Hola!

Si tu eras una de esas personas pensando: este fic ya lo abandonaron, déjame decirte que estás muy equivocado.

No perderé el tiempo explicando por qué no había actualizado... aquí está ya el siguiente cap, espero que les guste. Y ahora mismo me pondré a trabajar en el siguiente... jeje.

Saludos y muchas gracias por su paciencia!

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PARTE X

El viento vibra como un corazón...

Los dragones se habían alejado, pero todos los soldados y Guardias parecían estar medio aturdidos luego del ataque. Era comprensible, pues para la mayoría de ellos era la primera vez que se habían enfrentado a algo de esa naturaleza. Desde que la gente había dejado de correr de un lado para otro, y ahora que todo estaba en relativa calma, Ron se había dedicado a buscar a Harry por todos los rincones del palacio en donde pudiera estar. Su búsqueda no había sido exitosa, y comenzaba a preocuparse. Observaba a cada soldado herido con la esperanza de que fuera Harry, y no porque estuviera deseando que su amigo se hallara lastimado, sino porque había escuchado algunos rumores de un Aspirante que había muerto al tratar de salvar a la reina. Sí, herido era mejor, mucho mejor. No lo había visto en el campo de práctica (que era en donde él se hallaba cuando todo había comenzado) y tampoco en los establos, o en su dormitorio. Eso sólo podía significar que se encontraba en la ciudad. Sin embargo, él tenía órdenes de no salir a menos que su apoyo fuera requerido. La verdad era que nadie lo había requerido hasta ese momento, así que por lógica no lo necesitaban. Tal vez Harry estaba por ahí tendido debajo de una carreta con paja... o tal vez tenía encima un montón de escombros de alguna taberna incendiada, y estaría tan lastimado que no podría moverse o pedir ayuda. Tal vez un dragón lo había atrapado con sus garras y luego lo había dejado caer a kilómetros de distancia de ahí. Con tantas posibles desgracias que le hubieran podido ocurrir a su amigo, las órdenes de permanecer en donde estaba pasaban a un segundo término, si señor. Con toda naturalidad caminó hacia las puertas del palacio, para salir a la ciudad... mantuvo la vista fija al frente para no titubear si su mirada se cruzaba con la de algún Guardia.

"¡Muchacho!" gritó un hombre.

Ron siguió caminando como si nada.

"¡Tú, el pelirrojo¿A dónde crees que vas?."

Ron encogió el rostro. No había muchos pelirrojos por ahí, así que... bueno, todavía podía hacerse el sordo.

"¡Te necesitamos aquí, ni se te ocurra ir a la ciudad!."

Ron aminoró el paso y se dio media vuelta, con la cabeza agachada.

"Señor, mi amigo está perdido y..."

"Si, si.. ayuda con estos escombros."

"El puede estar ahí afuera herido..."

"Muévete." Le dijo, entregándole una pala y dejándolo ahí de pie, sin darle oportunidad para protestar.

Resignado, Ron suspiró largamente y observó hacia la ciudad... cuando volvió la mirada, vio a Harry acercarse con un lienzo sosteniéndole el brazo derecho.

"¡Por las hadas¿qué fue lo que te sucedió?." Le preguntó Ron, acercándose y observándolo con una mezcla de curiosidad y preocupación.

"Es una larga historia..." respondió Harry, haciéndose a un lado para que dos hombres pasaran cargando a un Guardia herido.

Ron alzó las cejas y lo observó, mientras sonreía un poco. "Pues yo tengo mucho tiempo." Le dijo, botando la pala y caminando entre la gente que iba y venía de un lado para otro.

"¡Vosotros dos!"

Ron puso los ojos en blanco, pensando en cuántas veces más frustrarían sus intentos de escapar en un solo día. Ambos se detuvieron a medio camino y voltearon a su derecha. Un muchacho algo mayor que ellos los observaba, iba vestido con unos gruesos pantalones oscuros, botas de color negro y una camisa de terciopelo color rojo y de mangas largas, que tenía bordados dorados en los puños y el cuello. Se veía demasiado elegante para estar en medio de los escombros de una batalla.

