Disclaimer: Nada es mío, nada me pertenece... aunque no me importaría pedírmelos por navidad.

Por un beso

Capítulo 3

El cálido aliento de la chica se mezclaba con el suyo, y no pudo evitar sentir un escalofrío. Si se inclinaba un poquito más, sus labios se juntarían, él casi podía notarlos rozar los suyos. Sólo un poco más...

-¿Quién anda ahí?

Ante el grito del extraño, James y Lily se separaron con rapidez. Antes de que la pelirroja pudiera reaccionar, el chico la cogió del brazo, levantándola con una gran velocidad, y echó a correr, mientras Lily, turbada, trataba de seguirle el ritmo.

-Malditos niños... –se oía de nuevo la voz del dueño de la tienda-. Como os pille... ¡gamberros! Vais a ver el buen uso de una varita... ¡ya os digo yo que sí!

El merodeador trató de ahogar su risa, corriendo con más rapidez hacia la salida, tironeando de Lily, mientras el hombrecillo seguía buscándolos sin éxito.

-¡James! –le reprendió, en cuanto cerraron la trampilla tras ellos, con la respiración agitada-. Creía que habías dicho que él sabía que veníais aquí...

El chico seguía bajando las escaleras, y se giró para mirarla, divertido por su cara de desconcierto.

-Y lo sabe –dijo, encogiéndose de hombros-. Que lo sepa no significa que le haga gracia.

Ella trató de reñirle, pero terminó sucumbiendo a la risa, y tras propinarle un golpe en la cabeza, siguió bajando junto a él. Llegaron al punto de partida. La sala común seguía silenciosa, y Lily la observó con una enorme sonrisa en los labios. Sentía el cosquilleo en el estómago de haber hecho una travesura, hecho que hasta entonces creía no haber experimentado jamás. Una sensación que, sorprendentemente, le gustaba.

Se peinó su pelo con los dedos, mirando la chimenea, al tiempo que James doblaba su capa invisible y la guardaba bajo su ropa, aún con su pecho subiendo y bajando con rapidez por la carrera. Lily entonces le miró, y sonrió con algo de timidez. Aún podía recordar el momento en que habían estado apunto de besarse. Un nuevo cosquilleo la recorrió, y esta vez no quiso saber qué significaba.

-¿Sabes? –dijo entonces ella, antes de morderse el labio con indecisión. El chico alzó una ceja-. A pesar de tanta... falta de legalidad y tal... me lo he pasado muy bien, James.

La sonrisa del muchacho aumentó, y se revolvió el pelo con nerviosismo.

-Yo también... –acertó a decir el chico, de algún modo que para Lily resultó adorable, hasta el punto de que se acercó a él y le dio un suave besito en la mejilla. El chico se llevó los dedos a la zona, aturdido-. ¿Nos... vemos mañana?

La chica comenzó a alejarse, con una sonrisa bailando en sus labios. Subió el primer escalón, y le miró, dejando escapar una risita.

-Vivimos en Hogwarts. Claro que nos veremos mañana...

Y desapareció por las escaleras. James aún se tocaba la mejilla.

-Claro... –murmuró para sí mismo, atontado.

0o0o0

La mañana se presentó de diversas maneras para los cuatro merodeadores, que entre bostezos y estirones, se levantaban en su habitación. Sirius se había pasado aproximadamente media hora para arreglarse debido a su cita con Kat... para hablar de Lily, por supuesto. Remus se estaba dedicando con detenimiento a hacer las camas de todos, y a ordenar el jaleo de ropa que habían dejado en el suelo. James, por su parte, estaba tumbado en la suya, con las manos tras su cabeza. Y Peter... bueno, Peter era otra historia.

-¿Por qué diablos te has puesto ese chándal, Pet? –preguntaba Sirius ahogándose entre colonia.

-Voy a hacer footing –exclamó con satisfacción.

Las carcajadas fueron eminentes.

-¿Footing? –preguntó Remus, alisando las mantas de su cama-. ¿Y para qué vas a hacer tú footing?

