Hola, hola. ¿Qué tal? Como ya habéis podido deducir al verme subir este fict, no tengo aún listo el nuevo capítulo de Por amor al arte, lo intenté y por eso lo pospuse para después del fin de semana, peor ni aún así... Y encima llevo tratando de subir el fict desde las 6 de la tarde. ¡Lo conseguí, al fin!

Pero vamos, que para la semana que viene estará fijo, entre tanto, os subo el final de este fict para que así estéis entretenidas/os.

Disfrutadlo, y no olvidéis que los RR están respondidos en otro RR, ni tampoco os olvidéis de dejarme uno al terminar...

Ah, si, antes de que se me olvide: estar atentos/as a los saltos temporales, porque hay uno un tanto extraño que os puede despistar...

Ahora sí que os dejo con la historia...

Manual de la buena domadora de fieras 5.

La música amansa a las fieras.

- ¡Estoy hasta las narices de vuestros noviecitos! –clamó Rita la mañana del último día de los EXTASIS.

Una Rita muy fuera de lo normal: aquella última semana, los Merodeadores la habían boicoteado de todas las formas posibles, transformado total o parcialmente en los más diversos animales (en aquel momento lucía patas de elefante) y habían destruido sus archivos más secretos, los que le aseguraban un futuro radiante merced al chantaje. Sobra decir, que fue eso último lo que más le dolió...

Os preguntaréis cómo es posible que Anabell y yo le habláramos después de lo que nos hizo. Pues, esta claro, somos Hufflepuff: perdonamos y olvidamos. Al menos, en el caso de Anabell. En el mío, tenía claro que mi relación con Rita no volvería a ser igual, aunque procuraba evitar que la convivencia fuera insoportable.

- Querrás decir vuestros noviecitos. Al contrario que el resto de las presentes, yo no me he liado con ningún merodeador –hice constar.

Terminé de guardar mis cosas en una bolsa. Tenía planeado ir a probar una idea loca con Fluffy antes de ir a mi último examen, el de Historia del Arte Mágico (Otra asignatura que debía haber dejado. En serio, tengo que aprender a decir "no".)

- ¿Aún no te has liado con Black? Pero si lo tienes a huevo...

- Creo que me confundes con Rosalyn, "El amor de su vida" –pestañeé exageradamente, como habría hecho la Gryffindor de estar en mi lugar.

- ¡Tú estás tonta! –exclamaron a coro mis compañeras de cuarto.

- Salta a la vista que Sirius está enamorado de ti –protestó Anabell apasionadamente.

- No suelo dar la razón a Anabell, pero en este caso la tiene. ¿Por qué crees que te puteé a ti y no a Roberts? –Rita lo soltó como si debiera estarle agradecida.

- Supongo... ¿No quieres saber a qué me refería cuando dije que las dos habíais estado con merodeadores? –pregunte con inocencia, a punto de abrir la puerta.

- Pues la verdad es que sí, yo jamás me liaría con uno de esos... –Rita se paró a buscar el insulto más adecuado, el más cruel y peor– hombres –concluyo al fin.

- ¿Recuerdas tu cita perfecta¿El hombre del que casi estabas enamorada? –Rita asintió con un suspiro embelesado–. Pues resulta que Pettigrew mejora mucho después de tomar una poción multijugos.

Llevaba bajados dos escalones cuando el grito de asco de Rita resonó por toda la torre, sonándome a música celestial.

- ¿Es Rita la que ha gritado? –Toller me saludó de esta forma al llegar a la sala común. Tras ver que había bastante gente, me quedé más tranquila. Por si acaso, decidí no moverme de allí hasta asegurarme de que no me seguía–. ¿Qué le pasa?

- Ni idea –me encogí de hombros–. ¿Querías algo, Toller?

- Sí. –mi ex se revolvió el pelo y suspiró antes de proseguir–. Quería disculparme por mi comportamiento estos últimos meses. La verdad es que me he portado como un cerdo y creo que es lo menos que puedo hacer. De verdad que lo siento, pero llevo muy mal el rechazo y me enloquecí por el tuyo.

- Lo he notado –repliqué gélidamente–. No creo que puedas arreglarlo con unas disculpas.

- Lo sé. Pero también sé que era lo menos que te debía –explicó Toller con una mirada apesadumbrada–. Sé que he perdido cualquier oportunidad de tenerte, aunque sea como amiga... es lo que más me duele. Black es afortunado.

- ¿Qué tiene que ver Si... Black en esto?

- Bueno, es tu nuevo chico y... Me jode admitirlo, pero hacéis muy buena pareja –Toller estaba totalmente perplejo, más aún cuando me eché a reír–. ¿Qué es tan gracioso?

- Nada. Es sólo que me confundes con Rosalyn Roberts –expliqué–. Ella es la nueva chica de Sirius. O pronto lo será...

- ¿Tú estás tonta? –¡Y dale con esa pregunta!–. Para empezar, a Black le gustas tú. Para seguir, aunque no fueras tú, Black jamás volvería con Rosalyn. No después de lo que pasó cuando salían juntos.

- ¿Qué pasó cuando salían juntos? –pregunté con curiosidad.

- Rosalyn le fue infiel... conmigo –tardé unos segundos en asimilar que si Toller se había liado con Rosalyn cuando ella estaba con Sirius, era la época en la que salía conmigo–. Otra de las putadas que te hice. Lo siento, soy un gilipollas –sí, pero admitirlo es el primer paso.

- La verdad es que ya sospechaba que había otra persona. Pensaba que era Rita –mi confesión hizo que Toller se riera.

- Rita no es mi tipo. Tal vez el de Pettigrew... –esta vez fui yo la que me reí. Toller no sabía cuánta razón tenía–. El caso es que Black puede perdonar muchas cosas, pero la infidelidad o la deslealtad, no. No confía en ella, por eso no creo que vuelva con Rosalyn. Espero haberte ayudado algo, es lo menos...

- La verdad es que sí –sonreí–. Tengo que irme.

- ¿A dónde? El examen no es hasta dentro de tres horas y... –observó la pesada bolsa–. Vas muy cargada.

- Es algo que tengo que hacer por Fluffy... Y en cuanto a lo de ir cargada –saqué la varita e hice levitar la bolsa–. Arreglado. Pero no se te ocurra seguirme o haré que Fluffy te devore.

- Descuida. Mis tiempos de acosador hijo de puta ya han pasado. Además, que tu novio me tenía machacado –vaya, la verdad es que me gustaría saber a qué se debía ese cambio de actitud.

De camino al cobertizo de Fluffy lo descubrí: resulta que Myrtle la Llorona le estaba acosando a él. Vaya con la fantasma pervertida, yo pensaba que tenía mejor gusto.

