antes de que saliera el sexto; y 2º Os agradecería que no hicierais comentario alguno sobre el sexto libro ya que yo no sé nada y no quiero saber nada hasta que no lo lea. Gracias por adelantado. Bueno, pues os dejo con el capi ok? Espero que lo disfrutéis:

EL GUARDIÁN DE LA LUNA LLENA

CAPÍTULO 1: EL FINAL DE TODO

"Al fin, todo acabará pronto. Ha llegado el momento de que toda esta pesadilla termine de una vez por todas. Al menos, pase lo que pase, por fin podré descansar, no importa si ese descanso, es... eterno" se dijo Remus Lupin. Sentado en una viaja butaca, molida por el tiempo y cubierta de una espesa capa de polvo de sabe quién qué año, miraba el techo de piedra gris de la semiderruida sala dónde se encontraba. Mientras permanecía allí, simplemente esperando, jugueteaba con su varita, haciendo sencillos malabares entre sus dedos. Nunca se separaba de ella, aquella no era la mejor época para andar desprevenido, a menos que decidieras rendirte a la oscuridad.

Sí, así era. Eran tiempos oscuros, muy oscuros, plagados de muerte, sangre y dolor y, por si fuera poco, aquella era la segunda ocasión en la que debía pasar por aquello. Las cosas iban poco a poco a peor y parecía no haber nada que pudiera detener aquel avance de la oscuridad, todo estaba condenado y no había solución. "La historia se repite una vez más" se dijo abstraído en sus pensamientos "Otra vez igual... pero todo llega a su fin, y este es su fin".

Remus no guardaba ya esperanza alguna. Las probabilidades de que todo saliera bien eran casi nulas. No es que no confiara en Harry, por supuesto que confiaba en él, pero no podía evitar pensar que aquella situación conducía irremediablemente al desastre. A pesar de que así lo creía, debía ser él el que debía dar ánimos a los chicos porque sino, se derrumbarían.

Sólo él les quedaba a ellos, y Remus se sentía más débil que nunca. Uno tras otro habían caído todos los aliados, unos ante la Marca Tenebrosa, y otros, uniéndose a ella. Todos rindiendo pleitesía al Señor Tenebroso, a Lord Voldemort, los vivos... y también los muertos.

Por medio de una oscura magia ancestral, Voldemort se había hecho con el control de las almas en pena a las cuales él y sus mortífagos habían torturado hasta la muerte. Cada muerte de la Orden del Fénix significaba un nuevo aliado para el Señor Tenebroso, un nuevo ente carente de control sobre sí mismo, obligados sin remedio a obedecer a aquel que un día les arrebató la vida. Y aquellos, que milagrosamente continuaban con vida, debían soportar ser atacados por aquellos que lucharon a su lado.

Los espíritus malditos arrasaron pueblos y ciudades, millones de muggles cayeron bajo su yugo, ya que el hálito de la muerte era inevitable. Por suerte (y en este momento Remus no pudo evitar una sonrisa, a pesar de que creía no recordar cómo sonreír), a Hermione no le pudieron vencer esas pobres almas atrapadas y consiguió crear un hechizo capaz de ahuyentarlos. A pesar de lo que ello significaba para los escasos integrantes de la Orden, ella no pudo evitar reprocharse a sí misma no conseguir devolver esas almas a su descanso eterno. Tuvo que enfrentarse, con lágrimas en los ojos, a los espíritus de lo que un día fueron sus padres.

Soportar aquello fue extraordinariamente superior a ella. Aquellos que un día le dieron la vida y le entregaron todo su amor, ahora, sin voluntad propia, debían sesgar la vida de su hija, de aquella por la que perecieron. Sus cuerpos cayeron a los pies de Hermione mientras la intentaban defender de los mortífagos el verano anterior, un verano que se tiñó del color de la sangre fresca.

Voldemort pensó, y no erróneamente, que para dañar del mejor modo a Harry, aquel que por culpa de Dumbledore siempre se le escapaba de entre sus maléficos dedos, y así tentarle a buscar venganza para atraerle y darle la muerte que merecía, era atacar a sus apoyos morales, sus amigos. Decidió empezar por Hermione y así comenzar el reinado de sangre de aquel comienzo de verano. Ya que los padres eran muggles y ella sólo una adolescente, pensó que con un solo mortífago bastaba y sobraba para aquella tarea. Y así atacó la casa de los Granger.