-Quiero mantenerme en forma –explicó, con naturalidad-. He pensado que en un par de semanas llegaría a tener un cuerpo como... como el de Sirius, por ejemplo.

El aludido no pudo evitar una risa cínica.

-Chicos, –se despidió, abriendo la puerta-, os dejo con Peter y su mundo paralelo. Yo tengo una chica a la que atender.

Y con un guiño, se fue, seguido por Peter, claro, que empezó su carrera respirando con dificultad, y cerrando la puerta con ganas. Remus y James se quedaron solos, cada uno en su tarea. Remus concentrado en adecentar aunque fuera un poco aquella pocilga, y James con sus propias cavilaciones. Su fruncido entrecejo no pasó desapercibido para cierto licántropo, que lo estudió con curiosidad.

-Prongs... –lo llamó, dándole un golpe en la pierna-. ¿Qué tal ayer? Vimos que hiciste una escapada...

El chico se revolvió incómodo.

-Fui con... con Evans. Ya sabes, por lo de la apuesta.

Remus sonrió de medio lado, su instinto lobuno oliendo perfectamente lo que se cocía detrás de todo aquello.

-Y supongo que no conseguiste besarla... –comentó, tratando de que el chico hablara por sí sólo.

El chico suspiró exasperado, hundiéndose más en su cama.

-No, pero Moony... estuvimos tan cerca que... –se calló, dándose cuenta de lo que iba a decir. Sin embargo, Remus ya había oído bastante.

-Te gusta Lily. ¿Verdad?

James lo miró con los ojos muy abiertos. ¿Que si le gustaba Lily? Buena pregunta.

-Se te ha ido la apuesta de las manos, James –insistió el licántropo.

El chico tragó saliva, asustado.

-No, no, claro que no –dijo, convencido, negando enérgicamente con la cabeza.

Remus le observó unos instantes, antes de sonreír de medio lado; estiró el brazo para revolverle el pelo al chico y se levantó.

-Va, venga, levántate y ayúdame a ordenar esto, a ver si se te aclara la cabeza.

James se incorporó con resignación, y al ver el espectáculo que tenía delante se planteó seriamente la propuesta de su amigo. Una interminable cortina de ropa de Sirius colgaba de los doseles de la cama, las revistas de Peter estaban desperdigadas por la habitación... y la verdad es que él también tenía gran parte de culpa; podía distinguir entre tanto jaleo unas cuantas bufandas y su uniforme de Quidditch, manchado todavía de barro. De hecho... la única porción de suelo que alcanzaba a ver era la que correspondía a la cama del licántropo, impecable, como siempre. El buscador bufó frustrado.

-¿Cómo me voy a aclarar entre tanto desorden?

0o0o0

Sirius alcanzó de inmediato a su presa, tal y como habían quedado, en la biblioteca. La chica sonrió al verle, y dio dos golpecitos a la silla a su lado para que se sentara. Sin embargo, él negó con la cabeza, y la invitó a levantarse.

-He pensado que mejor... vamos a la sala común.

Kat alzó una ceja, con diversión.

-¿La sala común? –rió-. Vaya... pensé que para tomar apuntes sería mejor una mesa...

El chico pasó una mano por su pelo.

-Estaremos más cómodos en la sala... ya sabes, para hablar de Lily.

Ella no pudo evitar una risita, y bajo la reprobadora mirada de la Señora Pince, se levantó y le siguió a la salida.

0o0o0

James, tras intensas horas de limpieza en su cuarto, se decidió a salir a tomar el aire a los terrenos, con su escoba en la mano. Le apetecía volar un rato. Tenía las cosas muy claras, por supuesto, pero lo cierto era que las palabras de Remus... le inquietaban. A él no le gustaba Lily, claro; el único motivo por el que quería besarla era para poder volar en aquella fabulosa Nimbus 78. Pero por algún motivo no podía parar de pensar y de darle vueltas a todo aquel asunto. Necesitaba volar. Ya.

Sin embargo, una vocecilla a sus espaldas, le hizo olvidar sus intenciones.

-Hola, James.