"¿Podéis ayudarme con esto?" les preguntó, señalando un montón de madera quemada y humeante, restos de lo que parecía haber sido una carreta. Hablaba con un acento extraño que parecía del norte. "No estoy muy seguro, pero parece que simplemente cayó del cielo." Les dijo, observando hacia arriba como si se preguntara exactamente de qué parte. "Hay que retirar todos estos escombros. Y tú que estás lastimado..." agregó señalando a Harry " no cargues cosas muy pesadas."

"Puedo hacerlo." Le dijo Harry.

El otro muchacho asintió seriamente, comenzando él mismo a quitar algunos escombros y llevándolos hacia una carreta que era tirada por dos caballos.

Decidiendo que su platica tendría que esperar, ambos muchachos se acercaron y empezaron con la labor de recoger los restos de la carreta destruida. El otro muchacho los observó, serio y casi indiferente iba y venía de un lado para otro cargando los restos de madera. Harry lo vio hacer magia con un simple movimiento de la mano, pues logró levantar un gran trozo de madera para acomodarlo en la carreta.

Uno podía hacer magia, levantar enormes objetos, moverlos incluso... pero la concentración que eso implicaba era prácticamente tan agotadora como cualquier esfuerzo físico. Harry observó a su alrededor. Había un pequeño trozo de lo que había sido una rueda. Disimuladamente intentó moverlo (con magia por supuesto)... sólo que se encontró con la dificultad de no saber cómo hacerlo. ¿Era simple concentración o requería algo más?. Al cabo de un rato se encontró apretando la mandíbula tan fuerte que casi le dolía la cabeza. Y el trozo de madera no se movió ni un poco. Suspiró con frustración y por debajo de la capa extendió un poco la mano izquierda, para que nadie pudiera notarlo. Encogió los ojos, se mordió los labios, cerró los ojos un momento¡hasta le dio órdenes a la madera!. Y no se movió ni tantito. Cuando Ron pasó con un montoncito de madera en los brazos junto a él y le preguntó a Harry si se sentía bien, el muchacho dejó de intentarlo. Iba a tener que pedir ayuda. Y algún día aprendería a mover las cosas de la manera en que lo había hecho el otro muchacho.

"Listo." Dijo Ron, sacudiéndose las manos, cuando terminaron de levantar todos los escombros.

El otro muchacho desconocido asintió con la cabeza y luego observó el brazo de Harry, frunciendo el ceño ligeramente.

"¿Estuvisteis allá arriba cierto?" le preguntó, levantando la mirada para observar las torres.

Harry asintió, y Ron lo observó con la boca abierta.

"¿Allá arriba¿con esas bestias revoloteando sobre tu cabeza?" le preguntó su amigo pelirrojo, haciendo movimientos con los dedos, intentando imitar el "revoloteo" de las bestias.

"Pues... pues si." Le dijo Harry.

"¿Sois aspirante?" volvió a preguntar el desconocido, sacudiéndose el polvo de la camisa.

Mientras asentía, Harry intentó que el gesto de molestia no se notara demasiado. Ese hombre ni siquiera se había presentado, y ya se estaba dedicando a interrogarlo.

"Mi nombre es Viktor Krum." Les dijo, como si le hubiera leído el pensamiento. Extendió una mano y estrechó primero la de Harry y luego la de Ron. "Estoy en el Consejo de los Magos. Si necesitáis algo, decidme y os ayudaré si está en mis manos."

"Os lo agradecemos Milord." Le dijo Harry, asintiendo con la cabeza.

"No lo agradezcáis." Les dijo, con el único gesto amable que Harry estaba seguro que Viktor Krum era capaz de conseguir. "Escuché que alguien allá arriba arriesgó su vida por salvar la de la reina. Y hay quienes aseguran que fue un Aspirante a Guardia Real." Concluyó, acomodándose el cuello alto de la camisa y abotonándola para que tuviera un mejor aspecto.

Los tres se quedaron en silencio, con Ron siendo el único parecía no entender nada de la conversación. Al cabo de un instante, el pelirrojo soltó una risita.

"¡Eras tú el que estaba muerto!." Dijo finalmente Ron, señalándolo con el dedo índice.

Harry frunció el ceño y observó a Ron. Hasta donde él sabía estaba bien vivo.