&·&·&

- Está bien, Fluffy. Vamos a probar algo nuevo. Es decir, si dejas de babearlo –Fluffy, bueno, una de sus cabezas, se alejó del tocadiscos que había estado arreglando aquellos días con ayuda de un compañero de casa–. ¿Qué te apetece escuchar?

El cachorro me dedicó tres pares de miradas cargadas de extrañeza.

- Probemos con Bruce. Mi Bruce… –Fluffy ladró de una manera que a mí me pareció jocosa. Seguro que había hablado con Sirius sobre el tema.

En cuanto puse la música, Fluffy gruñó al aparato de música como si fuera un enemigo.

- Tampoco es para ponerse así, ni que te hubiera puesto a Robbie Williams –rebusqué entre mis cintas–. ¿Qué tal Celine Dion?

Al poner la cinta de la canadiense, Fluffy corrió al extremo opuesto del cobertizo y trató de taparse los oídos, cosa bastante difícil para alguien con seis orejas y sólo dos patas delanteras.

- Va a ser que no –saqué la cinta y probé con otra cosa.

Después de una hora, tenía confeccionada una lista sobre los efectos que los diferentes tipos de música provocaban en Fluffy.

La clásica o instrumental le hacía dormir como un angelito. (De hecho, le dejé dormido)

Las baladas le daban repelús y se ponía a aullar.

Mi querido Bruce le cabreaba, aunque sigo sin entender el porqué.

Hice dos copias de la lista, una para Hagrid y otra para McGonagall, y fui a entregársela.

El problema de dársela a Hagrid es que terminó invitándome a desayunar con él… Lo que me hizo perder una cantidad inmensa de tiempo e ir pillada a darle la lista a McGonagall.

- ¿Pero qué hace usted aquí todavía¡En quince minutos tiene un examen¡Ya han empezado a nombrar por orden alfabético para que entren a clase! –me riñó la severa Jefa de Gryffindor.

- Es que quería entregarle esto –me arrancó el pergamino de las manos, literalmente.

- Y ahora corra, vamos –me empujó hacia el Gran Comedor, el lugar donde se realizaba el examen. Iba andando deprisa, con eso de que no se puede correr por los pasillos...–. ¿Pero qué hace? .¿Va de paseo? .¡CORRA!

Visto el tono con lo el que bramó, decidí que lo mejor era obedecer. Si Filch me pillaba, ya le tenía domado y si no... Oye, eran órdenes de McGonagall.

Estaba casi en el Gran Comedor, cuando topé con un pequeño atasco provocado por Rosalyn y otras dos Gryffindor, cuyo nombre no me paré a recordar, que no tenían mejor sitio para detenerse a hablar que en medio de un pasillo.

- ¿Y ha engañado a Jimmy Potter con él? Con lo bueno que es Jimmy –traté de esquivarlas por la derecha, pero ellas se pusieron en medio otra vez. Joder, parecía que lo estaban haciendo a posta.

- Sí. Es una vergüenza –se indignó Rosalyn, tapándome el sitio libre de la izquierda–. No esperaba esto de Lily, primero lo del aborto y luego engaña a Jimmy, casi un adulterio. Lily no es tan buena chica como pensaba.

- ¡Os queréis apartar! –grité histérica después de haber intentado pasarlas por todos los ángulos habidos, por haber y que no había.

- ¡Qué grosera! –me parece que dijeron algo sobre Hufflepuff impacientes y maleducadas, pero estaba tan ocupada corriendo que no me paré a escuchar.

¡Y menos mal que no lo hice! Ya que llegué a las puertas del Gran Comedor a tiempo para decir "Yo" cuando uno de los examinadores pronunció mi nombre. Al pasar junto a él, me dio el pergamino en el que debería contestar las preguntas del examen.

Una vez dentro, un examinador me condujo hasta mi asiento y me recordó que no podía desenrollar ninguno de los dos pergaminos hasta que todo el mundo estuviera sentado. En caso contrario, me suspenderían.

En mi mesa estaba el pergamino con mis preguntas (El que no podía desenrollar o me suspenderían). Apenas le eché una mirada mientras me sentaba y el chico de delante columpiaba su silla y se apoyaba en el borde de mi pupitre.

- Casi no llegas. ¿Eh? –James subió y bajo las cejas muy deprisa–. ¿Dónde estabas?. ¿Y con quién? Contesta primero a lo segundo.

- Con Fluffy –repliqué mientras me abanicaba con las manos, tratando de terminar con el sofoco de la carrera–. ¿Y tú qué tal?

- Bien. ¿Por?

- Por algo que he oído por ahí –el Gryffindor alzó las cejas, alentándome a seguir–. O anoche triunfaste con Lily o estás a punto de ir a Azkaban por asesinar al que estuvo anoche con ella.

- No creas todo lo que oigas.

- Esto sí me lo creo: tienes una sonrisa que no te cabe en la cara –mi comentario logró lo imposible: la sonrisa se ensanchó aún más.

- Sólo estuvimos estudiando.

- ¿Estudiando? Ya me dirás cómo. Yo estudié y hoy no estoy tan sonriente.

- Igual lo estabas si hubieras estudiado con la persona adecuada –al decir "la persona adecuada" ladeó la cabeza, apuntando hacia varias mesas por delante donde estaban sentados Black y Lily–. O si al menos no hubieras pasado la última semana evitándole.

- Yo no lo he evitado.

- ¿No?. ¿Y cómo llamas a irte de un sitio cuando él llegaba? No sé en tu casa, pero en la mía eso es "evitar".

- Los Gryffindor sois drásticos hasta para las definiciones.

- Si a llamar a las cosas por su nombre le llamas ser drástico, supongo que tienes razón. –James se encogió de hombros-. Está bien. Desmuéstrame que me equivoco. Después de este examen nos vamos de picnic al lago. Lily, Clio, nosotros cuatro y Anabell. Ven con nosotros.

- No sé...

- ¿Sí o no? –no me digas eso, que el "no" me suena tan negativo.

- Bueno, venga. – James sonrió.

- Me encantáis las Hufflepuff... Ojalá Lily hubiera sido de esa casa, me habría dicho que sí mucho antes.

- Si te hubiera dicho que sí mucho antes, hace tiempo que te habría dejado de gustar.

- Seguramente tengas razón.

- Señores y Señoritas, el examen va a empezar... –anunció el examinador.

- Suerte –nos deseamos James y yo a la vez. El moreno me guiñó un ojo antes de volverse hacia su pupitre.

&·&·&

- El último examen de nuestra vida –exclamó Pettigrew cuando ya había terminado la prueba y estábamos comiendo junto al lago.

- ¿No tienes que superar todavía el examen de aparición? –le recordó Remus. Pettigrew se desinfló como un globo al que se le ha pinchado con un alfiler. Metafóricamente hablando, porque físicamente siguió tan inflado como antes.

