LA LEYENDA DE ANDRÓMEDA

Introducción

Cuenta la leyenda que una antigua soberana de Filistia, la reina Casiopea, hizo enfadar a las divinidades del mar cuando declaró que su única hija era la más hermosa de todas las mortales, incluso, más hermosa que las nereidas, las protegidas de Poseidón, el dios al que rendían tributo.

Ofendidas en su orgullo, y aún más porque esta era una verdad que no se podía negar, le pidieron a su protector, esposo además de una de ellas, que castigara a la orgullosa reina que se vanagloriaba de una belleza que le fue concedida a ella y a su hija por fortuna del cielo. Así lo hizo Poseidón, y envió a un monstruo marino, que más tarde fue llamado Cetus, a asolar las costas del reino, devorando a los barcos que acercaban a las costas, y cerrando al reino a cualquier contacto con el resto del mundo. Aunado a esto, las lluvias que empezaron a caer se volvieron más intensas con el paso del tiempo, y amenazaban con tragarse a la isla de continuar en ese estado.

Desesperados, los soberanos acudieron al oráculo de Ammon, quien les dijo que la única forma de salvar al reino y a todos los habitantes era ofreciendo a su hija en sacrificio al mar, encadenándola a las rocas y dejando que la devorara el monstruo. Los reyes se negaron ante tal petición, pero la princesa se ofreció en forma voluntaria a ser atada, y así lo hicieron sus padres con el corazón destrozado ante la inevitable muerte de Andrómeda.

Sin embargo, el destino quiso que en los minutos próximos al sacrificio, el joven Perseo, protegido de la diosa de la sabiduría, Atenea, e hijo del dios supremo de los Olimpianos, el poderoso Zeus, se cruzara en el camino de la infortunada princesa, y usando la recién cortada cabeza de la gorgona Medusa, enemiga jurada de Atenea, Perseo convirtió en piedra al monstruo marino, y salvó a la princesa de la terrible muerte que le esperaba. Al verse, ambos jóvenes se enamoraron de inmediato. Con el tiempo, Cefeo y Casiopea concedieron al joven la mano de su hija en matrimonio. La pareja contrajo nupcias, Perseo cumplió con el destino que le fuera impuesto en su nacimiento al matar por accidente a su abuelo, y de su descendencia, Atenea tuvo a uno de sus mayores héroes, Hércules.

A la muerte de Andrómeda y Perseo, Atenea, conmovida por su historia, puso sus imágenes en el cielo. Y cuando la primera guerra sagrada se desató entre los dioses olímpicos, Andrómeda fue la primera en otorgar el brillo de sus estrellas y la fuerza de su constelación a las recién forjadas armaduras de Atenea, en agradecimiento de su indirecta intervención para salvarla, con lo que en lo sucesivo, el caballero de Andrómeda fue uno de los principales guardianes de la diosa.

Sin embargo las nereidas, vengativas y rencorosas, jamás olvidaron esta afrenta, y juraron venganza no sólo contra Andrómeda o sus descendientes, sino contra Atenea por los favores otorgados a la doncella...

Y como es sabido, una guerra sagrada llega tarde o temprano, sólo hay que esperar el momento adecuado para atacar.