Cuando el mortífago se apareció en la casa, no tenían escapatoria alguna. Sabían que era inútil, pero los tres huyeron desesperadamente de una habitación a otra de la casa. En aquel momento, el mortífago sólo sonrió macabramente ya que le encantaba jugar al escondite. Tras una persecución que se hizo eterna para los tres Granger, el mortífago les acorraló y aunque los padres de Hermione intentaron defender a su hija de aquel enviado de la Parca, sus intentos fueron en vano y murieron bajo el Avada Kedavra. Hermione hubiera muerto en aquel momento de no ser porque hizo algo que jamás se creyó capaz de hacer: matar a una persona. Cuando el cadáver del mortífago cayó al suelo observó, horrorizada, que era un chico de apenas un par de años más que ella, el cuál conocía de vista de Hogwarts. La pobre chica lloró durante días mientras el dolor la corrompía por dentro.

"Sólo queda dolor para nosotros, sólo queda dolor en este mundo. Estamos ante los albores de la época de la oscuridad eterna" se rindió de nuevo Remus. De hecho se había rendido hacia mucho tiempo, la única razón de existencia de Remus era aquella lucha desesperanzadora. No tenía otro motivo por el cual vivir. Ante los chicos siempre argumentaba lo bello de la vida y que todo aquello por lo que luchaban lo hacían por el simple hecho de vivir. Sin embargo, en su interior, no luchaba por su vida sino por la de otros, por la de ellos. Él sabía que en esa, ahora casi imposible, futura vida, él carecía de lugar. Sabía que ellos merecían un futuro, tanto Harry como Ron, Hermione o Draco, los últimos que quedaban con él, los últimos de la Orden del Fénix, merecían un sueño para vivir. Él sólo debía intentar guiarles a ese sueño.

Recordó entonces la situación de Draco con vividez, todo aquello que el muchacho había debido de pasar, otra vida truncada por las ambiciones de un hombre harto consumido por la oscuridad. Draco simplemente se negó a formar parte del séquito de Voldemort, no quería convertirse en lo que era su padre, un estúpido peón subordinado, no quería sucumbir ante nadie. Por otra parte, tampoco tenía intención alguna de unirse al bando de Dumbledore, de ninguna manera porque, según él, sería como entregarse a Voldemort, el mismo resultado. Draco quería ser neutral, quería ser él mismo, que nadie mandará sobre sí y pudiera actuar según su proceder.

Sin embargo, su situación no era la más apropiada para conseguir sus designios. Ni su padre ni Voldemort estuvieron dispuestos a permitir que un motífago en potencia se les escapara de las manos, considerando que por aquel tiempo las hordas oscuras estaban en desventaja. Así que hicieron todo lo posible por intentar doblegarle, pero no lo consiguieron. Iban a matarlo, por supuesto, no servía para nada y sólo era un estorbo para ellos pero Draco no pereció, ya que la Orden intervino en aquel crucial momento y tuvo la suerte de poder ser rescatado.

Por supuesto, nunca le perdonó a Dumbledore que le salvara, ya que aquello era como acceder a formar parte de su bando. Inmediatamente después de que le salvaran, se marchó antes de que cualquiera intentara convencerle de seguir a la Orden. Durante un tiempo se mantuvo en su postura, a pesar de tener que soportar los infructuosos intentos de asesinato por parte de los mortífagos, incluso de su propio padre.

Pero cuando Voldemort se hizo con el control de los muertos, poco a poco, casi sin proponérselo, fue acercándose más y más a la Orden ya que se dio cuenta de que no podía mantenerse al margen de aquella situación, ya no era elegir un bando o el otro, era elegir entre la vida o la muerte. Y como todos los jóvenes de su tiempo eligió la vida, tal vez no era su verdadera intención, tal vez nunca quiso sobrevivir, pero algo le empujó a hacerlo y a luchar por su futuro, o simplemente, por un futuro.

"Todos sufrieron igual que él" reflexionó Remus "Cada uno tuvo sus propios problemas y tuvo que afrontarlos con valor o perecer". Lo mismo que le ocurrió a Ron. Las garras de Voldemort también quisieron destruirle y arrastrarle a la más horrible de las muertes. Un día, de hace tanto o tal vez tan poco tiempo, que más da eso, la Marca Tenebrosa apareció sobre la Madriguera. Nadie sobrevivió, todos murieron, desde Molly y Arthur hasta Ginny, todos muertos. Ron se salvó de puro milagro, pero tuvo que observar como uno tras otros caían sus hermanos y sus padres.

