La vida es roja.

Hola, de nuevo aquí dando lata con mis historias XD, pero bueno, vamos al grano.

Esta es la historia larga, la que decidí escribir un poco antes que Ni Una Botella Más.

Esta historia contiene una leve idea de Yaoi, y un poquito de malos pensamientos, nada grave.

Si FMA fuera mío…ya verían…pero no, asi que aguantemonos y sigamos con las censuras...

Recuerden que aqui se omiten algunas cosas, como espacios y signos de puntuación. Sean pacientes, que supongo que nos pasa a menudo a todos… o no?

Disfrútenla


Cap1: Alma Indómita.

Edward paseaba tranquilamente por las calles de Munich, pensando...
Inmerso en sus pensamientos no se daba cuenta del bullicio que se agolpaba frente al el, en un viejo edificio de departamentos.
Al parecer era el sonido de una orquesta, dentro de un pequeño departamento del suburbio, se escuchaba una dulce opera.

Todo mundo estaba allí, al darse cuenta de que aquel sonido, provenía en realidad de un aparato situado en la ventana, con un gran cono que emitía el sonido, que deleitaba a la demás gente...

- Miren allí arriba, quien será?

- Qué estará pasando? - se preguntaba Ed en su mente mientras se acercaba -que sucede?-pregunto al fin a uno de los tantos curiosos del lugar.

-esta mañana llego una mujer llena de extraños artefactos, y con un acento muy raro...parecía...inglesa!

- en serio?

- si, y al parecer viene con un científico de Berlín, lo vi salir con una bata esta mañana...

-ah! gracias. Esto debe saberlo Al ...- Penso esto último.Así que regreso a su casa, y de inmediato se dirigió al apartamento...

- Al, a que no sabes de lo que me he enterado!

- vaya! andabas de vago otra vez según veo.

- salí a tomar un poco de aire en realidad...

- bueno y a que se debe tanto alboroto...No ves que estoy analizando estas benditas formulas tuyas!

- en la calle de enfrente se habla de una chica inglesa que llego con un científico de Berlín, pero que dicen son algo misteriosos...sabes algo al respecto?

- Es el doctor Hebert Hein y la señorita Josephine Scott, vienen desde Inglaterra para mostrarnos algunas de las nuevas tendencias científicas...- le dijo sin apartar la vista dela libreta.

- Que? Un alemán en...

- Si, ah, qué, no lo sabias?. Salio en el periódico- y Heideric le tendió un tabloide quemado por una esquina- lo siento...un accidente...pero lo que buscas quedo intacto...

Comenzó a leer interesadamente el artículo, y lanzo una risotada.

- Ja! una mujer científica, el hecho de que su padre haya sido un científico no quiere decir que ella lo es...

- vamos, por algo debe decir eso. Además, a que viene eso?

- Es una mujer...

- entiendo que las mujeres tengan limitadas muchas cosas. Mas en Inglaterra es muy diferente. Hace no poco tiempo escuche de una joven, hija de un arqueólogo que se hizo la presidenta del museo del Cairo.

- eso que...

- que, bueno, su padre era un arqueólogo, vivía solo con su hija y ella adopto el gusto de su padre por la arqueología. Entonces supongo que esa mujer debe tener muchos conocimientos.

- bueno...pero esto es Munich, no Inglaterra.

- bien...como digas. Estoy sobrado ocupado para escuchar tus teorías locas...

- no son locas teorías, solo soy realista.

- no eras así...que yo recuerde.

- no, así me ha hecho este mundo...

- no comiences con esa discusión de nuevo Ed, entiende que este mundo es real...no tu famosa tierra de los alquimistas. Me voy...

- a donde?

- a visitar al Dr.Hein por supuesto, que no lees bien?- Ed solo lo miro confundido- es un físico...veré si me puede ayudar con el proyecto, en cuanto aclare unas dudas. Si quieres venir...puedes alcanzarme, antes de que llueva.