- ¡El penúltimo examen de mi vida! –exclamó el pequeñajo, animándose de nuevo.

- ¿Cuántas veces te has presentado? –quiso saber Anabell.

- Siete –contestaron los otros merodeadores.

- Vaya, hasta yo lo saqué a la cuarta –lo que Anabell no dijo es que se lo sacó porque se puso a llorar y al examinador le dio pena. Y, sinceramente, es porque quiero mucho a Anabell que prefería que no se lo hubieran dado. Es un peligro, sobre todo para sí misma.

- Es genial que al fin hayas dejado a Jimmy, no te pegaba nada –al comentárselo a Lily, ella se me quedó mirando con extrañeza, lo que me hizo sospechar–. ¿Le has dejado, no?

- Lily... –insistió James al ver que la pelirroja no contestaba.

- Sabía que se me olvidaba hacer algo –musitó al final la prefecta.

- ¿Se te ha olvidado dejar a tu novio? –se sorprendió Remus.

- ¿Y qué? Tú te has olvidado de al menos setenta reuniones de prefectos –le echó en cara Lily.

- Pero no de dejar a mi novia –Remus se llevó la mano al mentón y se quedó pensativo–. Creo... Igual debería ir a preguntarle, por salir de dudas.

- Estaba yo pensando... No sé si he roto con Snape –vaya, por lo visto la moda era no cortar con tu pareja antes de empezar a salir con otro/a. Igual fue por eso que Black nunca me comentó que seguía colgado de Rosalyn.

- Yo creo que cortaste con Snape –le recordó Remus a Anabell.

- Más bien fue Snape el que cortó contigo, Anabell –intervino Sirius–. Sus palabras más o menos exactas fueron: "no quiero saber nada más de ti en mi vida".

- Sí que lo dijo... –Anabell suspiró y se dejó caer en el mantel, a mi lado–. Fue bastante grosero, la verdad...

- Rita acababa de informarle con su estilo "sutil" de que tú estabas viéndote con otro, que además, está en su lista de enemigos –señalé yo–. ¿Cómo querías que se lo tomara?

- Pero eso no es excusa para no realizar una ruptura civilizada. Paul Wilson dice que nunca hay que perder la compostura ni la educación, independientemente de las circunstancias. Y... –Anabell se quedó callada a media frase, mirando al infinito.

- Me parece, Lily, que vas a tener oportunidad de cortar con Jimmy ahora mismo. –anunció Remus al ver lo que había dejado sin palabras a su chica.

- Pues a mí me parece que Jimmy no viene a cortar, sino a matar a James –apuntó Sirius, frunciendo levemente la frente al ver venir muy cabreado al primo de su amigo.

- Tenía que venir a estropear el día –gruñó James mientras se levantaba y seleccionaba su mejor sonrisa.

- ¿Pero cómo se habrá enterado tan rápido? Yo no lo esperaba hasta que llegáramos a King's Cross. –Lily también se levantó y susurró esto para sí misma. Me dieron ganas de decir que lo más seguro es que Rosalyn le hubiera ido con el cuento, pero opté por estar calladita. Luego se volvió hacia James y con tono firme, le advirtió–. James, por favor, déjame a mí...

- No creo que quiera hablar contigo...

- Ya verás que sí –James se encogió de hombros en plan "va a ser que no, pero no voy a discutir contigo, ya que reservo mis fuerzas para otro", mientras Lily se encaraba con su ex en potencia.

- Jimmy. ¿Cómo tú por aquí? –preguntó la prefecta con tono casual.

- ¡TÚ! –pero su novio, o casi ex novio, la ignoró totalmente y fue directo a agarrar de la solapa a James–. ¡SERÁS CABRÓN!

- Me parece que me estás confundiendo contigo –replicó el aludido tranquilamente.

- ¿Una patata frita? –Lily pasó por delante de la cara de su casi ex novio un plato lleno de chucherías de Hogsmeade que Jimmy apartó sin mirar.

- Yo que tú no la trataba así –le advirtió James con tal tono que cualquier diría que no era él al que tenían agarrado del cuello.

- Como yo trate a MI novia no es asunto tuyo –gruñó Jimmy.

- Mira, de eso precisamente quería yo hablarte –volvió a intervenir Lily–. Es que verás, yo creo que lo nuestro no funciona. ¿En qué me baso? Pues en que si estuviera funcionando, tú no te estarías tirando a media facultad y yo no me sentiría cada vez más atraída por James. Así que creo que es mejor que lo dejemos.

- ¿Cómo que dejarlo?. ¿Me estás dejando? –Jimmy soltó a James y centró su atención en Lily.

- No. Es una ruptura de mutuo acuerdo. ¿No lo ves? –pues por la cara que estaba poniendo Jimmy, de acuerdo nada. Y de mutuo, menos.

- ¿Me estás dejando porque te sientes atraída por este? –Jimmy señaló a James.

- ¿Y qué tendría eso de raro? –el aludido se cruzó de brazos y miró a su primo, molesto.

- Pues que sé de buena tinta, que anoche os acostasteis, con lo que la cosa va de infidelidad y no de simple atracción.

- Jimmy, no seas paranoico, anoche estuvimos estudiando –aseguró Lily. Aunque para estar tan segura, su voz temblaba un poco–. No sé quién te dijo que la cosa fue a mayores, pero te aseguro que se equivoca...

- ¡No me equivoco! –joder, si es que sabía que era Rosalyn la que le había ido con el cuento al novio de la prefecta. La futura Señora Black llegó en ese momento, varita en mano–. Lancé un hechizo para buscar fluidos en tu cama después de que te fueras al examen y dio positivo –los ojos verdes de la pelirroja se clavaron en su amiga con pinta de no creerse lo que acababa de oír–. Además, he revisado tu basura y he encontrado un condón usado.

Con lo de la basura, todos alucinamos. Es que ni siquiera Rita, en sus buenos tiempos, había llegado al extremo de hurgar en la basura de los demás.

(Excepto aquella vez, buscando pruebas de magia negra en casa de los Malfoy. ¡Pero eran los Malfoy!)

Vaya con la Rosalyn. Realmente, Sirius Black sabía elegir.

- ¿Pero cómo puedes ser tan asquerosa¿Te has pasado la semana criticando a Rita Skeeter y tú eres tan rastrera como ella o más?

- No estamos hablando de ella, sino de ti, Lily –interrumpió Jimmy–. Y tu comportamiento sí que es reprochable. Engañarme a mí, con lo buen novio que soy.

Ante el último comentario de Jimmy, a más de uno se nos escapó la carcajada irónica.

