Por última vez os saludo con mi hola, hola! Que durante tantos capítulos he utilizado para saludaros. No quería acabar la historia, no queria hacerlo pero tenía que hacerlo por la sencilla razón de que todo lo que empieza debe terminar, y el mejor ejemplo de ello es que todo aquel que nace, llega un día en que muere.

Se me presentó un dilema a la hora de terminar este fic… hice un capítulo y luego un epílogo pero el epílogo era demasiado corto y no me gustaba… luego el capítulo también quedaba corto y tampoco me gustaba, así que decidí poner ambos en uno, esperando que sea de vuestro agrado.

Me han llegado mensajes vuestros pidiéndome una continuación o una segunda parte de esta historia y siento desilusionaros cuando os digo que no habrá continuación de La lágrima de Lahntra, al menos, no por el momento. Soy de las que opina que las segundas partes no son casi nunca buenas y me dolería mucho escribir algo que no fuera de vuestro agrado ni tampoco del mío… Este es el final de mi historia, de esta historia. Seguiré escribiendo porque es algo que adoro hacer, es algo que me llena y hace que me sienta viva… por eso seguiré creando historias, algunas largas, otras cortas, algunas buenas, otras mejores y otras peores. Pero seguiré haciéndolo, así que podreis seguir leyéndome los que queráis hacerlo.

No sé qué más decir salvo una cosa: Muchas gracias a todos los que me habéis leído y me habéis animado con vuestros mensajes. Muchas gracias por vuestras palabras, felicitaciones y halagos que han hecho que cada vez que me ponía a escribir diera lo mejor de mí. A los que siempre me habéis seguido, es a quien debo el éxito que este fic ha ocasionado, éxito que en ningún momento pensé que pudiera llegar a tener.

Y ahora, por última vez en este fic, os dejo para que lo leais, deseando que sea de vuestro agrado y como siempre… nos vemos al final del capítulo… Disfrutad de la lectura.

EPILOGO. Una nueva vida para todos

"Era un día perfecto. Sonrió. Casi todos los días eran perfectos en Ahsvaldry, el sol siempre brillaba, el agua del lago siempre era fresca y limpia, la brisa siempre soplaba suavemente y la paz se respiraba en el ambiente. Casi con descuido jugueteó con el anillo que tenía en su dedo anular, el mismo anillo que le había prometido a su padre que entregaría a su madre.

-¿Puedo sentarme?

Harry asintió con aire ausente mientras sentía la calidez de Giliath protegerle. Sonrió.

-No es necesario que me protejas Giliath, estoy bien –añadió aumentando su aura y envolviéndose a sí mismo-. ¿Ves? Perfectamente.

La diosa sonrió.

-Perdona, Harry pero te noté un poco triste y bueno… pasaba por aquí y pensé…

El chico negó con la cabeza.

-No necesitas disculparte, Giliath… es que aún no me acostumbro a que los demás quieran protegerme –la diosa sonrió-. ¿Has tenido un buen día?

-Sí –contestó ella escuetamente mientras sujetaba en su mano la cadena que colgaba de su cuello.

-Es bonita –dijo Harry fijándose en el colgante en forma de hada.

-Me la regaló mi prometido hace mucho tiempo… antes de morir…

-Entiendo -Harry no dijo nada más. Sabía de la historia de Giliath y lo mucho que a la diosa le dolía hablar de su prometido fallecido-. ¿Es bonito?

Giliath le miró.

-Enamorarse, ¿es bonito?

La diosa le sonrió.

-¿Nunca te has enamorado? –Harry negó suavemente.

-Nunca creí que pudiera hacerlo –contestó con una sonrisa que pretendía ser sarcástica-. Siempre pensé que cada día que vivía era un día prestado… -Giliath le miró-… nunca quise enamorarme porque siempre pensé que…

-Que no tendrías tiempo para vivirlo –Harry asintió-. Lo sabrás –el chico la miró-. Tendrás tiempo de enamorarte y pasar por todas las etapas… el nerviosismo, la primera cita, las mariposas en el estómago, el coqueteo, el flirteo, el enamoramiento…

-¿Cómo estás tan segura?

Giliath le acarició el cabello en un gesto dulce e íntimo que lejos de molestar a Harry o asustarle hizo que se sintiera protegido y cuidado.

-Sólo lo sé y a veces es lo mejor que puedes hacer –el chico le miró sin entender-. Creer en los demás… ellos creerán en ti"

Se despertó. Aquella conversación con Giliath… hacía mucho tiempo que la había tenido… Ahora la comprendía. Él estaba destinado a amar y ser amado… Y lo era.

Todo estaba bien. Habían pasado cinco años desde la última batalla y aún costaba asimilar que todo estaba bien; aún se despertaba por las noches con la sensación de que Voldemort iba a aparecer en cualquier momento para arruinar la felicidad que sentía en aquellos momentos, pero entonces sólo tenía que girarse para ver a Verónica a su lado y todo volvía a estar bien, todo volvía a estar en su sitio. La sensación irreal de paz que había sentido aquella noche al derrotar a Voldemort esta vez era real y cierta… y estaba seguro de que nadie más intentaría hacer nada en su contra, por la cuenta que le tenía a todos…

(flashback)

Escuchó pacientemente los gritos de Giliath, las palabras mal sonantes de Erebor y las miradas reprobadoras de Derin mientras se apoyaba en la roca que tenía detrás de él y respiraba profundamente más para calmar el dolor hasta que una gran cabellera castaña nubló su vista justo antes de sentir los brazos de Verónica cerrarse alrededor de su cintura mientras ella enterraba el rostro en su pecho. Sonrió para sí mismo mientras veía aliviado como aquella escena parecía haber apartado las ganas homicidas de los tres dioses que lo habían apartado de allí mientras se organizaban y calculaban los resultados del desastre ocurrido.

Todo había terminado. Era curioso. Todo había terminado de verdad. Voldemort no estaba, había muerto, por fin y con él, Elea también había desaparecido. Ante la caída de su amo y señor, los mortífagos se habían rendido, comprendiendo que no tenían nada que hacer, algunos habían intentado escapar, sobre todo los alumnos de Slytherin que habían participado en la batalla y que parecían haberse asustado al comprender que sus sueños de grandeza y todas las promesas de fama y gloria que sus familias le habían prometido, se esfumaban en el aire como si nunca hubieran sido dichas. Los aurors y profesores de Hogwarts, así como los miembros de la Orden se encargaron de que todos y cada uno de los caballeros de la muerte entregasen sus varitas antes de atarlos con cuerdas a sus espaldas para ser enviados al Ministerio de magia, donde algunos aurors habían marchado junto a Remus, Severus, Draco y Ron para ocuparse del traslado de todos y cada uno de ellos a las mazmorras de Azkaban.

