Escusas pocas, disculpas muchas, así que os dejo con el capítulo


una palabra puede cambiar todo

MUERTO by med3s

-odio esta maldita vigilancia... quien se atrevería a venir aquí... un demente. Masculló enrabietado una fuerte voz varonil encima de ellos dos. El mortifago seguía tenso y rastreaba de un lado a otro con la mirada. Unos pasos resonaron otra vez en los oídos de Hermione.

Alguien con la misma indumentaria se acercaba con paso cansado. -tranquilo, ya terminamos... solo nos queda disfrutar de su regreso. Los buenos tiempos están apunto de regresar. Dijo una voz femenina pero algo resquebrajada.

Su pie izquierdo pasó apenas un par de centímetros de la cabeza de Hermione.

-¡por fin! ¡Tres meses esperando y lo hemos logrado! Lextrange estaba demoníacamente extasiada por como ha ocurrido. Me pone los pelos de punta cuando disfruta tanto del dolor. Dijo el hombre girando completamente sobre si mismo y acompañándola en la misma dirección.

-mejor nunca repitas eso cerca de ella... sino terminarás bajo tierra, o aún peor...

Hermione los siguió con la mirada hasta que una piedra algo pulida le impidió hacerlo. Un electrizante escalofrío recorrió todo su cuerpo cuando notó un latido ajeno golpear su pecho. Otra vez, y otra, y otra. Era fuerte y rítmico inalterable, pero cuando giró su rostro y fijó sus ojos castaños en él, se detuvo medio segundo para volver con el mismo ritmo, pero más profundo, más alargado, como si tratara de controlar una excitación.

Ella trataba de no perderse en la preocupación de esos ojos extrañamente azules pero se percató que su corazón si parecía desbocado. Veía una gota rebelde de lluvia resbalar por el rostro de él, dibujó una débil ese en su mejilla, tratando de evitar una barba incipiente de pocos días, pero llegó a sus labios.

Ella veía como aumentaba lentamente de tamaño sin pensar en nada a su alrededor, un deseo oscuro crecía en su mente. Pero luna gota de lluvia se precipitó con tan mala fortuna para ella que rebotó entre sus labios. Se liberó de un suspiro impulsivo y primario, pero entrecortado y seco al volver a la cordura.

Sean se deslizó hacia un lado, muy a su pesar. Se acercó al oído de ella. -solo susurra, tu hija está aquí... y no está sola. El susurro de él era una advertencia hacia el futuro.

Hermione reaccionó ante la dulce voz que la acababa de despertar de un sueño. El aviso no parecía desmesurado. La seguridad y preocupación no dejaron de verse reflejados en el rostro del extraño ni un momento. Aún tumbado a su lado, permanecía inmóvil, expectante, parecía un maestro esperando a su aprendiz.

Miles de preguntas llegaron de golpe al cerebro de Hermione, su rostro se transformó en expectación, deseo y preocupación. Una débil sonrisa de triunfo se dibujo en los labios de Sean, un triunfo personal y anhelado.

-¿donde estamos? Pregunto Hermione.

Él simplemente se limitó a señalar encima suyo, la losa de granito donde descansaba toda su espalda permanecía algo mohosa por el paso del tiempo. Hermione esperaba vislumbrar un cartel, alguna indicación, tuvo que respirar profundamente cuando un lejano rayo iluminó una inscripción.

Charles J. Henry 1674-1715

rápidamente dio con la respuesta, pero seguía queriendo asegurarse de la certeza de esa afirmación. Se incorporó sobre su codo derecho para poder entrever como diferentes losas, ciertamente parecidas pero todas diferenciadas, los rodeaban por completo. Quiso incorporarse un poco más, pero la mano de Sean la detuvo.

-un cementerio... susurró sin terminar de creérselo.

El extraño maniobró demostrando bastante agilidad hasta poder sentarse descansando su espalda en la lápida de charles. Nunca dejó que una de sus extremidades sobre pasara la lápida, tratando de evitar cualquier mirada curiosa de algún vigilante.

Solo tuvo que asentir y sonreír débilmente para que Hermione entendiera lo que debía de hacer. Con la misma agilidad o más, se situó a su lado, pudiendo respirar un par de segundos para recobrar la compostura.

-si... un cementerio... y me imagino exactamente cual de ellos es... demasiados mortifagos como para errar en la suposición. Dijo con un hilo de voz, recordando la última vez que estuvo en ese lugar.

-el cementerio... donde Harry vio el renacer de Voldemort... dijo Hermione tratando de controlar el tono de voz ante la emoción de resolver un acertijo.

-efectivamente...

