HISTORIAS CRUZADAS

+ABIGAIL+

Corría el año 2000 cuando entré al primer curso del instituto. Tenía por delante tres años de duro esfuerzo. Pero estaba dispuesta a conseguirlo.

Las clases empezaron un cálido día de finales de verano. Llegué a las puertas del instituto con el uniforme nuevo recién estrenado. Colgada de la espalda mi mochila de piel con los libros usados de mi prima, y el nuevo plumier que el abuelo me había regalado. Pero aunque estaba nerviosa, decidí no dejar que nadie lo notara. Respiré hondo y empecé a caminar directo a mi nueva aula. Esa noche cuando llegué a casa y el abuelo me preguntó como había ido el día, me di cuenta que iba a ser difícil, muy difícil. Pero estaba decidida a salirme con la mía. Yo quería entrar en bellas artes, seguir los pasos de mi madre, y llegar a lo más alto. Pero para ello debía sacarme el bachillerato y con matrícula, para poder optar a una beca. El abuelo no podía apenas permitirse el lujo de mis estudios de bachillerato. ¿Cómo iba a pagar para la universidad?

Los días pasaban deprisa. Pronto el otoño se hizo más frío.

Una tarde salí a pasear con la antigua cámara de mamá. Hubiera deseado tener una buena cámara digital, pero eso era más del lo que podía permitirme. Así que tomé mi vieja cámara, y salí. Pronto llegué al parque central. La mayoría de árboles estaban sin hojas, que cubrían los parterres, hacía un viento helado, por lo que no había nadie. El agua del estanque estaba helada, y los pobres patos intentaban romper la capa de hielo para poder beber. Creía que estaba sola en ese parque cuando oí el inconfundible ruido de un balón rebotando en el suelo.

¿Quien podía estar jugando con el frío que hacía?

Me acerqué. La cancha era pequeña y sólo había un aro, que por lo poco le faltaba una buena mano de pintura. Un chico moreno jugaba muy concentrado. Era muy alto, llevaba un pantalón de chándal negro, y una sudadera gris. Tenía el pelo húmedo del sudor, y se le pegaba a la blanca piel de la cara, cubriéndole los ojos casi por completo. Le reconocí enseguida. Era Kaede Rukawa, el guapo chico por el que todas la niñas de mi clase babeaban. Bueno no solo de mi clase, de todo el instituto diría yo. Él era el sub-capitán del equipo de baloncesto. El capitán era ése otro chico pelirrojo. Estaban ambos en tercero, así que no les conocía muy bien. Pero por lo que había oído había ente ellos una extraña rivalidad. Extraña, porque los había visto jugar juntos, y dentro de la pista parecían hechos para jugar juntos. El Dúo Dorado de Shohoku, les llamaban. Sin embargo se decía que fuera de ella, no se aguantaban. Me quedé un rato allí plantada mirando como Rukawa practicaba, al final me senté en un banco, saqué mi libreta y empecé a dibujar.

Poco después llegó Hanamichi Sakuragi, el pelirrojo capitán. Yo estaba demasiado lejos para poder oír lo que se dijeron, que no fue mucho. Simplemente Sakuragi dejó su bolsa en el suelo, y empezaron a jugar juntos. Fue increíble. No pude parar de mirarlos. Su juego era casi perfecto. Pero jugaban duramente, era solo un entrenamiento, y aún así ponían en cada movimiento todo su empeño, todas sus ganas de ganar. Me quedé allí observándoles, hasta que empezó a oscurecer. Me fui a casa y los dejé allí solos en el parque.

El lunes por la mañana, me crucé con Sakuragi en el pasillo. Iba con unos amigos que le preguntaban dónde se había metido el sábado por la tarde. No sé porque pero me paré a escuchar, y me sorprendió oír que les decía que había estado en casa, durmiendo. ¿Porqué no decía que había salido a entrenar al parque con Rukawa? No lo sabía pero tampoco me preocupaba mucho la verdad. Para una chica de primero lo que hagan los chicos estrella de tercero no tiene más importancia.

El fin de semana siguiente decidí volver a salir. Volví al parque y de nuevo se repitió el extraño encuentro. Yo me situé otra vez en un banco un poco alejado y dibujé toda la tarde. Dibujé el parque, pero sobretodo les dibujé a ellos. ¡Eran dos modelos perfectos! Los dos tan guapos, musculosos y además se movían con tanta exactitud que era simplemente perfecto.