- ¿Buen novio? .¿Tú? –claro que Lily no le vio la gracia al asunto–. ¡No me hagas reír!. ¿Desde cuándo es un buen novio aquel que se va de orgía mientras su novia está en el hospital recuperándose de un aborto accidental?

- Necesitaba relajarme de la tensión acumulada.

- ¿Eso te parece una excusa normal?

- Sí –replicó Jimmy, ligeramente extrañado de que su novia no lo viera así–. Verás, Lily, los hombres tenemos ciertas necesidades y una buena novia, debería estar dispuesta a entenderlo, aceptarlo y no emularlo.

- Se acabó –James decidió que esa frase era la gota que colmaba el vaso y preparó el puño para estampárselo en la cama a su primo (lejano).

Sin embargo, se encontró con que Lily le detuvo el brazo, haciendo que James la mirara totalmente alucinado. Por su parte, Jimmy mostró una sonrisa de superioridad que se vio truncada cuando el puño de la pelirroja se le estampó en plena nariz.

James soltó una carcajada antes de abrazar a Lily, tratando de que se calmara y dejara de soltar barbaridades, por muy merecidas que fueran, a su ex novio.

Si os soy sincera, yo la verdad es que eso en vivo y en directo no lo vi: si lo sé es porque Anabell me lo contó con pelos y señales.

La razón por la que me perdí este momento histórico fue porque Rosalyn, una vez expulsada del centro de la discusión, fue a colgarse del brazo de su querido Sirius. Y claro, me entró así como una cosa... Vamos, que se me revolvió el estómago.

Así que, sin decir nada a nadie, me largué.

A vomitar.

O a llorar.

O a dar patadas contra una pared hasta romperme los dedos de los pies.

O las tres cosas simultánea o consecutivamente.

Dado lo entretenido que estaba el show, no esperaba que nadie reparase en mi ausencia, por eso cuando alguien me agarró de la muñeca obligándome a voltear, mi primera impresión fue pensar que Toller volvía a las andadas y traté de sacudirle una patada.

- Tranquila, soy yo –si Sirius Black pensaba que yo me calmaría con eso, iba bueno. Esta vez traté de golpearle con la otra pierna–. ¡Eh! .¡Cálmate!

- Estoy calmada –le mostré una sonrisa serena–. ¿Me devuelves la muñeca? –él me soltó la muñeca con una mirada desconfiada.

- ¿Estás bien?

- Claro. ¿Por qué no iba a estarlo?

- Pues, a ver, déjame que piense... –Black fingió meditarlo, aunque con una actitud bastante irónica–. No sé, puede que te lo pregunte porque has intentado golpearme, o porque te has ido con cara de pocos amigos, o tal vez te lo pregunte porque llevas una semana evitándome.

- Yo no te evito.

- Tienes razón, evitarme, no me evitas. Más bien te limitas a no mirarme a los ojos y creo que es la primera vez en una semana que hablamos más de dos palabras seguidas que no tengan que ver con el tiempo, con saludos o con tengo que irme a estudiar.

- Puede que haya estado algo esquiva estos días, sería por los EXTASIS... –me encogí de hombros.

- ¿Y ahora? –Sirius alzó una ceja.

Ahora... Tengo que empezar a hacer la maleta –joder, que excusa más patética, Margot.

- Margot, para inventar esa excusa tan patética mejor me dices la verdad. Terminaremos antes... ¿Se puede saber qué te pasa conmigo?

- Pues mira, te lo voy a decir para que me vayas dejando en paz –tomé aire y lo solté todo de golpe–: Me parece muy bien que hayas decidido volver con Rosalyn, bueno, la verdad es que no me parece bien porque es una verdadera zorra que te engañó miserablemente cuando salíais juntos, pero es tu vida y yo no tengo derecho a inmiscuirme. A lo que sí tengo derecho, y no pienso renunciar a él, es a asquearme de verte con ella y retirarme para no vomitar y... –me interrumpió una de sus carcajadas. ¿Una? Se estaba riendo de lo lindo–. ¿Qué es tan gracioso?

- Tú –replicó con todo descaro–. ¿De dónde has sacado que yo estoy con Rosalyn?

- De ella. Le dijo a Lily que pronto volveríais.

- Ya. ¿Y tú crees que yo saldría con alguien que le acaba de hacer semejante putada a James? –la verdad es que no parecía encajar mucho con su personalidad.

- He visto cómo ella te cogía del brazo...

- Si te hubieras quedado unos segundos más, habrías visto cómo rechazaba su brazo –le miré unos segundos, tratando de intuir si me mentía o no, pero no sabía si me estaba diciendo la verdad o si yo quería tanto que fuera verdad que veía que me estaba diciendo la verdad.

- Que lío. ¿No?

- Margot, reina mía –de repente, me encontré con sus manos en mi cintura y atrayéndome hacia él–. ¿Qué tengo que hacer para que te des cuenta que estoy enamorado de ti?

- ¿Eh? –atiné a decir.

- ¡Hablo en serio! Porque de verdad que no tengo la menor idea de cómo actuar contigo. Si alabo tu cuerpo, me tachas de baboso salido, si me porto en plan caballero, crees que me gusta otra, si le pego a un puñetazo a tu ex, resulta que soy un primario...

- Yo nunca dije que fueras primario –maticé, haciendo uso de mi recuperada facultad del habla.

- Eso es lo de menos... ¿Sabes lo frustrante que es esto para mí? Eres la chica por la que más he esperado y tengo la impresión de que por eso de tanto esperarte terminarás reconciliándote con Toller, casándote con él y teniendo siete hijos, tres perros, un gato y una casa en Palma de Mallorca.

- ¿Pero qué dices? Yo jamás me casaría con Toller.

- Por favor, Margot, que sé que esta mañana has estado hablando con él. Muy amiguitos los dos...

- Se ha disculpado por su comportamiento de los últimos meses. Nada más. ¿Si no puedo confiar en él, cómo voy a ser su amiga?. ¿Y si no puedo ser su amiga, cómo voy a plantearme siquiera el volver a salir con él? Así que dile a tu espía de Hufflepuff que se informe mejor...

- No sé de qué espía me hablas... ¿De verdad que no estás con Toller o planteándote volver con él?

- De verdad –confirmé con una sonrisa–. ¿De verdad que no estás con Roberts o planteándote volver con ella?

- De verdad que no. A ver¿qué puedo hacer para que lo entiendas?

- No lo sé... Tú eres el experto en mujeres –le recordé mientras apoyaba mis brazos en sus hombros. Más que nada, porque la postura en la que me tenía era la única que no me hacía sentir que me sobraban apéndices. ¿No os pasa que a veces os sobran partes del cuerpo?

- No creas, que tú me tienes totalmente desconcertado... Aunque... –me miró con una media sonrisa canina, muy similar a la que habría puesto Fluffy de servirle un filete del tamaño de Hagrid–. Veamos qué tal con esto...

