Ni Harry Potter ni ninguno de sus personajes me pertenecen, como sin lugar a dudas sabréis todos, panda de sabihondillos… :P. Pertenecen a J.K. Rowling, pero ella nos deja soñar, es así de buena Jotaká.

Advertencia: Es un fic romántico, al estilo modern, seguro que muchos habéis leído los libros de Marian Keyes o elDiario de Bridget Jones.

Era hoy o nunca. Harry lo tenía todo preparado, el restaurante, la cena, la noche de hotel, el anillo, y lo más importante, tenía a la novia.

Ginny llegaba tarde, para variar, seguro que le había dicho a su jefe que iba a cenar con él esta noche y él la había entretenido adrede, era así de puñetero el hombre.

A veces Harry lamentaba haber salvado el mundo mágico solo por tipos como ese, que babeaban en cuanto la veían pasar. Algunos no sabían que era la dignidad…Harry la vio entrar por la puerta del romántico restaurante, se levantó de un golpe conmocionado (aún después de tanto tiempo juntos) por su belleza y se tiró la copa de agua encima…pues empezaba bien.

Ginny se acercó a la mesa, estaba preciosa con el pelo recogido atrás en una sencilla coleta sujetada por su propio pelo rojizo y un vestido del color del cobre que le sentaba de maravilla.

-Perdona, llego tarde.-se agachó antes de sentarse para darle un beso-¿Qué me he perdido?

-No pasa nada. El señor de la mesa de al lado ha lanzado a su caracol a cuatro metros de su mesa cuando intentaba comérselo.

-¡No! ¿Sí? Y yo me lo he perdido.

-¿Qué ha pasado? ¿Por qué has llegado tarde?

-Bill ha venido a hacernos una visita. Quería saber si todo iba bien y si se estaban portando bien conmigo.

Bill había conseguido que Ginny trabajara para Gingotts nada más acabar Hogwarts, exactamente en lo mismo que él había hecho antes de casarse; ahora le habían ascendido y como jefe controlaba a todos los rompedores de maldiciones que trabajan para Gringotts en Gran Bretaña, incluido al jefe de Ginny, un italiano insoportable llamado, cómo no, Marcello, que más que trabajar se dedicaba a tirarle los trastos a Ginny.

-Harry; Harry. Te estoy hablando desde hace rato.

-Perdona, ¿qué decías?

-Decía que cómo es que me has traído a este lugar. Es demasiado.

Harry le cogió la mano por encima de la mesa.

-Nada es demasiado para ti-Ginny levantó las cejas.

-Estás muy raro-Harry se acercó la mano de Ginny a los labios y la besó- Vale, ya basta. Siempre tengo que rogarte para que me lleves a sitios muggles, y de repente me traes aquí.

-Sabía que te gustaría.

-Pues has acertado. ¿Has visto a esos camareros? Van ridículos…

-Ejem, ejem. ¿Qué desea la señorita?- Ginny giró la cabeza hacia un lado y sonrió con una sonrisa pícara y vergonzosa al camarero.

-La señorita desea que se la trague la tierra-Harry se lo estaba pasando pipa, el camarero había adoptado de repente una cara de póquer insondable-Un vaso de agua, por favor.

El camarero levantó una ceja y miró con curiosidad a Ginny, quien en ese momento dio una barrida con su mirada a todo el restaurante, lleno de parejitas enamoradas que tomaban distinguidas bebidas como el vino o el champán.

-Agua para la señorita, pues.-El camarero se marchó con paso estoico hacia la barra. Unos violines empezaron a tocar a unos metros de Harry y Ginny.

-Este lugar es demasiado elegante, son todos unos estirados, Harry.

-No lo son. Son parejas normales y corrientes, como nosotros-Harry abrió la carta y se sumergió en ella, todo parecía delicioso.

Ginny dio otro vistazo a la sala. Estaba toda llena de parejas bien vestidas que se cogían de las manos y que apenas tocaban sus platos y se dedicaban a pegar traguitos de las copas. Un hombre cerca de ellos sacó un puro, le quitó la boquilla, la escupió y encendió el cigarro mientras su compañera apartaba con asco el queso de su ensalada y se comía la zanahoria a mordisquitos como si fuera un conejo, que asco, y encima no paraba de sonreír y de reír como una boba a todo lo que decía el tipo ese, eso sí, en voz baja. Apenas se oía un murmullo en toda la sala.

-¡Y un cuerno! Yo no soy como esa tonta de allí.

