Por fin y después de muchos intentos, capturé a la musa y se dispuso a inspirarme. Esta no se me va ya de mi lado, eso seguro. Gracias por ser comprensivos y esperar tanto, esperemos que el siguiente capitulo no tarde tanto como este, un beso a todos arigatou.


La nueva lucha (I)

La mañana poco a poco hacía su aparición en la pequeña ciudad de Nerima. Un chico, con su pelo naranja algo desordenado, se desperezaba lentamente buscando el pequeño y cálido cuerpo que esa noche había superado todas sus fantasías. Sobresaltado se giró, ella no se encontraba en la cama, por un momento pensó que todo había sido un sueño y que como siempre, el destino se reía en su cara. Pero de nuevo, su acelerado corazón volvió a la normalidad, al comprobar que no se encontraba en su casa y al oír como unos menudos pasos se acercaban a la habitación.

Entonces la vio, simplemente era bella, sus ojos llenos de estrellas; su boca, néctar de los dioses; su cuerpo….Toda ella era una mezcla de dulzura y pasión, de debilidad y fortaleza, la unión perfecta de todos los opuestos, su diosa, su amor…

Rukia observaba cómo el chico con una cara de tonto, no dejaba de mirarla sin ver en él ninguna intención de ayudarla en su pesada carga. Con dificultad, y manteniendo el equilibrio para que el café no se derramase, llegó a la cama…

-¡Eh¿acaso no piensas ayudarme?- dijo con tono algo ofendido.

El chico por primera vez, desde que entró, se fijaba en la bandeja que había traído ella. Cuál fue su sorpresa al comprobar que en la bandeja había un suculento desayuno para dos.

-Hombre, por fin has sido tu la que me trae el desayuno- dijo sonriendo- Ya era hora de verme recompensado, por todos esos meses que te lo subí a mi habitación.

-¿Qué querías que bajase yo? Tu padre entonces si que hubiese tenido motivos para pelear contigo- dijo ella dándole una "sutil" caricia en su hombro derecho.

Rukia se sentía feliz al verle allí tan relajado, desayunando tranquilamente a su lado, ya no era el muchacho que ella había conocido hace años, pero tampoco era el hombre con esa amargura en los ojos, que se le presentó el viernes. Incluso volvía a meterse con ella, como en aquella época, esa forma tan especial que tenían ellos de decirse que eran importantes el uno para el otro.

El chico miró su reloj de pulsera, el tiempo al lado de ella pasaba volando, pero ya eran más de las siete y media. Si quería llegar a tiempo a su trabajo tendría que darse prisa. Tenía que volver a su piso, arreglarse y salir hacia la oficina. Con pereza se fue levantando de la cama con media tostada aun en la boca.

-He de irme-dijo Ichigo con mala gana- tengo que estar en el trabajo antes de las nueve y media.

-Yo también tengo que comenzar a arreglarme si quiero estar pronto en la universidad- dijo ella con una sonrisa en los labios- Te veo entonces a eso de las cuatro en el almacén de Uruhara.

Ichigo se acercó a ella y se despidió con un dulce beso en los labios, se encaminaba hacia la puerta cuando desde el piso superior oyó como la voz de ella le gritaba burlonamente.

-Ichigo… prepárate para la paliza que pienso darte esta tarde- a lo que siguió una carcajada limpia

-Serás…- dijo el chico mientras cerraba la puerta tras él con una sonrisa de superioridad.

Ichigo llegó a su oficina pasada las nueve y cuarto de la mañana, después de que su secretaria le diese los recados y el trabajo del día, se sentó en su silla con un café cargado en mano. Si quería estar en el almacén de Uruhara a eso de las cuatro, tendría que darse mucha prisa para terminar con toda esa montaña de papeles que tenía sobre su mesa.

Pero sus labores nada más empezar se vieron interrumpidas por el sonido de la puerta al abrirse. Elevó la cabeza y allí estaba, Takedo, su amigo de la universidad y compañero de trabajo.

-¡Joder tío¿Se puede saber donde coño te has metido en todo el fin de semana?... Te he llamado tres veces a casa y otras tantas a tu móvil... Me diste plantón el sábado y habíamos quedado con Sakura y sus amigas.- Le recriminó su amigo con cara de mosqueo.

-Relájate Takedo, sólo he estado muy ocupado- le respondió el pelirrojo con esa cara boba que se le ponía sólo de pensar en sus ocupaciones.

-¿Quién es ella?- le pregunto Takedo con mirada pícara- Una de las amigas de Sakura…o no deja…no me digas que has vuelto con Inoue.

-No Takedo, qué cosas se te ocurren- le respondió.

