Capítulo VIII: Pero al llegar la noche, todo cambia.

Asco le tengo a los pesos
Y más asco a los tostones,
Pero más asco le tengo
A esa punta de ca... lla,
Mujer, calla.

Deja de tanto llorar,
Que esta noche, con la luna,
Nos vamos a emborrachar.

—¡De veras eres bueno en eso de desaparecerte! Pensé que te había tragado la tierra.

—¿Yo, escapar de mis obligaciones? Jamás, eso no.

El Dios de Weyard estaba en un serio predicamento. Acababa de decir que no escaparía de sus obligaciones, pero la verdad era que sólo podía pensar en escapar. Siempre se había reído de los que comentaban que entre marineros era cosa segura que pasaran ciertas cosas. Pero como Piers había viajado solo desde el principio, era seguro que esas cosas no le habían pasado.

Lo cual podría ser un alivio si esa molesta voz que resuena desde el fondo de la cabeza y siempre sintetiza el lado malo del asunto en una saeta llena de veneno no hubiera salido con su chistosada.

Podría ser que Piers se sintiera defraudado de no haber vivido esas "maravillosas experiencias".

—Álex… ¡eh, Álex! —reclamó el lemurio su atención, agitando la mano frente a la compungida mirada del adorable Dios de Weyard, que parecía a punto de romper a llorar como una niñita—. ¿Qué te pasa?

Al menos, ese tonito tan horrible ("coqueto", susurró esa linda voz antecitada) había desaparecido.

—¡Nada, nada! Sólo me preocupaba por las diversas formas en que podría torturarme Mia si creyera que ando por aquí con malas intenciones.

—Bien —y la preocupante sonrisa de Piers regresó—. Ya me decidí.

—Te recuerdo que soy MUY escrupuloso —dijo Álex, rápidamente alejándose de la casa de Kraden, aumentando impresionantemente sus posibilidades de salir corriendo.

—¿Demasiado escrupuloso como para quitarme a Sole de encima? —preguntó Piers con una sonrisa algo amarga. Ah, era eso. ¡Qué inmenso alivio…! Álex deseaba saltar y correr de la felicidad, pero armar un alboroto alertaría a Mia.

—¿Eh?

—Lo que oíste. Se la pasa haciéndome preguntas e insinuaciones muy raras, y ya me tiene harto.

—¿Y no te gusta ni un poquito? —quiso saber Álex. Sí, Sole era una lata, pero fea no era.

—Es que es demasiado joven —suspiró Piers—. Le falta experiencia.

—Pero eso puedes enseñárselo tú, .¡pillín! —soltó el Dios de Weyard socarronamente, ganándose un coscorrón de parte del lemurio.

—¡Y por lo visto tú eres igual de infantil!

—Bien, .¡bien! Prometo quitarte a Sole de encima. Más te vale no arrepentirte después.

—· / —·— / ·—

—¡Sole!

—¿Qué quieres, Álex? —soltó la aludida algo sonrojada. También Nadia, con quien estaba hablando, se puso roja.

—Es que he estado pensando…

—¡Milagro!

—Ja —soltó gélidamente nuestro bienamado y nunca suficientemente alabado protagonista, mostrando su desagrado por la desatinada intervención de la irreverente Adepta de Viento—. Como decía, estuve meditando y llegué a la conclusión de que no debo dejarte cometer el mayor error de tu joven vida.

—¿A qué te refieres?

—· / —·— / ·—

Ya iba a amanecer, y al Todopoderoso se le acababan los argumentos para disuadir a Sole. Nadia ya se había retirado.

—¿Y no has pensado que si tiene tantos años y no ha envejecido nada, para cuando tú llegues a anciana él seguirá igual? —soltó Álex, como si en realidad le importara—. ¡El muy infeliz podrá ponerte el cuerno las veces que se le dé la gana mientras tú tengas que andar con bastón!

—No creo que Piers haga eso. A diferencia de ti, él es un caballero.

—… ¡Al diablo! —Álex pareció debatir internamente consigo mismo—. Tendré que decírtelo.

—¿Qué cosa?

—Que Piers… tiene complejo de Lolito.

—¿Qué es eso?

—¿No te has fijado que pasa demasiado tiempo con Kraden? Y se llevan MUY bien.

Sole se desmayó, y Álex se fue muy contento tras haber soltado un chisme tan falso, pero tan divertido.

—Lo hago por tu bien, Sole —murmuró el Todopoderoso.

—¿Tú, hacer algo por el bien de los demás?