-Como esa no. Lo que quiero decir es que este es un restaurante romántico para parejas como nosotros, felices y contentas-Harry seguía escrutinando su carta con ávidos ojos hambrientos.

Ginny apoyó las dos manos sobre el mantel blanco y echó el cuerpo ligeramente hacia delante.

-¿Esto te hace feliz?-Harry dejó la carta por fin.

-¿A ti no?- Harry notaba un sudor frío en la espalda, estaba todo calibrado para que fuera la gran noche, la noche perfecta para pedirle a Ginny que no solo viviera con él y fuera su novia, sino que fuera su mujer, que llevara su apellido.

-Sí, es muy romántico. Pero aquí no hay otra pareja como nosotros-Harry se relajó un poco.

-Dudo que hayan más magos aquí.

-No es ser magos lo que nos hace distintos.

-¿A no?

-No, nosotros somos mejores y más felices.

-No puedes juzgar la felicidad de la gente por un simple vistazo, Ginny.

-Claro que puedo. Tengo un don.

-Por eso dejaste que un tal Riddle te poseyera en primer curso; porque calas muy bien a la gente. ¿Verdad?-Touché pensó Harry, esa la había lanzado a traición, observó como Ginny se cruzaba de brazos y le sacaba la lengua.

-¿No te aburres? Llevas media hora mirando esa carta…

-No. No me aburro, pero deduzco que tú sí-Harry sonaba molesto, él esperaba que Ginny hiciera lo que el resto de las mujeres del restaurante, que le sonriera como una boba durante toda la noche hasta que, después del postre, él se pusiera de rodillas delante de ella y le pidiera matrimonio, entonces ella derramaría unas lágrimas, extendería su mano derecha y diría un emocionado "sí quiero" mientras él le introducía el anillo en el dedo anular, luego, con unas copas de más, irían al hotel donde Harry había reservado una habitación que había llenado de pétalos de rosa y velas perfumadas; pedirían más champán y fresas, y harían el amor tres o cuatro veces esa noche.

-No te enfades hombre…Anda venga, anímate-Harry notó el pie de Ginny que le acariciaba el muslo.

-Estate quieta Ginny.

-No estoy haciendo nada malo…-El pie descalzo había alcanzado ahora la zona sensible de Harry, quien cerró los ojos y trató de respirar tranquilamente.

-Ginny por favor…

-Esto sí es divertido, vamos Harry hagamos una locura, ¡Tenemos veintiún años!

Ginny sonrió maliciosamente y antes de que Harry pudiera detenerla o decirle cualquier cosa, ella se había quitado su servilleta del regazo y la había dejado encima de la mesa mientras levantaba el mantel y se metía debajo de la mesa.

Harry casi salta por los aires cuando notó las manos de Ginny en su pantalón, esto no podía estar pasando en uno de los restaurantes más lujosos y románticos de Londres…

¡Oh Merlín! Estaba pasando. Harry apretaba tanto los bordes de la mesa que se le estaban poniendo los nudillos blancos.

-Ejem, ejem.

Harry se giró tan rápido hacia la tosecilla que volvió a tirar el vaso del agua.

-¿Si?-Mierda, su voz sonaba excitadísima.

-Deduzco que la señorita está en el tocador de damas, ¿saben ya lo que desean para comer?

-Pues no, vuelva dentro de unos minutos, haga el favor-El camarero ridículo le estaba distrayendo, Harry tenía dos opciones, levantarse y morirse de la vergüenza o soportar aquella tortura como un valiente, ¡Merlín, que bien lo hacía!

-Como usted diga, ¿Algo más para beber mientras tanto?

-¡Oh sí, sí!-Harry se quedó mirando al camarero que lo miraba con ojos asombrados, había gritado y las demás mesas le miraban también, a Ginny no parecía importarle esta conmoción- Tráigame el vino más caro que tenga-eso lo mantendría ocupado, pensó.

-La botella más cara cuesta trescientas cuarenta libras, señor. ¿Está seguro?-Harry dio un pequeño salto y apretó más fuerte todavía los bordes de la mesa.

-¡Joooder!

-Un poco de educación, señor. Esto es un lugar serio. Si le parece un precio excesivo pida otra cosa. Le traeré la carta de vinos para que elija uno adaptable a su… economía.

Harry intentó susurrarle a Ginny que parase, aunque eso sí, sin mucha convicción, y aunque fingía estar avergonzado, se alegró de que Ginny le ignorase y siguiera a lo suyo debajo de la mesa.

El camarero no tardó ni dos minutos en volver, que tío más pesado.