Y me besó.

¡Y fue alucinante!

No me habían besado así desde...

Frederic Flyers. Bajo el muérdago. En las navidades de 1658.

Vamos, en una de mis vidas pasadas.

- ¿Ya lo has entendido? – susurró con voz insinuante al separar sus labios de los míos.

- Yo sí... –fue entonces cuando vi a Rosalyn acercándose a nosotros con pinta de haber visto nuestro beso–, pero ella no.

- Maldita sea –gruñó Sirius al girarse al verla. Luego se encogió de hombros y se volteó hacia ella, sin soltar su brazo de mi cintura–. Habrá que explicárselo.

- Supongo –aunque a mí no me parecía muy buena idea. Ya os he dicho que a mí las Gryffindor en plan celoso homicida me inspiran mucho respeto.

Para que no se me notaran los nervios, enlacé mi mano con la que él tenía apoyada en mi cintura, así no se notaba tanto cómo me temblaba... Sirius me guiñó un ojo y yo me tranquilicé un poco.

Hasta que la vi de cerca. Y es que me jode mucho admitirlo, pero Rosalyn es, y siempre será, mucho más guapa que yo. No es sólo las proporciones, es que además es altísima: con tacón bajo, le saca media cabeza a Sirius, que no es precisamente bajo.

Por el contrario, yo soy muy bajita. Si le llego a Sirius a los hombros es porque llevo tacones de cinco centímetros. En resumen, que me sentía como Gulliver en el país de los gigantes.

- ¿Se puede saber que hacías con esta... Hufflepuff?

- Besarla –la aclaración logró que la castaña echara fuego por los ojos–. Si tienes dudas, yo lo repito para que lo veas mejor.

- Eso ya lo sé, pero ¿por qué estás besando a otra chica cuando tú y yo estamos a punto de volver¡Sirius, por Merlín¿qué has hecho?.! –exclamó antes de ponerse a soltar gritos de tristeza tan auténticos como una moneda de tres libras.

- ¿Y quién dice que estamos a punto de volver? –Sirius no se dejó impresionar mucho por esos falsos sollozos. De hecho, parecía esperar la jugada–. Rosalyn, deja de lloriquear, que ya sabes que no lo soporto.

- ¡Y ya tenía medio encargado el vestido de boda! Sirius, de verdad... ¿Cómo puedes hacerme esto? –la Gryffindor pareció no haber escuchado a su ex.

- ¡ROSALYN! –rugió Sirius haciendo que me sobresaltara.

- ¿Se puede saber al menos por quién me dejas? –Rosalyn cesó de sollozar bruscamente y me dedicó una mirada bastante poco cortés.

- ¿No os conocéis? –no me gustó nada ese tono. ¿No sería capaz de presentarnos?–. Pues nada, yo os presento... –retiro lo dicho, sí que era capaz–: Rosalyn Roberts, ella es Margot Queens. Reina mía, ella es Rosalyn Roberts. Me sorprende que no os conozcáis cuando compartisteis un hombre hace no mucho. Si es que se puede llamar hombre a Toller...

Al oír de quién había sido novia, Rosalyn palideció durante unos segundos antes de ponerse roja como un tomate. Vaya, al menos algo de vergüenza sí que tenía.

¿Y yo qué?. ¿Le tiendo la mano para saludar o no se la tiendo?

- Sí, algo me suena –balbució Rosalyn antes de forzar una sonrisa–. En fin, Sirius, que tú te lo pierdes... Ya buscaré algún incauto que me arregle la vida casándose conmigo.

- Y de paso destrozar la suya. ¿No? –este comentario mereció una mirada apenada de la Gryffindor.

- Ay, pobre. Creo que te has pasado con él último comentario –al volverse hacia el castillo, me pareció ver un lagrimón resbalando por la cara de mi ex rival.

- ¿Pobre? –repitió él con ironía–. ¿Has olvidado que se acostaba con TU novio mientras salíais juntos?

- Pero siempre sospeché que había otra persona. Después de todo, siempre creí que se imaginaba que estaba con otra cuando estábamos juntos y me consuela saber que al menos no era Rita –al apartar la mirada de Rosalyn y clavarla en Sirius, recordé que estaba hablando con un Gryffindor. Un celoso Gryffindor al que es mejor no comentarle nada de parejas anteriores. Y menos, si dicha pareja anterior se beneficiaba a tu novia–. ¿Tanto te importa que Toller se acostara con ella? –¿pero cómo pude preguntar eso?

- Pues no, lo que me importa es que se acostara contigo –repuso sin enfadarse, como pensaba que haría, y volviéndome a atraer hacia él hasta acariciar mi nariz con la suya. ¡La nariz, no!. ¡Que apenas tiene zonas erógenas!–. ¿Qué quieres hacer?

- ¿Ya estás pensando en eso? –rodé los ojos con impaciencia. Dos minutos y ya quería que nos acostáramos.

- Ey, que yo no estaba pensando en nada... Es más, para que no digas, volvemos al picnic y punto.

- Vale –¡Hay que joderse! O no. Por desgracia.

Me pareció que según regresábamos con nuestros amigos, Sirius me miraba de reojo con una sonrisa irónica.

- ¡Al fin! –exclamó Remus cuando nos vio regresar cogidos de la cintura–. Ya te estaba costando, Paddy. Pensaba que habías perdido el toque...

- De perder nada... Esto me ha puesto en forma –replicó Sirius con un guiño, sentándonos y tomando una patata frita.

- Lo dices como si estuvieras de cacería –Lily, que tenía la mano con la que golpeó a su ex en una cubitera llena de hielo, le dedicó al moreno una mirada de censura–. Ay –gimió cuando James le cogió la mano tratando de aliviar la hinchazón de sus nudillos.

- Deja a Sirius tranquilo, anda. Y la próxima vez, dejas que le pegue yo... –el moreno tomó la mano de la pelirroja y se la llevó a la boca para besarla de forma provocativa–. No quiero que vuelvas a destrozarte algo tan precioso...

El beso que estaban apunto de darse fue interrumpido por Remus, que les lanzó una patata frita.

- Iros a un motel –aconsejó el licántropo cuando le miraron en busca de una explicación.

- ¡Un momento! –el grito de Peter hizo que nos volviéramos a mirarle–. ¿A Sirius le gustaba Margot?

- ¿Ahora te enteras? –bufó el aludido mientras Remus le sacudía una colleja.

- Ays. Vamos, que estoy de candelabro por partida triple –Pettigrew se frotaba la zona golpeada.

