Siento el retraso, pero los deberes mandan sobre el placer en la vida. Viajes, clases, trabajo y demás, han hecho imposible que terminara cuando quería el fic, además, he tenido otras ideas para otros fics y a veces me he descentrado un poco. Espero que os guste, y mil perdones.

-¡Qué discreto eres, amor!-dijo Ginny mientras negaba con la cabeza.

-Esto… que yo me voy-dijo Harry, e hizo ademán de esconderse tras su mujer.

-Ginny-dijo la señora Weasley acercándose a ella con sigilo-Ginny, tesoro.

-¿Has preñado a mi princesita?-gritó de repente el señor Weasley.

-No. Yo no…-se excusó Harry escondiéndose de su suegro que parecía hacerse más grande por segundos.

-¿Cómo que tú no, pedazo de tonto?-dijo Ginny mientras le pegaba en el brazo-Tú, precisamente, tú.

-O sea… quiero decir… sí… esto… es mi bebé-dijo tartamudeando Harry-¡Pero ha sido sin querer!-dijo mientras buscaba su varita en el bolsillo del vaquero, quizás le hiciera falta-¡ella me obligó!-finalizó. La señora Weasley, Ginny, Hermione y Fleur movían la cabeza de lado a lado con resignación. De repente la señora Weasley soltó un gritito de felicidad y se abalanzó sobre su hija.

-¡Oh Ginny! ¡Oh! ¡Tan pronto!

-Hace ya unos meses, mamá-dijo Ginny con una sonrisa-No mires así a Harry, papá. Él no lo sabía-Harry sintió la necesidad de sacarle la lengua a su suegro, pero quería seguir siendo un hombre al acabar el día.

-Bueno-dijo el señor Weasley-Ya no hace falta que os vayáis de luna de miel, ¿no?

-¡Oh Arthur, por las barbas de Merlín!

-Yo discrepo, señor…-empezó a decir Harry. Sabía que esto iba a pasar.

-No habla en serio, Harry, cariño. Dame un abrazo-abrazó a Harry mientras él miraba fijamente a los ojos de los varones Weasley. Ron no había dicho una palabra, Bill tenía una mueca de perro que Fleur intentaba aliviar con caricias y Fred… Fred se había quedado por primera vez en su vida, mudo, sordo, y pálido por la impresión.

Todos felicitaron a la pareja, todos menos Ron que miró a Hermione con expresión extraña durante toda la comida. Fred habló menos de lo normal, y trataba a Ginny como si acabara de descubrir que las hermanas pequeñas están hechas de cristal y se rompen en cuanto las tocas.

-¿Y qué te gustaría que fuera?-le preguntó la señora Weasley a Ginny mientras quitaban la mesa.

-Me da igual, mamá. Aunque Harry quiere una niña.

-¿Habéis pensado un nombre?

-Se lo dije anoche, mamá.

-¡Pero esas cosas se hablan!

-Anoche no teníamos muchas ganas de hablar, mamá. Era nuestra noche de bodas.

-¡Oh!-la señora Weasley chasqueó la lengua-Os enteráis de que vais a ser padres y solo hacéis que darle como los conejos. ¡Hay qué ver cómo sois los jóvenes!

-¿Cómo son los jóvenes?-dijo Harry que había aparecido por detrás de ambas mujeres con un montón de platos en la mano.

-¿Eres consciente de que sería mucho más fácil si usaras la magia para eso?-le dijo la señora Weasley.

-Harry, platos, y magia nunca es una buena combinación, mamá. Créeme, mejor así-Harry le sacó la lengua y le dio un pellizco en el culo.

-¿A qué hora salís?

-El traslador nos lo mandaron anoche-dijo Harry-Y se activa mañana a partir de las doce. ¿Eh, nena?

-Ginny, mi vida-dijo la señora Weasley-No puedes usar el traslador.

-¿Cómo que no? Solo tenemos que tocarlo a la vez y nos llevará.

-En tu estado no puedes, Ginny. ¿Cómo no has pensado en eso, boba? Las embarazadas no deben usar trasladores, la sensación puede dañar al bebé-Ginny se había quedado patidifusa, no tenía ni idea que usando el traslador pusieran en peligro la integridad de su garbancito. ¿Y ahora qué iban a hacer?

-No tenía ni idea. Harry, ¿Qué vamos a hacer?-dijo Ginny muy preocupada.

-Pues nada, ¿Qué vamos a hacer? Mañana vamos a la agencia y explicamos lo que pasa-Harry vio que ella estaba poniéndose blanca, pensando seguro, que podría haberle hecho daño al bebé si su madre no se hubiera dado cuenta- No te pongas paranoica ¡Eh Ginny!. Eres joven y es nuestro primer hijo (sí, señora Weasley, deje de dar saltitos, el primero de algunos más) y es lógico que haya cosas que no sabemos. Y los de la agencia…Seguro que esto les ha pasado más veces y tienen una solución.

-Claro que sí, corazón. Tienen más sistemas de viaje, aunque sean más incómodos y más largos.

-¡Harry!-gritó Ginny, se le había ocurrido la manera de llegar hasta allí.

-¿Qué tienes?-gritó también Harry, por su cabeza pasaron toda clase de imágenes de Ginny sufriendo grandes dolores de vientre-¿Qué te pasa?

-¡Podemos irnos en avión!

-¿Qué?-¿De qué coño le estaba hablando ahora, pensó Harry.

-Sí, en avión, como los muggles. ¡Oh vamos, por favor! Sería muy emocionante.

-Los aviones no son emocionantes, Ginny. La magia es emocionante-Ginny hizo un puchero.

-Los muggles también son emocionantes. ¡Y tú tampoco has subido nunca en un avión!

-No. Usaremos un sistema mágico, porque nosotros-dijo señalándose alternativamente a sí mismo y a Ginny sin mirarla a la cara-somos un mago y una bruja respectivamente-

Harry vio como Ginny se acercaba disimuladamente a él y empezaba a acariciarle el abdomen con el dedo índice.

-Ayer mismo prometiste hacerme feliz-dijo con voz melosa-Lo juraste, Harry-dijo mirándolo a los ojos y asintiendo con la cabeza, de manera que el cabello le caía a un lado de la cara- Y a mí me haría muy feliz viajar en avión-Harry estaba empezando a ponerse nervioso, Ginny le estaba poniendo en un aprieto, se le estaba insinuando con la mirada, y su suegra estaba delante. Mierda. Ginny le estaba poniendo ojitos y sonreía con malicia mientras se pasaba la lengua por los dientes de arriba como una niña mala.

-Las embarazadas tampoco pueden viajar en avión-se dijo Harry.

-Sí pueden. Lo he visto en una película.

-¿En qué película?

-En una.

-¿Cuál?-insistió.

-No me acuerdo. Y da igual. Yo lo sé. Anda… anda Harry, porfa.

