Nota de la autora: miércoles 01 de noviembre de 2006.

Bueno, aquí estamos en la segunda y última parte de este epílogo que bien podría ser un capítulo más de la historia. Lo digo porque los epílogos de los libros son normalmente mucho más cortos que los que yo hago pero…ya sabéis cómo soy. Si no escribiese mini biblias con forma de capítulos, no sería yo. ¿Cierto?. Espero que os guste esta parte también. Os aseguro que de las dos, es la más bonita y tierna. Al menos para mi humilde opinión. Que la disfrutéis.

Advertencia: Sigue habiendo aquí, expresiones malsonantes que podrían ofender la sensibilidad de algún lector o lectora. También hay escenas íntimas, tú decides si lo lees o no. Un beso fuerte. RAkAoMi. ;-)

Esta segunda parte y última del epílogo quiero dedicarla especialmente a mi gran amiga y lectora de fics…Sonia Granger Potter. Que también es escritora de esta página y tiene un sentido del humor en sus fics, que a mí me encanta. Por favor, leeros su historia "Twister" , es lo más divertido, ocurrente y sensual a la vez, que he leído en mi vida. Por si alguien se pregunta dónde encontrarlo, que busque el perfil de Sonia en el directorio de la página y si no, más fácil aún. Picáis en mi perfil, en "Favorite Stories" y ahí veréis ciento y pico fics, tanto en inglés como en español. El de Sonia está en ese listado.

Peso de esta segunda parte del cap: 477 kb.


Simbología:

- La de siempre.

Música Recomendada:

- La misma de la primera parte. En esta última y segunda parte del cap, es donde más pega que pongáis "Válgame Dios" de la Niña Pastori. Pinchadla cuando os encontréis la escena de la noche del cumpleaños de Hermione. Yo os recomiendo que la pongáis cuando Harry le pregunte a ella "¿Cómo te encuentras?". "Confluence" os la recomiendo cuando veáis esta frase en concreto "- Aquí es.- dijo la voz de él unos minutos después.- Ya puedes mirar." Ponedla ahí y no antes. ¡Hacedme casooo!. La canción "What you've made of" la podéis poner todo lo que queráis en cualquier escena. Es tan bonita que va con cualquier momento del fic. Además, he usado parte de la letra para una parte muy concreta del fic. No sé a cuál de los dos cantantes pertenece la canción, pero mía desde luego no es.


Epílogo. Cap.15. "Tres historias de amor". (Parte II)

Quedaba alrededor de una semana para el cumpleaños de Hermione. Durante todo ese tiempo, Harry no se despegó de su lado, sólo por las noches, porque ella prefería dormir sola.

Él entendía que no tenía nada que ver conque pudieran castigarles o que le quitasen puntos a su casa por hacer algo prohibido, pues Harry sabía, que en el fondo, el verdadero motivo por el cuál Hermione no quería dormir con Harry era porque tenía miedo de que él intentara algo distinto al descanso, pues así se lo dijo ella un día.

Harry se sintió dolido, ella seguía desconfiando de él, al menos en ese aspecto de su relación, porque en los demás a Harry no le quedaba ninguna duda de que ella le amaba y podría decir, que su amor por él se intensificaba con cada día que pasaban juntos, pero él notaba que ella aún tenía miedo de cruzar la línea que le haría llegar al amor carnal.

Él le había prometido no presionarla, que esperaría hasta que ella se sintiese lo suficiente preparada para dar ese paso con él, pero la verdad era que le estaba costando la misma vida mantener su promesa. Llevaba casi tres años amándola en secreto y sólo había necesitado una semana gracias al Glueforte, para poder decírselo.

Pensó que cuando llegase el día en que ella le correspondiese, podrían experimentar todos los aspectos del amor entre una pareja normal. O al menos lo que él creía que era normal, porque como bien le había dicho ella en una ocasión, en el mundo no existía nadie normal o corriente al cien por cien.

Comprendía que había sido más fácil hacer esa promesa, que mantenerla. Nunca imaginó que sería tan duro el reprimirse lo bastante como para no demostrarle a ella que sí quería cruzar el límite y que quería hacerlo pronto. Pero también tenía muy claro que si se lo decía a Hermione, quizás ella volvería a asustarse y volvería a cerrarse en sí misma y eso era algo que Harry no quería de ninguna manera. Además, si había pasado casi tres años aguantándose sus sentimientos por ella, no sería tan difícil seguir esperando. ¿Verdad?

- Harry...¿Estás ahí?.- Escuchó que le preguntó la voz de Hermione desde el otro lado de la puerta.

- Sí, enseguida salgo. Estoy terminando de cambiarme, acabo de ducharme.

- Ah, sólo quería decirte que todo el mundo se ha ido a la Sala Común, van a celebrar la victoria del equipo. Habéis hecho un gran partido.

- Gracias.

- Nos vemos luego.

- ¡Espera Hermione!- pero ella no contestó, lo que le indicó que ya se había marchado.

Refunfuñando por lo bajo, un Harry con el pelo húmedo tras su ducha, se dirigía con paso ligero pero tranquilo a la Sala Común de Gryffindor. Sabía que habría un gran jaleo cuando llegara y la verdad era que no tenía ganas de celebrar la victoria con nadie más que no fuese Hermione. Pero cuando llegó allí, ella no estaba a la vista. A Harry no le extrañó porque aquél lugar estaba lleno de gente eufórica y él sabía que ella solía agobiarse bastante en las bullas.

Desde la noche en que ella le confesó lo que le ocurría respecto al sexo, Hermione se había mantenido algo esquiva en cuanto al contacto con Harry.

No rechazaba sus besos o caricias, pero tampoco participaba tanto como antes de que ella le confesara el miedo que tenía a ir más allá. Aunque lo que más preocupaba a Harry era que ya no podía besarla o tocarla, si no la avisaba primero, porque si lo hacía sin decírselo, ella se quedaba más congelada que un iceberg. Había veces que incluso saltaba un poco, de la impresión. Ese tipo de reacciones sí que le preocupaban a él enormemente.

No podía ser normal que ella gritase de repente sólo porque él le hubiese puesto una mano en el hombro sin ella esperarlo, tampoco consideraba él normal que ella se pusiera a temblar si por ejemplo la veía tumbada en el sofá de la Sala Común y él se aproximaba a ella para darle un beso aunque no la hubiese avisado.

Ella debía saber que él lo haría porque antes de hacerlo, Harry se acercaba lentamente a ella, para darle la oportunidad de apartarle si así lo quería. Hermione nunca le apartaba de ella, eso era algo que él tenía que reconocerse así mismo. Puede que ella temblase, puede que ella gritase cuando él la tocaba sin previo aviso pero nunca le dijo que no la tocara más, o que no la besara.

Harry sabía también en su interior, que a pesar de las reacciones pocos corrientes que Hermione tenía en determinados momentos, ella intentaba día a día superarlas.

Quizás porque confiaba en él, o puede que porque también quería dar ese paso con Harry algún día, aunque él no supiese con seguridad qué era lo que motivaba a Hermione aceptar su cariño a pesar del miedo que tenía, Harry no dudaba que ella intentaba superarlo lo antes posible porque le amaba y sabía que él estaba haciendo verdaderos esfuerzos por no ir más allá hasta que ella no estuviera lista.

Pensando en eso y otras cosas, llegó a la habitación de ella, llamando a la puerta, pero cuando ella no respondió, supuso que no estaba dentro. Así que se fue a la biblioteca, el lugar preferido de Hermione, al menos dentro del colegio. Y fue allí donde la encontró, de la misma forma que lo había hecho en incontables ocasiones antes de que se hicieran pareja. Rodeada de libros y leyéndolos con una expresión de absoluta concentración.

- Hey…- dijo él en voz baja.- Te he estado buscando. Pensé que estarías en la Sala Común.

- Había demasiada gente. Era imposible estar tranquila sin llevarme sustos y creo que no tengo que explicarte por qué.

- No, ya sé porque lo dices. Un lugar repleto de gente es ideal para que te toquen continuamente.

- Exactamente. No tenía ganas de que me oyeran gritar en cuanto alguien me hubiese rozado de forma accidental. Además, tengo mucho que estudiar. La semana que pasamos pegados me ha retrasado bastante.

- Pero Hermione…si no llevamos ni dos semanas de curso…

- Razón de más para no perder más tiempo.

- ¿Tardarás mucho en terminar?

- ¿Por qué?

- Bueno, es sólo que me apetecía…celebrar la victoria contigo.

- ¿De qué forma?

- De la que a ti más te apetezca.

- Ahora mismo no me apetece nada, Harry, sólo quiero estudiar.

- ¿Puedo quedarme contigo?

- Por supuesto, pero no me distraigas. Sólo me faltan dos temas para terminar.

- Ah bueno, eso no te llevará ni dos horas.

- ¿Tú no vas a estudiar nada?

- No. Como ves, no he traído mis cosas.

- Irresponsable…no sé cómo no he perdido la esperanza aún, de que te conviertas en un estudiante responsable y aplicado.

- Si lo hiciera, dejarías de ser la única persona que siempre está pendiente de mí en ese aspecto.

- No sólo en ese, Harry.

- Lo sé, pero tú sabes por qué lo digo.

- Sí. Hace días que no me relaciono con casi nadie. ¿Verdad?

- Sí, pero yo sé por qué. Tienes miedo de todo el mundo.

- No, de todos no, sólo de los hombres. Llámame paranoica si quieres, pero cuando alguno se me acerca, aunque sea un compañero de clase para pedirme ayuda con los deberes, no puedo evitar temblar como una hoja. Tengo que hacer verdaderos esfuerzos para que no se me note.

- Eso también lo sé. Pero Hermione, deberías dejar de estar tan asustada. Ninguno de nuestros compañeros te hará daño, tú lo sabes. Ellos te respetan mucho.

- Sólo porque soy tu novia.

- No, te respetan porque tú sola te lo has ganado, lo creas o no, ésa es la verdad.

- Si tú lo dices…

- Te lo digo yo y también lo diría cualquiera a quien le preguntaras. Hasta Ron te contestaría lo mismo que yo.

- Ron…hace días que no paso tiempo con él. Espero que no esté molesto conmigo, aunque lo dudo.

- Hablé con él ayer y…le dije que estabas muy ocupada.

- Gracias. No me gustaría que supiera algo tan íntimo y personal como lo que te conté, y de momento no me siento con fuerzas como para decírselo. Además, no creo que eso le incumba, es algo que sólo me concierne a mí.

- ¿Y a mí no?

- Sí, por supuesto. Pero quiero mantenerle al margen de este asunto.

- Lo entiendo. Bueno…te dejaré estudiar tranquila.

- ¿Te vas a quedar aquí dos horas sin hacer nada?

- Estaré haciendo algo.

- ¿El qué?

- Mirarte.

- Oh…

- ¿He dicho algo malo?

- No. Todo lo contrario.

- ¿Y por qué has bajado la mirada?

- Timidez, Harry.

- Ah.

- Creo que no eres consciente del efecto que me producen cierto tipo de cosas que me dices a veces.

- Mientras no sea un efecto malo…

- No lo es.

- Me alegra saberlo.

- ¿Sabes qué?. Creo que he estudiado bastante. Tienes razón, deberíamos celebrar tu victoria.

A Harry se le iluminó el rostro de repente.

- Haremos lo que tú quieras, Hermione. Sólo dilo y se hará realidad.

- No quiero nada especial, sólo…estar contigo.

- Ahora mismo lo estás.

- Ya, pero yo me refería a otra manera más…privada.

- ¿Cómo de privada?.- preguntó con una leve esperanza de que ella dijese algo que implicase mimos y cosas así.

- Una en la que nadie nos interrumpa.

A Harry le apareció una bonita sonrisa cuando escuchó lo último.

- Hay muchas formas de que no nos interrumpan, como aislarnos de los demás.

- Lo sé.

- Para eso, tenemos que estar solos.

- Obviamente.

- Y podríamos…podríamos…si tú quieres claro, nosotros podríamos…

- ¿Mimarnos?

- ¿Te apetece?.- Dijo de forma esperanzada.

- ¿Y a ti?

- Sabes que sí.

- Entonces no se hable más del asunto. Lo haremos. Pero Harry no…

- Haré nada que pueda hacerte sentir incómoda. Por supuesto que no, sabes de sobra que llevo días intentándolo.

- Lo siento.

- ¿El qué?

- No poder…dejarte hacer todo lo que te gustaría. No pensé que me llevaría tanto superar esto, pero de verdad que lo intento cada día.

- Hey…- él tiró suavemente de su barbilla para que ella le mirase a los ojos.- No hace falta que me lo digas, yo lo sé. Sé que intentas complacerme aunque tengas tus límites. ¿Y sabes qué?. Por mí está bien así. Tú a tu ritmo. ¿De acuerdo?. Además, quiero que sepas una cosa, Hermione.

- ¿El qué?

- No estás sola en esto. Nunca lo estarás. Me tienes a mí.

Ella dejó caer una lágrima repentina al mismo tiempo que le daba un beso en los labios y se refugiaba bajo su cuello. Él besó su cabello y acarició su espalda suavemente. Ella tembló un poco, pero se fue calmando conforme pasaban los minutos.

- Gracias.- dijo ella aún llorando de manera silenciosa.- Gracias por quererme tanto. No sé cómo puedo…agradecerte todo lo que estás haciendo por mí. Por tu paciencia, tu cariño y tu comprensión. De verdad Harry…eres único en tu género.

- Y tú en el tuyo.

- Creo que puedo considerarme afortunada de tenerte y de ser yo la chica a la que tú quieres.

- Yo también me considero afortunado de tenerte y de que me hayas elegido.

- Hace mucho tiempo que te elegí, aunque tardé en darme cuenta. Pero siempre has sido muy especial para mí.

- Lo sé.

- Deberíamos irnos. Si la señora Pince nos ve así, nos reñirá.

- No me importa.

- A mí sí. Ser expulsada de la biblioteca por conducta inapropiada no es que me guste especialmente.

- ¿Conducta inapropiada?. Sólo te estoy abrazando.

- Y yo a ti. Pero eso…no tiene nada que ver con el estudio.

- Nos vamos cuando tú lo digas.

- En cuanto recoja las cosas.

- Te ayudaré.

- Gracias otra vez.


Después de besarse y sentados bajo la sombra de un árbol, Harry y Hermione disfrutaban del espectáculo que le ofrecía el vuelo veloz de los billyworgs. De vez en cuando aparecían algunos caballitos de mar saltarines, que emergían y volvían a desaparecer bajo la superficie del lago. El suave canto de algunos pájaros empezó a adormecer a Hermione, que no pudo evitar quedarse dormida en pocos minutos. Con la cara apoyada en uno de los hombros de Harry. Cuando él la vió agarrada a su cintura, no pudo más que sonreír mientras le acariciaba el pelo.

- No te preocupes…- le susurró suavemente.- Estaré aquí cuando despiertes.

Un poco después, ella despertó. Lo primero que vió, fue el cuello de Harry, luego su barbilla y finalmente su cara totalmente relajada. Tenía los ojos cerrados y respiraba con tranquilidad. Eso sólo podía significar una cosa, estaba dormido.

Hermione le acarició el rostro suavemente, él ni se inmutó. Ella estaba a punto de darle un beso en los labios cuando un grito llamó su atención.

Sin dudarlo un instante se puso en pie. Decidida a averiguar quién estaba en problemas. Cuando escuchó otro grito, supo que había una chica en peligro porque aquella voz era claramente femenina.

Ella corrió siguiendo el sonido y pronto llegó hasta la entrada del bosque prohibido. Hermione se detuvo un momento para ver si volvía a escuchar algo, pues no sabía hacia dónde tenía que ir. Cuando la chica volvió a pedir auxilio, ella no lo pensó dos veces y se aventuró a entrar en aquél lugar que estaba lleno de las más variopintas criaturas.

- ¿Dónde estás?- dijo mientras corría sin rumbo.- ¡Dime dónde estás, voy hacia allí!

- ¡Date prisa!.- gritó la chica.- ¡Me van a comer!

- ¡Te oigo, aguanta un poco más, ya casi estoy!

Cuando llegó al lugar, no vio a la chica, pero sí a un montón de arañas tapando algo. Hermione sacó la varita apuntando a los animales.

- ¡Apartaos de ella antes de que os convierta en polvo!

Las arañas obedecieron, comenzando a correr hacia la prefecta, quien no dudó en usar su magia para destruir unas cuantas. Las demás huyeron perdiéndose de la vista de Hermione. Ella se acercó rápidamente a la chica, que estaba tumbada en el suelo con los ojos cerrados. Cuando la miró a la cara la reconoció enseguida.

- ¡Lydia!.- la llamó zarandeándola un poco.- ¿Puedes oírme?. Soy Hermione. Abre los ojos venga, ya no hay peligro.

La alumna de sexto tardó un poco en reaccionar pero finalmente lo hizo.

Cuando vio a su salvadora no pudo más que ponerse a llorar abrazándose a ella. Lo hizo con la suficiente fuerza como para tirar a Hermione al suelo. Quedando Lydia encima de ella, aún llorando copiosamente. Hermione se estremeció un poco por el contacto pero no la apartó. Lydia no tenía la culpa de lo que le ocurría a ella cuando la tocaban sin previo aviso.

Lo que más sorprendió a Hermione fue darse cuenta que también le causaba efecto que una chica la tocara, ella creía que sólo le ocurría con los chicos, pero estaba equivocada. Supo entonces cuál era el problema. No tenía que ver con el sexo de la persona, la cuestión era que su cuerpo rechazaba cualquier contacto no deseado viniera de quien viniera.

Estuvo tentada a alejarla de ella, pero no lo hizo. Sabía por experiencia propia que cuando alguien estaba muy mal, necesitaba que otro alguien le consolara. Así que eso fue lo que hizo con aquella alumna que tanto la admiraba.

- Cálmate Lydia.- Susurró suavemente acariciándole el pelo rubio.- Todo está bien ahora. Lo peor ya ha pasado.

- Gracias…

- De nada.- Ella le dio un beso en el cabello, Lydia aflojó un poco el agarre que ejercía sobre Hermione, pero no la soltó.

Mientras tanto, Harry la buscaba como loco por los alrededores. Había despertado y se había dado cuenta que estaba solo. Pensó que ella estaría en algún punto cercano, quizás paseando, pero cuando no la encontró a simple vista, empezó a preocuparse.

Cuando empezó a llamarla y ella no contestó, comenzó a agobiarse. No podía evitar pensar que algo malo le había ocurrido. Corrió por los sitios cercanos, llamándola sin cesar, pero siguió sin tener respuesta. Deteniéndose un poco para recuperar el aire, se acordó de que tenía el mapa, así que lo usó para poder localizarla rápidamente. La encontró en el bosque prohibido, pero no estaba sola, había una chica con ella. Lydia Williams.

Harry conocía a la chica, era una alumna de Gryffindor que estaba en el mismo curso de Ginny. Cuando vio que las huellas de Hermione y las de Lydia estaban juntas en el mismo punto, sólo pudo suponer que las dos estaban allí por algún motivo concreto. Quizás había ocurrido algo malo. Puede que estuvieran en peligro.

O quizás era Lydia quien estaba en apuros y Hermione había ido a ayudarla, cosa que era cierta. Pero Harry sabía también que Lydia sentía una profunda admiración por Hermione y después de lo que él había experimentado con la obsesión de Ginny, no pudo evitar pensar en algo malo. Como que la admiración de Lydia se hubiese convertido en algo enfermizo y le hubiese hecho daño a Hermione.

Harry aceleró el paso de su carrera, llamándola con la máxima potencia que le permitía su garganta. Un poco después, ella respondió su llamada pronunciando su nombre. Él corrió más, sintiendo cómo estaba a punto de explotar, pero le daba lo mismo, con saber que Hermione estaba bien, lo demás no le importaba nada.

Cuando llegó al lugar, lo primero que vio fue a Lydia encima de Hermione. Eso no le dio buena sensación a Harry, quien rápidamente sacó la varita y apuntó con ella a la chica.

- ¡APÁRTATE DE ELLA AHORA MISMO!

Hermione movió la cabeza lo suficiente para poder mirarle, intentando decirle que todo estaba bien, pero Harry no estaba atento a ella, sólo a Lydia y al hecho de que Hermione estaba tumbada en el suelo con una persona encima de ella. Y él sabía de sobras que eso era algo que Hermione no soportaba. Pues desde lo de Blaise, ella no había consentido en volver a tener a nadie encima de ella, ni si quiera a él. Le entraba pánico en cuanto sucedía.

- ¡LYDIA WILLIAMS, TE DOY TRES SEGUNDOS PARA QUE TE APARTES DE HERMIONE ANTES DE HACERTE DAÑO, LO DIGO EN SERIO!

La rubia miró a Harry con creciente asombro, no entendía cuál era el problema y por qué él estaba reaccionando así. Sabía que era el novio de Hermione pero nunca imaginó que sería tan paranoico. ¿Qué había de malo en estar como estaban las dos?.

Ella sólo se había abrazado a Hermione porque buscaba refugio en ella, ya que Hermione siempre le había transmitido mucha seguridad y confianza. Pero aquél chico alto y moreno, parecía creer que el hecho de estar abrazada a Hermione era algo lo suficientemente horrible como para recibir un castigo. ¿Seguro que no le faltaba un tornillo a Harry Potter?. A lo mejor se había vuelto loco después de tantas batallas con aquél mago más loco aún.

- ¡ES QUE NO ME HAS OÍDO, NIÑA, QUE TE ALEJES DE HERMIONE AHORA MISMO!

- Hermione…- pronunció Lydia mirándola preocupada.- ¿Cuál es el problema?

- Hazle caso, Lydia. Aléjate de mí ahora. No tengo tiempo de explicártelo.

Viendo que la rubia no hacía caso, pues aún seguía encima de Hermione, Harry perdió la paciencia y lanzó una especie de rayo a la espalda de la chica, que se vio apartada de la castaña en pocos segundos. Estrellándose contra un árbol y cayendo al suelo de forma brusca.

- ¿¡ Es que has perdido el juicio de repente?!- pronunció Hermione levantándose rápidamente y corriendo al lugar donde estaba Lydia, que volvía a llorar de forma sonora.

- Yo pensé…pensé que te había hecho daño.- dijo él intentando disculparse.

- Ella nunca me lo haría, y tú lo sabes. Me respeta lo suficiente como para no intentarlo siquiera.- En cuanto la tuvo a su lado, Hermione la cobijó en su pecho, acariciándole la espalda suavemente.- Tranquila Lydia, él no volverá a hacerte daño. Discúlpale, por favor, creyó que yo corría peligro.

- ¿Por…por qué?.- preguntó la rubia mirándola con sus ojos color miel.- No hice nada malo.

- Es que…hace unos días me ocurrió algo muy malo y desde entonces…no soporto que me toquen sin yo quererlo y mucho menos que se me tumben encima. Harry sabe por lo que he pasado y por eso cuando te vio encima mía…perdió el control.

- Oh…entiendo. Entonces comprendo por qué me ha atacado. No puedo culparle por ello. Sólo estaba protegiéndote.

- Así es.

- De todos modos prefecta Granger creo que…

- Por última vez, Lydia, llámame Hermione.

- Perdón. Hermione yo…entiendo que él siendo tu novio, se preocupa por ti pero…creo que deberías llevarle a un medimago para que le examinen el cerebro. Está algo loco.

Hermione estalló en carcajadas y la rubia la miró con mucha curiosidad. Pues no se esperaba esa reacción por parte de ella.

- Te aseguro que Harry Potter está en sus cabales, Lydia. Y de loco tiene lo que yo de Miss Universo, o sea, nada.

- Bueno pero es que…aún me asombra mucho cómo ha reaccionado.

- Y a mí, pero lo entiendo perfectamente. Te vio encima de mí y pensó…que eso me afectaría.

- Oh, ahora lo entiendo mejor. Tienes razón, tenía un motivo más que justificado para actuar así. Pero por su culpa ahora me duele la espalda horrores.

- ¿Puedo mirártela?

- ¿Sabes magia curativa?

- No mucha.- dijo Hermione recordando que había aprendido algunos hechizos sanadores gracias al compendio de Klaus.- Pero puedo intentar aliviarte un poco.

Lydia se tumbó bocabajo en el suelo. Hermione le subió la túnica y la camisa lo suficiente como para poder mirar su espalda. No tenía ninguna herida, salvo lo que parecía ser una señal roja, como si se hubiese quemado. Hermione puso sus dos manos sobre aquella rojez y tras pronunciar unas palabras de forma silenciosa, una luz blanca salió de ellas penetrando en la piel de Lydia. En pocos segundos, la piel de su espalda volvía a presentar un aspecto normal.