Hermione abrió los ojos y se llevó las manos a sus labios para asegurarse que permanecerían totalmente cerrados para no incumplir la promesa de los susurros. Respiraba fuertemente sus ojos abiertos como platos e inundados de miedo eran el reflejo del caos dentro de ella, los miles de pensamientos que cruzaban a gran velocidad su cerebro.

-el regreso de Voldemort... susurró ella entre sus dedos.

Mientras, Sean se limitaba a deslizar su mano por su rostro eliminando el rastro de la intensa lluvia de Londres. Palpó varias veces sus costados como si quisiera mantener controlado algo dentro de su chaqueta.

-la necesitan... Lily lleva la sangre de Harry... la necesitan para revivirlo otra vez...

los susurros de Hermione proseguían, parecía explicarse a ella misma las inverosímiles teorías que se creaban en su mente. El lejano murmullo de decenas de personas no la distraían ni medio segundo. Parecía que su mente necesitara resolver esa situación para calmar a su corazón.

-Voldemort renacerá... y puede... no... la matarán, seguro, será su único temor... no...

-Hermione...

-tengo que pensar...

-Hermione... susurró Sean, pero sus fuertes manos apresaron el rostro de ella quedando cara a cara. -debes escucharme... las palabras de Sean parecían dibujarse perfectamente en sus labios , pero el sonido nunca llegaba a oídos de Hermione. Su mente volvía a quedar rodeada de un mar de pensamientos.

Solo se necesitaron dos palabras para evaporar ese mar, con solo dos palabras despertó del miedo a Hermione, con solo dos palabras consiguió que Hermione volviera a situarse realmente sentada en el fangosos suelo y su espalda descansara en una vieja y mohosa lápida de granito.

-te necesito.

Jamás se pronunciaron, jamás llegaron a ser dibujadas por los labios de él, su sonido jamás atravesó el aire, pero nunca se borraron de su mente. Cuando oyó la voz retumbar en su mente, vio en los ojos de él su alma suplicándole ayuda.

-te necesito Hermione, te necesito para sacarla viva de aquí. Se que puedo, pero necesito que oigas cada una de mis palabras, que obedezcas cada una de mis ordenes...

cada palabra retumbaba en la mente de ella. Se mordía el labio y levemente fruncía el ceño mientras trataba de no gritar que lo haría. Solo un segundo su mente se fue...

-Voldemort no importa, la Orden, el ministerio, alguien se encargará, ahora solo importa Lily... dijo contundentemente Sean.

Hermione alargó su mano hacia Sean, en ella reposaba su varita prediciendo la futura petición de Sean.

-jamás entre en tu mente sino era parte de algún juego. Dijo avanzándose Sean, queriendo no quedar atrás en predicciones. Hermione apenas había abierto los labios para preguntar acerca de ese tema.

Sean, se limitó después aceptar el ofrecimiento. Volvió a susurrar a un nivel inteligible para nadie humano, tras una floritura con la varita, dibujó un rectángulo ante ellos. Solo mover la varita, el contenido del rectángulo dibujado cambió por completo. El Extraño situó la varita encima la lápida donde reposaba su espalda. Inmediatamente después una clara imagen apareció en el rectángulo.

Una multitud uniformada rodeaba una estatua de mármol de tamaño considerable. Sobrepasaba por un metro el hombre más alto. La figura de un ángel esculpido en granito centraba la atención de ese gentío. Extrañamente, los brazos inertes de la estatua parecía sostener algo que no llegaban a vislumbrar.

Tras unos cuantos movimientos, Hermione pudo adivinar la figura desenmascarada de Bellatrix, una mano apretó dulcemente su brazo tratando de calmar la ira que llevaba dentro. -centrate, no vale la pena... susurró Sean.

Todos los rostros ocultos tras máscaras centraban su atención en dos puntos. Uno en movimiento, como si se acercara a ellos con gran lentitud, y el otro inmóvil y no era otro que el ángel. Sean cerró los ojos al vislumbrar revolverse una cabellera castaña entre los brazos esculpidos de la estatua.

-esperaremos... susurró Sean.

Hermione lo miró sorprendido, que clase de plan suponía esperar cuando su hija estaba indefensa ante esa multitud "sedienta de su sangre".

-tenemos que saber jugar nuestras cartas... y la más importante es la espera. Nos acercaremos y esperaremos. Si Hermione, esperaremos...

-pero...

-seremos capaces de acercarnos tanto que oiremos sus gritos de súplica, sus miedos, el terror que puede que pase. Y digo seremos porque nuestra única oportunidad durará apenas un par de minutos.

-¿como puedes pedirme que aguante los gritos de mi propia hija? Preguntó susurrando y una lágrima rebelde empezaba asomar.

-porque el único momento que puedo sacarla de allí es cuando todos estén pendientes de la recuperación de su Lord. Hasta ese momento no puedo crear suficiente distracción como para que pudierais huir.

