La sonrisa y el espejo

...por Fargok

Summary: Y a pesar del dolor de cabeza, Harry sintió una sonrisa ligera formarse en sus labios mientras, sentado en el aula de transformaciones, oyendo sin escuchar a la profesora, recordaba el incidente. HPxDM. Slash.

Disclaimer: Ya todo el mundo sabe que Harry Potter no me pertenece a mí, joder.

Notas: Ah, felicidad. Cuando empecé este fic apenas y habíamos terminado la orden del fenix. Así que hay una especie de ruptura temporal, un poquito de clichés del fandom (sobre todo en el personaje de Draco) y diversión asegurada. Y arcoíris muy gay =D.

Advertencia: Este capítulo feliz está un poco subido de tono. La palabra clave es hormonas. Slash y todo eso, ¿de verdad tengo que repetirlo?

IX – Fusión de Marte y Venus

Harry se levantó a la media noche como llevaba haciéndolo desde hace algunos días. Tomo su varita y murmuro lumus muy quedito para que nadie lo notara. Ron roncaba ruidosamente y sus demás compañeros mostraban un sueño profundo. Sigilosamente se levantó y se cambió los pantalones de pijama por unos jeans que sacó de su baúl. Se puso una playera negra y desdobló la capa invisible que estaba colocada hasta arriba del baúl, ya que llevaba unos días ocupándola. Se guardó en el bolsillo el mapa del merodeador y salió de la habitación.

Con cuidado bajo las escaleras y se asustó un poco al encontrarse a Hermione durmiendo frente a la chimenea con un libro en las piernas. Se sonrió. No tiene remedio, pensó, y salió por el agujero en la pared y a través del retrato de la dama gorda. Sacó el mapa y lo desdobló.

—Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. —murmuró sonriendo. Examinó el mapa buscando una manchita etiquetada con el fino nombre de D. Malfoy que se movía de un lado a otro en la sala común de Slytherin, para después salir y caminar presurosamente hacia la sala de trofeos. Harry sonrió y se cubrió con la capa invisible.

Caminó por el castillo sin ver realmente hacia donde iba. Pasó junto a la oficina del director y se topó con un espejo de cuerpo entero que ya había visto antes. Se descubrió la cabeza y miró su reflejo, era curioso ver su cabeza flotando. Se pasó la mano por el cabello en un intento obviamente fallido de peinarse y sonrió narcisistamente. De repente, un sonido lo sobresaltó; se cubrió con la capa y espero sin moverse. Tal vez era la gata que lo había visto y ahora iba a avisarle a Flitch. Sigilosa pero apresuradamente se puso en camino para su cita.

Llegó en pocos minutos a la sala de trofeos; junto a una ventana estaba su eterno rival, mirando el cielo con actitud pensativa; ese era día de luna llena y la luz plateada que bañaba al rubio lo hacía verse aun más pálido y más hermoso. Harry se mordió el labio inferior, sintiendo como su corazón latía fuertemente, como cada vez que lo miraba. Aún con la capa caminó hasta el Slytherin y abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpido.

—Otra vez tarde, Potter —dijo fríamente Draco—. Es un defecto común de los Gryffindor, ¿no?

—Ya te dije que me llames Harry —se quitó la capa, dejando que Draco lo viera—. Además, sólo fueron unos minutos.

Draco sonrió, levantó sus brazos y rodeó el cuello de Harry, acariciando los revueltos cabellos de su nuca. Hizo una leve presión para atraer al moreno hacia su cara y beso sus labios suave y dulcemente. Harry rodeó a su dragón con los brazos y respondió al beso, estuvieron así durante unos segundos hasta que Harry se separó lentamente y beso el cuello de Draco. Lo beso muchas veces y disfrutó de sentir el aliento del rubio tan cerca de él. Draco quitó su mano derecha del cuello de Harry y tomó su mano. Se separó lentamente de este y le miró profundamente a los ojos. Beso su mano y describió elegantemente un caminó de besos desde su mano, por su brazo y hacia su cuello, hasta llegar una vez más a sus anhelados labios. Los besó ahora con más pasión que antes llegando incluso a morder el labio del otro, abrazándolo fuertemente como si tuviera miedo de que alguien llegara y se lo arrebatara. El león respondió con fiereza los besos de su amante y acarició su espalda.

