Bueno, después de muchísimo tiempo sin publicar, aquí estoy de nuevo. Esto es básicamente un Ron/Hermione, pero con unos pequeños cambios. Espero que os guste. Allá vamos.

Discalimer: estos personajes no son mios y bla bla bla. Tooooodo es de JK.

1

Ronald B. Weasley. Detective privado.

Eso rezaba el cartel sobre mi puerta. Miré mi americana colgada de la percha y le di otra calada al cigarrillo con ese aire de tipo duro que tanto le gustaba a mi novia. Daba una calada y después decía "nena" con aire de tipo curtido en mil batallas. A Lavender le encantaba.

Pero hacía tiempo que no tenía ningún caso interesante. Lo último que hice fue espiar a una mujer porque su marido creía que lo engañaba. Y lo único que hacía era prepararle una fiesta de cumpleaños. El muy idiota.

Al otro lado de la puerta mi secretaria pasaba el tiempo haciendo la sopa de letras del periódico. Se llama Ginny, y cualquiera que viese su pelo rojo fuego se daba cuenta de que, obviamente, somos hermanos. Y cualquiera que pasase más de dos minutos con ella se daba cuenta de que era una mujer de armas tomar. Y tanto. Me froté la mejilla izquierda donde esa misma mañana ella me había dado una sonora bofetada.

Total, sólo porque yo le había informado de que ese tipo con el que estaba saliendo era un imbécil. Y casado. Lo dije con todo el tacto del que fui capaz. Es decir, ninguno.

Oí el ruido de la puerta al abrirse y bajé los pies de la mesa. Ginny hablaba con voz dulce y pausada al otro lado del despacho. Un segundo después abrió la puerta de su despacho.

-Tienes trabajo –dijo con odio reconcentrado en la mirada, y añadió un mohín de disgusto al verme fumando y en mangas de camisa. –Arréglate, por Merlín- espetó en un susurro. A ella lo del tipo duro le importaba exactamente lo mismo que a mi madre: un comino. Y mi novia le parecía una idiota.

Ginny despareció tras la puerta para dejar pasar a mi cliente. O, mejor dicho, clienta. Porque ciertamente era una mujer. Y muy atractiva. Vestía una camisa que dejaba blanca que dejaba sus hombros al descubierto y una falda negra elegante, pero sexy. El cabello era ligeramente ondulado y estaba sujeto en un moño informal. Los ojos de color café, destelleaban con reflejos dorados enmarcados en unas sugerentes gafas de pasta negras. Por no hablar de su físico...

-Señor Weasley, he venido aquí a que me ayude, no a que me mire el culo –dijo en un tono de voz bastante irritado. Una voz con mucha personalidad.

-Tengo cosas más importantes que hacer que mirarle el culo, señorita- Lo dije con el tono más duro que tenía. Ella frunció el ceño.

-No parece que esté usted saturado de trabajo –observó, mordazmente. De nuevo aquel brillo en la mirada. No parecía que mi tono de tipo duro la impresionara mucho. Mierda.

Sonreí, dispuesto a mostrarme un poco más amable.

-Usted dirá.

-Mi nombre es Hermione Granger y soy profesora de Transformaciones en Hogwarts –explicó sentándose de forma muy elegante. Mi novia no tenía esa clase natural que tenían las mujeres como Hermione. Por eso acababan con tipos como yo. –He venido aquí porque quieren matarme –añadió con mucha naturalidad.

La observé fijamente. No parecía muy asustada, así que¿por qué querría contratar un detective privado?

-¿Quien quiere matarla, señorita Granger?

-Un tipo llamado Draco Malfoy. ¿Le molesta que fume? –dijo sacando un cigarrillo del bolso, con total indiferencia.

-No, no me importa. –Me acerqué galantemente ofreciéndole fuego de su mechero. Al acercarme a ella me di cuenta de que olía a agua de rosas. Me la imaginé con nada más que la colonia sobre el cuerpo y sonreí de forma imperceptible. -¿Y qué es lo que quiere que haga yo que no pueda hacer usted?

Ella alzó una ceja mientras daba una calada al cigarrillo.