-La carta de vinos, señor. Como verá tenemos una amplia selección de los mejores vinos franceses, españoles, argentinos e italianos. Si va a tomar carne yo le recomendaría un tinto, quizás un Vega Sicilia único, o pesquera janús, o quizás un barbadillo, vinos españoles todos, excelentes. Quizás un latour o un moueix chateau del 97, franceses y oporto osborne, o Noval tawny de Portugal.

-¡Oh sigue, sigue!

-Bueno, si va a tomar pescado o marisco le aconsejo un vino blanco, un rioja, somontano o lambrusco. Los más caros son los que le he mencionado, los Vega Sicilia, pesquera, el latour…o los vinos húngaros…

-Ya falta poco…-Harry hablaba en un susurro.

-Sí, ya no queda mucho más donde elegir aunque como verá hay variedad.

Harry se puso muy tenso, dio un golpe en la mesa con el puño cerrado, y se quedó muy relajado, levantó la mirada hacia el camarero quien tenía los ojos muy abiertos y las mejillas coloradas. Ooops, lo sabe.

Ginny salió de debajo de la mesa sonriendo maliciosamente.

- Tráigame un vinito blanco que yo ya he comido bastante, pero seguro que mi novio quiere comer algo más- Harry no sabía si reír o llorar, todo el plan se había ido al garete, el camarero parecía realmente molesto, hizo un gesto con la mano y se acercó un hombre con un traje elegante a quien el camarero le susurró algo al oído.

-Será mejor que se vayan, señores-El metre estaba calmado pero evidentemente estaba indispuesto ante la idea de que un acto de esas características hubiese ocurrido en su elegantísimo restauran; Harry quería suplicar, tenía que pedirle a Ginny que se casara con él, y tenía que hacerlo aquí porque era perfecto.

-No hemos cenado. No se preocupe, tengo mucho dinero-Harry no sabía qué más decir, pensó que si les recordaba que tenía dinero suficiente aún podría salvar la noche.

-Me temo que su dinero aquí ya no vale. Por favor, hagan el favor…

Ginny empezó a reírse.

-Vámonos, Harry-Harry la miró, Ginny parecía ahora realmente feliz, de verdad quería esto, que los echaran del restaurante-Ya hemos dejado huella aquí, cariño.

Ginny se levantó de la silla y tiró de la mano de Harry hasta levantarlo; lamentablemente, ella no le había abrochado el pantalón y la camisa la llevaba por fuera. El metre se puso rojo como un tomate, parecía una locomotora de vapor, en cualquier momento echaría humo por las orejas. Harry se quedó paralizado, y se le taparon los oídos por la vergüenza mientras se arreglaba el pantalón y la camisa, cuando hubo terminado sus oídos volvieron a la normalidad, se dio cuenta de que no tenía los oídos taponados, sino que toda la sala se había quedado en silencio mientras les observaban. Harry se concentró e intentó mantener la dignidad por encima de todo, pero no pudo contener una sonrisa cuando oyó a un hombre decir "qué suerte tienen algunos".

Harry sonrió, dejó un billete de cincuenta libras sobre la mesa y poniéndole una mano en la cintura a Ginny empezó a caminar hacia la puerta; Ginny sonreía, y él también, muchos hombres lo miraban con envidia, Ginny tenía razón, no eran como las parejas de ahí. Cuando estaban a unos metros de la mesa, Ginny le cogió de la mano, se giró, le dio un beso en los labios y empezó a troncharse de risa, Harry empezó a reír a carcajadas también y arrastró corriendo a Ginny hacia la salida entre miradas de incredulidad, disgusto y profunda envidia.

Cuando salieron a la calle estaba lloviendo. Harry se deprimió un poco, una luna llena y un cielo estrellado junto a una fuente bonita habría paliado el desastre del restaurante. Miró a Ginny quien bailaba bajo la lluvia alegremente, y no pudo evitar sonreír; a ella le encantaban las películas, Harry la llevaba todas las semanas al cine, le gustaba el cine antiguo, hacía dos semanas habían visto Cantando bajo la Lluvia, y parecía que Ginny quería rememorar a Gene Kelly cuando bailaba en la calle. Sólo que Harry disfrutaba mucho más mirando a Ginny, a quien el vestido se le pegaba al cuerpo.

-¿Qué haces ahí parado? Ven aquí, Harry. La lluvia está tibia.

Harry dio un paso hacia delante y se colocó delante de Ginny; se quitó la chaqueta y se la puso por encima de los hombros a ella.