Hermione no respondió, no entendió esa última afirmación o no quiso hacerlo.

Un rugido de la multitud la despertó por completo, sus sentidos se agudizaron. Incluso llegaba a intuir las celebraciones de esa infame ceremonia. Un poderoso rayo cruzó el cielo encima de ellos, cinco segundos más tarde el estruendo la dejó aturdida.

Sean parecía sonriente, miró hacia el cielo con los ojos cerrados. Hermione lo miraba embrujada, sus lentas respiraciones la tranquilizaban. Una gota de agua caída del cielo impacto en la frente de extraño. Segundos después todo su rostro quedaba empapado con la intensa lluvia que apareció llenando de dramatismo el ambiente.

El extraño devolvió la varita a su propietaria con un gesto cortés, mientras parecía extasiado con la lluvia. -nos ayudará acercarnos, confundirá sus oídos. Hermione, centrate en seguirme.

-¿que?

-ahora nos acercaremos, quiero que me sigas, exactamente por donde yo vaya, no te preocupes por ellos. Solo centrate en hacer el mínimo ruido posible, y no dejes nunca de mirar mis indicaciones.

-¿como que vamos acercarnos Sean? Y si nos ven, tu has dicho...

-confía en mi no nos verán, solo fijate por donde voy y mis indicaciones. Tenemos que situarnos lo bastante cerca como para saber el momento exacto y no ser vistos cuando la saquemos de aquí.

Hermione iba a volver a preguntar como lo harían. Hastiado por la poca confianza, Sean negó varias veces. Otro relámpago iluminó el cielo cubierto de nubes seguido muy de cerca de un feroz trueno ensordecedor. Ella miró al cielo, como acto reflejo, al volver a mirarlo ya no estaba.

Su corazón se detuvo al no encontrarlo a su lado como guía, miró a un lado y a otro y no lo veía. Quiso gritar con todas sus fuerzas cuando una mano se puso sobre sus labios.

-dije que no gritaras. Susurró la voz de Sean.

Era enfrente de ella, estaba segura, pero no lo veía. Alargó su mano en el aire, pero la retiró rápidamente al entrar en contacto con algo en el aire. Nuevamente hizo el mismo gesto, sus dedos realizaron contacto otra vez, pero pudo apreciar que era la piel de alguien, tenía la sentidos aturdidos y agudizados al mismo tiempo.

La yema de sus dedos recorría lentamente las facciones de un rostro, donde era perceptible la ausencia de afeitado en unos días. Notaba el fuerte latido de su propio corazón. Deslizó su pulgar por la piel, pero se detuvo al notar un cambio en la textura. Apreciaba la suavidad y la carnosidad de esa zona. Se movió al ritmo de un sonido susurrante. -no tengas miedo.

Ante ella apareció el rostro de Sean, algo sonriente, pero su preocupación nunca dejaba de reflejarse. La mano de ella lo sostenía delicadamente mientras su pulgar rozaba dulcemente sus labios. Hermione desvió rápidamente la mirada, tratando de recuperar la compostura. -como... trato de preguntar ella.

-ya te lo dije... magia... susurró Sean mirando la muchedumbre que se concentraba a escasos 10 metros de ellos.

Hermione trataba de recordar algún hechizo desvanecedor de ese nivel. Recordaba a la perfección la capa de Harry, pero jamás ningún conjuro capaz de igualar su invisibilidad.

Sean acercó su mano a la de ella y volvió a desvanecerse ante ella. Su pulso se aceleró cuando percibió que eso ocurría incluso su respiración se detuvo. Pero sus ojos se abrieron de golpe cuando su propia mano se desvanecía. Lentamente su brazo también adoptaba esa capacidad de invisibilidad. Su pulso se aceleraba cada vez más al comprobar como se extendía a gran velocidad.

Cuando todo su cuerpo se desvaneció de golpe, ante ella apareció toda la figura de Sean. Estaba algo desdibujada, como si una débil bruma lo envolviera por completo, pero era capaz de reconocer su rostro y los movimientos de las manos. Al mirar sus manos, la misma supuesta bruma envolvía sus manos, y aparentemente todo su cuerpo.

-¿Hermione? Resonó la voz de Sean en su mente llamando su atención. -Apartir de ahora te hablaré en tu mente. Podré oír todos tus pensamientos, así que si quieres decirme algo solo tienes que pensarlo.

-¿todo? Pensó sorprendida al verse acorralada con las imágenes que ya habían pasado por su mente y lo involucraban a él.

-todo. Ahora sígueme.

Sean se incorporó levemente. Trataba de permanecer lo más agachado posible sin llegar arrastrarse por el suelo, avanzaba lentamente tratando de no hacer ruido alguno. Apenas sobrepasaba la altura de las lápidas más grandes.