-Joder. Joder-dijo Harry, mientras ella bajaba cada vez más su dedo índice-Ginny, estate quieta- pero ella seguía provocándole-Vale, vale. Nos vamos en avión. En primera si hace falta pero déjame ya.

-Eres un calzonazos, hijo-le dijo la señora Weasley con una sonrisa y Harry decidió que era momento para salir pitando hacia el jardín-Y tú no te rías. Eres perversa.

-Juego mis cartas, mamá. Y soy una ganadora-dijo con suficiencia.

-Eres una víbora. ¿Crees que tu padre…?

-¡Oh mamá!-Ginny la dejó con la palabra en la boca y salió al jardín, donde se oían demasiadas risas, seguro que Fred había hecho una de las suyas.

Fred les estuvo hablando de un nuevo invento, unas cápsulas, que aunque no tenían nada que ver con las bromas, pensaba que eran algo tan necesario como la risa. Proporcionaban privacidad.

-Iba a probarlas contigo, Ginny-dijo Fred-pero en tu estado…

-Muchas gracias.

-Ya-dijo-De nada. Por eso se la he dado a Harry hace cinco minuto-Harry se atragantó-No te preocupes, como mucho te dejará sordo y mudo durante unos días.

-¿Qué?-gritaron Harry y Ginny a la vez.

-Es que George no me deja dormir, está todo el día dale que te pego con la rubia y si sigo vomitando voy a enfermar-dijo-Así que en teoría estas pastillas te dejan sordo durante una hora. ¡Eh, Hermione! He pensado en lanzarlas como medio de ayuda en el estudio, ninguna distracción, todo concentración, ¿Eh?

-¡Me voy de viaje! ¡No quiero quedarme sordo y mudo, imbécil!

-Solo es una posibilidad. Además, ¡si te estoy haciendo un favor! No tendrás que escuchar a mi hermana…-antes de que acabara, Ginny ya le había hechizado.

La cápsula hizo que a Harry se le hincharan los lóbulos de las orejas durante un par de horas, se quedó mudo y durante el resto de día solo hizo que darle pequeños sustos a Ginny, ya que de vez en cuando salían de su boca musicales gritos que sonaban como la mejor nota dada por un barítono.

Harry se alegró y pensó que después de ver cómo había quedado Fred, su cuñado no tendría muchos problemas esa noche con la intimidad de George. Tal y como Ginny le había dejado, el que no oiría nada ni hablaría nada durante dos días sería él. Lo del tenor tuvo su parte cómica, cuando Harry se pudo a cantar "Fígaro" justo cuando Ginny y él estaban en pleno apogeo sexual, estrenando su jacuzzi. Ginny no paró de reírse en toda la tarde, aunque no le hizo mucha gracia comprobar que el efecto permanecía incluso en sueños, Harry no se despertaba cada vez que se ponía a cantar, pero ella acabó más negra que el alma de Voldemort.

Por la mañana temprano Harry fue a solucionar lo del traslador, hacía una hora que había avisado a Ginny sobre el plan previsto del viaje. Harry tampoco había subido nunca en un avión, Y Ginny no entendía que él no estuviera tan emocionado como ella estaba. Ginny se enfadó un poco cuando Harry le dijo que había preferido pagar un poco más (¡ja, un poco dice) a cambio de no tener que hacer escala en Milán. Ginny no sabía qué era eso de las escalas y cuando Harry le explicó que se trababa de tener que coger dos aviones distintos ella lamentó que él no hubiera pensado en lo emocionante que hubiera sido eso. Harry también estaba molesto, le iba a costar un buen pellizco, y le jodía soberanamente pensar que podría haber estado en cuestión de segundos metido en un jacuzzi con Ginny en mitad del mediterráneo y ahora tendría que pasarse seis horas en un avión, si tenían suerte.

No todo acabó ahí, Harry y Ginny se aparecieron en el aeropuerto, Harry tuvo que tragarse su orgullo y preguntar a un policía de aduanas cuál era el procedimiento para coger un avión. El policía creyó que se estaba cachondeando de él y le pidió a Harry su documentación y/o pasaporte, documentos que Harry no tenía por lo que tuvo que hechizar al pobre hombre, que volvió a su puesto de aduanas tambaleándose.

-¡Harry!-Ginny le gritaba y le hacía gestos con una mano para que se acercara-Este señor-dijo señalando a un tipo que parecía un operario de la limpieza-me ha dicho que tenemos que buscar nuestro vuelo y compañía en esas pantallas de televisión y carteles. Muchas gracias-le dijo al hombre que agachó levemente la cabeza.

-Es extraño…-musitó el hombre mirándolos-gente joven…

-No crea-se excusó Harry mientras Ginny tiraba de él hacia su cola de facturación-Aún hay una Inglaterra profunda y rural llena de gente ignorante como nosotros.

Una vez en la cola Harry no dejó de pensar en lo de la documentación, tendría que hechizar a las chicas de facturación cuando les pidieran el pasaporte.

-Ginny-dijo en voz baja.

-¿Qué pasa?-le contestó ella de igual manera.

-¿Tienes la varita a mano?-dijo él

-¿Hay algún peligro aquí?-dijo mirando de reojo-¿Mortífagos en un aeropuerto?

-No tonta. Las tías de ahí-dijo señalándolas con la cabeza-nos pedirán unos papeles que no tenemos. Tendré que hechizarlas, controla que los muggles de la cola no se den cuenta. Haz algún hechizo de distracción.

-OK-Cuando llegó s turno todo sucedió como Harry había planeado, y aunque las hechizó para que los dejaran subir al avión, las chicas se quedaron extrañadas de que no llevaran ningún equipaje de mano. El avión se retrasó una hora, unido a que ellos habían llegado una hora antes, como decía en el billete, dio tiempo a Ginny para que comprara toda clase de tonterías en las tiendas del aeropuerto.

Al menos los asientos eran cómodos-pensó Harry cuando se hubo sentado, dejándole la ventanilla a Ginny, después de que ella manipulara los billetes de una pareja de novios que se quedaron extrañadísimos cuando vieron que sus asientos, además de no estar junto a la ventanilla, estaban separados.

-Te juro Marcy que yo pedí los asientos en ventanilla, y ninguno en el pasillo. Juraría que esta mañana…

-Pues te engañaron, idiota. Da gracias que nos sentamos separados porque no tengo corazón para aguantarte durante todo el viaje. ¡Encima al lado del motor! ¿Quieres dejarme sorda?-dijo ella mientras se encaminaba hacia la parte delantera del avión-Siéntate tú al lado del motor-le dijo al novio ya de espaldas.

-Esto…, Ginny-dijo Harry mientras veía como Ginny se instalaba felizmente en el asiento que correspondía a esa pobre infeliz que iba jurando en arameo contra su recién marido-Esto podría suponer una crisis entre esa pareja, ¿sabes?

-¿Tú crees?-Ginny se levantó de su asiento, y miró a un lado y otro del avión-Ahora vengo.