-Espera…nunca te he visto esa cara de tonto con ninguna mujer, sólo cuando hablas de ella se te pone esa cara de gilipollas. Parece que el tiempo ha puesto todo en su lugar y te has olvidado de la marimacho esa que te dejó tirado- Dijo su amigo con una sonrisa de triunfo.

Ichigo se levantó de su silla, no permitiría que nadie insultase a SU marimacho, sólo él podría hacerlo. Así que después de un sonoro golpe, regalo del chico, a la cabeza de su amigo, le dijo que con quien había pasado ese fin de semana era Rukia.

Si pretendía terminar temprano con todo su trabajo, había sido una mala jugada contarle a Takedo, que ese fin de semana había estado con aquella mujer que durante años había anhelado hasta la desesperación. Así que a eso de las nueve y media comenzó un interrogatorio por parte de su amigo, que no terminó hasta que éste vio toda su curiosidad satisfecha, y eso en Takedo era casi imposible.

Después de más de dos horas de preguntas y con un dolor de cabeza de campeonato, Takedo se dio por satisfecho y dejó de torutar a Ichigo. Inmediatamente el chico se puso con todo el papeleo, tenía que hacer todo lo posible por terminar a tiempo, no podía llegar tarde a su primer entrenamiento o su "sensei" se enfadaría mucho con él.

Rukia llegaba sobre las diez a su departamento en la universidad, entró en su despacho, conectó el equipo de música y se puso a corregir todos los trabajos que tenía pendiente. Le gustaba esa temporada del curso porque no tenía que dar clases y podía relajarse algo más, sólo se dedicaba a corregir exámenes y trabajos y el tiempo que le quedaba libre se lo dedicaba a alguna de sus investigaciones. Aunque en estos momentos no tendría demasiado tiempo libre con el entrenamiento que le tenía preparado a Ichigo. Sonrió sólo de pensar en cómo había dado un cambio radical su vida en unos pocos días. Se sentía tan feliz que casi ni se lo creía.

Ichigo salió disparado a eso de las tres y media de la tarde de su despacho, tenía que darse prisa si quería llegar a Karakura a las cuatro. Después de sortear varios vehículos y estar a punto de ser multado por exceso de velocidad, el chico llegó con el corazón acelerado al almacén de Uruhara. Y allí en la puerta con su típico gorro y su indescriptible sonrisa se encontraba el dueño.

-Ohayou Kurosaki-san, hacía tiempo que no nos veíamos- saludo Uruhara con un golpe de su abanico en la cabeza del chico.

-Ohayou Uruhara-san¿qué tal todo por aquí?- saludó Ichigo

-Bien, bien…pero entremos Tesai nos tiene preparado una taza de té- invitó el rubio.

Al entrar Ichigo pudo comprobar que todo se encontraba igual a como lo recordaba, lo único que había cambiado es que los niños que siempre acompañaban a Uruhara ya no eran tan niños. Pero todo lo demás se encontraba exactamente igual. Miro el reloj, su morena aun no había hecho acto de presencia.

-Kuchiki-san nos llamó y me comentó que llegaría algo tarde, así que he pensado que podríamos ponernos ya con el entrenamiento- dijo Uruhara con una sonrisa pícara- ¿No piensas los mismo Yoruichi?- preguntó al aire.

-Pienso como tú Uruhara- dijo la mujer gato detrás de Ichigo, provocándole a éste un susto de muerte- Jajajajajaja- Rió ella- ¿Acaso pensabas que te librarías de mí?, Te perseguiré hasta en tus mejores sueños, convirtiéndolos en pesadillas.

Después de eso Ichigo sintió como era arrastrado, por las orejas, por una Yoruichi completamente feliz hasta el lugar de entrenamiento. Uruhara se encargó de desprender su alma de su cuerpo físico, y allí se encontraba de nuevo con Zangetsu en mano para recordar todo lo perdido por el camino, para volver a luchar como antes.

Fueron dos horas agotadoras, con Uruhara volvió a empuñar a Zangetsu y a moverse de nuevo como un shinigami, mientras que con Yoruichi practicaba su kidoh. Sentado en una de las piedras del recinto estaba, para coger aliento, cuando vio como Rukia en su forma de shinigami bajaba lentamente la escalera.

-Hola Kuchiki-san- saludó Uruhara.

-Yourichi-san, Uruhara-san- saludo ella- ¿cómo se ha portado el oxidado?

-¡Eh, que yo no estoy oxidado!- grito el chico.

-Por lo que veo aun te quedan fuerzas- dijo la chica con una picara sonrisa- A ver cuanto me aguantas a mí. Uuraha-san, Yoruichi-san será mejor que se alejen algo, no me gustaría que saliesen heridos.

-No hay problema Kuchiki- dijo Yoruichi mientras se alejaba junto con Uruhara.