- Ya está Lydia.

- ¡Es verdad, ya no me duele. Gracias Hermione, muchísimas gracias!.- Lydia volvió a tirarla al suelo, cayendo otra vez encima de Hermione, pero la castaña ya no se asustó como antes. Cosa que la hizo sonreír. Quizás su miedo al contacto físico, estaba desapareciendo.

Cuando Harry vio cómo Lydia volvía a tirarse encima de Hermione, estuvo a punto de sacar la varita otra vez, pero antes de hacer algo impulsivo como antes, decidió acercarse hasta ellas para ver si Hermione necesitaba ayuda de algún tipo. Cuando llegó, lo único que vio fue a Hermione con una expresión tranquila y alegre en sus ojos marrones. Él se tumbó a su lado evitando tocarla.

- ¿Estás bien?

- Sí, no te preocupes.

- En un principio pensé que te había hecho algo malo.

- Para nada. Era ella quien estaba rodeada de malos. Había muchas arañas encima de ella. Yo sólo la ayudé a que la dejaran en paz.

- ¿Qué aspecto tenían las arañas?.- preguntó acordándose de los hijos de Aragog, a quienes conoció en segundo año, al igual que conoció junto a Ron, a aquella araña gigante que Hagrid había traído al bosque prohibido cuando aún estudiaba en Hogwarts.

- Eran…un poco más grandes que las arañas muggles pero…igual de cobardes que ellas. Desaparecieron en cuanto maté unas cuantas.

- Hermione tenemos que irnos. Ahora. Y no me preguntas por qué, no hay tiempo de explicaciones. Dile a Lydia que se levante y que lo haga deprisa.

- Creo que se ha dormido.

- Pues la cogeré en brazos si hace falta, pero vámonos de aquí antes de que sea demasiado tarde.

- Me estás asustando, Harry.

- Y debes asustarte. Hasta yo tengo miedo.

- De acuerdo, coge en brazos a Lydia. Puedo levantarme sin tu ayuda.

Él no esperó más para coger a la rubia y ponerse en pie. En cuanto Hermione se puso en pie también, salieron de allí lo más rápido que le permitieron sus piernas y sólo dejaron de correr cuando Harry le dijo a Hermione que ya estaban fuera de peligro.

- Esta zona no es de Aragog y sus hijos. Sino de los centauros. Pero a ellos no le gustan los humanos, así que es mejor que continuemos.

- ¿Podemos andar en vez de correr?- preguntó Hermione sofocada.- Creo que voy a reventar por dentro si no aminoro el paso.

- Pues anda que yo… tengo que cargar con ella y pesa lo suyo.

- Pues no está nada gorda.

- Yo no he dicho eso, sólo he dicho que pesa.

- Pues claro, Harry. Es normal. Por dentro tenemos músculos y masa corporal, eso es lo que nos hace pesados.

- No me des una clase de anatomía ahora. Sólo dime si hay algo que te resulte familiar.

- ¿Es que nos hemos perdido?

- Creo que sí. Esta zona del bosque no la conozco.

- Pero si dijiste que estábamos donde los centauros…

- Eso era antes, ya la hemos pasado. ¿Ves algo conocido o no?

- No.

- Pues estamos jodidos.- dijo él deteniéndose para recuperar el aire. Cosa que imitó Hermione.

- ¿Por qué no dejas a Lydia en el suelo un momento?. Podríamos consultar el mapa del merodeador.

- Eso sólo sirve para encontrar personas, no para salir de un bosque que es enorme.

- ¿Y si llamamos a Hagrid?. Puede que esté cerca y nos escuche.

- No creo que funcione. Te vuelvo a repetir que el bosque es enorme, a saber en qué punto de él está Hagrid.

- Entonces usaré la magia para lanzar chispas rojas tal y como hicimos en primero.

- Ah, buena idea. No me acordaba de eso.

Ella lo hizo y un rato después, Hagrid apareció.

- No me digáis que os habéis perdido.- dijo en su tono alegre y amable de siempre.- Honestamente chicos, después de tantos años en Hogwarts, pensé que conocíais el bosque lo suficiente como para no necesitar mi ayuda para salir de él.

- ¿Bromeas?.- le dijo Hermione.- ¡Es un bosque grande, Hagrid. Y yo al menos, sólo he estado en él en muy contadas ocasiones. No es que me dedique a explorarlo cada vez que vengo!

- ¿Qué le ha pasado a esa niña?.- preguntó el semigigante agachándose un poco para verla mejor.

- Ah, unas arañas la atacaron, pero yo las ahuyenté.- dijo Hermione de forma resuelta. Hagrid la miró alarmado.

- ¿Cómo eran esas arañas?

- ¿Otra vez?. Ya me lo ha preguntado Harry antes, que te lo cuente él.

- Harry, habla.

- Eran los hijos de Aragog, creo. Hermione dijo que eran arañas un poco más grandes que las muggles. Ella mató unas cuantas, por eso estábamos intentando salir del bosque. No quiero ni imaginar lo que ocurrirá como se presente Aragog. Que Ron y yo escapásemos de él una vez no quiere decir que volvamos a conseguirlo ahora.

- Y tienes mucha razón en pensar así. Puede que Aragog sea mi amigo, pero es un animal muy peligroso para las personas que él no conoce. Además, no ha olvidado vuestra huída. Creo que aún espera que caigáis en sus patas.

- Qué alentador…

- Os enseñaré la salida. Seguidme.

- ¿Te importaría mucho llevar a Lydia?. Es que me duelen los brazos.

- Te dije que la dejaras en el suelo.- dijo Hermione.- Pero como eres un cabezota…

- Dame a Lydia, Harry. Y no te metas con él, Hermione, que no la soltara dice mucho de lo responsable que es. ¿No crees?

- Bueno…sí, en eso tienes razón.


- ¿Quieres explicarme quién demonios es Aragog?- le preguntó Hermione mientras seguía a Harry por los terrenos del lago, con Lydia caminando al lado de ella, pues ya había recuperado la conciencia hacía rato.

- Es una larga historia, Hermione, ya te la contaré en otro momento.

- ¡Lydia!.- dijo Ginny desde la distancia y acercándose corriendo a donde estaban los tres.- Te he estado buscando. ¿Dónde estabas?

- En el bosque prohibido.-contestó su amiga.- Quería encontrar setas venenosas para la clase de Herbología pero me perdí. Si no fuera por Hermione, podría haber muerto.

Ginny miró de forma interrogante a la castaña.

- La atacaron unas arañas, pero las ahuyenté.

- ¿De verdad estás bien?.- preguntó la pelirroja a su amiga.

- Sí Ginny, no te preocupes. ¿Te apetece que vayamos al lago a ver si pescamos caballitos de mar saltarines?

- ¡Claro!.- dijo ella alegremente.- La otra vez no pudimos hacerlo.

- Porque desapareciste sin dejar rastro.- añadió su amiga.

- Pero mi hermano, Harry y Hermione me encontraron. Gracias por cuidar de mi amiga.

- De nada.- contestaron los dos al mismo tiempo.

- Hasta luego chicos.

- Adiós Ginny.

Antes de irse, la rubia le dio un beso en la mejilla a Hermione y un abrazo a Harry.

- De nuevo gracias a los dos, por cuidar de mí.

- De nada Lydia.- dijo Harry.- Pero no vuelvas a entrar en zonas del bosque que no conoces.

- Por supuesto que no.- contestó la rubia sonriéndole.- He aprendido la lección. ¡Vamos Ginny, si se hace de noche no podremos ver nada!

Cuando las perdieron de vista, se dieron cuenta que estaba empezando a oscurecer.

- Creo que hemos perdido la tarde en esta pequeña aventura.- comentó Hermione.- Lo siento Harry, no hemos podido celebrar nada.

- ¿Cómo que no?. Te recuerdo que antes de dormirnos bajo aquél árbol, estuvimos un buen rato mimándonos.

- Ya, pero yo pensaba que haríamos algo más.

- ¿Por ejemplo?

- No sé, dar un paseo o quizás volar en tu escoba. Como eso te encanta…

- Y a ti te aterra.

- Bueno, pero no tanto como antes. Creo que me estoy acostumbrando a estar en el aire. Además, puedo volar si quiero.

- Lo sé. Fue así como salimos del pozo.

- Ajá…

- ¿Qué más cosas has aprendido del libro?

- Puedo…mover cosas usando la mente, hacer algunos hechizos curativos, lanzar energía con las manos y hasta puedo controlar el clima si así lo quiero. Hay más cosas que puedo hacer pero ésas son las que más me gustan.

- Oye Hermione, cuando Lydia se tiró encima tuya…¿No te dio miedo?. Como no la apartaste…

- Al principio sí me asusté y eso me sorprendió. Creía que sólo tenía miedo de los chicos pero me di cuenta que no era así. Creo que mi problema no se debe a que le haya cogido miedo a los hombres, creo que tengo miedo de que me toquen sin yo esperarlo, sea quien sea. Pero también creo que ya no me asusto tanto como antes porque llegó un momento en que el contacto con Lydia dejó de alarmarme.

- ¿Por eso no te la quitaste de encima?

- Sí. Mi primer impulso fue hacerlo pero entonces me di cuenta que si lo hacía no podría superar esto nunca. Así que aguanté su presencia y…poco a poco me fui relajando. Además, sabía que ella nunca me haría daño.

- Yo tampoco te lo haría.

- Lo sé, Harry.

- Y sin embargo…a mí no me dejas estar encima tuya.

- Puede que eso cambie a partir de ahora.

- ¿De verdad lo crees?

- De verdad. ¿Nos vamos al castillo?. Está empezando a hacer frío. Además…necesito ducharme. Estoy muy sudada. Ugh…

- Pfjajjajajaa.

- ¿De qué te ríes?

- De la cara de asco que has puesto. Ha sido muy divertida. Digna de una de las fotos de Colin.

- Seguro que me la habría echado.

- ¿Nos vemos después de tu ducha?

- Sí, no tengo guardia hasta después de la cena, y esta noche no quiero que me esperes despierto porque voy a terminar muy tarde. Sobre las tres o así. Además, es tonto que lo hagas cuando ya no dormimos en la misma habitación.

- Porque tú no quieres.

- Y sabes perfectamente cuál es el motivo.

- Sí, no te lo estoy echando en cara. Sólo lo comentaba.

- Mira Harry, sé que te fastidia que no quiera dormir contigo. Pero sabes de sobras que no te dejo ya no sólo por el miedo que tengo al contacto físico sino porque además, podríamos meternos en líos si algún profesor se enterase.

- ¿Y crees que no lo han sabido todas las veces que lo hemos hecho?

- Seguro que sí, pero antes teníamos motivo para hacerlo. Ahora no.

- Bueno, en eso tienes razón.

- Te veo dentro de quince minutos.

- Eso mismo dijiste ayer y tardaste tanto que tuve que derribar la puerta del baño.

- Ayer no es hoy, Harry. Te aseguro que no me retrasaré más de ese tiempo.

- Vale, en quince minutos te recojo.

- No, mejor espérame en la Sala Común. Me gustaría que nos quedáramos allí hasta la hora de la cena. No quiero salir más del castillo si no es necesario.

- ¿Y eso?

- Esta noche hará mucho frío, lo sé. Prefiero quedarme junto al fuego si a ti no te importa.

- Pues claro que no, Hermione.

- Entonces quedamos en eso. Nos vemos en la Sala Común dentro de quince minutos.

- Hasta entonces.

Cuando él iba a marcharse, ella tiró un poco de su muñeca, atrayéndola hacia ella. Harry lo notó y estaba a punto de preguntarle qué quería pero no pudo hacerlo porque Hermione le dio un beso en los labios que le dejó algo descolocado aunque no por eso menos feliz.

- ¿Y esto a qué se debe?.- preguntó cuando ella se retiró.

- A nada en especial. Sólo quería agradecerte lo que has hecho antes por mí. Aunque le hicieras daño a Lydia. Pero…ha sido muy noble de tu parte que vinieras a rescatarme.

- Como si fuese la primera vez que lo hago. Además, tú también me has salvado un montón de veces. Tantas, que hasta he perdido la cuenta.

- Igualmente te doy las gracias, Harry.

- Pues si siempre me las vas a dar de esa manera, creo que deberías estar en apuros todos los días.

- Malo.- dijo ella riéndose un poco.- Pero entiendo por qué lo dices. He estado varios días algo…esquiva y distante contigo. ¿Verdad?

- Sí, pero no te culpo por ello. Quizás yo habría reaccionado igual si hubiese pasado por lo mismo que tú con ese… innombrable.

- Gracias por no pronunciar su nombre. Me pongo enferma sólo de escucharlo.

- Bueno señorita Granger, si seguimos hablando se nos hará de noche del todo y entonces no tendremos tiempo ni de ducharnos antes de la cena. ¿Nos vamos ya?

- Sí. ¿Puedo agarrarte la cintura mientras camino?

- ¿Por qué me lo preguntas?. Sabes que no me importa que lo hagas, más bien me encanta.

- Es que no sabía si te apetecía.

- Hermione…

- Qué.

- No hay un solo momento en que esté contigo, que no me apetezca que me toques o me agarres. Y creo que me has entendido bien y no tengo que aclarártelo. ¿Cierto?

- Sí, Harry.

- La próxima vez que quieras tomar mi mano, o agarrar mi cintura mientras caminas a mi lado, no me lo preguntes. Hazlo directamente. ¿De acuerdo?

Ella asintió con la cabeza. Caminó en silencio durante un rato y finalmente dijo de forma tímida…

- Tú también puedes.- y fue una frase lo suficientemente efectiva como para que Harry detuviera su paso de repente.

- ¿Qué es lo que puedo exactamente, Hermione?

- Tocarme.

- ¿Perdona?

- He dicho, que tú también puedes…tocarme sin preguntar primero.

- Y… ¿Qué pasa con tu problema?

- Sigue estando ahí pero…si no hago algo para que deje de ser un problema, no podré tener una relación normal contigo, y eso es algo que de verdad deseo tener.

- Yo también pero…no quiero que te apresures. Esto es serio Hermione, si no vamos con calma respecto a eso, puede convertirse en algo peor.

- Ya se ha convertido, Harry. Sé que lo que me ocurre es que tengo fobia al contacto físico. Porque eso es lo que se conoce como miedo extremo a algo, fobia. Pero si no hago algo por perder esa fobia estaré toda mi vida sufriendo y no estoy dispuesta a que eso me ocurra. Todo el mundo sabe que la mejor manera de perder una fobia es enfrentarse a ella y creo que la mejor manera de plantarle cara es permitir que me toques sin tener que preguntarme.

- ¿Y si te vuelve a entrar pánico, entonces qué, no será eso malo para ti?. Podrías volver a encerrarte en ti misma y no quiero eso.

- Ni yo. No digo que no vaya a ocurrirme pero sé, que si me vuelve a dar otro ataque de pánico, no lo afrontaré sola. Porque tú estarás conmigo. ¿Verdad?

- Por supuesto.

- Entonces me da igual el pánico que pueda experimentar. Tú estarás ahí para calmarme, como lo has estado todos estos días. Yo…confío en ti, Harry. Confío tanto en ti que hasta pondría mi vida en tus manos. No te tengo miedo. Creo…que no hay otra persona mejor que tú, que pueda transmitirme tanta calma y seguridad como para hacer que se me pase la angustia. Lo digo en serio.

- Eso es…es bonito, muy bonito. Creo que nadie me había dicho algo tan bonito como eso, en toda mi vida.

- Gracias, supongo.

- No me des las gracias, Hermione. Debería ser yo quien te las diera. En realidad tengo tanto que agradecerte que no sé por dónde empezar.

- Lo mismo digo yo respecto a ti. Vámonos ya por favor, me estoy helando.

Él se quitó la túnica y se la puso a ella por encima de los hombros, Hermione le sonrió dulcemente, apoyando su cabeza en uno de sus hombros. Harry besó su cabello mientras caminaba al mismo paso que ella. Cuando agarró su cintura sin avisarla, sintió cómo se ponía tensa durante unos segundos, pero enseguida se relajó.

- Aún tienes el agujero en la túnica.- Dijo Hermione plácidamente acomodada en el amplio sofá rojo de la Sala Común de Gryffindor.- Debería arreglártelo. No conozco la magia doméstica pero sé coser un roto como este.

- ¿Tú coses?.- preguntó él algo asombrado del nuevo dato que ella acababa de revelarle. Puede que ya no estuviera pegado a Hermione, pero seguía aprendiendo cosas nuevas de ella tras cada día que pasaba junto a ella.

- Sólo pequeñas cosas. Botones, dobladillos y agujeros como éste.- Ella usó la varita para hacer aparecer una aguja y un poco de hilo negro.

Harry la miró con atención mientras ella remendaba aquél agujero que él mismo había hecho cuando la apuñaló. Pues la túnica que ella había llevado cuando sucedió aquello, era la de él, ya que Blaise había hecho desaparecer sus ropas escolares y si él no hubiese llegado a tiempo de evitarlo, también habría hecho desaparecer la interior que ella había llevado puesta aquella noche.

- Ya está, Harry. Creo que no se nota.

- Está genial, Hermione, muchas gracias.- Pero él no se la puso, sino que la dejó en uno de los sillones que había al lado del gran sofá rojo. Hermione se quitó también su túnica nueva y la dejó junto a la de Harry, pues ella también tenía calor al estar cerca del fuego.

- ¿Cuánto falta para la cena?.- preguntó él, apoyando la espalda en la del sofá rojo.

- Una media hora.- Respondió ella haciendo lo mismo que Harry pero dejando la cabeza en uno de los hombros de él. Harry le dio un beso en el cabello y rodeó su cintura con una mano. Ella tiritó un poco, pero pronto dejó de hacerlo.

- ¿Estás cómoda así?

- Sí.

- Si quieres, podemos tumbarnos.

- ¿Cabemos?

- De lado sí. O con uno de los dos encima del otro. Pero no creo que eso último te apetezca. ¿Verdad?

- Sí. Aún…me da miedo esa postura pero…no es por ti. Es sólo que me recuerda a…

- Lo comprendo. Pero tú dijiste que tenías que afrontar tus miedos y…quizás deberíamos intentarlo. Puede que al principio te asustes pero no olvides que yo nunca te haré lo que él intentó.

- Eso lo sé, Harry.

- Tú decides, Hermione.

- Creo que…no pierdo nada por intentarlo.

- De acuerdo. Si ves que no puedes soportarlo, dímelo y me apartaré enseguida.

Sin añadir algo más, Harry se levantó del sofá y permitió que ella se tumbara. Una vez que se había acomodado, Hermione le avisó de que ya estaba lista. Él obedeció, tumbándose encima de ella con cuidado. Harry se la quedó mirando para ver su reacción. No necesitaba que ella se lo pidiera, en cuanto viese el más mínimo signo de miedo en sus ojos marrones, se apartaría de ella inmediatamente.

Los minutos pasaban y Hermione seguía tranquila. Harry sabía que estaba nerviosa, sus ojos lo revelaban, pero no había miedo en ellos. No esta vez. Él no sabía si había sido porque antes de tumbarse encima de ella, se lo había consultado primero. La cuestión era que ella no parecía incómoda o agobiada en ningún aspecto, y eso desde luego no podía ser algo malo.

- Puedes besarme si quieres.- Dijo ella de forma tímida.

- ¿Estás segura?

- Sí.

- ¿Y si quisiera hacerlo durante un rato?

- Por mí está bien. Confío en ti, Harry.

Él la besó con suavidad, luego con un poco más de intensidad. Hermione correspondió de la misma forma, aunque él notaba que ella aún estaba un poco cohibida.

Confiando en que no ocurriría nada malo si la tocaba un poco, Harry introdujo una mano por dentro del jersey y la camisa que ella llevaba y empezó a acariciar su cadera suave y lentamente. Hermione comenzó a temblar, pero siguió besando a Harry.

Él notó su temblor pero el hecho de que ella siguiera besándole, le hizo pensar que podía seguir tocándola un poco más. Cuando él subió la mano y tocó uno de sus pechos aún cubiertos por el sujetador, ella se puso rígida de repente, y no sólo eso, sino que comenzó a sollozar. Harry se quedó quieto y la miró. Tenía los ojos cerrados e inundados de lágrimas. Él sintió una angustia enorme invadirle por dentro.

- Lo siento Hermione.- Dijo sintiendo que estaba a punto de llorar él también.- Lo siento mucho. Yo no quería que lloraras. Por favor perdóname.

- No.- dijo ella aún llorando.- No te disculpes, tú no tienes la culpa. La culpa es mía, sólo mía.

- No es verdad. Tú sabes que no lo es.

- Sí, Harry. Es mi cuerpo, debería ser capaz de controlarlo y evitar que reccionara así. Maldición…estoy cansada de esto, muy cansada…

Él intentó levantarse pero ella se lo impidió.

- No te apartes de mí ahora, si lo haces, todo esto no habrá servido de nada.

- Pero Hermione…

- No, que estés encima mía no tiene que ver con lo que me ha ocurrido. Antes de esto tú ya estabas encima y yo estaba bien. Creo que el problema ha sido el hecho de que me hayas tocado un pecho porque…él también lo hizo.

- Oh…Entonces no volveré a hacerlo.

- Yo quiero que lo hagas. Es la única forma de conseguir que pierda el miedo. ¿No lo entiendes, Harry?. Si dejas de tocarme en zonas íntimas, nunca lo superaré. Blaise me tocó en varias de esas zonas y son lugares que tú también querrás tocar algún día. Yo sé que es así. No puedo prohibirte que no lo hagas, sino todo lo contrario. Ayúdame Harry, ayúdame a perder el miedo.

- Quiero hacerlo, de verdad que sí. Pero no me gusta verte sufrir de esta manera cada vez que te toco.

- ¿Y qué es mejor, sufrir hasta que logre superarlo, o no dejar que me toques para que yo no lo pase mal?. No sé cómo lo verás tú, pero yo opino que si queremos tener una vida normal como pareja, tenemos que conseguir que mi cuerpo te acepte. Me da igual lo muy mal que yo lo pase hasta que lo logremos, pero no quiero pasarme el resto de mi vida temblando como una hoja cada vez que tú intentes tocarme o acariciarme.

- Pero Hermione, no vas a superar esto de un día para otro. Lo acabamos de comprobar. Esto llevará tiempo y mientras lo logramos…tú estarás mal cada vez que yo lo intente. Prefiero mil veces no tocarte que hacerlo y ver cómo te llenas de angustia.

- Pues yo prefiero angustiarme y llorar todo lo necesario, a permitir que te reprimas más por mi culpa.

- No es tu culpa que yo me reprima, lo hago porque quiero.

- Harry, no mientas. No lo haces porque quieres, lo haces porque sabes que no tienes más remedio que hacerlo, y sabes que lo que digo es verdad.

- Sí.

- Entonces olvídate de mi angustia. Haz lo que quieras hacer. Tienes mi permiso.

- Lo que de verdad quiero hacer contigo…debe esperar a otro momento mejor que éste. Además, creo que es mejor que primero intentemos que tu cuerpo acepte la presencia del mío como tú bien has dicho antes.

- Estoy de acuerdo con eso.

- Me alegra ver que ya no lloras.

- Y yo me alegro de que estés conmigo y de que seas el hombre más maravilloso que he conocido en toda mi vida.

- Te quiero Hermione.

- Y yo a ti, Harry.

Cuando él la besó sin avisarla, se dio cuenta que ya no temblaba tanto. Así que siguió haciéndolo hasta que ella se calmó del todo.

Cuando Hermione comenzó a besarle, Harry se percató de que ella estaba agarrando una de sus manos e introduciéndola por dentro de la camisa que ella tenía puesta. Él intentó alejarla de su piel, pero Hermione volvió a colocarla donde la había puesto ella. En la cadera. El mismo lugar por donde él había empezado a acariciarla antes. Ella retiró la mano, dejando a la de Harry libre para actuar como quisiera.

Durante unos segundos, la mano de Harry no se movió del lugar donde Hermione la había colocado, pero luego comenzó a moverla por la piel de Hermione, hasta que volvió a colocarla sobre uno de sus senos. Sólo que esta vez, no lo tocó. Pensó que si por haberlo tocado el cuerpo de ella había reaccionado mal, quizás podría intentar que su cuerpo aceptara la presencia de aquella mano, si simplemente la dejaba apoyada.

Puede que esa idea resultase ridícula para cualquier otra persona, pero fue una idea efectiva. Harry dejó de sentir la rigidez y temblor del cuerpo de Hermione en el instante en que dejó la mano quieta. Quizás el principal problema era ése mismo, que no podía tocarla en determinados sitios.