El chico se giró. Era Lily. Sonrió, olvidándose momentáneamente de que ella era el motivo de sus quebraderos de cabeza. Ella apresuró el paso hasta alcanzarle.

-Te he visto y... en fin –se encogió de hombros-. ¿Qué haces por aquí?

James le enseñó la escoba.

-Pues iba a volar... necesitaba... despejarme un poco, y eso.

La chica le miró sin comprender, y él agitó su cabeza.

-¿Quieres dar una vuelta? –propuso él, señalando su escoba.

Ella abrió mucho los ojos.

-¿Te refieres a dar una vuelta... volando? –dijo, asustada.

El chico rió.

-Hombre, siempre podemos nadar con la escoba, pero suele ser más recomendable el aire, sí.

Ella miró al suelo, jugueteando con sus manos frenéticamente.

-Me da miedo volar, James -él alzó una ceja-. Nunca se me dio bien la clase de vuelo y...

Él la cogió por los hombros, divertido.

-Tranquila. No dejaré que te caigas de cabeza, ni te estrelles contra el suelo ni esas cosas...-ella se mordió el labio, mirándole con algo de escepticismo-. Vamos Lily, soy el buscador de Gryffindor, sé de lo que hablo.

Lily rió, y finalmente terminó por asentir con la cabeza, con algo de inseguridad. El chico sonrió.

-Arriba –dijo, y cogió la escoba. Lily se montó en ella, y él detrás, ayudándola con las manos en su cintura. La notó tensarse-. Confía en mí.

-Confío en ti –aseguró, con un nudo en la garganta, y sus manos temblorosas sujetando el mango.

James sonrió, pasando sus manos junto con las de ella para sujetar la escoba.

-¿Preparada para volar?

Ella soltó una risita nerviosa.

-Bueno...

-Agárrate.

Y conforme lo decía, empezaron a elevarse. Lily ahogó un grito. Él rió, yendo más alto, y mientras uno de sus brazos agarraba la escoba, el otro la abrazaba por la cintura, para tranquilizarla. Lo que no sabía era que esto no hacía sino aumentar su nerviosismo.

Volaron aún más alto, elevándose por encima del bosque prohibido, la parte favorita de James. El chico se inclinó para ver su expresión, y se la encontró con los ojos fuertemente cerrados. Rió.

-Abre los ojos...

Ella no parecía muy segura.

-Tengo miedo a las alturas –reconoció, con voz temblorosa.

Él apoyó su cabeza en el hombro de Lily, atrayéndola más hacia él. Sin poder contenerse aspiró su aroma, delineando sin darse cuenta su cuello con su nariz, haciéndole cosquillas.

-No te preocupes, Lily, estoy aquí –susurró en su oído-. No dejaré que te caigas.

Ella finalmente abrió los ojos, con el corazón latiendo fuertemente en su pecho.

-Dios mío... –alcanzó a murmurar.

-¿Te gusta?

-Es... increíble...

0o0o0

Sirius, por su parte, estaba medio sentado medio tumbado en un sofá de la sala común, y sobre él, una chica a la que por algún motivo estaba besando con frenesí. Lo cierto era que ya no se acordaba de cómo habían empezado a liarse así, habían llegado a la sala, habían hablado un poco de Lily y de repente... ¡zas! la estaba besando. Pero tampoco es que quisiera quejarse. Por alguna extraña razón, estaba disfrutando de sobremanera de ese beso.

Sus labios se buscaban con pasión, y las manos de él recorrían su espalda con posesividad. Ella acariciaba su pecho juguetona. Y entonces, las neuronas de Sirius parecieron colapsarse. Se separó y frunció el ceño.

-Tengo que besar a Evans –recordó.

La cara de Kat era un poema.

-¿Qué? –gritó, escandalizada, levantándose de un salto del sofá-. ¿Pero de qué vas?

El chico se dispuso a explicarse, pero antes de que pudiera hacerlo, un cojín le golpeaba la cara. Kat estaba recurriendo a la fuerza.

-¡Eres un idiota, Black, un verdadero...!