Hermione no entendía el motivo de tantas precauciones si eran totalmente invisibles, intentó imitar sus movimientos pero a la mínima se incorporaba por completo.

-sospecharán si lanzan algo o un pájaro choca contra una pared invisible en medio de las lápidas.

La respuesta en su mente fue rápida y contundente, incluso con un cierto tono de burla. No tardo ni un segundo en imitarlo a la perfección. Recorrieron 3 o 4 pares de metros entre las diferentes lápidas alineadas. Sus pies se hundían cada vez más en el barro que aumentaba a cada segundo que continuaba lloviendo.

Hermione pudo comprobar como iban rodeando poco a poco a la multitud congregada a pocos metros. Décimas de segundo era lo que llegaba a ver a su hija antes que volviera a ser absorbida por la multitud. Vio como Sean se detuvo a la espera que ella llegara.

-ahora vamos a cruzar. Dijo el extraño en su mente. Ante ellos una pasillo de apenas un par de metros, libre de lápidas mohosas y en estado ruinoso, que se dirigía al centro de la multitud. Sean cruzó hábilmente comprobando que no pasara nada por allí.

Hermione aguardó un par de segundos después que Sean le indicara que pasara junto a él. Justo cuando puso el pie encima del pasillo, un zumbido característico empezó a sonar a su lado. Apenas un medio metro de ella la figura negra de un mortifago acababa de aparecer. Todos los músculos de ella se bloquearon ante la sorpresa e inoportuna aparición. Su cuerpo no reaccionaba de ningún modo. El mortifago hizo un amago de empezar andar y golpear directamente a Hermione con su pie derecho, casi llegó a rozarle pero volvió a su sitio inicial como si nada hubiera pasado.

-¡cruza maldita sea hermione! Gritó en su mente Sean. La castaña solo pudo girar levemente su rostro para encontrarse al extraño de pie justo al lado del mortifago. El brazo del Extraño alzado en dirección al mortifago ocultaba su propio rostro casi por completo. De su mano emergía una nube negra que envolvía toda la cabeza del mortifago. -¡CRUZA!

Hermione salió de su ensoñación y todo su cuerpo volvió a reaccionar con normalidad. Hizo caso a los gritos en su mente y cruzo sin más dilación. Seguía observando a Sean aún inmóvil junto al mortifago.

El ahora rubio volvió junto a ella. Solo retirar la mano la nube negra se evaporó en menos de un segundo. Hermione agarro fuerte su varita esperando una reacción del mortifago pero nunca llegó. Simplemente reanudo a paso ligero en dirección a la muchedumbre que aguardaba a cierta distancia.

-¡COMO TE ATREVES A LLEGAR TARDE AL RETORNO DE TU SEÑOR! ¡CRUCIO! Vociferó la característica voz de Bellatrix Lextrange.

La sangre de Hermione se heló ante la maldición imperdonable y pensar que podría padecer la misma surte su hija pero Sean la sobresaltó al agarrar su mentón para llamar su atención. -no puedes permitirte distraerte. Cada segundo que tu mente se bloquee es un segundo que la muerte se acerca a Lily. Centrate, y os podré sacar de aquí. Dijo en su mente la voz pausada de Sean. Él permanecía ante ella sin inmutarse. Solo un segundo Hermione miró hacia la mano de él extraño tratando de buscar una respuesta a esa nube negra.

-centrate y ahora, sígueme.

Sean soltó su rostro, nuevamente agazapado avanzó entre las tumbas decrepitas que poblaban el cementerio. Hermione respiró profundamente un par de veces antes de seguirlo. La lluvia hacia que su cabello encrespado por naturaleza permaneciera enganchado a su rostro, notaba bajo sus pies el abundante barro que hacia de cada paso una aventura para no perder el equilibrio.

Poco a poco los dos iban rodeando por completo al gentío que se reunía junto al ángel de piedra. Alguna vez conseguían ver el rostro pálido, enfermizo y demacrado de Voldemort. Tenían que saltar alguna hilera de tumbas para acercarse, y en cada ocasión la delicadeza y el silencio con el que realizaban cada acción parecía innecesario ante su supuesta invisibilidad. Pero el estado ruinoso de todas las tumbas era evidente, incluso algunas se mantenían en pie gracias alguna planta que servía como soporte.

Las voces exaltadas de los mortifagos se hacían cada vez más intensas. Empezaban a reconocer nombres, incluso alguna característica voz. Su paso se hacia más lento y cauteloso a cada metro que se acercaban. Sus respiraciones se hacían más pausadas tratando que la lluvia ocultara por completo su presencia.