Los naryns lo habían sentido, del mismo modo en que Harry lo había hecho. Habían notado el momento en que Elea había desaparecido, el momento en que la diosa de la oscuridad y los infiernos había muerto dentro del cuerpo de Voldemort; había sido sólo una fracción de segundo el tiempo que se habían mantenido quietos y callados, como si creyesen que era un sueño, como si creyesen que Elea fuera a aparecer dentro de ellos.

Pero durante ese breve espacio de tiempo, los shyggards se habían ocupado de lanzarles hechizos de petrificación, inmovilidad o cualquier otra cosa que permitiera que no pudiesen moverse y en aquellos momentos aún estaban trasladándolos a través de portales, convenientemente apartados de los magos, hacia Ahsvaldry.

Poco antes de desaparecer hacia el Ministerio de magia, Remus se había ocupado de los licántropos y los vampiros, y cuando se había marchado había dejado a una Hermione bastante segura de sí misma, organizando la desparición y traslación de cuerpos inertes hacia algún lugar.

Todo había terminado. Dieciséis años y todo había terminado… Quiso gritar, quiso sonreír, reír, girar sobre sí mismo con los brazos abiertos y clamar a los cuatro vientos que todo estaba bien, que todo tenía que salir bien. Pero sentía como su cuerpo ardía por dentro.

-¿Estás bien? –la voz de Verónica lo sacó de sus ensoñaciones.

Harry acarició el cabello de la chica mientras respiraba su aroma, preguntándose cómo lo hacía para que aún después de lo que había pasado, siguiese oliendo a manzana.

-Estoy bien –le aseguró él. Verónica hizo algo que nunca antes había hecho, empezó a sollozar con suavidad-. Shhh… -la arrulló Harry-… Tranquila… está bien… todo está bien…

-Dioses, Harry… -murmuró ella-… pensé… creí que tú… yo…

Harry miró por encima del hombro de Verónica y con un movimiento de cabeza rápido indicó a los tres dioses que los dejaran unos segundos a solas, cosa que los tres obedecieron de inmediato.

-Estoy bien Melian… todo se ha terminado…

-Me asusté… -confesó ella-… Me asusté tanto que no…

Harry logró separarla de su cuerpo a regañadientes y suspiró mientras le secaba las lágrimas que cubrían las mejillas de Verónica.

-Yo también estaba asustado –contestó el chico-. Creí que no te iba a volver a ver... y que no iba a poder volver a hacer esto…

Y antes de que Verónica pudiese reaccionar, Harry había tomado el rostro de ella con ambas manos y se había inclinado con suavidad y dulzura para atrapar los labios de ella, salados por el gusto de las lágrimas, pero dulces y suaves como siempre, jugosos y rosados. Se entretuvo jugueteando con el labio inferior de Verónica, lamiéndolo y succionándolo lentamente, separándose de ella cuando Verónica intentaba profundizar el beso y sonriendo cuando volvía a besarla con tranquilidad… Tranquilidad… tiempo… eso era algo que ahora tenía por toda la eternidad y no estaba dispuesto a separarse de esa mujer nunca más… Y cuando sintió los labios de Verónica entreabrirse bajo los suyos, no dudó un segundo en introducir su lengua en la boca de ella y jugar con la propia lengua de la chica, sonriendo cuando ella ahogó un gemido y cuando notó las manos de Verónica alrededor de su cintura subir por su espalda y aferrarse allí, fuertemente, como si temiese que él fuera a desaparecer en cualquier momento. Un beso apasionado, dulce, y hermoso que significaba todo el amor que sentían el uno por el otro y que no habían dicho antes.

Cuando una de las manos de ella se separó de su espalda y acarició la mejilla de él, Harry ya estaba rompiendo el beso por falta de aire más que por otra cosa y cuando el chico sintió algo caliente resbalar por su cara, tomó la mano de Verónica y miró de forma reprobatoria la herida que cubría el antebrazo de la chica.

-Estás herida… -comentó sintiendo que su corazón y su hígado parecían a punto de explotar.

-Estoy bien, sólo necesito…

-Ve a que te curen esa herida –le ordenó más que le pidió Harry.

-No voy a dejarte solo –anunció Verónica resuelta.

Harry sonrió; un nuevo pinchazo en su corazón hizo que suspirara ante la preocupada mirada de Verónica; le sonrió mientras le acariciaba la mejilla; alzó su cabeza para indicarle a Derin que fuese con él.

-No planeo irme a ningún sitio –le aseguró el muchacho-. Ve con Derin, cuando te haya curado esa herida, seguiré esperándote aquí –le prometió.

Una rápida mirada por parte de Harry hizo que el dios se desvaneciera con Verónica antes de que ésta pudiera reclamar nada; en aquel preciso momento en que se quedó sólo, Harry sintió como las piernas le fallabas y tuvo que agacharse, jadeante hacia el suelo mientras respiraba entrecortadamente y rogaba porque su magia interna fuera lo bastante rápida para avisar a los dioses. Necesitaba ayuda de sus guardianes y la necesita enseguida.

Cerró los ojos para respirar profundamente y varias explosiones cercanas a él hizo que levantara la cabeza y sonriera amargamente.

-Ya se estaban tardando… -comentó al ve a ocho aurors vestidos limpiamente, indicador claro que no habían participado en la batalla, de pie, frente a él y con sus varitas preparadas para lanzar cualquier tipo de ataque.

-¿Puedo… puedo ayudarles en algo, caballeros? –preguntó el chico sintiendo como con cada palabra se desgarraba algo dentro de él.

Harry observó como varios de los aurors más jóvenes empujaban hacia delante a quien parecía ser el mayor y por tanto, dirigente del grupo, que se aclaró la garganta antes de hablar mirando a Harry y pidiéndole perdón con la mirada.

-Harold James Potter, por orden del Ministerio de Magia, queda arrestado inmediatamente y será puesto en manos de las autoridades pertinentes. Le ruego que nos acompañe sin oponer resistencia…

-No pienso ir con ustedes a ningún lado y no creo que quieran obligarme a hacerlo –dijo convencido Harry mientras pedía a Derin que fuese inmediatamente.

-¿Quién nos lo va a impedir? –preguntó uno de los aurors con una sonrisa de autosuficiencia que a Harry le pareció idéntica a la de Malfoy en sus peores tiempos-. Estás agotado y sin energías después de matarle a él –señaló con su cabeza el montón de cenizas al que había quedado reducido Voldemort.

Harry sonrió a medias y se alzó de hombros desde el suelo, donde permanecía con una rodilla flexionada y con un brazo aferrado al suelo, tambaleándose, con ganas de vomitar y con la cabeza a punto de estallarle. Estaba cansado y su respiración hacía evidente aquel cansancio; pero no iba a dejar que aquellos aurors hicieran lo que él sabía que querían hacer; no había derrotado a Voldemort para dejarse morir a manos de magos con las cabezas llenas de estúpidas ideas infundadas por Fudge; no lo iba a permitir. Su misión aún no había terminado, aún no había acabado.