Harry tamborileó con los dedos sobre su bandeja mientras los pasajeros iban sentándose, vio como Ginny le hacía una escueta visita al chico y luego a la chica hasta que una azafata le decía que ocupara su asiento.

-La bandeja debe ir levantada durante el despegue, señor-le dijo a Harry una azafata guapísima.

-Perdón-dijo él en el momento en que llegaba Ginny.

-Ya está, todo solucionado. Ni siquiera se acordarán por lo que han discutido y les parecerá el mejor viaje de sus vidas. Les he modificado un poco la memoria-Harry sonrió inocentemente hacia la azafata que ponía cara de extrañeza-¿Ya nos vamos?-le preguntó a la azafata.

-Ehhh…Sí.-dijo tras una pausa- Pónganse los cinturones y mantengan las bandejas levantadas. Cuando esta luz se apague-dijo señalando al techo-pueden quitarse los cinturones y bajar las bandejas. ¿De acuerdo?-Ginny asintió vigorosamente. Intentó ponerse el cinturón sin conseguirlo, pero la azafata no le ayudó, aunque a Harry, que también tenía dificultades con su cinturón, sí lo hizo; agachándose sensualmente y colocando las manos a ambos lados del cuerpo de Harry, dedicándole al final, una radiante sonrisa. Ginny miraba a Harry y luego a la tipa que coqueteaba con su marido-Si necesita algo más-le dijo a Harry-avíseme.

-Gracias-dijo él con una sonrisa galante y un tono sensual. Cuando la azafata les dio la espalda Ginny se levantó de su asiento apoyándose en los reposa brazos y le sacó la lengua infantilmente-déjame que te ayude-dijo Harry intentando abrocharle el cinturón, Ginny le pegó en la mano.

-Puedo sola-dijo ella con rencor-No como tú-Pero a pesar de todo, no pudo, y Harry decidió que sería mejor que ella le pidiera por favor que la ayudara con el cinturón más tarde, cuando se diera cuenta de que no sabía cómo hacerlo.

Los azafatos y azafatas se colocaron a lo largo del pasillo mientras el motor del avión comenzaba a sonar en serio. Ginny se levantó sobre su asiento para ver mejor, Harry se fijó en que, mientras las azafatas explicaban los protocolos de emergencia, nadie les prestaba atención, salvo Ginny, que tras ver cómo lo hacía la azafata, se agazapó en su asiento y consiguió abrocharse el cinturón, aunque volvió a quitárselo para seguir las explicaciones con atención. Después de que la azafata explicara cómo inflar el salvavidas Harry vio con vergüenza como Ginny se levantaba sobre su asiento y levantando la mano como lo haría Hermione pedía que repitieran esa parte, que no la había terminado de entender. La azafata (y el resto de pasajeros) debieron pensar que estaba loca, aunque algunos se rieron pensando que Ginny era una bromista.

Las azafatas fueron pasando mirando que todo el mundo llevara los cinturones, un azafato vestido de chaqueta azul pasó por el lado de Harry supervisándolos.

-¿Necesita ayuda, señorita?-le dijo a Ginny mirándola con diversión, Harry se encargaría después de torturarla.

-No. Creo que todo está bien-dijo ella con una sonrisa.

-¿Su primera vez en un avión?-le dijo él.

-¿Tanto se nota?

-No mucho-dijo amablemente y Ginny volvió a sonreír, y Harry empezaba a preguntarse por qué ese tipo seguía dándole palique a Ginny.

-Es que lo del chaleco ese no lo he terminado de entender. ¿Es muy importante?

-Solo en caso de accidente aéreo-dijo él despreocupadamente.

-Ya. Y eso… ¿Ocurre muy a menudo?

-Lo cierto es que no.

-Ya-dijo Ginny, no acaba de entender por qué tanto aspaviento con las normas de emergencia si nunca había emergencias.

-Tenemos que hacerlo, aunque sea aburrido-dijo con una sonrisa-Vamos a despegar.

Ginny no dejó de mirar por la ventanilla y de maravillarse al ver las alas del avión bambolearse y cambiar cuanto más se levantaban. Cuando el avión subía unos centenares de metros, algunas personas emitían sonidos de angustia ante la presión, pero Ginny estaba maravillada, ni en una escoba o en ningún objeto mágico se podía alcanzar esa altura, por encima de las nubes, que quedaban muy por debajo de ellos. Nada tapaba el sol.

Carritos como los del expreso de Hogwarts que apenas cabían en el estrecho pasillo, con catálogos de comida (y comida), bebidas, revistas, y productos varios empezaron a desfilar por su lado. Harry compró una bolsa de patatas fritas a la guapa azafata que antes había coqueteado con él, y se vanaglorió en su interior pensando en que su éxito con las mujeres no se debía solo a que fuera Harry Potter (ya que para la azafata él solo era otro tipo más) sino a que, en realidad, estaba como un queso.

Ginny vio como Harry se inflaba con algún pensamiento probablemente masculino y seguramente estúpido. Idiota, pensó.

El azafato simpático se acercó a ellos con el carrito de las bebidas.

-¿Desean…?

-Soda, ¿tienes?-dijo Harry mirando al carrito.

-Sí señor-Sacó un bote de soda que parecía de juguete y se lo sirvió a Harry que pagó por él la increíble cifra de dos euros y medio. ¡Joder, encima que había pagado una pasta por los billetes!-¿Y usted, señorita?

-Señora-dijo Harry-la mía.

-Algo sin gas. Un zumo-dijo ella ignorando a Harry.

-¿Melocotón, naranja, albaricoque, manzana, piña o pomelo? Te recomiendo el de melocotón-dijo con un guiño confidencial.

-Sí. Gracias-Sacó un bote de cristal que sacudió y se lo sirvió a Ginny en un vaso de plástico-¿Cuánto…?

-Invita la casa-dijo levantando la mano como si fuera un policía parando el tráfico-por ser la chica más simpática del vuelo.

-Muchas gracias-dijo vergonzosamente Ginny, y Harry se sintió enfermo.

Volvieron a decirles que se abrocharan los cinturones porque iban a pasar por unas turbulencias, y aunque la gente se asustó, a Ginny le pareció emocionantísimo. Harry y ella se quedaron dormidos un rato (y él se levantó con un buen dolor de cuello). Cuando despertaron ya faltaban cuarenta minutos para llegar a Atenas, el azafato volvió a pasarse por allí e invitó a Ginny a hacer una visita a la cabina de los pilotos, cosa que ella aceptó encantadísima, pese a que sabía que Harry estaba a punto de estallar. Pero era una oportunidad única y no iba a desperdiciarla porque Harry se pusiera estupendo.

-Mi padre va a morirse de la envidia-dijo Ginny cuando regresó a su asiento para volver a abrocharse el cinturón, ya que iban a aterrizar-me han dejado pilotar el avión. ¿Sabes? Tan solo he tocado los mandos y un par de botones-dijo felizmente-Eran muy agradables.

-Será porque estás muy buena-dijo Harry secamente.