Estaban apenas un par de metros detrás del ángel de piedra. Sean se sentó recostando su espalda en una lapida negra y cubierta de musgo. Hermione hizo lo mismo a su lado, respiró profundamente para echar toda la tensión vivida hasta el momento. Ambos daban la espalda al ángel que guardaba su objetivo. No existieron preguntas ni pensamientos, ahora tocaba esperar. Quizás alguno de los dos no meditó como sería su situación realmente y si fuera mejor otra localización más alejada.

-¡PARAR! Gritó la voz de Lily expresando el pavor que estaba teniendo. Un río de furia creció dentro de ellos dos al oír su voz aterrada. -¡AYUDA! suplicaba ella mientras los cuerpos de ambos se tensaban por completo sin que ninguno de los dos se diera cuenta de la reacción del otro.

-lilian potter... otra vez me encuentro ante alguien con este nombre... dijo una voz siniestra, con un tono viperino parecido al sino característico de una serpiente. -que casualidades te regala la vida.

Pero el mismo cortó su discurso, una tos de ultratumba se apoderó de él, ahogándolo y mostrando su debilidad. -es gracioso que alguien que me quitó tanto ahora pueda devolvérmelo.

Hermione solo podía estar atenta al sollozo creciente de su hija. Podía intuir la repugnancia que sentía al ver a semejante monstruo. Sus puños estaban cerrados con tanta fuerza que sus propias uñas se clavaban en la palma de su mano.

-Potter fue un idiota genuinamente generoso. Me intenta matar suicidándose pero a la vez crea la posibilidad de salvarme del infierno de la debilidad. Nadie podrá detenerme cuando recupere...

-¡LORD! Gritó la multitud al ver como perdía las fuerzas y no podía aguantarse de pie. Dos enmascarados reaccionaron a tiempo para evitar que cayera al suelo. Le ayudaron a incorporarse , intentaron alejarse pero el señor oscuro unió todas sus fuerzas y alargó sus manos para capturar entre ellas el rostro de la niña.

Lily lanzó un grito de repugnancia y empezó a llorar ante la cercana imagen de ese monstruo desfigurado. Sean respiraba profundamente tratando de controlarse. Cuando miró a su lado esperando encontrar el mismo comportamiento es encontró el rostro abatido de Hermione llorando sin cesar, parecía sumergirse por segundos en un mar de impotencia. Se mordía el labio, y cada vez que aumentaban las lágrimas de Lily aumentaba la impotencia de ella hasta límites peligrosos para Sean.

La castaña apenas podía ver entre el mar de lágrimas que eran sus ojos. No podría controlarse, no podía estar ahí sin hacer nada y oír como torturaban a su hija. Su cordura colgaría de un débil hilo si los acontecimientos seguían ese curso. Intuía una débil marca roja en sus manos, pero no notaba el dolor de esas heridas, no le importaba. Sus sentidos parecían centrarse en un elemento a su alrededor, Lily.

-¿ya no me tienes miedo niña? Susurro Voldemort con tono amenazante y continuó.-¿no quieres llorar?¿huir?¿porque cierras los ojos?¿PORQUE YA NO TIENES MIEDO? Vociferó enfadado el Lord oscuro. Pero su debilidad era palpable y se tambaleó mareado nuevamente, consiguió mantener la postura gracias a sus ayudantes.

Hermione no conseguía entender este cambio de situación y miró a su acompañante. Permanecía con los ojos cerrados y parecía mover los labios como si hablar. El extraño agarró con fuerza la mano de Hermione, la calidez de su tacto apaciguó su desesperación. Pero en su mente resonó con fuerza... -¿mama?

El impulso de gritar el nombre de su hija existió, incluso el de levantarse y correr hacia ella pero la otra mano de Sean selló sus labios intuyendo la necia reacción que podría tener Hermione. Ella simplemente trató de dar las gracias con la mirada a su acompañante, pero seguía en la misma postura, pero sin mover los labios, incluso su cuerpo parecía estar tenso.

-no tengas miedo Lily... pensó Hermione titubeando de la veracidad de esa afirmación.

-mama tranquila, Sean me ha dicho que no tenga miedo, que nos va a sacar a las dos de aquí. Se que estáis detrás mió esperando.

La voz en su mente parecía tan tranquilizadora que era imposible, hacía un segundo estaba asustada llorando, incluso suplicando y de golpe tenía esta serenidad inaudita ante esa situación. Hermione miraba a Sean impresionada la reacción que podía llegar a causar en apenas un segundo.

Madre e hija continuaban hablando, intentando conseguir una distracción para sus mentes. Voldemort y sus seguidores estaban atónitos ante el estado catatónico que presentaba la niña al no responder ni a las preguntas ni a las amenazas. Los preparativos iban avanzando, un grupo cerrado parecía no prestar atención al Lord y a la niña.