Pero ella tenía razón, por muy mal que reaccionase su cuerpo al de la presencia de él, tenían que lograr superar aquello si querían tener una relación normal de pareja. Y en toda relación normal, el contacto físico era algo necesario e importante.

Un poco después, Harry intentó mover la mano, puede que si sólo acariciaba el pecho un poco, y si lo hacía lentamente y sin brusquedad, el cuerpo de ella lo aceptara. Como no perdía nada por intentarlo, lo hizo.

En un primer momento, el cuerpo de ella reaccionó como siempre, temblando y luego poniéndose rígido, pero poco a poco, se fue relajando y llegó un momento en que reaccionó con normalidad. No sólo aceptando aquella caricia sino también respondiendo como era lógico en cualquier cuerpo femenino. Subiendo la temperatura corporal de Hermione, pero no sólo eso, porque incluso ella emitió lo que a él le pareció un gemido. Eso, desde luego, era algo muy bueno.

Harry pensó que podía intentar acariciar otra zona, pero también se dijo así mismo que por ahora estaba bien. Ya habían avanzado algo y eso era mucho comparado con lo ocurrido días atrás. En los que ella se ponía casi histérica en el instante en que él le ponía un dedo encima, aunque sólo fuese para agarrar su cintura.

- Creo que de momento está bien así .- Dijo Harry apartándose lo suficiente de ella como para permitir que le respondiera.

- Estoy de acuerdo.- Dijo Hermione dándole otro beso en los labios.- Me parece que al menos en la zona del pecho, ya no tengo ningún problema.

- Dime en qué otros sitios te tocó, aunque eso te despierte malos recuerdos. Pero es necesario que lo sepa.

- Él me tocó en…los pechos, las ingles, las piernas, el ombligo, la cadera y…ahí, aunque fuese por encima de la braguita pero…fue horrible Harry.

- No lo dudo. Escucha Hermione, si hemos conseguido que la zona del pecho me acepte…creo que deberíamos hacer lo mismo con los otros sitios que me has nombrado. Pero para eso…tienes que estar muy segura de que quieres que yo lo haga. Aunque…no creo que sea buena idea.

- ¿Por qué?- dijo ella de forma inocente.

- Bueno, es que esas zonas son…

- ¿Demasiado íntimas para ti?

- Sí pero ése no es el problema. Mi gran problema sería que si yo te tocase en todos esos sitios puede que…

- ¿Te excitases demasiado y perdieses el control?

- ¿Tú me lees el pensamiento o qué?

- No, es sólo que eres un chico, y es muy normal que pueda pasarte. A cualquier chico le ocurriría.

- La cuestión Hermione es, que si aceptas lo que te estoy proponiendo, podríamos terminar…

- ¿Teniendo sexo?

- Probablemente.

- Yo diría que no sería probable, sino inevitable. No eres el único que se excita cuando me tocas.

- Ya, pero…tampoco tenemos que darnos prisa. ¿Verdad?.

- Estoy de acuerdo con eso.- En ese momento, el estómago de Hermione rugió, cosa que hizo reír a Harry.

- Será mejor que vayamos a cenar. Alguien tiene hambre.

Antes de apartarse de ella, él le dio varios besos. Ella los correspondió todos, aunque su cuerpo aún reaccionase temblando un poco, pero ya no era tan incontrolable como antes.

Mientras caminaba al lado de Harry, Hermione no podía dejar de sonreír. Puede que le llevase días de intento el conseguirlo, pero sabía que perdería el miedo y pronto podría hacer el amor con Harry sin temor a que le diesen ataques de pánico.


Los días siguieron pasando con tranquilidad. Hermione estaba mejor. Ya no se asustaba tanto cuando alguien la tocaba sin previo aviso. De hecho, esa misma mañana recibió un abrazo de Ron cuando él la felicitó por su 18 cumpleaños, pues era hoy.

- ¿A qué hora es la fiesta?.- Le preguntó el pelirrojo en su tono alegre y animado de siempre.

- No he preparado nada.

- Debes estar de broma. No se cumplen dieciocho todos los días, Hermione. Por supuesto que habrá fiesta. Yo la organizaré. Cuando lo tenga todo preparado, te avisaré.

- Pues menuda fiesta sorpresa. Si me dices que habrá una, no será una sorpresa para mí.

- La fiesta en sí no, todo lo que habrá, sí.

- Bueno, en eso sí tienes razón. De acuerdo Ron, te perderé de vista el resto del día hasta que decidas venir a buscarme.

- ¡Gracias Hermione. Me encantan las fiestas de cumpleaños, sobre todo si las organizo yo!.- Cuando él le dio otro abrazo, ella se asombró al notar que su cuerpo ya no se ponía rígido. En cuanto su amigo pelirrojo se perdió de su vista, ella fue en busca de Harry. Quería darle la noticia. Puede que fuese una tontería, pero se moría de ganas de decirle que ya podía aceptar abrazos inesperados sin temblar como un animalito asustado.

Le encontró en el campo de Quidditch, volando con la escoba. A Hermione no le asombraba que estuviera solo, hoy no tenía entrenamiento y sabía de sobras que volar era algo que siempre le apasionó a Harry. Cuando él la vió, descendió a tierra enseguida. Bajando de la escoba y dejándola en el suelo en cuanto estuvo delante de ella. Él la saludó con un beso, ella no tembló, eso no era nuevo para Harry, hacía dos días que habían conseguido superar eso también.

- ¿Sabes qué?- comenzó ella en tono alegre.- Ron me ha dado dos abrazos y no me ha afectado. ¿No es genial?

- Por supuesto que sí. ¿Por qué lo ha hecho?

- Pues porque hoy es mi cumpleaños, despistado. Hasta Ron lo sabía y eso que tiene una memoria desastrosa para según qué cosas.

Harry sabía que era su cumpleaños, pero como se había compinchado con Ron y Colin entre otras personas, para hacerle una fiesta sorpresa a Hermione, prefirió seguir haciéndose el olvidadizo.

- Ah, claro. ¿Quieres hacer algo especial hoy?

- No pensaba hacer nada, pero Ron me ha dicho que me va a preparar una fiesta.

"La madre que lo parió. No puede ser una fiesta sorpresa si ella sabe que va a tenerla. Este Ron es tonto, pero de remate. Da igual que sea mi mejor amigo, además de tonto, es un traidor. Mira que decírselo…Weasleys…no se puede confiar en ninguno."

- No sé cuándo será, pero él me dijo que me buscaría cuando llegase el momento.

"Además de tonto y traidor, también es retrasado mental. Peor todavía."

- La verdad es que me preocupa un poco, cualquiera sabe las locuras que se le ocurrirán. Siendo un Weasley no me extrañaría nada.

- Um, bueno, no creo que prepare nada…peligroso. En fin, es un Weasley, no un psicópata.

- En eso tienes razón. ¿Estabas entrenando o sólo volando porque sí?

- Lo segundo. ¿Quieres dar una vuelta?

- Eh…

- Vale, comprendido. No te apetece. ¿Qué quieres hacer?

- La verdad es que me da igual. Pensaba ir a la biblioteca a estudiar un poco pero ya que estoy aquí…creo que eso puede esperar.

- Nadie que te escuchara, diría que eres tú.

- ¿Tan raro es que prefiera estar con mi novio a abrir un libro?

- No sería raro en otra chica que no fueses tú.

- Ya, la sabelotodo repelente no puede ser una chica normal y corriente. ¿Mmm?

- No lo decía en ese sentido. Pero sí, tienes razón en eso. Puede que los demás no te vean como una chica común y corriente pero a mí me gustas así.

- Eso no lo dudo. ¿Y sabes qué?. Tú también me gustas tal y como eres. Aunque tengas pelos de loco, estés más flaco que un spaghetti y lleves unas gafas de lo más corrientitas.

- Pero qué amable eres…

Ella le sacó la lengua y él se dio cuenta que estaba bromeando. Así que no se tomó en serio que se metiera con él de aquella manera. Pero Hermione aún no había terminado. Pensaba sacarle más defectos a Harry, porque se lo estaba pasando en grande. Era la primera vez que se metía con él de broma y quería ver cómo reaccionaba.

- Además, me dijiste que cuando llevases un tiempo en Hogwarts, recuperarías peso. Pero creo que sigues más flaco que un palillo de dientes. Deberías comer más, Harry, estás en los huesos.

- ¿Quieres parar de una vez?. Al final conseguirás acomplejarme.

- Jújújú…y no hablemos de tu ropa. Te lo juro Harry, es lo más horrible que he visto en mi vida. En vez de visitar tanto la posada de Madame Rosmerta, deberíamos frecuentar las tiendas de ropa.

- Tú disfrutas con esto… ¿verdad?

- Pues la verdad es que sí. No sabía que fuese tan divertido sacarte defectos.

- A este juego podemos jugar dos…

- No tienes tanta imaginación como para eso, señor Potter.

- ¿Quieres ponerme a prueba?. A lo mejor te sorprendo.- Él se acercó a ella tanto, que Hermione tragó saliva. Pero en vez de ponerse nerviosa, se quedó como si fuese lo más natural del mundo, cosa que en realidad era.- Yo tendré pelos de loco, pero los tuyos no son mejores. Parece que te electrocutas todas las mañanas.

- Serás…

- Y no hablemos de tu manía de morderte las uñas cuando algo te preocupa. Como no te quites esa costumbre, te quedarás sin ellas. Y si mi ropa es horrible, la tuya es más sosa que la de una abuela antigua. Y no hablemos de los escotes, creo que no existen para ti. A veces no sé si eres una chica o una monja de clausura. Vas tan tapada que sólo te falta el velo ése que llevan en la cabeza o como coño se llame.

- Anda y vete al cuerno.

- Jójójó. Y ahora quién ha sido el más ingenioso para criticar al otro. ¿Eh, listilla?

- A veces te odio cordialmente.

- Pues no te quejes, empezaste tú…

- Anda y que te den.

- Si me das tú, seguro que me gusta.

- Guarro.

- Puritana.

- Pervertido.

- Monjita.

- Obseso.

- Reprimida.

- Machista.

- Radical.

- Celoso.

- Indiferente.

- Posesivo.

- Sólo contigo.- Dijo él atrayéndola a sus brazos.

- Te adoro.- Ella se puso de puntillas para besarle en los labios.

- No más que yo a ti.- Y él la besó antes de que ella lo intentara siquiera.

Hermione sintió cómo sus pies dejaban de tocar el suelo en el instante en que él abrazó su espalda y la elevó lo suficiente hasta que ella quedó a su altura. Durante unos minutos, se besaron sin ningún tipo de prisa. Era viernes por la tarde y como Hermione no tenía ninguna obligación de prefecta hasta la noche, se permitió el lujo de dedicarle todo su tiempo a Harry.

Cuando él la dejó en el suelo, ella apoyó su cabeza bajo el cuello de él y sintió cómo Harry rodeaba su cintura con una mano.

- Creo que los dos hemos ganado el juego.- Comentó Harry.- Aunque debo confesar que nada de lo que te he dicho para meterme contigo, lo pienso de verdad.

- Lo mismo digo. Aunque…es verdad que tienes pelos de loco.- Ella se rió mientras se apartaba de él lo suficiente para salir corriendo.

- ¡Ven aquí sinvergüenza!

- ¡No!.- Ella echó a correr mientras Harry, con una sonrisa enorme, la perseguía a un paso un poco más lento que el de ella. Aunque lo hacía a posta, pues él sabía que podía atraparla en el instante que quisiera.

- ¡No corras Hermione, sabes que no te servirá de nada. Siempre he sido más rápido que tú!

- ¡Sólo con la escoba!

- ¡Que te crees tú eso. Ya verás cuando te pille!

- ¡A ver si eres capaz. De pequeña hice Atletismo!

Y debió ser verdad, porque de repente, ella pegó un spring que dejó a Harry más que asombrado. Así que se montó en la escoba y pronto le cortó el paso.

- ¡Tramposo!.- Dijo ella agarrándose el vientre liso mientras recuperaba el aire.- Dijiste que correrías, no que volarías. Además, acabas de demostrarme que tenía razón en lo que te dije. Soy más veloz que tú por mucho que te empeñes en negarlo.

- Es normal que lo seas, eres una chica. Pesáis menos que nosotros.

- Señor Potter…no me digas que has hecho los deberes de Anatomía.

- No, señorita Granger, es que llevo siete años al lado de una sabelotodo. Algo tenía que aprender. ¿No?

- Pues sí. Y dime…es esa sabelotodo… ¿tan repelente como muchos dicen?

- Sólo a veces.- Él se acercó más a ella, preparándose para agarrarla de improviso.- La mayoría de las veces es un encanto de chica.

- Oh, entonces tendré que conocerla. ¿Cómo se llama?.- Ella pasó sus brazos por detrás del cuello de Harry, preparándose para los besos que sabía llegarían de un momento a otro.

- Hermione. Un nombre precioso. Tan preciosa como lo es su dueña.

- Sólo para ti, señor Potter. Los demás chicos no se lo dicen nunca.

- Saben que no deben si no quieren correr peligro de muerte.

- Oh, así que su novio es un psicópata. ¿Mmm?

- No...sólo defiende lo que es suyo.

- ¿Y quién te ha dicho a ti, que ella te pertenece?

- No hace falta que me lo digan, yo lo sé. Sé que me pertenece como yo le pertenezco a ella.

- En eso estamos de acuerdo.

- Entonces cállate y bésame.

Ella lo hizo, y le dio igual que estuvieran sudando como pollos asados. Pronto, las manos de Harry estaban acariciándola por encima de la ropa.

Que no era escolar al haberse cambiado los dos, después de las clases de la mañana y podían vestirse como les diera la gana. Hermione se había puesto aquél día una falda que le llegaba por encima de las rodillas. Hacía buen tiempo y el sol picaba un poco. Así que también se había colocado una camiseta de tirantes anchos y escote cuadrado.

Harry pensó que estaba sexy, pero no se lo había dicho. Al igual que tampoco le había dicho ella lo guapísimo que le encontró cuando le vio volando en la escoba con el pelo flotando debido a la velocidad. Aunque la ropa que llevaba él también le quedaba bien. Era uno de los pocos pantalones que tenía de su talla. Y era de un verde oscuro que recordaba a los de un explorador. El pantalón tenía muchos bolsillos y no quedaba demasiado ajustado, pero le marcaba el trasero estupendamente. O al menos así se lo parecía a ella.

De repente, Hermione sintió que necesitaba tumbarse porque estaba experimentando sensaciones demasiado intensas como para seguir de pie. Sobre todo en el instante en que Harry metió una de sus manos por su escote y comenzó a acariciarle una de las zonas que ya no representaban ningún problema para ella. El pecho. Cuando él tocó el otro, tampoco ocurrió nada malo. Pero en el instante en que intentó tocarle el trasero con la otra mano, ella pegó tal salto que en vez de preocuparse, a él le dio risa.

- Eres de lo que no hay, Hermione.- Dijo sin poder contener las carcajadas.

- Eso debería decirlo yo.- Dijo ella intentando parecer ofendida aunque en realidad no lo estaba.- ¿Quién te ha dicho a ti que podías tocarme el culo?. Mira que eres guarro cuando quieres.

- ¿Guarro?. Perdona pero…creí que hacía días habíamos quedado en que te tocaría zonas íntimas para que perdieras el miedo. ¿Qué hay de guarro en eso?. Yo diría que más bien es una terapia.

- Anda y que te den un batallón entero de peces espada.

Cuando ella le vio tirarse al suelo y seguir riéndose, no pudo evitar contagiarse de su risa. Pronto, estaban los dos uno junto al otro, partiéndose de risa en el suelo. Llegó un momento en que se quedaron callados y se limitaron a mirarse.

Hermione podría decir que había muchas cosas dentro de aquellos ojos verdes tan bonitos, pero una en especial. Deseo, mucho deseo por ella.

Se sintió halagada, pero también algo cohibida. Así que bajó la mirada y la cara de manera tímida pero Harry tiró suavemente de su barbilla haciendo que la cara de ella volviera a estar a la altura de la de él.

Cuando lo hubo logrado, la besó, y Hermione no pudo hacer otra cosa más que corresponder. Conforme pasaba el tiempo, los besos se intensificaron y Harry se puso encima de ella. Rogando interiormente porque no se pusiera a temblar o se quedara más tiesa que una estatua como sí le había sucedido otras veces. Se sintió aliviado al ver que eso no sucedía pero no había nada que le asegurase que si intentaba tocarla en zonas que aún no había intentado, ella pudiera reaccionar bien.

Empezó tocando una de sus rodillas, expuestas gracias a la falda. Hermione se tensó un poco, pero se relajó al poco tiempo. Tomando eso como una buena señal, él usó la mano para recorrer su pierna en sentido ascendente. Hermione volvió a tensarse, pero no le detuvo. Cuando él llegó a la ingle de la pierna derecha, dejó la mano quieta, simplemente apoyada allí. Hermione no se tensó esa vez. Pasado un tiempo que él creyó adecuado, Harry empezó a acariciar suavemente aquella zona tan sensible para ella, aunque él estaba seguro que la más sensible era una que no le había nombrado ella de forma directa.

Hermione aceptó aquella caricia en su ingle aunque no pudiese evitar temblar un poco.

- ¿Quieres que pare?.- Le preguntó Harry cuando notó el temblor.

- No…- dijo ella suavemente.- A mí me gusta mucho, pero mi cuerpo…

- Lo sé. No siempre puedes controlar sus reacciones.

- Pero creo que lo estamos consiguiendo, Harry, y todo gracias a ti.

- De eso nada. Si tú no pusieras de tu parte, yo no podría avanzar tanto como lo he hecho estos días.

- Digas lo que digas, eres tú el que me está curando. Yo lo sé. Puede que yo ponga de mi parte, pero es tu paciencia y tu cuidado en la manera de tocarme, lo que lo está haciendo posible. Digas lo que digas no conseguirás que cambie de opinión.

- Te amo Hermione.

- Yo también a ti. Siempre lo haré.

- Vámonos ya.

- ¿Por qué?

- Se me está olvidando donde estamos.

- ¿Es malo que estemos aquí?. No hay nadie mirándonos.- Dijo ella inocentemente.

- Hermione, es que si seguimos con esto y aquí…pues…en fin… ¿Tengo que explicártelo?

- Oh…entiendo. Qué tonta, cómo no lo pensé antes.

- Hey…no digas eso. Tú no eres tonta. ¿De acuerdo?

- Vale. Sólo despistada.

- No. Más bien…inocente. Aunque sólo en muy contadas ocasiones.

- ¿Eso te molesta?

- No…claro que no. Más bien me gusta. Hay pocas cosas de ti que no me gusten.

- Podrías decírmelas e intentaría mejorarlas.

- No. Te quiero tal cual eres. Igual que tú me quieres a mí.

- De eso no te quepa ninguna duda.

- ¿Nos vamos?. Bueno, mejor esperamos un poco. Tengo un problemilla y no debo levantarme.

Ella se rió por lo bajo.

- No es la primera vez, Harry, ya estoy acostumbrada. Además, me siento halagada cuando te ocurre. Aunque para ti sea incómodo.

- Bueno es que…caminar con algo tieso entre las piernas no creo que sea cómodo para quien se pueda cruzar en mi camino.

- Juajuajuajuajuajjuaaa.

- No te rías de mí, sabes que no me gusta.

- Es que a veces eres de lo más chistoso. Perdona.

- Me parece que ya se me ha bajado "la moral".

- Juajuajuajaujaujau.

- Ya basta, no tiene gracia. Si tú estuvieras en mi lugar, no te gustaría que me riese en tu cara.

- Es que…es que... ¡Lo siento Harry, pero no puedo evitarlo!- Ella siguió riéndose.

- Mujeres.- resopló él con fastidio.- No se puede vivir con ellas ni tampoco sin ellas. Es incomprensible pero cierto.

- ¡Y ahora se pone filosófico. Esto de la excitación masculina es genial!. Juajaujauajuajuaaaaaa.

- Hermione, bonita… ¿Quieres parar de una vez?

- Perdona.- Ella intentó recuperar la compostura, pero se le ocurrió mirar a los pantalones de Harry y aunque no vio nada anormal en ellos, no pudo evitar volver a reírse como antes. Harry rodó los ojos y se levantó. Viendo cómo Hermione se agarraba la barriga mientras se reía en un ataque de risa como pocos le había visto él en todo el tiempo que la conocía.

- Pues nada, tú misma. Cuando te calmes, si quieres verme, estaré en mi habitación. Ahí te quedas señorita risitas. Buenos días y que disfrutes tus carcajadas tú sola.

Ella le vio alejarse, pero pensó que estaba de broma y que luego volvería. Cuando se dio cuenta que de verdad la había dejado sola en aquél lugar, le entró tal nerviosismo que se le cortó la guasa de repente. Y es que miedo a que un hombre la tocara no era la única secuela que le había quedado a Hermione de la noche en que Blaise la atacó. Porque tampoco soportaba estar sola en un espacio abierto y grande. Y desde luego el estadio de Quidditch encajaba en ese perfil.

- ¡Harry!.- Pronunció mientras corría en su busca.- ¡Espérame, no me dejes sola!

Pero ella no le veía. Sólo pudo pensar que él había usado la escoba para llegar antes al castillo.

Cuando Hermione miró a su alrededor, se encontró con la entrada al bosque prohibido. Puede que fuese dentro del bosque donde Zabini y Malfoy le hubiesen hecho tanto daño, pero sólo con mirar hacia la entrada del bosque, ya se ponía mala de los nervios. No quería que le diera un ataque de ansiedad y menos estando sola, pero ya sentía cómo empezaba a darle uno y pequeño no era precisamente.

Hermione sentía que le faltaba el aire, y se vio así misma cayendo al suelo y quedarse más quieta que un muerto. Sintió que todo le daba vueltas y que los sonidos del bosque estaban distorsionados y amplificados más de lo normal. Sintió también las lágrimas rodar por sus ojos, pero no vió ni sintió cómo unos fuertes brazos la cogían y la elevaban del suelo, ya que se había desmayado.

- Oh Merlín…perdóname.- Dijo Harry a punto de llorar.- No creí que te afectaría tanto. Lo siento Hermione, lo siento mucho. Sólo me había escondido. ¡Qué tonto, qué tonto soy, cómo puedo ser tan idiota, sabiendo como sé por lo que has pasado!. Por favor, vuelve en ti, vuelve, te lo suplico. No me gusta verte así. Me estás asustando mucho…

Gotitas de agua caían en la cara de Hermione, a pesar de que el cielo estaba despejado y el sol brillaba con fuerza. Esas gotitas tenían sabor salado, las de agua de lluvia no tenían ese sabor. Las que tocaban la cara de Hermione sí, porque no eran gotas de lluvia, sino lágrimas humanas. Las que salían de los ojos de Harry. Que estaba empezando a angustiarse tanto que hasta le dolía el pecho.

Cuando ella abrió los ojos lo primero que vio fue la hierba del suelo y un poco más arriba de eso, una tela verde oscura. No tenía que ser un genio para saber quién llevaba algo de ese color. Harry.

Hermione levantó la cabeza y se dio cuenta que había estado encima del pecho de Harry. Él estaba dormido, o al menos eso parecía.

Ella le sacudió un poco para que despertara, pero no dio resultado. Pronunció su nombre y tampoco funcionó. Ella resopló con fastidio.

Vale que tuviese un sueño profundo, pero cualquiera diría que más que dormido, parecía muerto, porque ni si quiera le escuchaba respirar ni tampoco veía su pecho subir y bajar. Un…un momento. Era cierto. El pecho de Harry no se movía como sí debía hacerlo cualquier pecho humano que respirase. ¿Parecía muerto, y si lo estaba de verdad?. Y si así era¿cómo y por qué había muerto cuando lo último que recordaba ella, era haberle visto caminar lejos de ella con la salud intacta?

- ¿Harry?.- pronunció sin ocultar su miedo.- ¿Puedes oírme?. Contesta por favor, me estás asustando mucho…

Ella apoyó uno de sus oídos en el corazón de él, sus latidos eran casi imperceptibles, como si estuviesen a punto de extinguirse.

- ¡Harry Potter!.- gritó dándole un potente golpe en el pecho, que resucitaría a cualquiera.- ¡Levántate ahora mismo y déjate de tonterías. No estás muerto, sé que no lo estás. Vamos Harry, levántate ya!

Al ver que no reaccionaba, ella sólo pudo hacer una cosa, gritar. Gritar como nunca lo había hecho. Gritar con tanta angustia que hasta los pájaros dejaron de cantar. Estaba gritando tan alto y con tanta fuerza que sentía arder sus cuerdas vocales, pero le importaba muy poco. Incluso si se quedaba muda por el esfuerzo.