- No tiene porque ser así... –Cleo, la amiga de Lily, que hasta ese momento se había mantenido en un silencioso segundo plano, se acercó a Pettigrew de forma insinuante. No, si estaba claro que Rita tendría sus defectos, pero en lo de adivinar quién le gusta a quién, no falla nunca.

- Esto... –el merodeador más bajito se puso a sudar como si estuviera en la sauna antes de decir–. Tengo que irme –y salir corriendo.

- Te acompaño –Cleo no se dejó desanimar por la reacción del muchacho y salió corriendo tras él.

- Hay una cosa que no entiendo... –empezó Anabell como si nada hubiera pasado.

- Yo tampoco sé cómo le puede gustar tanto Peter... –dijo Lily, bastante asustada por la reacción de su amiga.

- Oh, no. Lo que no entiendo es por qué estos tres cursaron Historia del Arte Mágico si quieren estudiar para aurores –Anabell se refería a una conversación sobre planes futuros que habíamos tenido antes, en la que Remus, James y Sirius nos dijeron que aspiraban a entrar en la academia de aurores.

- Para ver mujeres desnudas –replicamos Lily y yo a la vez, con cierto tono irónico.

- Ey, no –protestaron también a la vez Sirius y James.

- Por favor, no lo neguéis, que el día que pusieron el cuadro de la Venus del espejo de Velázquez, los tres babeabais descaradamente –apuntó Lily.

- Y tú, cuando sacaron al David de Miguel Ángel y yo no presupongo nada... –se defendió James–. Para que lo sepáis las dos, lo hicimos por cultura general.

- ¿Vale? –preguntaron los dos a la vez.

- Vale –Pero por la mirada que cruzamos Lily yo, ella estaba tan poco convencida como yo.

&·&·&

- ¿Te ha dejado ya Black? –esa fue la pregunta con la que Rita me despertó durante todas las mañanas de mi última semana en Hogwarts.

De hecho, ahora que estamos fuera de la escuela me sigue mandando lechuzas todos los días a primera hora con esa misma pregunta.

En el fondo, no puedo culparla, yo misma me sorprendo de lo mucho que estamos durando y de lo genial que nos va.

Sobre todo porque, entre nosotros/as lectores/as, me asustaba mucho eso de estar con unos de los mitos sexuales de la escuela, ya sabéis, temor a no estar a la altura de las circunstancias...

Pero entre su entrenamiento sexual y que yo al excitarme levito, estaba claro que el tema de la altura era el que menos debía preocuparme.

Ay, lo siento... Ahora es cuando yo os tendría que contar con pelos y señales... Ya sabéis. Vamos, que seguro que queréis detalles, pero a mí me da palo hablar con vosotras/os de mis relaciones sexuales con mi futuro marido...

Sí, leísteis bien, pero aún así lo repito porque me encanta lo bien que suena: mi futuro marido. Me lo pidió la semana pasada, con este anillo...

Yo la verdad es que de joyas no entiendo mucho, pero Rita sí (me ocupé personalmente de que se enterara de la noticia antes que mis padres y además, para que se jodiera más todavía, con foto del anillo incluida). Pues bien, ella me dijo que es oro blanco de 23 quilates, con un diamante birmano con forma de estrella y adornado con brillantes en talla "gota de rocío".

Cuando se recuperó de la impresión de saber que la cosa iba realmente en serio...

Como entenderéis, no la he invitado a la boda, lo que la alentará a tratar de colarse. Pero está controlado, he puesto dispositivos antiinsectos por todo el lugar de la ceremonia, por si trata de infiltrarse en forma de escarabajo...

Y luego están mis padres, que no llevan muy bien eso de que su hija se case con poco más de veinte años. La verdad es que mis padres son raros, la mayoría dirían: "uno menos, sólo falta el pequeño" y ellos oponiéndose... Sobre todo mi madre, que ha resultado ser inmune a los encantos de Sirius.

- Es que a las mujeres de tu familia cuesta pillarles el tranquillo –suele decirme cuando volvemos de su casa.

Cosa que es cierta, porque mi hermano y mi padre, se llevan genial con él. Como todos son fanáticos de las motos...

Anabell sí que irá, con su marido, un alto cargo del Ministerio con el que se casó el mes pasado. Al final, lo suyo con Remus no llegó a buen puerto, aunque gracias a su perpetuo optimismo, ella ya le ha encontrado el lado positivo al asunto: su marido se deja llevar de un lado a otro con uno de los esbeltos dedos de mi pelirroja amiga y ella y Remus aún son amigos.

En cuanto a la pareja de oro, van a ser padres. Sí, Lily está embarazada y se niega a subir o bajar escaleras y a casarse, así que al pobre James le ha tocado lanzar un hechizo para que su casa se reduzca en una planta sin aumentar de tamaño y usar toda su persuasión para hacer cambiar de idea a su pelirroja favorita.

En realidad, no es más que un remake de sus intentos de lograr una cita con ella.

- ¡Si no lo haces por ti, piensa en nuestro hijo! –suele exclamar airado el moreno cuando ve que no va a ganar la discusión.

- En él pienso: será un bastardo precioso –concluye ella sin inmutarse demasiado.

Pero todo esto en realidad no viene al caso, lo que estoy haciendo es volver a irme por las ramas, así que habrá que hablar de sexo...

Bueno, vale. Os cuento un poco de una vez (pero un poco) y ya... Se acabó la clase.

¿Y qué os cuento yo, para que os quedéis contentas/os?

Ah, vale. Ya sé.

La primera vez que estuvimos juntos, fue una tarde en Hogwarts, en mi habitación. Sirius se presentó allí diciendo... No recuerdo muy bien que dijo o si llegó a darme alguna excusa convincente para estar allí, porque me pillo en ropa interior y como que él desconectó y yo me fui a tapar detrás de mi fiel amiga la cortina...

- ¿Se puede saber qué haces aquí? –le pregunté a gritos una vez que me sentí a salvo.

En vez de contestarme, se sentó en mi cama y, con la vista en el suelo, empezó a farfullar algo que sonaba a: "esta chica me va a volver loco".

Y la verdad es que pinta de loco sí que tenía. Lo bastante como para que yo, preocupada, me olvidara de mi situación de minus vestida, abandonara mi refugio tras las cortinas y posara mi mano en su frente.

- No pareces tener fiebre...

- No me estarás tomando la temperatura en el lugar adecuado, porque te aseguro que estoy ardiendo –la voz de Sirius sonó extrañamente ronca, justo antes de agarrarme por la cintura y derribarme sobre la cama.

- ¡Idiota! –le regañé, sin levantarme.

- Sí –ni siquiera intentó rebatirme. Se tumbó de lado con la cabeza apoyada en su brazo izquierdo y devorándome con la mirada.

