He vuelto del velo, como Sirius Black! (ojalá XD). Bueno, aquí tenéis el penúltimo capítulo de esta historia. Uno más y llegamos al final, casi me da pena y todo. Espero que os guste, y que me perdonéis por haber tardado tantísimo en actualizar.


-Éste es Víktor en su primer mundial. No se ve muy bien, porque no para de moverse, pero lo que lleva en la mano es la snitch. Aún la tiene, de hecho. La Federación le permitió que se la quedara.-explicó Kolya, señalando el puño cerrado que Víktor agitaba exultante en la foto.-Es su mayor tesoro.

Hermione tomó la foto y la examinó con curiosidad. Víktor había cambiado mucho en cinco años. Comparado con los compañeros que le rodeaban en la imagen, mucho mayores que él, aún parecía poco más que un niño.

-Se le ve muy jovencito.-sonrió Hermione, devolviéndole la foto.

-Nada que ver con el mastodonte que es ahora¿eh?-se rió Kolya. Examinó la foto un segundo antes de dársela a la señora Krum y dijo, con afecto- Ahí aún parecíamos hermanos de verdad, los dos tan morenos y escuchimizados. Luego ya se puso a hacer pesas y me quedé solo con mis huesos.

La señora Krum, que estaba sentada con su marido al lado de Kolya en la grada, rebuscó en su enorme bolso color cereza oscuro y sacó otra foto, que tendió a Hermione con una sonrisa. Acto seguido, se volvió hacia Kolya y le dijo algo en búlgaro. Kolya asintió y se dispuso a traducir para Hermione.

-Sofya dice que en esta foto Víktor tiene nueve años. El chico que está a su lado es su hermano Vassilij, que murió. Ya lo sabes, supongo-miró la foto y sonrió con tristeza- Se llevaban cuatro años.

Hermione asintió lentamente. En la foto se veía a Víktor con expresión extraña, de pie, con un brazo sobre el respaldo de la silla donde estaba sentado su hermano. No podían haber sido más diferentes. Vassilij era rubio y aparecía satisfecho y sonriente, con sus grandes ojos claros y sus simpáticos hoyuelos, y aunque sólo se le veía de cintura para arriba, parecía muy esbelto a sus trece años. Víktor, en cambio, era moreno como el carbón, y su expresión estaba a caballo entre la timidez y la seriedad.

-Son muy distintos, casi no parecen hermanos…-comentó Hermione, pasando el dedo por el rostro del rubio- Vassilij era…era muy guapo.-dijo con suavidad, mirando a la señora Krum.

Aparentemente, ésta debió entender lo que decía, porque sus ojos oscuros brillaron durante un segundo, embargados por una profunda emoción, y comenzó a hablar en búlgaro. Kolya asintió le apretó la mano con cariño.

-Dice que en la foto estaban celebrando el decimotercer cumpleaños de Vassilij. Al parecer, Víktor estaba enfermo ese día; tenía fiebre y le dolía la barriga. Cinco minutos después de hacer la foto, vomitó todo el pastel. Eso explica su cara verdosa, supongo.

Hermione se rió, y la señora Krum sonrió y le dijo algo a Kolya.

-Dice que eres muy guapa, y que no le extraña que le gustes a Víktor.

Hermione sintió que la sangre se le agolpaba en las mejillas. Estaba acostumbrada a que alabaran su inteligencia y sus resultados académicos, pero no su supuesta belleza. A pesar de que Víktor había contribuido enormemente a mejorar su autoestima en ese campo, lo cierto es que no acababa de habituarse.

-Gra…gracias -repuso con timidez, inclinando ligeramente la cabeza en agradecimiento. Supuso que, a pesar de la barrera idiomática, aquel gesto era universal, y al ver que la señora Krum asentía a su vez, supo que no se había equivocado.

-¿Cómo crees que les estará yendo allí dentro?-preguntó entonces Ginny, que estaba sentada a su lado, mordiéndose las uñas.- Hace más de media hora que entraron en el laberinto y aún no hay señales de nada.

-No te preocupes, seguro que Harry está bien.-la tranquilizó Hermione con una sonrisa.-Ha salido airoso de las dos primeras pruebas¿por qué tendría que pasarle algo malo en esta? Mi única preocupación es que, cuando gane Harry, me sabrá mal celebrarlo delante de la madre de Víktor.-bromeó.

Los padres de Víktor habían llegado aquella misma mañana a Hogwarts para presenciar la última prueba del torneo Trimago, y habían querido conocer a Hermione tan pronto como su hijo les habló de ella. Por ese motivo, se habían sentado junto a Hermione y Ginny en la grada Gryffindor en vez de en la de Durmstrang, y se comunicaban a través de Kolya, que hacía de intérprete.

Al conocerles, Hermione se había quedado muy sorprendida. Los padres de Víktor eran muy diferentes de cómo se los había imaginado. Sin saber muy bien por qué, había esperado encontrarse a dos estirados aristócratas del Báltico, y sin embargo, se había topado con personas discretas y humildes, tanto en sus ropas como en sus maneras.