-Es porque soy simpática, no como tú. ¡Mira que cara! Parece que hubieras acabado de tomar un trago de leche agria.

-Gracias. Yo también te quiero.

El azafato volvió a despedirse de Ginny y la besó en la mano, así que cuando la azafata con la que Harry había ligado también se acercó para desearle un feliz viaje él hizo lo propio, le dio las gracias por todo y le besó la mano caballerosamente, para fastidiar a Ginny, pero como ella estaba prevenida solo hizo que ignorarle, chocarle la mano a la azafata y darle las gracias por todo, mientras que le recordaba que le diera más gracias a los dos pilotos.

A Ginny le pareció divertidísimo el mecanismo para recoger el equipaje, y permanecía atenta a las cortinas intentando vislumbrar sus baúles, cuando salió el de Harry, Ginny dio un gritito de felicidad y se puso a dar saltitos, y cuando lo hizo el suyo, un poco después, tiró de la manga de Harry mientras señalaba felizmente hacia su baúl dando saltos. Las mujeres la miraban con cara rara, pero Harry vio que los hombres la miraban con simpatía.

Ginny y Harry tiraron de sus baúles hacia la salida, donde encontraron a un mago (a quien no le hacía falta el letrero de "Harry Potter" que sostenía en las manos, ya que su atuendo, era claramente el de un mago tratando de vestirse como un muggle, sin éxito) esperándolos para conducirlos al hotel.

Harry y ella fueron conducidos hasta la isla principal (donde estaba el hotel propiamente dicho, ellos iban a una isla con casita) para arreglar todo lo que quedaba por arreglar, que era más bien poco, y Harry dedujo que había ido hasta allí solo porque el director del hotel se moría de las ganas por conocerlo.

Cuando llegaron a su casita Harry solo quería irse a dormir, eran las ocho de la noche y estaba muerto, Ginny también estaba cansada, pero sacó fuerzas para echarle un vistazo al lugar.

-Tenemos piscina con jacuzzi-le dijo Ginny a Harry acostándose junto a él y acariciándole la oreja, él ni siquiera se había cambiado-Voy a darme una ducha. ¿Vienes?

-¿Humm?-dijo él despegando los ojos-No puedo, me duele la cabeza y todos los huesos. Y me caigo de sueño porque YO me he levantado temprano para solucionar lo del avión.

-Como quieras-dijo ella dándole un beso-¿Quieres que te pida algo de comer? ¿Un vasito de leche?

-Sí, un vasito de leche templada-dijo él mientras se abrazaba a la almohada como si fuera un osito de peluche. Ginny le acarició el pelo y le dio un beso en la sien.

-Ahora mismo lo pido, pichoncito.

Harry se despertó sin saber muy bien dónde estaba, hacía calor y podía oír a Ginny tarareando feliz desde algún lugar de la casa, salió de la habitación (que estaba en una segunda planta y cuya puerta daba a un pequeño pasillo/balcón desde el que se veía la sala principal (que también era cocina) cuyas paredes estaban hechizadas como el techo de Hogwarts y podías ver todo el exterior como si vivieras entre cristales, al frente se veía la playa, a la derecha quedaba la piscina con el césped, a la izquierda un pequeño jardín que quedaba separado de un bosquecillo de pinos y flora local por una valla de madera de media altura. Era muy bonito.

Ginny preparaba una bandeja con ayuda de una pequeña elfo doméstica que llevaba un delantal blanco y una cofia con el emblema del hotel.

-Buenos días-dijo Ginny, y cuando el elfo se dio cuenta de la presencia de Harry hizo una reverencia y desapareció-¡Gracias!-le gritó Ginny-El desayuno está listo, dormilón-Había dos clases de zumo, de melocotón y naranja, leche, café, chocolate, bollos, croissants, tostadas, mantequilla, mermelada, miel, piezas de fruta, etc.

Harry se sentó presidiendo una mesa de cristal rodeada de cómodas sillas de mimbre, mientras Ginny le servía el desayuno, un copioso desayuno.

-Ya vale, Ginny. Me voy a poner como un cerdo-dijo después de que su mujer le sirviera dos vasos de zumo, un chocolate y tres galletas, dos tostadas untadas con mantequilla y mermelada de fresa y zanahoria, un bollito relleno de fiambre y un trozo de pastel de naranja.

-Necesitas energías-dijo ella-¿Ves esta mesa de cristal?-Harry asintió-Pues quiero hacer el amor sobre ella-Harry se atragantó con la tarda de naranja-¿Y ves la cocina?-el asintió-Pues ahí también quiero hacerlo. Y también está la cama, la piscina, el jacuzzi, la playa, el césped del jardín, la ducha, las tumbonas… ¡Ah! Y por supuesto la cama.

-Quizás deberíamos dosificar los polvos, Ginny-dijo él después de tragar un sorbo de zumo de naranja-Dos por día. ¿Qué te parece?

-El número de polvos no es negociable, Harry. Lo haremos cuantas veces me apetezca.

-¿Y si a mí no me apetece?

-Me prometiste que…

-Que te haría feliz, no que sería tu esclavo sexual-Ginny se encogió de hombros.

-Es lo mismo-Y empezó a comerse una zanahoria.

-¿Qué vamos a hacer hoy?

-No tenemos ninguna excursión planeada-dijo Ginny señalando hacia el programa que había colgado en la cocina-Hoy nos daremos un homenaje. Sol y agua.

-Y sexo-dijo Harry levantándose de su silla-Voy a ponerme el bañador.

Cuando bajó, Ginny seguía desayunando, lo obligó a desnudarse para untarle un protector solar, mientras él se quejaba y ella alegaba que no podían descuidar su salud, ya que Harry estaba muy blanquito y ella no quería que se le quemara su precioso culito. Harry protestó todo el tiempo como un crío, y efectivamente, cuando Ginny terminó, parecía un bebé embadurnado de protector blanco.

-Parezco uno de esos ingleses que se pasean por las playas españolas-dijo mirándose a un espejo.

-Eres inglés, mi amor-dijo ella-espera un rato a que el protector haga efecto-Harry hizo un ruido desdeñoso.

-Me voy a hacer unos largos, cuando salga de la piscina vuelve a untarme por todas partes. ¿Vale, princesita?-dijo sensualmente.

Harry se preguntaba qué estaba haciendo Ginny que todavía no había salido a tomar el sol, y a él le había dado tiempo a hacer unos largos, salir y secarse y volver a meterse corriendo al agua en cuanto notó el calor que emitía el astro rey.

Salió del agua y colocó la sombrilla justo encima de su tumbona de playa, se colocó las gafas de sol Ray Ban que Ginny le había comprado en el aeropuerto de Londres y se dispuso a ponerse hecho todo un morenazo (con moderación)

Ginny salió diez minutos después, ataviada con un pareo blanco con flores negras y un sombrero de paja de lo más chick.