Mientras, Sean permanecía inmóvil. La gotas de lluvia caían encima sobre su rostro impasible, resbalando por el y terminar precipitándose desde su barba incipiente. No mostraba ninguna reacción. Ya había retirado la mano de los labios de Hermione y permanecía como en un estado de meditación, con una respiración acompasada.

-mi Lord, ya lo tenemos todo preparado. Dijo un mortifago acercándose al oído de Voldemort.

-perfecto, según lo planeado. Seguro que el ministerio debe estar despertando ante este suceso. Cuando sea demasiado tarde para ellos verán que he regresado con todo mi poder y tendremos nuestra venganza. ¿verdad Lucius? Tu hijo será el primer en presentar batalla y disfrutarás matándolo, como hiciste con tu esposa.

Un mortifago retiró su mascara revelando su identidad. Lucius Malfoy, con la misma melena rubia y porte amenazante miraba atentamente a la niña atrapada por el ángel de piedra. Su fría sonrisa seguía presente pero rodeada de alguna arruga dejando claro el paso del tiempo. Malfoy rebuscó en sus bolsillos y sacó un cuchillo. Una hoja de un palmo como mucho, perfectamente afilada. Su empuñadura verde oscura contenía filigranas de oro aparentando serpientes.

El mortifago ofreció el honor a su Lord, pero este lo rechazó ofreciendo el honor a su súbdito.

-Que su sangre haga renacer el más poderoso mago de la historia con todo su esplendor. Dijo casi gritando Malfoy aferrando la empuñadura.

Sean agarró fuertemente la mano de Hermione entre las suyas tratando controlarla y controlarse. Un grito de dolor silenció incluso a la incipiente lluvia. La Castaña miró sorprendida al extraño viendo la furia que contenía su rostro, incluso sintió miedo cuando intuyo en sus labios las palabras "disfrutaré matándote Lucius".

Los gritos de dolor seguían dominando el lugar. El brazo diestro de Lily mostraba un corte bastante profundo. Un recipiente recogía toda la sangre que perdía la niña. Su rostro mezclaba dolor y nauseas al mismo tiempo, pero algunos mortifagos miraban temerosos los destellos de seguridad que mostraba. Un débil rumor entre algunos presentes empezó a surgir sobre la peligrosidad del futuro de la niña, incluso se preguntaban porque no la mataban directamente haciendo más fácil todo el proceso.

-un as en la manga para frenar el ímpetu de la orden. Dijo Bellatrix disfrutando del momento.

A cada grito Sean conseguía frenar la osadía de Hermione de levantarse y correr a proteger a su hija. Hermione no percibía del todo que ella era el freno que impedía que la ira lo controlase y una masacre ocurriera en un segundo.

Malfoy alzó el cuchillo ensangrentado mientras un mortifago a su lado alzó el recipiente llenó de "sangre de Potter". Ante ellos un triunfal Voldemort empezaba avanzar entre la multitud avivada por un supuesto futuro prometedor.

-Hermione, tenemos que esperar... cuando te avise nos levantamos y saltamos las tumbas. Yo me encargaré del ángel, agarra a Lily y nos iremos corriendo por allí. Dijo en su mente Sean señalando con su mano un pasillo que se alejaba de allí. -El mínimo ruido podría llamar la atención así que debemos ser fantasmas. Cuando la libere del ángel perderemos nuestra invisibilidad.

Aguardaron en silencio un minuto. Sus manos no se soltaron en ningún momento, realmente no eran conscientes de ese hecho. Sean se incorporó mirando por encima de la tumba para controlar la situación. Pudo ver como la multitud se había desplazado apenas 5 metros dejando un espacio para maniobrar suficientemente amplio.

El extraño tiró de Hermione para ayudarla a incorporarse y pudiera ver la situación. Aún agazapados observaban cada movimiento de los mortifagos, un tremendo relámpago desgarró el cielo, inmediatamente un trueno ensordecedor llamó la atención a toda la muchedumbre. Todos los rostros enmascarados les miraban directamente como si les pudieran ver.

-Cuando se giren... resonó en la mente de Hermione.

Apenas un segundo después, como si una orden de un general acabara de llamar su atención todos los mortifagos se giraron para recuperar su posición inicial. De un salto Sean superó la barrera de tumbas que le separaban del ángel, Hermione le siguió con la misma agilidad.

Ambos avanzaron lentamente y vigilando todos los movimientos de los mortifagos. Esquivaron las macizas alas del ángel. Los fuertes brazos esculpidos en piedra mantenían apresada fuertemente a la niña. Cuando la rodearon por completo vieron el maquiavélico rostro de la estatua disfrutando de la situación. Pero se transformo en pavor en el momento que Sean puso su mano encima de uno de sus petrificados brazos.