- Genial, te has vuelto a impactar por los efectos visuales y ya no hay manera de que reacciones –medio bromeé, recordando la frase que soltó la primera noche que estuvo en mi habitación–. ¿Sabes? No creo que esto sea muy justo...

- ¿El qué?

- Que tu me hayas visto dos veces así... –subrayé mi situación con una de mis manos. – Y que yo aún no haya tenido el gusto de verte así...

- Tres veces –corrigió tranquilamente–. Te olvidas del baño de los prefectos.

- ¿Y a ti eso te parece justo?

- No. Deberías hacer algo al respecto –alzó las cejas en uno de sus gestos tan lascivos que no me quedó más remedio que golpearle en el pecho para borrárselo–. Ay...

- Te lo mereces, no sé por qué te aguanto...

- Porque estoy buenísimo.

- Eso habrá que verlo –le besé.

Creo que era la primera vez en mi vida que tomaba la iniciativa. Pero con Sirius, bueno, él hacía, y sigue haciendo, que todo resulte muy fácil...

La verdad es que esperaba que en cualquier momento él diera la vuelta a la situación, haciendo que mi espalda volviera a quedar contra la colcha, en lugar de dejarse hacer como un dócil...

Iba a decir cachorrito, pero pensar en esa palabra me recuerda a Fluffy, lo que me baja la libido.

Vale, ya me centro. ¿Dónde estaba? Ah, ya, encima de Sirius, con mi mano bajo su camiseta y mi lengua en su boca... ¿A que os da envidia?

A medida que mi mano subía, le iba dejando más piel al descubierto, hasta que Sirius se incorporó, quedando de nuevo sentado conmigo encima, y extendió los brazos para sacarse la camiseta. Apenas me dio tiempo a darle un fugaz vistazo, cuando ya estaba besándome, otra vez y estrechándome con todas sus fuerzas...

- Vale, que me ahogas –jadeé, logrando separarme un poco de él–. Que me beses vale, pero no me apretujes a la vez...

- Mira dónde estás... –al bajar la vista, me encontré levitando a dos centímetros de las piernas de Sirius–. Si te suelto, a estas alturas te habrías estampado la cabeza contra el techo –me dedicó su clásica sonrisa lasciva–, ya me había comentado el bueno de Fellows que te pasaba esto cuando te excitabas...

- Idiota –traté de golpearle, pero no es que tuviera mucho espacio para maniobrar.

- Sólo me falta averiguar dónde tienes la famosa rosa amarilla... –me dio un vistazo de arriba abajo, como buscando el tatuaje-, en fin, al menos ya sé que está en un lugar en el que aún tienes ropa... Y ahora es más fácil de deducir...

- Estás poniendo en grave peligro tu permanencia en esta cama... –le advertí, logrando que se pusiera serio.

Aproximó su cara a la mía, me rozó los labios y la nariz... Cerré los ojos, disfrutando de su cercanía...

- Última oportunidad: podemos vestirnos e irnos a Hogsmeade con los demás o quedarnos aquí...

- ¿Lo estás preguntando en serio?

Me bastó con mirarle a los ojos grises, para ver que era así: nunca los había visto tan serios, tan... concentrados.

- Claro que nos quedamos –decidí, mordisqueando con suavidad su hombro izquierdo.

Sentí su mano en mi nuca, devolviendo mis labios a los suyos...

&·&·&

Cuando terminamos lloré, pero no de pena o de que fuera una experiencia patética, sino porque cuando algo me gusta de verdad, termino emocionándome hasta las lágrimas...

Claro que Sirius no conocía esa rareza mía y cuando se dio cuenta que estaba llorando... Bueno, os lo podéis imaginar...

- ¿Ha sido por algo que hice? Joder¡qué desastre!

- Tranquilo –sorbí por la nariz y le besé en la barbilla, suavemente–, es que cuando algo me gusta mucho me terminó emocionando, y cuando me emociono, lloro. ¿No te lo dijeron los que te ayudaron a hacer mi ficha? No, claro, ellos no podían saberlo...

- ¿Va en serio o es la típica treta Hufflepuff para no herir los sentimientos de alguien? –la mirada que me dedicó estaba cargada de desconfianza.

- Sabes perfectamente, que miento fatal, que enseguida se me nota...

- Entonces es verdad. Je, je. Soy monstruo –y se estiró en mi cama, con esa expresión complacida que siempre me incita a darle un guantazo para quitársela–. Ay.

- Te lo mereces... Si lo sé no te digo nada para que te esfuerces más la próxima vez, que seguro que ahora te me apalancas –le saqué la lengua y le di la espalda.

A los pocos segundos, noté su pecho contra mi espalda y su brazo acariciando mi rosa tatuada en el pubis. A todos les encanta mi rosa amarilla porque su tacto es tan suave y aterciopelado como los pétalos de una rosa de verdad, sólo que sin espinas. Lo malo es que en invierno se deshoja y se queda un poco fea...

- Je, je. Qué maja eres. Otra me hubiera echado en cara mi… Bueno, ya sabes…

- Sí, claro, para que te traumatices y no rindas... Llevo siete años compartiendo cuarto con Anabell, escuchando los sabios consejos de Paul Wilson sobre el tema...

- ¿El Wilson ese da consejos sobre el tema? –le sorprendió tanto que dejó de besarme los hombros.

- No pares... –supliqué con tal tono de pena que él volvió con sus atenciones–. No es que dé consejos, es que ha escrito un libro de mil trescientas páginas sobre el tema... Anabell se lo tuvo que comprar, porque...

- ¿Snape? –de nuevo soltó una de sus carcajadas satisfechas que corté con un codazo que quedó en simple amago cuando Sirius me agarró el brazo y empezó a lamerme los codos.

Mm. La verdad es que nunca me lo habían hecho... Era muy sexy...

- Consuela saber que no soy él único, porque alguien me dijo una vez que no era tan común y no le pasaba a todos los hombres, pero si se ha escrito un libro de mil trescientas páginas, es que le pasa a bastante gente...

- Primero... –no sé como logré hablar cuando me faltaba el aire... ¡Y sólo me estaba lamiendo los codos! Está claro que para hacerme confesar no se necesita Verisaterum-. Primero, Anabell lo compró para su hermano, en ese aspecto es de lo único que no tiene queja de Snape. Segundo, si te dije eso era porque me buscaste. Y mucho... Es que no sé cómo lo haces, pero siempre logras encontrarme. Y tercero, olvida el tema de una buena vez, que la chica me dijo que aunque no te hubiera funcionado, la tenías preciosa y saliste del paso bastante bien... ¿Cómo saliste del paso?

- Sólo lo sabrás en caso de que sea necesario... Cosa que no creo que llegue a pasar nunca, porque... Margot, reina, para mí eres como un afrodisíaco –no voy a negar que me encantó que dijera eso, es más, me gustó lo suficiente como para dejar de darle la espalda.