Y la curiosidad impulso a Ed a seguir a Heideric, que lucía sumamente entusiasmado con aquella visita. No era muy común tener una visita así en la ciudad, sobre todo en aquella ciudad tan peligrosa en tiempos de post-guerra.
Alemania había caído mucho. Los tratados de Versalles la dejaban vulnerable al expansionismo Estadounidense. Pero seguía en pie. Las calles siempre eran grises y obscuras. Nubes grises cubrían constantemente el cielo otoñal de la Munich de la Post-guerra, lo que le daba un aire lóbrego...pero con vida.

Al fin llegaron donde se encontraba el mugriento edificio. Después de atravesar una marabunta de niños zarrapastrosos que corrían de un lado a otro y una jungla de lianas de ropa tendida de color indefinido sobre sus cabezas, llegaron a la apolillada puerta de madera de aquel edificio de tres pisos.

- Vaya...un científico modesto eh!...

- Edward...sabes a la perfección lo que cuesta encontrar acomodo en esta ciudad. Mas en buenas condiciones

- si Heideric...en especial a extranjeros.

- Pero si el científico es alemán, el no es ningún...

- pero estuvo huyendo en Inglaterra...- decidió parar allí la discusión, sabia los terrores que sucedieron en la Gran Guerra, sin embargo, no sabia muy bien todo. Solo lo poco que logro ponerle atención a su padre, cuando para su desgracia estuvo viviendo con el.

Preguntaron al viejo portero que se encontraba allí en que apartamento Vivian los nuevos inquilinos.

-el 23- respondió el anciano demacrado abandonando su pipa mordisqueada.

- gracias- respondió Heideric con una gran sonrisa, lanzándole una moneda de baja denominación. Edward solo lo miraba...

Subieron las rechinantes y apolilladas escaleras, que crujían a cada paso que daban, amenazando con caer.
Al fin llegaron a la puerta. Seguía la opera sonando y debajo de la puerta salía el aroma a amonio y tabaco.Heideric toco educadamente la puerta, y unos pasos ligeros sonaron seguidos de un "Yo abro Doc!"

-Si, usted desea...No, Es usted...- dijo una señorita de cabello negro y largo y ojos del mismo negro profundo. No era muy alta, mas bien tenia la estatura de Edward, o un poco menos.

- Soy...

- Alphonse Heideric, el genio soñador del colegio de Berlín, no es cierto eso?

- eh...si...de cierta manera...- dijo Heideric bajando la mirada sonrojado

- y usted es?-pregunto dulcemente la joven mirando a Edward sobre el hombro de Heideric.

- bah!

- se llama Edward Elric...pero no esta muy animado hoy, usted disculpe.

- Bien...me llamo Josephine Scott, mucho gusto. Pasen, llamare al doctor.

- gracias.- y Heideric pasó al inmueble jalando del brazo a Edward.

- siéntense, enseguida vendrá.

- si...

Edward tenia cara de "sáquenme de aquí" mientras Heid le manifestaba emocionado sus inquietudes.Cuando noto que el rubio ni le miraba dijo

- Si quieres vete, no necesito obligarte, simplemente lo haces por que no sabes como actuar ante una dama!- eso provoco que Edward volteara levemente sonrojado

- eso...eso no es...

- ja, mira nada mas, te sonrojaste, será que el señor machista ya se fijo en la señorita Scott?

- eso no...

- disculpen...

- Vaya...dos jóvenes emprendedores!

- Doctor Hein!- exclamo Heideric.

Era un señor de no más de treinta y cinco años, blanco, de ojos grises detrás de unos lentes escuetos y de cabello negro. Su mirada parecía mas la de un padre amoroso que la de un frío y calculador estudioso de física y química. Vestía correctamente un traje negro, sobre el cual llevaba puesta una bata. Sus manos finas denotaban que tocaba el piano, y no que manejaba los utensilios requeridos en su profesión.

-usted, según dice la profesora Scott, es el genio soñador del que hablan en Berlín no?

- eh...si, así es.

- el que quiere llegar a la Luna con las alas de Perseo...

- Doctor!