-Quiero decir que parece usted una bruja competente, es usted profesora en Hogwarts, y además no parece muy asustada –expliqué. Ella sujetó el cigarrillo con los dedos y sonrió. Me fijé en su dentadura blanca y perfecta.

-Tiene usted razón. No estoy realmente asustada. Y podría pillar yo misma a ese tipo, pero tendría que poner en peligro a muchas personas y tal vez no conseguiría lo que quiero.

-¿Y qué es lo que quiere exactamente, señorita Granger?- pregunté volviendo a poner los pies sobre la mesa. Mi amigo Harry decía que resulto patético cuando hago eso. Una severa mirada de la joven me indicó que opinaba igual que mi amigo. Volví a bajar los pies, un tanto avergonzado.

-Quiero que siga a ese tipo y me lo traiga –lo dijo con el mismo tono tranquilo y fue eso precisamente lo que más me preocupó. Una chica normal, atractiva e inteligente, eso era lo que me había parecido. Pero resulta que era una mafiosa loca y peligrosa.

-¿A usted? –repetí, incrédulo. Ella me miró como si fuera idiota rematado. Puso los ojos en blanco.

-Sí, a mí, señor Weasley.

-¿Para qué? –pregunté con un tono de voz un poco histérico. Yo soy detective privado, claro, pero si esa chica quería que secuestrara a alguien sin ni siquiera darle una razón convincente, iba lista.

-Para interrogarlo, claro. Ya le he dicho que hay muchas cosas en juego. Y no creo que necesite saber nada más –dijo con tono frío. Bueno, frío igual que un cubito de hielo en Siberia. Helado. Megacongelado.

-De acuerdo –exclamé en el mismo tono. "Yo también se jugar" me dije. -¿Cuánto va a pagarme? –dije, jugueteando con mi corbata mientras volvía a poner los pies sobre la mesa. Ignoré la mirada de desprecio que me dirigió Hermione.

-Depende de la rapidez con que lo haga... y del estado en que me entregue a Malfoy. –Ahora que lo repetía, ese apellido me sonaba familiar: Malfoy.

-De acuerdo, si se lo entrego en esta semana y en un estado medianamente aceptable, digamos que unos... ¿200 galeones?

-Debe usted de haber aspirado demasiada pintura hoy. No pienso pagarle más de 100 galeones. Y le advierto que es mi última cifra. –Por el tono en que lo dijo, yo estaba segurísimo de que no iba a regatear lo mas mínimo. 100 galeones no estaba mal.

-Trato hecho, señorita Granger –dije, levantándome para estrecharle la mano. Ella la extendió con mucha clase, como una señorita bien educada. –Si es tan amable, pase a que Ginny tome nota de sus datos.

Ginny estuvo un buen rato charlando con la joven antes de que ésta se marchara definitivamente. Por la cara que puso cuando aparecí con los abrigos para marcharnos a casa, estuve seguro de que había estado hablando con Hermione sobre mi. Y mal. Muy mal.

Arranqué el coche, mientras su hermana se acomodaba a su lado. Yo estaba esperando una frase. Una evaluación.

-Me gusta –exclamó Ginny al fin. Oh, no. Ahora Ginny empezaría a preguntarle porqué no se buscaba a alguien como su clienta y no como esa idiota novia suya. -¿Por qué no te buscas a alguien como esta chica y no como esa idiota de Lavender? –Puse los ojos en blanco. Ahí estaba.

-Por Merlín, Ron, hazme caso alguna vez. ¡Pero si te llama Won-won¡Es idiota rematada! –exclamó Ginny, desesperada. Yo hacía muecas imitando a mi hermana mientras conducía temerariamente.

-Esta chica es muy inteligente y muy simpática. Ha estado hablando conmigo y se mostrado muy amable. ¿Por qué no la invitas a cenar o algo? –dijo Ginny intentando ser amable conmigo por una vez. No lo capté.

-Por la misma razón por la que tu no le dices a Harry que te gusta: porque pasaría de ti. –Genial, Ron, acabas de demostrar tu gran sensibilidad interior, me dije. Un premio. Ginny se puso tensa y enrojeció de ira.

-Recuerda –dijo con voz peligrosamente suave –que yo duermo en la habitación contigua, Ron.