Por lo que Víktor le había explicado, su padre, Oskar, un pequeño comerciante alemán de varitas, había emigrado a Bulgaria huyendo de las repercusiones que había tenido la II Guerra Mundial muggle en el Berlín mágico. Su madre, Sofya, era natural de la ciudad búlgara de Plovdiv, y cuando Víktor se hizo famoso y rico, pudo dejar de trabajar como costurera y dedicarse a cuidar sus rosas en la casita que se habían comprado cerca de las montañas de Rila, en el corazón de los Balcanes.

"Tienes que ver aquello, es el mejor sitio del mundo", le había dicho muchas veces Víktor, en tono soñador, y le había hablado de los enormes abetos negros, tan altos y fuertes como torreones; del inmenso lago Rila y de las mejores rocas desde las que tirarse al agua en verano, aunque estaba siempre muy fría; del tañido de las campanas del monasterio en el ocaso; de las flores amarillas que alfombraban el valle al llegar la primavera y las lagartijas azules que correteaban al sol por la piedra en verano. "Me gustaría que lo conocieras, Hermione", le decía siempre, besándola muchas veces en los labios.

De pronto, un ruido sonsacó a la Gryffindor de sus pensamientos. Del laberinto de seto verde se elevó una bola de chispas roja que explotó en el cielo, como si de fuegos artificiales se tratase. Todo el mundo comenzó a hablar excitadamente.

-¿Qué ha sido eso?-preguntó Ginny, volviéndose hacia Hermione.

-No tengo ni idea.-respondió ésta, frunciendo el ceño.- Puede que alguien haya querido retirarse.

-O que haya problemas.-murmuró sombríamente Kolya por lo bajini.

Hermione se volvió y le miró, inquieta.

-¿Qué quieres decir?

Pero Kolya no respondió. Sus ojos oscuros no se apartaban de la entrada del laberinto. Allí se habían reunido Dumbledore, Madame Maxime y Alastor, pero no había ni rastro de Karkaroff, cuando debería estar allí.Los tres hablaban con mal disimulado nerviosismo.

-Esto no pinta bien.-dijo Kolya, muy bajito.-Alguien tiene problemas.

Inquietos por la aprensión que se masticaba en el ambiente de pronto, los padres de Víktor comenzaron a acribillar a preguntas a Kolya. La señora Krum, tan morena como su hijo, había palidecido por momentos, y su marido la tenía cogida por el brazo, con el rostro tenso.

-¿Qué dice¿Le ha pasado algo a Harry?-inquirió Ginny, con un hilo de voz.- El color de las chispas era rojo… ¿eso significa algo?

-No lo sé. Podría ser Víktor también, el rojo es su color.-y nada más decirlo, sintió que la aprensión crecía en su interior, pero se negó a dejarla traslucir-O…o puede que no sea nada. No tiene por qué haber pasado nada malo.- repitió, pero, por algún motivo, sus palabras no parecían tener ningún poder de convicción.

La señora Krum se puso en pie, agitada, hablando muy rápido y sin cesar de repetir aquí y allá "Karkaroff". Kolya le dijo algo al señor Krum y luego se volvió hacia Hermione.

-Vamos a llevarnos a Sofya abajo, para ver si se tranquiliza. Está muy nerviosa, tiene miedo de que le haya pasado algo a Víktor.-explicó.- Ahora vuelvo. Avisadme si ocurre cualquier cosa.

Hermione contempló cómo el señor Krum y Kolya enlazaban sus brazos en los de la pobre mujer mientras se alejaban y sintió una profunda lástima. Era comprensible su zozobra; ya había perdido a un hijo, y Víktor era el único que le quedaba. La perspectiva de que allí dentro, en el laberinto, le hubiera podido pasar algo, le provocaba un miedo atroz.

-¿Por qué no entran?– preguntó entonces Ginny, nerviosamente.-Si han disparado la varita, es que ha ocurrido algo. ¿Por qué no entra Dumbledore, Snape, o quien sea?

-No pueden.-respondió Seamus, que estaba junto a Ron.-Eso sería interferir en el Torneo, y no pueden hacerlo. Hasta que no se agote el tiempo de la prueba, nadie de la organización puede entrar.

Ginny palideció tanto que las pecas resaltaron aún más en su rostro.

-¿Pero y si le ha pasado algo a Harry¿Va a morir ahí dentro sólo porque las normas no permiten la intervención externa?-la pequeña de los Weasley apretó los puños fuertemente contra las rodillas.

Por Dios, no me preguntes más, Ginny. No lo sé. No sé nada. Y también tengo miedo, pensó Hermione. Pero en lugar de eso, se esforzó por hablar lo más serenamente posible:

-Claro que no va a morir. Hace años que no muere nadie en el Torneo Trimago, Ginny.-era mentira, pero ¿qué importaba?- Lo único que habrá pasado es que alguien se ha rendido y quiere salir. De veras, no hagamos una montaña de un grano de arena.-insistió, casi más para tranquilizarse a sí misma que para calmar a Ginny.