El rastro de las lágrimas derramadas aún estaba presente en el rostro de la niña, pero su semblante parecía radiante incluso en esa situación. El extraño tiró de ese brazo y se movió como si estuviera construido de gelatina. Lily cayó en brazos de su madre dándole un fuerte abrazo. Hermione sintió como Sean tiraba de su brazo alertando de que ese no era el momento.

La castaña se percató que la débil neblina que la había rodeado a ella y su acompañante durante los últimos minutos había desaparecido. Sin demorarse más, dejó a su hija en el suelo y salieron los tres corriendo en la dirección que le había marcado Sean con anterioridad. El extraño iba último, constantemente girándose para asegurarse de la situación.

Un fuerte relámpago lo cambió todo. Lily tropezó con una piedra que no había visto, cayó al suelo sin más consecuencias. El feroz trueno retumbó en todo el lugar. Sean la ayudó a incorporarse, mientras que Hermione tiró de ella para que iniciara la marcha.

-crucio! Se oyó detrás de ellos.

Sean trató de interponerse pero no llegó a tiempo, el rayo alcanzó el muslo de Hermione por completo. Un grito de dolor ensordeció la lluvia. El Extraño se paralizó al ver como ella caía al suelo retorciéndose de dolor mientras por inercia tumbaba sin querer a la niña.

-crucio! Se volvió a oír la maldición imperdonable.

Golpeó de lleno en su espalda pero no existió reacción alguna, simplemente seguía congelado en el mismo lugar que las había visto caer.

-¿que tenemos aquí?

La siniestra voz de Bellatrix resonó en los oídos de todos, se acercaba con todo el contingente detrás de ella. Lily miraba horrorizada a su madre y a Sean. El miedo empezaba a controlarla, se aferró al brazo de su madre y cerró los ojos. Hermione empezó a removerse en el suelo, llevándose su brazo libre a la malherida pierna.

-¡crucio! Otra vez se volvió a llenar el aire con el sonido de la maldición imperdonable.

Pero Sean reaccionó interponiéndose en la trayectoria evitando que llegara a Hermione o Lily. Se masculló el asombro entre los mortifagos al ver que no existió dolor aparente en el receptor de la maldición.

-¡CRUCIO! Gritó Bellatrix indignada de no poder disfrutar con el dolor de su enemigo.

El rayo golpeó nuevamente en la espalda del extraño. Su única reacción fue arrodillarse. La furia crecía en la mortifaga ante la resistencia de su supuesto oponente quería gozar ante los gritos y súplicas de su victima.

-¡CRU...

-basta. Dijo firmemente una siseante voz.

Entre la multitud se abrió paso Lord Voldemort ataviado con sus características ropas negras y holgadas. Sus ojos rebozaban energía otra vez, su aspecto putrefacto había mejorado. Se erguía vital, no necesitaba ninguna ayuda para mantenerse en pie. Su varita se alzaba amenazante en su mano izquierda.

Hermione volvió a removerse hasta girar sobre si misma, su corazón se heló al ver ante ella erguido al señor oscuro apuntando al rostro de Sean con su varita. Nuevamente su cuerpo se contrajo por el dolor latente de la maldición imperdonable que ya había recibido. Apretó con fuerza su mano en la zona herida y también los diente para no gritar de dolor ante su hija. Hermione giró sobre si mismo lentamente para proteger todo el rato a su hija, aún aferrada a su brazo, de la varita de Voldemort.

-sin duda muestras resistencia... ¡crucio!

Sean simplemente apretó los dientes conteniendo el dolor. Veía los ojos verdes de Lily sobre él, era la única forma de mantener controlado el terror de la niña, no mostrar sufrimiento.

-crucio!

Cerró los ojos notando como todo el cuerpo se contorsionaba de dolor. Los ojos de la niña aún presente en su mente le obligaban a no gritar.

-sin duda... interesante... alguien capaz de descubrirnos y además soportar tantas maldiciones sin ni siquiera reaccionar. Creo que tengo ante mi un fuerte enemigo con escaso tiempo de vida, o una mano izquierda de poder y vida inacabable. Dijo Voldemort lentamente, todas las palabras llegaron a sus silenciosos oyentes.

Un murmullo nació con fuerza entre sus seguidores. Bellatrix veía amenazada su posición de poder, y su odio aumentaba a cada segundo. Un solo mortifago se quitó la máscara. El rubio platino ya mezclado con canas delataba fácilmente su identidad, Lucius Malfoy furioso veía peligrar su lugar.

-mi señor...