Un grupo de mortífagos atacó la Madriguera con la seguridad de acabar con todos los integrantes de la familia, pero se confiaron demasiado. Penetraron en la casa e inmovilizaron a toda la familia Weasley para después centrarse en Ron. Sus padres no lo sabían, pero él llevaba luchando por la Orden al igual que Ginny desde hacía ya un tiempo y Ron en cierta ocasión produjo cuantiosas bajas en las filas de los mortífagos. Así que le sometieron a una intensa sesión de tortura que toda su familia tuvo que presenciar, hundidos en la desesperación de verle sufrir, impotentes, sin poder hacer nada para ayudarle.

Después de dejarle moribundo, uno por uno fueron liberando de la parálisis a los Weasley y uno por uno fueron cayendo, no sin resistencia, ante los ojos de Ron. Todos demostraron un gran valor en aquellos momentos ya que sabían que estaban condenados a morir pero por otra parte no estaban dispuestos a dejarse matar. Lucharon hasta el último aliento ya que sabían que a cuántos más mortífagos pudieran eliminar, más difícil le sería morir a aquel que tuviera que pasar después por la horca y con suerte, tal vez conseguiría salvarse alguien. Y mientras tanto, el cadavérico Ron tuvo que ver morir ante los mayores horrores a aquellos que un día conformaron su vida.

La primera en morir fue Ginny, pero si los mortífagos pensaron que les sería sencillo matarla, se equivocaron totalmente. La pelirroja luchó como una auténtica fiera y se llevó por delante a uno de los mortífagos e hirió a otros dos. Su grito desgarrador fue el primero de aquella trágica noche. Después decidieron acabar con Arthur, Remus pensaba que tal vez porque al ser adulto les traería más problemas y después de lo visto con la pequeña, era mejor deshacerse de lo peor lo primero. Pero Arthur derrotó a tres de ellos, uno de los cuales ya había herido su hija e hirió a otros tantos.

Siguió Molly Weasley y después los hermanos mayores de Ron, Bill y Charlie, y por último los gemelos Fred y George. Pero lo que los mortífagos no esperaban era que los Weasley acabaran con todos ellos excepto uno, a pesar de ser una veintena. Después de presenciar la matanza, Ron, cegado de dolor, sacó fuerzas de sus heridas y utilizando la varita que el cadáver de su padre había dejado abandonada en el suelo, le arrebató la vida al último de ellos. Después sólo reinó el silencio en la Madriguera mientras la Marca Tenebrosa flotaba malignamente sobre ella.

"Aquello destruyó a Ron" pensó Remus con tristeza "Le destruyó como a todos nosotros". Ron se transformó de pies a cabeza. En ningún momento se permitió el lujo de derramar una lágrima, se tragó su dolor y lo guardó tras una máscara de frío metal. Se convirtió en el mago más despiadado de la Orden, el más cruel y sanguinario. El Ron que todos conocían murió aquel día.

A pesar de todo, el dolor de tantas muertes, tantas pérdidas, inexplicablemente también había traído consigo el confuso sentimiento del amor. Ron y Hermione, se unieron en contra del dolor de las muertes de sus respectivas familias, se apoyaron y se ayudaron y juntos, lo superaron. Cada uno a su manera, eso sí, Ron escondiendo su dolor al mundo mientras que Hermione lo expulsó todo en el primer momento. Al final, aquella unión hecha por la propia muerte, dio paso a una extraña e ilógica felicidad, sumida en un mundo de tinieblas. Los dos cambiaron enormemente a raíz de lo que les ocurrió, pero cuando estaban juntos, todavía se podía ver, por imposible que parezca, un minúsculo atisbo de lo que un día fueron sus vidas.

"El amor, siempre es el amor. Surge de la muerte como una bella flor en una llanura yerma y trae esperanza incluso para la más desesperada de las almas" meditó Remus mirando incluso más allá de sus propias palabras. Esa era la razón de que Harry siguiera adelante: el amor. Sin él, Harry hubiera caído hacía mucho tiempo. Por desgracia, el traidor amor venía acompañado del dolor, pero, ¿qué le importaba a Harry sufrir un poco más? Además, Remus lo leía en su mirada: Harry prefería morir de ese dolor que presenciar todo lo que circundaba su vida.

El contacto mental de Harry con Voldemort fue, poco a poco, convirtiéndose en una tortura diaria. Unas inmensas ojeras mostraban que Harry era incapaz de dormir ya que en el preciso momento en que conciliaba el sueño, su mente era asaltada por escenas de muertes y más muertes, unas tras otras, sangrientas imágenes de los continuos asesinatos que los mortífagos del Señor Tenebroso realizaban por todo el país. Y todo ello con la gélida risa de Voldemort a modo de macabra banda sonora. Para él, Harry era un espectador que presenciaba su obra maestra: la muerte.