Pero la menor de los Weasley no era tan fácil de convencer. Después de aquellos años siguiendo de cerca los avatares de Harry con Voldemort, había acabado desarrollando la certeza de que si un mal presentimiento podía cumplirse, normalmente lo hacía. Además, como si el tiempo se hubiera hecho eco de su ominoso estado de ánimo, el cielo empezó a oscurecerse rápidamente, tornando su azul despejado en un denso y sombrío color plomo.

A pesar de que estaban en verano, algunos espectadores comenzaron a echar mano de chaquetas ligeras, y otros se aguantaban el sombrero con una mano, sorprendidos por las ráfagas de viento frío que se habían levantado de pronto.

-¿Lo ves, Fred? Te dije que trajéramos paraguas, por si acaso. Se habrían vendido bien.-oyó que comentaba George a su hermano gemelo. Ambos estaban sentados en la grada superior, justo detrás de ellas, y se habían pasado el tiempo recaudando las apuestas sobre los resultados de la tercera prueba.

-¿Cómo podéis pensar en estas tonterías ahora mismo?-les recriminó Ginny, volviéndose enfadada- ¿No habéis visto la señal¡Alguien podría estar en problemas ahí dentro!

-Di más bien Harry, hermanita. Si fuera cualquier otro no estarías tan preocupada.-repuso Fred entre risas, y su hermano coreó con una carcajada.

Ginny sintió como las orejas se le ponían rojas.

-E…eso no es verdad.-balbució torpemente.- ¡No tenéis ni idea! Idiotas…-murmuró, sentándose bien de nuevo.

-"Idiotas".-oyó que la imitaban a su espalda, con la voz ridículamente aflautada. Los dos estallaron en risas y se escuchó cómo se chocaban la mano.

Ginny puso los ojos en blanco y Hermione, pese a las circunstancias, no pudo más que esbozar una pequeña sonrisa de solidaridad.

-Ya sabes cómo son, Gin. No les hagas caso.-le dijo, dándole una palmadita en la mano.

-Sí¡por desgracia!-respondió, lo suficientemente alto como para que la oyeran perfectamente.

-¡Uhhh…!-les oyó lamentarse teatralmente- Gin¿no quieres apostar por Harry? Como eres de la familia, te haremos un descuento especial.-dijo Fred.

-Promoción Enamoradas.-remató George, burlón.

Las carcajadas de sus hermanos hicieron que la situación se tornara, si cabía, aún más humillante. Roja de vergüenza y de indignación, Ginny se volvió y dirigió dos o tres manotazos más furiosos que certeros a las piernas de sus hermanos

-¡Sois lo peor!-estalló, dando rienda suelta al nerviosismo acumulado- ¡Y no creáis que no pienso decirle a mamá que habéis vuelto a montar apuestas ilegales!

George y Fred se miraron y se rieron aún más fuerte.

-¿Mamá? Fred¿crees que será la misma mamá que ha apostado 5 sickles por Harry?

El interpelado sofocó una risita.

-Mm déjame ver, George…-Fred hizo una pausa, buscando en la lista de apuestas-. No sé, Gin¿por "mamá" te refieres a "Molly Weasley, 5 sickles por Harry Potter"?

Ginny dejó escapar un grito de exasperación y se dio la vuelta.

-¡Por qué no seré hija única!

En ese momento, la orquesta comenzó a interpretar una aguda y estrepitosa fanfarria de éxito. Sorprendido, todo el mundó miró hacia la entrada del laberinto. Harry estaba saliendo a trompicones de ella, con Cedric a cuestas.

-¡ES HARRY¡HA GANADO!-gritó Seamus, poniéndose en pie de un salto.

Toda la grada Gryffindor rompió a aplaudir y a vitorear con todas sus fuerzas, mientras los bombos y platillos de la orquesta aumentaban la confusión y el ruido hasta un límite poco soportable. Ginny se abrazó a Hermione, eufórica.

-¡Tendrías que haber apostado, Ginny!-le gritaron los gemelos, dejando la caja de recaudaciones en el asiento para aplaudir y corear los gritos de: "POTTER, POTTER, POTTER" que entonaba triunfalmente su casa.

Hermione cerró los ojos con alivio y estrechó fuertemente a Ginny entre sus brazos, sin dejar de sonreír, hasta que, al abrirlos, se dio cuenta de que la expresión de Harry, que estaba junto a Cedric, tenía algo extraño. Tenía el rostro desencajado, y estaba pálido. No era, desde luego, una mueca triunfal.

Posó sus ojos en Cedric, y sólo entonces, se dio cuenta de que éste no se movía.

