Bueno, como lo prometí, aqui esta el epilogo de esta historia, que asi como satisfaccion, tambien me dio muchos dolores de cabeza escribirla. Es corto, pero siento que es lo suficiente para decir lo que queria, y se situa algunos años en el futuro, como se daran cuenta al leerla.

Y deja algunas incognitas, si es que las logran encontrar, que seran respondidas cuando escriba la SECUELA, porque si, va a tener SECUELA, solo que no se cuando la escribiré, aun. Asi que esten atentos, porque puede ser cualquier dia XD.

Otra cosa, dense una vuelta por mi pagina de Deviantart, que he subido un dibujo tambien, en honor a este dia. 24.12. ...ayumi-nb(.)deviantart(.)com

FELIZ NAVIDAD A TODOS!


Epílogo

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La vendedora observó a la joven pasearse por los pasillos, inspeccionando la ropa detenidamente; esta joven nunca preguntaba nada, ni hacia comentarios cuando alguien se le acercaba, solo sonreía, negaba con la cabeza y seguía con lo suyo—mirar.

Ella se le había acercado muchas veces en ocasiones anteriores, pero luego de varios intentos fallidos comprendió que la joven no quería la ayuda de nadie, por lo menos no ahora; ella era ese tipo de clientes que le gustaba encontrar lo que querían por su propia cuenta, lo sabía, y después buscaban a un vendedor para pagar. Era mejor dejarlos solos.

Así que, ¿por qué se encontraba mirándola, se preguntan? Bueno, eso era simple, pues desde hace unas semana que la joven solo frecuentaba un departamento en la tienda. Claro, antes se le veía en compañía de su novio, asumía ella (y que novio, pensó), y la hermanita del novio. Esas ocasiones solo se presentaban de vez en cuando, y solo para comprarle ropa a la pequeña niña, así que era comprensible verla en este departamento, pero…

Ella observó como luego de varios minutos observando prendas de vestir, la joven se encaminó a la salida; otra vez sin lograr satisfacer sus necesidades y dejándola con mas y mas interrogantes.

"No entiendo…" suspiró.

Y es que, ¿por qué, si la hermana del novio tenia alrededor de cinco años, esta joven frecuentaba esa sección únicamente?

"Serás bruta," le respondió una de sus compañeras, una que llevaba mas tiempo trabajando en la tienda. "¿Cómo no entiendes?"

"La hermana del bombón no tiene menos de cinco años—"

"No es para la niña, bruta, es para ella."

"¿Eh?"

"Serás—" su compañera suspiró resignada y apuntó a la joven, quien se había detenido a conversar con una anciana. "¡Esta embarazada!"

"¡Oh!"

Claro, eso lo explicaba todo, y también el hecho que no se le notara la panza aun, seguro que tenia apenas unas semanas. Volteó a mirar a la joven, y sintió que todo caía en su lugar. Por eso siempre parecía andar emanando felicidad. Claro, obvio que una joven embarazada frecuentaría la sección de bebés; claro, claro, ¿cómo no verlo antes?

"Además, la niña no es la hermana pequeña del novio."

Eso desvió su atención de la joven, y miró a su compañera. "¿Cómo no? Si son idénticos."

Su compañera sujeto su cabeza y la giro hasta que la joven entró en su campo de visión. "Mírala detenidamente sus rasgos faciales, olvídate de su cabello y de sus ojos; solo obsérvala."

Y eso hizo, la observó con mucha atención, más de la que usualmente empleaba (lo cual, dado el hecho que no se había dado cuenta que la joven estaba embarazada, no era mucha). Observó la forma de su cara, su nariz, su boca, incluso sus orejas, y hasta su complexión, y siguió observando y observando y observando… hasta que lo vio.

"No…"

La sorpresa no cabía en ella, era simplemente demasiado para asimilar. Por solo unos pequeños detalles —detalles que todos pasaban por alto ante los rasgos más obvios de la niña— se podía notar la diferencia… gestos, la forma de expresarse, pequeños detalles—

La joven sonrió.

Oh, Dios.

"No es cierto."

"Oh, sí lo es."

Oh. Oh. Oh.

"Difícil de creer, lo sé, pero es muy cierto."

Volteó a ver a su compañera, quien sonreía de manera triunfal, y fue ahí cuando se percató de algo. "Tú lo sabías, ¿no es así? Y dejaste que todas se hicieran ilusiones, aun sabiendo que él estaba fuera del límite."