Harry lo presenció todo durante los últimos años sin poder hacer nada. Casi peor que la tortura de tener que observar matanza tras matanza era el hecho de sentirse impotente ya que no podía hacer nada para impedirlas. Vio morir a muchas familias de magos y también de muggles, incluso sus tíos fueron asesinados brutalmente en una noche de invierno. Era cierto que nunca se había llevado bien con ellos, pero al fin y al cabo eran su única familia y no pudo evitar sentirse profundamente afectado.

A su vez, también estuvo presente en los continuos fracasos de la Orden que se veían incapacitados para poder detener a las hordas del Señor Tenebroso. De hecho, al principio la Orden había llevado una ventaja clara sobre los mortífagos pero la aparición de los muertos había inclinado la balanza poderosamente al lado de éstos. Por su parte, Harry se sentía culpable de todo aquello, de todas esas muertes, de todo ese dolor y sufrimiento que dominaban el mundo. Se hubiera entregado a Voldemort hacía mucho de no ser porque sabía que no solucionaría nada: su muerte no cesaría al Señor Tnebroso, no se conformaría con eso.

Y además, estaba ese amor, ese prohibido amor. Si Harry conseguía abrir los ojos cada mañana sin derrumbarse y sin hundirse debido a todo lo que circulaba su vida, a ese peso tan grande que reposaba sobre sus espaldas, si lo conseguía era simplemente por el amor. Harry amaba a Hermione, ese era su gran secreto, su perdida felicidad. Ese era el único motivo de que siguiera adelante: por ella. Pero en ocasiones, el amor puede ser más destructivo que la propia muerte, y así era. Harry hubiera deseado poder consolar a Hermione cuando ocurrió lo de sus padres, pero ya había alguien allí para hacerlo y él sólo era un estorbo. Harry sobraba, él lo sabía y por ello había relegado a lo más profundo de su ser ese sentimiento que no le pertenecía. Y sin embargo, era la única razón por la que luchaba: por Hermione.

En realidad, Harry estaba prácticamente muerto, pero Remus parecía ser el único que se daba cuenta. De hecho Remus se había convertido en el invisible confesor de Harry, ya que, con sólo la mirada, le escuchaba e intentaba calmar su dolor pero parecía que nadie podía hacer surgir una sonrisa en el rostro de Harry salvo ella. Harry era casi un muerto en vida. Por un lado todas las muertes de las que se sentía culpable, la tortura sangrienta a la que Voldemort le invitaba día tras día. Por el otro, tener que intentar sonreír cuando veía a Ron y Hermione juntos, felices por unos instantes en ese mar de tristeza en que se había convertido su mundo. Merecían esa felicidad y Harry debía ayudarles a conseguirla aunque tuviera que resignarse a la soledad. Pero, de algún modo u otro, nunca estaba solo: el Señor Tenebroso siempre le acompañaba en ese mundo cubierto de sangre que era ahora su mente.

"¿Qué será de nosotros?" se preguntó Remus en esos últimos instantes "¿Pereceremos? Lo cierto es que ahora eso es lo que menos importa. Lucharemos hasta el último aliento ahora que tenemos una posibilidad de vencer" intentó animarse mentalmente. Había una posibilidad, era difícil, pero no imposible. Dumbledore, antes de morir, le había revelado a Harry el lugar donde podría hallar un hechizo capaz de derrotar al Señor Inmortal. Se encontraba entre las ruinas de Hogwarts y en aquellos instantes los chicos la estaban buscando. Aunque Remus había insistido en ir con ellos, le obligaron a quedarse de guardia y allí estaba, esperando que aparecieran en cualquier momento. ¿Quiénes? Tanto si eran los chicos como si eran mortífagos, le daba igual, la verdad.

En aquellos instantes, Remus recordó el día en que Hogwarts cayó y las lágrimas le vinieron a los ojos. Creía haber superado aquello, se dijo que ya no lloraría más y sin embargo, ríos de lágrimas surcaban su rostro mientras lo recordaba. Súbitas imágenes aparecieron en su mente: gritos, sangre, destellos, varitas, cadáveres,… muerte. Voldemort había atacado el castillo hacía ya un año y sin embargo sus ruinas parecían seguir chorreando la sangre de un rojo vivo de sus alumnos. Remus no recordaba la fecha, era muy duro recordarla, pero fue un día de primavera en el que la considerada mejor fortaleza de Gran Bretaña, cayó.