Ginny también se dio cuenta. Aflojó la presión de sus brazos en torno a Hermione y miró desconcertada la confusa escena que se estaba produciendo ante sus ojos. El sonido de la orquesta se había vuelto frenético y discordante; los Hufflepuff estaban gritando, y el padre de Cedric, Amos Diggory, se abría paso a codazos entre el gentío de las gradas para bajar a reunirse con su hijo. Dumbledore y Snape salieron corriendo tras él.

La orquesta, desconcertada, dejó de tocar.

-¡Mi hijo!-gritó el señor Diggory, con tal terror, que todo el mundo enmudeció. Trastabilló en su carrera y cayó junto al cuerpo del chico. Cedric aún tenía los ojos abiertos, inmóviles, fijos en el cielo.

-MMi…mi…-se ahogó. Dumbledore intentó cogerle del brazo, pero Amos Diggory se soltó de un tirón -¡¡¡MI HIJO!!!-tomó aire y apretó la cabeza de Cedric contra su pecho, negándose a aceptar aquello, negándose a aceptar que su hijo, tan joven, tan dulce, tan bueno, estaba terriblemente frío y rígido en sus brazos- ¡¡MI NIÑO!!

El desgarrador grito de dolor del padre de Cedric pareció devolver la vida a las gradas, presas de un conmocionado silencio. Cho Chang comenzó a llorar y pronto la secundaron muchos otros, a caballo entre la pena y el terror.

Hermione, con el rostro ceniciento, bajó mecánicamente de la grada y saltó al césped. Alastor pasó junto a ella y asió a Harry por los brazos, arrancándole de Cedric. Harry tenía los ojos rojos de llorar y se agitaba, desquiciado. Hermione intentó acercarse a él, pero el Auror se lo impidió.

-Ya me ocupo yo de él-le dijo-. Necesito que mantenga la calma, señorita Granger, porque tiene que intentar llevar a sus compañeros de vuelta a Hogwarts.-y con esto, se alejó rápidamente con Harry.

Aún en estado de shock, Hermione asintió. Se sentía como si estuviera en un sueño, y todo sucediera muy lentamente. El sonido le llegaba como un eco desde una dimensión lejana: los gritos de la gente, su llanto, los movimientos en las gradas, formando corros…sólo alguien estaba muy quieto.

Cedric.

Hermione nunca había visto a nadie muerto antes. Sólo a su abuela, cuando tenía 13 años, pero no era lo mismo. Su abuela había muerto con una sonrisa en los labios, como si se hubiera quedado dormida y no le hubiera importado en absoluto que la labor de costura se le hubiera caído de las manos. Su muerte había sido plácida, suave, casi una transición esperada.

Pero la de Cedric no. La de Cedric era inconcebible, era tan injusta que, a pesar de que no le conocía demasiado, Hermione sintió que se le hacía un nudo en la garganta.

Cómo es posible, se dijo, consternada. La semana anterior, Cedric la había saludado por los pasillos, y le había dicho: nos vemos en la prueba. Le había visto entrar en el laberinto, jovial y confiado, después de abrazar a su padre.

Y ahora estaba muerto.

Hermione se pasó las manos por la cara, abatida.

En aquel momento, desde las gradas se elevó un grito por encima del caos.

-¡¡ASESINO!!

Sorprendida, Hermione dejó caer las manos y vio a Víktor saliendo del laberinto, caminando con las piernas trémulas, apoyándose en el seto. No llevaba la varita y tenía cara sucia y pálida.

-¡¡ASESINO!!-repitió la voz. Todos se volvieron para ver al chico castaño y delgado, vestido con el uniforme de Durmstrang, en pie y señalando a Víktor-¡HA MATADO A DIGGORY¡HA MATADO A DIGGORY!

Hermione palideció. ¿Qué era todo aquello¿Quién era ese chico, y por qué decía eso? Sin saber muy bien qué hacía, corrió hacia Víktor. Éste la miró, y en sus ojos había escrito un inenarrable terror.

-Víktor.-pronunció Hermione, con suavidad.-Víktor-repitió, esta vez con aprensión, zarandeándole. Lo que veía en sus ojos le daba mucho miedo- ¿Qué ha pasado ahí dentro¿Estás bien?

-¡HA SIDO ÉL!-seguía gritando el desconocido en las gradas, ignorando las protestas de sus compañeros.

Justo en ese instante, apareció Kolya. Al verles allí, se dirigió a ellos corriendo.

-¡Víktor!-exclamó, al ver a su amigo, más muerto que vivo. Luego miró a Hermione- ¿Qué ha pasado?

Hermione no pudo hablar. Se limitó a señalar en dirección al cuerpo de Cedric. Kolya enmudeció, impresionado.

-Ahora entiendo por qué ha desaparecido Karkaroff.-musitó.-Fuera lo que fuera lo que llevaba entre manos, ha desaparecido al ver que las cosas se torcían. ¿Estás bien, Víktor?-preguntó, poniéndole una mano en el hombro a su amigo.