-Esos tipos del restaurante no saben lo caballero que eres.

Harry se quedó parado delante de ella mojándose él también, la cogió por la cintura y le puso la mano en su hombro y empezaron a bailar mientras Harry cantaba, Ginny apoyó su cabeza en el hombro de Harry.

-Lo tuyo no es cantar.

-Ni bailar, de hecho.

Harry se detuvo, se habían alejado del restaurante; en la acera de en frente había un parquecito donde brillaba una farola, Harry cogió a Ginny de la mano y corriendo la condujo hacia la otra acera.

Ahora.

Harry se agachó y se apoyó en una rodilla. Ginny se giró hacia él sonriéndole.

-Vas a ponerte perdido-Harry estuvo a punto de soltar una maldición, el anillo estaba en la chaqueta, se levantó y buscó algo en el bolsillo de la chaqueta, sacó la cajita y volvió a la posición inicial.

-Ginny, mírame.-Ginny se agachó junto a él.

-¿Te pasa algo, ¿Te encuentras bien?-Harry rió a medias, ella no podía ser tan inocente.

-Haz el favor de ponerte de pie, por favor, sino no podré hacerlo-Ginny abrió mucho los ojos, comprendiendo.

-¡Oh no! Por eso habíamos ido a cenar a ese restaurante tan romántico. Y yo lo he estropeado. Lo he estropeado todo.

Harry le sostuvo la cara por la barbilla, había estado toda la noche quejándose mentalmente porque nada salía como él quería, pero ahora que rememoraba todo lo sucedido, pensó que había sido lo mejor, había sido especial, tal y como ella había dicho en el restaurante, había sido diferente, si lo hubiera hecho allí, habría sido como el resto de las parejas, como la veintena de hombres que seguramente esta noche darían ese paso, todos harían lo mismo, porque ninguno era él, porque ellos no tenían a Ginny.

-Tú nunca podrías estropear nada. Todo es mejor contigo, más especial, único y espontáneo. ¿Cómo podrías estropearlo si eres la razón de ser de esto?

-¡Oh Harry!-Ginny se puso de pie delante de él.

-Ginny Weasley.

-¿Si Harry?

-¿Te importa si cambio de rodilla? Ésta me la estoy haciendo polvo-Ginny ahogó una risa mientras Harry se apoyaba en la otra rodilla.

-Sé que vivimos juntos desde hace mucho, sé que estamos juntos desde hace mucho más, y sé que lo lógico habría sido que cualquier noche te hubiese dicho "¿No deberíamos ir buscando fecha para que tu madre se calle de una vez?" Pero sabes que soy un romántico, y pensé que la mejor manera de pedírtelo era así.

Ginny; ¿me harías el honor de… darme tu dedo para que pueda ponerte este anillo?

Harry abrió la cajita, un precioso y sencillo anillo dorado con unas runas en platino brillaba ante ella.

Ginny siguió sonriendo, y le tendió su mano derecha, Harry le puso el anillo, le besó el anillo y Ginny sintió un súbito calor en el dedo anular; Harry se puso de pie ante ella y la besó en los labios.

-¿A ti te parece normal pedirme que me case contigo de esta manera?

-No iba a arriesgarme a que dijeras que no. Ahora ya no puedes echarte a atrás. Te he cazado; literalmente.

-¿Ah sí?-Ginny acercó su boca mucho a la de Harry.

-Sí. Harry frotó su nariz contra la de ella rozándole los labios con los suyos.

-¿Has notado el calor?-Ginny asintió-¿Aún lo notas caliente?-Ginny inclinó la cabeza, cerró los ojos y le puso los labios a Harry listos para que la besara.

-Muy caliente. Ardiendo.

Harry no sabía muy bien a que se refería Ginny, si a ella misma o al anillo, le cogió la mano y la levantó hasta la altura de sus caras. Intentó concentrarse en lo que tenía que decir, porque sino lo hacía, la tomaría ahora mismo allí, en medio de la calle.

-Ahora está ardiendo porque estamos juntos, pero cuando no estemos juntos….

-¿Qué quieres decir con cuando no estemos juntos?-Ginny había abierto los ojos de nuevo y lo miraba con expresión alarmada, aunque no solían hablar de ese año, quedaba claro que ninguno de los dos había superado la separación y los duros momentos durante los cuales Harry, Ron y Hermione habían estado buscando los horcruxes.

-Quiero decir que cuando tú estés en el trabajo y yo también, o tú estén en casa y yo en el trabajo, o cuando…

-Vale, ya entiendo- Harry vio como Ginny suspiraba aliviada.