Unos días más tarde el abuelo se puso enfermo, así que no podía atender la verdulería y me tocó hacerlo a mi. Normalmente, era el abuelo quien atendía a los clientes, mientras yo me quedaba dentro, haciendo inventario, cuadrando los cálculos, y haciendo los deberes. Esa solía ser mi rutina cada tarde. Solo estaba en la parte delantera de la tienda por las mañanas antes de ir al colegio para ayudar a colocar la fruta. Pero cuando el abuelo se resfriaba, me tocaba atender a los clientes. No me entusiasmaba mucho, pero hay cosas peores. Había sido una tarde tranquila porque la mayoría de gente solía ir a comprar por las mañanas, estaba a punto de cerrar cuando llegó Kaede Rukawa. Me sorprendió, porque no sabía que comprara en nuestra tienda, ni siquiera sabía que vivía cerca de mi casa. Compró un par de manzanas, media docena de mandarinas, dos bananos, dos naranjas, y un par de pimientos rojos. Cuando trajo la bolsa a la caja, me miró extrañado.

-¿Y el señor Masato?

-El abuelo está enfermo- le contesté yo muy sorprendida que supiera de mi abuelo.- ¿Quieres algo más? Hay uvas frescas si te apetecen, están de oferta.- le señalé la caja de uvas a su derecha.

-Sí que eres su nieta.- dijo mientras me daba el importe justo que yo le había dicho momentos antes. Yo no sabía que contestarle a eso. Y justo antes que se fuera le grité:

-¡Suerte el sábado!

Él se giró y me miró con cara de no saber a que me refería.

-¿No jugáis contra el Shoyo este sábado?- pregunté temiendo haberme equivocado.

-Sí- contestó pasado un rato. Pero seguía mirándome raro, como preguntándose como lo sabía.

-También voy a Shohoku, empecé primero este otoño.- le aclaré.

-Ah, pues gracias.- dijo. Y salió de la tienda haciendo que no con la cabeza como si le acabara de ocurrir una escena algo surrealista. ¿Quizá era la primera chica de Shohoku que conseguía desearle suerte antes de un partido sin desmayarme en el intento?

Ese sábado, en vez de ir al parque, fui directo al gimnasio, a ver el partido. Me llevé la cámara, e hice fotos de todos ellos. No sabéis lo bien que me iban esas fotografías para estudiar los cuerpos en movimiento. El partido lo ganó Shohoku, naturalmente, aunque yo no estaba muy conforme con el resultado. Pero la victoria hizo que los ánimos en el instituto durante la siguiente semana fueran inmejorables.

El sábado siguiente volví al parque. No sabía si ellos irían, pero tenía la esperanza de que lo hicieran. Cuando llegué no había nadie, así que me senté en el banco, y me dediqué a dibujar. Pero al poco rato, el sonido de un balón rebotando en el suelo me hizo levantar la cabeza del papel. Ambos volvían a estar allí. Y como siempre jugaron a por todas, y en ello les dejé cuando empezó a oscurecer. Verles jugar los sábados se estaba convirtiendo en una rutina.

El diciembre llegó y con él la nieve. Y la gripe. El abuelo volvió a enfermar, y yo tuve que volver a la parte de delante de la tienda. Y como la última vez, Rukawa apareció a última hora a comprar, dos naranjas, seis mandarinas, dos plátanos, y un racimo e uvas.

-Os vi en los últimos partidos- le dije mientras pesaba la fruta.

-¿Sí?- preguntó por cortesía pero con cara de hastío por tener que hablar con una chiquilla como yo.

-Sí pero no merecíais ganarlos.

-¿Qué?- preguntó ahora sí muy interesado en lo que decía.

-Tanto los del Takesato, el Miuradai como los del Shoyo pusieron muchas más ganas en ganar, que vosotros. Ellos se esforzaron mucho, y vosotros no os lo tomasteis muy en serio, sobretodo tú y el capitán.

-¿Cómo te atreves?- me dijo. Cosa que me hizo sonrojar y apartarme. La verdad con lo grande que era ese tío y lo enfadado que parecía con lo que le había dicho tenía miedo que me pegara o algo.

-Lo siento- susurré- solo pensé que te gustaría saber la verdad. -No creí que se tomara las malas críticas tan mal.

Estuve toda la semana en la tienda esperando por si volvía, para pedir perdón, y añadirle que en el fondo me gustaba mucho como ambos jugaban, pero no apareció. Y en la escuela no me atreví a subir al tercer piso a buscarle a su aula.

El sábado, no sabía si ir al parque, pero tenía ganas de pasear, y salí de todos modos.

Cuando llegué al parque Rukawa estaba sólo en la pista. Pensé que era una buena oportunidad para pedirle disculpas, pero cuando iba a acercarme a la cancha, una mano fuerte me detuvo por el brazo.

-No le digas nada cuando está entrenando o se enfadará.- me dijo una voz profunda. Me giré y allí encontré a Sakuragi.

-Es que debo pedirle disculpas- le dije, bajando la cabeza un poco cohibida.

-¿Disculpas?- dijo entre divertido y sorprendido.