"Ya sabes como corren los rumores." Le dijo Ron, encogiéndose de hombros. "¿Pero estás loco?. En una situación así una falla te puede matar. Es como disparar una flecha en una batalla y no acertar, te puede costar la vida."

"Bueno, pero cualquiera-"

"¿Lo hubiera hecho?" lo interrumpió Krum. "Es posible. Pero fuiste tú y no algún Guardia desafortunado que habría acabado carbonizado en el intento... y ya conoces el dicho en las montañas: hasta el valiente le teme al cuervo. En fin, tengo que irme. Hasta pronto."

Finalmente, Krum hizo una ligera inclinación con la cabeza y se fue caminando rápidamente, hasta que desapareció entre un grupo de soldados que intentaba mover un enorme bloque de piedra que parecía haberse desprendido de algún muro. Si no lo hacían con magia, les iba a costar mucho tiempo y esfuerzo, pensó Harry.

"Ahora quiero escuchar la historia de por qué no terminaste carbonizado." Le dijo Ron, pasándole un brazo por encima de los hombros y empujándole ligeramente.

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Estaba bastante cansada, pero en su mente daban vueltas un montón de ideas que parecían no tener la intención de detenerse pronto.

Había sido sólo una advertencia. Algo para demostrarle de lo que eran capaces. El hecho era que Hermione conocía muy bien a su enemigo, o al menos lo suficiente como para darse cuenta de sus intenciones. Mientras a caballo recorría la ciudad evaluando los daños, podía darse cuenta de que afortunadamente no alcanzaban el nivel que ella se hubiera esperado. Eso le confirmó una vez más que las verdaderas intenciones en ese momento, no eran otras más que asustarlos. La mirada en los habitantes de la ciudad de Harmonyland, demostraba que lo habían conseguido. Ella procuraba mostrarse decidida cuando algún lugareño se acercaba para dejarle saber que su propiedad había sido destruida, que habían perdido sus caballos o que sus hijos no dejaban de llorar por lo asustados que estaban, y Hermione les aseguraba que recibirían su apoyo para comenzar con las reconstrucciones. En los rostros de algunas personas, parecía que no sólo tenía que reconstruirse una casa, sino también su confianza, y ella sabía que lo segundo era mucho más difícil que lo primero.

De regreso, el sonido de los cascos de los caballos galopando en el camino empedrado era todo lo que se escuchaba. Estaba por oscurecer, y el sol de invierno se ponía en el horizonte, oculto a medias por las montañas de la Cordillera del Mago.

"¿Todo bien Milady?" preguntó Remus, que venía de atrás y ahora se encontraba cabalgando junto a ella.

"No todo Remus." Le respondió Hermione, sin apartar la vista del camino.

"Es cuestión de tiempo para que la ciudad vuelva a la normalidad."

"La ciudad. No estoy segura de la gente."

Remus asintió y apretó los labios.

"Y es sólo el comienzo..." Continuó Hermione, sin observarlo. "Siempre le ha gustado intimidarnos. Lo hace bien."

Remus la observó fijamente por un momento, y luego desvió la mirada, perdiéndose en los recuerdos. Él era relativamente joven cuando la guerra en la que había muerto la madre de Hermione comenzó, pero recordaba bien que la idea de que todo había comenzado por rebeliones no era del todo cierta. Por supuesto, había sido una de las causas, pero un enfrentamiento así no podía tener origen único.

La historia del conflicto obligaba a retroceder varias generaciones para conocer las causas, y siendo como eran las cosas en la antigüedad, las versiones cambiaban según quien las relataba. Al parecer, la versión más confiable era aquella que hablaba de una antigua rivalidad entre dos familias que habitaban Harmonyland. Una de ellas (ancestros de la misma Hermione) estaba conformada por magos dedicados al cultivo de flores, y los otros, una familia de herreros de apellido Livna que habían llegado a establecerse en las tierras apenas colonizadas de Harmonyland. En esa época, Harmonyland no era más que una aldea con algunas decenas de habitantes, en donde la mayoría de ellos poseía poderes mágicos y que vivían de la venta de flores, cultivos de calabazas y alfarería. Estaban ubicados en tierras fértiles, y se abastecían de agua en un río cercano llamado Sadalsuud. Cuando la familia Livna había llegado, tuvieron la ocurrencia de construir una pequeña presa que desvió el curso del río, y los harmonylandenses no demoraron en demostrar su descontento. Intentaron llegar a un acuerdo, pero mientras las negociaciones estaban estancadas, alguien, cuyo origen jamás se conoció ni se conocería, destruyó la presa de madera, incendiándola y ocasionando que uno de los integrantes de la familia Livna muriera en el intento de sofocar las llamas. Las acusaciones no se hicieron esperar, pues había quienes aseguraban haber visto a alguien de la familia Granger iniciar el incendio, y otros no se cansaban de decir que el mismo George Livna había iniciado todo para quedar como una víctima. La verdad nunca se supo, pero la discordia estaba sembrada.