- No lo sabes Josephine, bueno, veo que pasaste bastante tiempo en Nueva York con mi amiga Clara. Este joven se metió a estudiar física a la universidad, no es así?

- si...y también mecánica e ingenieria.

- lo que quiere hacer es una nave que viaje al espacio. Como lo que quería tu padre.

- Qué!- exclamo Edward de pronto.

- así es, el padre de la señorita Scott era William Scott, el ingles que quería volar mas alto que los hermanos Wright.

- Eh..., señor Heideric, nos ha visitado para aclarar sus dudas, verdad? -pregunto Josephine.

- precisamente señorita, a eso hemos venido.

- bien, en cuanto este listo el café les explicare lo que gusten, no es así Doc?

- claro.

Y se dirigió a la cocina.

Una vez listo el café e instalados en la modesta mesa del comedor comenzaron a platicar.
La chica hablaba apenas correctamente el alemán, aun se trababa con algunas palabras, pero el Doctor le ayudaba a recordarlas. No estaba vestida como una mujer, sino que estaba vestida de hombre, como ellos.

- Disculpe señorita, puedo preguntar algo sin que me lo tome a mal?-pregunto Edward

- desde luego señor Elric.

- por que no viste como las demás mujeres? Acaso no le gustan los vestidos?

La joven ante tal pregunta se sonrojo, además de la penetrante mirada con la que la miraba su interlocutor. El doctor le respondió.

- Bueno, el círculo de científicos al que pertenecemos no admite mujeres, así que le di la idea de vestirse de hombre para poder pasar a las reuniones.

- además, es para que no me acosen los borrachos cada vez que voy a comprar víveres.

- Le han hecho algo señorita?- pregunto alarmado Heideric

- una vez un tipo me metió a la fuerza a un callejón e intento propasarse...

- la verdad es que cuando Will me la dejo antes de morir, me pidió que la cuidara como mi hija, y eso he hecho, pero como en ocasiones paso días enteros sin salir de mi laboratorio, no puedo protegerla como se debe. Por eso le anime a vestirse así.

La joven seguía sonrojada y mirando al suelo. Heideric se dio cuenta que Edward no paraba de mirarla desde que formulo la pregunta.

Después de largas horas de amena charla científica, Edward y Heideric se retiraron.

- Me dio mucho gusto conocerlos herr Heideric y herr Elric(NA: herr es la palabra alemana para "señor")

- espero que vuelvan pronto para seguir tomando café.

- gracias, ese pastel estuvo delicioso. Hasta luego.

- hasta luego- respondieron el doctor y la joven.

- a mi no me engañas pequeña Josephine, el herr Elric le atrajo.

- Doc, no diga eso...

- y si no, por lo menos a el si...aun que no estaba muy feliz que digamos. Pero se ve que ambos muchachos se fijaron en ti...

- Doctor Hein, por favor no diga esas cosas!- exclamo sonrojada

- de todas maneras, son buenos chicos. Creo que mañana los veremos también. Y lo mas seguro es que después de mañana...tal vez todo el mes- dijo mientras entraba de nuevo al laboratorio dejando sola a la joven Josephine.

- Ah!...- suspiro asomándose a la ventana y viendo la luna- papa...aun que hayas te ido se que debes estar en la luna vigilando que no haga alguna estupidez.

Heideric estaba muy entusiasmado. La mirada le brillaba, la sonrisa parecía resplandecer, en si todo su rostro era de una gran felicidad.

- Si le muestro mis planos tal vez el pueda...si, y la señorita Scott podría decirme el material que uso su padre en aquel experimento del 14...Dios Mío, Ed, volvamos mañana si, tal vez así podamos construir el cohete Ed!

- si...

- Te noto algo...ido.

- pensaba en como puede una mujer pretender saber tanto como un hombre.

- tu mismo viste que lo sabe.

- peor aun se hace pasar por uno...

- tu escuchaste la razón imperante por la que ella sale vestida así.

- para que no la violen los vagos, los ladrones ni los ebrios, Bah, esas son tonterías Heid, es una persona ambiciosa que de seguro solo busca fama.