De repente Draco hizo algo que el otro muchacho no se esperaba: acarició el pecho y el abdomen de Harry con el dedo índice y, al llegar a la cintura, metió su mano por debajo de la playera del moreno y acarició su abdomen con la mano. Harry se estremeció al frío contacto de la mano de su amante pero no se incomodó. La mano de Draco describía círculos en la piel de su pecho mientras Harry acariciaba la espalda del otro; después de unos segundos así, Harry hizo algo todavía más atrevido: bajo por la espalda del rubio y, aun sobre la ropa, acarició más abajo, allí donde estaba prohibido para casi todos excepto para las sillas y para la mano del amante. Draco sintió su corazón latir con más fuerza y el rubor subir por sus mejillas. Apoyó la barbilla en el hombro de Harry y le susurró al oído.

—Eres un atrevido.

Harry rió, hizo presión con su mano pellizcando levemente y la respuesta fue un pellizco a una de sus tetillas por parte del rubio. Harry dio un ligero gemido de placer. Draco besó sus labios de nuevo. Harry continuó acariciando donde tenía la mano, y con la otra empezó a desabotonar la camisa del Slytherin.

Muy pronto los dos estaban con los torsos desnudos, acariciando con sus manos los brazos, el pecho, el abdomen y la espalda del otro. Besando sus cuellos, sus nucas y sus labios. Justo en el momento en que la mano de Draco se abalanzaba sobre el botón del pantalón de Harry, una voz los hizo dar un salto.

—No quiero ser aguafiestas —dijo—, pero me parece que la sala de los trofeos no es un lugar apropiado para lo que pretenden hacer. Además, se supone que no deben estar por los pasillos a estas horas.

Era el director, Albus Dumbledore, quien los observaba divertido. Harry tomó la capa invisible y se cubrió, dejando su cabeza flotando en el aire. Draco, completamente ruborizado, tomó un extremo de la capa y se cubrió también. El director soltó una ligera carcajada y ambos muchachos sintieron ganas de cubrirse las caras, rojas por la vergüenza, con la capa. Pero no lo hicieron.

Al siguiente instante, los dos muchachos, nuevamente con toda su ropa encima, seguían al director con pasos largos y rápidos hasta su oficina.

Azúcar confitada —fue lo que dijo para abrir la puerta y entrar.

El profesor Dumbledore se hizo a un lado para permitirle la entrada a sus alumnos, Harry pasó seguido por Draco, pero el anciano tomo del brazo al Slytherin y le dijo calmadamente:

—Espera aquí afuera un momento, ¿sí? Tengo algunas palabras que intercambiar con tu amigo —y guiñó el ojo al decir esta palabra, haciendo que Draco se ruborizara.

Entró a la oficina y cerró la puerta, indicó a Harry que se sentara en una silla que voló hasta quedar frente al escritorio del director. Las pinturas de los anteriores directores dormitaban plácidamente cuando Dumbledore se sentó en su silla y miró a su pupilo a través de los anteojos.

—¿Por qué no dejó pasar a Dra… a Malfoy? —preguntó Harry.

—Porque quisiera interrogarlos por separado, Harry —el profesor sonrió—. Dime, ¿te gustaría saber que tipo de poción les hice beber? —Harry recordó que Hermione no le había podido aclarar nada sobre Fusión de Marte y Venus.

—¿Es un filtro amoroso? —preguntó.