No se sabe cómo, pero los mortífagos se aparecieron de pronto por todo el castillo matando a cualquiera que se les cruzara por delante, su objetivo: el exterminio. Nadie debía quedar vivo. Dumbledore y los profesores, entre los que se encontraba Remus, se organizaron rápidamente para proteger a los alumnos de los asesinos del Señor Tenebroso, pero es innegable que les pilló totalmente desprevenidos, ya que no esperaban que atacaran Hogwarts. Por su parte, los alumnos tuvieron que jugar a un juego sangriento: matar o morir, y así, muchos de ellos se convirtieron en asesinos para no perecer en las garras de la oscuridad.

Por su parte, Harry, Ron y Hermione, así cómo Draco, también participaron en la defensa del castillo protegiendo a los alumnos más jóvenes. Mataron a multitud de mortífagos al igual que muchos de sus compañeros como Neville, Parvati o Seamus. Todos ellos demostraron pertenecer a Gryffindor, aunque las casas era lo que me nos importaba en aquel momento ya que, fueran de ésta o no, era apostarse la vida. No dudaron un solo momento ninguno de ellos en usar la varita para proteger a otros y protegerse a sí mismos. Era escoger entre la vida y al muerte.

En el Gran Comedor, la profesora McGonagall se estaba encargando de crear trasladores a la velocidad del rayo para ir evacuando a los alumnos del castillo, en primer lugar los más jóvenes mientras el resto mantenía a raya a las hordas oscuras. Había pensado, sin equivocarse, que si los mortífagos habían podido entrar apareciéndose, también se podrían usar trasladores a pesar del campo protector. De este modo los alumnos eran llevados a un lugar seguro y puestos a salvo.

En aquellos momentos titiló la llama de la esperanza ya que parecía seguro que conseguirían salir de ésta a pesar de las dificultades. Pero de nuevo, Voldemort sacó el as escondido en la manga. Aquel fue el día en que el Señor Tenebroso mostró su nueva arma, la más poderosa jamás usada: los muertos invadieron el castillo, invitando a los vivos a que se unieran a ellos. Su aparición hizo que la situación fuera extremadamente crítica, ya que nadie sabía cómo conseguir deshacerse de aquellas almas atrapadas. En un alarde de inteligencia, Hermione modificó el encantamiento patronus y creó una versión capaz de ahuyentar a los muertos, pero aún así, de poco sirvió para evitar que hordas y hordas de estos seres arrebataran las vidas de multitud de alumnos.

Snape se había dado cuenta de que no había esperanza, así que ideó un plan para intentar deshacerse de los muertos. En primer lugar reunió a los pocos alumnos que quedaban vivos en el Gran Comedor, unos cien, entre los que se encontraban Harry, Ron, Hermione y Draco, y ayudó a McGonagall en la creación de un traslador tal, que fuera capaz de transportarlos a todos.

Una vez creado, se prepararon para marcharse pero había dos personas más que debían acompañarles en opinión de Snape: se trataba de Dumbledore y del propio Remus. Éste último no pensaba marcharse, sabía que lo que Snape se traía entre manos era algo muy gordo, algo que probablemente requeriría su vida y la de los demás profesores, los únicos que se quedaban allí. Sin embargo, sólo una frase dicha por él bastó para convencer a Remus, una frase que permanece escrita con sangre en su mente: "Cuídales en mi lugar", dijo Severus mirando a Harry, Ron, Hermione y Draco.

Por su parte, no pudo convencer a Dumbledore. Severus pensaba que Dumbledore era necesario para infundir miedo a Voldemort además de valor a la Orden, y por ello le obligó a ser trasladado de Hogwarts en contra de su voluntad. No consiguió hacerle entender el motivo por el cuál debía marcharse, Dumbledore se negaba a dejar el colegio del que era director, y menos a manos de unas huestes muertas. Sin embargo, Snape le metió en una encerrona metiéndole en el bolsillo un traslador, que le llevó lejos de allí en contra de su voluntad.

Una vez que hubieron desaparecido todos los alumnos además de Remus y Dumbledore, Severus había mirado a sus compañeros de trabajo y batallas, todo el profesorado de Hogwarts: McGonagall, Flitwick, Sprout, Hooch, Trelawney,… incluso Hagrid, todos allí dispuestos a morir para salvar a sus alumnos. Así que todos alzaron sus varitas y al mismo tiempo pronunciaron las palabras que hicieron que el Castillo de Hogwarts, se hiciera añicos en una impresionante explosión.