-No necesito tener energías para escaparme de vosotros –aseguró Harry con una sonrisa-. Acabo de derrotar a Voldemort –sonrió-, ¿pensáis acabar conmigo cuando ni siquiera sois capaces de pronunciar el nombre de Voldemort, ¿de verdad créeis que podéis hacer algo contra mí?

Uno de los aurors más veteranos al que Harry conocía de haber visto en el ministerio en repetidas ocasiones, avanzó un paso por delante de la media docena que lo empezaban a rodear.

-Tenemos que hacerlo Potter, tenemos órdenes de arriba.

Harry esbozó una sonrisa.

-Fudge no es más que un idiota. Me convirtió en héroe para tener a la comunidad mágica tranquila y con la esperanza de que pronto se arreglarían las cosas y ahora que he demostrado tener el poder suficiente teme que me obsesione y me convierta en el nuevo Señor Oscuro ¿verdad? –el auror no contestó, pero desvió su mirada. Harry sonrió y se levantó respirando con cierta dificultad, consciente de que el último hechizo de Voldemort, el que le había alcanzado en el pecho empezaba a destrozarle por dentro y a congelar sus músculos. Harry extendió sus brazos-. Vamos, ¿a qué esperáis? Si tan seguros estáis de lo que hacéis, adelante…

Ninguno hizo nada, ninguno dijo nada.

-Habéis venido a matar al niño indefenso de dieciséis años que debería estar agotado y casi muerto, sólo tenéis que rematarlo –paseó su mirada verde por todos los presentes sin detenerse en ninguno en concreto-. ¿A qué esperáis para hacerlo? –sonrió-. Os lo pondré fácil, cerraré los ojos –dijo cubriéndose los ojos con un brazo-, así podréis lanzarme la maldición asesina sin tener miedo a tener que soportar en vuestras conciencias el peso de ver mis ojos antes de morir ¿quién será el afortunado que mate a Harry Potter y se gane unas palmaditas por parte de Fudge y del ministerio?

Y entonces ocurrió. Un rayo verde atravesó el círculo en el que Harry se encontraba; ninguno de los aurors quiso saber quién había sido, sólo se quedaron en silencio mirando como el rayo atravesaba el espacio acercándose a la figura de Harry Potter, aquel que los había salvado del terror del Señor Oscuro y aquel al que tenían que matar. Pero algo ocurrió.

Un escudo blanco, transparente, con pequeñas betas de un azul eléctrico, rodeó al chico y absorbió la maldición cuando ésta impactó contra la pared invisible. Harry sonrió desde dentro de su escudo. Estaba lo suficientemente débil para no poder protegerse, pero sabía que estaría protegido siempre. Casi cuando terminó aquel pensamiento y notó la energía de Erebor, Derin y Giliath rodeándole, cuatro columnas de luz empezaron a aparecer a su alrededor.

Una cascada de agua cayó a su lado derecho y la figura de la diosa Giliath se mostró con todo su esplendor; a su izquierda, el rugir del fuego abrasó las briznas de hierba cuando Erebor surgió desde detrás de la columna anaranjada; frente a él, una corriente de aire y raíces dejaron al descubierto los ojos grises de Derin y la postura amenazante, dispuesto a proteger a Harry de cualquier cosa o persona. Y justo detrás de él, guardando sus espaldas y procurando que estuviera siempre bien, la columna de luz negra dejó paso a Feamor, haciendo que los presentes contuvieran el aliento y retuvieran un grito de sorpresa y miedo al ver la mirada fija del animal sobre ellos.

"Son profesores de Hogwarts", "¿se puede saber de dónde han salido?", "¿qué ha sido esa luz?", "¿cómo han hecho ese escudo? Ha absorbido la maldición asesina"… Eran los únicos comentarios que parecían saber decir los aurors ante las intimidantes presencias que acababan de aparecer.

-¿Ainur? –preguntó la voz de la diosa a su lado- ¿Estás…

-Sobreviviré –le aseguró el chico-. Pero creo que tengo un pequeño problema con los órganos internos y los músculos –añadió con una expresión que parecía contener una mueca de dolor.

Feamor avanzó un par de pasos para situarse justo detrás del adolescente en el momento en que Harry podría haberse derrumbado hacia atrás. Al notar el pelaje suave de su pegaso negro contra su espalda le hizo sonreír y sin girarse, estiró su brazo derecho hacia atrás, palmeando la cabeza del animal.

Erebor se situó a su lado y antes de que el chico dijera nada, sacó una pequeña redoma del bolsillo interior de su casaca y se la colocó en los labios al chico que la tomó sin hacer demasiadas preguntas, más por falta de fuerzas que por otra cosa.

-Se recuperará… -dijo simplemente Erebor mirando a los dos dioses-. Es un antídoto muy fuerte… hecho con su propia sangre…

Giliath entendió y asintió en silencio.

-¿Se puede saber qué queríais hacer? –indagó con voz fría Derin sacando sus dagas y jugueteando con ellas moviéndolas entre sus dedos.

-Obedecemos órdenes, el ministerio de magia ha decidido que Harry Potter es un peligro para la comunidad mágica y que deberá ser arrestado inmediatamente para ponerlo en manos de las autoridades pertinentes –recitó de memoria uno de los aurors más jóvenes, el que había dado las mismas indicaciones cuando habían aparecido ante Harry para llevárselo.

Derin ladeó su cabeza clavando los ojos en el joven auror como si estuviera pensando. Sin apartar la vista de los aurors preguntó a Harry:

-¿Estás de acuerdo con ello?

-Para nada –bufó Harry divertido mientras sentía como se recuperaba y daba gracias infinitas a Lahntra por protegerlo con su magia, sabiendo que si no hubiese sido así, el segundo avada lo hubiera dejado sin vida.

-Ya lo han oído –sentenció Giliath-. Será mejor que se marchen, caballeros –añadió con tono sarcástico e irónico-, sus órdenes no sirven de mucho aquí.

-Tenemos órdenes de entregar a Harold James Potter a…

-Por el amor de Lahntra… -Erebor hizo que una de sus esferas de fuego pasara peligrosamente cerca de la cabeza del joven auror que interrumpió su ya consabido discursito-. Ya le hemos oído la primera vez –añadió con tono de disculpa cuando Harry le miró.

-Nosotros también tenemos órdenes. Proteger a Harold James Potter con nuestra vida –dijo Derin incrementando su aura para conseguir que ésta fuera visible-. Y no creo que quieran disuadirnos de hacer lo contrario…

A ambos lados, las auras de Giliath y Erebor aumentaron también y la mirada amenazadora de Feamor, con sus alas desplegadas cubriendo los flancos de los dos dioses e irguiéndose de forma protectora tras Harry, hicieron que algunos de los aurors retrocedieran un par de pasos de forma inconsciente.

-Vámonos –dijo el auror más anciano.

-Pero Botther, no podemos…

El hombre le dirigió una mirada helada a su compañero.

