Sayonara Amazonas

Un aviso del cielo...

Palabra es habla en chino -Palabra- es sonidos en off

El pueblo de las amazonas es un lugar tranquilo. A pesar de las constantes luchas, muy pocas veces se podrá oír un gran alboroto alrededor del pueblo. El silencio es algo muy apreciado allí, y no se deshace si no se ve una razón para ello. Ti-er, la amazona al cargo del pueblo mientras Ku-lohn está fuera, estaba tumbada sobre el techo de su cabaña. Aunque no era ni por asomo igual de vieja e inteligente que la matriarca, se las apañaba realmente bien en estos intervalos. Este último, que ya había durado dos años, sin embargo, se estaba haciendo más complicado, y eso que Ti-er jugaba con ventaja.

Ti-er era empática. Es decir, puede conseguir instantáneas de lo que la gente a su alrededor siente. Gracias a este don, mantener al pueblo unido resulta más fácil que para cualquier otra persona. Por eso, y por ser su discípula, Ku-lohn siempre la deja al cargo. "Aunque cada vez mis sentidos se están volviendo más agudos, y me cuesta más concentrarme. Yo diría que si me pongo podría oír los pensamientos de la pequeña Xian-Pu, allá en el lejano Japón, y tal vez también a Mu-"

Sus pensamientos quedaron cortados por una intensa ola del sentimiento que más aborrecía Ti-Er: El puro pánico. Y además, recién salido de una mente. La ola inundó los sentidos de Ti-Er por unos instantes, amenazando con hacer perder la cordura a la amazona. Poco a poco, años de entrenamiento para enfrentarse a estas situaciones sirvieron como compuertas que paraban las intensas olas de pánico.

"Gu-a-u... ¿De donde venía eso?... Mmhh... Del... ¿cielo? Si, increíble pero cierto, del cielo. Espera, si no recuerdo mal, la NASA había enviado un transbordador hace unos días. Ti-Er se concentró para filtrar lo que todavía bañaba todo el pueblo. Recientemente había comprobado que si se concentraba lo suficiente, era capaz de sacar imágenes relacionadas con los sentimientos que captaba.

Lo que vio la dejó helada. Una gran piedra, maciza, viajando a una velocidad imposible de imaginar, se había llevado por delante a los dos astronautas que estaban dando un paseo espacial. La última visión de uno de ellos era una rotura en el recubrimiento térmico de la nave, que de no ser arreglado, podría suponer la destrucción del transbordador en la re-entrada. Sin embargo, él iba a "re-entrar" pegado al meteorito.

Entonces, empezó. Un pequeño silbido, apenas audible para las personas normales, empezó a resonar en los oídos de Ti-Er. Unos minutos, poco más, tendrían los más rápidos para alejarse, y Ti-Er sabía que ella no era lo suficientemente rápida. Así que, decidida a intentar salvar a alguien, lanzó una señal mental a todo el pueblo.

La primera vez que Ku-lohn dejó la aldea, ella les aviso de una señal que les llegaría de Ti-Er si el pueblo se hallase en un peligro mortal. Ella les dijo que oirían una voz en su cabeza dándoles una orden. Desobedecer esa orden sería considerado una falta contra la matriarca, y nadie quería faltar a la matriarca. Así que, cuando mujeres y hombres oyeron una voz conocida en su cabeza diciendo: "Todo el mundo alejarse del pueblo lo más rápidamente posible. Olvidaos de vuestra pertenencias" nadie, en todo el pueblo, malgastó un segundo en hacer otra cosa que no fuese alejarse de alli.

Mientras, Ti-Er sopesaba a cada persona del pueblo que podría escapar del meteorito: "Ol-hun... no lo creo. Es rápida, pero no tanto. Perfume... Sí, tal vez ella sea lo suficientemente rápida. Le daré la misión a ella, además de la ayuda que necesitará..." Con eso, entro en trance para trasvasar la información que Perfume necesitaría para terminar su misión, tras haberla explicado brevemente lo que haría en su mente. Cuando terminó, el silbido era ya como el grito de un cazador que sabe que su presa no puede escapar. Puro salvajismo.

Ti-Er aprovechó los últimos momentos para hacer un resumen mental de lo que ha pasado en los dos años que Ku-lohn no ha estado en el pueblo, y se concentró como nunca antes lo había hecho, buscando desesperadamente a la matriarca en esas tierras lejanas. La encontró, pero Ku-lohn estaba unida a otra persona de una manera bastante extraña, mentalmente hablando. Lo que le llegara a la matriarca le llegaría a esa otra persona. Ti-Er no tenía mucho más tiempo para decidir, así que lanzo su resumen a la mente de su matriarca, ignorando lo más posible la unión.

