Capítulo 26: No existe el fin.

- No Vegeta, no iré a ningún hospital a morir repleta de tubos, conectada a una máquina, drogada e inconsciente de las maravillas de este mundo y del amor de mis seres queridos... Tú tampoco lo querrías ¿verdad? – el silencio acordó una respuesta reñida porque lo que uno quiere para sí, no siempre es lo que desea para quien ama y el sacrificio era mucho.

Pero ambos sabían que había llegado la hora de despedirse. Y dos personas como Vegeta y Bulma no podían despedirse así, sin más, con un adiós insulso, con unas palabras dichas a un pitido tortuosamente repetitivo… tenían que hacer una última locura juntos.

- Llévame a ese lugar tan bonito. ¿Recuerdas? Cuando resucitaste me llevaste allí y, luego, cuando me dejaste embarazada por segunda vez, fue en aquel sitio.

- Está lloviendo, mujer, no seas loca…

- No creo que la lluvia pueda hacerme ya mucho daño - rió adolorida mientras sujetaba su pecho a la altura del corazón.

Vegeta tardó unos segundos en asimilarlo. Sus ojos estaban dilatados y sus manos frías como el hielo, como si cualquier atisbo de calidez se hubiera esfumado de su cuerpo. En cambio Bulma estaba tan caliente que parecía hervir de vida. Sabía lo que significaba eso, la vela que destella antes de apagarse, el rayo que deslumbra antes de ocultarse tras la montaña. ¡Maldita sea! ¿Por qué el tiempo había pasado tan rápido? Los años… los años habían pasado como la arena por entre sus dedos, se le había escapado la vida sin hacer muchas cosas que hubiera debido, sin decir mucho de lo que necesitó decir. En cambio Bulma había vivido plenamente, jamás guardando ningún pensamiento que no saliera de esa bocaza grande y hermosa que adoraba tanto como había odiado en tantas y tantas ocasiones.

- Vegeta, no irás a llorar ahora, gran Príncipe de los Saiyajins. Llévame allí…

Rozó sus propias mejillas con los dedos de las manos, esas manos brutas que fueron enseñadas a hacer daño, y que tocaban ahora el salado fruto del amor que habitaba en su alma. Ni siquiera se percató de que estaba llorando, por primera vez no lo consideró humillante, ni se avergonzó de hacerlo, aunque se sintió tan extraño… Con un gruñido visceral apartó sus auto lamentaciones y, levantándola como una pluma apenas, la estrechó contra su pecho, congeló su imagen un segundo eterno y partió volando a mucha velocidad entre jarros de agua que caían implacables.

Ni una gota la rozó siquiera. El campo de energía que había creado los protegía del agua. En la isla había cesado de llover y una agradable brisa marina señoreaba el lugar dotándolo con un encantador clima, cliente y electrizante al mismo tiempo. A lo lejos caían los rayos fundiéndose con el mar y las olas del temporal arrancaban lamentos a las rocas de un acantilado cercano.

Se acomodaron en la orilla de una gruta cuyas paredes expelían un brillo tenue y colorido en la oscuridad y por unos instantes ninguno de los dos dijo nada, perdiendo sus miradas en las luminiscentes y furiosas ramificaciones de energía que se fundían con el mar.

- Así somos tú y yo, Vegeta, así…

- ¿Cómo?

- Como los rayos de la tormenta que caen en el mar en temporal.

Vegeta sonrió. Ella era el mar, implacable cuando había que serlo, tranquilo como una balsa de aceite en otras ocasiones, hermoso como sus ojos azules. Y él era como los rayos, implacable, tormentoso y atormentado. Hiriente a todos salvo a las olas, atraído por el agua de ese mar maravilloso de una forma incomprensible, mágica, extraña…

- Lo hemos hecho bien…

- ¿A qué te refieres Bulma?

- Como padres…

Un nudo en la garganta ahogó un ligero hmp conformista.

- Tu sí… - reconoció mientras se iluminaban sus ojos con un rayo.

- Y tú también Vegeta, mira nuestros hijos, hicimos un gran trabajo.

- Tu sí… - repitió de nuevo - yo nunca fui…

- ¿Un humano? - Vegeta asintió levemente.

- Si hubiera querido pasar la vida al lado de un humano, no me hubiera enamorado de ti, Principe de los Saiyajins.