-Hummm. Pedazo de día-comentó. Y se quitó el sombrero y el pareo. Harry empezó a toser atragantándose, allí estaba Ginny, de pie, desnuda.

-Tápate-le dijo levantándose y cogiendo el pareo del suelo, tapándola con él mientras miraba a un lado y a otro como si esperara que alguien estuviera observándoles.

-Quita-le dijo Ginny apartándole el pareo-Voy a tomar el sol.

-Con eso no-dijo Harry. Ginny llevaba puesto un tanga negro, apenas un par de tiras y un triangulillo minúsculo que, aunque le quedaba como para comérsela, era una indecencia.

-¿Quieres que me lo quite?-dijo Ginny con picardía.

-No. Quiero que te pongas algo más. ¿De dónde coño has sacado eso, Ginny?

-Es mi bikini-dijo ella-Y aparta que me tapas el sol. Dijo mientras se tumbaba hacia arriba.-Él volvió a taparle el culo con el pareo-¡Harry!

-¡Alguien podría verte!

-¡Los pájaros del cielo podrían verme, idiota!-dijo ella rebotándose y mandando lejos el pareo. Harry salió disparado hacia la casa, subiendo de dos en dos las escaleras. Llegó a la habitación y se puso a rebuscar entre las cosas de Ginny. Allí estaban todas sus prendas de baño, a ver cuál era más minúscula. Harry encontró un bikini azul, normal, de los de toda la vida, y que Ginny se ponía cuando se bañaban en el lago de cerca de la Madriguera. Lo cogió y se dispuso a ponérselo aunque fuera a la fuerza, por la tarde, comprarían bañadores para ella que taparan lo que sólo él tenía permiso para admirar.

Ginny bebía un zumo naranja servido por un elfo, a quien no parecía importarle el estado de desnudez de ella.

-¡GINNY!-le gritó. El elfo dejó escapar un grito, se tambaleó la bandeja de refrescos que llevaba en las manos y se desapareció dejando la bandeja caer al suelo-¿Pero qué? Pero… Pero… ¿Tú estás mal de la cabeza o qué?-le gritó mientras ella recogía los vasos que se habían volcado-¿te parece normal recibir a un elfo en pelotas?

-Están acostumbrados, Harry, al top less.

-Ni top less ni top ten. Ahora mismo te vas a poner esto-dijo mientras se sentaba a su lado y trataba de ponerle el viejo bikini.

-Sigue así, Harry, y te hechizo-dio un último trago a su zumo de zanahoria y se levantó-Voy a bañarme. Ah-dijo-Y se suponía que tenías que volverte loco de deseo por mí con estos bikinis, no loco de celos. Idiota-dijo enfadada-Ni siquiera me has mirado el culo-dijo dolida.

-Claro que te he mirado el culo. ¡Es imposible no mirarte el culo!

-¿Ah sí?-dijo ella más animada.

-¡Lo vas enseñando descaradamente!-dijo indignado Harry.

-Gilipollas-le dijo Ginny y se lanzó de cabeza al agua.

Harry la vio nadar unos quince minutos, y al final se metió al agua con ella. Estaba demasiado tentadora desnuda y mojada como para que él se resistiera. Ginny se resistió un poco, y le insultó un buen rato (tonto, idiota y troglodita, fueron algunas de las flores que le echó) hasta que cedió y acabaron haciendo el amor en la piscina. La ventaja que tenía la "ropa" de baño de Ginny, admitió Harry, era que se quitaba fácilmente y deprisa.

Ginny le levantó a las cinco y media de la mañana, el sol ya casi estaba fuera.

-Hoy tenemos una excusión planeada. Tenemos que ir a la central del hotel para reunirnos con nuestro grupo.

-¿Dónde vamos?-dijo poniéndose las gafas y recibiendo una, menos copiosa que ayer pero bastante abundante, bandeja de desayuno.

-Vamos a visitar la casa de Hércules en Atenas, y también la de Perseo. Por la tarde daremos un paseo en caballos alados, solo hay en Grecia, ¿sabías?

-¿Pegasos?-dijo él sorprendido-Pensé que eran un mito de la mitología griega.

-Muchos de los mitos muggles griegos se basan en la realidad, muchas de las hazañas de sus dioses o héroes estaban verdaderamente protagonizadas por magos. No eran muy discretos.

-Ya. ¿Entonces Hércules y Perseo eran magos?

-Sí. Y también hubo un gran mago tenebroso. El que provocó la guerra de Troya. Ha sido una de las pocas guerras en las que magos y muggles han luchado codo con codo.

-¿No me digas?-Harry estaba flipando.

-¡Pero si lo dimos en primero de historia de la magia!

-Nunca prestaba atención.

-Bueno, pues por eso fue una guerra tan difícil y larga, con enfermedades y epidemias del ganado y pérdida de las cosechas-Harry asentía mientras desayunaba, con cara de tonto como quien acaba de enterarse que la tierra es plana y que todo el mundo menos él lo sabía-Con los pegasos visitaremos a los centauros-Harry abrió la boca para decir que él ya había visto muchos pero Ginny no paró de hablar- los sátiros, y las ninfas. Tengo ganas de ver a las ninfas, seguro que son preciosas.

La casa de Heracles estaba en mitad del nuevo Atenas, lo que en la antigüedad había sido las afueras de la ciudad (ya que, según le explicó Ginny, el Acrópolis era una especie de fortaleza que solo usaban para guarecerse de los ataques enemigos, aunque luego lo convirtieron en un recinto religioso), estaba bajo el suelo, y se accedía por una puerta que los muggles no veían. La casa estaba hecha una pena, era de ladrillos (Harry imaginó que sería de mármol blanco) y se sostenía por sortilegios. Su interior estaba decorado con vasijas y tapices, esculturas e inscripciones, que brillaban con un tono azulado contra el ocre de los ladrillos envejecidos, según los letreros explicativos (ya que Harry no entendía ni el alfabeto ni el griego antiguo), todo eran hechizos de protección contra las fuerzas oscuras y hechizos del propio Heracles, que hacían que cuanto más tiempo estuviese entre esas paredes, más fuerte se volviese. Dentro de una urna protegida, estaba la camisa (que estaba casi deshecha), con la que Heracles había sido envenenado con la sangre de la hidra, su fin.

La de Perseo le pareció más emocionante, estaba lejos de Atenas, era de ladrillo blanco y tejas rojas como la sangre, y había toda clase de objetos mágicos, un escudo (que tenía sangre reseca de hace miles de años), una espada, tablas de cerámica con hechizos de protección, y lo que más le gustó a Harry, la cabeza de la medusa y un casco, como los sombreros de Fred y George, que te volvía invisible cuando te lo ponías. Ginny se entretuvo más en la historia de Andrómeda, explicada al lado de un cuadro que se movía y representaba el momento en que Perseo la rescataba del monstruo marino y convertía a éste en coral tras enseñarle la cabeza de la gorgona.