Su compañera hizo una mueca, encogiéndose de hombros. "Al comienzo trataba de decirles, a todas, que él jamás se interesaría en ellas, solo tiene ojos para la pelirroja, pero nadie me escuchó," hizo una pausa, y luego continuó. "Supuse que, si las dejaba tranquilas, se darían cuenta de la verdad por si solas, y funcionó."

"No, nadie tiene una relación tan perfecta."

"Yo no dije que fuera perfecta, de hecho, es lejos de serlo. Pero míralos, a pesar de todos los obstáculos que han aparecido en su camino, aun siguen juntos, y a mí no me parece que vayan a terminar muy pronto."

"No pueden ser muchos obstáculos, aun son muy jóvenes… aunque bueno, si ya tienen una hija de cinco años—"

"Llevan juntos seis años y tienen veintidós; saca la cuenta."

Oh. Dios, esto era demasiada información para asimilar en unos minutos, sin mencionar la decepción que sentía al saber que no había esperanza para ella (o para nadie en realidad) de poder ser el objeto del afecto del rubio. Maldición, ¿acaso no había justicia en este mundo? La pelirroja ya lo había tenido por seis años, ¿no lo podía compartir?

Espera un momento.

"¿Y tu como sabes todo eso?"

No logró conseguir una respuesta debido a que el supervisor decidió ese momento para llamar a la chica.

"Lo siento, me necesita el jefe."

Pero, claro, eso no sería suficiente para impedir que consiga su respuesta, no ahora cuando la curiosidad la mataba. "¡Espera, Jun! Solo dime—"

"¡Motomiya!"

Su compañera miró al supervisor y luego se volteó a verla. "Hasta hace unos años, yo era una más de esas chicas que mantenía la esperanza que algún día él me vería de verdad y se daría cuenta que estaría mejor conmigo. Aun ahora, a veces siento la esperanza viva pero… Nada dio resultado, mientras más trates de separarlos, mas unidos están. Cursi, lo sé, pero no hay otra forma de decirlo."

Otro grito del supervisor hizo reaccionar a Jun, quien se alejó rápidamente. Sin tener nada más que hacer, ella se volteó a tiempo para ver a la pelirroja salir de la tienda, y ahí afuera le esperaba el rubio, con su sexy sonrisa y aura peligrosa, pero increíblemente atractiva. Él la abrazó, casi de manera impersonal, y besó la frente de la pelirroja levemente, nada fuera de lo normal, pero fue la forma en que la miró luego, fue más que suficiente para corroborar todo lo que Jun había dicho.

"Bueno, maldición."

¿Dónde habían quedado los días en que los hombres cambiaban de chica tanto como cambiaban de ropa interior?

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Sora reposó su frente en el borde del lavabo, no importándole tan encorvada para conseguirlo, solo quería sentir la fría superficie sobre su cálida piel. Y es que, Dios, como odiaba esto. Con una pasión inexplicable.

"Ah, maldición…"

Con gran velocidad y a la vez pesadez, se movió hacia el retrete, alcanzándolo justo a tiempo. Cayó de rodillas frente a este mientras terminaba de vaciar lo poco y nada de comida que tenía en el estomago.

Ella era una de las muchas personas que consideraba el embarazo una bendición; si, por muy cursi que sonara, así era. Pero también era de esas personas que pensaba que había ciertos aspectos de este acontecimiento que eran totalmente innecesarios, como lo era el malestar matutino. Claro, entendía que esto era solo producto de los cambios y ajustes por los que pasaba su cuerpo mientras se preparaba para acarrear por los siguientes siete meses a su bebé, pero… ¿eran realmente necesarios los mareos y las nauseas y los cambios de ánimo y todo lo que hacían a un embarazo pasar de ser la cosa más maravillosa del mundo a los nueve meses más terribles para la mujer?

"Maldición…"

No, no eran para nada necesarios.

Y pensar que una acepta esta condición de manera voluntaria…

Con gran esfuerzo, y luego de asegurarse que su estomago estaba lo suficientemente tranquilo para pasar el resto de la mañana descansando, Sora se levantó del piso, lavó su boca y prosiguió a regresar a su habitación.

El trayecto a la habitación no tomaba más de cinco segundos, pues quedaba a solo unos pasos del baño, pero decidió hacer una pequeña desviación y entró en el cuarto de Haruko. Que se encontraba vacío. Soltó un suspiro de resignación y se dirigió hacia su dormitorio.