"Todo para salvarnos" se dijo Remus sin poder evitar llorar "Si al menos hubiera servido de algo…". Sí, así era. El sacrificio de Severus y el resto de profesores no sirvió para nada. Tras la explosión, los muertos seguían allí, surgiendo de entre los cascotes del castillo, cómo trémulas serpientes entre la roca y el polvo. Un sacrificio inútil, uno de tantos. Snape le salvó, pero eso tampoco sirvió para nada. "Cuídales en mi lugar", las últimas palabras de lo que un día, después de todo, fue un amigo.

Después de eso, Dumbledore cambió radicalmente. Su mirada de tranquilidad, su máscara de valor, sus ojos cautelosos,… todo aquello que daba valor a unos y temor a otros se desvaneció. Perder Hogwarts acabó con él. Poco a poco se fue deteriorando, como envejeciendo cada día lo equivalente a un año, destruido por el dolor de haber perdido el castillo, sus alumnos y sus profesores. Había faltado a su responsabilidad sobre ellos, lo había perdido todo. Pero lo que más le molestaba era haber sobrevivido. Siempre había creído que si Hogwarts caía, él caería también con él. Y sin embargo ahí estaba, vivo, mientras sus alumnos y profesores habían muerto en una batalla sangrienta contra la propia muerte.

La debilidad de Dumbledore había dado valor al Señor Tenebroso y sus ataques fueron en aumento y temeridad. La Orden disminuía su poder por días y cada muerte suponía un nuevo enemigo. La situación era insostenible por mucho tiempo más así que Dumbledore tomó una decisión que no hubiera querido tomar. No tuvo más remedio que revelarle a Harry el paradero de ese hechizo, la última y desesperada arma en contra de la oscuridad. Fue justo en ese momento en el que Voldemort atacó la guarida de la Orden, el último reducto en el que creían estar a salvo. El miedo estuvo de parte del Señor Tenebroso y aquellos pocos que lucharon por defender algo que ya ni siquiera recordaban, cayeron bajo su varita.

Dumbledore fue el que se sacrificó esta vez, él y el resto de integrantes de la Orden que quedaban, en realidad sólo Tonks y Moody ya que el resto fue asesinado en el ataque sorpresa. Sacaron a Harry, Ron, Hermione y Draco de allí con la última misión de la Orden del Fénix: conseguir ese hechizo e intentar derrotar a Voldemort con él. Pero antes de que se marcharan, Dumbledore le dijo una última frase a Harry, algo así parecido a uno de sus antiguos y misteriosos consejos: "Recuerda que toda luz nace de la más profunda oscuridad".

Él también debía marcharse, Remus también. Él prefería luchar, deseaba que todo aquello acabase cuanto antes. Ya se habían sacrificado una vez por él y no estaba dispuesto a que lo hicieran de nuevo. Pero Dumbledore le encargó una misión, la misma que a Ron, Hermione y Draco: proteger por encima de todo a Harry. Él es el único que podría hacer el hechizo que vencería al Lord Oscuro. Y Remus tuvo que resignarse de nuevo. Todavía no podría morir. Todavía le quedaba algo por hacer. Debía cumplir su promesa, la que le hizo a Severus. "¿Mi camino no había sido demasiado largo ya? ¿Todavía no puedo descansar? Parece que no…" pensó. En aquellos momentos se dio cuenta de hasta qué punto deseaba la muerte.

Entonces tuvo un fugaz pensamiento de su juventud, de cuando él estaba en Hogwarts, de lo que podría perfectamente denominar su vida. Fue apenas un segundo, un corto espacio de tiempo, pero lo suficiente para recordar mucho. Las risas, las bromas, las clases, la biblioteca, el Gran Comedor, sus compañeros, sus amigos,… James y Sirius… Por un momento, el Peter que él había conocido también apareció. Aquel sí fue un amigo, no ése que traicionó a los suyos. Sin embargo, Remus no podía evitar sentirse culpable de aquello. "Creo que fue en parte culpa nuestra que Peter acabara como acabó" pensó "Tal vez tendríamos que haber sido mejores amigos con él".