Un poco después, ella ya no gritaba, ni si quiera se movía. Parecía haberse quedado congelada mirando a Harry. Que seguía más quieto que una estatua.

Él abrió los ojos, con la sensación de haber dormido una eternidad. No recordaba mucho de lo sucedido. Sólo que había visto a Hermione entrar en estado de shock, quedarse inconsciente y luego él la había cogido en brazos y le había pedido llorando que volviera. Entonces el pecho le había dolido mucho y luego todo se volvió negro.

Lo siguiente que recordaba era verse así mismo flotando en el aire, intentando atrapar una snich aunque no llevase escoba. La snich subía cada vez más y más hacia las nubes y se acercaba a una luz muy bonita y cálida, pero cuando estaba a punto de llegar, escuchó la voz de Hermione pidiéndole a gritos que se levantara porque él no estaba muerto.

¿Muerto, sería eso. Había estado muerto?. Sabía que por mucho que se lo preguntase, nunca lo sabría con seguridad.

Cuando miró a Hermione, la vió a su lado. Mirándole fijamente pero sin pestañear ni si quiera de vez en cuando. Un mal presentimiento le invadió.

Pegó uno de sus oídos al corazón de ella. Aún latía, pero de forma débil. Sentándose, tiró de ella suavemente hasta incorporarla lo bastante como para situarla en su regazo. Colocando la cabeza de ella en su pecho.

- Vamos Hermione, vuelve. Estoy aquí. No voy a moverme de aquí hasta que vuelvas. Aunque tardes un siglo en hacerlo.

Él acarició su rostro suavemente, notándolo más frío de lo normal. Su piel también estaba algo pálida.

Buscó alguna herida sangrante, pero no le vio ninguna, y si la tuviera, las ropas de ella estarían manchadas y sólo estaban algo sucias por la tierra del suelo.

- Hermione venga, me estás preocupando seriamente. Háblame, haz algo, aunque sea mover un dedo, me da igual. Pero haz algo para hacerme saber que me escuchas.

Ella no movió ni un dedo, pero Harry sabía que estaba viva. Su corazón aún latía y su pecho subía y bajaba, señal inequívoca de que aún respiraba. Pero él no entendía por qué se había quedado ella en aquél estado tan…congelado. Era como si estuviera en coma. Pero eso no podía ser. Eso sólo sucedía cuando las personas sufrían daños neuronales. Hermione se lo había explicado una vez y él lo recordaba muy bien, como casi todo lo que ella le enseñaba.

- No estás en coma, sé que no es eso. Tu cabeza está bien, no tiene golpes ni heridas. Tiene que ser otra cosa. ¿Pero cuál?. Hermione por favor, reacciona de una maldita vez. Esto no tiene ninguna gracia. Hace rato que dejó de tenerla.

Salado, ella sintió que algo salado tocaba su piel y se metía por sus labios entreabiertos. Todo era negro, sólo veía oscuridad, pero sentía algo salado inundarla por dentro. Entonces escuchó su voz suplicante decirle…

- Vuelve, te lo ruego, vuelve conmigo. No me dejes solo. No quiero estar solo. Y sin ti lo estoy…siempre lo estoy…

Ella reconocería esa voz en cualquier parte o lugar, aunque fuese en la más absoluta oscuridad, tal y como estaba ahora. Aunque no sabía cómo había llegado hasta allí. Lo último que recordaba era haberle gritado a Harry que se levantara, luego todo se volvió negro. Un negro negrísimo.

- Vuelve por favor, vuelve…- volvió a decir su voz.- No me dejes, lo prometiste, me lo prometiste…

- ¡Yo no voy a dejarte nunca!.- gritó intentando que él la escuchase, pero él no respondió, aunque su voz volvió a ser audible para Hermione.

- Tienes que volver, porque si te vas…si decides marcharte y no volver…

- ¡No voy a ninguna parte, Harry!

- Me iré y no volveré, como tú. Y me da igual si Voldemort se carga el mundo mágico o si se destruye mañana porque llegue el Apocalipsis. Si tú no estás conmigo a mí la vida y el mundo me importan un carajo.

- ¡Harry, deja de decir tonterías!.- gritó ella corriendo sin rumbo mientras seguía la voz de aquél Harry invisible pero más que audible para ella.

- ¿Y sabes qué, Hermione?

- ¡Qué!

- Hay una cosa que no te he dicho nunca pero…creo que empecé a enamorarme de ti la noche del baile. Cuando bajaste aquellas escaleras con aquél vestido que te sentaba tan bien y con el pelo tan liso y bien peinado que pensé que más que una chica, estaba viendo a una diosa viviente…

- Oh Harry…

- Una diosa que no conocía, pero entonces esa diosa pasó por mi lado y se reunió con Víctor Krum. Él besó su mano de forma caballerosa y abrió el baile con ella.

Entonces escuché voces que decían…¿No es ésa Hermione Granger?. ¡Qué cambiada está!. Y por poco me quedo más congelado que un cubito de hielo cuando me percaté de que la diosa no era otra que mi mejor amiga, y en el instante en que me di cuenta de eso…Cho empezó a parecerme menos bonita que antes. Aún me gustaba, pero tú…tú ya no eras sólo mi mejor amiga, eras una chica preciosa que bailaba cerca mía y de Parvati. Y a esa chica…tenía que conseguirla. Me daba igual lo mucho o poco que me pudiera costar, pero tenía que ser mía a cualquier precio.

- Será posible…

- Cuando Cho me besó en quinto curso, Ron me preguntó qué me había parecido y yo sólo pude responder que "húmedo" porque no había sentido nada especial más que la humedad de sus labios y sus lágrimas. Pero entonces recordé que cuando tú me besaste en la mejilla al final de cuarto curso…

- Qué, Harry, qué sentiste. Dímelo.- Dijo mientras seguía corriendo por donde sonaba la voz de él.

- Algo sucedió dentro de mí. Yo no sabía lo que era. Ni si quiera sabía qué era eso cálido que me habías dado en la cara. Pero entonces recordé que mi tía Petunia hacía eso mismo con Dudley bastante a menudo y entonces caí en la cuenta de que ella lo llamaba beso. A mí nunca me había besado nadie, sólo tú. Tú fuiste la primera persona en besarme, aunque fuese en la mejilla.

- Oh Señor, no puedo creerlo.

- Y cuando Cho me besó en la boca…no me pareció algo cálido. Húmedo sí, pero cálido no. Tu beso sí había sido cálido, igual de cálido que tienes el corazón…

- Es imposible que no te quiera, Harry, imposible.

- En realidad no tienes ni idea de lo maravillosa que eres, Hermione. Puede que yo para ti sea especial, pero tú para mí eres única. Única e inigualable. No me dejes por favor, no te vayas.

- ¡No me he ido a ninguna parte, es sólo que no puedo encontrarte. Todo está muy oscuro!

- No te mueras Hermione, por favor, no te mueras…

- ¿Morirme?. ¡Pero si estoy vivísima!

- Porque si te mueres te seguiré. Te juro que haré lo mismo que el chico ése del que me habló Ron. Aún no puedo creer que se leyera un libro romántico y en verso no menos. La verdad es que tiene gracia, mucha gracia. Aunque nadie más que tú, conseguiría que él se leyera un libro así.

- Sigue hablando Harry, te oigo más cerca ahora.

- ¿Cómo se llamaba ese chico?

- Romeo, Harry, Romeo Montesco. Y ella…Julieta Capuleto. Ellos se suicidaron al creer que el otro había muerto. Pero tú no tienes que hacer eso, yo estoy viva. ¡Debes creerme!

- Seguro que debe ser un libro muy bonito, si te gusta a ti…tiene que serlo.

- Sí que lo es Harry. Vamos, sigue hablando. Creo que estoy a punto de llegar.

- Si vuelves conmigo…te prometo que leeré más. Y también te prometo que estudiaré más y que haré los deberes cuando me los manden y no los dejaré para el último momento como siempre hago. Y también te prometo que dejaré de meterme en líos, aunque ya hace mucho que no me meto, como ya no están Malfoy y sus colegas para fastidiarnos…

- Y que no vuelvan. Harry no te quedes callado, si te callas no te escucho y si no te escucho no puedo saber dónde estás… ¿Pero por qué mierda no hay luz?

- Aunque me alegro de que no estén. Ahora el colegio es un lugar mucho más agradable sin tener que soportarles a diario.

- ¡Sí Harry, eso es, sigue contándome cosas!

- ¿Hermione?

- ¡Estoy aquí Harry, aquí. Por qué no me ves!. Bueno, yo tampoco te veo pero puedo escucharte con claridad. Es como si estuvieras a mi lado.

- ¡Ya está bien Hermione. Quieres reaccionar de una vez, esto no es justo sabes, nada justo!

- ¿Cómo que reaccione?. ¡Llevo corriendo media hora, me van a estallar los pulmones. Yo no tengo la culpa de que no nos veamos!

- Mierda, mierda. No vas a despertar nunca. ¿Verdad?

- ¡Pues claro que no puedo hacerlo, ya estoy despierta!

- Es que quiero pedirte algo…pero tienes que estar despierta y totalmente consciente para poder responder.

- Luz… ¿Es eso luz?

- Aunque…qué más da. De todos modos ya te he hecho la pregunta varias veces…

- ¡Creo que es luz!

- En fin, supongo que ya no podré saber si querías o no casarte conmigo cuando terminásemos el colegio.

- ¡Por supuesto que quiero. Me encantará casarme contigo!

Ella se tapó los ojos cuando la luz la inundó, y cuando creyó que se había extinguido, apartó las manos y miró. Ya no había oscuridad, sino un cielo claro lleno de nubes blancas. Movió la cabeza hacia un lado y se encontró con un jersey rojo oscuro. Así era el color del jersey que se había puesto Harry aquella mañana. Entonces movió la cabeza hacia arriba y vió unos ojos verdes mirándola con tanta atención que ni parpadeaban siquiera.

- ¿Harry?

Y por segunda vez aquella mañana, Hermione sintió el sabor de algo salado entrar por sus labios entreabiertos. Sólo que esta vez, no sólo lo sentía, también lo veía. Lo salado, era el sabor de las lágrimas de Harry, que caían desde sus ojos verdes.

Cuando ella intentó incorporarse, se dio cuenta que él se estaba acercando a ella rápidamente. En menos de dos segundos, Harry había apoyado la cara en uno de los hombros de ella y estaba llorando de una forma tan sentida que hasta Hermione sintió que iba a contagiarse de su llanto si él no paraba.

- Por…¿Por qué lloras?.- preguntó ella suavemente.

- Pensé…que estabas muerta o…en coma.- Dijo él intentando calmarse.

- Pero…pero si yo te escuchaba hablarme. No podía ver nada, todo era oscuro. Pero tú me hablabas y yo corría siguiendo el sonido de tu voz. Así fue como encontré la luz. Luego ví el cielo y…a ti.

- Me has dado un susto de muerte, Hermione.

- Lo siento.

- No, más lo siento yo. No debí dejarte sola, pero no creí que le tuvieras miedo a eso precisamente.

- No es miedo a estar sola, es miedo a estar sola en espacios abiertos y grandes.

- Claro. El sitio donde luchamos contra Malfoy y sus amigos también era un lugar grande y abierto.

- Sí.

- Perdóname Hermione.

- No tengo que perdonarte nada. Me trajiste de vuelta de donde quiera que estuviera. Más que perdonarte, debería darte las gracias.

- ¿Te quedas conmigo?

- Siempre, Harry.

- Siempre es mucho tiempo.

- Lo sé, y no me importa.

- De...¿De verdad?.- preguntó levantando su cabeza del hombro de ella y mirándola directamente.

- De verdad de la buena.

- Entonces…eso quiere decir que tú…que tú…estarás… ¿Todo el tiempo conmigo?

- Menos cuando estemos en clase o cuando esté haciendo mis tareas de prefecta, claro.

- Incluso… ¿Por las noches?

- Sí, Harry.

- Eso quiere decir que tú… ¿Dormirás conmigo?

- Así es.

- Y…qué pasará con…los líos en los que podamos meternos si los profesores se enteran.

- Seguro que si se lo comentamos a Dumbledore, nos dejará dormir juntos de aquí a que termine el curso. Además, los líos en los que pueda meterme si él no nos deja, me importan un pepino. Tú me importas más que todo eso.

- Oh Hermione, yo…

- Te amo, Harry. Eso es lo único que debe importarte ahora. ¿Comprendido?

- Sí.

- Quieres besarme. ¿Verdad?

- ¿Cómo lo sabes?

- Lo veo en tus ojos. Pero sobre todo lo noto en tu voz. Sólo suena así de dulce y tierna cuando estás muy sensible y sobre todo cuando te apetece besarme y no te atreves a hacerlo sin saber si quiero o no.

- A veces me asombra…lo mucho que me conoces.

- Bueno, llevamos juntos siete años. No es como para que no me haya fijado en tus cosas pero…eso de los besos y demás cosas…no lo sabía hasta hace unos días.

- Te quiero Hermione.

- Yo también a ti.

- Y quiero besarte ahora.

- Puedes hacerlo.

- ¿Todo lo que quiera?

- Por supuesto.

- Pero y si tiemblas o…te pones mal otra vez.

- Sabes que eso sólo me ocurre cuando me tocas en sitios íntimos. Si sólo me besas no habrá problema.

- Pero yo quiero tocarte…

- Pues hazlo.

- Te asustarás como siempre…

- Terminaré superándolo tarde o temprano.

- Si tú lo dices…

- Sabes que es verdad. En pocos días hemos avanzado mucho.

- Pero aún no estás curada del todo.

- ¿Y tú te has cansado de esperarme?

- Claro que no.- dijo él moviendo la cabeza de un lado a otro.- Sabes que te esperaré todo lo que necesites.

- Te quiero. Bésame por favor.

Cuando él se retiró, colocó su cara en uno de los hombros de ella. Hermione acarició su espalda suavemente mientras sentía cómo dejaba salir un suspiro de satisfacción y agarraba su cintura con las dos manos.

- Deberíamos irnos. Ya habrá terminado el almuerzo.- Dijo Harry sin despegar la cara de donde la tenía.- ¿Tienes hambre aún?

- Sí pero…ya comeré algo después. Prefiero estar contigo.

- ¿Puedo decir otra vez que te quiero?

- Puedes decirlo todas las veces que quieras. No es que me canse de oírlo.

- Te quiero.

- Te quiero Harry.

- Mucho, de verdad que sí.

- Mucho, pero mucho muchísimo.

- Jo, no vale. Tu frase era más larga que la mía…

Ella rió por lo bajo, la voz de Harry sonaba como la de un niño pequeño al que le hubiesen retirado el caramelo de repente.

- Eres único en tu género.- Ella le dio un beso en el cabello negro. Él se aferró más a su cintura. Ejerciendo algo de fuerza pero sin llegar a hacerle daño.

- Ya me lo has dicho otras veces…

- Porque es verdad.

- No soy ni la mitad de especial y único, a como sí eres tú, Hermione.

- Comparada contigo soy bastante normalita.

- No, eres mucho mejor que yo, pero mucho mejor. Y te sales de lo común mucho más de lo que puedo salirme yo.

- Deja de dorarme la píldora, terminaré por creérmelo.

- Puedes creértelo todo lo que quieras, a mí no me importa.

- ¿Te he dicho ya que te quiero?

- Desde los últimos dos minutos no.

- Te quiero Harry.

- No más que yo a ti.

- Deberíamos irnos. Son casi las cuatro.

- ¿Tienes algo que hacer a esa hora?

- Sí. Ver a McGonagall. Debo entregarle mi discurso. Le prometí que se lo daría hoy a esa hora.

- Pero si aún falta mucho para que termine el colegio…

- Ya, pero sabes que ella es muy perfeccionista. Me dijo que le fuese dando los borradores que fuese escribiendo.

Harry se quedó callado durante un rato. Hermione notó que aquél silencio repentino no era normal en él. Como tampoco era normal que se abrazase a ella como si fuese un niño pequeño asustado.

- ¿Nos vamos?- le preguntó ella con cautela.

- No quiero…estoy muy bien así. Me gusta estar así contigo.

Ahora sí que le pareció que era un niño pequeño el que había hablado. Incluso el tono que él usó era más infantil que el propio de un chico de dieciocho años.

- A mí también, Harry. Pero tengo que irme. Tú puedes quedarte aquí si quieres.

- No quiero quedarme solo aquí…

- Entonces acompáñame y te avisaré cuando termine.

- ¿Y vendrás luego a buscarme?

- Sí, te lo prometo.

- ¿De verdad?

- De verdad.

- No me…no me dejarás solo como hizo aquella vez tío Vernon. ¿Verdad?

- Por supuesto que no lo haré.- Ahora sí que estaba convencida de que Harry no era el de siempre. Parecía que había vuelto a la infancia de repente. Hermione había leído los suficientes libros de psicología como para saber que cuando eso ocurría, era porque la persona había experimentado algún tipo de trauma o revivido algún recuerdo doloroso que le había llevado mentalmente a retroceder en el tiempo y por eso se comportaba de forma que no correspondía a la edad física que tenía realmente.

Si el Harry que tenía delante de ella era un niño pequeño, quizás Hermione pudiese llegar hasta él y curarle el trauma que tuviera tal y como el Harry adulto de dieciocho años había casi conseguido con el problema que tenía ella respecto al contacto físico en ciertas zonas de su cuerpo.

- ¿Cuándo te dejó solo tío Vernon?.- Preguntó ella en el tono más cariñoso y maternal que pudo sacar.

- Siempre me deja solo. Sobre todo cuando salimos de casa. Ellos siempre desaparecen.

- ¿Ellos?

- Tío Vernon, Tía Petunia y primo Dudley. Creo que no me quieren…eso es lo que dicen siempre, aunque no sé lo que significa.

Harry bajó la mirada y se metió el dedo pulgar en la boca. Hermione se empezó a preocupar seriamente.

- ¿Cuántos años tienes?

- Nueve.

- ¿Y dónde vives?

- En Londres, en un barrio que se llama Privet Drive.

- ¿Sabes quién soy?

- Sí. No sé tu nombre pero…conozco tu cara. La he visto otras veces.

- ¿Cuántas veces?

- Todas las que sueño cosas bonitas.

- ¿Ves mi cara, esta cara?

- Sí, pero no siempre es igual. A veces cambia y es igual de grande que la mía. Otras veces es más grande. Ahora lo es.

"Ahora le parece más grande porque tiene la mentalidad de un niño pequeño. Entonces…¿Cómo me ve, como una especie de hermana mayor o algo así?"

- Oye Harry…

- ¿Sabes mi nombre?

- Pues claro.

- No te lo he dicho…

- Pero lo conozco. No preguntes por qué. Sólo dime quién crees que soy.

- Eres más grande que yo. Sabes mi nombre y a veces sueño contigo cosas bonitas. Tía Petunia dijo que mami y papi habían muerto en un accidente de coche. ¿Tú eres mi mamá?

- No…lo siento cariño, no lo soy. Tu mamá se llamaba Lily, tenía el pelo rojo y los ojos tan verdes y bonitos como tú. Tu papá se llamaba James y tenía el pelo negro y revuelto igualito al tuyo. Yo sólo soy…tu amiga Hermione.

- ¿Mi amiga Hermione?. Yo no tengo amigos ni amigas, nunca los he tenido.

- Pues ya tienes una. Si tú quieres, claro.

- ¡Sí quiero!. Y… ¿Qué se hace con una amiga, Hermione?

- Muchas cosas.

- ¿Son buenas?

- Sí Harry.

- ¿Y divertidas?

- Muy divertidas.

- Pues Dudley y sus amigos no hacen cosas divertidas. Hacen cosas malas y luego me echan las culpas a mí…por eso luego me pegan…

- ¿Quién te pega?

- Mucha gente. Tío Vernon, tía Petunia, el primo Dudley, sus amigos, los chicos mayores del colegio…

- ¿Toda esa gente?

- Ajá…

- ¿Todos los días?

- No, pero…casi todos.

- ¿Por qué no todos?

- Porque hay veces que me escondo.

- ¿Dónde?

- Donde puedo. Una vez…me escondí en el servicio pero Dudley y sus amigos me encontraron.

- ¿Qué te hicieron?

- Me metieron la cara en el váter y tiraron de la cisterna. Se rieron mucho pero a mí no me pareció divertido…

- Hijos de puta. Si los tuviera delante les iba a…

- Oh oh…

- ¿Qué ocurre Harry?

- Has dicho una palabra fea. Si te oye tío Vernon te pegará en la boca.

- No puede oírme, Harry. No está aquí. En este lugar…sólo estamos tú y yo.

- ¿Y qué es éste lugar?

- Uno mágico.

- ¿De verdad?

- Sí.

- Dudley no cree en la magia. Una vez le regalaron un juego de magia y él lo tiró a la basura. Yo lo cogí sin que se dieran cuenta.

- ¿Qué hiciste con él?

- Lo llevé a la alacena.

- ¿Por qué allí?

- Porque es donde duermo.

- Tú…Tú duermes… ¿en una alacena?- dijo sin poder evitar abrir los ojos de forma exagerada.

- Sí…está debajo de las escaleras. Tío Vernon dice que ése es el mejor sitio para un bicho raro como yo.

- ¿Por qué te dice eso?

- Porque es verdad, soy muy raro.

- No es verdad.

- Sí lo es porque hay veces que pasan cosas raras.

- ¿Cuándo?

- Cuando me asusto mucho o cuando me enfado mucho.

- ¿Las cosas estallan o se rompen de repente?

- Sí. ¿Tú sabes por qué pasa eso?

- Es porque eres un mago, Harry. Un mago de verdad. Igual que Merlín.

- Pe…Pero los magos no existen.

- Claro que existen y tú eres uno estupendo.

- Si yo no sé hacer magia…

- Aprenderás. Y lo harás en el colegio. En este que estamos ahora.

- Y cuándo…cuándo iré a este colegio.

- Dentro de dos años. Cuando cumpla once, recibirás la carta de Hogwarts. Empezarás el cole el uno de septiembre.

- Y tú… ¿Tú estarás conmigo?

- Por supuesto que sí. Seré tu mejor amiga. Ya lo verás.

- Y… ¿Cuidarás de mí siempre?

- Siempre, Harry. Incluso seguiré haciéndolo cuando seas grande.

- ¿Tan grande como tío Vernon?

- Y como lo fueron tu papá y tu mamá.

- Tú… ¿Les conociste?

- Sólo en fotos y en un diario que dejó tu mamá para ti.

- ¿Qué es un diaro, Hermione?

- Diaro no, Harry, diario. Es un libro donde las personas escribimos nuestros sentimientos. Tu mamá escribió uno.

- ¿Y lo tienes tú?

- Sí. Te lo guardaré hasta que vengas a estudiar al cole y puedas leerlo todas las veces que quieras.

- Y…primo Dudley y sus amigos… ¿estarán aquí?

- No, cielo. Te lo prometo.

- Y… ¿No habrá niños malos que me hagan daño?

- Como lo hacen tu primo y sus amigos no. Habrá un niño rubio muy malo que se llama Draco Malfoy y que será…tu peor enemigo dentro del cole. Pero no tienes que tener miedo, Ron y yo te protegeremos siempre.

- ¿Quién es Ron?

- Tu otro mejor amigo. Te reirás mucho con él y sus bromas.

- ¿Es tan bueno como tú?

Ella sonrió dulcemente.

- Sí cariño. Aunque te demuestra el cariño de otra manera, porque él es un chico como tú.

- Hermione…

- ¿Qué?

- ¿Qué es eso del cariño?

- Oh, es…la manera que tenemos las personas de demostrarle a otra, que la queremos mucho.

- ¿Qué es querer mucho?

- Cuando sientes, que te gusta tanto estar con alguien, que no quieres dejarle nunca.

- Entonces…yo te quiero mucho.

- Y yo a ti, cielo.

- ¿Qué significa cielo?

- Algo bonito. Es una palabra cariñosa.

- Cariñosa…viene de cariño… ¿verdad?

- Así es.

- Entonces eso de cielo me gusta.

- Me alegra saberlo.

- ¿Me dirás más cosas bonitas cuando venga al cole?

- Sí, te lo prometo.

- Entonces ya quiero tener once años.

Ella se rió suavemente, acariciándole el pelo negro. Harry volvió a apoyar la cabeza en uno de sus hombros.

- Prométeme que siempre estarás conmigo, Hermione.

- Te lo prometo Harry. No te dejaré nunca, ni si quiera cuando seas muy viejo.

- ¿De verdad?

- De verdad. Y ahora descansa.

- ¿Puedo dormirme?

- Sí, todo lo que quieras. Cuando despiertes, estaré aquí.