El chico trataba de zafarse, mientras intentaba darle una explicación.

-No, no, escucha, es una apuesta... –se quejó el chico, esquivando sus golpes.

-Sí. Y una mierda.

-Que sí –agarró el cojín y la miró con sinceridad-. James y yo encontramos una escoba en el bosque y nos la quedamos pero para decidir quien la usaría hicimos la apuesta. Y el primero que besase a Lily pues se la llevaba y... ¡por eso te preguntaba yo tantas cosas de ella! Porque quería acercarme a ella y... –suspiró, exasperado-, pero me gustas tú, Kat, de verdad.

Ella le miraba de brazos cruzados, con los labios apretados. Pero finalmente dejó caer el cojín al suelo y rodeó su cuello con sus brazos, aún mirándole algo escéptica.

-¿Y cómo puedo saber que vas enserio?

-Sal conmigo –dijo impulsivamente, sin pensar.

Luego se dio cuenta de que jamás antes le había pedido tal cosa a una chica. La miró. Ella le observaba con la boca abierta y los ojos brillantes. Sirius se dio cuenta, de alguna forma, de que no se arrepentía.

0o0o0

James y Lily llevaban ya un buen rato volando, abrazándose inconscientemente; él rozando su mejilla con la de ella, sintiéndose bien sin querer decirse nada. El chico empezó a hacer la escoba descender. Tocaron pie y él la ayudó a bajar. Él bajó también, y sujetó la escoba en su mano. Se miraron. Sonrieron, algo tímidos.

-Ha sido... genial, James.

Él asintió con la cabeza, sin saber muy bien qué decir. No entendía ni quería entender lo que le estaba pasando. El vuelo con ella había sido... especial, no sabía cómo describirlo, ni mucho menos cómo reaccionar. Pero entonces vio la mirada de Lily, inconfundible. La había visto antes en otras chicas. Le observaba con timidez, inseguridad, y su vista vagaba lentamente de sus ojos a sus labios. Y él supo que era el momento que había estado esperando, y TENÍA que besarla.

Dio un paso hacia delante, y ella no retrocedió. La miró un instante a los ojos y empezó a inclinarse, acercándose lentamente. Y entonces descubrió que QUERÍA besarla, independientemente de la apuesta. Quería probar los labios de Lily, conocer su sabor, y ver si eran tan suaves como lo parecían desde aquella perspectiva. De hecho, se moría de ganas de besarla. Tragó saliva. Sus rostros estaban a escasos centímetros. Apoyó su frente en la de ella, sus nariz rozando la suya. La Nimbus 78 estaba al alcance de su mano.

Pero no era justo. Alguna parte de su conciencia se encargaba de repetírselo a James. Aquello era una apuesta. Era jugar con Lily, engañarla; y sabía que ella se pondría furiosa si se enterase. La perdería. James podía sentir el aliento de la chica chocando contra sus labios. Deseaba tanto besarla, pero..

-No puedo –dijo al fin.

Lily abrió los ojos, contrariada, y se apartó, mirándole con confusión.

-¿Qué? –murmuró-. ¿Por qué?

James se apartó y se pasó una mano por el pelo.

-Es una apuesta, Lily.

La chica entreabrió sus labios, con una mezcla de sorpresa y... ¿dolor? Parpadeó.

-No entiendo, James... yo... ¿una apuesta? –dijo, con voz entrecortada.

El chico cerró los ojos, dispuesto a decirlo todo de una buena vez.

-Hay una escoba. Sirius y yo apostamos para ver quién se la quedaría y... teníamos que besarte, el que lo consiguiera se llevaría la escoba.

Lily tragó saliva. Ahora entendía muchas cosas...

-Intenté acercarme a ti por eso, y seguramente Sirius lo habrá intentado también. Por eso fui a hablar contigo todos estos días... –seguía explicando, sin querer mirarla-. Pero... yo que sé, Lily. No puedo.

Cuando abrió los ojos, se encontró con los de Lily, llorosos. James sintió como se le encogía el estómago. Ella tenía los labios fuertemente apretados.