Éste no contestó. Desde la grada de Durmstrang, se hizo oír otra acusación por encima del bullicio.

-¡KRUM, ASESINO!

Kolya se volvió, furioso, y clavó la vista en el agitador.

-Vodia-musitó, en un tono que indicaba que reconocía perfectamente tanto al dueño de la voz como a sus motivos para gritar aquello- Maldito…maldito hijo de puta. ¡CÁLLATE¿ES QUE NO TIENES BASTANTE CON LO QUE HA PASADO?

Satisfecho por haber conseguido lo que quería, Vodia Riabonovich le contestó a gritos algo en búlgaro que Hermione no pudo entender, pero que debió enfurecer muchísimo a Kolya, porque éste habría subido corriendo las gradas para tirarse encima de él si otro de sus compañeros no lo hubiera agarrado por la casaca. Con el rostro rojo por la ira, Kolya se debatió, insultándole a pleno pulmón.

Albus Dumbledore sintió que ya era suficiente. Apuntándose la varita contra la garganta para amplificar su sonido, dijo:

-¡¡BASTA!!-la fuerza de su voz dejó a todo el mundo perplejo-¡¡BASTA!! QUE TODOS LOS ALUMNOS DE HOGWARTS, ASÍ COMO LOS DE LOS COLEGIOS INVITADOS, SE DIRIJAN DE INMEDIATO A SUS HABITACIONES EN LA ESCUELA¡¡QUEDA TAJANTEMENTE PROHIBIDO ABANDONARLAS HASTA NUEVA ORDEN!!

Como si ya hubiera aguantado suficiente, Víktor se desplomó inconsciente. Al verlo, Kolya abandonó sus intentos de agresión a Vodia y corrió a ayudar a Hermione a levantar su cuerpo.

-Llevémosle a la enfermería.-dijo.

-¿Qué le ha ocurrido?-preguntó Hermione, con ansiedad.

Kolya suspiró y se acuclilló para izar el cuerpo de Víktor con un gruñido.

-Sospecho que no lo sabremos hasta que se despierte.-dijo, con la voz congestionada por esfuerzo que estaba realizando.

La Gryffindor tragó saliva. No quería preguntárselo, pero tenía que hacerlo, o no se quedaría tranquila. Miró a Kolya a los ojos.

-Tú…tú crees que él ha…-no terminó; su voz murió antes.

Pero Kolya lo había entendido.

-No.-respondió con firmeza.-Estoy seguro de ello. Vamos.

Más aliviada, Hermione se echó uno de los brazos de Víktor por encima y Kolya hizo lo mismo con el otro. No tardaron en llegar más compañeros de Durmstrang para ayudarles a cargar con él, y apartaron suavemente a Hermione.

-Ya le llevamos nosotros, no te preocupes.-le dijo Kolya, haciendo un gesto con la cabeza hacia las gradas-Ve con tus amigos. Te necesitan.

Hermione contempló con tristeza el rostro pálido de Víktor, y sus ojos cerrados. Captando su renuencia a dejarle ir, Kolya se dirigió a ella en un tono más suave.

-Cuidaremos de él, de verdad. Ven a verle luego a la enfermería.-y con esto, dio una señal, y todos se pusieron en marcha.

Hermione se quedó allí, mirando como se alejaban, con la misma sensación de vacío que tendría si le hubieran extirpado el corazón.

Sólo cuando empezó a llover echó a caminar lentamente hacia Hogwarts.


-Cuando llueve de esta manera, me acuerdo de mi colegio.-dijo de pronto Kolya apoyando las yemas de los dedos contra el ventanal de la enfermería, en el que repiqueteaba la lluvia.

-¿De Durmstrang?-preguntó Hermione.

-No, del colegio al que iba cuando aún vivíamos en Transnistria. Yo no soy búlgaro.-explicó, al ver la cara de sorpresa de Hermione, y sonrió.-Antes de llegar a Bulgaria, vivía en Tiraspol, la capital de Transnistria. Mis padres son de allí también.

-¿Te refieres al Transdniéster?-preguntó Hermione, incapaz de ubicar el lugar del que le hablaba Kolya.

-Pues no lo sé, la verdad; no sé cómo lo llamáis vosotros. Está entre Moldavia y Ucrania; es como una franja muy pequeñita.-se quedó callado un segundo.-Es un país precioso.

Hermione se quedó pensativa durante un rato, situando el país mentalmente.

-Sí, nosotros lo conocemos como la región del Transdniéster-dijo finalmente, y acto seguido frunció el ceño, recordando algo-. Creo que en estos momentos…estáis en guerra¿verdad? -hizo una pausa, temiendo haber tocado un tema incómodo-. Bueno…no sé si lo que pasa en el mundo muggle os afecta en el mundo mágico…pero estas Navidades en mi casa, ví en la BBC que estáis en conflicto armado con Moldavia…

Kolya sonrió con tristeza.