Eran cerca de las seis de la tarde cuando Harry despertó. Lo primero que vió, fue el hombro de Hermione. Al levantar la cabeza la vió. Le sonreía con dulzura, él besó sus labios y ella supo que había vuelto ser el Harry de dieciocho años.

- Creí que estarías con McGonagall.- dijo él cuando se apartó de ella.

- Eso puede esperar. ¿Cómo te encuentras?

- Bien. He tenido un sueño extraño.

- ¿De qué iba?

- No lo recuerdo muy bien, pero creo que salías. Me decías muchas cosas. Era como si tú fueras alguien del futuro y yo un niño de 9 años que supiese por ti, que sería un mago y asistiría a Hogwarts. Extraño… ¿verdad?

- Todos los sueños suelen serlo.

- Pero también fue bonito.

- Me alegro.

- ¿Volvemos al castillo?

- Sí.

- Te ayudaré a levantarte.

- Gracias.


- ¡Por fin aparecéis!.- exclamó Lavender en cuanto les vio entrar en la Sala Común.- Ron nos está volviendo loco con la…- pero se calló antes de desvelarlo todo.

- No te preocupes Lavender, ya sé lo que me está preparando Ron.- Dijo Hermione de forma resuelta.

- Este chico no sabe guardar un secreto. No sé de qué me extraño, es un Weasley al fin y al cabo.

Hermione se rió con ganas mientras veía cómo Lavender agarraba su mano y la sacaba de allí.

- ¿Pero dónde vamos?

- A otro sitio. No pretenderás que veas todo lo que estamos preparando. ¿Verdad?

- Pero si en la Sala Común no había nada Lavender…

- Aún no. Pero lo habrá. En fin, tengo que llevarte allí a las…ocho, para ser exactos. ¿Qué quieres hacer hasta entonces?. Si quieres puedo contarte la última novedad. Creo a Dean le gusta Ginny.

- Oh Lavender…no empieces con tus cotilleos. Sabes que no lo soporto.

- Como siempre, la señorita petulante tiene que cortarme el rollo. ¿Pues sabes qué te digo?. Que hagas lo que quieras, pero sola. Me voy. Procura estar a las ocho menos cinco delante del retrato de la dama gorda. No quiero quedar mal por tu culpa.

- No te preocupes, doña "me importa mucho lo que opinen los demás de mí". No me retrasaré ni un minuto.

- Adiós Hermione.

- Adiós Lavender. "Algún día, ser tan chismosa te pasará factura."

Ya que tenía dos horas libres, Hermione aprovechó para irse a su habitación, ducharse y cambiarse de ropa.

Si iba a asistir a una fiesta en su honor, lo que menos podía hacer era arreglarse un poco más de lo habitual. No tanto como cuando se vistió para el baile, pero al menos no se pondría cualquier falda o cualquier camisa.

Buscando en el armario, encontró rápidamente una falda plisada de color blanco que le había regalado Megan las navidades pasadas. Era demasiado corta para su gusto, pero Megan le dijo que se llevaban mucho aquél año. La falda le llegaba un poco más abajo del muslo e iba acompañada de una bonita blusa de manga corta, que combinaba las rallas rosas con las blancas.

Tenía un escote bastante amplio porque era de esas blusas que tenían una especie de lazo que se metía por un lado de la blusa y se sacaba por otro del otro lado.

Como Megan sabía que a Hermione no le gustaba la ropa demasiado escotada, le había regalado también, una camiseta blanca de tirantes finísimos que podría ponerse debajo de la blusa rosa. Así no enseñaría nada que la hiciera sentirse incómoda.

Pero eso no era todo, porque su mejor amiga también le había comprado unos bonitos zapatos blancos de tacón bajo lo suficientemente cómodos para que Hermione fuese femenina sin llegar a partirse los dientes, pues ella no sabía andar con zapatos de tacón de aguja como siempre solía llevar Megan.

Cuando Hermione se miró en el espejo, no pudo más que asistir con la cabeza dándose así misma la aprobación.

Se fue al baño, abrió un cajón donde guardaba las horquillas de colores para el pelo y empezó a sujetar con ellas, todos los rizos cortos de la cola de caballo medio alta que acababa de ponerse.

Dudó si debía maquillarse o no. Se sentía tentada a hacerlo pues nadie la había visto con maquillaje desde el baile de cuarto curso. Pero pensando que ya con la ropa y los zapatos que llevaba estaba guapa, decidió dejarse su cara natural de siempre.

Como remate final de su aspecto, se puso dos pendientes de perlas blancas que le había regalado su madre cuando cumplió los diecisiete años. A ella le encantaban esas perlas, pero no las usaba a diario por miedo a estropearlas. Además, en Hogwarts solía llevar el pelo suelto casi siempre y era tan abundante y alborotado que nunca se le veían los pendientes que se ponía. Pero hoy sí los verían, por eso mismo se había ocupado de recogerse el pelo.

Cuando miró el reloj, se dio cuenta que eran las siete. Aún le quedaban cincuenta y cinco minutos antes de reunirse con Lavender, así que hizo lo que más le gustaba. Sentarse tranquilamente a leer un libro. Para que no se le pasara el tiempo, puso el despertador a las ocho menos cuarto.

Pues sólo tardaría diez minutos en ir de su habitación al punto de encuentro con la cotilla más grande que tenía el colegio junto a Parvati Patil, su mejor amiga. A Hermione no le extrañaba nada que esas dos fuesen tan buenas amigas. Era como decía el refrán. "Dios los cría y ellos se juntan".

Cuando sonó el despertador, se dio un último repaso del peinado frente al espejo y con la misma se marchó de su habitación. Sin olvidarse de apagar la luz y de volver a poner el hechizo protector a la puerta de entrada.

Ella no fue la única puntual, Lavender también estaba allí cuando ella llegó.

- Como siempre, en el momento justo. Eres tan perfecta que hasta me da rabia.

- No exageres tanto, Lavender, tengo defectos como todo el mundo.

- Pues no se te notan.

- Será que no te fijas bien.

- No he venido a discutir contigo, Hermione. Ahora entraremos en la Sala Común, y pondrás la cara más sorprendida que sepas fingir. ¿De acuerdo?

- Sí.

Pero no tuvo que fingir, en el momento en que entró y vió todo lleno de una decoración al más puro estilo muggle, Hermione puso la cara de sorpresa más grande y sincera que nadie de Hogwarts le hubiese visto antes.

- ¡Feliz cumpleaños!.- gritaron todos los invitados, incluso Lavender.

- ¡Que comience la fiesta!- Gritó Seamus Finningan con mucho entusiasmo.

Ella se lo pasó en grande, riendo como pocas veces lo había hecho. Disfrutó de lo lindo con todos los juegos que habían preparado y hasta se dejó echar todas las fotos que le pidió Colin. El rubio procuró que Harry y ella saliesen en la mayoría. Pero también le hizo otras con el rest de los invitados como Ron y Luna, y hasta se echó una con Lavender y Parvati. Cosa que extrañó al rubio, pues nunca habían sido amigas de Hermione.

Pero esas dos eran lo suficientemente presumidas como para no resistirse a que las retratasen. Así que Hermione les dio la foto en cuanto la cámara mágica de Colin la reveló y entonces le pidió a Harry que le hiciera una con Colin pues también le consideraba su amigo. Por supuesto, Harry cumplió su deseo y le echó dos fotos, no sólo una. Ella se lo agradeció con un beso en la mejilla.

Cuando sólo faltaban diez minutos para la cena, empezaron a recogerlo todo. Hermione quería ayudar, pero no la dejaron.

- Las cumpleañeras no recogen, sólo disfrutan.- Dijo Seamus de forma animada mientras le guiñaba un ojo. Ella miró a Harry, pero no vió ningún signo de celos en su rostro. Cosa que la tranquilizó.- Iré a llevarme los regalos a mi habitación. Muchas gracias por todo, me lo he pasado muy bien.

- ¡Nos vemos en la cena Hermione!- gritaron Ron y Luna.

- Te acompañaré.- Dijo Harry comenzando a caminar a su lado.- Dame algunos regalos, casi no se te ve la cara con tanto chisme.

- Gracias por ayudarme.- Ella le pasó la mitad de los que llevaba.- Eres un sol.

- ¿Y eso qué significa?

- Algo bueno, Harry.

- Creo recordar, que en mi sueño me llamabas cielo.

- Y cariño.- murmuró ella por lo bajo.

- ¿Decías algo?

- No, nada. Sólo quiero cenar, hacer la guardia y acostarme.

- Conmigo, espero.

- Claro, te prometí que te dejaría dormir conmigo todas las noches. ¿No?

- Nos meteremos en un lío…

- Como si te importara.

- La verdad es que no.

- Por eso lo dije.

- Bueno ya estamos. ¿Dices tú el hechizo o lo digo yo?. Como me lo enseñó Dumbledore…

- Dilo tú. Creo que no puedo sacar la varita.

Cuando él abrió, ella pasó al interior y dejó los regalos en el primer sitio que vió, su escritorio. Luego se fue a su habitación y se puso la túnica de prefecta, pues después de la cena, tenía guardia.

- ¿Dónde te toca la guardia hoy?.- preguntó Harry dejando los regalos en el mismo lugar que ella.

- En la biblioteca.

- ¿Estarás sola?

- No, Charlie estará conmigo. Los prefectos no solemos estar solos cuando vigilamos algún sitio grande.

- Charlie, cómo no.

- ¿Aún sientes celos de él?

- Siento celos de cualquier chico que te mire de forma inapropiada.

- ¿Cuántas veces tendré que decirte que él no me mira así ni de ninguna otra?

- Hermione, te mira así lo creas o no. Soy un chico. ¿Recuerdas?. Sé cómo miramos cuando nos gusta una chica y tú le gustas a Charlie.

- Harry, él tiene novia…

- Eso no impide que le gustes.

- Creo que estás paranoico.

- Qué va. Sé lo que me digo.

- ¿Hablas por experiencia propia?

- Pues claro. A mí me empezaste a gustar en cuarto. Pero eso no impidió que saliera con Cho y me besara con ella en quinto.

- Ya lo sé.

- ¿Perdona?

- No, nada, que sé que eso es posible.- Dijo ella intentando disimular. Pues no quería que Harry supiera que lo que había ocurrido cuando se convirtió mentalmente en un niño de 9 años, era real. Si él quería pensar que todo era un sueño, ella no se consideraba quién para decirle lo contrario.

- ¿Estás lista ya?

- Sí. Sólo tenía que ponerme la túnica y ya me la he puesto.

- Entonces vámonos a cenar. Me muero de hambre.

- No más que yo. Tú al menos has desayunado esta mañana. Yo ni eso.

- Las damas primero.- dijo él quitando el hechizo y abriéndole la puerta lo suficiente como para que pasara sin dificultad.

- Muchas gracias señor Potter.- Ella le regaló un beso y volvió a aplicarle el hechizo a la puerta.

- Me da igual si terminas a las tres de la madrugada o a las siete de la mañana. No pienso dormirme hasta que vuelvas.

- Me lo creo.


- ¡Hey chicos!.- les llamó Ginny desde la mesa de Gryffindor.- Os he reservado dos asientos. ¿Los queréis?

- Gracias Ginny.- Dijo Hermione sentándose al lado de Lydia, pues era ahí donde estaba el primer hueco. Harry se sentó en el que había al lado de ella, justo delante de Hermione.

- Hoy es tu cumpleaños. ¿Verdad Hermione?- preguntó la pelirroja mientras pinchaba huevos revueltos.

- Sí.

- Felicidades prefec…Hermione.- Corrigió Lydia en el último momento, cosa que complació a la castaña tanto como para regalarle una sonrisa amigable y bonita.

- ¿Qué te han regalado?- preguntó Ginny de nuevo.

- Muchas cosas. Libros en su mayoría. Pero también tengo tinta y una pluma nueva.

- ¿Sólo eso?- dijo Lydia con asombro.

- No.- Intervino Harry.- También le han regalado maquillaje.

- Guay.- dijo la rubia como si eso fuese más aceptable.- ¿Quién?

- Lavender y Parvati.- contestó Hermione echándose ensalada en su plato.

- Cómo no.- Dijo Ginny rodando los ojos.- ¿Y Harry?

- Hoy nada. Pero hace días me regaló un libro estupendo.

- Ah, qué bien. ¿Y qué te ha regalado mi hermano?

- Un jersey muy bonito. Me ha sorprendido mucho, él no suele acertar con los regalos que me hace.

- Seguro que se lo aconsejó Luna.- Intervino Lydia.- Les ví en Hogsmeade el sábado pasado.

- Y luego dices tú que Lavender y Parvati son chismosas.- añadió Ginny.- Pues anda que tú…

- Vamos, que tú me ganas en discreción. Eres igual de cotilla que yo, Ginny. Y no lo niegues.

- ¿Nos cambiamos de sitio?.- preguntó Hermione a Harry en voz baja.- Creo que están a punto de pelearse. No tengo ganas de aguantarlo.

- Ni yo.

- Aunque pensándolo mejor…creo que cogeré algo de fruta y me iré del gran comedor.

- Te acompaño.

- No es necesario, Harry. Yo empiezo la guardia dentro de diez minutos, pero tú no tienes nada que hacer.

- Sí lo tengo. Voy a acompañarte hasta la biblioteca y no se hable más del asunto.

- Cabezota…

- No más que tú…- dijo él canturreando, cosa que hizo reír a Hermione.


- Buenas noches Charlie.- Dijo ella amablemente en cuanto le vio en la puerta de entrada a la biblioteca.

- Buenas noches Hermione.- Contestó el muchacho de igual manera.- Hola Potter.

- Hola Charlie.

- Gracias por acompañarme Harry. Te veré luego.

Harry quería darle un beso antes de irse, pero sabía que no debía hacerlo, a Hermione no le gustaba ser besada delante de gente.

Así que se reprimió, dándole en su lugar, un beso en la mejilla. Cuando la vió entrar en la biblioteca, se dirigió a su dormitorio para preparar la ropa que se pondría al día siguiente, pues siendo domingo, podría seguir usando la ropa de calle en vez de la del colegio. Además, quería llevarla al sitio especial que no pudo mostrarle la noche en que se pelearon. Esperaba tener más suerte que aquella ocasión, puede que pudieran tener ese final de cuento ideal que solía salir en las películas románticas que en muy contadas ocasiones podía ver junto a su tía Petunia.

- Estás muy guapa esta noche, Hermione.- Comentó Charlie al lado de ella mientras hacían las primeras rondas por la enorme biblioteca. Hermione se había puesto la túnica de prefecta para hacer su guardia, pero no se la había abrochado, así que Charlie podía ver claramente el conjunto que llevaba ella puesto.

- Muchas gracias, Charlie. Me he arreglado porque mis amigos me han hecho una fiesta por mi cumpleaños.

- No sabía que hoy era tu cumpleaños.

- Bueno, es normal, tampoco es que lo haya anunciado con el "Sonorus".

Charlie se rió un poco antes de hacerle su siguiente pregunta.

- ¿Cuántos has cumplido?

- Dieciocho.

- Yo pensé que serían diecisiete. Me dijeron que eras un año menor que yo.

- ¿Quiénes?

- Mis amigos.

- ¿Qué tal te va con Lynn?

- Bien, es una chica estupenda.

- Me alegro por ti.

- ¿De verdad?

- Pues claro.

- ¿No te alegraría más que estuviera disponible?

- ¿Eh?

- Es que…yo pensé que tú…bueno, que yo te gustaba un poco.

- Oh… ¿Por qué pensaste eso?

- Porque siempre has sido encantadora conmigo y…bueno, antes de ti, ninguna chica había sido tan amigable y buena conmigo. Además, eres la única chica que conozco, con la que me siento a gusto siempre. Creí que a ti te pasaba lo mismo…

- Quieres decir… ¿Qué yo te gusto?

- ¿Me odiarás si te digo que sí?

- Por supuesto que no. Somos compañeros, y te tengo aprecio. Pero yo…tengo novio y debo decir que también es un chico estupendo y que le quiero muchísimo. No quiero…poner en peligro nuestra relación. Contigo o con cualquier otro chico. ¿He sido clara?

- Sí. Igual de clara que lo eres siempre. ¿Has oído eso?

- ¿El qué?

- Creo que he oído ruidos extraños detrás de aquella estantería.- Dijo Charlie en voz baja, acercándose a Hermione para que le escuchara.

- Yo no he oído nada.- Contestó ella también en voz baja e igual de cerca de Charlie que lo estaba él de ella.

- Quizás ha sido una falsa alarma.- Pero el chico no se apartó. Hermione se empezó a poner nerviosa conforme pasaban los segundos. Rogaba interiormente porque Charlie no intentase besarla o tocarla, si entraba en pánico ahora, no sería capaz de reaccionar por sí misma y Charlie no conocía su problema como para saber lo que debía hacer, además, ella no quería que otro chico que no fuese Harry, la ayudase. Pues no había otro en quien confiara más.

- ¿Sabes una cosa?.- dijo Charlie aproximándose lentamente a sus labios.

- ¿Qué?.- pronunció ella echándose hacia atrás todo lo que podía. Hasta que ya no pudo seguir al tocar una estantería.

- Eres guapísima.- Y diciendo eso la besó en los labios. Hermione intentó apartarle, pero él agarró sus brazos y siguió besándola. Ella no correspondió esos besos. Podría darle una patada en los testículos y llamarle de todo menos bonito, pero no se sintió capaz de hacerlo, entre otras cosas porque ya le estaba entrando el pánico y se estaba bloqueando más a cada segundo que pasaba.

Charlie no sólo la estaba tocando, también la estaba acariciando y aunque ella temblaba de una forma bastante visible, él pensó que era debido a los nervios y no porque estuviese muerta de miedo como sí sucedía en realidad.

Cuando él se apartó para tomar aire y volver a besarla, ella se cayó al suelo.

Charlie se agachó lo suficiente para ver qué le ocurría, pero ella tenía la mirada perdida y sólo pronunciaba algo que él no llegó a entender. Colocando uno de sus oídos a la altura de los labios de ella, pudo escuchar claramente cómo llamaba a Harry, y no sólo eso, sino que también pidió ayuda. Charlie movió la cabeza de forma negativa, como si no se pudiera creer lo que escuchaba.

¿Ayuda, le estaba pidiendo a Harry ayuda, pero por qué si él no le había hecho nada malo a ella?. Ni que la hubiese tratado con crueldad. Él la había acariciado tan sólo por el cuello y el poquísimo trozo de piel del escote que no tapaba la camisa blanca que asomaba bajo la blusa que mostraba la túnica abierta de prefecta. Y ni si quiera los besos que le había dado habían sido bruscos sino suaves y lentos.

¿Por qué pedía ella ayuda y por qué a Harry precisamente?. Quizás debería ir a buscar a Potter y pedirle explicaciones, aunque en su interior sabía que eso no era una buena idea. Tendría que contarle qué hizo para que ella se quedase en aquél estado tan…anormal, y seguro que él no se lo tomaba bien siendo como era el novio de Hermione.

Pensó que lo mejor era darle a ella tiempo para que se recuperase, pero de repente, los ojos se le pusieron en blanco y empezó a gritar y moverse como si quisiera escapar de algo o alguien que la tuviera aterrorizada. Lo único que ella decía en medio de esos gritos era "¡No!".

Ahora sí que debía buscar a Harry, aunque luego él le hiciese daño, porque Charlie estaba seguro que se lo haría, pero le daba igual, Hermione era mucho más importante que todas las narices que pudiera partirle Harry Potter por haber besado y acariciado a su chica.

Charlie llegó al retrato de la dama gorda con la intención de pasar al interior de la Sala Común y de ahí subir las escaleras que sabía le llevarían hasta el dormitorio de Potter. Pero no se sabía la contraseña. Quizás algún hado de la suerte estaba de su parte aquella noche, porque Potter apareció ante él saliendo precisamente por el retrato que él quería usar.

- ¿Charlie, qué haces aquí, no estabas de guardia con Hermione?.- Dijo el moreno empezando a sentir una mala sensación en el cuerpo.

- Lo estaba, pero he venido a buscarte. Necesito que me ayudes. O mejor dicho, ella lo necesita.

- ¿Ella?.- Harry parpadeó varias veces, como si no entendiera, pero enseguida se le encendió la bombilla.- ¿Qué coño le has hecho?.- pronunció agarrando al chico del cuello de su camisa y estampándolo contra la pared.- ¡Habla hijo de puta, qué le has hecho a Hermione!

- Na…Nada malo, Potter. Sólo la…la besé y…acaricié.

- ¡Serás cabrón!- Harry le metió tal puñetazo que Charlie pensó que además de romperle la nariz, le había desviado el tabique nasal.- ¡Cómo está, dime cómo está ahora, está consciente o no!

- No…No lo sé. Se ca…cayó al suelo y…tenía los ojos en blancos y gritaba no. E…Eso es lo último que oí antes de venir a buscarte.- Dijo el muchacho tragando algo de la sangre que caía de su nariz y se metía por su boca abierta.

- ¡Eres un cerdo asqueroso. Lo sabía, sabía que ella te gustaba. Se lo dije, pero no quería creerlo. Tú…maldito hijo de mala madre. No vuelvas a hacer algo así nunca más. No tienes ni puta idea de lo que le has hecho. Ella no puede ser tocada por nadie en quien no confíe, entiendes!

- Nno…no mucho.

- ¡Intentaron violarla, Imbécil, y tiene un trauma por eso. Entra en shock y ataques de pánico cada vez que alguien la toca sin ella quererlo!

- Nno…no lo sabía.

- ¡Pues claro que no, no es algo que vayamos contando por ahí!

- Lo…lo entiendo. Su…supongo que fue por eso que ella…te llamó.

- ¿¡Cómo has dicho?!

- Ella…te llamó. Te llamó pidiendo ayuda. Por eso también vine a buscarte.

- Oh Merlín. ¡Llévame con ella, Charlie, ya hemos perdido mucho tiempo!

- Va…vale, pero su…suéltame, me estás ahogando.

- Te lo mereces.- Harry lo soltó sin delicadeza. Charlie tardó un poco en recuperar el aire pero en cuanto lo hizo, echó a correr seguido de Harry, que sólo tardó segundos en coger a Hermione en brazos y llevarla a su habitación. Insonorizando la puerta además de protegerla con el hechizo que le enseñó Dumbledore. Lo último que quería en aquél momento, era que alguien los interrumpiera.

Colocó a Hermione en su cama, le quitó la túnica y los zapatos. Le quitó también la blusa y luego la tapó con la sábana y el edredón. Agarró una de sus manos y empezó a llamarla suavemente, acariciando su pelo y su frente de vez en cuando. Él sabía que ella tardaría en reaccionar, sólo esperaba que no volviese a caer en aquél estado casi comatoso que había tenido al lado del bosque prohibido.

Unos minutos después, ella comenzó a moverse. Parecía que intentaba abrir los ojos, pero por alguna razón, no podía.

- ¿Hermione?

- Ha…Harry…has…has venido…

- Por supuesto que sí. Siempre que me necesites vendré.

- Gra…Gracias.

- ¿Te cuesta hablar?

- Ssí…me…me duele la…la…garganta.

- Entonces no te esfuerces más de lo necesario. No te preocupes, me quedaré contigo todo el tiempo que haga falta.

- E…Eres un…un…cielo…Harry…

- Sólo contigo.

- Dón…dónde…estoy.

- En tu cama. Te traje aquí cuando Charlie vino a buscarme.

- Char…lie…te…tenías razón sobre…él.

- Lo sé. Él me contó lo que te hizo. ¿Te trató mal?. Porque si es así yo…

- No, Ha…rry…él fue…fue delicado conmigo… pero…no me…gustó que…me besara y…acariciara.

- Lo comprendo.

- Yo no…no quiero que…que nadie más que tú…me haga…esas cosas…

- Nadie más que yo, volverá a ponerte una sola mano encima, te lo prometo.

- No…no puedes…prometer…eso…

- Sí puedo. Si no me separo de ti nunca, podré asegurarme de que nadie te moleste de esa forma ni de ninguna otra.

- Te…te quiero…Harry…mu…mucho.

- Yo también a ti.- Dijo él con el corazón encogido al verla tan débil e indefensa. Pero para ella no había nada que temer, ya no, porque sabía que él nunca le haría daño, y siempre la protegería, la protegería de todo. Harry se juró así mismo que cumpliría su promesa por muy imposible que pudiera ser el llevarla a cabo.

Harry se tumbó a su lado, colocándose de lado y tirando de ella lo suficiente hasta que la tuvo de lado, cobijada en su pecho. Él la besó en los labios con suavidad y dulzura, pero sobre todo con amor, con mucho amor. Ella lloró, y se abrazó a él como si fuese su única salvación. Sintiendo cómo le acariciaba el pelo, Hermiose se durmió sintiéndose a salvo, completamente a salvo. Tenía un ángel guardián a su lado. Uno que siempre cuidaría de ella, uno que se llamaba Harry Potter.