Después de ambas visitas tuvieron un tiempo para comprar curiosidades y demás, y después fueron a la parte de la excursión que más gustó a Harry (y que recomendaría a Hermione que nunca hiciese, odiaba volar). Se parecía mucho a la sensación de volar sobre Buckbeack, pero igualmente se sentía como un héroe griego, como Perseo. Ginny estaba preciosa a lomos de su caballo blanco, observó Harry.

Los centauros eran peligrosos y solo los vieron desde el aire, a los sátiros, los vieron demasiado rato ya que en cuanto los vieron llegar en sus caballos salieron al encuentro de las preciosas brujas turistas, uno, le tocó el culo a Ginny; pero como estaban protegidos, ella no pudo hacerle nada más que pegarle una patada en el culo.

Con las ninfas fue todo lo contrario, tuvieron que taparse con una especie de sombrero Weasley que te hacía invisible durante unos minutos, porque las ninfas desaparecían en cuanto veían extraños. Eran preciosas y cantaban y reían con embrujo, vivían en los riachuelos, fundiéndose con ellos, con la piel de color azul claro transparente y el cabello líquido como el agua, o eran del color cambiante de los árboles, con hojas de todos los colores en el cabello dorado. Tenían también el color dorado de la mies y el cabello color negro de la tierra y rojo de la terracota, decorado con flores de colores. Puede que las veelas tuvieran un hechizo especial, pero Harry encontró mucho más bellas a estas criaturas del bosque. Las ninfas no tardaron ni nueve minutos en percatarse de su presencia, y en cuanto lo hicieron, se fundieron con la naturaleza desapareciendo de su vista; esperaron un poco más sobre los caballos, unos quince minutos a ver si volvían a aparecer, pero ya no las vieron. El guía les explicó que había muchos tipos de ninfas, y que el ministerio de magia estaba haciendo todo lo posible para protegerlas, ya que la continua invasión de la naturaleza por parte del ser humano, estaba haciendo que desaparecieran sus hábitats naturales, y con ellos, ellas. Por lo visto, la contaminación de ríos, lluvias, bosques y de mares, había hecho estragos entre ellas. Harry se lamentó al pensar que tales criaturas, que llevaban milenios en la tierra, desaparecieran por culpa del hombre moderno. Así que compró unos calendarios de ayuda, con las maravillas del bosque, y cuya recaudación iba para la protección de todas las criaturas naturales de la región, mágicas y no mágicas, con especial hincapié en las ninfas.

-Pobrecillas ninfas-dijo Ginny-No sabía que el mundo estuviera tan mal.

-Los muggles tienen que sacar los recursos de algún sitio. ¿Cómo te crees que consigue volar ese avión? Ellos no tienen magia y tienen que procurarse sus propios medios, aunque a veces jodan el planeta.

-No deberían hacerlo si perjudican a la naturaleza. ¡Hay más criaturas en el mundo que los hombres!-Harry pasó por su lado, le acarició el cabello con un gesto paternal, y les sirvió dos vasos de leche antes de ir a la cama.

Estaban tan cansados que no tuvieron ganas ni de hacer el amor, solo se tumbaron desnudos uno al lado del otro, acariciándose con las yemas de los dedos, haciéndose cosquillas y poniéndose el vello de punta hasta que se quedaron dormidos.

Harry se despertó y Ginny ya estaba levantado, se sorprendió que en todo lo que llevaban de vacaciones, ella, que era la dormilona por excelencia (Weasley tenía que ser, como Ron) estaba levantándose más pronto que él.

-¿Dónde vas?-le preguntó al ver que llevaba un traje de neopreno rosa de camal y mangas cortas.

-Me voy a bucear. Detrás tenemos unas pocas rocas y corales, y una cueva subterránea que me gustaría ver.

-Voy contigo. ¿Yo no tengo traje de ese?

-Claro que sí. Lo tienes ahí-dijo señalando al sofá de mimbre-Te estaba esperando.

Harry se miró al espejo y sonrió para sí mismo, Ginny tenía buen gusto con los hombres.

-Ya estoy-dijo mientras bajaba trotando felizmente las escaleras-¿Branquialgas o casco burbuja? Es por coger unas aletas-dijo. Pero Ginny no le escuchaba, Harry estaba para comérselo con el traje de neopreno puesto, se acercó a él y lo calló con un beso.

-Los peces pueden esperar-dijo ella.

-¿Pero no íbamos a…?-intentó decir antes de que ella volviera a abalanzarse sobre él. Ginny lo dejó tumbado en el sofá de mimbre, mientras ella se quitaba entre risas su propio traje, Harry se fijó en que el traje la había hecho sudar, y eso lo puso muy cachondo, pero debía controlarse, con Ginny embarazada no podían hacer maravillas en el sexo.

-Ha estado bien-dijo Harry acariciándole la espalda a Ginny- ¿no?

-Sí, claro. Harry-dijo.

-¿Qué?

-¿Cuántas veces hemos hecho el amor desde que nos casamos?

-No sé, Ginny. No llevo la cuenta.

-Ya bueno. Eso no es lo importante.

-¿Estás insatisfecha?-dijo levantándose un poco para mirarla a la cara.

-No, no quería decir eso. Lo que pasa es que solo hemos hecho el amor desde que nos casamos.

-No te entiendo.

-Harry-dijo levantándose y poniéndose a horcajadas sobre él-Hecho de menos el sexo.

-Pero si acabamos de hacerlo.

-No, ¡el otro sexo!-empezó a dar saltitos sobre él y a acariciarle el pecho-menos romántico y más juguetón. Más fuerte, más duro-dijo sensualmente mientras se agachaba a besarlo-más gu…

-¡No!-dijo él quitándosela de encima-No…no…

-¿No qué?-dijo sentada a un lado con él de pie a unos metros.

-No vamos a follar hasta que des a luz.

-¿CÓMO?-gritó ella.

-Que no nos pondremos a hacer posturitas y malabarismos mientras estés embarazada, Ginny.

-¿Por eso no me has dejado ponerme encima ni una sola vez?

-Por supuesto-dijo en un tono serio-No puedes andar saltando encima mío arriba ya abajo como una loca. No puede ser bueno para nuestro bebé.

-¡Lo que no es bueno para nuestro bebé es tener los genes de un cabeza de chorlito como tú!-le gritó.

-¡Yo sólo miro por su bienestar y por el tuyo!

-Harry-dijo tratando de calmarse-que esté embarazada no significa que me haya vuelto de cristal, o que el bebé sea de cristal. Estamos bien.

-No lo haremos. Es mi última palabra-Ginny lanzó un grito de frustración y pataleó un rato.

Se sentó en el sofá e hizo aquello que no estaba previsto que ella hiciera, y para lo que Harry estaba totalmente desarmado. Se puso a llorar.

-No-dijo él en un tono calmado-No hagas eso. No llores. Ginny-se sentó junto a ella-Yo…

-No quiero que nada cambie entre nosotros-dijo ella entre sollozos-No tenemos por qué cambiar.