—¡Ah, Mia! .¡Antes de que me lances a la estratosfera de nuevo, al menos escúchame!

—No tenía la intención de hacerlo.

—¿Qué, escucharme o golpearme?

—… golpearte.

—Qué alivio.

—Álex, no puedo creer esto de ti —soltó Mia con un tono indescifrable, desviando la mirada.

—¡Sea lo que sea, juro que yo no fui! —el Dios de Weyard se alistó para poner pies en polvorosa.

—Claro que fuiste tú. Todos me lo confirmaron.

—¡No, yo no fui! —ahora sí estaba llorando. ¡Tan cerca y tan lejos del Sol Dorado! Ni siquiera había redactado su testamento.

—¡Álex, no estoy hablando de nada malo!

—¿Ah, no? —Álex volvió a respirar y mostró su sonrisa de anuncio de pasta dental antes de editarse—. Entonces sí fui yo, sin duda alguna.

Mia comenzó a reírse de buena gana.

—¡Ahora sí te pareces al Álex de Ímil! Es maravilloso. Reconstruyes Tale, ayudas a Nadia, a Kraden, a Piers… ¡hasta le conseguiste un Power Ranger a Félix y te disfrazaste de Santa Claus!

—… ¿cómo sabes que fui yo?

—¿Quién más? Félix llegó diciendo que tú le habías prometido traerlo y por lo que no oí supongo que no le pediste ayuda a nadie. Es maravilloso —repitió Mia, y su expresión se endureció—. Demasiado maravilloso. ¿Qué es lo que pretendes?

—Nada. Sólo redimirme.

—No te creo.

—No me creas. Sólo pídeme algo y te lo concederé, con tal de no deberle nada a nadie.

El Todopoderoso se sentía en la cuerda floja. Un error, y sería su fin. Al menos eso creía, lo cual es demasiado extraño. Siendo el Adepto más poderoso de entre los que conocía, con un acceso casi ilimitado al poder del Sol Dorado, lo que hiciera una pequeña curandera no debería preocuparle. Y aun así…

—O sea que es por tu paz interna. Lo supuse. ¡Eres un egoísta!

—¿Los medios no justifican el fin? —retrucó. Sí, filosofar en contra de Mia era su especialidad, por eso ella recurría a llorar o a golpearlo. Últimamente había mostrado una clara y preocupante predilección por la segunda alternativa.

—… no del todo —suspiró ella, y comenzó a alejarse.

—¡Eh! .¿Qué no piensas pedirme nada? Estoy de oferta, querida.

—Lo haces por ti mismo, no por los demás. No te voy a dar ese gusto.

—Si yo fuera tú, lo haría.

La última carta estaba jugada. Si eso no funcionaba, tendría que recurrir a un método mucho más riesgoso.

—¿Y por qué?

—Porque no me iré hasta conseguir lo que quiero. Y si no es por las buenas, te seguiré por el resto de tus días diciendo "¡Pídeme algo, Mia!", como un niño chiquito, hasta que te hartes.

Mia se detuvo. Al parecer había funcionado.

Eso, o se disponía a regresar a golpearlo.

—Está bien.

—¿En serio? —Álex iba a saltar de felicidad otra vez.

—Bueno… si he de pedirte algo… es que dejes esta patraña de la redención hasta que lo sientas de verdad.

¡Vaya insolente! Se atrevía a aconsejarle cómo manejar su estado emocional mirándolo a los ojos como si eso fuera a hacer que se arrepintiera de verdad. Ilusa. Fingió que lo pensaba un poco, que le calaba levemente lo que había dicho. Se encogió de hombros con desenvoltura.

—Si es lo que quieres, por mí está bien. Y con esto, me voy. ¡Que seas feliz!

—Yo creo que no —intervino el Sabio, apareciendo.

—Ah, el cíclope flotante —saludó el Por Fin Dios de Weyard—. Este no es el mejor lugar para hablar de nuestros asuntos, así que te veo en la Isla Pirata, .¿de acuerdo?

Pero no se pudo teletransportar.

—No veo qué tiene de malo este lugar, Álex.

El aludido se quedó viendo fijamente el único ojo de su interlocutor, hizo una leve seña con la cabeza hacia la dirección en la que estaba Mia y alzó una ceja.

—No, no creo que Mia tenga inconveniente en escuchar sobre nuestro trato.

—¿Trato? —inquirió la curandera de Ímil—. ¿Sobre qué?

—¡Sobre nada importante, querida! Cosas que te aburrirían a ti y a cualquier otro. Por eso insisto en finiquitar esto donde nadie se moleste.