La miró extrañado y de nuevo las preguntas afloraron a sus labios sin palabras. Pero ella siempre comprendía. Bulma sabía siempre lo que pensaba, lo que quería, lo que necesitaba. "Oh, Bulma…" ¿Cuánta desesperación puede sentir alguien que ama la partida del ser amado?

- Siempre pensé que sería yo la que quedaría viuda y pasaría mis días aguardando el momento en que muriese para volver a verte… Siempre imaginé que morirías en alguna batalla, o que te marcharías de mi lado cuando fuese muy vieja, en cambio, has permanecido a mi lado aunque mi pelo perdió la voluminosidad de antaño. Aunque mis ojos están más apagados, y mi rostro muestra unas arrugas traicioneras que tanto berrinche me hicieron pasar. Tenemos apenas la misma edad y tú pareces mucho más joven.

Vegeta la miró de nuevo. Si no había cambiado tanto, si tenía una hermosa figura, y la miraba enamorado. ¿Alejarse de ella? ¿De verdad podría conocerle tan poco?

- Siempre hablas de más, mujer tonta - la encrespó algo irritado.

- Vegeta, ¿no irás a decirme que aún me encuentras hermosa? - rió un tanto.

- Mucho más que esas insulsas humanas que salen portadas de revistas superficiales…

- Oh, Vegh, ¡eso es tan lindo!

- Pero no te lo creas mucho, niñata engreída - rió él aguardando un codazo que no llegó.

- ¿Por qué confiaste en mi? - preguntó el príncipe repentinamente.

- Porque yo sabía que eras más de lo que aparentabas…

- Lo siento, perdona por todo lo que te hice sufrir en el pasado con mis dudas y… contradicciones interiores.

No era muy usual que Vegeta se disculpase, pero él sabía hacerlo con esa clase única, ese saber ser y estar de príncipe arrogante, de hombre reflexivo.

- Perdona tú por algunas travesuras mías - rió la peliazul quitando salsa al asunto.

- ¿Qué travesuras?

- ¿Recuerdas lo de aquella camisa rosa? Reconozco que fue una broma pesada hacerte ir a combatir con Freezer con aquella ropa, jajajaja.

- ¿Esa que parecía una variedad de flor? Bueno, estuve tentado de regalársela a Zarbón, lástima que ya estaba muerto - reconoció con una sonrisa un tanto sádica.

- Lo de las letras no estuvo bien.

- ¿Qué letras?

- ¿Qué? ¿Quieres decir que no sabes que te paseaste con "bad boy" por todo el campo de batalla?

- Mujer… - contuvo una vena de vergüenza en su frente - ¿por qué tienes que ser tan bruja a veces?

- Lo siento - ahogó sus palabras en risas incontroladas.

Vegeta la miró unos instantes sin saber bien cómo actuar y, después de un rato, solo pudo reir también. Comenzó con una risa de estas que trata uno de contener inútilmente y que va creciendo hasta estallar en un concierto inútil de doblegar con la razón.

- En realidad, Vegeta, yo solo quería salvarte y creo que lo conseguí.

- Salvarme… aún hoy me pregunto si merezco alguna clase de salvación. Tengo muchos pecados a las espaldas.

- Que pagaste, Vegeta, que pagaste.

- A veces pienso que no fue suficiente…

- Quizás por eso has de vivir más años que yo.

- Quizás… - enmudecieron unos instantes.

- Debes demostrar que eres digno de ir al paraíso. Te estaré esperando…

- ¿Incluso en la otra vida piensas esperarme?

- ¡Por supuesto! ¡No te librarás de mí tan fácilmente!

- No quiero librarme de ti…

- No sigas Vegeta, que me vas a hacer llorar. No estoy acostumbrada a que seas tan sincero reconociendo tus sentimientos.

- Nunca estás contenta, mujer, cuando no hablo quieres que lo haga y cuando hablo prefieres que me calle. ¿Alguna vez estarás contenta?

- Solo cuando me abrazas.

Vegeta percibió la debilidad en aquel hilo de voz calmado, la visión perdida en unas luces que no eran las de los rayos y supo que la hora estaba más cerca que nunca. Su corazón dolió tanto como si se lo arrancasen de cuajo y le clavaran mil puñales al rojo vivo. No quería que se marchase.