—Oh, no. Para nada. Es una maravillosa mezcla de dos pociones distintas que yo mismo desarrollé cuando estudiaba… eso fue hace… hace… hace una barbaridad de años, ciertamente —el director cerró los ojos, como intentando transportarse al pasado—. No eran grandes pociones… las inventaron unos amigos míos, unos genios, pero cuando eso pasó éramos aún unos estudiantes y nos faltaba mucha experiencia; no fue hasta mucho tiempo después que yo hice madurar las fórmulas y que las combiné… La primera poción la llamamos Flecha de Marte y se tenía que preparar parado de manos en el día en que Marte estuviera más brillante, antes no era un gran reto para mi pero ahora mis huesos ya no aguantan…
'Flecha de Marte estaba hecha a base de un filtro amoroso, pero no era uno; como sabes, Marte es el dios romano de la guerra, pues bien, el efecto de esta poción era el de contrariar los sentimientos que llevan a la guerra… así, el desprecio se convierte en aprecio y el odio más profundo pasa a ser un amor exquisito…

—¿Y si amas a alguien acabarás odiándolo? —preguntó Harry.

—Por supuesto que no —sentenció severamente Dumbledore—. Si amas a alguien la poción no tiene efecto alguno.

—¿Eso significa que me enamoré de Draco porque lo odiaba? —preguntó Harry; Dumbledore rió. Harry se dio cuenta que acaba de decir que amaba a Draco y se ruborizó.

—No, Harry… no odiabas al señor Malfoy. El odio —dijo el profesor—... el odio es un sentimiento muy difícil de alcanzar… te lo digo en verdad. Tal vez has experimentado odio por Lord Voldemort, pero no creo que hayas, en tu vida, odiado a alguien más…

—Pero ahora no amo a Voldemort… —dijo Harry. Dumbledore rió de nuevo.

—Eso te lo explicaré más adelante, Harry. Entonces, a ti realmente te caía mal Malfoy y lo que hizo la poción fue que te simpatizara, sólo eso. El señor Malfoy debió de haberte conquistado con sus encantos… —Harry se ruborizó y el director se volvió a reír— Y la otra poción se llamaba Flecha de Venus.
'Venus es la diosa romana del amor; esta poción no era para nada un filtro amoroso, pero estaba íntimamente ligada a los sentimientos, pero más aún a las sensaciones. Esta es la poción que yo les hice creer que les daba; el efecto es el de hacerles sentir lo que otros sienten, como ya les había dicho antes.
'La mezcla de estas dos pociones tiene como ingrediente adicional jugo de limón, para darle sabor. Pero al reaccionar los ingredientes de ambas fórmulas se obtiene un efecto inesperado que yo no había previsto cuando decidí juntarlas, hace tanto tiempo: Fusión de Marte y Venus sólo tiene efecto sobre dos personas que la toman al mismo tiempo. Es por eso que no todas las personas que te caen mal te simpatizaron, sino sólo el señor Malfoy… y es por eso que no te enamoraste de Voldemort —Dumbledore sonrió.

—Entonces… ¿la poción hizo que yo sintiera lo que Draco sintiera y, además, hizo que él me cayera bien? —preguntó Harry.

—Así es… en realidad la poción tiene poco que ver con tu enamoramiento… eso fue cosa de ustedes dos…

—Pero entonces… ¿por qué sentí simpatía por el profesor Snape? Si se supone que la única persona por la que cambiarían mis sentimientos sería Draco…

—Pero ¿qué es lo que Draco siente por Snape? Simpatía: tú sentiste lo que Draco sintió en ese momento, eso fue cosa del otro efecto de la poción.

Harry salió de la oficina, después entró Draco y habló con el director. Harry lo esperó en el pasillo durante un tiempo, pensando en lo que había sucedido en esos días. Se preguntó si Draco lo odiaría antes y por eso se había enamorado de él ahora. Esa idea le causó tristeza. Se sentó en el piso, apoyando su espalda en la pared, cerró los ojos y trató de revivir en su mente las caricias que él le había dado ese mismo día, hacía una hora…

—Draco… —dijo Harry en un suspiro.

—¿Mande? —le respondió Draco. Harry se sobresaltó y abrió los ojos. Allí estaba su amado mirándolo con las dos perlas grises que tenía por ojos.

—Hola… —atinó a decir Harry, levemente atontado por la vista. Draco le sonrió con una sonrisa entre divertida y cínica.

—Hola mi amor… cuánto tiempo —dijo sarcásticamente.

El director Dumbledore salió de la oficina.

—¿Podrían hacerme el favor de entrar los dos? Hay algo más que quisiera decirles.