-Tengo cincuenta y dos años y no voy a arriesgarme a morir en una batalla que sé que perderé –le dijo el hombre mirando a Harry pero dirigiéndose a su compañero-. Sabéis tan bien como yo que cuestionamos muchas veces las órdenes del ministerio y en este caso, yo las cuestiono; no creo que encerrar o incluso matar a quien ha salvado al mundo mágico y posiblemente también al muggle sea la mejor decisión. No voy a cargar con eso y no voy a permitir que ninguno de vosotros cargue con eso. Nos vamos.

Harry asintió, agradecido, al ver como los aurors empezaban a desvanecerse en el aire con la misma prontitud con la que habían llegado.

-Las órdenes vienen de arriba, Potter –dijo el auror antes de desaparecer, con una significativa mirada-, más arriba que Fudge.

Los ojos verdes de Harry brillaron con rencor y las palabras de Peter tuvieron sentido en aquel momento…"Soy mago y al igual que saldé mi deuda con Dumbledore, tengo una deuda de honor contigo por salvarme la vida". Un nombre circulando por su cabeza. Albus Dumbledore. A su lado, Derin desapareció en un remolino de tierra y fuego. Harry miró a Erebor y a Giliath preocupado.

-Esto no es bueno –dijo la diosa.

-No, no lo es –corroboró Erebor-. Tenemos que ir ¿verdad?

-Supongo que sí –se encogió de hombros Harry-. Si alguien va a matar a Dumbledore prefiero ser yo.

Giliath y Erebor se miraron y tuvieron el mismo pensamiento que expresaron al mismo tiempo en voz alta.

-No si yo llego antes.

(fin flashback)

La chica se movió ligeramente en sueños y Harry sonrió mientras la volvía a cubrir con las sábanas y mantas, era noviembre y el frío ya se hacía presente en aquella parte de Londres.

Londres. Seguían allí. Habría podido decidir quedarse en Ahsvaldry, Stell se lo había pedido alegando y apelando a su condición como protector de Ahsvaldry, el mundo de los dioses y como descendiente de Lahntra y por tanto, descendiente al trono. Harry sabía que de haberlo querido hacer, Verónica no hubiera puesto ningún impedimento para ello. Se lo había dicho una vez… "te seguiré donde vayas"… pero el muchacho había tomado una decisión. Quizá se habían salvado de Voldemort, pero aún quedaban muchas personas en el mundo mortal que deseaban hacerle daño… Se pasó una mano por el pelo mientras recordaba lo que había ocurrido con Dumbledore…

(flashback)

Harry y Erebor se sumaron enseguida a Remus que intentaba, sin demasiado éxito, que las manos de Derin dejasen de estrangular literalmente, a un Albus aprisionado contra la pared y sin posibilidad de escape.

Minerva McGonagall también se encontraba en el despacho de Albus y su rostro parecía contrariado por no saber qué ocurría; a su lado, Draco y Snape se mantenían quietos, esperando una indicación.

-No merece la pena –le dijo en aquellos momentos Giliath-. Derin, vamos, no…

-¡Es un idiota! –gritó Derin-¡Harry acaba de salvarles su patética vida y lo único que se le ocurre hacer es querer matarlo! –su aura aumentó.

Harry notó la presencia de Feamor cerca y supo que Verónica era la que acababa de entrar en el despacho corriendo y casi sin aliento; su herida aún abierta.

-¡No merece seguir viviendo, no tiene derecho a seguir viviendo cuando pretendía que Harry no lo hiciera! –gritó Derin apretando sus manos un poco más y aumentado su aura de forma que Erebor, Harry y Remus se vieron disparados a los lados.

-¡Harry! –Verónica lo ayudó a ponerse en pie y Erebor le miró rápidamente.

-Estoy bien –aseguró-. Pon un hechizo sobre todos –pidió al dios-, no sé si voy a poder convencerle de que lo deje…

Avanzó unos pasos, alejándose del lado de Verónica y de Erebor y sobrepasando a Giliath y Snape que lo miraban sin saber si debían intervenir o no.

Su mano alcanzó el brazo de Derin, que sujetaba aún con fuerza el cuello de Dumbledore, quien intentaba respirar entrecortadamente lo justo y suficiente para seguir viviendo. El dios guerrero se giró hacia Harry cuando la mano de él tocó su piel; y con una simple mirada se entendieron. No merecía la pena, no valía la pena. Nada de aquello valía la pena que Derin matase a alguien, no quería que él se convirtiera en un asesino a sangre fría… no lo iba a permitir y si para impedirlo debía utilizar su rango de Ainur, lo haría…Derin bajó su brazo, aflojando su agarre y Harry se lo agradeció en silencio. Los ojos verdes del muchacho se centraron en los de Dumbledore, ocultos tras aquellas gafas.

-Se lo dijo usted, ¿verdad? –dijo el chico-. Usted le pidió a Pettigrew que se infiltrara en los mortífagos y usted le indicó que traicionara a mis padres, a Sirius… a todo lo que usted le había proporcionado.

-¿Qué estás diciendo, Harry? –preguntó Giliath peligrosamente tranquila.

Harry sonrió sin apartar la mirada del director de Hogwarts y contestó a la diosa con aparente calma pese a que por dentro su sangre se estaba revelando bastante caliente y temperamental.

-Peter fue el traidor… pero no el culpable de todo lo que ocurrió, ¿verdad, Dumbledore?

-No sabes lo que dices, muchacho… yo quería a James y Lily… nunca hubiera…

-¡Cállese! –ordenó el chico con la mirada descontrolada-. ¡Quería saber quién era mi madre! –gritó-. ¡Siempre quiso saberlo pero ella aún no lo sabía ¿verdad? Sólo era una niña de once años cuando usted notó su fuerte poder, el poder de Lahntra que corría por su sangre!

-¿De qué estás hablando Harry? –preguntó Erebor.

El adolescente se giró para mirar a su guardián y el dios no se inmutó cuando los ojos del chico se mostraron de un color blanco marfil, anunciando que su magia se estaba desbordando en su cuerpo; algo completamente natural dado los últimos acontecimientos.

-Peter era indeciso, tímido y poco agraciado –dijo el chico mirando de nuevo al director-. Nuestro director aquí presente –dijo con evidente sarcasmo-, manipuló los acontecimientos para que fuera amigo de los merodeadores y formara parte de ellos y a cambio le pidió una deuda. Pettigrew consiguió amigos, fama y protección, lo que siempre había deseado y a cambio sólo estaba en deuda con su querido director, después de todo, ¿cómo dudar de dar su palabra de mago a alguien que se estaba portando tan bien con él?

-Harry no es lo que…

-¡Silencio! –ordenó el chico de nuevo-. Cuando vio que mi madre aún no sabía nada de quien era o de lo que era, dejó que el tiempo pasara y ¿qué pasó luego, Dumbledore? –preguntó-. ¡Vamos, quiero escucharlo, quiero saber qué ocurrió para que le pidiese a Peter que se infiltrara en los mortífagos y delatase a mis padres para saldar su deuda de mago!