-Lo que pase en el mundo muggle siempre afecta al mundo mágico; el territorio es el mismo. Además, yo soy mestizo, ya lo sabes. La guerra también la vivo por doble. O la vivía, porque nos marchamos de allí hace mucho, cuando tuve edad de ir a Durmstrang.

Hermione bajó la vista.

-Lo siento mucho, Kolya.

Éste se encogió de hombros.

-No pasa nada. Lo raro es que alguien se acuerde de que Transnistria existe-sonrió, como si le hiciera gracia, y tamborileó los dedos contra el cristal de la ventana.- Perdona por el rollo patriótico que te acabo de soltar. Víktor se ríe cuando me pongo en este plan. Dice que Transnistria debe ser una mierda de país si yo vengo de allí.-dijo, riéndose.

Hermione apretó la mano inerte de Víktor y también se rió.

-¿Y como es?-preguntó, con curiosidad.

-¿Transnistria?

-Sí.

-Pues…-Kolya se apoyó en la ventana y miró a Hermione- Es un país muy, muy pequeño. No creo que llegue al medio millón de habitantes. Nosotros vivíamos en la capital, en Tiraspol. Es una ciudad muy fea, en eso tengo que darle la razón a Víktor-se rió, y Hermione esbozó una sonrisa- Pero el resto del país es precioso. El río Dniéster en los días nublados es como plata fundida. Y suele tener ese aspecto a menudo porque siempre está nublado o lloviendo. Vosotros los ingleses os quejáis del tiempo, pero tendríais que ver aquello.

-¿Por eso dices que la lluvia te recuerda a tu colegio?

Kolya asintió.

-Una vez-dijo, con aire soñador-, mi madre me compró un juguete que llevaba muchísimo tiempo pidiendo. Casi nadie lo tenía, y yo me moría de ganas de enseñárselo a los demás niños del colegio. Pero la profesora me dijo que no lo hiciera. Yo me enfadé mucho. ¡Para una vez que tenía algo por lo que podrían respetarme, y no me dejaban alardear de ello!-sonrió-. Total, que al final llegué a un acuerdo con la profesora: me dijo que podría enseñárselo a los demás cuando saliéramos al patio. Pero para salir al patio tenía que dejar de llover.

Hermione sonrió, divertida.

-Pero no paró de llover-adivinó.

Kolya asintió.

-No paró, ni aquel día ni los siguientes. Llovió durante todo el maldito invierno, y cuando por fin llegó la primavera con el sol, la mitad de los niños ya tenían también mi juguete, con lo cual ya había perdido toda la gracia. Mis planes de popularidad se vieron aguados, y nunca mejor dicho.-dijo, y se echó a reír.

Hermione le secundó, agradeciéndole internamente el esfuerzo que estaba haciendo por intentar apartar de su mente del hecho de que Cedric había muerto aquella tarde, y que Víktor yacía en la camilla de la enfermería, inconsciente después de haberlo vivido todo.

En el exterior, el cielo tronó. Parecía que la tormenta arreciaba. Los relámpagos despertaron en Hermione el deseo de preguntarle a Kolya algo que siempre había querido saber, y que nunca había tenido ocasión de preguntar, ya fuera por miedo a ofender a su interlocutor, o bien por desconocimiento por parte de éste.

Carraspeó.

-Kolya¿puedo hacerte una pregunta?

Kolya arqueó las cejas.

-Claro. ¿Qué?

-¿Es cierto que en Durmstrang no se admite a magos nacidos de muggles, y que os enseñan Artes Oscuras?-por las conversaciones que había tenido con Víktor, éste había demostrado que no sólo las conocía, sino que sabía usarlas. Hermione quería saber hasta qué punto aquello se debía a la escuela.

Kolya suspiró, como si no supiera por dónde empezar. Se acercó a la camilla de Víktor y se sentó en una silla al lado opuesto de donde estaba Hermione.

-Sí que admiten hijos de muggle, pero…digamos que hace décadas que no entra ninguno. No por prohibición expresa de la escuela, sino porque sería peligroso para ellos mismos. El ambiente es muy adverso a los muggles. Lo máximo que aceptan es gente como yo; mestizos. Y no siempre. Al final, los padres muggles prefieren no enviar a sus hijos a Durmstrang por temor a lo que puedan hacerles allí; por eso muchos magos nunca llegan a desarrollar su magia.

Hermione tuvo que acordarse de cerrar la boca. A duras penas podía dar crédito a lo que estaba oyendo.

-Ppero…eso quiere decir que vuestra población de magos es bastante escasa-balbuceó- Si sólo se educan como magos los hijos de las cuatro viejas familias mágicas, y se deja fuera a todos aquellos hijos de muggles, que evidentemente no pueden contar con sus padres para desarrollar su magia… ¿qué queda?

-Pues quedan lo mismos de siempre; los que siempre han tenido el poder, controlando a los que no lo tienen.-respondió Kolya con innegable amargura.