- Pero...no tiene caso que discuta contigo Ed...- y le adelanto el paso dándole la espalda a Edward

- Heid...te enfadaste no es así?

- no puedo creer que después de que haya sido tan amable contigo seas capaz de decir eso.

- es solo una chica...

- si, una chica maravillosa!

Edward se quedo congelado, mirando a Heideric avanzar sin mirarlo, pero se dio cuenta de que estaba sonrojado, por que tenía las orejas rojas después de decirlo.

- "el desgraciado se enamoro de la señorita Scott...ja!"- pensó sonriente, yendo tras Heid.

Aquella noche Edward no podía dormir. Seguía pensando en aquella mujer, aun que no le dijera nada a Heideric del asunto.

A pesar de que estaba vestida con aquellas ropas, miraba su figura bajo ellas, era tan excitante para el. Se imaginaba tocando su piel ceñida a tan perfecta forma. La deseaba...pero...no, sacudió su cabeza para sacarse esa idea de la mente, pues la odiaba, por que lo alejaba de Heideric.

Aun que sonara a enfermedad mental debía admitirlo: Heideric era muy atractivo. Su cabello dorado, sus ojos grandes y azules, su sonrisa de ángel, su carácter tranquilo, esa manera de ser tan caballerosa...no podía contener el deseo hacia el.
Por supuesto que se había dado cuenta que el se fijo en aquella "científica" también. Pero que fue lo que le atrajo de ella en primer lugar, seria su cuerpo, sus conocimientos? o aquella mirada casi hipnótica y profunda, aun que tímida, con la que miraba aquella mujer?...no lo sabia.

Mientras, en su escritorio, Heideric le echaba el ultimo vistazo a las formulas antes de acostarse. Pero era inútil. Al igual que Edward, pensaba en Josephine. Sus conocimientos lo habían dejado absorto, estaba enamorándose poco a poco. Pero recordó a Edward mirándola al hacerle aquella pregunta tan personal. Su mirada era de deseo contenido, como si la decencia y la presencia de el Doctor Hein y la de él le impidiera lanzarse sobre ella y poseerla.

Esta idea perturbo a Heideric, sacudió la cabeza y trato de dejar de pensar en la clase de perversiones que habrá maquinado la mente de su amigo, era una exageración, el no era así...

Luego de un momento de estar razonando, se dijo

- No, no puede ser eso...Edward es demasiado...respetuoso como para pensar hacer semejantes cosas. Pero...si el...entonces que haré? Realmente me gusta esa mujer, quisiera tenerla a mi lado lo que me queda de vida...pero, Edward es mi amigo, y aun que no lo quiera admitir, desde que la vio se quedo hipnotizado, tanto o mas que yo...debo decirle a ella que la amo, o tal vez deba dejarle el camino libre a Ed?...ha sufrido mucho y...Dios mío, que puedo hacer!

Estaba en un dilema, el desde que la vio le dejo absorto, escuchar sus teorías y las de su padre fue como música para sus oídos. Saber por fin que alguien mas compartía sus pasiones...alguien mas de distinto sexo, por que Edward había demostrado la misma pasión que el en el experimento...solo que no podía hacer nada que no fuera debido, mancharía su imagen si alguien lo supiera.

Nunca llego a pensar en Ed de esa manera, solo lo veía como una compañía más en este mundo, como sus tantos amigos...pero, había algo en el rubio de ojos dorados que le incitaba a pensar mejor las cosas...
Aun así se consideraba lo suficientemente normal para no admitir lo que sus triviales ideas lo hacían sentir. Digo, alguien regido por la razón no se deja llevar fácilmente por las bajas pasiones.
Pensando en eso y mil cosas más sobre el asunto, se preparo para dormir. Y al acostarse, apago la lámpara y se durmió, pensando en su nuevo amor: Josephine.