-Sí- dije sonrojándome levemente- creo que la semana pasada le ofendí.

-Tranquila, dudo que hayas podido hacer nada que le ofenda- dijo él, supongo que pensando que el moreno no hacía nunca caso de nada de lo que sus admiradoras dijeran.

-Oh si, que le ofendí, créeme. Creo que herí su orgullo.

-¿Y puedo preguntar como lograste hacer eso fuera de una cancha?- dijo muy intrigado el pelirrojo.

-Le di mi opinión sobre vuestros últimos partidos, y creo que no le gustó mucho. ¿No acepta muy bien las malas críticas, verdad?- me aventuré a preguntar. Ése chico parecía muy amable.

-Normalmente no hace caso de lo que la otra gente diga. Somos pocos los que podemos hacerle enfadar con lo que decimos.- dijo esto último más para si mismo que para mi. Luego calló, y mirando al chico jugar en la cancha, me dijo –¿Como te llamas?

-Masato, Abigail Masato.

-Muy bien Abigail, haremos una cosa, le transmitiré tus disculpas si lo deseas, pero no es buena idea que le interrumpas ahora. Está enfadado, y además yo hago tarde así que en cuanto me vea se pondrá peor.

-Oh lo siento ¿te retrasé?

-No tranquila. ¿Quieres que lo hagamos así?

-Sí gracias.

Entonces se despidió y hecho a andar. Pero a los pocos pasos le grité:

-¡Sakuragi!- él se detuvo y yo corrí hasta donde él estaba.

-¿Ocurre algo?- preguntó

-No, solo, dile que en realidad jugáis muy bien cuando lo hacéis para ganar.-

-Gracias -dijo él rascándose la cabeza y poniéndose un poco rojo por el halago.

-¡Adiós! -Dije y salí corriendo para casa.

La semana siguiente, el abuelo seguía en la cama. Así que yo seguí al cargo de la tienda. La época de exámenes se acercaba, así que mientras no había nadie estudiaba en el mostrador. Estaba enfrascada en la historia de la revolución Francesa cuando una voz profunda me volvió al presente.

-¿Me cobras?- me decía. Yo levanté la cabeza y me encontré con esos ojos azules mirándome de forma penetrante.

-Yo, sí, lo siento.- dije un poco avergonzada por no haberle ni visto.- Lo siento siempre me pasa lo mismo cando leo el libro de historia.- intenté disculparme mientras empezaba a pesar su compra: dos naranjas, seis mandarinas, dos manzanas, dos kiwis, una col, una lechuga, una bolsa de zanahorias, tomates, un rábano, un pepinillo, y un manojo de espárragos.- Oye, siento lo que dije el otro día.- me aventuré sin levantar la vista de las verduras- fui un poco...

-Sincera- me cortó él. Entonces levanté la cabeza, sorprendida.- Lo siento no debí gritarte.- Añadió haciendo un poco de reverencia con la cabeza en señal de disculpa.

-No, no debiste.- se me escapó.

-¿Qué?- dijo otra vez sorprendido él.

-Nada, lo siento. Se me escapó.

-Tienes un problema de incontinencia verbal, sabes- me dijo él un poco molesto.

-Lo sé. Por eso intento no hablar mucho. Pero no siempre lo consigo.- dije bajando la cabeza otra vez.

-Anda cóbrame que tengo prisa.

Antes de irse añadió.

-Dile a tu abuelo que se mejore.- Y se fue.

Las semanas de exámenes llegaron, y con ellas, muchos nervios. Las matemáticas no me entusiasmaban, pero me defendía. La ciencia me gustaba, como también la literatura y la historia. Los mejores pero fueron el de arte y el de francés. En ambos saqué matrícula, y por ello las profesoras alabaron mi trabajo. Pero esos comentarios no agradaron a algunos energúmenos de la clase, y eso me llevó problemas. Una tarde al finalizar las clases un grupo de tres chicos de la clase me acorralaron. Empezaron a increparme y gritarme que era una empollona inaguantable. Primero me asusté y antes de darme cuanta me tenían acorralada contra el muro de la calle. Cuando me di cuenta no tenía vía de salida. Entonces pensé en Madeleine y me dije, no puedo dejarme avasallar por estos niñatos idiotas. Pero lo dije en voz alta sin quererlo. Por lo que ellos se enfadaron más. Usé la mochila para apartarlos de mi. Ellos retrocedieron un par de pasos. Yo lancé la mochila al otro lado del muro, y me disponía a saltar cuando uno de ellos se acercó demasiado a mi impidiéndome maniobrar. Pero lo usé a mi favor.

-¡Madeleine, ayúdame! – grité empujando al muchacho y aprovechando el impulso para llegar a la cima del muro.

-¡Ven aquí mal nacida!- gritó él pero yo salté al otro lado del muro y huí de allí corriendo.