Cuando despertó, ni siquiera había amanecido. Eran las cuatro de la madrugada o al menos esa fue la hora que le pareció ver en su reloj digital que tenía en la mesita de noche. Veía borroso, pero poco a poco la vista se le fue aclarando. Cuando pudo ver bien, se dio cuenta que estaba junto a Harry, quien al parecer estaba dormido. Ella le llamó suavemente y él despertó, pues no hacía ni una hora que había cerrado los ojos.

- ¿Cómo te encuentras?.- preguntó él en voz baja.

- Mejor, y todo gracias a ti. No sé cómo puedo…agradecerte lo que has hecho por mí, Harry. Lo que llevas haciendo por mí durante todo este tiempo.

- No necesito que me agradezcas nada, Hermione. Todo lo que he hecho y sigo haciendo…lo hago porque quiero y porque te quiero.

- Yo también te quiero.

- Lo sé.

- No…- dijo ella suavemente.- No tienes ni idea…de cómo lo hago y…de lo mucho que te necesito.

Él la besó, ella no tembló, ni siquiera cuando él abrazó su espalda y la pegó más a su cuerpo.

De repente, Harry se encontró siendo acariciado por Hermione, cosa que no era muy habitual en ella desde que tenía lo del trauma. Una cosa era que ella le permitiese tocarla porque quería curarse, pero ella no solía tocarle a él, al menos no en sitios íntimos. Pero Hermione ahora lo estaba haciendo, y no sólo eso, sino que también le estaba quitando la ropa. Cuando Harry fue consciente de eso, se apartó de ella lo suficiente para poder hablarle. Ella se quedó quieta mientras esperaba sus palabras.

- Hermione…- dijo él algo nervioso.- Qué estás haciendo.

- Lo que quiero.

- Pe…pero Hermione, tú sabes…sabes que…no estás preparada para dar este paso conmigo. Aún no…

- Eso me da igual.

- A mí no. Quiero que estés bien, completamente bien, cuando quieras hacer el amor conmigo. Lo último que quiero…es que vuelvas a entrar en otro estado malo si yo…

- Harry, estoy bien. Completamente bien. Créeme.

- No puedo. No después de lo que te ha ocurrido hoy. En el campo de Quidditch y luego en la biblioteca con Charlie. Digas lo que digas, no estás bien del todo.

- Harry, yo sé cómo me siento. Y sé…que estoy curada. Lo creas o no, es verdad. Déjame demostrártelo…

- Hermione…-pronunció antes de que ella volviera a besarle otra vez. Colocándose encima de él y volviendo a desvestirle. Pero Harry volvió a detenerla agarrando sus manos sin hacerle daño. Ella le miró con curiosidad.- Tú sabes perfectamente…que si damos este paso…ya no hay vuelta atrás.- Dijo él, intentando darle así la oportunidad de pensárselo mejor. Pero no hacía falta, ella ya sabía lo que quería y lo quería esa noche en aquél preciso instante.

- Harry, sé lo que intentas. Pero estoy segura de lo que quiero y yo quiero hacer el amor contigo aquí y ahora.

- Pe…Pero Hermione…

- Harry por favor…estoy haciendo lo que quiero. ¿Por qué no puedes creerme?

- Es que…tengo miedo de que luego te arrepientas.

- Eso no ocurrirá. Te lo prometo.

- Entonces…soy todo tuyo.

- Y yo tuya. Siempre lo seré.

Sin decir nada más, ellos volvieron a besarse, y Hermione llevó una de las manos de Harry a la parte baja de su camiseta blanca de finos tirantes.

Él se la quitó y ella le ayudó también a que le quitara la falda. Cuando los dos estuvieron en ropa interior, se tomaron unos minutos para tocarse y acariciarse antes de terminar de desnudarse completamente. Cuando Hermione estuvo completamente desnuda frente a Harry, él se quedó mirándola con una expresión que ella no fue capaz de descifrar. Iba a preguntarle qué ocurría, pero entonces le escuchó decirle…

- Yo nunca supe…nunca creí que…

- Créelo, Harry, créelo.- Le aseguró ella, sabiendo perfectamente lo que él quería decirle con aquella frase inacabada.

Cuando Hermione volvió a besarle y tirar de él hasta colocarle encima de ella, Harry supo en su interior que todo estaba bien. No sólo con ella, sino con él también. Por primera vez en toda su vida, sentía que no había nada que temer, que estaba con alguien con el que siempre sería feliz y con el cuál, se sentiría a gusto durante el resto de su existencia. Era tal y como le había explicado la Hermione de su sueño.

Estaba con una persona, con la que se encontraba tan bien, que no quería dejarla nunca. Esa persona era Hermione Granger. Una chica que había pasado 7 años de su vida junto a él y una que primero había sido su mejor amiga y luego se había convertido en la mujer de su vida.

Esa misma mujer, le estaba dejando hacerle el amor cuando sólo horas antes, había sufrido un fuerte shock sólo porque un chico que no había sido él, la había tocado y acariciado. Pero esa chica ya no tenía miedo, ni si quiera lo mostraba. No había ningún signo en el cuerpo de Hermione que mostrara desconfianza, más bien todo lo contrario. Estaba aceptando el cuerpo de Harry como si fuese la cosa más natural y normal del mundo, cosa que era cierta.

Lo que Harry nunca llegó a imaginar fue que en el momento en que su cuerpo se unió al de Hermione, sintió tal placer y amor, que creyó que aquello no era real. Sino un bonito sueño del que nunca querría despertar.

Era increíble cómo se acoplaban sus cuerpos, parecía que los habían diseñado especialmente para encajar el uno con el otro. Y cuando él la miró, creyó que era imposible que la viese aún más hermosa de lo que siempre le pareció, porque Hermione tenía una cara de absoluto placer y disfrute pero también mostraba un amor tan sincero y puro por él, que Harry no sólo pensó que era preciosa sino una especie de diosa que sólo estaba destinada a él y entonces sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas por la emoción de verla tan entregada a él y demostrándole tanto amor como sólo ella podía ser capaz de transmitirle con cada beso y caricia que le daba.

Ella lo besó de nuevo y sintió el sabor salado de las lágrimas, no sabía cuál de los dos había llorado primero, pero tenía muy claro que no era la única que se había emocionado. Era un momento tan bello, que no le importaba si las lágrimas venían de los ojos de él o de ella.

Hermione estaba sumida en un mar de sensaciones y aceptó complaciente, toda la pasión, el amor y cariño de Harry, sin oponer ningún tipo de resistencia. Miró sus profundos ojos verdes, oscurecidos por la pasión del momento, y en ellos no sólo vió pasión, sino también un amor tan grande y sincero por ella, como jamás había visto en los ojos de un hombre.

Lo besó ávidamente, desatando toda su pasión por él, y se permitió así misma entregarse a él con cada fibra de su ser. Sentía que sabía darle placer al cuerpo de Harry de forma instintiva y debía de estar haciéndolo bien porque él no podía dejar de emitir ruiditos satisfactorios. Adoraba aquél cuerpo, tanto como él adoraba el de ella.

No hacía falta que él se lo dijera, ella lo sabía por la forma en la que él la estaba amando. Desde el momento en que ella le dijo que siempre sería suya, Hermione sintió que él también le había dicho la verdad en eso, porque Harry, no había dejado de demostrarle, en cada caricia y beso que le daba, que él era suyo y que siempre lo sería.

Hermione nunca se había sentido tan llena de vida, la vitalidad enérgica de Harry encendía su cuerpo y el amor que sentía por él, brillaba en su interior.

Ella perdió la noción del tiempo…él no dejaba de mirarla y besarla con deseo. Recorrió todo su cuerpo. Acarició cada rincón, incluso los más íntimos y ella no sólo no tuvo vergüenza, sino que sintió que Harry la estaba adorando, y se entregó a él con total confianza, sin temblar ni un solo instante por culpa del miedo pues en ningún momento lo sintió, desde que empezaron a amarse.

- Hermione, mi dulce y preciosa Hermione, eres tan…cálida…muy…cálida.

El cuerpo de ella se estremeció de gusto al escuchar en boca de Harry, su Harry, aquellas palabras de amor. Pero cuando él le dijo "te amo" al mismo tiempo que volvía a unirse a ella, Hermione no pudo evitar volver a llorar de emoción mientras le respondía "yo también te amo" de la forma más tierna, dulce y sincera que se creyó capaz de expresar en aquél instante tan bonito y especial para ella.

Horas después, ella sintió que el agotamiento y el sueño la invadían. Se sentía plena y completamente feliz. Antes de rendirse al sueño, se preguntó por qué había tardado tanto tiempo en superar su trauma. Aunque aquello en realidad, no tenía demasiada importancia para ella, porque lo verdaderamente importante, era que lo había superado gracias a Harry.

El mismo Harry que ahora la estaba abrazando a la vez que le daba besos en el pelo y en los labios. Incluso sintió cómo seguía besándola antes de entrar de lleno, en el reino de Morfeo.


Amanecía un domingo claro y brillante cuando Harry Potter abrió los ojos. Lo primero que vió fue el cabello castaño de Hermione desparramado en la almohada. Recordando lo sucedido la noche anterior, no pudo evitar que una sonrisa algo tonta se dibujara en su cara.

Había sido la mejor noche de toda su vida y él podría decir que también lo había sido para ella. Esperaba también, que no fuese la única en todo lo que aún les quedaba de curso. Pues si Hermione tenía razón cuando le dijo la noche anterior que estaba curada del todo, aquello significaría que ya no habría problema para que ellos pudieran volver a repetirlo muchas veces más.

Harry se miró en el espejo del cuarto de baño de Hermione. Apenas se reconocía. Se gustaba así mismo cuando su rostro apareció con los efectos del sueño profundo pero mostrando una cara completamente relajada y feliz.

Él no solía levantarse con buena cara, más bien con los ojos cansados pero por una vez en su vida, Harry pensó que sus ojos pese a estar cansados por la falta de sueño, se veían más brillantes y verdes que de costumbre.

Como aún estaba desnudo, se metió en la ducha mientras entonaba la melodía de una canción que solía tararear Hermione de vez en cuando, sobre todo cuando estaba de buen humor. No se acordaba del título, pero se sabía la letra, de todos modos no tenía ganas de cantar ahora, sólo quería terminar de asearse y ver si ella seguía dormida o no.

Cuando salió del baño completamente aseado y recién afeitado, se encontró con una Hermione aún dormida. Tenía tal expresión de paz y felicidad en el rostro, que Harry pensó que más que una mujer era un ángel durmiente.

Otro pensamiento asaltó su mente. Hermione. Él se sujetó al edredón al recordarla tendida sobre la cama completamente desnuda y gimiendo bajo su cuerpo mientras de vez en cuando le decía palabras de amor a su oído.

Hermione se había entregado con tanta naturalidad y confianza, que le había hecho sentirse el hombre más feliz del mundo.

Después, se había dormido abrazado a ella en una burbuja de amor y paz. Se había sentido tan a gusto que las pesadillas que llevaban años atormentándole, habían desaparecido.

Recordó también las palabras de Hermione. "Créelo, Harry, créelo". Y por supuesto que lo había creído, desde el instante en que ella volvió a besarle y desvestirle. Creerlo lo había creído, pero no podía encontrar las palabras para expresar sus sentimientos. Aunque empezaba a comprender el encanto de las películas románticas que tanto gustaban a Hermione.

Apartando la sábana un poco, admiró de nuevo su cuerpo desnudo. No era lo mismo verla de noche que a plena luz del día. Harry podría decir que siempre pensó que era preciosa pero ahora simplemente lo corroboraba. Y aquella preciosa mujer, se había entregado a él y nadie más.

Sintió cómo volvía a encenderse con sólo recordar la manera tan natural y sensual en la que ella le había dado placer a su cuerpo. Cualquiera diría que se había acostado con un chico antes, pero él sabía que eso no era cierto. Él era el primero y esperaba ser el último también.

Recordó también que en cierta ocasión, ella le dijo que a las chicas les dolía cuando perdían la virginidad por primera vez y que también sangraban.

Intentó recordar haber visto en la cara de Hermione algún signo de dolor o incomodidad, pero no podía. Quizás a ella no le había dolido después de todo. Quería ver si era verdad lo de la sangre, así que movió la sábana lo suficiente para ver si estaba manchada. Lo estaba, no mucho, pero algo sí. De sólo pensar que la había herido, aunque supiese de antemano que eso era algo normal, se empezó a sentir mal. Cuando la tapó y volvió a mirarla, se dio cuenta que empezaba a despertarse.

Verdes, verdes como la hierba, así le parecieron los ojos de Harry cuando los marrones de ella los contemplaron.

- Buenos días, preciosa.- Dijo Harry dándole un beso en la frente.

- Muy buenos.- respondió ella dándole otro beso pero en los labios que él aceptó y devolvió encantado.

- ¿Cómo te encuentras hoy?

- Mejor imposible.

- Oye Hermione…

- Qué.

- Anoche… ¿Te hice daño?

- ¿Perdón?

- Que si anoche te hice daño.

- No, nada.

- Es que…he visto la sangre en la sábana y…bueno, no me gustaría saber que sufriste por mi culpa.

- Harry, sangrar es normal la primera vez, luego no vuelve a ocurrir. Ya te lo expliqué en su momento. Y no, te repito que no me hiciste nada de daño.

- ¿De…De verdad?

- Por mi honor lo juro.

- Me siento aliviado.

- ¿Y tú?.- quiso saber ella.

- ¿Yo qué?

- ¿Lo pasaste mal en algún momento?

- No. Todo lo contrario. Estuviste fantástica.

- Gracias.

- Es la verdad. Crees que… ¿Podríamos repetirlo?

- ¿Cuándo, ahora?

- No…bueno…si quieres…por mí no hay problema. Acabo de ducharme.

- Por muy tentador que me parezca, no, ahora no tengo ganas. Estoy demasiado relajada para otra ronda. Pero sí me gustaría hablar de algo contigo.

- Dispara.

- ¿Qué quieres hacer?

- ¿Hacer con qué?

- Con nosotros. Por ejemplo…cuando acabemos el colegio. Aún faltan 8 meses y medio pero…me gustaría saber qué planes tienes si es que los tienes.

- Oh, eso. Bueno…yo creo que lo mejor que podríamos hacer sería casarnos. ¿No?

- ¿Cómo has dicho?.- dijo ella en un tono que indicaba un claro descontento en la forma en que él se lo había propuesto.

- Este…he dicho…que podríamos casarnos. Ya que hemos dado un paso importante en nuestra relación, podríamos dar el otro que nos falta. ¿No te parece?

- No, no me parece.

- ¿Qué?.- dijo él casi sin voz. No podía creerse que ella no estuviera de acuerdo en casarse con él.

- No me parece, que lo mejor que podemos hacer sea casarnos. Al menos no, de la forma en que me lo has pedido. Harry, no te entiendo.

De verdad que no. Si pienso en lo de anoche, podría decir que los dos dimos ese paso porque queríamos y porque nos queremos de verdad.

Pero si tengo que analizar lo que me acabas de decir, creo que no logro entenderte. No logro comprender por qué de repente has tomado esta decisión, porque desde luego, si tú quieres casarte conmigo porque piensas que es lo único que nos falta hacer como pareja, te digo claramente que no acepto tu propuesta de matrimonio, si es que a lo que me has dicho, se le puede llamar propuesta.

- Hermione, no…consigo entender cuál es el problema.

- El problema, Harry, es que me estás pidiendo matrimonio más como algo que quieres hacer porque sea la costumbre, que porque de verdad sientas que quieres hacerlo. ¿Me he explicado con claridad?

Él asintió con la cabeza.

- Y si de verdad quieres que acepte, primero tienes que decirme cuáles son tus sentimientos. Y no me vengas ahora con que yo ya lo sé, porque esto no tiene nada que ver con saber que me amas. Yo lo sé, y tú sabes que yo también te amo, sólo quiero que me digas qué es lo que sientes para querer casarte conmigo. O sea, que la gran pregunta es… ¿Me quieres?

Harry se quedó boquiabierto, estaba a punto de cerrarse en banda. Hermione sabía que estaba librando una batalla interior contra sus instinto de huida. Pero aquella situación no podía arreglarse con un gesto o un beso. Era el momento de la sinceridad absoluta. Ella tomó el rostro de Harry entre sus manos.

- Contéstame Harry. ¿Por qué quieres casarte conmigo, es porque crees que eso es lo que debemos hacer o porque me quieres lo suficiente como para hacerlo?

Él la miró fijamente unos instantes. El mundo dejó de girar de repente y no fue capaz de responder. Hermione tomó eso como un "no sé por qué" y se dio por vencida.

- De acuerdo Harry, ya me has contestado a la pregunta. Y ahora si me disculpas, te agradecería mucho que te quitaras de encima y me dejaras salir de la cama. Necesito ducharme.

- ¿Po…Podemos seguir hablando de esto luego?- Pronunció él cuando sintió que había recuperado la voz.

- No, yo ya he dicho lo que tenía que decir. No tengo nada más que hablar contigo acerca de esto.

- Entonces… ¿Tu respuesta es no?

- Premio gordo para el caballero.- Y sin esperar otra respuesta por parte de él, ella se levantó en cuanto Harry se apartó de ella. Hermione no lo supo porque se metió en el baño y cerró la puerta, pero en cuanto él la perdió de vista, lloró.

Cuando ella salió del baño completamente aseada, peinada y vestida, vio que Harry no estaba en su habitación, pero no se preocupó. Seguramente lo vería en algún sitio del castillo.

Mientras cambiaba las sábanas y ponía otras limpias, se preguntó cómo había sido posible, que después de una noche tan fantástica y maravillosa como habían tenido, él no hubiese tenido ni una pizca de romanticismo en el momento de pedirle en matrimonio.

"Será imbécil"- pensó para sí mientras volvía a poner el edredón y terminaba de arreglar la cama antes de salir al exterior.

Caminó con paso tranquilo hacia el gran comedor. Seguro que Harry estaría ya desayunando, pero tampoco le encontró allí. Aunque eso tampoco dejó que la afectara.

Después de ver cuáles eran sus obligaciones de prefecta, salió al exterior dispuesta a caminar un poco por los terrenos del lago. Necesitaba relajarse y reflexionar y sólo podía hacerlo en aquella zona de arbustos que sólo ella frecuentaba. Pero antes de llegar, se encontró con Charlie.

Con sólo verle, empezó a angustiarse, pero se dijo así misma que no dejaría invadirse por el pánico, no aquella vez, cuando lo que más deseaba era patearle los testículos hasta dejarle impotente por haberse aprovechado de ella de la forma en que lo hizo.

- Hermione.- comenzó Charlie claramente nervioso.- Yo…

- Tú y yo, no tenemos nada que decirnos, Charlie Wilson.

- Yo sí, quiero pedirte disculpas. Por favor acéptalas.

- ¿Por qué debería?. Anoche te dije claramente que quiero a Harry. Y aún así, me besaste y acariciaste. Eres un…

- Lo sé, sé que estás enfadada y por eso piensas lo peor de mí ahora pero…lo último que pretendía…era ofenderte. Por favor, perdóname.

Te prometo que no volverá a ocurrir.

- Por supuesto que no, procuraré no volver a compartir una guardia contigo en todo lo que me queda de curso.

- No por favor, no hagas eso. Te juro que te respetaré a partir de ahora. Tú sabes…que yo siempre te he respetado mucho. Es sólo…que creí que en el fondo sí te gustaba algo.

- ¡Te dije claramente que yo sólo quiero a Harry!

- Pensé que…podrías cambiar de opinión si nos besábamos.

- ¿De veras me creíste tan frívola para algo así?

- No, yo no quise decir eso.

- ¡Pues cualquiera lo diría. Mira Charlie, déjame en paz!

- Lo siento Hermione, de verdad que lo siento.- Él agachó la cabeza de forma triste y claramente arrepentida. Ella supo entonces que estaba siendo sincero.

- De acuerdo, te perdono. Pero como vuelvas a intentar algo parecido te voy a…

- No, te juro que no. Podemos seguir… ¿Siendo amigos?

- Conocidos más bien. No confío lo bastante en ti como para poder considerarte mi amigo.

- Lo comprendo.

- Pero me olvidaré de lo ocurrido si tú prometes actuar como si esto no hubiese sucedido nunca.

- Lo haré.- dijo él ahora más animado.- Tienes mi palabra, Hermione. No volveré a mencionarte el asunto nunca más.

- Bien, porque tú tienes una novia que te adora, por si no te has dado cuenta. Y debo decirte, que no hay muchas chicas que sean tan estupendas como lo es Lynn.

- Eso también lo sé.

- Pues no vuelvas a engañarla. Conmigo ni con ninguna otra chica. Ella no se lo merece.

- La verdad es que no. Siempre ha sido…honesta y sincera conmigo. Igual que tú.

- Lo soy contigo y con quien se me ponga por delante. Es mi carácter. ¿Sabes?

- Sí que lo sé. Eres estupenda Hermione.

- Pues antes estuve a punto de dejarte inútil sexualmente para el resto de tu vida, que lo sepas.

- No lo dudo. ¿Nos veremos esta noche?

- Tengo la torre de Astronomía. ¿Y tú?

- Las mazmorras de Slythering, pero podré acompañarte hasta el trozo de escaleras que nos separan.

- De acuerdo Charlie. Hasta esta noche.

- Sí, y Hermione…

- Qué.

- Gracias.

- De nada.

- ¡Que pases un buen día!.- dijo él alegremente cuando vió a su novia desde la distancia.

- Tú también.- le despidió con una sonrisa amigable y se fue a su sitio favorito.

Durante el resto del día y la tarde, Hermione no se cruzó con Harry en ningún momento. Era como si él hubiese desaparecido y ella sabía que eso no era posible. Si nadie podía aparecerse en Hogwarts de repente, desaparecer menos todavía. Lo único que pudo suponer, era que él estaría en algún lugar haciendo algo importante. Pues Harry a veces, solía quitarse de en medio cuando tenía algún asunto pendiente que quisiera resolver por sí mismo.

Lo que ella suponía era cierto, porque en un punto concreto de los terrenos del lago, Harry Potter ponía todo su empeño y mayor esfuerzo por hacer algo especial para Hermione. Algo lo suficientemente especial e irresistible para ella como para que no pudiera negarse a la segunda propuesta de matrimonio que pensaba hacerle esa misma noche.

¿Por qué le había rechazado antes?. Porque no le había hecho una propuesta en condiciones. ¿Verdad?.

Él recordaba muy bien que ella le había dicho que lo único que quería saber eran los sentimientos que él tenía para querer casarse con ella. También le había agarrado la cara y mirándole a los ojos le había preguntado si lo hacía porque la quería. Y por supuesto que lo hacía por eso mismo. Pero cuando se vió reflejado en sus ojos marrones se quedó tan alelado, que no pudo sacar el valor para hablar y decirle lo que ella esperaba oír.

Pero ahora sí que lo tenía muy claro, lo había tenido siempre, desde hacía casi tres años cuando supo que la amaba. Lo que pasa es que había equivocado la manera de decírselo pero eso podía arreglarlo.

Además, Hermione no le había dicho que no quisiera casarse con él, le había dicho que no quería casarse con él por la manera en que se lo había pedido, pero no porque ella no le quisiera. Y desde luego, Harry estaba más que seguro que ella le quería de la misma forma que él la quería a ella, con un amor verdadero más que sincero y profundo.

"Muy bien Hermione."-pensó para sí una vez que terminó de prepararlo todo.- "¿Quieres saber cuáles son mis verdaderos sentimientos, los que me llevan a pedirte que seas mi esposa?. ¿Quieres una auténtica propuesta de matrimonio?. La tendrás, esta noche la tendrás. Como me llamo Harry James Potter Evans que vas a tenerla. Y luego…luego ten el valor de decirme que no porque no soy sincero o porque no lo he hecho bien. Ya verás Hermione, por primera vez en toda tu vida, te vas a quedar muda de la impresión."

Cuando contempló su obra, no pudo más que soltar una risita de satisfacción. Como si fuese un niño pequeño que acabase de realizar una travesura sin que le hubiesen pillado. Viendo que se le venía la tarde encima, y que pronto oscurecería, Harry reemprendió su marcha al castillo procurando ocultar convenientemente, su sorpresa.

Mientras tanto, Hermione volvía a ducharse y se preparaba para cenar y luego hacer la guardia en la torre de Astronomía, el lugar elegido por la mayoría de las parejas de Hogwarts, para mimarse en la intimidad.