-Cada vez que yo piense en ti, lo notarás muy caliente… y aunque no esté pensando en ti, siempre sentirás calor-Harry le besó la mano de nuevo-si el anillo se quedara frío, significaría que he muerto.

-¡Pero! ¿Cómo dices esas cosas?

-Este anillo solo se enfría cuando la persona que lo ha regalado muere, o cuando lo que muere es el amor. Así que, si algún día lo notas frío, no será porque haya dejado de amarte, porque eso sería imposible.

Harry la miró de nuevo, ella tenía la misma mirada que aquella vez que la había besado por primera vez. Harry vio como ella se quitaba el anillo y se lo volvía a dar, durante unos segundos, Harry solo pudo poner cara de sorpresa mientras notaba la sangre caliente martilleándole en las sienes, Ginny se había quitado el anillo.

-Es precioso, Harry. Pero…

-¿Pero qué?-Harry estaba a punto de echarse a llorar, se querían, eso solían decirlo (y Harry pensaba que no eran palabras vacías sino que de verdad ambos lo sentían.) pero nunca le había dicho que la amara; acababa de hacerlo, y ella le había devuelto el anillo.

-Pues que ahora quiero ser convencional. Coge tu anillo, vuelve a arrodillarte y pídemelo como lo haría cualquier hombre.

Harry soltó una risa nerviosa y sin pensarlo se volvió a arrodillar en el suelo, con ambas rodillas, como si fuera a hacer una súplica, y se sentía así, hacía un momento había estado a punto de suplicarle a Ginny de una forma muy poco digna que le correspondiera a ese amor.

-Ginny Weasley, ¿Quieres casarte conmigo?

-Sí, quiero-Harry le puso el anillo en el anular, se levantó y se besaron apasionadamente, Ginny notó como si el anillo se encendiera.

- Es muy bonito, Harry. Aunque….

-¿Aunque qué?

-Siempre pensé que me lo pedirías con el anillo de tu madre.

-Iba a hacerlo. Pero cambié de opinión, este era de ella también, mi padre se lo dio cuando nací yo.

-¿Cómo lo sabes?

-Tiene una inscripción con la fecha de mi nacimiento- Ginny se quitó el anillo y miró la inscripción, pero en ella sólo pudo ver sus nombres, De Harry.J. Potter para Ginevra.M. Weasley, y la fecha de ese mismo día inscrita. No se lo dijo a Harry.

-No has comido nada.

-Al contrario que tú- Harry observó con deleite como Ginny se ponía colorada, raras veces conseguía ese efecto en su, ahora, prometida.

-Podemos irnos a casa y comer allí, y luego podríamos acurrucarnos juntitos en la cama.

-Tengo una noche de hotel reservada aquí en Londres-Harry en ese momento no tenía ganas de comer (a pesar de que sus tripas se empeñaban en hacer ruiditos), solo podía pensar en ella.

Ginny le cogió por la cintura y le metió la mano por dentro de la camisa hasta dejarla en su tripa.

-Vamos al hotel- le dio un beso- pedimos comida-le dio otro beso-comemos en la cama-le besó en la barbilla- y luego hacemos el amor en el suelo, en la cama del hotel y en la bañera…-le mordió la oreja.

-Es una suite ático. Tiene escaleras y jacuzzi al aire libre.

-¿Y?

-Pues que también quiero hacer el amor en las escaleras y en el jacuzzi.

-¿Qué es un jacuzzi?- Harry estuvo a punto de bajarse las gafas hasta la punta de la nariz y mirarla por encima de las lentes como habría hecho Dumbledore.

-Ya lo verás, te va a encantar- Harry paró un taxi y le indicó la dirección, al taxista no pareció hacerle mucha gracia que fueran tan mojados y Harry sospechó que de no ir tan bien vestidos, ni siquiera se habría parado a recogerlos; todo el camino al hotel, Harry y Ginny se lo pasaron mirándose y toquetéandose las manos, tocándose las rodillas o acariciándose el pelo como dos adolescentes enamoradizos.

Al final, todo había salido a pedir de boca, ni siquiera Harry había soñado algo tan romántico para la ocasión.

Continuará….

Muchas gracias por vuestro reviews de antemano, ya digo que tardaré con esta historia, no tendrá mucha acción en el sentido dramático de la palabra, planeo más bien una comedia romántica, con lo cual, ya sabéis que acabará bien; y será todo un poco cómo me imagino yo una boda entre Harry y Ginny después de todo.