—La verdad, pensé que las primeras personas a quienes les querrías informar sobre nuestro acuerdo estaban en Tale.

—Ah, es que eso de la ostentación no va conmigo. Me he vuelto bastante humilde, a pesar de la opinión de muchas personas

—Eso me parece perfecto. Verás, no puedo entregarte el Sol Dorado.

—¡¿QUÉ?! —bramó el Porqué-Rayos-No Dios de Weyard—. ¡Eres una piedra traicionera y ruin! .¡Nadie se ha preocupado tanto por sus súbditos como yo! .¡Le hice caballito a Eolo, reconstruí Tale a petición de Hans y Garet, arreglé que Hans se le declarara a Nadia, me disfracé de Santa Claus y le traje un Power Ranger a Félix, averigüé la verdadera edad de Piers (para perjuicio de mi salud mental), ahuyenté al tipo que fastidiaba a Iván, encontré los lentes de Kraden, logré que Sole dejara en paz a Piers y le dije a Mia justo lo que deseaba oír!

—Sí —asintió el Sabio, mientras Mia ponía su mejor cara de estupefacción—. Más o menos.

—¡¿Cómo que "más o menos"?.!

—No puedes negar que en vez de "hacerle caballito a Eolo", hiciste caballito a Eolo.

—Fue una confusión gramatical, culpa del mocoso.

—Agotaste la tierra para formar Nueva Tale, de manera que no habrán cosechas en tres años como mínimo.

—¿Cómo había forma de que supiera eso? De todas formas, existe el comercio y con la Psinergía los Adeptos de Tierra podrán resolverlo. Y si no pueden, qué diablos, para eso estoy yo.

—Al alterar la química del cerebro de Hans le hiciste un daño irreparable y ahora tiene un tic en el ojo y con el tiempo le darán ataques sicóticos extraños que lo harán ponerse un tutú lila y bailar sobre el tejado de su casa.

—El cerebro de Hans ya estaba dañado, y lo del tutú es un favor a la humanidad, si se ve bien.

—El Power Ranger que le diste a Félix era robado, y la nieve provocará una inundación cuando se derrita.

—Pfft. Lo del robo está en entredicho y la nieve no causará ninguna inundación.

—Estafaste a Piers para que te dijera su edad prometiéndole a cambio favores que de todas formas le concederías después.

—Dicho de esa forma suena muy sucio.

—Tiraste por la orilla del mundo al tipo que Iván estafó, en vez de actuar con justicia.

—El tipo me llamó monstruo.

—Abusaste de la inocencia de Kraden con lo de los lentes.

—Tonterías. Al cliente lo que pida.

—Hiciste polvo la reputación de Piers para que Sole lo dejara en paz.

—No había de otra, y el tipo se lo buscó al martirizarme como lo hizo.

—Y lo que pidió Mia no es lo que verdaderamente desea.

—Eso no es mi problema.

—Deja de poner excusas.

—No, deja de poner excusas y dame el Sol Dorado. Un trato es un trato; y deuda de juego es deuda de honor.

Tan entretenidos estaban en su debate que ninguno de los Dioses de Weyard se percató del horrible cambio que había ocurrido en Mia. De la estupefacción al asombro, del asombro a la comprensión, de la comprensión a la negación, y de la negación a la furia.

Tampoco se dieron cuenta de que Garet se había acercado, curioso, aunque no había entendido nada de la discusión entre el Sabio y Álex.

Así que cuando se encontraron volando hacia la estratosfera, les tomó unos instantes cavilar en lo que había pasado.

Investigaciones recientes del cráneo de Garet han demostrado que Mia le propinó un garetazo al Sabio, de manera tal que la roca voladora golpeó a Álex y lo arrastró consigo a alturas y distancias insospechadas.

Tan-ta-ra-ra-ta-ra-ra
Tan-tan!


Yes sir. Reencontré mi cancioncilla justo a tiempo para el final. Si no, .¿cómo iba a poner la tonadita final? Me acordaba del "Tan-tan", pero se ve más lindo con la secuencia completa.

Gracias por su amable atención. Veamos a quién se le ocurre otra historia sobre el simpático mundo plano de Weyard, que me toca reír y no hacer reír.

Por cierto, si hacen un plantón frente a las oficinas de Camelot para exigir se me entregue a Álex con una envoltura decente (o sin envoltura, que no soy quisquillosa), les quedaré eternamente en deuda. ¡Lo que no me hace gracia porque no tengo ni para un chicle, así que ni se les ocurra!