Sin embargo en el cuarto contiguo, Edward seguía pensando en ella, no podía dejar de hacerlo aun que la odiara con todas sus fuerzas. La veía entre sus brazos, recorrer cada centímetro de su cuerpo con su mano de carne y hueso, la veía retorcerse entre sus sábanas, y pedir mas...
E inconcientemente el chico dejo escapar un gemido, callándolo de inmediato por temor a que Heideric escuchara e intuyera que estaba pensando en "perversiones".

Y en efecto, esto altero el frágil sueño del joven...que dijo para si

-"creo que no era así..."- penso en sus adentros

Edward de inmediato se levanto de la cama y fue al cuarto de baño, se enjuago la cara con agua helada y se dijo

- no pienses en ella...el es tuyo, lo viste primero.- dijo confrontándose en el espejo, cuando lo vio detrás suyo

- te encuentras bien Ed?

- eh...si...si...no pasa nada...

- creí escuchar...

- si, me golpee con...con la mesa y...pues...

- bueno, menos mal...

- eh...si...bueno...voy a acostarme Heid...no pasa nada. No te preocupes.

- de acuerdo...Buenas Noches Ed...

- Buenas Noches Heid...

Heideric lo miro de manera extraña, como si se hubiera dado cuenta de que el rubio mentía. Eso se le notaba, por que se había sonrojado al contestar. "Mentiroso"...

Edward en cambio no noto la cara de su amigo... y sin pena fue a la cama a recostarse, por que aun seguía pensando en la resolución del problema.

Al otro día, tal como lo dijo el Dr. Hein, los chicos regresaron a aquella casa.

- Ah, con que estos son los planos de tu proyecto eh, Heid!

- eh... si, aun que aun no he revisado mis formulas para darle potencia...

- mmm ya veo.

- si Doctor Hein, aun que creo que no he sido de gran ayuda para Heid.

- pero que dices Ed, tu diseñaste la mitad!

- eso es cierto señor Elric?...

Esto y mas escuchaba Josephine desde la cocina, cuando se dio cuenta que la alacena estaba vacía.

- er...Doc...disculpe.

- que pasa Jos...- dijo sonriente el señor.

- ya no hay...mucho...en...en la

- es cierto, hace semanas que no vas al centro de compras. Toma algo de dinero...pero...eh...señor Elric, tendría inconveniente de acompañar a Josephine?

- que!...eh...yo?

- si...además, debo discutir los planos con Heid...

- pero...la señorita Scott no tendrá inconveniente?

- por mi...no ninguno.

- adelante pues, vayan.

Ambos salieron del edificio hacia la calle donde se hallaban las tiendas.

- Eh...y que edad tiene señorita Scott?

- dieciocho...y deja de llamarme señorita Scott, solo dime Jos...

- bueno...Jos...Y tu eres Inglesa verdad?

- si...

- y tu padre?

- era un gran científico...y me enseño todo lo que se...era un gran hombre. Los reyes le nombraron Lord por su gran inteligencia

-quería un cohete...no es así?

La mirada de la joven se lleno de melancolía, bajo la mirada y tristemente dijo

- Eso fue lo que lo mato...Hola señora Greta!- saludo en un abrupto cambio en el rostro, de una profunda tristeza, a una gran alegría.

Edward se sintió apenado al hacerle aquella pregunta, en ese momento sintió como si se hubiese quitado la venda de los ojos. Vio a la Josephine sensible por un momento, no a la joven científica. No sabia que hacer...si disculparse o quedarse callado.

Opto por la segunda opción y siguió calladamente de tienda en tienda a la joven, mirando como sonreía "feliz".

Se dio cuenta de que aun que le diera el dinero a algunos comerciantes, se lo regresaban. Decidió al fin preguntarle a una vendedora de enlatados en la que se acababan de detener.

- Jos...Te importa si te espero aquí.

- no...Solo voy aquí a un lado por la carne. Te veré aquí.

Y con una gran sonrisa se volteo y siguió su camino.

Pregunto a la señora el por que de lo que acababa de ver.