La mano de Verónica apareció sobre el brazo de Harry y rápidamente, el chico se calmó. Era un bálsamo y ambos lo sabían porque era un sentimiento mutuo. No importaba si se encontraba deprimido, triste, agobiado, irritado o cansado… sólo con pensar en ella, sonreía y sentía que todo estaba bien.

-Cálmate Harry –le pidió la chica con una sonrisa besando su mano libre-. Por favor…

Los ojos del chico siguieron de un color blanco, pero el viento parecía calmarse dentro de la habitación pese a que aún persistía con suavidad, a ras del suelo.

-¿Albus? –preguntó la profesora mirándole con extrañeza.

Ante la extrañada y preocupante mirada de Minerva McGonagall, Albus carraspeó levemente antes de suspirar; la subdirectora le miró; le conocía desde hacía amucho tiempo, le conocía lo suficiente y lo bastante para saber que iba a decir algo que podía cambiar el concepto que la gente tenía de Albus, incluida ella.

-Necesitaba saber qué o quién era Lily –dijo Dumbledore de forma cansada-. Necesitaba saber qué magia tan poderosa se ocultaba en ella para que yo fuera incapaz de leerle la mente… necesitaba saberlo… porque pensé que era la única forma de acabar con Tom… Le ofrecí a Peter lo que sabía que deseaba… amigos… a cambio de su promesa de mago de darme lo que yo le pidiera.

-Por supuesto, ¿cómo iba a desconfiar alguien de su director? –apuntó con sarcasmo Derin mientras intentaba controlar su aura que parecía, junto a la de los dioses, descontrolada.

-Pero Peter no supo decirme nada… creo que ni siquiera Lily sabía lo que era o quién era… -añadió.

-Lily no supo nada hasta los dieciséis años –corroboró Remus-. Y nunca nos contó nada… ni siquiera a James… -añadió sonriendo al recordar que por primera vez en su vida James no había insistido en saber algo porque sabía que sólo le concernía a ella.

-Y cuando escuchó la profecía cambió de opinión, ¿verdad? –inquirió Erebor jugueteando tranquilamente con dos esferas de fuego entre sus dedos que parecían divertidas.

-Cuando supe que era Harry quién tenía que enfrentarse a Voldemort, cuando supe que era la única esperanza del mundo mágico…

-Supo que tenía que sacar de en medio a todos los que rodeaban a Harry y le mostraban amor y cariño… -dijo Remus-… incluidos sus padres… Sirius y yo mismo…-Albus no respondió-. ¿Qué pasó la noche en que… James y Lily murieron? –preguntó Remus.

Albus le miró y sonrió a medias, de forma cansada.

-Peter apareció en el colegio, estaba cansado, asustado y lloraba. Arrojó su máscara blanca a mis pies y me dijo "ya no le debo nada, mi deuda está saldada". Entonces supe que lo había hecho… había traicionado a James y Lily e incriminado a Sirius… -miró a Remus-… tú no te encontrabas en Londres Remus…

-De haber estado aquí, yo hubiera estado con Sirius, lo sabía ¿verdad? –asintió en silencio-… También me hubiera incriminado a mí…

-¿Perdí a mis padres porque usted quiso manipular la vida de ellos, la mía y la suya propia? –preguntó Harry en un tono que no dejaba opción a la vacilación o al engaño.

-Harry yo no…

-¿Perdí a mis padres porque usted quiso jugar a ser Dios? –volvió a preguntar más alto mirándole-. ¿Crecí creyendo que era un monstruo porque usted lo quiso, ¿crecí creyendo que por mi culpa mis padres habían muerto? –finalizó con un grito que dejó en silencio la sala.

-No fui yo quien lanzó la maldición mortal a tus padres, Harry…

-¡Pero usted se los entregó a Voldemort en bandeja! –explotó Harry haciendo que el suelo temblara ligeramente-. ¡Igual que me ha entregado esta noche a los aurors! –Minerva miró a Albus.

-¿A eso te referías cuando dijiste que lo tenías todo bajo control? –le preguntó al anciano queriendo que éste lo negara; negación que nunca llegó-. ¡Albus!

Harry miró la mano que aún reposaba sobre su brazo y reparó en la herida que había; subió sus ojos por el antebrazo de la chica y vio la marca profunda de una hoja afilada en su piel… La miró a los ojos.

-Sigues herida… -murmuró tomando la mano de ella y besándola suavemente.

-Estoy bien… -le aseguró Verónica.

-No es cierto. Derin, Erebor, Giliath, que no salga de esta habitación –indicó -. Vamos tengo que curarte eso…

Verónica no se opuso; había algo en sus ojos que hacía que supiera que no debía oponerse, que era lo que él necesitaba, cuidarla, curarla, protegerla… no había podido proteger a sus padres, no había podido proteger a ninguno de los que habían caído en la batalla… quería proteger a alguien y ella había sido la elegida… era una necesidad.

-Está bien… -susurró mientras notaba como él la sostenía con firmeza de la mano, deteniéndose para mirar a Albus-. -No se engañe –le dijo Harry sin alzar la voz aunque sus ojos permanecían de un blanco inmaculado-… Nunca lo hizo por el mundo mágico… quería el poder, deseaba que se inclinaran ante aquel que había ayudado al salvador del mundo mágico, ante usted… -sonrió a medias antes de darse la vuelta hacia la puerta-… ¿Quién se va a inclinar ahora ante un traidor y un manipulador, Dumbledore?

El silencio era acusador; los ojos de los tres dioses parecían llamas de lo que llegaban a brillar; Giliath mostraba una faceta gélida impropia en ella pero que a todos pareció normal; Derin no tenía ninguna intención de manipular su aura para que los presentes no se sintieran intimidados, ¡que se atemorizaran, Erebor mostraba su lado más severo, cruzado de brazos y con el fuego en sus ojos. Pero eran los ojos de desilusión e incomprensión de Minerva los que más le estaban haciendo daño.

-¡No podía permitir que otro Lord Voldemort surgiera! –se defendió Albus.

-¡Harry nunca será como Tom, Albus! –le gritó de vuelta la profesora sin importarle los presentes.

-¿Cómo puedes estar tan segura de eso, Minerva? –preguntó el hombre.

-Porque Harry –empezó a hablar Giliath-, fue concebido con amor, por el amor que unía a James Potter y Lilian Evans… no fue concebido con engaños como lo fue Tom Riddle –sentenció-. Esa es la diferencia entre los dos… el amor…

-Iré a revisar a los alumnos… -dijo Minerva mirando a Albus-… quiero ver si puedo ayudar en algo…

-Espere –pidió Remus-, le acompaño. ¿Estás bien?