-¿Empezamos o te dejo tiempo para que recuperes el aliento?- pregunto Rukia con una sonrisa traviesa.

-¿Acaso no sabes por propia experiencia que tengo mucho aguante?- dijo el chico levantándose- Por cierto… no me has saludado como es debido….así que después me cobraré con intereses mi beso.

-De acuerdo- sonrió ella

Rukia se encontraba de pie sus brazos extendidos a ambos lados de su cuerpo y con una actitud seria. Comenzaba a sentir esa magia que se encontraba en el lugar y se conectó con ella. Ahora tenía que explicarle al chico en qué consistía este entrenamiento, no era como los anteriores, no era nada parecido a lo que había hecho antes. Así que deseó que no saliese demasiado dolorido y que aprendiese rápido. Por desgracia tenían el tiempo en contra, su enemigo cada vez se hacía más fuerte.

-Ichigo- comenzó a decir la chica- este no es un entrenamiento normal y corriente, cuando luches a mi lado tendrás que soportar la presión de los canales energéticos y aun así luchar contra los hollows.

-Vale, eso no puede ser difícil- dijo él con superioridad- Ya he luchado con hollows antes, incluso con espadas, así que será coser y cantar para mí.

Bien si eso es lo que piensas- dijo ella con una sonrisa- veamos como luchas. Vas a soportar una presión igual a la que tendrías junto a un canal a ver si puedes esquivar las piedras que te mande. ¿Preparado?

-Adelante- dijo totalmente convencido

Rukia en esos momentos elevó sus manos, movió sus labios ligeramente y al bajarlos una presión en el ambiente hizo caer de un golpe al chico. Ichigo apenas podía respirar, esa cantidad de energía era mucho mayor que la de todos los capitanes juntos. Cuando poco a poco consiguió ponerse en pie, con muchísimo esfuerzo, comenzó a sentir como un viento devastador con el mismo poder energético lo echaba hacia atrás. Al levantar la vista para mirar a Rukia, ésta se encontraba tranquila mirando al chico, como si aquel poder descomunal no la afectase para nada.

-¡Levanta!- grito ella- No puedes luchar al lado de una gran cantidad de energía sino formas parte de ella.

-¿Qué?- preguntó Ichigo a punto de caerse de nuevo.

-Forma parte de la energía, forma parte de todo- dijo ella- ancla tus pies a la madre tierra para que así no puedas caer. Sé parte del viento para que te puedas mover en él.

Ichigo volvió a caerse, no entendía lo que Rukia pretendía decirle, él no creía en nada de esas cosas y mira que había visto de todo en esta vida. ¿Pero formar parte de la energía?..¿Cómo coño pretendía que hiciese eso? Vio como se acercó a su lado y le ayudó a levantarse.

-Siéntelo- le dijo mientras ponía una de sus manos en el vientre de él

Ichigo en medio de aquella presión sintió una energía cálida debajo de sus pies y una ligeramente fría alrededor de él.

-La energía cálida es la madre tierra, pídele permiso para anclarte a ella. La energía fría es el viento, permítele ser parte de ti- dijo ella en su oído

Sin saber cómo, Ichigo sintió como parte de su energía se internaba en la tierra sintiendo, que nunca podría caerse y que otra parte se mezclaba con el viento. Miró a Rukia y la vio sonriendo, sabía que había comprendido.

-Bien…ahora intenta esquivar- dijo ella y sin mover ni un solo músculo hizo que las piedras del lugar fuesen disparadas hacia el chico.

Ichigo sentía como podía moverse mejor que Yoruichi y que a la vez sólo sus pies eran los que tocaban el suelo. Iba esquivando todas las piedras que le lanzaba Rukia, pero en un momento dado, sintió como si toda su energía se terminase. Poco a poco sintió de nuevo esa presión en el pecho y cómo el viento volvía a derribarlo, ya no podía esquivar todas las piedras. Sus rodillas cayeron al suelo, pero antes de que otra parte de su cuerpo tocase la dura tierra, unos brazos cálidos le acogieron.

-Por hoy es suficiente- le dijo Rukia dulcemente- Creo que te has ganado un buen descanso.

-Yo también lo creo, pero antes… creo que la señorita me debe algo- dijo mientras sonreía pícaramente.

-Aquí tienes lo que te debía- dijo después de darle un tierno beso- Pero recuerda que mañana tienes que volver.

-Me da a mí que estaremos un tiempo a pan y agua- dijo mientras se reía de la cara de la morena.

Mientras esa conversación se deba Yoruichi y Uruhara observaban a la pareja, les alegraba que por fin se encontrasen juntos ya que así tendrían al menos una oportunidad para luchar, eso si, si Ichigo aprendía pronto a utilizar todo su poder.