"Pero mira que son poco originales."- Pensó ella mientras subía las escaleras que la llevarían a la torre.

Charlie había cumplido su palabra, había caminado con ella hasta el trozo de escaleras que les separaría, y en ningún momento había mencionado lo ocurrido la noche anterior sino que se había limitado a comportarse como un simple compañero de guardias.

Luego, él se había despedido amablemente de ella deseándole una guardia tranquila y había desaparecido por el trozo de escaleras que le llevarían a las mazmorras de Slythering. El lugar del castillo que menos le gustaba a ella para vigilar, pues era bastante siniestro.

Interiormente se alegraba de que le hubiese tocado la torre, al menos allí, no se sentía tan mal. En realidad era bastante agradable, podía asomarse a la ventana y ver las estrellas, siempre le gustó contemplarlas, sobre todo en una noche clara como esta noche.

Entrando en la clase de Astronomía, comprobó que estaba vacía, pero antes de salir, decidió echar un vistazo. Hacía tiempo que no la veía, sobre todo de noche. Era la primera vez que se metía en esa clase de noche para ver cómo era.

Desde luego, la perspectiva cambiaba bastante a como se veía durante el día. Los planetas que había allí, aunque hechos de plástico, debían llevar algún hechizo mágico porque en cuanto ella se aproximó a ellos, empezaron a girar y moverse según la órbita que tenía cada uno de ellos.

Además, eran bastante curiosos, si ella intentaba tocar alguno, salían disparados hacia otro punto de la habitación. Hermione rió como si fuese una niña pequeña pasándoselo en grande y durante un buen rato, se dedicó a jugar con los planetas a aquella especie de "Corre que te pillo" mágico.

Recuperando un poco el aire, se sentó en el alféizar del gran ventanal que tenía la torre. Estuvo un rato contemplando el paisaje nocturno, y si no fuera porque no estaba segura del todo, se habría jurado así misma que acababa de ver a Harry volando con su escoba por el cielo estrellado. Pero eso no podía ser. ¿Verdad?. Una cosa era que a él le gustase dar paseos nocturnos, porque Hermione sabía que lo hacía bastante a menudo, pero no solía volar solo desde que los dos se hicieron pareja. Además, Harry tampoco solía volar por los límites del bosque prohibido, y era allí mismo hacia donde se dirigía.

Ella sintió un malestar interno invadirla, con sólo mirar hacia el bosque se ponía mala. Puede que gracias a Harry se le hubiese curado el trauma que le ocasionó Blaise, pero igualmente ella lo había pasado muy mal allí, sobre todo cuando Malfoy la atacó y luego intentó matarla usando a Harry como títere humano. No, ella no podía soportar la simple visión del bosque prohibido por muy lejos y a salvo que estuviese ahora de él. Aunque aún entendía menos todavía, por qué Harry acababa de entrar en la arboleda de aquél bosque no sólo prohibido sino más que peligroso.

Sacudiendo la cabeza de un lado a otro, se dijo así misma que no debía comerse la cabeza con asuntos que ahora no tenían respuestas para ella. Si él había entrado en el bosque por el motivo que fuese, era asunto suyo y de nadie más. Además, había pasado el día entero sin verle. Ni siquiera le había visto en la cena y eso que ella se había sentado junto a Ron y Colin, pues le habían guardado el sitio a los dos. Pero ninguno de los chicos pudo decirle dónde estaba Harry pues ellos, al igual que ella, llevaban todo el día sin verle.

Hermione se apartó de la ventana y cuando miró su reloj, se dio cuenta que se había tirado las dos horas de guardia pensando en Harry. Como ya había terminado su última obligación del día, decidió irse a su habitación y dormir un poco. Puede que Harry prefiriera pasar parte de la noche volando por ahí, pero ella sólo quería descansar en su cama amplia y cómoda.

No hacía ni diez minutos que había llegado a su habitación, se había duchado y estaba a punto de ponerse el pijama, y de repente, empezó a escuchar la voz de Harry llamándola. Cuando ella, vestida, salió del baño, le vio por fuera de una de las ventanas.

Con el pelo flotando por el aire nocturno y las mejillas algo rojas debido al frío que seguramente habría pasado por culpa del vuelo. Hermione sintió que pocas veces lo había visto tan guapo como le resultaba ahora. Pero entonces recordó que debía parecer enfadada, porque él aún no había hecho nada por arreglar la desastrosa petición de matrimonio que le había hecho aquella mañana, así que, en vez de mostrar la sonrisa estúpida que estaba a punto de dejar salir en su cara, puso su cara más seria y solemne y con un tono más serio aún le dijo…

- ¿Qué quieres?

- Que vengas conmigo.- Dijo él con total naturalidad.- Quiero enseñarte una cosa.

- Harry, estoy agotada y tengo un sueño que me muero. No estoy para vuelos nocturnos, ahora sólo quiero dormir.- Ella no quería ponérselo fácil.

- Por favor Hermione, sé buena…

- No, los ojitos de cachorrito no te funcionarán esta vez. Además, aún no has respondido la pregunta que te hice esta mañana.

Harry estuvo a punto de gritar de entusiasmo cuando ella le dijo lo último. Esa frase era una señal inequívoca de que ella le estaba dando una oportunidad. Así que, siguiendo con el plan que él mismo había trazado, respondió de forma resuelta…

- Si vienes conmigo, responderé tu pregunta todas las veces que quieras.

- Está bien, pesado.- dijo ella fingiendo un tono de "me tienes harta"- Iré contigo. Seguro que si no voy no me dejarás dormir en toda la noche.

- Cuánto me conoces, Hermione.- Dijo él con sarcasmo.- ¿Vienes o no?

- ¿No te he dicho que sí, qué haces ahí parado todavía?. Entra y recógeme, porque no pienso saltar a tu escoba desde la ventana.

- Así sería más divertido.- Dijo él sin poder contener una risilla pícara.

- Harry, no tientes tu suerte, bastante es que acceda a ir contigo.

- Venga ya Hermione, has aceptado porque en el fondo, te mueres de curiosidad por saber cómo responderé tu pregunta. Admítelo.

- Bueno vale, lo admito.

- ¡Sí!.- dijo él haciendo un giro completo con la escoba, ella se rió un poco al verlo.

- No tienes remedio Harry.

- Quéjate todo lo que quieras, sé que te gusto tal y como soy…- pronunció entrando en su habitación y poniendo la escoba a la altura de Hermione. Ella se subió detrás de él y agarró su cintura dispuesta a volar por el cielo nocturno con el hombre de su vida. Quizás nunca se lo dijese a Harry, pero lo era.

- ¿Estás lista?

- Sí.

- ¿Te has abrigado?. Esta noche hace un poco de fresco y sabes que en la escoba el frío se nota más por culpa de la velocidad.

- ¿Quieres arrancar de una vez?. Sabes perfectamente que voy lo suficientemente abrigada para no pillar una pulmonía.

- Qué impaciente es usted, señorita Granger.- Él se rió un poco cuando ella le dio un suave coscorrón en la cabeza, y sin perder más tiempo, salió de la habitación de Hermione por la misma ventana por la que había entrado.

Hermione cerró los ojos durante todo el camino, mantenerlos abiertos era peor, pues el aire frío entraba en ellos y le hacía llorar. Además, ya era bastante horrible para ella estar volando en una escoba como para tener que ser consciente también de que lo hacían a una altura considerable del suelo.

Cuando ella sintió que se habían detenido y escuchó la voz de Harry pedirle que abriera los ojos y se bajara, Hermione tuvo que reconocer que el lugar donde se encontraban, además de desconocido para ella, era un sitio bastante bonito.

Una extensa explanada llena de flores fluorescentes se abría paso delante de ella. Un poco más al fondo, una zona de árboles cuyas hojas tenían un brillo azul marino, parecían saludarla cuando el aire nocturno pasaba entre ellas. Hermione tuvo que reconocerse así misma, que el paseo había merecido la pena sólo por ver semejante espectáculo.

- Este sitio es precioso, Harry.

- Me alegra que te guste. Lo descubrí hace unos días. Quise enseñártelo pero luego nos peleamos y te fuiste corriendo.

- Oh.

- Pero eso ya es agua pasada. Te he traído aquí por una razón, una tan sólo y muy importante para mí.

- Te escucho.

- Quiero pedirte disculpas por lo que te dije esta mañana, bueno, por lo que te dije no, sino cómo te lo dije. No pensé que pudiera sentarte tan mal que te pidiera matrimonio así pero…tienes que reconocer que no es la primera petición que te he hecho. Ya llevo varias si cuento las que te hice días atrás, cuando tú aún no sabías bien lo que sentías por mí.

- Ah sí, lo recuerdo. Te dije que lo pensaría.

- Y un tiempo después me dijiste que te gustaría estar casada conmigo porque…siempre habíamos sido amigos y nos habíamos llevado muy bien…

- Y tú te enfadaste tanto con mi respuesta, que te marchaste de mi habitación con un portazo tan grande que creí que la puerta se caería al suelo.

- Bueno, es que…no podía reaccionar de otra manera. La respuesta que me diste no era la que yo esperaba.

- Pues te digo lo mismo en la forma en que me has hecho la pregunta esta mañana. Aunque más que pregunta, parecía que dabas por hecho que yo aceptaría.

- ¿Y no es así?. Quiero decir… ¿De verdad que no te gustaría casarte conmigo?

- Pues…

- Espera, no contestes aún. Antes quiero que me acompañes a un sitio especial.

- Ah, pero… ¿No era éste el que querías enseñarme?

- Sí, pero es que este lugar es muy grande y quiero mostrarte algunos puntos muy concretos de todos los que tiene.

- ¿Por qué?

- Lo sabrás cuando lo veas.- Dijo él sonriendo de forma enigmática. Ella agarró la mano que él le ofreció, y siguiéndole en medio de la oscuridad nocturna y de las pocas zonas que alumbraban las estrellas y las luces de las hojas de los árboles, Hermione se metió con Harry por la espesura de aquella arboleda que parecía sacada de un cuento de hadas.

Ella no supo durante cuánto tiempo estuvieron andando, pero empezaba a sentirse cansada. Iba a decirle a Harry que se detuvieran un poco o que aminorasen el paso cuando de manera repentina, él se detuvo. Ella chocó con su cintura y él le pidió disculpas.

- ¿Por qué no me has avisado?

- Se me olvidó.

- Venga ya…

- Bueno, es que no estaba seguro de si éste era el sitio exacto. La perspectiva me ha cambiado totalmente ahora que es de noche.

- Es normal, Harry.

- Pero creo que dejé una señal por…- dijo más para sí mismo que para Hermione.- Allí.- Él apuntó hacia un árbol en concreto, que era distinto al resto. Estaba inclinado y era más bajo que los demás, pero tenía las hojas azul marino y brillante como el resto de sus compañeros.

- ¿Qué hay allí?

- Acércate y lo verás.

Ella levantó una ceja mirándole con algo de desconfianza, él se rió mientras se tocaba el pelo de la frente, intentando apartárselo, en un gesto que fue de lo más sencillo pero que resultó encantador y sexy para Hermione.

- Vamos, a qué esperas.- La animó Harry con una sonrisa digna de un anuncio de dentífrico. Hermione no quiso hacerse de rogar más. Dirigiéndose hacia el arbolito con la sensación de estar jugando a "la búsqueda del tesoro".

Cuando llegó, no vió nada extraño o fuera de lo común. Sólo una flecha brillante y roja dibujada sobre el tronco. Estaba claro que la flecha había sido creado por la magia de un mago y no por la del árbol.

- ¿Tengo que seguir la dirección que marca?.- preguntó más para que él se lo confirmara que porque ella no lo entendiese.

- Obviamente sí.- Contestó él en un tono de "Cómo no has caído en eso con lo lista que eres". Ella se rió un poco cuando vió la expresión con la que él la miró.

- ¿Es que no vas a venir conmigo?.- cuestionó al verle parado unos metros más atrás de donde estaba ella.

- Sí, pero este enigma debes resolverlo tú sola.

- Muy bien, señor Potter. ¿Debo avisarle cuando encuentre el tesoro?- Dijo ella riéndose mientras se internaba más en la espesura siempre en la dirección que apuntaba la flecha.

- Por supuesto, señorita Granger. Si no, no sabré si le ha gustado o no.- Dijo él siguiéndole los pasos y riéndose también. Verla tan animada y disfrutando tanto de aquella actividad que él se había inventado, divertía a Harry sobremanera.

Llegó un momento en que ella no supo dónde seguir. Se giró y encontró a Harry detrás de ella.

- Sigue adelante.- Dijo él de manera escueta.- Verás otra pista justo al fondo de donde estás ahora.

Ella obedeció y se encontró con un lago de aguas cristalinas que brillaban más de lo normal.

- ¿Tengo que meterme en el agua?

Harry no contestó esa vez. Hermione se subió la parte baja de la túnica y entró dentro del lago.

El agua estaba fría, pero en cuanto se quedó quieta, se calentó y ella notó cómo el agua la empujaba hacia arriba, hasta que sus pies estuvieron justo encima, flotando. Con algo de desconfianza pero sin ningún tipo de miedo, ella dio el primer paso. En cuanto lo hizo, apareció una especie de camino hecho con bloques de madera.

Pisó el primero y se quedó quieta, pues los bloques comenzaron a moverse hacia delante. Hermione no podía más que sonreír, puede que no fuese el tipo de aventura de las que solía vivir con Harry, pero desde luego, era la más bonita de todas.

No sólo por lo mágico que era todo, sino porque Harry, a través de todas aquellas cosas, estaba mostrándole una mezcla de diversión y romanticismo, que ella no había visto hasta ahora en él. Divertido, porque era un juego, y romántico porque todos los lugares que estaba descubriendo gracias a él, eran preciosos.

Cada uno de ellos con sus propias características, pero todas bellísimas. Los bloques de madera se detuvieron al llegar a la otra orilla de aquél lago que parecía de plata. Ella pisó la orilla y escuchó cómo Harry volvía a ponerse a unos pasos por detrás de ella.

Hermione quería saber cuál era la siguiente pista, pero entonces, las aguas del lago se movieron formando unas letras "Sigue el sonido de los cascabeles."

¿Cascabeles, cómo podían haber cascabeles en un bosque?. Enseguida supo la respuesta, siendo un bosque mágico, los cascabeles lógicamente también lo serían y si no lo eran de forma natural, seguro que Harry los habría hechizado también. Como había hechizado todo lo que ella llevaba hecho hasta ahora.

Caminó pisando la hierba y algunas flores, que se quejaron un poco, ella rió y se disculpó, pero era inevitable que las pisara pues estaban por todas partes. Al llegar a otra zona de árboles, sólo escuchó silencio. Pero unos segundos después, comenzó a oír el tintineo de los cascabeles. Lanzando un gritito de sorpresa, echó a correr siguiendo el sonido. La condujeron a otro claro del bosque.

Uno que estaba oscuro salvo por una única zona iluminada por algunos rayos de luna. Ella se detuvo justo en medio de su luz. De repente, se vio rodeada de cascabeles voladores que sonaban mientras danzaban girando a su alrededor. Hermione estaba encantada, no podía dejar de reír y sonreír al mismo tiempo. Los cascabeles se detuvieron formando un mensaje. "¿Te lo estás pasando bien?" ella dijo "Sí" y ellos crearon otro mensaje "¿Quieres continuar?" de nuevo, Hermione respondió afirmativamente y los cascabeles se unieron formando una flecha que apuntaron hacia delante y luego a la derecha. Ella le dio las gracias y corrió hacia aquellas direcciones.

Se encontró con un prado florido, pero lleno de flores mucho más bonitas que las anteriores. Las había de todos los colores conocidos y también de otros que ella jamás había visto y todas brillaban mientras se movían de un lado a otro, como si estuvieran bailando al son de alguna música.

Hermione cerró los ojos, intentando percibir la melodía que oían las flores. Cuando lo hizo, se dio cuenta que la música era igualita a su canción favorita. Una que cantaban un chico y una chica y que describía perfectamente cómo veía Hermione el amor.

Cuando fue capaz de escuchar bien lo que decían, se dio cuenta que iban por una de sus partes favoritas.

- Que da igual si tú o yo…si lo entiendes o si no…yo merezco mucho más. Sólo quiero algo de ti…

Ella recitó sin cantar, el primer estribillo de la canción.

- Si no eres de lo que estás hecho, no eres lo que estoy buscando. Fuiste entregado, pero soy capaz de dar más que tú. No quiero que cambies de ninguna manera, porque así como eres puedo llamarte mío. Puede que no seas el amor ahora, pero está bien.

- Siempre te escucho, y resulta igual a nada, tengo mil dudas sobre tu sinceridad.- Continuaron las flores, que cantaban como si ellas fuesen el chico protagonista de la canción.- Creo que es justo, reclamar lo que te he dado, porque yo mismo decidí…

- Y no marca la diferencia quién estaba o no equivocado. Hay mucho más que eso. Porque yo soy merecedora de todo lo que quiero.- Dijo ella, continuando con la siguiente parte.

- Si no estás para esto…no eres lo que yo busqué, el quererme no lo es todo, pudiste darme más. No sigas…no cambies, hay cosas, que no me entregarás. No es verdad…sin más, pero está bien.- Cantaron las flores de nuevo.

- ¿Cuál es la definición de "El único"?- dijo ella, más como una pregunta que si formase parte de la letra de la canción.- ¿Qué es lo que realmente quieres que él llegue a ser?. No importa cuánto sacrifique, nunca será suficiente.

La melodía siguió y ella escuchó atentamente la siguiente estrofa que cantaron las flores.

- Como te dije…me hundiré sin revisión. Porque me encuentro…donde yo quise decir…

Ella sabía que venía el estribillo, así que lo dijo de nuevo.

- Si no estás, para esto…no eres lo que yo busqué.

Y se dio cuenta que las flores iban interviniendo cada vez que tocaba una frase después de la de ella. Como si aquél chico que ellas representaban, contestasen a lo que ella decía.

- El quererme no lo es todo... Pudiste darme más, no sigas…

- No cambies, hay cosas…que no me entregarás.

- No es verdad…no hay más.

- No es verdad…no…hay más.

Cuando la canción terminó, ella se dio cuenta que las flores habían cantado como si fuesen el chico protagonista de la canción. El chico protagonista…¿Harry?. Harry era el protagonista aquella noche, porque él y no otro, había decidido organizar todo aquello para ella, aunque ella no supiese con seguridad con qué motivo además de divertirla. Tendría que haber otro más profundo, pero estaba más que dispuesta a descubrirlo.

Si las flores habían sido el chico de la canción…¿Querría eso decir que más que la letra, era la forma en la que él veía el amor, o quizás la relación que tenía con ella?. Quizás por eso, casi al final, ellas decían "No es verdad…no hay más." y ella respondía "No es verdad…no…hay más."

Ella se había limitado a decir la letra, no cantarla. Y las flores sí habían cantado, pero respondían al mismo tiempo todo lo que ella replicaba. Hermione hizo una prueba, y repitió lo último que había dicho.

- No es verdad…no…hay más.- Y de repente vio cómo las flores formaron un mensaje.

- ¿Lo hay?

- Por supuesto que sí.- Contestó Hermione totalmente convencida.- El amor es mucho más que todo eso. No es ningún cuento de hadas, no es perfecto ni maravilloso. A veces sí, pero no siempre. Hay que hacer sacrificios, hay que ser flexible, hay que dar más que lo que esperas recibir, hay que pensar primero en la otra persona antes que en ti misma. Y no hace falta cambiar…para que la otra persona te acepte. Debe quererte tal y como seas, con tus virtudes y tus defectos. Y debe entender…que siempre habrá cosas tuyas que nunca le entregarás, pero eso no quiere decir que no haya más que puedas ofrecerle. Porque siempre hay más, mucho más.

- ¿Cuánto más?.- volvieron a preguntar las flores.

- Todo lo que estés dispuesta a entregar y demostrar.

- ¿Existe un límite entonces?

- Sólo el que tú quieras poner.

- ¿Y si no pones ninguno?

- Entonces todo está permitido.

- ¿Es eso bueno?

- No siempre.

- ¿Quieres ver algo bueno?

- He visto muchas cosas buenas esta noche, descubrir otra más no me importará.

- Entonces sigue el camino de las flores verdes.

Todas las flores se apagaron de repente, menos las verdes, que formaron una especie de línea recta. Hermione la siguió intentando no pisar muchas flores pero sabía que aplastaría algunas.

Llegó a otra zona de árboles, que le resultaron idénticos a los que estaban en la zona donde ella le enseñó el corazón que tenía grabadas las iniciales de los padres de Harry. Al no ver más señales no sabía dónde tenía que ir o qué debía mirar. Pero entonces, el sonido de las suaves pisadas de Harry, la hicieron girarse hacia él, encarándole de frente.

- ¿Y bien, qué sigue ahora?

- Unas preguntas.

- ¿Más?. Creí que con las flores había tenido suficientes.

- ¿Te gustaron?

- ¿Las flores o las preguntas?

- Ambas.

- Sí.

- ¿Y?

- ¿Y, qué, Harry?

- Todo lo que les dijiste, tanto la letra de la canción como las respuestas a las preguntas que te hicieron ellas luego… ¿Lo dijiste sinceramente?

- Por supuesto.

- Así que… ¿Es bueno o malo que haya límites?

- Depende. Generalmente los límites son buenos.

- ¿Quieres ver algo bueno?

- Eso ya me lo preguntaron ellas.

- Dijiste que sí.

- Y lo sigo diciendo.

- Entonces cierra los ojos.

- ¿Por qué?

- Tú ciérralos y no preguntes.

- Harry…

- Confía en mí.

Ella cerró los ojos y sintió cómo él agarraba sus dos manos y la guiaba hacia delante. Luego torcieron hacia la derecha, caminaron otro poco hacia delante y finalmente se detuvieron. Aún con los ojos cerrados, ella sintió un resplandor, pero no quiso ver qué lo producía hasta que Harry la avisara de que podía mirar. Cuando él se lo dijo, ella abrió los ojos, pero no vio nada. Al menos no delante o detrás de Harry.

- Hermione…- comenzó él algo nervioso.

- Qué.

- Esta mañana, me preguntaste si quería casarme contigo porque creía que era lo que debíamos hacer o porque te quería lo bastante como para hacerlo.

- Exacto. ¿Y?

- Creo que la pregunta no es esa. La pregunta es… ¿Me quieres tú a mí lo bastante como para ser mi esposa?

- ¿Tú qué crees?

- Podría pensar que eso es un sí pero…no estoy completamente seguro.

- Dijiste que si iba contigo, responderías mi pregunta todas las veces que yo quisiera.

- No me cambies de tema, respóndeme sí o no, es así de simple.

- No pienso decirte nada hasta que me digas tú a mí, por qué quieres casarte conmigo.

- Pero mira que eres cabezota y pesada cuando te da la gana.

- Vamos, que tú no…

- No quiero pelearme contigo esta noche. ¿Vale?. Todo iba muy bien, haz el favor de no estropearlo.

- Ah, que ahora la culpa es mía.

- ¡Hermione Granger, por Merlín y toda su magia, eres la mujer más exasperante que he conocido en toda mi vida. Me quieres decir de una puñetera vez si quieres o no casarte conmigo!

- Y ahí va el romanticismo…- dijo ella rodando los ojos.- Desde luego Harry, nadie como tú, para convencer a una mujer, de lo mucho que la amas. Que sin ella no vives, que si no estás con ella tu existencia es un asco y que por todo eso y no por otras razones, es porque quieres casarte con ella y que a su vez, ella se case contigo.

- No, si encima tendré que apuntarlo para acordarme…

- Vete al cuerno, Harry, ahí tienes mi respuesta. Dos negativas hoy, todo un récord para ti, señor Potter.

- Arggg.

- No gruñas así…- canturreó ella.- Pierdes todo el atractivo.

- ¡Pero mira que eres…!

- ¿Fantástica, ocurrente, divertida, sexy, fascinante, algo de todo eso o…todo a la vez?

- Te detesto cuando te pones en este plan petulante.- Dijo él acercándose a ella peligrosamente. Pero ella ni se inmutó.

- No tengo la culpa de ser tan irresistible para ti.

- Te voy a…

- ¿Besar hasta que te duelan los labios?. Oh Harry…sí…

- Deja de provocarme, Hermione.

- ¿Por qué, acaso te está causando efecto?.- cuestionó con clara burla en su tono de voz.

- ¡Te callas o te callo!

- Cállame tú.- Pero eso no lo dijo con burla, sino con sensualidad. Harry cumplió lo segundo que le había gritado, callándola de la forma que más le gustaba, besándola de forma apasionada. Pensó que ella le apartaría, pero no lo hizo. Más bien participó activamente de todos aquellos besos.