La señora le contó que llego sola en un tren desde Inglaterra, con una carta de su padre que le decía que debía buscar a alguien en Berlín. Para su desgracia, en la estación un hombre le robo el boleto y se quedo varada en Munich. De casualidad iba llegando el científico de Berlín, y al mirarla la llevo a casa. Por casualidad...o más bien por milagro, se dieron cuenta de que era la persona que buscaba. Desde ese día se quedo con aquel científico viudo.

Aun que viviera en Berlín, el señor Hein era natural de Munich, y venia constantemente, aun que viajaba demasiado. Viajo por toda Europa y Asia junto con la chica.

También que ella padecía una alergia desde hacía años que le impedía realizar algunas actividades, esto a causa de haber viajado tanto y de no cuidarse mas que de encontrar a aquel científico.

- Y también ha sido de gran ayuda al reparar nuestras calefacciones gratis en el invierno, si supiera usted herr lo bondadosa que es...

- reparar?

- si, es una gran mecánica. Arregla todo lo que le pongan enfrente.

En eso Edward recordó a su "amiga" Winry...ella lo reparaba todo...todo. Pero ella también lo alejaba de Alphonse, y eso lo molestaba.

- vamos Ed, deben estar muertos de hambre en casa...- dijo Josephine tocando su hombro.

- gracias señora.

- no hay de que herr

Edward ayudo a Josephine a cargar algunos paquetes que llevaba en la mano.

- de que hablaban eh?

- solo preguntaba los precios. Lo que pasa es que donde compramos víveres son muy costosos.

- ah, es que la gente de aquí la trae de sepa Dios donde. Por eso es mas barata.

- y no esta podrida?

- bueno, las conservas duran unos años. La carne,las legumbres y frutas las traen del campo a un costo más o menos barato. El precio no cambia, así que no es muy costoso y por...

- lo siento...- la interrumpio de pronto.

- que?...por que te disculpas Ed?

- por haberme metido en tu vida personal...

- ah...no es nada. Lo de mi padre ya paso, si me lamento no regresara.

- tienes razón.

- bueno, entonces no te sientas mal por haberme preguntado.

- si...Jos. Aun así...recordé muchas cosas.

- tu...tu también has perdido a alguien a quien amabas...no es así?

- eh!- eso lo tomo por sorpresa...se estaba interesando en el. Estaba indeciso, sobre decirle o no decirle. La quería lejos, pero a la vez...cerca.

- bueno, no me digas si no quieres. Se que esas cosas duelen.

- si...como sea...

Llegaron a un punto de la calle donde habíanumerosos callejones. Necesitaban comprar algo que le pidió el científico en un papel doblado. Debían ir a una farmacia casi del otro lado de la ciudad.

- creo que por eso te pidió que me acompañaras.

- a dónde vamos y para qué?

- a una farmacia, el doc se ha sentido enfermo últimamente.

- ya veo...

En eso pasaron por un callejón muy obscuro y horriblemientras charlaban. Un hombre de espantoso aspectosalio de pronto y jalo a la joven, ante la sorpresa de Edward.

Se la llevo corriendo hacia adentro de dicho callejón, tapándole la boca con un trapo empapado de éter, con lo que la desmayo para evitar sus gritos.

Edward dejo los paquetes a una joven que vendía cerillos cerca de aquel callejón, la cual le dijo hacia donde se dirigía aquel hombre.

Corrió desesperado, hasta que los vio al frente, el hombre dio la vuelta, llegando a un callejón sin salida. Edward lo acorralo.

- Déjala en paz, o te las veras conmigo!

- no...Ahora me pertenece- dijo el hombre con una mirada cínica, casi de demencia.

-estúpido!

Edward arremetió contra él, golpeándole fuerte en el estomago con el brazo de acero. Tomo a Josephine y corrió lo mas rápido que pudo. Una mujer que vio todo aquello le ofreció pasar a su casa, para que recostara a la joven. Accedió a la petición y la dejo allí para recoger los paquetes.

Cuando regreso aun no despertaba.

- ese hombre es muy peligroso. Es un loco, producto de esa maldita guerra. Secuestra jovencitas para violarlas y golpearlas, las encuentran después de semanas en las peores condiciones posibles. Casi siempre acaban en hospitales mentales.