-¡Silencio Lucius! Gritó Voldemort apuntándolo directamente. -se apreciar el talento, y este señor lo tiene, puede que incluso no lo sepa pero sin lugar a dudas seria mi mejor discípulo. El poder que tendría seria inferior al mago más poderoso de la tierra, pero superior a todos vosotros. No conozco sus destrezas pero magia lo rodeada y eso es algo especial en un mundo de lacayos torpes e inútiles como Pettigrew. Se vuelven viejos y descuidados, nueva sangre es necesaria y tu maldito hijo no quiso unirse definitivamente a nosotros, era su única amenaza pero débil y remota. Ahora que vuelvo a sentir el poder correr por mis venas podré obligar al mundo arrodillarse ante mi.

-pero mi señor.

-¡silencio he dicho! CRUCIO. Pronunció el señor oscuro apuntando a malfoy. El grito de dolor volvió ahogar el sonido de la lluvia. El mortifago desenmascarado se revolvía por el suelo ahogando sus gritos por el dolor. La mueca que se dibujaba en su rostro hizo recular a todos los presentes.

-así que tienes dos opciones, únete a mi y puede que les perdone la vida... o muere junto a ellas.

-si su destino está en tus manos, la muerte es una apuesta segura... me uniré a ellas... dijo Sean con entereza y sin dejar de sonreír a Lily. Tardó unos segundos pero la misma sonrisa se dibujó en los labios de la niña cuando pudo leer en los de él las palabras "es una promesa".

-¡CRUCIO! Gritó furioso el señor oscuro en dirección a la niña pero la mano de Sean se interpuso en la trayectoria y siguió sin inmutarse, solo un leve espasmo en su brazo fue su reacción.

Una lágrima caía por el rostro de Hermione ante el sufrimiento que era capaz de aguantar Sean por Lily. Su pierna aún entumecida por el dolor no reaccionaba y quería compartir el dolor por el que pasaba, quería protegerlo. Su corazón retumbaba por todo su cuerpo, la adrenalina se acumulaba, los dedos de su mano libre se hundieron con rabia en el barro creado por la lluvia.

-¿hermione? Retumbó en su mente la voz de Sean. Se vio sorprendida ante la serenidad que mostraba, incluso acababa de sonreír a su hija, ya no sabía si era un demente.

Voldemort creaba un discurso a su alrededor, pero ninguno de los tres parecía escuchar palabra alguna, estaban absortos entre ellos.

-¿hermione? Puedo sacaros de aquí... no digas nada, no hagas nada, no reacciones. Solo tienes que esperar y te sacarán de aquí.

La castaña relajó el rostro, apenas mostró incertidumbre en su rostro.

-¡Hermione! No reacciones... puedo sacaros de aquí, detrás tuyo tienes un grupo de 5 a 10 mortifagos uno de ellos es Severus Snape. Dentro de nada me golpearán y querrán seguir viéndome...

-pero...

-querrán seguir viéndome, así que os sobrepasarán, entre el barullo que se formará, Severus os sacará de aquí.

-¿y tú?

-¿que hiciste en ese callejón para salvar a Lily?

Los ojos vidriosos de Hermione no paraban de mirar la serena sonrisa de Sean. La frialdad y tensión de un par de minutos atrás había desaparecido, incluso podría decir que estaba en paz consigo mismo. Pudo ver como el discurso de Voldemort terminaba, parecía eufórico, sediento de sangre, pero a la vez algo atemorizado como si la sola presencia de alguien sorprendente le pusiera nervioso.

Ella volvió a mirar al Extraño. Él la miraba fijamente, incluso se ruborizaba con la pasión que la miraba en tal situación. Sus ojos parecían diferentes, extrañamente familiares, pero en su mente resonó -Herms... cuida de ella.

Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas, no pudo llegar a reaccionar que tres mortifagos la sobrepasaban. Uno de ellos pateó el pecho de Sean tirándolo al suelo un par de metros más lejos. Pudo vislumbrar el rostro sonriente lleno de barro después de rodar varias veces por el suelo. Sus ojos verde esmeralda resaltaban entre las piernas de todos los mortifagos.

-HA... fue lo último que se oyó de Hermione en aquel lugar. Una mano tiró de su hombro, notó como el suelo desaparecía y todo se movía a gran velocidad antes de desmayarse.


Aquí termina el capítulo, que no la historia

Los sicarios, lo siento, los esquivo... pero yo sigo escribiendo, con un ritmo un poco desquiciante, pero terminaré la historia eso seguro. Creo que una pregunta muy repetida en los reviews casi desde el inicio de la historia ya ha sido respondida en la última frase del capitulo. Exactamente se hace realidad con dos letras y puntos suspensivos.

Advierto que lo que sigue ha sucedido miles de veces en mi mente y me cuesta decidir el camino a seguir. Espectacular en mi mente lo es, escrito ni idea... hasta la próxima!

Adeu! Agur! Bye!