Un poco después, él se retiró. Su malhumor parecía haberse esfumado y Hermione vio que la miraba con dulzura y un cariño inmenso. Entonces él le tapó los ojos con una mano. Ella protestó un poco, pero cuando vió que él tiraba de ella, guiándola de nuevo hacia no sabía ella dónde, decidió que lo mejor era permanecer callada hasta que Harry volviese a decirle que mirase.

- Aquí es.- dijo la voz de él unos minutos después.- Ya puedes mirar.

Cuando lo hizo, tuvo que contener el aliento ante lo que vio. Ni siquiera pudo ser capaz de decir "Dios mío" o la tan conocida frase del mundo mágico "Por las barbas de Merlín". No podía decir nada, porque se quedó muda de la impresión. Y es que todo lo que la rodeaba, no sólo eran árboles brillantes y preciosos, sino que además, había un lago mucho más bonito que aquél plateado de los bloques flotantes y para mayor asombro y complacencia de ella, estaba rodeada de luciérnagas. Sí, luciérnagas, millones y millones de luciérnagas que volaban a su alrededor como si estuviesen adorándola o saludándola con sus lucecitas brillantes.

Hermione no podía hacer otra cosa que sonreír y sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas por la emoción de ver y experimentar algo tan fantástico y bello como aquello. Alargó un brazo hacia arriba abriendo la mano para intentar coger algunas, pero las luciérnagas la evitaron, y volaron iluminando su figura.

Ella no pudo sentirse frustrada, porque algunos de esos bichitos, se posaron en una mejilla como si la besaran, seguidamente se apartaron de nuevo para agarrarse a su túnica de prefecta y tirar de ella suavemente, hasta llevarla a la orilla del lago. Se desprendieron de su túnica allí, y volaron hacia lo alto, un poco más arriba del agua, para formar un mensaje. El más hermoso que había visto y leído en toda su vida.

- Hermione Granger… ¿Quieres casarte conmigo?

Y durante unos segundos que para Harry se hicieron eternos, ella no contestó. Estaba demasiado ocupada usando sus dedos para retirarse las lágrimas que no dejaban de caer, pues la emoción que ella sentía era demasiado grande como para poder calmarse enseguida. Pero pasado un tiempo lo consiguió.

El mensaje seguía brillando en el cielo, seguramente no desaparecería hasta que ella diese una respuesta. Quiso decir algo, pero no le salía la voz de la garganta. Era lo mismo que le había sucedido a Harry aquella mañana cuando ella agarrando su rostro le había preguntado "¿Me quieres?". Ahora lo entendía perfectamente, entendía por qué él no fue capaz de responder. Estaba igual de alelado que ella.

Un alelamiento que podría ser fatídico sino reaccionaba a tiempo.

Las luciérnagas se movieron y formaron otro mensaje.

- ¿Lo harás?

Por segunda vez aquella noche, Hermione intentó dar su respuesta sin conseguirlo. Harry empezó a preocuparse seriamente. Si el mensaje de las luciérnagas no era una proposición suficientemente buena para Hermione. ¿Qué más tenía que hacer para convencerla de que la amaba de verdad y que por ésa razón y no otra, quería casarse con ella?.

Las luciérnagas, volvieron a cambiar el mensaje. Y si el primero resultó bellísimo para Hermione, el tercero le gustó más todavía.

- Te amo Hermione. Te amo más que a mi vida. Por favor, di que te casarás conmigo. ¿Sí?

- Sí.- Dijo ella suavemente, pues se sintió incapaz de responder en un tono más alto.

Las luciérnagas volvieron a escribir otra cosa. Ella rió un poco al leerlo.

- No te escuché. ¿Podrías repetirlo?

- Dije…- pronunció ella ahora un poco más alto.- Que sí.

- ¿He oído bien?.- Pero ahora no lo dijeron las luciérnagas en forma de mensaje, sino la propia voz de Harry. Que estaba justo delante de ella. Pero ella no le había visto colocarse allí, ya que había estado mirando al cielo.

En el instante en que ella le escuchó hablarle, se olvidó de las luciérnagas y se concentró en él. Sólo y exclusivamente en él. El hombre de su vida. Harry. Su mejor amigo, su amante y…su futuro esposo.

- Sí Harry. Oíste bien.- Dijo ella dulcemente acariciándole el rostro con suavidad.- Sí quiero. Quiero casarme contigo, quiero ser tu esposa y la madre de tus futuros hijos o hijas. Quiero crecer contigo y cuidarte hasta el día en que me muera. Quiero todo eso Harry. Sé que sólo contigo podré tenerlo. Y sé también…que tú y no otro, eres mi pareja. Esa persona especial de la que tantas veces me habló mi madre y que sé que está especialmente destinada para mí. ¿Me has oído bien ahora?

Él no respondió nada, sólo asintió con la cabeza lentamente, como si le costase moverla. Y de hecho así era, se había quedado tan impactado por la forma tan bonita en que ella le había respondido, que no podía decir ni una palabra.

En el instante en que ella le besó en los labios, Harry supo que las palabras sobraban ahora. Ahora, lo único que importaba era entregarse a su Hermione con todo lo que tenía. Le daba igual si pillaba una pulmonía por culpa del frío y por el hecho de que ella le estuviera quitando la ropa. Qué más le daba. Estaban tumbados en la orilla de un lago de ensueño. Rodeados por luciérnagas que volaban a su alrededor. Escuchando el sonido de las suaves olas del agua. Y haciendo el amor con una mujer que era para él todo lo que había soñado y más aún.

Se amaron durante lo que quedaba de noche y sólo se detuvieron presos del agotamiento cuando los primeros rayos de sol comenzaron a despuntar. Tras dormir unas horas, se vistieron y usaron la escoba para regresar al castillo, sin importarles si llegaban o no, tarde a sus clases.


Los meses del curso siguieron pasando, y nadie que habitase aquél castillo, tanto los que eran estudiantes como los que no, podrían decir que ver a Harry Potter y Hermione Granger acaramelados por los pasillos, era una visión non-grata. Todo el mundo estaba de acuerdo en que formaban una bonita pareja. Entre otras cosas porque se notaba a kilómetros que se querían de verdad. No como unos jóvenes presos de las hormonas. Aunque como dijo Ron una vez a Seamus…

- Más que hormonas parece que tienen dentro una parrilla.

Si Seamus era conocido por sus bromas, Ron lo era por su sentido del humor. Y desde que sus dos mejores amigos le habían dicho meses atrás, que cuando terminasen el colegio se casarían y que querían que él fuese el padrino, el humor de Ron no es que hubiese mejorado, es que era de lo más entusiasta.

Además, la boda de Harry y Hermione no sería la única que se celebraría, porque él también tenía otra boda que celebrar y a la que asistir. La suya con Luna. Hacía dos días que se había declarado y ella había dicho sí abrazándole con tanto entusiasmo que incluso le tiró al suelo. Pero Ron no tuvo tiempo de quejarse, porque tenía la boca ocupada en otra cosa mejor.

El colegio terminó en junio, y la boda de Harry y Hermione se haría en septiembre. Ellos querían algo íntimo y sencillo. Así que los padres de Hermione decidieron que podrían hacerla en la casa de la playa de su propiedad. Tanto Harry como Hermione estuvieron de acuerdo, porque esa casa les encantaba a los dos. Además, el buen tiempo que hacía aún allí, les facilitaría mucho el tema de los trajes.

Harry escogió un smoking sencillo que no era demasiado caluroso.

Hermione, un bonito vestido blanco, más propio de una princesa medieval, que de una novia de diseño.

Cuando Harry la vio llegar a aquél altar de madera que habían mandado construir los padres de Hermione para ellos, no pudo hacer otra cosa que mirarla con la mandíbula caída. Igual que le sucedió cuando ella bajó las escaleras del salón del baile, con aquél vestido tan bonito y ese peinado que tan bien le sentaba.

Harry podría decir que aquél vestido blanco, sencillo y elegante al mismo tiempo, no es que le sentase bien, sino que le hacía parecer una verdadera princesa de cuento. Una que sólo estaba destinada a él. Y por segunda vez en toda su vida, Harry se sintió el hombre más feliz de la tierra.

Ya no sólo porque ella acabase de pronunciar el "Sí quiero" sino porque sabía en su interior, que sería la única mujer de su vida. Y la única también, que le haría feliz al cien por cien.

Bueno, llevaba haciéndole feliz por completo muchos meses, sobre todo cuando hizo el amor con él por primera vez y cuando accedió a ser su esposa mientras las luciérnagas los iluminaban. Desde aquella noche, Harry comprendió por qué a ella le gustaban tanto aquellos bichitos. No sólo eran bonitos y especiales, sino que además eran mágicos. Pues fueron capaces de reproducir en cada mensaje, los sentimientos por los que pasaba Harry mientras esperaba la respuesta de Hermione.

El banquete duró toda la tarde. Ellos se despidieron de los invitados cuando se hizo de noche. Hermione recibió besos y abrazos por parte de sus familiares, Megan y su novio, que pronto sería su marido, y también por parte de sus padres. Que esperaron ser los últimos para poder despedirse de ella con total libertad. Pero ella no fue la única a la que besaron, abrazaron y desearon lo mejor, porque con Harry también lo hicieron. Una de las cosas que más emocionó a Hermione, fue cuando escuchó que su madre le decía a su ahora ya marido…

- Ahora tengo un hijo además de una hija. Bienvenido a la familia, Harry.

Él dio las gracias sinceramente, pero Hermione pudo ver que tenía los ojos empañados de lágrimas que no quería dejar caer. Quizás por timidez.

Cuando el padre de Hermione felicitó a Harry, fue mejor aún. No sólo porque también le diese la bienvenida a la familia sino porque además, Hermione se rió bastante con los comentarios que le dijo a Harry.

- Quizás para mi mujer seas un nuevo hijo, pero para mí eres mi nuevo compañero de golf. Además, Harry, tengo que decirte una cosa que debes saber si quieres sobrevivir al matrimonio con mi hija.

- ¿Qué cosa, señor?

- Paciencia, Harry. Mucha paciencia. Échale toda la que tengas y más aún. Mi Hermione puede ser estupenda, pero a veces no hay quien la aguante. Ni si quiera yo, que soy su padre y la adoro. Es que esta hija mía…es única en su género. Ay…

Harry miró preocupado a Hermione, como si le diese miedo que ella se enfadase con el comentario, pero cuando la vio riéndose a carcajadas, no pudo más que reírse también. Además, en su interior sabía que el padre de ella tenía razón.

Puede que Hermione fuese maravillosa pero tal y como él le había dicho en otras ocasiones, a veces era más rara que un perro verde y la mujer más exasperante que había conocido en toda su vida.

Pero eso sí, era una exasperación que estaba más que dispuesto a soportar por el resto de lo que le quedaba de vida. Que esperaba fuese larga y placentera, pues desde que había vencido a Voldemort el mes antes de la boda, Harry sentía que ya no tenía nada que le incomodara la existencia y desde luego, estar casado con Hermione más que incomodarle, le alegraría la vida bastante.

Como Hermione se consideraba aún demasiado joven para ser madre, esperaron un par de años. Sobre todo porque como bien dijo ella, más que por la edad temprana, era por su propia seguridad vital.

Si los dos iban a ser aurores, una profesión que ponía sus vidas en constante peligro, no podían meterse en la gran responsabilidad de ser padres cuando ni si quiera sabían si llegarían vivos de sus respectivas misiones. Pero después de la derrota de Voldemort y unos años después, de la total eliminación de los pocos mortífagos que quedaban en el mundo mágico, Hermione y Harry consideraron que ya no necesitaban dedicarse a algo tan peligroso. Además, ya casi no había misiones. Así que se tomaron un año sabático y se dedicaron a disfrutar de su matrimonio sin preocuparse del "qué pasará si te matan mañana".

Cuando ella cumplió los veintidós, justo el día de su aniversario de boda, se encontraba en la clínica recogiendo el resultado de unos análisis que se había hecho, pues últimamente se sentía algo débil. Como si se marease constantemente. Su sorpresa fue mayúscula cuando su doctora muggle le dijo más sonriente que una Miss de la tele, que estaba embarazada de dos semanas.

Hermione se quedó tan impactada por la noticia, que al principio no fue capaz ni de pestañear. Cuando la doctora estaba a punto de levantarse de su silla para reconocerla, la escuchó gritar un "¡Yujuu!" tan alto, que tuvo que taparse las orejas. Cuando Hermione se calmó, empezó a darse aire con la mano mientras decía de forma nerviosa…

- ¡Cuando se lo diga a Harry no se lo va a creer!. ¿Y si se desmaya?.- preguntó acercándose de repente a la mesa de la doctora, que no pudo más que estallar en carcajadas al verla comportarse de aquella manera, cuando siempre le había dicho a sus colegas, que de todas sus pacientes, Hermione Potter era sin duda la más educada, racional y ocurrente de todas las que tenía.

Puede que Hermione no estuviese comportándose ahora de forma racional, porque acababa de empezar a mirarse el vientre con tanta concentración, como si fuese capaz de ver a través de él para averiguar el sexo de la criatura. Pero desde luego, todo lo que ella hacía, ya fuese eso, o los paseos que no podía dejar de dar por toda la habitación, no sólo le demostraron a la doctora que estaba nerviosa por la noticia, sino que además estaba encantada.

- No te preocupes Hermione.- Dijo la doctora en tono amable.- Serás una madre estupenda. Y seguro que Harry también estará a la altura de las circunstancias. Los dos sois geniales.

- Gracias Mary. ¿Puedo irme ya?

- Por supuesto. Sólo una última cosita…

- Cuál.

- Procura no hacer esfuerzos a partir de ahora y llevar una vida lo más tranquila y relajada posible. Ten en cuenta que todo lo que tú sientas, se lo transmites a tu bebé. Y por supuesto, aunque no hace falta que te lo diga, no fumes, no bebas alcohol y nada de practicar deportes de riesgo. ¿De acuerdo?

- Sí señora.

- Que pases un buen día, Hermione. Saluda a Harry de mi parte.

- Lo haré. Y gracias por todo.

- De nada.

Cuando ella llegó a su hogar, que no era otra que la casa que habían tenido en un principio los padres de Harry, llamó a su marido para darle la noticia. Pero al no recibir respuesta, supo que no estaba.

Ella subió las escaleras y abrió la habitación que más le gustaba de todas. La que había preparado ella para conservar el recuerdo de los padres de Harry. Puede que estuviesen muertos, pero también les consideraba miembros de la familia. Y se aseguraría que su primer hijo o hija, les conociera lo bastante como para saber con seguridad y poderles contar a quienes se lo preguntasen en un futuro, quiénes fueron Lilian Evans y James Potter.

- Gracias Lily.- Dijo ella mirando el cuadro que mostraba la foto mágica del día en que ella y James se casaron.- Gracias por dejarme conocerte a través de tu diario.- Seguidamente miró a James.- Y a ti…bueno, no puedo decir que me gustase lo gamberro que fuiste en un principio, pero como Lily te reformó, me siento orgullosa también de haberte conocido.

Aunque…seguro que eras alguien de lo más divertido. Bueno, me voy. Tengo que preparar la cena y lo que seguirá después. Si dentro de unos meses os aviso de otro embarazo, espero que no os extrañe. Me da a mí en la nariz que vuestro hijo buscará enseguida otro Potter para su hermanito o hermanita. En fin, un beso fuerte a los dos. Ah sí, gracias por traerle al mundo. Habéis creado un hombre estupendo que además de ser un mago extraordinario es una persona maravillosa. Bien hecho chicos.

Ella no lo supo, pero en el instante en que se dio la vuelta para salir de la habitación, James y Lily le guiñaron un ojo.

Cuando Harry llegó a casa, eran las nueve de la noche. Venía agotado de visitar tiendas para comprarle algo bonito a Hermione por su aniversario de bodas. Pero no pudo encontrar lo que él quería, así que además de cansado, tenía un mal humor impresionante.

- ¡Hermione he llegado!.- dijo él desde la planta baja. Como no halló respuesta, soltó una palabrota mostrando su fastidio.- Genial, simplemente genial. Una tarde de perros y encima ella no está.

Decidido a darse un baño relajante y caliente, él subió las escaleras. Se fue al dormitorio para preparar su ropa limpia y con la misma, entró en el cuarto de baño. Cuando cerró la puerta, se dio cuenta que todo estaba en penumbra y que la única luz que alumbraba la estancia era un montón de velitas pequeñas que olían a fresa.

- Típico de Hermione.- Dijo para sí.- No sé de qué me quejo, si en realidad terminé cogiéndole el gusto a este aroma tan empalagoso…

Mientras se acercaba a la bañera para abrir el grifo del agua caliente, ni si quiera se dio cuenta que su esposa se aproximaba a él con sigilo.

Cuando él se metió en el agua y se estiró cerrando los ojos dispuesto a relajarse, sintió que se formaban unas pequeñas olas.

La bañera no era un jacuzzi, así que Harry decidió ver qué ocurría. Cuando lo hizo, se le cayó la mandíbula de la impresión.

Allí, justo delante de él, se encontraba una Hermione completamente desnuda y cubierta de gotitas de agua. Antes de que él pudiese reaccionar, ella se echó hacia delante y le besó. Harry no esperó más para corresponderla, importándole muy poco si la bañera se medio vaciaba con tanto movimiento de agua como provocaban mientras se mimaban a más no poder.

Un rato después, un Harry más que feliz y satisfecho, usaba la esponja y el gel de fresa para enjabonar la espalda de su esposa. Que ladeaba su cabeza de vez en cuando para darle algún que otro beso.

- Tengo que darte una sorpresa.- Dijo ella en tono dulce y cariñoso.

- ¿Otra?. Pues mira que ésta ha sido buena.

- Pues hay otra mejor, Harry.

- ¿Ah, sí, cuál?

- Pues…que pronto, en unos meses tan sólo, dejaremos de ser dos, para ser tres.

- ¿Eh?

- Que estoy embarazada.- Dijo en tono de "Pero mira que era obvio".

Él parpadeó una vez, luego dos y finalmente tres. Y cuando Hermione estaba a punto de mover una mano delante de su cara para ver si reaccionaba, Harry se tiró encima de ella y empezó a llenarla de besos por todas las partes que no tapaba el agua mientras entre beso y beso reía sin parar y le decía una y otra vez lo mucho que la quería.

Cuando él se calmó, apoyó la cara en uno de sus hombros y sintió cómo ella le acariciaba la espalda suavemente.

Él no podía hacer otra cosa más que suspirar feliz. Feliz de quererla, feliz de habérselo dicho años atrás, feliz de que ella le correspondiese aunque hubiese tenido que esperar una semana y media para saberlo, feliz de haberle curado el trauma, feliz de haberse acostado con ella aquella primera vez y todas las veces que le siguieron y le seguirían durante el resto de sus vidas, feliz de haberle pedido en matrimonio con aquellas luciérnagas y de que ella hubiese aceptado de la forma en que lo hizo, diciéndole tantas cosas bonitas que le hicieron llorar mientras la besaba tirando de ella hacia abajo con suavidad, hasta que la tuvo tumbada en la arena de aquella orilla y le hizo el amor hasta que amaneció.

Feliz también de que cuando llegó la noche siguiente a la mañana en la que despertaron en aquella orilla, ellos volvieron a amarse durante gran parte de la noche, sobre todo después de que Harry le entregase la pulsera de plata que días atrás le había comprado en Hogsmeade, unido al libro de hechizos de Defensa. Aunque Harry sabía, que de los dos regalos, la pulsera era lo que más le había gustado. De hecho, no sólo le pidió a él que se la pusiera expresamente sino que luego le mostró su entusiasmo haciendo el amor con él durante horas, y además de eso, ella no había vuelto a quitársela, incluso la llevó puesta el día que se casó con él.

Se sintió más feliz todavía el día que la vio vestida de novia y dijo sí quiero con tanto cariño que tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no llorar delante de toda aquella gente que los miraba. Feliz de haber pasado 4 años siendo dichoso todos y cada uno de los días que llevaba casado con ella. Pero sobre todo era feliz, ya no sólo por la noticia tan estupenda que ella acababa de darle, sino porque sabía, que ese nuevo Potter, no sería el único que vendría a su aún pequeña familia.

- Te amo Hermione.- Dijo él besándola una vez más.- Te amo hoy y te amaré siempre. Y a nuestro hijo o hija, también.

- Lo sé, Harry.

- ¿Continuamos la celebración en el dormitorio?.- cuestionó él levantando una ceja de forma sugerente. Ella se rió encantada.

- Ya sabía yo que querrías buscar el siguiente Potter enseguida.

- Pues claro. No querrás que el niño o la niña se tire mucho tiempo sin alguien con quien jugar. ¿Verdad?

- Oh no, por supuesto que no.

- Te ayudaré a levantarte.

- Gracias.

Cuando ella quiso salir de la bañera, él la cogió en brazos y mientras la llevaba a su dormitorio, Hermione no podía dejar de reírse por lo feliz que se sentía. Ya no sólo porque él la estuviera besando durante todo el camino, que no era nada largo. Sino porque estaba convencida que era la mujer más feliz que existía en el mundo. Tanto en el muggle, como en el mágico.

Una vez que la tuvo tumbada en la cama matrimonial, y como si le hubiese leído el pensamiento, Harry apoyó su cara en uno de los hombros de ella y le dijo antes de besarla…

- Soy feliz, Hermione. Muy feliz. Creo que no puedo ser más feliz de lo que soy ahora. Y todo te lo debo a ti.

- Tigre…- dijo ella suspirando mientras él comenzaba a cubrirla de besos y caricias por todo su cuerpo.- Esto no es nada. Es sólo el principio…

- Te amo Hermione.

- Te amo Harry. Y siempre lo haré.

Durante unas horas, los únicos sonidos que inundaron la habitación fueron suspiros, gemidos y palabras de amor.


Fin.


Nota de la autora:

Pero bueno…decid algo. ¡No os quedéis lanzando suspiros!. No, si ya se lo dije yo a Sonia. Verás tú cómo con tanto momento Milka y Pan Bimbo, la gente se va a quedar más pendiente de suspirar, que de comentar cosas. ;-)

Antes de que algunas personas me preguntéis qué es eso del momento Milka y Pan Bimbo, os diré que el chocolate Milka es uno de los más populares en España y el Pan Bimbo es un pan blanco de molde y español, que es tan tierno como dice el anuncio. Luego…momento Milka es un momento empalagoso y el momento Pan Bimbo uno tierno a más no poder. Ah, por cierto, eso del momento Milka y Pan Bimbo tiene copyright exclusivamente mío que para eso me lo he inventado yo. Jijjiijijiji.

Bueno, antes de irme, debo anunciaros que lo más probable sea que no vuelva a publicar nada más hasta las vacaciones de navidad. Porque este año estoy muy ocupada y no os exagero nada.

Y ahora…¡Las gracias!. Sí, ha llegado el momento de que de las gracias a todas aquellas personas que durante todo este tiempo en que he estado con este segundo fic, me han dejado siempre un review. No sólo apoyándome a mí sino a la historia en sí.

Sobre todo agradezco a esas personas que se tomaron la molestia de dejarme en su review una opinión de más de una frase.

No, no estoy mal agradeciendo ni desprestigiando a la gente que me deja reviews cortísimos, sólo digo que me gusta más leer reviews largos. Porque si se trata de agradecer, yo agradezco incluso que me digan "¡Me encanta. Por favor sigue!".

Eso sí, los reviews insultantes, amenazantes u ofensivos, que también los he recibido alguna vez, no pienso agradecerlos. Eso no va con mi carácter.

Quiero nombrar aquí a gente que es especial para mí.

Sonia Granger Potter (eres un sol), Hikaru-Hoshi( existen pocos lectores/as como tú. Mil gracias), Siara-love (mi hija cibernética, siento no haberme acordado de ti la vez anterior. Pero tú sabes que tu mami te quiere mucho y siempre te tiene presente en sus pensamientos. Mis mejores deseos para ti este año, mi niña), Ignacio (gracias por seguir ahí.), TaBeRu (espero que estés bien), DiCaro(mi niña linda), Eréndira (te adoro y me lo paso en grande con tus comentarios), Gaby(Lo que me gustan tus reviews y las ocurrencias que pones en ellos. Esa frase de "Lori abriendo regalos en el inframundo" pasará a la historia como uno de los recuerdos más divertidos que tengo de ti.), Leonysse-Weasley ( te mando un beso fuerte), Daphne-Potter (una de mis lectoras más fieles) y podría seguir y seguir, pero entonces no terminaría nunca.

Muchos besos a todos y todas, gracias de nuevo por estar ahí y sobre todo por el apoyo recibido. Sois geniales. Con cariño…RAkAoMi. ;-)