- Esta hablando en serio?

- así es. Tuvo suerte de salvar a su novia...

- perdone, pero ella no es mi novia...es...es...es mi cuñada.

- oh, ya veo. Bien, si gusta puedo preparar un café...en lo que espera a que despierte.

- no, déjelo. Esta bien así.

Allí estuvo a su lado, mirándola y acariciando su cabello. De nuevo estaba vestida de hombre, pero no llevaba el cabello recogido. Lo llevaba suelto, y se había puesto algo de rubor. "Será por la alergia?" pensó Edward asustado. Siguió viéndola, la amaba y la odiaba a la vez...pero sentía que la amaba en vez de odiarla. Su historia era tan triste...casi como la suya, pero ella tal vez no tenia la misma fortaleza que el, al ser mujer.

La veía con dolor, por que le pasaban tantas calamidades a ella que era tan buena...se acerco para besar sus labios, aun que solo fuera un roce, pero comenzó a despertar.

-Edward?- dijo débilmente, lo que sorprendió al muchacho. Lo más normal es que dijera "donde estoy?" o "que me paso?", pero lo llamaba.

- si?

- gracias...

- por que?

- por salvarme, iba a matarme y a...- y se levanto solo para abrazarlo y llorar amargamente. Edward se sonrojo y la alejo con suavidad.

- debemos irnos ya! deja de llorar, ya paso...- y seco sus lagrimas, mirandola sonriente

- si.- se limito a decir

Le ayudo a levantarse, dio gracias a la señora y se fueron de regreso a la casa del doctor Hein.

- Por que tardaron tanto!- exclamo Heideric con cierto aire de disgusto

- un incidente...nada malo Heideric- dijo Josephine

- ya veo...debe ser el loco ese que dicen, no?. No debí mandarte a la farmacia.

- no doc...fue mi culpa por ir distraída, por fortuna el señor Elric me salvo.

- no fue nada en realidad...- se apresuro a decir Edward

- salvaste a mi querida hija...como te lo puedo pagar!

Edward se quedo frió, Heideric lo miraba casi con odio, Josephine estaba sonrojada a mas no poder y el Doctor Hein lo miraba, como esperando una respuesta de sus labios, que fuera de vital importancia para la humanidad.

- eh...pues, creo que solo ayudándonos en el proyecto, si no es una interferencia en sus estudios.

- por supuesto que no es interferencia, claro que les ayudare en el proyecto.

- iré a preparar la comida. Deben estar muertos de hambre.

La joven se dirigió a la cocina seguida de Edward, para dejar los paquetes en la despensa.

- lamento que sea tan exagerado...pero es que soy lo único que tiene.

- si...ya veo.

- por que lo hiciste?

- que?...

- salvarme, bueno...no estabas obligado.

- si no regreso contigo esos dos hombres allí afuera serian capaces de matarme! además, no podía permitir semejante abuso

- ah...

- que? dije algo malo...

- no, no...Nada.-dijo volteando hacia la mesa y dándole la espalda a Edward.

Como por instinto, el se acerco hacia ella, y tomo sus hombros. Olía su cabello, deslizo sus manos por los brazos de la joven, haciéndola sentir un escalofrío, y estrecho sus manos. Se acerco a su oído y le dijo

- no quiero que nada malo te pase.

- ...- estaba a punto de besar su cuello, mas ella se volteo y lo miro a los ojos

- Edward...gracias, pero esto no es correcto. Por favor no...- no termino su frase, pues como rayo, Edward se lanzo sobre sus labios, besándolos tiernamente, sin acelerarse. Las pálidas mejillas de la joven se colorearon con una leve rojez. Se separo de inmediato, se alejo unos pasos de el, dándole la espalda.

- sal de aquí, antes de que me arrepienta y grite.

- lamento lo que acabo de hacer, yo...

- Vete!- le dijo rompiendo en llanto.

Salio de la cocina cabizbajo.

- sucede algo?- Pregunto Heideric

- nada...solo...