Toda la siguiente semana iba con miedo a clase pensando en que haría si la situación se repetía. Pero esos energúmenos no aparecieron por clase en toda la semana.

El fin de semana estaba llegando al parque cuando oí detrás de mi una voz desagradable.

-Ahora no tienes quien te ayude pequeña bribona.- me dijo al oído.

Yo me giré e instintivamente me aparté hacia atrás. Pero un chico salió de detrás de un árbol y me sujetó por la espalda.

-¡No!- grité yo.

-No sirve de nada que grites querida, aquí no hay nadie.- dijo el cabecilla.

-Esta vez nadie te protege.

-Sois escoria,- les grité. Luego añadí:- y además tenéis mala memoria. El martes estaba sola, nadie me ayudó.

-Sí, eso díselo a tu novio, que nos golpeó de tu parte.- dijo el muchacho que me sujetaba por la espalda. La voz de ése sujeto en mi oído me daba repelús.

-¡Pero que dices idiota¡. ¡Yo no tengo novio!

-No te hagas la inocente ahora. Ya no sirve de nada que finjas más. En cuanto el lunes volvamos al colegio todos van a saber quien es tu novio.

-A mi también me gustaría saberlo.- dije pensando que esos estaban mal de la azotea.

-Y lo mejor será cuando esa trupe de admiradoras se enteren, te molerán cuando sepan que les robaste a su preciado Rukawa.- dijo el cabecilla acercándose peligrosamente a mi.

-¿Qué?- dije yo completamente sorprendida.- ¿De dónde sacan que él sea nada mío?. ¡Por favor!. ¡Pero si apenas le conozco!

-¿A sí?- Dijo una muchacha que no había visto hasta entonces. –¿En ese caso, como explicas esto?- me dijo mostrándome los bocetos que hice de Rukawa y Hanamichi en el parque y los partidos.

-No tengo porque dar explicaciones a nadie. ¡Por mi como si queréis decir que me he casado con el papa, me entiendes!- le dije a la chica quitándole la libreta de las manos en cuanto el muchacho me soltó.

-¡Uuuuhhh! La empollona tiene genio- dijo el cabecilla.

El que me había cogido por detrás ce acercó a mi, diciendo:

-Si no tienes novio no te importará que yo...- esa voz en mi cuello, era horrible. Quería irme de allí pero esta vez estaba rodeada y no había muro por el que huir.

-¡Dejadme en paz!- grité. Girándome al notar el aliento del chico tras de mi. Esta vez sí me sentí en un verdadero apuro.

-Oh dios Madeleine ayúdame.- Susurré. Y cerré los ojos. Esperaba volver a sentir los brazos de ese sujeto en mí en cualquier momento. Estaba temblando. No sabía que hacer. Además de repente se hizo el silencio. ¿Oh qué iban a hacerme esos tipos? No quería abrir los ojos, no quería ver sus caras. Pero nada ocurría. Estaba empezando a pensar que quizá se habían ido. Luego oí pasos apresurados a mi alrededor. ¿Qué hacían? Abrí los ojos para ver que ocurría, y vi a dos de ellos corriendo calle arriba.

-¿Pero qué...?- empecé a preguntar. Pero callé al notar una mano en mi hombro. Instintivamente di un manotazo a esa mano, y me giré dando una patada a ese sujeto gritando- ¡No me toques!

Cuando me di cuanta de quien era, ya era demasiado tarde. Mi pié ya había hecho contacto con su estómago. Me paré y mis manos volaron directo a mi boca tapando un grito de sorpresa.

-¡Ay mi madre¡. ¡Lo siento mucho Rukawa! – dije acercándome al chico que seguía con una mano en el estómago.

-Pegas fuerte- dijo él cuando pudo hablar.

-Lo siento de verdad, creí que eras uno de ellos, no te oí llegar.- Estaba muy arrepentida. Él espanta a esos criajos, y luego voy yo y le pego.

-¿Se puede saber que tienen contra ti esos críos? Ya es la segunda vez que los pesco acorralándote.- dijo él mirándome directo a los ojos. ¿Había lago de preocupación en ellos?

-Yo, no lo sé- dije mientras unas lágrimas traicioneras empezaban a resbalar por mis mejillas. Entonces él me rodeó con sus brazos en un abrazo protector. La sensación era tan distinta a cuando ese energúmeno me había tocado. Ahora me sentía segura, protegida, el abrazo era cálido. Me recosté en su pecho llorando desconsoladamente, y el intentaba calmarme acariciándome la cabeza.

-Tienes un hermoso cabello, deberías dejártelo suelto.- Me dijo y me quitó el pasador que lo mantenía recogido en un moño. Luego lo acarició, acomodándolo. –Ves así mejor.- dijo suavemente.