-No llores, nena. Eso no vale-dijo él que cada vez se sentía peor-Nada va a cambiar.

-Sí, cambiará. Empezaremos no queriendo follar y acabaremos en camas separadas. Seremos una pareja monótona y aburrida y te aburrirás de mí y te irás con cualquier chica que se te presente y que no esté embarazada.

-No, Ginny. Escucha-intentaba girarle la cara-estás muy sensible. No me voy a ir con otra. Yo solo te quiero a ti. Y claro que quiero follar contigo, nena. Y nunca vamos a tener camas sepadas.

-¿Entonces… lo haremos?

-Ya… ya veremos-concedió él y ella se echó a llorar de nuevo-Vale, vale. Está bien. ¿Eh? Jugaremos, y reiremos, y te dejaré estar encima, o debajo o haciendo el pino, pero deja de llorar.

-¿Lo juras?-dijo entre lágrimas.

-Sí.

-¡Qué bien!-dijo más animada, y se echó a sus brazos mientras Harry le acariciaba el pelo con resignación aunque trataba de no mirarla a los ojos-Entonces-dijo ella, y él no pudo evitar mirarla a la cara. Ginny sonreía abiertamente. Tenía la nariz roja, las mejillas empapadas y de las pestañas le colgaban cristalinas lágrimas; Harry tragó saliva, estaba preciosa-¿Haremos el amor como a mí me gusta?-Harry asintió, totalmente derrotado-¿Y no me tratarás como si fuera de cristal?-mientras decía esto Harry le acariciaba la mandíbula amorosamente ladeando la cabeza y sonriendo- ¿Y me dejarás…?-Pero Harry la había callado con un beso. Ginny sonrió en sus adentros, el tema de la satisfacción sexual de ambos, había quedado zanjado.

Harry y ella pasaron el día entre corales, peces de colores, y playas de agua cristalina y arena blanca y fina. Ella insistió en hacer el amor en la playa con las olas, porque lo había visto en una peli y quería recrear el momento, Harry que se lo había prometido hacía unas horas la contentó, aunque Ginny descubrió al cabo de poco tiempo que no eran ni tan divertido ni tan romántico, la arena se metía por todos lados haciendo imposible algo de fluidez entre ellos. Al final, decidieron ir a casa, y sin arena y sin romanticismo, echar un polvo en la ducha como cualquier otro día en su casa del valle de Godric.

Harry se quedó solo por la tarde, ya que no quiso acompañar a Ginny cuando ésta decidió que iría a hacerse un tratamiento de belleza al hotel principal (donde estaban las salas de belleza y el spa) y aunque le insistió mucho a Harry diciéndole lo maravilloso que era que te embadurnaran de chocolate él se negó rotundamente a hacerse un tratamiento de belleza, él, como podía verse claramente, no era una chica. Harry decidió enfundarse el traje de baño y se fue a bucear, con la intención de coger todos los bichos marinos comestibles que el mediterráneo le permitiera. La cosa le fue bien, consiguió coger una bolsa de caracolas de mar, un pulpo y evitó que le picara una medusa de color amarillo justo cuando iba a coger un cangrejo enorme. Se escapó de la picadura por los pelos, aunque también se le escapó el cangrejo.

Harry llamó a los elfos domésticos (él no se iba a poner a cocinar) y les dio lo recién pescado, y les pidió que cocinaran también unas cigalas y un bogavante para la cena. Cuando Ginny llegó la mesa estaba servida, y a los elfos tan solo les quedaba por preparar la ensalada (querían que estuviera bien fresca) y el postre (una especie de queso fresco con miel). Ginny estaba reluciente, y después de que Harry la besara, acercó su cara a la de ella frotando su mejilla contra la de Ginny, aspirando el dulce aroma del chocolate impregnado en su suave piel.

-Huele de maravilla-dijo Ginny-¿Marisco?

-Chocolate-dijo Harry sin pensar, y Ginny levantó una ceja-La que huele de maravilla eres tú. Olvidemos la cena-dijo cogiéndola por la cintura.

-Llevo toda la tarde pasando por chorros de agua fría y caliente, Harry. Estoy hambrienta. ¿Qué has hecho tú?

-He estado en la playa, buceando. Cogiendo frutos del mar, pulpos… caracolas… ya sabes.

-Que varonil-dijo ella dirigiéndose hacia la mesa y sonriendo a un elfo que le ofrecía a probar una salsa-¿Podemos cenar ya?-le preguntó al elfo que hizo una grácil reverencia y la condujo dando saltitos, hacia la mesa, donde Harry sonriendo le apartó la silla caballerosamente-¡Qué servicio!-comentó Ginny. Y Harry vio como el elfo se ponía rojo hasta las orejas y sonreía con felicidad.

Cenaron a la luz de unas aromáticas velas de limón, mientras les entraba por la puerta de la piscina una suave y fresca brisa que olía a los jazmines del jardín. Cuando terminaron de cenar, Harry la condujo hacia el jardín, que estaba alumbrado por la luz de la luna, las estrellas y unas antorchas que Harry había mandado colocar, y aún sabiendo que no era su fuerte, Harry puso música con un chasquido de dedos e invitó a bailar a Ginny.

-¿Y todo esto, por qué?-le preguntó Ginny levantando momentáneamente la cara de su hombro y mirándolo a los ojos.

-Por ti-dijo él-Por mí-Y bajó la cara hasta besarla-Por nosotros-Ginny sonrió.

-Nadie puede soñar con una luna de miel mejor-le agradeció ella.

-No es por la luna de miel que he preparado esto.

-¿No?

-No. Es porque estoy loco por ti.

-Harry-dijo ella, y él emitió un ruidito con la nariz que significaba "¿Qué?"-Llévame arriba-suplicó en un tono bajo.

-Tus deseos son órdenes-Harry la cogió en brazos, caminó lentamente por la casa y subió despacio las escaleras de madera, cerrando la puerta del dormitorio y perdiéndose con Ginny en la intimidad de su habitación.

Al día siguiente tenían otra excursión planeada, por primera vez en el viaje Harry fue el primero en levantarse y tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para levantar a Ginny de la cama, que se negaba en rotundo, primero a abrir los ojos, segundo a levantarse, y tercero en perder el día viendo ruinas bajo el mar cuando podían quedarse en casa haciéndolo como leones. Harry tuvo que recordarle que a ella le daba igual la excursión porque ya había estado con sus amiguitas en la Atlántida, y que para hacer el amor, tenían toda la vida. Ginny se hizo un rato más la remolona tratando de atraer a Harry entre las sábanas, hasta que Harry la llamó egoísta y ella se levantó como un resorte, hecha una furia, y dispuesta a ir donde fuera para demostrar que ella no era así.