-Entiendo, no te parece justo... jugar conmigo –dijo no sin cierto cinismo, su voz temblorosa-. Qué Gryffindor tan honorable eres, Potter.

Intentó darse la vuelta pero él se lo impidió, colocándose frente a ella, con exasperación, viendo como una lágrima caía por su mejilla.

-No, no puedo porque te has convertido en algo más que en una apuesta –dijo impulsivamente.

Un silencio incómodo se formó entre los dos, hasta que con una maldición James salió corriendo, dejando a Lily con el entrecejo fruncido, sola, sorprendida.

0o0o0

Remus, sentado en su cama, carraspeó.

-Recapitulando –dijo, rascándose la barbilla-. No la besaste la primera vez porque os interrumpieron y ahora no la has besado porqueeeee...

Remus hizo un gesto con la mano y esperó, con hastío, que James acabara la frase por él.

-No la he besado porque me apetecía besarla –explicó.

Remus se pasó una mano por la cara.

-Y bien, James. ¿Dónde está el problema?

-¿Dónde está el problema, preguntas? Dios, Remus. ¿No te das cuenta? Quería BESARLA –dijo, pisando con fuerza el suelo de tablas que vibraba a cada paso del buscador-. Al final tenías razón, problema peludo. Se me ha ido de las manos..

-Bueno. ¿Y aquí qué parte te incomoda?

-¿A qué te refieres? –preguntó James.

-Que si te incomoda que yo tuviera razón o que te hayas enamorado de Lily.

Al chico se le atragantaron las palabras. Se quedó un rato en silencio, meditando su respuesta, y no tardó en darse cuenta de que cuanto más pensaba, peor se sentía.

-Voy a buscar a Sirius –decidió, como vía de escape-. Tiene que saber lo de la apuesta o meterá la pata y...

Remus asintió con la cabeza, y este salió por la puerta, a paso rápido. El licántropo se apoyó en la pared y suspirando miró por la ventana. Tragó saliva, y sonrió de medio lado, con una sana resignación.

-Remus Lupin –se dijo-, eres un completo masoquista.

0o0o0

James dio con Sirius, que caminaba junto a Kat de la mano por el pasillo, hablando animadamente. No le interesó en esos instantes el por qué estaban así. Llegó hacia ellos apurado, y lo soltó, de golpe.

-Lily lo sabe.

-¿Qué?

-Todo. La apuesta. Se lo he dicho.

Sirius abrió mucho los ojos. Kat sonrió de medio lado.

-Se te ha ido la olla –dijo el animago.

-No. Sí. Yo que sé... me gusta, tío.

La sonrisa de Kat aumentó.

-Lo sabía –dijo con suficiencia, y ante la exasperada mirada de los chicos, soltó una risita-. Intuición femenina.

Sirius agitó su cabeza y miró a James, con preocupación.

-¿Y entonces la apuesta? –preguntó-. ¿Qué hacemos con la Nimbus?

Pero antes de que pudiera responder, el grito de una voz bastante conocida interrumpió sus palabras.

-¡POTTER!

Todos los que caminaban se giraron curiosos.

-Oh, Dios mío, ahí viene... –dijo James, asustado, tentado a esconderse tras de Sirius.

Lily le alcanzó enseguida, andando con firmeza, y tal y como el chico esperaba, la bofetada resonó en las paredes del pasillo. Luego, murmullos de la gente.

James tragó saliva, mirando a la pelirroja. Si antes, sus ojos llorosos demostraban su rabia e incluso dolor, ahora se veía la misma chica fría de siempre. El chico se recriminó a sí mismo por haber hecho que las cosas fueran así. Se sintió, por un momento, la peor escoria del mundo. Intentó decir algo, pedirle perdón, pero por algún motivo se vio incapaz. Ella le miró con una mueca indescifrable en su rostro.

-Eres un imbecil –dijo en voz baja, de forma que asustó aún más a James que si hubiera gritado. Y entonces, Lily volvió por donde había venido.