El departamento que habían logrado conseguir —y con mucho esfuerzo tanto como de su parte como de la de Yamato— era pequeño, pero bastante acogedor. Dos dormitorios, un baño, living-comedor, y la cocina. Además, habían corrido con la suerte que el lugar estuviera justo en una esquina del edificio, por lo que contaba con dos balcones, uno en el living-comedor y otro en el dormitorio principal. Aunque tal vez no suerte, pues al estar en un decimo piso, debían ser extra cuidadosos con Haruko, quien con casi cinco años ya, no perdía la oportunidad de acceder a cualquier lugar de altura.

Amaba a su hija, en serio la amaba, más que nada en el mundo, pero por Dios que a veces la sacaba de sus casillas al ser tan traviesa.

Si este bebé es un niño, Yamato se hará cargo de criarlo…

La imagen que la recibió al entrar a su habitación hizo que olvidara todo sentimiento negativo que se había acumulado dentro de ella durante el transcurso que estuvo en el baño. Era una imagen familiar para ella, pero que hace ya bastante tiempo no la había visto, y no pudo evitar sentir una cálida sensación envolverla por completo.

Yamato se encontraba acostado sobre su espalda, plácidamente dormido en su lugar de la cama, una de sus manos reposaba sobre la almohada, junto a su cabeza, mientras que la otra había caído del borde de la cama y tocaba el piso. Nada fuera de lo ordinario, Yamato acostumbraba a dormir así la mayoría de las noches, pero era Haruko lo que hacia esta ocasión tan diferente. Su pequeña primavera estaba acostada casi de forma horizontal en la cama, su cabeza a la altura del hombro de Yamato, una de sus manos reposaba sobre su abdomen y la otra, como su padre, la tenia junto a su cabeza, finalmente, uno de sus pies descansaba sobre el estomago de Yamato mientras que el otro estaba firmemente posesionado debajo del mentón del rubio.

Casi como retroceder en el tiempo, así se sentía.

La última vez que había visto tal escena, fue cuando Haruko tenía tres años. ¡Dios, como volaba el tiempo!

"¿Hasta qué hora seguirás ahí parada?"

Sora sonrió, pero no se movió, disfrutaba mucho de la vista como para animarse a acercarse a la cama. "Oh, no lo sé, hasta que Haruko comience a patearte tal vez."

Casi como si la hubiera escuchado, Haruko estiró su pierna, dándole una pequeña patada a Yamato en la cara. El rubio gruño levemente, pero no hizo ningún ademan de quitarse el pie de la niña de la cara.

"Ya me pateó…" murmuró él, abriendo un ojo para mirarla. "Ahora ven a la cama, me estoy enfriando."

Esta vez sí hizo lo que se le pidió. Yamato se movió para acomodar a Haruko de mejor manera —seguramente ya no le resultaba tan tierno la costumbre que tenía su hija de patearlo mientas dormía— y se volvió a recostar. Sora se sentó a su lado y se dedicó a observar como Haruko de acurrucaba junto a ellos, su atención tuvo que ser dividida al momento en que Yamato comenzó a pellizcar su brazo.

"Oye, para algunas personas eso se consideraría abuso."

Yamato rio un poco y se puso a jalar de su brazo hasta que la tuvo recostada sobre él. Yamato se movió un poco hasta poder quedar en el centro de la cama y una vez ahí, Sora se acurrucó a su lado. Preocupada, se aseguró que su hija estuviera aun durmiendo y, asombrosamente, considerando todo el movimiento, la niña ni siquiera había dado algún indicio de protesta.

"¿Yamato?"

"¿Hm?"

"¿Estas despierto?"

"Ajá…"

Sora sujetó la camiseta del rubio, jugando de forma nerviosa con los dobleces. "Hoy, cuando te pedí que nos juntáramos en el centro, no fue porque no quería que me acompañaras a comprar… de hecho, ni siquiera fui de compras."

"Está bien…"

"La verdad es que… Yamato, la verdad es que…"

Con un respiro profundo, soltó la verdad que la había estado acechando desde esa tarde.

"La verdad es que estoy embarazada."

Esperó, conteniendo el aliento, por una respuesta, pero cuando todo lo que recibió fue silencio, se sentó sorprendida. Su sorpresa, sin embargo, fue aun mayor al notar que su adorado novio estaba profundamente dormido.

"Ay, no es cierto."

A pesar de sentirse un poquito molesta ante esta aparente insensibilidad de parte de Yamato, no pudo evitar sonreír un poco. Lo dejaría dormir un par de horas más, y luego le dejaría caer la bomba que era su noticia y disfrutaría viendo como trataba de asimilar la información. Mientras tanto…

"Que descanses, Yamato."

Ambos merecían un par de momentos extras en paz, después de todo, se lo habían ganado.

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Fin.


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