Entonces yo me aparté un poco avergonzada por la escena. Y él me tendió un pañuelo para que me secara las lágrimas. Yo me saqué las gafas, y me limpié los ojos con él.

-Te he ensuciado la camiseta- dije mientras levantaba la cabeza, sonriéndole de forma triste. Entonces, él se separó de mi y preguntó con la voz muy fría, completamente diferente a hacía unos instantes. Se puso pálido de golpe.

-¿Quien eres?

-¿Qué?- pregunté confusa poniéndome las gafas de nuevo.

-¿Quien eres?- repitió fríamente.

-Abigail, Abigail Masato, la nieta del señor Masato, el de la verdulería- le contesté muy, pero que muy confusa.

-Ven- me dijo tomándome del brazo y arrastrándome literalmente a fuera del parque.

-¿Rukawa, que pasa?- me atreví a decir cuando vi que nos dirigíamos hacia mi casa.

-Tu abuelo tiene mucho que contarnos.- Dijo sin tan siquiera mirarme.

Cuando llegamos a casa, me obligó a llevarle hasta la habitación del abuelo.

-Pero está enfermo. No podemos entrar. Necesita descansar.

-Pues yo necesito saber qué ocurre- me contestó él.

-Eso quisiera saber yo.- Hasta allí había llegado mi paciencia.- Siéntate y cuéntame qué ha ocurrido, o vete. -Me cuadré delante la puerta impidiéndole entrar en el pasadizo que llevaba a las habitaciones. Él se sentó en el sofá.

-¿Por qué me preguntaste quien era, si ya lo sabías?

-Porque te pareces demasiado a alguien que conocí.

-¿Y qué tiene de extraño eso?. ¡Mucha gente se parece! Además no lo has notado hasta..

-Hasta que te quitaste las gafas y te soltaste el pelo.

-Bueno, pues yo no soy la chica que conociste. Así que no es necesario molestar al abuelo.

Entonces Kaede se levantó del sofá. Yo pensé que se marchaba, pero se inclinó en una reverencia, y dijo:

-Señor Masato.- El abuelo nos había oído hablar y se había levantado de la cama.

-¿Abuelo que haces levantado?

-Siéntate Abigail, tenemos que hablar.- Yo intenté replicar pero él no me dejó.- Tú también muchacho.

-¿Qué ocurre?- pregunté.

-Bien, llevo tres meses esperando que esto ocurra. Abigail déjame terminar antes de hablar, que nos conocemos jovencita. "Hace ya más de cincuenta años me casé con tu abuela Naoko. Pero ése fue un casamiento arreglado, como era costumbre en ésa época. Ninguno de los dos nos casamos enamorados. En realidad yo estaba enamorado de otra mujer. Pero ella debía casarse a su vez con otro hombre. Lo que ése otro hombre no supo nunca es que su querida hija, no era suya, sino mía. No me enorgullezco de ello, pero tampoco me arrepiento. Ésa hija ilegítima era Minako, tu madre Kaede."

-¿Así que somos primos?- le pregunté a mi abuelo muy pero que muy sorprendida.

-¡Abigail!- me riñó por la intromisión.

-Lo siento- dije, y me mordí los labios.

-Veinticinco años más tarde esa mujer tuvo a su primogénito. Tú Kaede. Pero tras eso, su esposo tuvo un trágica enfermedad que le dejó estéril. – continuó el abuelo, mirando a Kaede.

-Pero mamá tuv...- entonces Kaede Rukawa calló de repente, sus ojos se agrandaron, y su mirada bailó de mí a mi abuelo, que le hacía que sí con la cabeza. Yo no entendía lo que ocurría. Y también me miré a mi abuelo, que estaba visiblemente emocionado. Luego volví la mirada a Kaede, y por increíble que pueda parecer, él estaba llorando.

-¿Pero por qué no me lo dijo?- preguntó Rukawa apretando los puños para contener el llanto.

-Porque no podía. Prometí no rebelarlo nunca. Pero ahora ya no queda nadie, ni mi esposa ni ninguno de mis hijos. Ni siquiera tu abuela Sakura muchacho. Sólo vosotros, mis nietos. No había motivos para mantener a dos hermanos alejados, pero no sabía cómo decíroslo.

-¡Ei ei ei! -Intervine yo.- Rebobina y congela. ¿Abuelo has dicho hermanos?. ¿No dijiste que éramos primos?

-Mi madre tuvo un bebé cuando yo tenía tres años Abigail.- Dijo mirándome a mi, luego se giró hacia el abuelo y añadió- Pero yo creía que había muerto.

-¿Qué?- grité -¿Estáis insinuando que yo era ése bebé?. ¡Eso no es posible, pero abuelo, si todo el mundo decía que era una copia de mi padre!