Cuando acabó, aún restaban unos segundos antes del impacto. Fueron los segundos más largos de la vida de Ti-Er. Pudo ver la bola de fuego que se dirijia a su hogar adoptivo. Pudo discernir la roca tras el fuego. Y pudo ver, tan sólo por unos instantes, cuando la roca estaba a meros metros de un tejado cercano, como lo que parecía una boca, la más horrible y deforme de las bocas, reír, de una manera macabra, como si la peor desgracia fuese a caer sobre su enemigo.

Pánico como nunca antes lo había sentido, llenándola y paralizándola de dentro a fuera, y dejándola helada inundó el cuerpo y la mente de una de las amazonas con más futuro de su generación, excelente estratega y excepcional luchadora.

Perfume nunca dejó de correr. Ni siquiera miró atrás. Corrió hasta el puerto más cercano, en un pueblo a unos 50 km. del suyo. No durmió, no comió, no bebió. Corrió.


La explosión producida por la colisión entre el meteorito y la Tierra pudo verse hasta 1000 km. a la redonda. El impacto lo sintió todo el planeta. En Burgos, una pequeña ciudad de España, donde los mayores temblores de la historia reciente tan sólo movían un poco las lamparas, se informó de derrumbamientos de edificios, pues no estaban preparados para un 6 en la escala Richter.
Ku-lohn acababa de recibir el peor resumen de una de sus ausencias de toda su vida. En realidad, el resumen era bueno si obviabamos la última parte, que era la más importante. Un par de buenas adquisiciones para la aldea, un trato de inmunidad con el gobierno central y un buen año de cosechas. Todo eso AHORA, daba igual. La última parte era la peor de las pesadillas para la matriarca. El pueblo, destruido. Su gente, abrasada por el calor del impacto. Sólo una pequeña amazona habrá escapado. Y todavía queda el tema de bis-nieta y Ranma Saotome.

Entonces, aquella onda la alcanzó. Ni sus años ni su maestría en el Arte la prepararon jamás para lo que sintió. Por una vez desde su nacimiento, Ku-lohn, la matriarca de las amazonas, estaba sin habla. Calló hacia atrás abrumada por el sentimiento que la había golpeado. Por suerte estaba encima de la cama, y, dada su longitud, fue una pequeña caída sobre algo blando. Sin embargo, se quedo allí, sin decir nada, sin pensar siquiera, tan sólo mirando al techo, durante muchas horas. Ni siquiera notó el temblor que sacudió la tierra. Salió el sol, y la matriarca empezó a venir en sí.

Puro pánico viniendo de Ti-Er. Eso, simplemente, no era posible. Le había dado un resumen mental, diciéndola que iba a morir, y estaba muy calmada. Y después, esto. No es que ella fuese empática como su alumna, pero durante su larga vida había aprendido un par de cosas. Ku-Lohn no tuvo tiempo para más pensamientos, pues Xian-Pu entró corriendo en su habitación, muy alterada. Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, la matriarca se la adelantó. "Xian-Pu, ve a buscar a Mu-Tzu primero, y tráelo aquí. Después, trae a Ranma. Akane Tendo querrá venir. Déjala. Cualquier pregunta puede esperar a después Ah, y no intentes convencer a Ranma de que se case contigo. No más intentos por ahora." Su voz le era tan extraña que obedeció sin rechistar.


Mientras, en el dojo Tendo, Ranma y su padre estaban en su sesión matutina de práctica, cuando Akane apareció por la puerta, al parecer muy enfadada. Ranma, ya por costumbre más que por otra cosa, se alejó de ella diciendo. "Sea lo que sea, yo no he sido. Yo no he sido..."

"¿A que no adivinas quien acaba de llamar a la puerta y ha empezado a preguntar por ti?" Ranma procesó la información. Cuando acabó, se dio la vuelta y empezó a patear a su padre. "¿A cuanta gente me has vendido, viejo?" Cada golpe iba acompañado de una palabra: "YA. ESTOY. HARTO."

Un poco sorprendida por la reacción de Ranma, Akane se hizo oír sobre el ruido. "Esto... no Ranma, no era un extraño diciendo que era tu padre. En realidad er-"

"¿A cuanta gente me has prometido, maldito idiota?" Ahora entraron en acción los puños, que iban a gran velocidad, pero no a la del Amaguriken.

"Tampoco era una prometida nueva." La impaciencia empezaba a notarse en su voz.

"¿Uh?" Respondió inteligentemente Ranma al tiempo que dejaba de barrer a su padre a puñetazos, el cual estaba al borde de la inconsciencia.

Akane lanzó los brazos al aire como para pedir paciencia a las deidades y continuó. "Shampoo idiota, es Shampoo quien está ahí esperando, comportándose como una persona normal."

En ese momento, la joven amazona entró en el dojo abriendo la puerta como una persona normal. Se paró en el umbral de la puerta, y desde allí, se dirigió a Ranma en un tono que carecía de la alegría y despreocupación típica de la chica. "Bisabuela quiere que Ranma venga a Nekohanten. Ya." Con eso, se dio la vuelta para marcharse, pero no se movió.