- Bulma… - susurró con desesperación.

- Al final te seducí, Vegeta.

- Si… lo hiciste…

- Te seducí y te conduje hacia el bien. Ahora quiero que me prometas que seguirás siendo un buen hombre. Quiero asegurarme de que nos veremos en el paraíso.

- Mujer… yo iré al paraíso de los guerreros y tú al de las almas…

- Déjame a mí… También en el paraíso de los guerreros necesitarán a alguien que construya máquinas para los entrenamientos. Tendremos que volver a encontrarnos, porque estamos predestinados a hacerlo, vida tras vida, muerte tras muerte. ¿No te das cuenta? Tengo la sensación de que llevamos amándonos millones de años desde que el Universo existe, desde que surgió el amor y dos seres se miraron a los ojos. Tú y yo siempre hemos sido uno…

- Perdona, tienes razón. Perdona Bulma, te prometo que estarás orgullosa de mí. Te prometo que volveremos a encontrarnos, que cuidaré de nuestros hijos y nuestros nietos hasta que llegue mi hora. Goku tenía razón, ya no somos saiyajins, somos humanos con orgullo saiyajin, y con fuerza de guerreros legendarios. Pero humanos de corazón y de adopción, porque nos dejamos seducir por cuanto de bueno tiene serlo. Pude haber sido el emperador del Universo, pude haber esclavizado a cientos de planetas, incluido la tierra, y me hubieran temido y respetado. Me hubieran adorado como a un Dios, pero hubiera perdido… Porque nada material puede valer más que un alma. Y tú me hiciste averiguar lo que eso significa gracias a tu amor. Gracias…

La miró un segundo y su respiración se congeló, todo pareció detenerse en un instante. Después el cielo estalló en lágrimas incontenibles. Un trueno sacó a Vegeta de su discurso final, un discurso que llegó tarde. Las manos frías, el semblante pálido. Bulma no estaba en esta vida, se había apagado como una vela entre sus brazos sin haber escuchado quizás las declaraciones más impactantes que vegeta había pronunciado en toda su vida.

- ¡Bulmaaaaaaaaaaaaaaaaaa! - gritó desgarrado y llorando mientras le empapaba un torrente de agua y la abrazaba inerte y desvalida - No, ¡NOOOOOOOOO! - gritó mucho rato mientras un concierto de truenos y rayos encubrían sus dolorosos lamentos con ensordecedores sonidos. La acunaba, la mecía entre sus brazos mientras dejaba que las lágrimas se vertiesen antes de volver y dar la noticia a sus seres queridos. Entonces no lloraría más, permanecería serio, estoico, inmutable. Y muchos pensarían que no le importaba Bulma, que no la amaba porque no la lloraba, porque no mostraba su dolor al mundo, porque estaría apartado de todos durante su entierro, porque iría a rezarle a solas, lejos de las miradas incautas. Pesarían que era frío, que era malo, porque la dejó morir a la intemperie y no enganchada a una máquina de un hospital, porque no la besaba en público, porque no querría elegir un ataúd o encargarse de preparativos para ningún entierra, pero las apariencias engañan… Solo Bulma supo como él era, sólo ella pudo salvarle.

- Hasta la vista, mi hermoso ángel de cabellos azules… - susurró en su oído antes de partir hacia el ojo del temporal. A casa, a casa… para amarla eternamente…

Y muchos años después, Vegeta atravesó el camino hacia la otra vida. Dejó un legado a sus nietos y nietas, fue un guerrero noble, luchó con valentía, la bondad acompañó sus pasos y una promesa…

Y cuando llegó al cielo de los guerreros, allí estaba ella, eternamente bella, tan joven como cuando se conocieron, tan perfectamente bruja, y tan curiosamente angelical. Su Bulma, la mujer que amaba, el ángel de cabellos azules que le salvó.

¿FIN?

Agradecimientos a todas las que han seguido esta historia, que han sido muchas. Con mucho cariño, dedicado especialmente a cuantas de vosotras habéis dejado reviews de ánimos o de elogio hacia mi pequeña afición de escribir. Un fuerte abrazo para vosotras por acompañarme en este viaje. Aprovecho la ocasión para recordaros que "La muerte de Vegeta" también la tengo escrita y que podéis consultarla entre el listado de fics que tengo publicados en Fanfiction. Gracias.