- me corte con el cuchillo...

- estas bien!- los dos, el doctor y Heideric se levantaron como resortes hacia Josephine.

Tenia un corte...-"seguro se lo hizo para no delatarme...que valor..."-penso Edward.

Comieron y luego Heideric, Edward y el Doctor Hein se la pasaron comentando sobre el proyecto mientras Josephine se entregaba a un libro algo polvoriento y amarillo.

Se despidieron como la noche anterior, quedando de acuerdo para el día siguiente.

- doc...que piensa del señor Elric?

- es un buen hombre, muy inteligente y demasiado culto. Deberías fijarte en el.

- Doc, no empiece de nuevo.

- si, aun que Heideric me dijo en tu ausencia que lo habías cautivado...

- eh!- ella solo se sonrojo.

- si...si, tu belleza no se compara con la de las mujeres de aquí. Te pareces a tu madre.

- usted la conoció?

- si, Will y yo estudiábamos, cuando al conocimos en un café cerca del Campus en Oxford. Ella era una belleza. Pero cuando la conocí a ella, Will ya estaba enamorado, y la pretendía. Así que desistí de mi empresa y conocí a su mejor amiga, Helena...- y su mirada de pronto se volvio triste.

- Doc...

- si, veo que ahora pasara lo mismo con esos dos muchachos y tu.- dijo volviendo a su entusiasmo habitual.

- usted cree?

- si...pero dime, si te tocara elegir entre ellos, cual seria...

- puedo confesarle algo doc, sin que se enfade...

- si...por que no?

- Edward...Edward me beso en la cocina...cuando...

- Virgen, te ha besado sin tu consentimiento!

- si...pero te lo ruego Doc, no te enfades...

- no estoy enfadado, estoy feliz, eso te hará mas fácil las cosas.

- aun que...desde que lo vi...

- si?

- me atrajo su mirada...pero es un chico muy frio

- si es algo raro el tono de ojos que tiene. Pero que más da. Además ten en cuenta que te salvo la vida!

- si doc...tiene razón.

Una vez en casa Edward y Alphonse se dispusieron a asear un poco la casa, pues sus paseos habían hecho que no hicieran nada en el departamento.

- Que paso Ed?

- un tipo la quería secuestrar, yo solo la salve.

- ah...espero que no le hayas hecho algo...

- sabes que seria incapaz Heid!

- lo se...

- bueno, entonces!

- lo lamento Ed...Lo lamento. Buenas Noches.

Heideric subió a su cuarto, se tiro en la cama y se dijo a si mismo

- "si, tenia razón, se enamoro de ella. Debo...debo alejarme de ellos".

Heideric sentía que las fuerzas se le iban. Pero una alegría lleno su corazón de pronto, lo vería feliz finalmente.

Lo quería tanto que ya lo vería sonreír una vez más. Y así durmió.

Edward por otro lado termino sus deberes y fue a su cuarto. Su mente cambio...ya la amaba, no solo la deseaba.

Sus labios eran como nieve que se derretía con los calidos rayos del sol, al contacto con los suyos. Pero tenía a Heideric en la mente. Le dolió aquella mirada de odio, le dolió que sufriera por ella. Lo quería, aun que amara a Josephine, aun veía a Heideric y le aceleraba el corazón.

- Los amo a los dos, pero...no se que hacer!- grito, para luego tumbarse en la cama, y escuchar en silencio sus sollozos.


Que tal...bueno, espero sus comments...me queme la mitad de las neuronas de mi cerebro para el final de este cap.

Otra cosa...creen que ya vi la pelicula, NO, soy una simple cibernauta que se leyo como veinte resumenes en inglés de la peli, ademas de que algunos amigos me spoilerearon la mitad. Pero para mi desgracia, no he visto la pelicula. Esto solo es un Fanfiction basado en la peli, y hecho con las loqueras de mi mente XD.

Espero que les haya gustado. A mi en lo personal me encanto XD, pero en gustos se rompen generos. Asi que espero los tomatazosÜ

Madame Juster