A Harry no le gustó tanto esta excursión, se le taponaron los oídos por la presión y se pasó todo el día con un molesto pitido que iba y venía en su oído izquierdo. Ginny por el contrario, se lo pasó de miedo. Nada más entrar descubrió a un grupo de estudiantes de último curso del colegio alemán de magia y hechicería, los chicos no eran más que un par de años más jóvenes que Ginny; y durante todo el viaje estuvieron burlándose de un grupo de cincuentones snobs, que a cada momento se paraban y se quejaban de todo mientras decían "Esto en Estados Unidos, no pasa". Los chicos y Ginny hechizaron sus camisetas al final de la excursión, haciendo que apareciera intermitentemente, la bandera de Europa y un letrero que decía "Europeans do it better". Los cincuentones se fueron indignadísimos, mientras Ginny y los chicos se partían de risa y se hacían fotos para el recuerdo.

Por lo demás, la excursión estuvo bien. Harry nunca había visto una ciudad como esa. La Atlántida, era una ciudad íntegramente de magos, y no era como Hogsmeade, aquello era como el Londres actual pero en mágico y en antiguo. Harry, los alemanes y Ginny se perdieron por la ciudad, parando a cada minuto para hacerse fotos con alguna estatua que sonreía o inclinaba la cabeza.

Harry se alegró bastante cuando vieron nereidas, las ninfas del mar mediterráneo, que los saludaron con hermosos cantos y bailes marinos. Eran las descendientes de Anfitrite y Poseidón, de Galatea y de Tetis, llevaban miles de años en el mar, custodiando la Atlántida y cuidando de la naturaleza que habita en el mediterráneo. Eran pelirrojas, morenas y rubias, con la piel blanca y el pelo tan largo como el cuerpo, iban desnudas y a Harry le pareció, que estas eran las criaturas que los muggles habían confundido durante siglos con las sirenas, ya que, las sirenas poco o nada tenían que ver con aquellas criaturas maravillosas que ahora se presentaban ante él, y que salían en los cuentos populares de los marineros muggles (aunque eso sí, tenían pies y piernas, no cola de pez; Harry imaginó que, como iban subidas en delfines, ballenas y grandes atunes, los muggles debieron confundir sus piernas con las escamas de sus monturas)

Compró un montón de recuerdos y souvenirs en las tiendas de las islas de la superficie, para él y para todo el mundo. A Hermione, Fleur y a la Señora Weasley les compraron un collar hecho con un cristal típico que la gente de allí hacía con la arena de las profundidades del mar y unas pulseras doradas hechas con un metal que ellos llamaban orichalcum y que tenía una enorme carga mágica. (Ginny, además, se compró y le compró a Hermione y a Fleur unos delantales de cocina con el cuerpo desnudo de una nereida, de manera que cuando te lo ponías, parecía que ibas desnuda como ellas; a su madre, pensó, que era mejor comprárselo con túnica)

Harry le compró a Ron un ánfora con dibujos de Kalon, un atleta griego, considerado el primer gran jugador del deporte que dio lugar al quidicht siglos después (no volaban sobre escobas sino sobre caballos), recordado como Kalon por su enorme belleza. (Al parecer, Kalon fue trascrito a la mitología popular muggle como Ganímedes). Harry no le compró nada al señor Weasley, estaba esperando a tener un día libre y volver al Atenas muggle, donde en una tienda de antigüedades había divisado un precioso teléfono de principios del siglo XX, una pieza que sin duda su suegro no apreciaría, por eso mismo él se quedaría con la antigüedad y a su suegro le compraría el más extravagante, feo, y grande teléfono que encontrara (y que hechizaría después junto con el suyo para poder usarlos como medio de comunicación entre ellos). A Ginny le había parecido una buena idea.

A Harry no se le habían pasado los días tan deprisa desde aquellas semanas en el último curso en Hogwarts con Dumbledore como director. Cuando se quisieron dar cuenta, Ginny y Harry ya estaban preparando los baúles de regreso a casa, más pesados que a la ida porque iban cargados de regalos. Harry debía admitir, que había cogido algo de color, Ginny sin embargo, estaba morenísima (y guapísima).

Harry subió al avión bastante animado (Ginny le había prometido un polvo en el baño, para lo que llevaba su capa de invisibilidad a mano) y el vuelo no le apreció ni tan largo ni tan desagradable como el de ida a Atenas. En un periquete, se habían plantado en Londres, donde los esperaba una entusiasta madre y suegra respectivamente y un motivado padre suegro que no paraba de mirar aquí y allá, maravillándose y llamando la atención con gritos de asombros y aspavientos varios cada vez que un avión aterrizaba o despegaba.

-¡Bienvenidos!-les gritó la señora Weasley con los brazos en alto.

-¡Hola mamá!- Ginny le dejó el baúl a Harry y corrió a abrazar a su madre.

-¡Qué morena estás!-dijo la señora Weasley con una sonrisa-Hola Harry, cariño. ¿Qué le has dado de comer, Ginny? Estás muy delgado tesoro-le dijo dándole un beso y pellizcándole en la mejilla como si todavía fuera un crío de doce años. Mientras Ginny le explicaba a su padre todos los pormenores de un vuelo en avión (obviando el hecho de que ella y Harry, se lo habían montado en el baño del avión)

Harry y Ginny comieron en la Madriguera ese día, repartieron casi todos los regalos que habían traído (y la señora Weasley le dijo a Ginny, que por qué no le había traído a ella un delantal de desnudo también). El Señor Weasley recibió un montón de regalos de cachivaches muggles (Harry le compró un avión teledirigido que funcionaba con batería, y que uno mismo había que montar, sabía que eso entretendría a su suegro unas semanas hasta que, derrotado, acabaría montando el avión con ayuda de la magia y haciéndolo funcionar mágicamente también, al menos lo haría feliz)

Harry se sintió extraño cuando llegó a casa, por alguna extraña razón esperaba algo distinto, las preparaciones de la boda, la despedida, la boda, el viaje… nada había cambiado después de todo eso. Ginny y él, seguían siendo los mismos. Su relación no era más fuerte ahora que antes de la boda, aunque, como cada día que pasaba a su lado, Harry se despertaba cada mañana descubriendo que cada vez estaba más enamorado de su mujer. Ginny salió de la ducha, se puso un pijamita de verano y se sentó en el sofá con un libro en la mano.

-Harry-le llamó-¿puedes poner el gramófono que nos regaló Marcello? Me apetece oír música.

Harry tocó con la varita el gramófono y se acercó a Ginny pensando en que, pronto, en unos pocos meses, sus vidas darían un giro de ciento ochenta grados. Para bien. Le quitó el libro de las manos mientras Ginny trataba de protestar y tirando de su mano hacia arriba, le hizo levantarse. Edith Piaf cantaba La Vie en Roses, y Harry y Ginny bailaban en mitad del salón: Harry pensando en lo afortunado que era y que sería siempre que ella estuviera a su lado, y Ginny pensando en lo afortunada que era al tener a un hombre como Harry, loco de amor.

¡FIN!

Se admiten reviews, críticas y sugerencias de todo tipo. Abro la parte de "ruegos y preguntas". Un beso a todos.