-¿Pero es que tu padre era hermano de mi madre, nuestra madre, recuerdas?- me dijo Rukawa.

-¡Oh vamos! Si esto es un broma abuelo no tiene gracia.

-¿Y crees que tiene ninguna gracia haber pasado media vida pensando que estaba sólo en éste mundo, cuando en realidad a tres calles de mi casa vivía mi hermana pequeña!- gritó Kaede con los ojos llorosos.

-¿Abuelo, me estás diciendo que toda mi vida es un burda farsa?- dije yo llorando también.

-No mi pequeña. Nada de farsas. Cuando Minako te tuvo, siendo su marido estéril la familia de él querían echarla. Pero él estaba muy enamorado de mi hija. Así que les convenció para que ella pudiera quedarse, si te daban en adopción. Por otro lado la esposa de mi hijo no podía tener hijos, así que ellos se quedaron contigo. Claro que sólo yo, Minako y Sakura sabíamos la verdad. Nadie supo nunca que tú Abigail eras ése bebé. Incluso se te hizo un entierro, para taparlo todo. Te crió mi hijo Abigail, tu tío pero te juro que tus padres te amaban como si fueras suya.

-¿Por qué esperó tanto en decírnoslo? ¿Por qué no lo hizo después del accidente?- preguntó otra vez Rukawa.

-Porque entonces Sakura, vuestra abuela, y Naoko, mi esposa todavía estaban vivas. Naoko no sabía nada de todo eso, y estaba enferma, no podía decírselo entonces. Y creí que tú estarías bien, pues vivirías con Sakura.

-Pero la abuela murió, unos años más tarde. Y me quedé solo.

-Pero Sakura se encargó que nada te faltara, y me prohibió contarte nada. El competente bufete de abogados de la Familia Rukawa, se hizo con tu tutela, y a mi me prohibieron acercarme a ti. Creo que esos hombres debían decirte todo esto al cumplir la mayoría de edad, pero en cuanto supe que Abigail iba a ir al mismo instituto, estaba seguro que tarde o temprano te darías cuenta.

-¿Cuenta de qué?- pregunté.

-De que eres la viva imagen de Minako, Abigail. –dijo el abuelo acariciando mi pelo suelto.

-Pero ella no usaba gafas y jamás se recogía el pelo- intervino Kaede.

Esa noche Kaede se quedó por primera vez a cenar y a dormir a casa. Pasamos toda la velada hablando. El señor y la señora Rukawa murieron en un accidente de avión, el mismo que mis padres, el señor y la señora Misato. Los Rukawa eran los dueños de un importante bufete y los Misato trabajaban en él. Iban a una reunión los cuarto cuando el avión estalló. Dejando dos hermanos huérfanos, que no se conocían, aunque vivían a tres calles de distancia. Después de la cena, obligamos al abuelo a volver a la cama, pero Kaede y yo no podíamos dormir. Y pasamos la noche en vela hablando de cómo habían sido nuestras vidas hasta entonces. Por la mañana Kaede me invitó a pasar el día con él. Fuimos a su casa para que pudiera cambiarse de ropa. Vivía en una hermosa casa familiar. Muy bien decorada. Mientras él se cambiaba en su habitación vi en la repisa de la chimenea una fotografía de una mujer mayor y una de joven y de repente les recordé.

-¡Kaede!- grité. Él salió de su habitación corriendo para ver qué me ocurría. Pero estaba a medio cambiarse. Salió en calzoncillos, con los tejanos en la mano, y sin camiseta.

-¿Qué ocurre, Abigail, estás bien?- dijo bajando las escaleras.

Cuando le oí me giré con la foto en la mano, pero al verle casi desnudo, me sonrojé. Tenía muy buen cuerpo, era realmente hermoso. Éramos hermanos, pero acabábamos de conocernos. Me daba corte verlo casi sin ropa.

-Yo, solo, que..- dije girándome de espaldas. Mientras él se ponía los pantalones yo le pregunté. – ¿son Minako y Sakura, verdad?

-Sí son mamá y la abuela. ¿Por qué?

-Porque yo les conocía.- dije con los ojos otra vez empañados en lágrimas.

-¿Cómo?- preguntó él.

-Cada año por mi cumpleaños, en algún momento del día siempre me las encontraba por alguna parte. Me preguntaban como estaba, me decían lo hermosa que era, y siempre acababan llorando, y antes de irse precipitadamente, me daban algún regalo. Mi primer plumier me lo regalaron ellas. Una vez le pregunté al abuelo quienes eran, y él me dijo que eran mi hada madrina, y su madre. Como era pequeña, yo les creí. ¿Oh dios mío, Kaede, te das cuenta? Ella me quería.

-Claro que te quería boba- me dijo Kaede abrazándome por enésima vez desde la tarde anterior.