Y así había comenzado todo.

Cuando Harmonyland fue creciendo y se hizo necesario un gobernante, las rivalidades siguieron, los Livna y los Granger siempre envueltos en disputas, y los conflictos no se quedaron sólo en eso. Con el paso del tiempo los Livna fueron atacando de manera cada vez más cruel, y luego fueron desterrados, teniendo que ir hasta el otro lado de la Cordillera del Mago a refugiarse. Los años pasaron, siglos enteros de conflictos que se fueron agravando hasta que empezaron a disputarse metales preciosos, territorios, reinos.

Hermione conocía bien la historia.

"Esta tierra siempre nos ha pertenecido." Dijo Hermione. "¿Es tan difícil de entenderlo?"

"Milady... cada quien cree en su propia verdad, y ellos creen que les fue arrebatada."

"Seguimos pagando por errores cometidos hace siglos." Agregó Hermione, y negó con la cabeza.

"Desafortunadamente así es..."

Hermione suspiró. A Remus no le gustaba escucharla suspirar así, como si llevara el peso del mundo sobre los hombros.

"El sol está por ocultarse, será mejor que nos demos prisa."

Y sin decir nada más, espoleó a su caballo, cabalgando apresuradamente, con su escolta yendo detrás de ella.

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"Y después lo solté, como ella me dijo... y se hizo una especie de bola de fuego que salió disparada hacia el dragón..."

Ron estaba con la boca abierta y casi parecía una estatua al no moverse de su lugar.

"Por el Gran Mago." Le dijo en un susurro, y se quedó observándolo como si Harry fuera algún tipo de persona muy peligrosa. Luego empezó a reírse como si acabara de escuchar un muy buen chiste. "Tienes que estar bromeando."

"Por supuesto que no."

"Si¡si!. Es imposible que tú puedas hacer magia. Quiero decir¿cómo?. Nunca antes habías- ¡Por las hadas!. ¿No será alguna enfermedad¿una epidemia?."

"Ron, lo que estás diciendo es absurdo." Le dijo Harry, poniéndose de pie y cruzando los brazos.

Ron agitó el dedo índice señalando a Harry.

"Conozco en la ciudad a un hombre que te puede curar con huesos de dragón." Le dijo en un tono tan serio que consiguió que aquello casi no sonara descabellado.

"¡Oh por todos los cielos!. Estás loco."

"No, no, no. Es un ritual. Enciende una hoguera y luego tiene que danzar-"

"¡No quiero escucharlo!. Y mucho menos quiero saber como es que conoces ese ritual¿de acuerdo?." Le dijo, levantando una mano para detener la protesta de Ron. "Te aseguro que yo estoy más confundido que tú acerca de todo esto, pero es la verdad."

Hubo un momento de silencio, en el que Ron lo observó con algo cercano a la desconfianza, y luego bajó la mirada y puso cara de preocupación. Finalmente, levantó la mirada para observar a Harry y se llevó una mano a la cabeza, revolviéndose la rojiza cabellera.

"Increíble." Le dijo, totalmente convencido.

A veces, Ron tenia la capacidad de llegar a lugares insospechados cuando se trataba de la negación, pero en el fondo Harry sabía que su amigo pelirrojo no confiaba en nadie como lo hacía en él. Era su hermano.

"Supongo que tendrás que buscar a alguien que te ayude con... eso."

Harry sonrió a medias. Ron lo hacía sonar como si fuera una enfermedad muy grave y contagiosa.

"Hermione me aconsejó buscar a Remus Lupin. Y es lo que haré."

Ron hizo un gesto extraño, y Harry no adivinó que significaba.