Ranma, muy sorprendido de la actitud de Shampoo, tardó un rato en darse cuenta de que estaba esperando una respuesta. "Uh... Bien Shampoo, te acompaño entonces."

Akane, como la matriarca había vaticinado, empezó a mostrarse muy enfadada. "Oye tú," Empezó Akane dirigiendo a la amazona que empezaba a alejarse del dojo. "lo quieras o no, yo voy también."

"De acuerdo." Fue lo único que la joven del pelo violeta respondió, lo que pilló a Akane de sorpresa. "Pues... eso." Afirmó con la cabeza como ganando de nuevo la compostura, y les siguió, como no, con el cejo fruncido.

Al poco tiempo estaban entrando en un Nekohanten vacío a excepción de una mesa, alrededor de la cuál estaba Cologne sobre su bastón, y Mousse sentado en una silla, apoyando su cabeza en sus manos, sus gafas al lado.

Al acercarse, pudieron oír los sollozos camuflados de Mousse, y ver como el mantel debajo de su cara estaba empapado. Una lágrima cayó entonces, y el sonido apagado de su choque contra el mantel hizo a los recién llegados dar un pequeño salto.

Entonces, Cologne, con un tono de mando, pero no insensible, habló, dirigiéndose a Mousse. "Debes ser fuerte muchacho, como miembro de la tribu de las amazonas que eres." No obtuvo respuesta. "Vamos chico, se que esto debe ser difícil para ti..."

"Tú no sabes nada." Fue la respuesta llena de rabia e ira de un Mousse con los ojos rojos y húmedos de llorar. "Mis padres han muerto. Todos han muerto..."

"Aiyaaa..." La expresión multiusos de Shampoo, apenas audible, sonaba tensa y triste a la vez, y confusa incluso.

"Mmmhh¿qué ha ocurrido Cologne¿Porqué están los padres de Mousse..?" Akane no terminó la pregunta, se sentía incapaz de ello. Durante estos dos años, muchas cosas habían pasado, pero nunca nada había llegado tan lejos.

"En realidad, jovencitos, lo que ha pasado tiene una envergadura aún mayor que la triste muerte de los padres de Mousse. Por eso mismo os he llamado para que vinieseis." Cologne había hablado desde su bastón, pero en ese momento se posó en la mesa, y se sentó en la postura de la flor de loto. Suspiró, y mirando al suelo continuó.

"La aldea de Niejzu, nuestro hogar, ha sido totalmente destruido por un meteorito que impactó esta madrugada." Con eso, cogió el mando de la TV de que disponía el café, y la encendió. Todos, exceptuando Cologne y Mousse, que seguía sollozando, miraron la TV con los ojos como platos y la boca abierta.

-Últimas noticias desde la provincia de Quinghai, cerca de la cordillera de Bayankala, dónde un meteorito de gran tamaño impactó contra la Tierra, volatilizando todo en un radio de varios kilómetros desde el lugar del impacto. Al parecer, una tribu ancestral de amazonas estaban asentadas en este lugar, tal y como hemos podido averiguar de personas que viven en lugares cercanos, a pesar de que no se ha encontrado ninguna prueba física de tal asentamiento...-

El reportero seguía dando datos sobre el meteorito, como su velocidad o tamaño, pero ya nadie en el Nekohanten lo escuchaba. La noticia empezaba a calar dentro de Ranma, Akane y, sobretodo, Shampoo. Tras unos instantes, una lágrima empezó a caer, cortando el aire. Antes de que muriese en el suelo, un borrón violeta había llegado a su habitación.

A Ranma su coleta se le había levantado de la tensión, además de que miraba al suelo, no pudiendo fijar su mirada en la jefa de una tribu ahora inexistente. No es que ese pueblo hubiese echo nada por él, pero a Ranma jamás le había hecho gracia ese de que la gente muriera, aunque fueran sus enemigos, como fue el caso de Saffron, que todavía algunas noches le traía pesadillas. Con la voz apagada preguntó algo que le vino del alma. "¿Qué puedo hacer vie- esto... Cologne?"

La vieja mujer sonrió de una manera cálida y sincera, cosa harto... impresionante, dado su aspecto, al oír las palabras y el tono de ese joven artista marcial que la había traído de cabeza durante tanto tiempo. Mousse también levantó la cabeza, con los ojos todavía rojos, pero sorprendido, realmente sorprendido. Fue la matriarca la que habló.

"Hay bastantes cosas que puedes hacer, futu- no, ya no... ahora es Ranma "Ante esa auto-corrección, todos se la quedaron mirando, lo que la hizo volver a sonreír. "Sí, hay varias cosas en las que podrás ayudar a la tribu de las amazonas, Ranma Saotome..."


N.A.: Si has leído hasta aquí¡enhorabuena! Y gracias. Aunque te estaría más agradecido si mandaras alguna review o un email con tu opinión, críticas (preferentemente constructivas) o sugerencias a mi dirección de correo electrónico.