Él me llevó al cementerio a ver sus tumbas. Al lado de la de Minako Rukawa, había una pequeña que ponía "Rika Rukawa pequeña alma, amada allá dónde estés".

-¿Ésta soy yo? Que epitafio más extraño.

-Lo eligió mamá. Nunca lo entendí muy bien. Eso de esté dónde esté... Pero ahora...

-Ella sabía que yo seguía viva.- Kaede me pasó el brazo por los hombros y me acercó a él.- Estás echando a perder tu fama de hombre de hielo, con tantos arrumacos. ¿Lo sabes verdad?- le dije medio en broma mientras salíamos del cementerio.

-Si te incomoda..., -dijo soltando mi mano.

-¡NO!- dije yo lanzándome a su cuello.- Hacía mucho que no me mimaban tanto. Me encanta.- Y el volvió a rodearme con sus brazos fuertes y me levantó del suelo.

Hacía mucho tiempo que no hablaba tanto con nadie. En el instituto no había hecho amigas, y desde el verano que no había hablado con Madeleine. Con Kaede teníamos mucho en común, y aunque él no era tan hablador como yo, era muy fácil hablar con él.

-No entiendo porque siempre estás sólo en el instituto– le dije mientras nos sentábamos en la arena de la playa.

-La gente tiene problemas con mi carácter.- respondió él mirando el horizonte.

-¿Kaede puedo preguntarte una cosa?

-Acabas de hacerlo

-Pues otra. ¿Te gusta alguien?

-¿Qué?- me preguntó apartando la vista del mar, y mirándome con su mirada penetrante.

-Como siempre vas rodeado de tatas chicas, pensé que quizá alguna de ellas te hubiera robado el corazón.

-Esas chicas ni siquiera me conocen,- dijo fastidiado.- Solo ven mi físico, y me halaga, pero no busco eso. Y sí, estoy enamorado. Pero de alguien de quien no debería.- dijo tristemente.

-Se lo has dicho.

-No. Y no pienso hacerlo.- dijo con un tono que no daba lugar a réplica. Pasado un rato me preguntó- ¿Y tú, estás enamorada de alguien Abigail?

-Creo que sí. Pero tengo miedo de decírselo.

-¿Por qué?- había sorpresa en su voz.

-Porque tengo miedo que me diga que me ama.- dije sonrojándome.

-¿Pero no seas boba, si crees que también le gustas, por que no decírselo?

-Porque la sociedad no acepta ése tipo de amor. También estoy enamorada de alguien de quien no debería.- dije tristemente mirando al mar. Entonces él me volvió a abrazar, y me susurró.

-Si te ama, olvida lo que la sociedad pueda decir. Yo te apoyo, y seguro que el abuelo también lo hará. Se feliz, tú que puedes. ¿Cómo se llama?

-Madeleine, Madeleine de la Creux.- dije en un susurro.

-Cuéntame como la conociste- me dijo suavemente.

-Mamá era francesa, y todavía ahora, cada verano viajo a Francia con mis abuelos. Ellos viven en un pueblo de las afueras de parís. En él, vive Madeleine. Nos conocemos desde siempre. Siempre ha sido mi mejor amiga. Ella es alegre, divertida, y muy inteligente. Siempre anda cantando, y cuando sonríe se le marcan los hoyuelos. Pero no está nada gorda, no puede, porque hace gimnasia. Se mueve de una manera tan grácil, y tiene mucho equilibrio. Es la mejor en la barra. Tendrías que verla, cuando entrena pone tanta dedicación, y sus movimientos son tan perfectos. A veces me recuerdas a ella.

-¿Por eso nos espías al Do'aho y a mi cada sábado?

-No os espiaba, sólo os dibujaba. Necesito practicar los dibujos en movimiento, pero cada vez que intenté pintarla a ella, me quedaba mirándola, y cuando acababa el ejercicio el papel todavía estaba en blanco.- dije sonrojándome otra vez.

-Sí que te gusta.- comentó Kaede. -¿Cómo sabes que tú también le gustas?

-Porque el día antes de marcharme el verano pasado, me besó.

-¿En los labios?- preguntó él sonriendo por debajo la nariz ante mi turbación.

-Sí, pero luego echó a correr.

-Le daría miedo que le rechazaras. Debes decirle que te gusta, no puedes dejarla sufriendo de ese modo. Sabes, te envidio.

-¿Por qué?

-Por que a ti te ha besado la persona que te gusta. A mi a lo mucho me da una paliza.

-¿No os lleváis bien?

-Ni por asomo. Desde el primer día que me vio que no puede verme. Está enamorado de una de esas chicas escandalosas de los pompones, como si a mi me interesara esa histérica.