En cuanto me volví hacia él, me atrajo hacia sus labios besándome con... ¿furia? Aún debía de estar un poco picado por lo que dije aquella tarde en el cobertizo con Fluffy, pero también debió de recordar lo otro que le dije, porque pronto se calmó y el beso se volvió suave, tierno... e incitante.

Enterré mis manos en su pelo, mientras Sirius se situaba encima de mí. Ya lo había hecho la vez anterior para que su peso evitara que yo terminara en el techo, sólo que esta vez, no fue suficiente...

Y terminamos haciendo el amor a veinte centímetros por encima de la cama.

&·&·&

- ¿Y esto de dónde ha salido?

Acababa de mudarme a la casa de Sirius un año y seis meses después de dejar Hogwarts, cosa que no gustó nada a mis padres, seguros de que ese chico no era un buen partido para mí y de que volvería a casa llorando en menos de dos semanas...

Mi hermano se lo tomó genial: apenas salí por la puerta, llamó a una cuadrilla de arquitectos para que derribaran el muro de mi habitación y poder montar un salón recreativo en ella.

Aunque lo cierto es que la casa no era de Sirius, sino de su tío Alphard, que se la había dejado en herencia. Hasta ese momento y durante los seis últimos meses, mi novio la había compartido con Remus y James, pero el primero salía de viaje para Rumania para estudiar una manada de licántropos bastante grande que vivía por allí...

O lo que es lo mismo, para tratar de convencerles de que se unieran a la lucha contra Quién-Ya-Sabéis. Una de esas misteriosas misiones de la ultra secreta Orden del Fénix de la que se supone que yo no sé nada y de cuya existencia no debería haberos hablado...

Por favor, no se lo contéis a Rita...

En cuanto a James, ya os dije que Lily está embarazada, así que se han ido a vivir juntos con la esperanza de poder convencerla a base de agotamiento para casarse. Aún así, él y Sirius se pasan el día en la casa del otro. Lily y yo lo aceptamos porque sabemos que las separaciones de siameses son muy traumáticas y queremos que se hagan a la idea de la forma más aséptica posible...

En fin, el caso es que ya os podéis imaginar cómo estaba la casa después de que tres chicos que se niegan a contratar elfos domésticos y que han olvidado los escasos conjuros de limpieza aprendidos en la escuela, vivieran en ella durante seis meses...

Menos mal que Anabell me prestó su ejército de elfos, bueno, el ejército de elfos de su marido, que me hicieron la limpieza en un santiamén.

Yo sólo tuve que colocar un poco los armarios y estanterías para hacer sitio a mis cosas.

Fue revisando una librería, buscando un hueco para colocar mi bola de cristal amarilla, cuando encontré algo que no debería estar allí...

- Sirius¿por qué tienes tú este libro? –me volví hacia él, con el "Manual de la buena domadora de fieras" en la mano.

- Pues... Hagrid me lo regaló –replicó como si espontáneamente hubiera encontrado un nuevo combustible para coches no relacionado con el petróleo–. ¿Por qué me miras así?

- Porque yo tenía un libro igual que este cuando te conocí que me desapareció...

- Bueno, cielo, cabe la posibilidad de que la editorial sacara a la venta más de un ejemplar de ese libro...

- ¿Y todos con anotaciones mías? –señalé con tono inocente antes de embalarme, una técnica de discusión que me había enseñado Lily–. ¿Me lo cogiste el día que comimos junto a Fluffy¿Sabes el tiempo que lo estuve buscando¡Hagrid lloró del disgusto cuando tuve que decirle que lo había perdido¡Me sentí horrible¿Y además, para qué lo querías?

- Básicamente, para que no lo tuvieras tú. Leí las anotaciones y no me gustaron nada. Al menos, al principio –agregó con una sonrisa malvada.

A nadie le gusta descubrir que ha sido atacado por sus propias armas, pero yo me lo tomé muy bien: en lugar de liarme a lanzar maldiciones prohibidas, tomé mi bola de cristal amarilla y se la lancé directa a la cabeza...

Pero él se transformó en ese enorme chucho negro y salió corriendo por la puerta. Cuando consideró que no había peligro, su cabeza volvió a asomarse por la puerta...

- ¿Cenamos fuera esta noche¡Eh! –sabía que haría eso, así que le tiré el libro.

- Sí, pero antes me comprarás una bola de cristal coloreado...

- Vale, será roja... –decidió, bajando a reunirse con James y Peter.

- ¡Amarilla! –le grité mientras bajaba por las escaleras.

- La voy a pagar yo¿no? Pues será roja...

- Es para mi¿no? Pues la quiero AMARILLA.

- Oye, si vais a seguir discutiendo yo me voy –Peter ha tenido ya varios disgustos por estar en medio de una discusión entre James y Lily. La más letal tuvo que ver con el color del cuarto del niño y terminó con Peter en urgencias con los miembros cambiados de sitio.

- No, ya hemos terminado –me di la vuelta con elegancia y volví a la biblioteca a seguir colocando mis cosas.

- ¿Y se lo vas a pedir estando la niña de ese humor? –me pareció que decía James–. Qué poco romántico...

- Igual que tú, que se lo pides a Lily a todas horas, hasta cuando esta en el baño –replicó Sirius.

¡Oh, por favor!. ¡Qué pesados! Ni que me fuera a pedir en matrimonio...

FIN

Y ser acabó lo que se daba.

He preferido dejarlo ahí antes de que empiece el dramón. ¿Visteis el salto temporal u os perdisteis? Espero que si lo vierais...

En fin, muchas, muchas gracias a todas/os por llegar hasta aquí, muy especialmente a todos los que han llegado hasta aquí y me dejaron RR.

Gracias de corazón.

Y ahora: hablemos un poco del futuro. La verdad es que, de momento, hay poco que decir, voy a seguir sólo con Por amor al Arte un tiempo, aunque puede que, de vez en cuando os venga con alguna sorpresita en forma de historia cortita. ;-)

Mil besines de bombones de la Caja Roja.

Carla Grey.

Orgullosa Lupina. MOS. Hermana de Mya, Paula & Maru Malfoy. Tía de Azi Black. Paciente de Serenity. Hija política de Veronika. Emperatriz consorte de Alonning. Ahijada del hada madrina Noriko. Prima de Miss Molko e Inna. Miembro de las 15 de Mey. Amiga por correspondencia de una miembro de LODF. Pariente de Anvy Snape. Casi pariente de Libertad, la amiga de Mafalda. Chica del espejo de lujuria de Dreaming. Hermana Escorpio de Moony Lunática. Musa de MikaGranger. Ganadora de dos premios anuales de HA. Luz al final del túnel de Deathkisse.