"¿Qué?." Le preguntó.

"No lo sé." Le dijo Ron, encogiéndose de hombros, pero con esa expresión de saber exactamente qué decir. "Eso de que lo sepa la reina. ¿Y si intenta utilizarte?".

La expresión de incredulidad de Harry habló por sí sola.

"No digas tonterías. Ella no es esa clase de persona."

"Hablas como si la conocieras de muchos años¿pero qué sabes tú en realidad Harry?. Es una reina intentando proteger su reino, y son capaces de muchas cosas."

"Ron, no soy el único que sabe hacer magia en este mundo."

"No me refiero precisamente a eso. Se cuentan historias Harry... los exprimen hasta que los dejan medio muertos."

Harry puso los ojos en blanco.

"Te digo que ella no es así."

Ron sonrió de manera burlona.

"Lo que pasa es que te tiene embobado."

Harry se escandalizó tanto que no pudo ni responder, y para cuando tenía una respuesta lista, el pelirrojo se fue detrás de una jovencita que llevaba en las manos una canasta repleta con galletas de avena. Harry observó mientras Ron le coqueteaba a la muchacha y aprovechaba el momento en que ella sonrió para tomar una galleta.

"Embobado." Murmuró Harry todavía indignado con la sola idea, y se fue hacia los establos, en donde seguramente encontraría algo más útil que hacer. Aunque fuera con un brazo medio roto.

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"Derrumbes, heridos, negocios y casas incendiadas. Y por supuesto toda la población de la ciudad con miedo."

"¿Qué sucedió con mis mensajeros?."

El hombre se aclaró la garganta e hizo un gesto con la cabeza, como queriendo decir que eso podía esperar.

"Lady Johanna... es un recorrido largo, es invierno y-"

"Saldrán mañana antes de que salga el sol." Le dijo, con un tono que no dejaba lugar para las protestas. Después hizo un gesto con la mano para que uno de los sirvientes le acercara una charola con varios pergaminos enrollados, sellados con cera de color verde con la figura de un yunque. "Y le llevarán este mensaje a ella." Agregó, entregándole uno de los pergaminos al hombre que se hallaba con ella en el salón.

"Como ordene Milady." Le dijo el hombre, inclinando la cabeza. Luego se humedeció los labios, como si se preparara para decir algo muy importante, y peligroso. "Milady, sabéis que ella estuvo a punto de morir. De no ser porque un Aspirante a Guardia le salvó la vida..."

"Me enteré. Y os repito que no la quiero muerta."

"Pero Milady, si queréis apoderaros de su reino..."

"No la quiero muerta." Le dijo, y el hombre inclinó la cabeza, arrepentido de haberlo sugerido. "Ahora podéis retiraros."

El soldado hizo una reverencia y salió enseguida, dejando a Lady Johanna Livna únicamente con la compañía de la servidumbre.

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"Y después una bola de fuego." Le dijo Harry, extendiendo los brazos para enfatizar el punto.

Remus lo estaba observando con atención, y durante el tiempo que duró el relato de Harry no dijo una sola palabra.

"¿Te habían pasado cosas así con anterioridad?" le preguntó Remus, hablando por primera vez desde que Harry había empezado con su historia.

"No."

"¿Estás seguro?."

"Completamente."

"Puedo entenderlo... a veces es inconsciente. Como respirar, lo haces por instinto. Es un reflejo natural."

"Pero yo no voy por ahí lanzando bolas de fuego por reflejo."

Remus sonrió, divertido con el comentario.

"Claro que no Harry, pero tal vez alguna vez se ha abierto alguna puerta o movido algún objeto sin que te pudieras explicar como sucedió, y después lo olvidas porque piensas que no es importante. Por lo tanto es lógico que no recuerdes algo así, lo que te convierte en una de esas personas cuyo talento mágico habrá que aprender a educar y controlar. No estás consciente de lo que eres capaz de hacer, y lo haces por instinto. Pero en todo hay reglas, y será complicado aprenderlas."

"¿Usted me enseñará?"

"La reina te envió conmigo¿cierto?."

Harry asintió.

"Entonces eso es casi una orden. Así que sí, yo te enseñaré."