El chico se quedó quieto, dándose cuenta de que lo había fastidiado mucho más de lo que en un principio había pensado. Sintió la mano de Sirius en su hombro, animándole, pero no reaccionó. Simplemente trató de sonreír y fue a la sala común, decidiendo que quería estar solo.

Kat y Sirius se miraron. El chico alzó las cejas.

-Tu amiga es un poquito... fiera. ¿No?

Ella sonrió con despreocupación.

-Se le pasará... es así.

Sirius se encogió de hombros. ¿Quién entendía a las mujeres?

0o0o0

Remus Lupin entró a la biblioteca cargado de libros, como cada tarde. No le sorprendió ver a su mejor amiga sentada en la mesa de la ventana, ya que hacía prácticamente siete años que se sentaba allí. Lo que le sorprendió fue que tuviera la mirada perdida, el ceño fruncido, y que no prestara atención al libro que tenía delante.

El chico intuyó lo que le ocurría, y respiró profundo. Soltando el aire, caminó hacia ella, y dejó sus libros sobre la mesa, sentándose en la silla y mirándola. Lily dejó de lado sus pensamientos al verle.

-Hola, Remus...

El chico sonrió pero no dijo nada, aunque no dejó de mirarla. Parecía triste, y el licántropo creía saber por qué.

-Eh, Lily... –la llamó, apoyando su cabeza en un brazo-. ¿Estás bien?

La pelirroja trató de sonreír, y asintió con la cabeza. Él sólo alzó una ceja.

-Estoy bien, de veras... –mintió, tratando de ignorar el nudo en su garganta-. Sólo algo... cabreada.

-Ya –dijo el chico, suspirando-. James. ¿Verdad?

Ella abrió mucho los ojos y le miró, desconcertada.

-¿Tú también lo sabías? –dijo, incrédula y enfadada.

El chico se apresuró a replicar, alarmado.

-Yo me opuse desde el primer momento, Lily –la chica le miró algo más calmada. Sabía que podía creerle. Remus... jamás habría apoyado algo así. Terminó por asentir con la cabeza.

Él, entonces, se fijó en que los ojos de ella estaban llorosos, mientras apretaba sus labios con rabia. Se dio cuenta de que aún con aquella expresión, seguía pareciéndole preciosa. Y pese a lo que le costara hacer todo aquello, sabía que le necesitaba. Era su mejor amiga, le había apoyado en todo. Lo justo era hacer lo mismo por ella.

-No te enfades con James... –le dijo, con gran esfuerzo-. Está arrepentido.

Ella bufó, con cinismo. Él insistió.

-De verdad, Lily. Hazme caso. Le conozco y... es buen tío –Lily desvió la mirada, y él le cogió la mano-. Sé que a veces él y Sirius hacen tonterías... pero te puedo asegurar que se ha arrepentido.

-No me importa –murmuró ella rabiosa-. Por mí como si se lo traga el calamar gigante.

El chico sonrió y soltó una risita, acariciando su mano.

-Sí que te importa –dijo, con resignación.

Ella sólo se irguió más, tratando de parecer impasible.

-¿Por qué no te has enfadado con Sirius? –dijo él, y supo que había dado en el clavo.

-Porque Sirius... Sirius no... –titubeó.

-Porque Sirius no estuvo apunto de conseguir que le besaras –terminó Remus-. Porque Sirius no te gusta –ella bajó la mirada -. Y James sí.

Lily no dijo nada, y Remus simplemente se llevó la mano a la frente, masajeándosela en un gesto de abatimiento. Cuando volvió a mirarla, la encontró con la vista fija en la ventana, y una expresión de rabia en su rostro, mientras una lágrima caía por su mejilla. Se apresuró a limpiársela con la manga, enfadada consigo misma por su actitud.

Remus sonrió de medio lado.

-Vamos... no te enfades –la animó-. James está loco por ti. Te aseguro que nunca le había visto así. Dale una oportunidad... en el fondo, te mueres por hacerlo –añadió en tono confidencial.

Lily rió vagamente, y terminó de secarse la cara.

-Yo... no sé, él es... es...