La frialdad de Giliath desapareció unos segundos para asentir al hombre y dejar que éste la besara con suavidad y ternura.

-Te quiero… -le susurró él junto a su oído antes de besarla de nuevo en la sien.

-Yo también te quiero… -aseguró la diosa.

(fin flashback)

Uno de los brazos de Verónica le rodeó la cintura y él sonrió. El mismo brazo que había curado, el mismo brazo que tantas noches lo había rodeado para dormir y que tantas veces había acariciado para hacerla sonreír; y es que había descubierto durante su primera pelea de verdad con ella que aquel brazo era muy sensible a sus caricias… quizá porque estaba curado con su magia… Sonrió. Ella nunca le había abandonado.

(flashback)

Harry acarició el brazo de Verónica con suavidad y calidez, temeroso de hacerle daño, temeroso de mirarla y ver algo en ella que no querría ver. No podría soportar ver en los ojos de la chica lástima, rencor, miedo o decepción… Podría soportarlo de todo el mundo, pero no en ella, no en sus ojos.

-¿Harry? –preguntó ella con voz temblorosa.

-Yo… -carraspeó-… no te quedará marca, princesa –le sonrió sin apartar su mirada de la herida mientras la curaba con su magia.

Para la chica no pasó desapercibido el hecho de que Harry intentaba no tocarla más que lo justo y lo suficiente, como si tuviera miedo de herirla… un pensamiento golpeó su cabeza. Herirla… eso era lo que le ocurría a Harry. Tenía miedo de herirla…

-Ya está… -dijo el chico.

-Perfecto, no me gustaría tener una cicatriz en el brazo cuando vaya a tu casa a vivir –dijo ella con naturalidad mientras se levantaba de la cama de Harry donde había estado sentada y se dedicaba a mirar las estanterías repletas de libros.

-¿Mi casa?

-Sí, bueno… -ella fingió cierta indiferencia-… mis padres han muerto y mi padrino vive contigo… supuse que era lógico que o viviera también con él, pero si te molesta, podemos mudarnos.

-¿Mudaros?

-Claro… estoy segura de que encontraremos un piso pequeño y bonito para Remus y para mí y además con una habitación de huéspedes para ti también –arrugó la frente-. Aunque no sé que hacer con Erebor, Derin y Giliath, ¿tú sabes si se quedarán aquí o volverán a Ahsvaldry?

-¿Cómo?

-Claro, supongo que tú también querrás volver, o al menos tendrás que volver para hablar con tu abuelo –sonrió-, además, Giliath ya me contó que te es más fácil llegar a tus padres desde Ahsvaldry.

-Por todos los dioses… -suspiró Harry aliviado. Verónica le miró con una dulce sonrisa mientras él se dejaba caer en la cama sintiéndose idota.

-¿Te ocurre algo, cariño? –preguntó ella con una sonrisa divertida bailando en sus labios-. Quizá la próxima vez que hablemos de esto podrías hacer algo más que repetir lo que yo digo, ¿no?

-¿La próxima… -ella le miró y sonrió a medias-… ¿no vas a dejarme?

Verónica le miró y se obligó a sí misma a no reírse de la cara de circunstancias que reflejaba la angustia de Harry en aquellos momentos.

-Por supuesto que no voy a dejarte, ¿por qué habría de dejarte?

Se arrodilló delante de Harry y antes de que él pudiera apartarlas, Verónica tomó sus manos entre las suyas.

-Te quiero Harold James Potter –dijo de forma solemne-. Jamás te dejaría por muchos Voldemorts y Eleas que tuvieras que matar en tu vida… jamás te abandonaré…

Y entonces ocurrió. Como si aquellas palabras hubiesen sido el detonante necesario, Harry Potter se echó a llorar como hacía años que no lo hacía; como pensaba que nunca más podría hacerlo.

Verónica sonrió de forma dulce y levantándose del suelo se sentó en el regazo de Harry que se aferró a ella con fuerza, entregándose al cuello de la chica donde lloró durante horas mientras ella le reconfortaba con palabras dulces y cariñosas. Lloró por las vidas perdidas, lloró por sus padres, por Sirius, por los que habían muerto en la reciente batalla, lloró por la vida que nunca había tenido y por la que debería de tener, lloró por Ahsvaldry, Elea, Lahntra y Stell, lloró por todo lo que siempre le había abrumado y preocupado y por todas las noches de pesadillas que había pasado en secreto, por todas las traiciones sufridas, por todas las malas miradas, comentarios y envidias que había tenido que soportar durante años.

Y cuando dejó de llorar, el rostro de Verónica seguía allí, sonriéndole, llorando con él pero sujetándole firmemente demostrándole en silencio que no lo iba a dejar nunca. Suspiró. Nunca estaría solo.

(fin flashback)

El suave llanto del bebé que dormitaba en el otro extremo de la habitación hizo que Harry se levantara de la cama con cuidado; Verónica había estado agotada durante las últimas tres semanas entre los examenes de la facultad de medimagia, los entrenamientos a los que se sometía tres veces a la semana con Giliath que lejos de haber marchado a Ahsvaldry se había quedado junto a Remus en una casa comprada en el Valle de Godric, cerca de ellos y el cuidado de la pequeña Lena, estaba realmente agotada.

La niña le miró con sus grandes ojos verdes cuando su padre se acercó y le acarició la punta de la nariz.

-¿No puedes dormir? –le preguntó en un susurro obteniendo un gorjeo por parte de la pequeña-… Vamos cielo… no despiertes a mamá… está muy cansada…

Con un movimiento de su mano Harry lanzó una pequeña ráfaga de viento amistosa que envolvió a la pequeña y la hizo sonreír con tranquilidad. Era curioso que fuera el viento lo que más tranquilizaba a su pequeña, aunque claro, recordando dónde había sido concebida Lena… era algo normal…

(flashback)

-Hay algo que no entiendo…

Stell levantó la mirada del tablero de ajedrez que le separaba de Harry en aquellos momentos.

-¿Qué? –preguntó el Príncipe de Ahsvaldry.

-La profecía… parte de la profecía… -corrigió-… hablaba del sacrificio de la guardiana de la daga por mí… pero Verónica no…

Stell sonrió.

-En realidad hablaba de la voluntad de la guardiana por protegerte –corrigió Stell-, es un error muy común –añadió quitándole importancia-, habla de que la guardiana esté dispuesta a sacrificarse por proteger a Ainur, nunca dijo literalmente que se sacrificara.

-¿Dispuesta? –preguntó Harry. Stell asintió mirándolo con un brillo pícaro antes de mover una pieza del tablero-. La Espada… logró que la Espada Blanca llegara a mis manos quedando ella desprotegida… ese era su sacrificio…

-Jaque mate… -musitó Stell-. Vaya… lo has logrado, Ainur…

Harry miró el tablero y se sorprendió bastante al ver que el rey blanco de Stell estaba muerto. Pero el chico levantó la mirada rápidamente cuando escuchó la risa de Verónica en el patio de fuera de la sala donde se encontraba con su abuelo.