Los dos entraron, el director tras ellos. Con un movimiento de varita, hizo aparecer un gran sofá en el centro del despacho. Con otro movimiento, todas las pinturas de los anteriores directores del colegio se desprendieron de la pared; la mayoría siguió durmiendo, pero algunos despertaron y protestaron levemente. Draco miró a Harry tratando de que este le explicara las razones de tan extraño comportamiento del director, pero Harry tan sólo alzó los hombros. Finalmente, Dumbledore llamó a su Fénix con un silbidito.

—Creo que así tendrán privacidad… en el cajón de la derecha de mi escritorio está lo que necesitan. Ahora, si me permiten, me voy a mi dormitorio. Y por favor, pasen la noche aquí, en mi oficina. Y perdonen la interrupción de hace rato —les guiñó un ojo y salió seguido de todos los retratos y con el Fénix en el hombro.

Se quedaron solos y en silencio un momento.

—Bien Potter… ¿me vas a explicar qué pasó? —preguntó Draco, poniéndose en jarras y mirando a Harry interrogantemente. Harry no contestó, caminó hacia el cajón indicado por su profesor, lo abrió y se ruborizó como nunca antes— ¿Qué pasa? —Draco se acercó y vio lo que había en el cajón: un paquete de preservativos— ¿esto qué es?

—Es… —Harry se sintió un poco avergonzado— es… son preservativos… —Draco le informó con la cara que no sabía a que se refería— sirven para evitar que las mujeres queden embarazadas y que se transmitan enfermedades a la hora de… tú sabes, de…

—No voy a usar un artefacto muggle para el sexo, Potter —Harry se ruborizó aún más—. Además… —Draco se acercó a su amante por la espalda, colocando su boca muy cerca de su oído, haciéndole sentir su aliento y susurró— no creo que quedemos embarazados y yo no estoy enfermo… y tú tampoco… ¿verdad? Creo que no serán necesarios los preservadores, o cómo se llamen.

—No… creo que no —Harry recordó las dudas que lo asaltaban en el pasillo—. Oye, Draco… ¿tú me odiabas?

—No… de hecho, siempre me gustaste mucho… —Draco posó su mano sobre el lugar más prohibido de Harry haciéndolo crecer, Harry sintió como su corazón latía con más fuerza y como su respiración se aceleraba— ¿Qué tal si empezamos? —dijo Draco besándolo en la oreja— León…

FIN.

Tengo un millón de excusas, pero no se las diré, no tiene caso. Quiero pedirles una enorme disculpa. Yo me había propuesto como propósito de año nuevo del 2006 terminar el fic antes del 2007… y ya casi se acaba el mundo en el 2012. Ja, me pateo a mí mismo.

Bien… este capítulo lo escribí justamente después del primero, para tener un final ya hecho y animarme a terminarlo. Es decir, que mientras el capítulo anterior (el 8) lo escribí en el 2011, este lo escribí hace más o menos cinco años. Wow. Decidí no cambiarlo más que en detalles ínfimos, pero espero que tenga suficiente cohesión los demás. A ustedes corresponde juzgarlo.

Después de 5 años las cosas han cambiado. La saga de Harry Potter se terminó y la pareja HP/DM dejó de gustarme tanto. Yo también he cambiado. Maduré, tuve novio y me di cuenta, cuando volví a leer esto, que todo era una chaqueta mental propia del adolescente que era en ese entonces. Sin embargo, me gustó mucho lo que leí (y confieso que algunos detalles ya los había olvidado) y, modestia aparte, me sorprendí un poco de mis aptitudes literarias a tan corta edad (jo, jo, jo).

Quiero dedicarle este último capítulo a mi hermana que, hasta hoy en día, nunca ha dejado de joderme con que termine este maldito fanfiction. Voilà !

Muchas gracias a todos por leerme.

PS: Algunas personas me pidieron Lemon. Aviso que esto es lo más lemon que yo podría escribir... lo sé, es muy light, pero lo lamento, eso de ser demasiado explícito no es lo mío.

PS2: Niños, no tomen esto como promoción del sexo inseguro. Sin globitos no hay fiesta.