-Pero eso acaba volviéndose un círculo cerrado, sin sangre nueva.-objetó Hermione, escandalizada.

-Ya, pero prefieren pudrirse en la endogamia antes que dejar que los muggles se hagan un hueco en la sociedad mágica.-repuso, pensando en Vodia Riabonovich y su familia.

La Gryffindor frunció el ceño.

-¿Por qué ese odio hacia los muggles?-preguntó, algo dolida- Aquí también lo hay, en algunos sectores, pero por lo que cuentas, allí es algo casi institucional.

Kolya volvió a suspirar y se miró las manos antes de contestar.

-Creo que tiene que ver, precisamente, con el daño que han hecho ciertos muggles-dijo-. Cuando Hitler envió a millones de personas a los campos de concentración, no eran simples judíos: muchos, muchísimos, eran magos también. Alquimistas, expertos en cábala, en aritmancia. Todos acabaron igual. -Kolya se detuvo. Sus ojos negros brillaban con acritud- Cuando Stalin exterminó a millones de soviéticos en los gulag, una gran parte eran magos. La opresión comunista en Europa del Este hundió en la miseria a los muggles, pero se cebó especialmente con los magos y las brujas, porque eran "peligrosos" para el régimen. Eso deja a mucha gente enfadada y resentida.

Hermione se pasó la lengua por los labios resecos.

-Pero algún día, eso tiene que empezar a cambiar… ¿no?-musitó, sin mucha convicción.

Kolya meneó la cabeza, como si le hiciera gracia, aunque no le hacía ninguna. Parecía bastante abatido.

-A mí no tienes que convencerme; yo sé muy bien lo que es tener un pie en cada bando, y ser despreciado por ambos-dijo, muy serio-. Si por mí fuera, el cambio del que hablas ya se habría producido. Es posible que aún se produzca, pero puedo asegurarte que no será por las buenas.

Hermione le miró, descorazonada.

-Entonces, tú crees que habrá guerra.

Kolya asintió gravemente.

-Creo que, tarde o temprano, cada cual tendrá que elegir con quién está. Yo siempre he tenido claro qué es lo moriría por defender.-dijo, y haciendo un gesto hacia Víktor, añadió, guiñándole el ojo-Y creo que él también. Al menos después de este viaje.

Hermione se ruborizó y apartó la mirada.

-¿Es que antes…?

-No.-respondió Kolya.-No creo. Simplemente, Víktor nunca ha dividido la gente en muggles y magos; la divide entre gente que le gusta y gente que no. Por eso es mi amigo; porque tiene el criterio que todo el mundo debería tener. Conocerte a ti sólo le ha convencido de que hay cosas ante las cuales no podemos encogernos de hombros.

Emocionada, Hermione le cogió la mano a Kolya y se la apretó. Él la miró, sorprendido, pero le sonrió.

-Por pensar así te habrás metido en muchos problemas.-le dijo ella, con un tono que rozaba casi el agradecimiento.

-Tengo la suerte de tener un amigo que me saca de ellos.-respondió Kolya, esbozando una sonrisa pícara.-Si no fuera por él, quién sabe si seguiría vivo. Mientras que vosotros aprendéis aquí Defensa contra las Artes Oscuras, allí aprendemos Artes Oscuras, y no sería muy agradable ser el blanco fácil de la escuela.-se rió.-Me habías preguntado por eso antes¿verdad?

Hermione asintió.

-Creo que no me gustaría demasiado ir a Durmstrang.-bromeó, echándose el pelo para atrás.

-Ya somos dos.-replicó alegremente Kolya- Sólo que yo en una semana tendré que volver, quiera o no. Tendremos, de hecho.-corrigió, mirando a Víktor.

Hermione se quedó en silencio. Hasta ese mismo momento, había estado tan ocupada disfrutando de sus momentos con Víktor que no había caído en que llegaría el día en que tendría que marcharse. Había estado allí casi todo un año; se había acostumbrado a verle, a que la esperara a la salida de clase, a que la acompañara a la biblioteca. Por supuesto, sabía que aquello no duraría eternamente. Pero la fecha de su retorno siempre la había visto muy lejana, borrosa; como algo que sólo le ocurre a otra gente.

-Una semana.-repitió, muy bajito, dejando que las palabras calaran lentamente. Se puso triste-Claro. No me había dado cuenta de que faltaba tan poco.

Kolya sonrió con dulzura al percibir su súbita melancolía. En el fondo de su corazón, se alegraba y envidiaba a partes iguales a Víktor, por la unión que había logrado con aquella chica tan especial. Él mismo estaba enamorado de su encantadora escocesa, Alexa, pero no habría puesto la mano en el fuego por la reciprocidad de sus sentimientos.

Eres un tío con suerte, pensó, mirando a Víktor.

De pronto, oyeron voces acercándose, y el taconeo de una mujer. Los dos intercambiaron una mirada rápida y se pusieron en pie, expectantes.