-Yo… -se levantó-… tengo que…

Stell, al igual que Derin que permanecía en la puerta de la sala como soldado incondicional del Príncipe de Ahsvaldry y como su mano derecha, sonrió divertido al ver que la cabeza del muchacho se quedaba bloqueada cuando tenía que pensar en una excusa para ir con Verónica.

-¿Sí?

-Feamor, tengo que ir a ver a Feamor.

-Estará bien; ya sabes que a estas horas estará pastando, ¿otra partida?

Harry titubeó; si su abuelo colocaba las piezas, estaría perdido.

-Pero lleva unos días brusco y me gustaría comprobar que…

-Estará bien –repitió Stell aguantando sus ganas de reír.

-Si hiere a algún shygard no será su culpa –añadió el chico.

-Si un shygard no es capaz de detenerle, será porque no es un buen shygard y habrá merecido lo que le pase –dijo Derin desde la puerta ganándose una de las miradas de "no me ayudes" de Harry.

La risa de Verónica sonó más clara que antes.

-Y dime, ¿Giliath se encuentra bien? –preguntó el Príncipe.

Harry se sentó sabiendo que no tenía escapatoria.

-Sí… ella y Remus han… -un dulce "me encantan estas flores…" lo distrajo un segundo hasta que Stell carraspeó-… han comprado una casa cerca de la mía, les ofrecí quedarse conmigo pero dijeron algo respecto a intimidad –se encogió de hombros mirando por el balcón y su sonrisa apareció cuando vio el perfil de Verónica que parecía divertida con Erebor.

Derin soltó una carcajada al ver la mirada de Harry y cuando el chico se giró hacia Stell, éste se limitó a encogerse de hombros dando a entender que no ocurría nada. Pero cuando en menos de tres minutos Harry había movido sus piezas deliberadamente para que éstas fueran presas fáciles de peones, torres, caballos y reina de Stell, el Príncipe sonrió.

-Harry… -lo llamó.

-¿Mmmm? –el chico seguía pendiente de la voz de Verónica.

-Ve con ella.

No necesitó nada más; Derin sonrió y envió un mensaje a Erebor a través de su mente; cuando Harry llegó al jardín, Verónica estaba sola.

El viento parecía más dulce en el templete del acantilado.

No era la primera vez que estaban juntos, dos días después de que todo hubiese terminado y las cosas estuviesen en orden, Harry había tenido una pesadilla y Verónica se había colado en su habitación casi sin recordar que ella dormía en ropa interior… la pasión de los dos adolescentes y la dulzura y el cariño que se profesaban habían sido suficiente para que ambos supieran que aquella noche no dormirían solos y que nunca más lo harían si dependía de ellos.

Pero sí era la primera vez que la magia de Harry los envolvía mientras hacían el amor, alejándolos de todos los males, de todas las miradas, de todo el ruido que pudiese interferir en sus gemidos y jadeos de placer y amor. Y aunque en un principio ella se había mostrado reacia a las caricias de Harry por encontrarse en un lugar público, Harry había sido insistente y paciente, encantador y dulce y finalmente había conseguido llegar hasta su intimidad… y una vez conseguido aquello, ambos sabían que nada podría detenerlos hasta que explotasen llegando al clímax.

Y cuando el elemento de Harry los cubrió alejándolos de todo, ambos se miraron a los ojos y supieron que algo diferente había ocurrido… dos meses después, Verónica supo qué había sido… estaban embarazados

(fin flashback)

-Duérmete, preciosa… -le susurró Harry cubriéndola con la pequeña mantita asegurándose de que la lágrima de Lahntra estaba alrededor del cuello de su hija.

La niña, obedeció en silencio y el orgulloso padre sonrió.

Aire fresco, eso era lo que necesitaba para pensar. Atravesó la habitación y salió al pequeño balcón que ésta tenía. El Valle de Godric estaba sumido en el silencio y Harry no pudo evitar ampliar su campo de magia para cubrir la casa de Giliath y Remus, para retirarla después, asegurándose que ambos estaban bien y a salvo. Sobre la colina, la enorme escultura seguía allí, como un recordatorio de lo que había ocurrido y aunque no podía verla bien, sabía perfectamente lo que representaba.

Un árbol. Un enorme roble de dureza imponente que tenía a sus pies un león que parecía dispuesto a atacar en cualquier momento; sobre los lomos del león, una águila con las alas abiertas ofrecía orgullo; entre las ramas del árbol se veía una serpiente enroscada y un poco más allá, un tejón. El símbolo de las cuatro casas unidas de Hogwarts que habían luchado juntas para un objetivo. Y si uno se fijaba bien podía observar como los cuatro animales miraban en la misma dirección: el lugar donde aquella noche, Voldemort había muerto.

Nadie sabía de donde había salido esa escultura; una noche no estaba y al día siguiente cuando el valle de Godric se levantó, estaba allí. Nadie preguntó nunca y la escultura pasó a formar parte del Valle de Godric.

Las estrellas brillaban con fuerza y Harry sonrió recordando lo que le habían dicho sus padres la noche en que todo terminó… "cuando mires las estrellas, estaremos viéndote… te queremos…" Y pese a que había hablado con ellos cientos de veces más después de aquello, aquellas palabras seguían siempre en su cabeza.

(flashback)

El jardín de la casa parecía más verde que nunca, las rosas y lilas lucían con todo su esplendor e incluso el blanco de las paredes parecía más brillante que nunca, era como si la luz hubiese vuelto a aquel lugar y Harry comprendió y supo el motivo de aquello cuando alzó la vista y vio a su padre en la puerta de la casa y a su lado, Lily sonrió con felicidad antes de estirar los brazos hacia él en una señal de bienvenida que hizo que Harry no lo pensara cuando se lanzó a los brazos de su madre que lo abrazó fuertemente, como siempre, mientras le susurraba palabras cariñosas y de gratitud junto al oído. Y cuando los brazos de James los rodearon a ambos, la felicidad fue completa.

Pasaron horas enteras juntos, riendo, disfrutando... Harry les habló de la batalla y pese a que ambos la había visto, los dos sintieron un gran respeto y orgullo por su hijo por lo que había hecho y porque pese a haber estado asustado, no se había rendido nunca.

Luego, antes de que Harry se marchara, su padre le dio las gracias.

-Por cumplir tu promesa… por reunirme de nuevo con tu madre… -acarició la mano de Lily con suavidad y en respuesta, la mujer tomó la mano de su marido y se la llevó a los labios para besarla suavemente-… Por todo, hijo…

-Un Potter siempre cumple sus promesas –le dijo Harry sonriendo-. Y os prometí que haría lo posible para que estuvierais juntos… Hay algo… -sus padres le miraron-… Cuando todo terminó… una estrella…

-Éramos nosotros –le interrumpió James ligeramente divertido ante el sonrojo de Lily-. Cuando acabaste con Elea… nos fundimos… y digamos que en esos momentos… hacía mucho que no nos veíamos y…

-¡James! –le reprochó Lily al ver la sorpresa en los ojos de su hijo. James rió alegremente mientras besaba a su esposa.