Remus negó con la cabeza, y ella se mordió el labio. Lo cierto era que tenía razón, se moría de ganas de darle una oportunidad. Tomó aire y se levantó de la silla, con algo de indecisión. Miró al chico. Era perfectamente consciente de la dificultad que habría supuesto para él decirle todo aquello, y animarla a algo así. Se acercó a él. Y sin dudarlo un instante le dio un beso en la mejilla.

-Gracias, Remus... –dijo sinceramente, abandonando la biblioteca, y dejando a un chico sentado en la silla, con una mano en su mejilla, sabiendo que, al menos, había obtenido una pequeña recompensa.

0o0o0

Las llamas del fuego se reflejaban en los ojos marrones de James, que observaba la chimenea con detenimiento, y una expresión resignada en su rostro. Se había desplomado en el sofá nada más llegar a la sala común y no se había movido de allí desde entonces.

Remus tenía razón. En todo. No sabía si el hecho de darse cuenta le molestaba, o si era el hecho de que lo había fastidiado todo con esa maldita apuesta. Había conseguido, en unos pocos días, llevarse bien con Lily... a cambio de jugar con ella, y al final, el destino le había pagado con la misma moneda. El chico se dio cuenta de que la vida no estaba carente de cierta ironía. Se lo merecía. Se había merecido la bofetada de Lily en medio del pasillo, y sabía que por eso le había dolido.

¿Y ahora qué? Solo le quedaba mirar a la chimenea como un imbécil, porque era eso lo que era. Aunque de repente, la visión del fuego comenzó a desaparecer de su vista, conforme algo tapaba sus ojos. Trató de tocar aquello que los cubría, y descubrió que eran dos manos frías, de alguien desde detrás del sofá. Manos... de chica.

Las apartó con suavidad, cogiéndolas entre las suyas, y giró su rostro. Allí estaba ella. Su pelo rojo encendido, iluminado por el color cobrizo del fuego, sus ojos verdes mirándole seria. James sintió que la visión era demasiado bonita para ser real. El nudo en su garganta le impedía hablar.

-Lily, yo...

-No vuelvas a jugar conmigo, James.

Fue apenas un susurro, pero el chico supo que hablaba enserio. Tragó saliva, y asintió con la cabeza, sin saber muy bien qué decir. Las manos de Lily aún estaban entre las suyas, y ella estaba apoyada en el respaldo del sofá, muy cerca. Tanto que apenas necesitó acercarse cuando, después de sonreír de medio lado, la pelirroja se inclinó para tocar sus labios con los suyos. El chico se quedó estático, al principio, y le costó reaccionar, acariciando sus labios con algo de incertidumbre.

Cuando la chica se separó, sonrió, y James comprendió que le había perdonado. Él sonrió también, aún algo confuso. Lily depositó un suave besito en su frente y murmuró:

-Creo que has ganado la escoba, James...

La sonrisa de él aumentó, y aún sin responderla, tironeó de las manos que tenía agarradas, haciéndola caer en el sofá, sobre él, entre risas.

-He ganado algo mejor que una escoba.


Fin del fic.

Sí, ha sido cortito, pero he disfrutado mucho escribiéndolo, y me ha encantado compartirlo con vosotros, que tan bien os habéis portado con los reviews, y me habéis dicho cosas tan bonitas. Solo espero que en este capítulo también lo hagáis, y me deis una opinión global, que siempre vienen bien, jaja. Bueno, espero que os haya gustado leerlo tanto como a mí escribirlo. Este capítulo me ha salido más cortito que el segundo, pero creo que me ha costado aún más XD

Bueno, este capítulo va dedicado a Tsuchan, mi Jud del corazón... a quien quiero dar las gracias por su enorme colaboración y sus críticas a lo largo de todo el capítulo, y por su importante aportación (ya que, aunque no debería decirlo, una escenita es prácticamente suya). Y a mi beta, por supuesto, que también hizo lo suyo. ¡Un beso a las dos!

Y sin más ni más... ¡hasta otra!

Un beso,

Dream-kat

Miembro weaver.