Recordó las risas de James, las bromas de Sirius a Severus,… todos aquellos momentos felices de su vida, y no pudo evitar sonreír al recordarlos. Algo que parecía tan lejano y que llevaba mucho tiempo sin poder recordar. No había podido verles en su mente desde la muerte de Sirius. Con James le ocurrió igual, fue incapaz de ver esas imágenes en su mente durante mucho tiempo. Por una parte por la muerte de James, por otra por la supuesta traición de Sirius y por otra, la muerte de su supuesto amigo Peter. Cuando Sirius atravesó el velo, sintió algo parecido: era incapaz de recordar la felicidad de su juventud, todo había sido borrado. El dolor le impedía ver la felicidad que un día tuvieron juntos. "Los tres me dejaron" se dijo "Uno murió asesinado, otro se perdió en la oscuridad y… el último que quedaba, atravesó el velo de la muerte" de nuevo, las lágrimas acudieron a sus ojos "Me dejaron sólo en la oscuridad. James… Peter… Sirius…".

De pronto, se oyeron unos pasos. Remus se incorporó de la butaca rápidamente y se secó las lágrimas con la manga de la túnica adoptando una posición de ataque. La expresión de su rostro cambió en un solo segundo a la de alguien preparado para matar, la cautela y astucia del lobo reflejada en su cara. Esperó durante unos segundos mientras los pasos se acercaban más y más hasta donde él se encontraba. La mirada fija en el hueco del muro que comunicaba con esa sala, la varita preparada para lanzar una maldición asesina si fuera necesario, el oído contando el tiempo que faltaba para la aparición de quienquiera que fuese. Se relajó al ver aparecer en el hueco en la pared de roca a Harry, Ron, Hermione y Draco.

Draco iba en cabeza con su habitual porte frío y chulesco, las manos metidas en los bolsillos y la mirada gris, sumido en sus pensamientos y sin dejar que nadie pudiera adivinar el contenido de éstos. Detrás de él iba Ron, caminando junto con Hermione, la cual apoyaba su cabeza en el hombro de él. El pelirrojo mostraba una mirada despiadada y cruel, casi agresiva, sólo ablandada en una dulce sonrisa cuando la miraba a ella. Por su parte, Hermione lucía su mirada de gran inteligencia, atenta a todo y a todos y, probablemente, sin parar de pensar en lo que ocurriría ahora que habían hallado el hechizo.

Sí, así era, lo habían encontrado. Harry iba detrás de ellos profundamente concentrado en la lectura de un libro que por su aspecto, debía ser bastante antiguo. Los ojos de Harry dejaban ver un conjunto de sensaciones, algunas evidentes y otras ocultas, que revelaban la controversia de su vida. Por un lado se veía el profundo interés por conocer el hechizo, una gran avidez de conocimiento con una sangrienta finalidad. Por otro se veía su sufrimiento continuado, las torturas de Voldemort marcadas en su rostro. Y por último la tristeza de un amor no correspondido, sólo perceptible para algunos pocos.

Cuando llegaron a la sala donde Remus les esperaba, Draco, sin dirigirle la palabra como era habitual en él, se situó en un rincón apartado, con la espalda apoyada en la pared de roca sin abandonar en ningún momento su porte chulesca y mirada fría. Ron y Hermione saludaron a Remus con la mirada, sin siquiera decir una palabra, y se apartaron de la puerta para dejar paso a Harry. Éste penetró en la sala semiderruida alzando simplemente la mirada hacia Remus y diciéndole con ella muchas cosas, y muy pocas a la vez. En sus manos estaba la última esperanza para derrotar a la oscuridad. Se dirigió a la butaca, vacía ahora, sin detenerse un solo momento en el estudio del hechizo.

-Bien, chicos – comenzó diciendo Remus, en voz baja para que le oyeran sólo ellos y no otros posibles oídos -, nos atacarán de un momento a otro, así que debemos estar preparados para todo. Hermione…

-Yo me encargo de los espíritus – dijo ella con tranquilidad sin dejar a Remus terminar la frase -. No te preocupes por eso – añadió con un deje de tristeza. Remus pensó que debía estar pensando en todas esas almas, entre las cuales se encontraba muchas de las personas que ella quería, incluidos sus padres.

-Está bien – continuó Remus-. Una vez creada la protección ante los espíritus, Ron, Draco y yo, nos encargaremos de deshacernos y alejar de Harry a los mortífagos. Debemos abrirnos paso hasta llegar a Voldemort. Una vez que termine Hermione, se unirá a nosotros. ¿De acuerdo?

Ron y Draco asintieron. En los ojos del primero casi se podía ver ya el reflejo de la sangre fresca que pensaba conseguir en aquella batalla, la muerte como permanente moradora de su mirada. Por el contrario, Draco seguía inmutable sin disminuir en un mínimo ápice esa mirada fría e impasible, como si todo y todos le diera igual.