-¿Qué? No me irá a decir ahora que él nunca ha besado a su novia, ¿no? –preguntó el hombre haciendo que Harry se sonrojase ligeramente pero consiguiera tener la fuerza de voluntad para enarcar una ceja de forma desafiante.

Lily ignoró a su marido y sentándose en el suelo frente a Harry le acarició una de las rodillas llamando la atención del chico que la miró, viéndose reflejado en los ojos verdes de su madre.

-Siempre Harry… siempre que mires las estrellas, nosotros estaremos viéndote… te queremos y nunca te vamos a dejar solo…

Una mano en el hombro de Lily había hecho que ésta sonriese y cerrase los ojos ladeando su cabeza, colocando su mejilla contra la mano suave y fuerte de su marido.

Y Harry se había disculpado con ellos diciendo que tenía que regresar y ellos lo habían entendido. Y los había dejado solos, en silencio, porque era consciente de que aquel momento, sólo les pertenecía a ellos dos

(fin flashback)

-Yo también os quiero… -susurró el chico.

-¿Harry?

El chico se giró en el balcón para ver como Verónica avanzaba hacia él con los ojos medio cerrados por el sueño y frotándose los brazos que parecían estar fríos; le sonrió viéndola encantadora y hermosa vestida con el fino camisón rosado que utilizaba y estiró sus brazos para atraparla y abrazarla, dándole un poco de calor a lo que ella emitió un suave gorjeo de placer.

-Me dio frío… -dijo ella por explicación.

-Perdona, no debí dejar el balcón abierto –la besó en la frente-. ¿Estás mejor?

Ella asintió.

-¿Qué hacías aquí fuera? –preguntó la chica.

Harry sonrió a medias.

-Pensaba… -se limitó a decir notando como ella se hundía más en su abrazo, aprovechando él para apoyar su mentón en la cabeza de ella, un gesto al que ambos se habían acostumbrado rápidamente.

-¿En qué? –preguntó ella curiosa.

-En la mejor forma para pedirte que te cases conmigo –contestó Harry sin reírse ni siquiera un poco.

Verónica se separó de él un poco, sólo un poco, lo justo para mirarle a los ojos. A menudo bromeaban sobre eso, pero en aquella ocasión, Harry no parecía bromear, no parecía hablar en broma, todo lo contrario. Con un gesto de su mano, una esfera de viento apareció frente a sus ojos y en el centro de la esfera, un hermoso anillo dorado con una piedra de jade brillante engarzada en el aro, brillaba. Tan pronto Verónica tocó con las yemas de sus dedos la esfera, esta se disolvió y el anillo cayó directamente en sus manos.

-¿Qué…

-¿Quieres casarte conmigo?

Verónica miró el anillo y a Harry que parecía intimidado y nervioso ante sus ojos por la respuesta que ella fuera a darle. Era curioso como el salvador del mundo mágico, el salvador del mundo mortal y el protector de Ahsvaldry, descendiente de Lahntra, tenía el labio inferior ligeramente tembloroso mientras sus ojos nerviosos la miraban. Sonrió y poniéndose de puntillas para salvar la diferencia de altura, lo besó suavemente.

-¿Esto es un sí? –preguntó Harry contra los labios de ella.

-Cállate Potter y bésame… -le susurró ella de vuelta.

Harry obedeció.

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En algún lugar de la zona costera de España, el sol empezaba a ocultarse tras el horizonte. El viejo permanecía sentado en uno de los bancos del puerto, observando, siempre observando tras sus gafas de media luna y sus vivaces ojos azules que parecían tener el poder de querer meterse en la mente de todos los que se paraban a darle los buenos días. En sus manos arrugadas, sostenía un caramelo de limón que abrió y se llevó a la boca con manos temblorosas. Sonrió. Le gustaba el mar, le gustaba la calidez del sol en su rostro y la brisa fresca sobre su piel.

-¿Abuelo?-se giró. La joven de casi veintidós años le sonrió como cada día cuando iba a buscarle. Le devolvió la sonrisa-. Vamos abuelo, es tarde, es hora de ir a dormir –le dijo ayudándole a levantarse.

-¿Me llevarás a casa, cariño?

Ella sonrió.

-Sí, abuelo, vamos a casa.

En su cuello un pequeño camafeo mostraba la fotografía de dos niños y una niña que reían alegres a la cámara, un camafeo que siempre le recordaba quién había sido y quién sería siempre. Hermione Jane Granger, la única bruja que había renunciado a su magia y no había sido sometida a un obliviate… la única bruja que conviviría entre muggles hasta el día de su muerte.

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Bueno, este es final del camino, chicos.

Gracias a vosotros, que habeis leído todas y cada una de mis palabras, y un agradecimiento especial a todos los que os habéis molestado en dejar un review en el capítulo anterior, y aunque aún estoy dispuesta a seguir recibiendo reviews cuando termineis este capítulo, esta vez será la última que ponga la lista de agradecimiento a los que ya lo habéis hecho.

Flor89, RBLS, lewin, noiraaa, Clawy, blackspirit, Elemento, Laia Bourne Black, alohopoter, Cradle of Filth, sanarita31, Nallely Mellizet Silva, SerenitaKou, Yhena, M-cha, The angel of the dreams, D.L.A., Erifile, Pedro I, katia, Sandy0329, Anfitrite, caspianundecimo, Rochy true, Santisj, delgen, leuke, Kaz, Andry Black, CaTuSiaNa, Ann Magus, Heero yuy, anita1989, lizbeth, nagaina-black, LokillaPotter90, Victor Zarzo, alvaro, ATH, benjasast, cote245 (muchisimas gracias por tu comentario, pocas veces tengo el placer de leer cosas tan bonitas en referencia a mí, creeme si te digo que me alegro enormemente de que mi historia te haya gustado hasta el punto de escribir un review que me ha hecho sentir especial, gracias por leerme, espero volver a verte por mis historias pronto), mightymouse, verónica potter 412, blackmoonlady, MayeEvans, Elias, Jimmyreturns, dar-wisard, Lord Black, Kathy, Natitaa, Dolly-chan, ayleen, JuLiA-GrInT, carolagd, Harry Potter, no! Broma, Aranel-Riddle

Un beso para todos, seguid leyendo, escribiendo y disfrutando porque no es necesario nada más para ser feliz si es lo que te gusta hacer.

Nos leemos pronto, chicos, un beso. Y para los que querais hablar conmigo, mi mail viene en mi profile, pero os lo dejo aquí: cenicienta021 (ahora poned el arroba) Hotmail punto com. Espero veros. Un besito y sed felices!

Es hora de poner el FIN