-¿Y qué? –pregunté con sorpresa.

-Que no voy a olvidar esto fácilmente. Voy a vigilarte –prosiguió con el mismo tono –y en algún momento bajarás la guardia, ya verás. Y en ese momento... yo estaré allí. –Ginny entrecerró los ojos peligrosamente y tragué saliva. Genial. Durmiendo con tu enemigo.

El resto del camino lo pasamos en silencio. Finalmente llegamos a la madriguera y aparcamos en la carretera de acceso. A mama no le gustaban "esos cacharros muggles", es decir, coches. Entramos en casa y Ginny fue a saludar a su madre mientras yo me dejaba caer en el sofá ruidosamente.

-¿Estas cansado, hijo?

-Sí, de estar todo el día sentado mientras YO trabajo –espetó Ginny con su habitual consideración hacia su hermano mayor.- Aunque por lo menos hoy he trabajado, porque hay días en que tengo que limitarme a ver como Lavender se lima las uñas y escuchar sus chorradas sobre los jugadores de quidditch.

-¿Así habéis tenido trabajo hoy? –preguntó Molly, interesada.

-Una chica muy simpática ha venido a ver al pequeño Ronnie –dijo Ginny, mirando en dirección al "pequeño" Ronnie, es decir, yo. Oh, no; oh no no no.

-¿Simpática? Seguro que es muy agradable y bien educada. Más que esa idiota novia tuya, cariño. Y además, seguro que es muy guapa –Ya está, las mujeres Weasley unidas y al ataque. Joder, porqué no viviré solo. Ah, porque no tengo dinero. Ignoré a mi madre mientras me concentraba en la tele, ese gran invento muggle.

-¿Sabes qué? Voy a invitarla a cenar. Tengo su dirección flu asi que voy a llamarla.

-Buena idea, cariño, cuantos más mejor. Avisa también a Harry.

Mi cerebro tardó exactamente 15 segundos en procesar la información. ¿QUÉ!

-¿QUÉ! –grité. Mi hermana sonrió, con esa sonrisa maligna que reservaba única y exclusivamente para mí. Merlín, cómo la odio cuando hace eso. –Esto lo haces porque me odias ¿verdad, pequeña comadreja retorcida¡¿Cómo demonios vas a invitarla a cenar si la conoces de sólo una hora¡¿Y si es una psicópata o algo!

-Entonces, Ronnie –estiró la palabra hasta que sonó completamente horrible, susurrando –con un poco de suerte tú serás su próxima víctima.

Traté de convencerla, le pedí por favor, le ordené, le exigí, y finalmente le supliqué que no la llamara. Pero Ginny me ignoró. Completamente. Y entonces no me quedó otro remedio que rezarle a Godric Gryffindor para que la joven pusiera cara de horror y se negara en rotundo a ir a su vieja casa a cenar con una panda de chiflados. Y Ginny encendió el fuego y llamó con voz alta y clara: Hermione Granger.

Durante unos minutos nada sucedió, y agradecí mentalmente a los creadores de las ranas de chocolate, mis dioses, suspirando con alivio. Y entonces una cara asombrada apareció en el fuego.

No exagero si digo que casi me caigo de culo de la impresión. Esta tía está buenísima, me dije. Y mi cerebro masculino fue incapaz de articular ningún otro pensamiento durante unos momentos. La mujer llevaba el pelo mojado, probablemente recién salida de la ducha, y una camisa tres o cuatro tallas mayor de Gryffindor como pijama. Estaba sexy incluso vista a través de las llamas deformes.

Escuchó sorprendida la propuesta de Ginny. "¡Porfavorporfavorporfavor di que no!" rogaba yo mentalmente. Y entonces ella cambió de expresión, y sonrió.

-¿Me estás invitando a cenar? Que amable por tu parte, Ginny, muchas gracias. Iré encantada. –Ginny se puso a aplaudir, contenta, y Hermione despareció del fuego.

-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

Genial.

Os ha gustado? Si? PUES QUIERO REWIEWS! Si no tengo rrw, no publicaré el siguiente capítulo, asi que ya sabéis... mujajajajaja!