"Pero... usted, quiero decir... no dudo de su capacidad pero-"

"Harry, si lo que intentas decir es que no tendría los conocimientos para enseñarte las artes mágicas, créeme que los tengo. Yo también puedo hacer magia."

Harry alzó las cejas, sorprendido. Nunca le hubiera pasado por la cabeza la idea de Remus Lupin haciendo magia, no porque fuera descabellado, sino porque simplemente no se había detenido a reflexionarlo.

"Así que." Le dijo el experimentado Guardia, poniéndose de pie y caminando hacia el campo de práctica. "Hoy es nuestra primera lección: como aprender a no volarle la cabeza a los demás."

Harry alzó una ceja. Hasta donde él sabía, no podía hacer volar ni una astilla, así que dudaba demasiado que su talento mágico pudiera hacerle daño a alguien.

"Debes aprender a contenerte, a controlar el poder que tienes." Continuó Remus, que ahora caminaba por el corredor que los llevaba al campo de práctica.

"Ni siquiera puedo... invocar el poder que tengo. O como se diga."

"Te enseñaré. Lo aprendes y luego es como parpadear."

Harry llevaba algunos minutos escuchando que hacer magia era tan fácil como cultivar rábanos, pero luego de su fallido intento con el trozo de madera, él no estaba tan seguro.

El campo de práctica estaba desierto. Por el momento, y después del ataque sufrido, a nadie le quedaban muchas ganas de practicar alguna técnica de combate.

"Bien. Espero que no sea complicado, generalmente tengo contacto con personas que ya tienen cierta educación en esto."

Realmente Harry se sentía como un niño de cinco años al que le estaban enseñando a nombrar los colores. Remus se colocó frente a él y se echó la capa sobre los hombros, luego se llevó una mano a la barbilla y lo observó sin mirarlo realmente.

"Extiende la mano. Bueno... la que no tienes lastimada." Le ordenó Remus, y Harry obedeció. "Imagina una pequeña burbuja de luz sobre tu mano."

"¿Sólo eso?" preguntó Harry, con la mano aún extendida.

Remus asintió.

Harry tomó aire, y se imaginó la burbuja de luz. Nada pasó.

Remus lo observó, como si ya supiera que eso iba a suceder.

"Tienes que hacerlo lo más real posible Harry."

Harry apretó los labios. En su mente se dibujó el contorno plateado de una pequeña burbuja que flotaba a centímetros de la palma de su mano. Pequeña. No, mejor grande. La imagen se fue y Harry observó la palma de su mano, vacía.

"Defínela bien. Debes estar seguro de lo que quieres."

Nuevamente el contorno plateado apareció en su mente. Un núcleo brillante. Como los reflejos del sol sobre las aguas del Sadalsuud. Que cupiera en la palma de su mano. Del tamaño de un limón. De textura suave. Flotaba a unos centímetros de su mano y pulsaba ligeramente.

Fue cuando empezó a surgir, primero un puntito de luz por encima de su mano, y luego fue creciendo hasta que Harry pensó que era justo como la imaginaba. Sonrió y observó a Remus, que ahora estaba satisfecho.

"Suéltala."

Harry no entendió lo que le quiso decir. ¿Soltar que cosa?.

"La imaginaste y la hiciste real, el siguiente paso es que perdure. Y para eso hay que abandonar la idea de que es producto de tu imaginación... pero al mismo tiempo no dejar de imaginarla."

Ahora si estaba confundido. No era producto de su imaginación pero no tenía que dejar de... imaginarla. De pronto, tan rápido como había llegado, se desvaneció y Harry se sintió un poco frustrado.

"Lo hiciste bien para ser la primera vez." Le dijo Remus, colocando una mano sobre su hombro.

"¿Por qué desapareció?." Le preguntó Harry, observando todavía la palma de su mano.

"Simple falta de concentración."

Harry alzó las cejas. Ese sentido de abstracción en la magia le iba a ocasionar algunos dolores de cabeza, estaba seguro.

"Ve a descansar Harry, ha sido un largo día."

"Tengo demasiadas preguntas."

"Estoy seguro que así es. Pero lo dejaremos para la segunda lección."

"Y nunca supe como no volarle la cabeza a los demás." Le dijo Harry.

"Después de lo que acabo de ver, creo que aún estamos un poco lejos de que esa situación se presente."