-Deben ser Sofya y Oskar.-aventuró Kolya.

Los padres de Víktor habían estado allí toda la tarde, velando a Víktor hasta que les relevaron Kolya y Hermione para que pudieran ir a comer algo. Cuando efectivamente entraron en la habitación, seguidos de Dumbledore, lo primero que hicieron fue agradecerle a Hermione que se hubiera quedado allí con él.

-A mi que me parta un rayo, como soy el amigo pesado y se supone que estaré aquí siempre, nadie me lo agradece.-comentó Kolya en tono burlón, después de traducirle a Hermione lo que decían los señores Krum.

Dumbledore se acercó a ellos.

-Señorita Granger.-saludó, y luego se volvió hacia Kolya.-Señor…ehh…

-Poliakoff.-respondió Kolya.

-Gracias.-dijo el anciano director, y acto seguido dijo, en un tono mucho más bajo- Señor Poliakoff, hemos encontrado ya a Igor Karkaroff. Le atrapamos justo en el momento en que intentaba huir.

Kolya no pareció inmutarse demasiado.Ya se esperaba lo esperaba. Hermione, en cambio, palideció.

-¿Huir¿Huir por qué?-inquirió.

Los ojos de Albus Dumbledore se impregnaron de una triste simpatía.

-Porque sigue siendo un mortífago. Fue él quien echó el nombre de Harry en el Cáliz de Fuego. Sin embargo, no se presentó a la llamada de Voldemort en el Laberinto.

Los ojos de Hermione se abrieron de par en par y se le desencajó la boca.

-¡Voldemort estaba en el laberinto!-exclamó-Entonces, Harry…

-Harry pudo huir-dijo Dumbledore, con pesar.-Pero me temo que Cedric no tuvo tanta suerte.

Kolya pestañeó.

-Creía que había sido cosa de Karkaroff.-murmuró.

Albus Dumbledore negó con la cabeza.

-Karkaroff sólo es responsable de la entrada del señor Potter en el torneo, pero no de la muerte de Cedric. De eso se encargó Voldemort. Y respecto al ataque a la señorita Delacour…nadie debe culpar al señor Krum. Actuaba bajo la maldición Imperio que le había echado el hijo de Barty Crouch. No dejen que nadie le recrimine nada. Excepto algunas magulladuras, la señorita Delacour se halla en perfecto estado.

Kolya apretó los dientes. Sintió una oleada creciente de rabia en su interior.

-¿Usaron un Imperio con Víktor¿Cómo pudieron hacerlo¡Se supone que éste era un lugar seguro!-exclamó, enfadado.

Hermione le puso una mano en el brazo, para tranquilizarle.

-Profesor¿cómo pudo llegar el hijo de Crouch hasta aquí?

Dumbledore la miró con tristeza.

-Mucho me temo, señorita Granger, que Hogwarts no es el lugar seguro que todos creíamos. Barty Crouch Jr había usado poción multijugos para adoptar la apariencia de…Alastor.

Hermione dejó escapar un resuello de sorpresa, y se llevó ambas manos a la boca.

-¡No puede ser!-agarró al profesor por el brazo, nerviosa- ¡Harry¡Harry está con…!!

-Tranquilícese, señorita Granger.-la interrumpió el viejo director, sabiendo de antemano lo que iba a decir.-Llegamos a tiempo, por fortuna. El señor Potter está bien, aunque necesitaría a sus amigos a su lado en estos momentos.

-Tengo que ir a verle.-asintió Hermione. Miró a Kolya.- Cuida de Víktor, por favor. Si se despierta, dile que vendré a verle mañana.

-Lo haré.-le aseguró Kolya.

Con eso, y tras musitar una breve despedida a Dumbledore y a los padres de Víktor, Hermione salió corriendo de la enfermería en dirección a la Torre Gryffindor. Sentía unas irreprimibles ganas de llorar por muchas cosas, pero sobre todo, quería llorar porque ya nada volvería a ser igual. Ni Hogwarts, ni Harry, ni Víktor, ni el mundo entero.

Ni ella.


¿Qué os ha parecido la historia de Kolya? Y su teoría sobre por qué en Durmstrang las cosas son más radicales que en el resto de Europa? Espero que os haya gustado verle serio por primera vez en todo el fic. Ya se sabe, la vida no es siempre una fiesta; Voldemort vuelve y Cedric muere, son malas noticias para nuestra pareja.

Pero hablemos de lo que importa¿Habéis visto ya Harry Potter y la Orden del Fénix¿Qué os ha parecido? A mi me ha gustado muchísimo, (¡Luna, te queremos!) y además, he visto pistas ahí de otra de mis parejas capitales: El Severus/Lily. Estoy inspirada estos días, así que en cuanto acabe esta historia, a lo mejor me pongo a escribir una sobre ellos :P .

Para cualquier cosa ya sabéis¡review!