-Intentad deshaceros de todos los mortífagos posibles - continuó Remus -, aunque no es necesario que los matéis. Con dejarlos inconscientes y heridos basta. Draco, esa es tu tarea principal.

-Así lo haré – dijo prácticamente sin mover sus labios -. Sabrán lo que es el mordisco de una auténtica serpiente – y por un momento pudo percibirse el odio que despedía el rubio. Todos sabían ya que hablaba muy en serio, tal vez demasiado.

-Ron, tú protege primero a Hermione hasta que consiga crear el campo de protección ¿de acuerdo? – le dijo Remus -. Después ábrete camino hacia Voldemort con Draco mientras Hermione y yo protegemos a Harry.

-De acuerdo – dijo el pelirrojo simplemente sin poder ocultar sus ansias de sangre de mortífago. Hermione le lanzó una mirada preocupada, pero él le devolvió una de sus miradas dulces, esas que únicamente era capaz de dedicarle a ella. Sin embargo, la chica no podía parar de pensar que ese rencor no podía traer nada bueno a aquel que amaba.

-No hace falta que me recuerdes mi función, Remus –dijo Harry en aquel instante con voz tranquila y pausada levantando la mirada del libro por unos segundos-. Debo mantenerme lo más alejado de la batalla posible hasta alcanzar a Voldemort, y sólo defenderme de posibles ataques que vosotros no podáis detener. Debo guardar mis fuerzas para él – añadió con un odio incontenible.

Remus sólo pudo detener la frase que estaba aflorando en sus labios. Bajó la mirada. Para Harry, aquello era más duro que para ninguno de los otros. Harry debía esperar mientras los demás le defendían, y eso no le gustaba en absoluto. Aunque ya se había hecho a la idea de que era lo mejor para todos, sentía impotencia de ver como todos luchaban y él tenía que esperar, hasta encontrar la oportunidad de matar a Voldemort. Su función era la más importante y no podía dar rienda suelta a sus ansias de venganza contra los mortífagos. Aún así, había aceptado su papel y para ello estudiaba con afán el hechizo que Dumledore le dijo podría derrotar al Señor Oscuro. Era el único que podía hacerlo y debía hacerlo a la perfección.

Pasaron unos minutos de silencio profundo. Sólo el rasgar de pasar las páginas del antiguo libro se oía entre los cascotes del castillo de Hogwarts. La muerte parecía perdurar entre los muros derruidos haciendo del castillo un cementerio silencioso. El atardecer caía sobre el Bosque Prohibido, visible desde la única ventana de la sala, cuyas vidrieras estaban hechas añicos y cuyas cortinas rasgadas parecían mostrar años de abandono. De pronto, Harry cerró el libro de golpe y todos lo supieron sin que lo dijera: estaba preparado.

-Ya están aquí – dijo Draco en aquel preciso instante, sin variar apenas su tono de voz mientras observaba a través de la ventana lo que un día fueron los terrenos de Hogwarts.

Los cinco se miraron los unos a los otros, a modo de amistad, enemistad o simplemente de despedida. Sus ojos dejaron entrever las últimas miradas, las últimas expresiones de sus sentimientos, las despedidas silenciosas de unos amigos o enemigos, ya no importaba, previas a la oscuridad y, probablemente, a la muerte. Pero no morirían sin luchar, eso nunca.

Lentamente, casi como si fueran fantasmas, como aquellos que un día poblaron aquel castillo, salieron de la sala camino del exterior de las ruinas del castillo de Hogwarts. Camino a la oscuridad, a la lucha y, al fin y al cabo, a su destino. ¿Es la vida la razón por la que luchaban? Ya no lo sabían, sólo sabían que aquello era el final de todo, la última batalla por la luz.

NOTA DEL AUTOR: ¿Qué tal? ¿Os ha gustado? Espero que sí y a su vez espero vuestros comentarios en los reviews ok? Por cierto, si todo sale como está previsto la actualización será mensual. Sí, ya sé que mis actualizaciones son bastante irregulares, pero en este caso ya tengo el fict adelantado y por eso puedo asegurarlo, tal vez un poco más. Pues bueno, hasta aquí por hoy, espero que realmente os haya gustado y os lo hayáis pasado bien un rato (a pesar de lo deprimente del fict…). Nos vemos dentro de un mes, ok? Adeu!

Alonning.