"Se refiere a..."

"Podría darse el caso de que tuvieras tanto poder, que en algún momento no lo pudieras contener..."

"Pero por lo visto apenas soy capaz de generar una pequeña esfera de luz."

Remus hizo un gesto amable, tratando de decirle que no tenía por qué sentirse mal si apenas comenzaba a explorar sus alcances.

"Escucha, Harry. Estuviste a punto de morir el día de hoy, realmente creo que es mejor que descanses un poco."

No estaba contento con la decisión. Quería aprender, y quería hacerlo rápido. Pero el gesto de Remus indicaba que aquello era prácticamente una orden, así que a regañadientes, asintió, se despidió de él y se dirigió a su dormitorio.

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Llevaba media hora de pie en el balcón, observando el panorama que estaba frente a ella. El viento de invierno había arrastrado ese olor característico a madera quemada, a cenizas, y Hermione no podía dejar de notarlo cada vez que una ráfaga llegaba hasta su balcón. Estaba cada vez más oscuro, y los habitantes en la ciudad comenzaban a encender las antorchas para alumbrar las callejuelas. Hoy había menos que de costumbre. En algunos sitios, donde antes habían existido tabernas o posadas, ahora sólo se observaban montones de madera, y a veces ni siquiera eso. ¿Qué habría pensado su madre si estuviera viva?. Tal vez estaría decepcionada. Tal vez estaría furiosa con ella. O tal vez no.

Con frecuencia le sucedía que los recuerdos que tenía de ella eran tan pocos que ni siquiera podía imaginarse la reacción de su madre en algunas situaciones. Casi todo lo que de ella sabía era producto de los relatos de otras personas. Y entonces era cuando más se sentía víctima de una gran injusticia, porque el jardinero tenía más recuerdos de la reina Hermione Elizabeth II, que ella misma, siendo su hija. Era en esos momentos cuando se sentía capaz de acabar con un ejército de Caballeros Negros si se lo pusieran enfrente.

Tenía un recuerdo... que a veces le parecía más un sueño, o una pesadilla. Su madre estaba en esa misma habitación, acomodándose la capa tranquilamente mientras ella jugaba en la cama con un cascabel amarrado a un listón.

"Hermione, hija... ven aquí."

Ella la ignoraba, encontrando mucho más interesante el cascabel que sonaba cada vez que ella sacudía el listón. Un retumbo lo sacudía todo. Su madre caminaba al balcón y abría el ventanal, lo suficiente para observar el exterior. Cuando se alejaba de ahí estaba más pálida. La curiosidad atrapaba a Hermione, y no la dejaría ir hasta que pudiera ver lo que había del otro lado de la ventana. Bajaba de la cama y caminaba hasta donde su madre había estado un momento antes. A ella no le bastaba con abrir un poco el ventanal. Tenía que salir o no sería capaz de ver algo. Así lo hacía, y entonces, lo que veía era una de esas imágenes que por más que intentaba recordar nítidamente no lo conseguía. Era un cuadro borroso de colores y formas que apenas podía separar una de otra para nombrarlas. Las casas estaban en llamas, eso si lo recordaba... porque el humo se alzaba y era transportado lejos de ahí por el viento. Pero más lejos aún, podía ver algo... un bloque plateado que se movía y le recordaba, bueno, entonces no le recordaba nada. Pero ahora, cada vez que esa imagen regresaba a su memoria no podía dejar de asociarla con el río Sadalsuud. Estaban fuera de la muralla que protegía la ciudad, y parecían estar a punto de enfrentarse con otro bloque... de color negro. Los estandartes ondeaban... sólo recordaba colores: rojo y blanco, azul, verde y negro... y después llegaba su madre, decía algo y tiraba de ella con bastante brusquedad para llevársela de ahí.

Hermione suspiró, apoyó los codos en la balaustrada del balcón y observó hacia abajo. Llamó su atención una figura solitaria que se dirigía a los dormitorios de los Aspirantes. Parecía llevar un brazo vendado. Caminaba tranquilamente y llevaba la cabeza agachada. Cabello negro... al menos eso parecía con la poca luz que todavía quedaba, y ella se encargó de imaginar el resto.

Sonrió a medias. Tendría que preguntarle a Remus los avances de Harry.

Continuará...