Siguió contándome su historia. Como se convirtieron en los novatos del año, como en segundo ganaron el campeonato nacional, y luego en tercero fueron nombrados capitán y sub-capitán. Como con el tiempo, al irle conociendo le empezó a gustar, y como ahora estaba completamente enamorado de él. Pero desde el principio que Sakuragi babeaba por esa chica y eso le rompía por dentro. Hablamos y hablamos hasta que empezó a oscurecer. Entonces Kaede me acompañó de vuelta a casa, me dejó en la entrada y después de besarme en la frente se marchó para su casa.

La mañana siguiente el abuelo decidió que ya estaba bien, y que tenía que volver a abrir la tienda por las mañanas, así que empecé a ayudarle a colocar la fruta a la calle. Cuando ya acabábamos, llegó Kaede, muerto de sueño en su bicicleta. Yo cogí la mía, y marchamos juntos hacia el instituto.

-Abigail, todavía no me has dicho porque te perseguían esos energúmenos el viernes y el sábado.

-No lo sé. Pero ahora que lo mencionas. El sábado comentaron que iban a escampar el rumor que tu y yo éramos pareja, para que las de los pompones me lincharan.

-Si ese rumor sirve para que dejen de acosarme les daré las gracias a esos de primero. Pero si te molesta...

-¿Como va a molestarme? La única persona que no quisiera que se lo creyera vive demasiado lejos de aquí.

-¿En ese caso te molesta si no lo desmiento?

-Sabes, quizá te ayude a mejorar tu relación con Sakuragi. Si cree que te interesas por mi, dejará de acosarte por esa estúpida de Akagi.

-Quizá. Pero me gustaría que él supiera la verdad.

Tuvimos que dejar la conversación porque llegamos al instituto. Todo el mundo nos miraba con cara de curiosidad. Nosotros entramos, y dejamos las bicicletas. Luego empezamos a caminar hacía el edificio. Pero cuando pasábamos al lado de la gente estos callaban, y nos miraban. Cuando habíamos pasado volvían a murmurar.

-Me siento observada- le dije a Kaede.

-Lo siento, si te incomoda...

-No, sólo que antes nadie me prestaba atención, y ahora todo el colegio me mira. ¿Siempre que llegas ocurre esto?

-Más o menos.

-¡Que horror!

-Y después se quejan de que soy arisco con ellos.

La gente estaba alucinando. ¡Kaede Rukawa, el sexsimbol solitario y arisco de tercero, llegaba a clase acompañado de una chica, y hablando¡. Y además la chica era una chiquilla de primero! Corría el rumor que el chico misterioso se había echado novia, y todos pensaron que sería una supermodelo o algo por el estilo, pero una chiquilla de primero no daba el perfil supongo.

-A la hora de comer, espérame en la puerta de lo lavabos del último piso. Y ven sola.- me dijo antes de irse al tercer piso, dejándome en el primero. Cuando entré en clase, todas las chicas se me acercaron. Ninguna decía nada, hasta que una se atrevió a preguntar

-¿Cómo lo conseguiste?

-¿Cómo conseguí el qué?

-No te hagas la inocente que todas te hemos visto llegar con él.

-Sigo sin entender qué quieren que les diga.

-Cómo lo conseguiste a "él".

-Sí. ¿Cómo te hiciste su novia?

-¿Te ha besado ya?

-¿Desde cuando estás con él?

-Chicas,- les interrumpí- ¡primero, Kaede no es un objeto que se pueda conseguir, hablan de él como si fuera un muñeco que me hubiera tocado en la tómbola!; y segundo, mi relación con él si no les importa quedará entre nosotros dos; ¿Algo más?

-¿Es verdad que Rukawa nunca se ha lesionado?

-¿Es cierto que Rukawa odia la col?

-¿Es verdad que Rukawa duerme doce horas diario mínimo?

-¿Es el azul su color favorito?

-¿Su plato preferido son los canelones o los espaguetis?

-¿Es cierto que su piel huele a menta?

-¿Es verdad que nunca estudia y le pasan por ser un deportista de élite?

De repente me vi asediada por todas las chicas de mi clase y unas cuantas más de las otras. Todas querían que les desmintiera o les verificara toda clase de rumores e informaciones que circulaban sobre mi hermano desde hacía quien sabe cuando. Suerte que llegó el profesor e hizo que se sentaran todas. Me sentía como un animal del zoológico, todos, tanto chicas como chicos me observaban, incluso algunos profesores me prestaron más atención que de costumbre. Cuando llegó la hora de comer, tan rápido como pude me dirigí dónde Kaede me había dicho. Él ya me esperaba. Entonces me enseñó cómo abrir la puerta de acceso a las terrazas. Teóricamente el acceso estaba prohibido, pero supongo que los profesores, si lo sabían hacían como si no le hubieran visto. Y lo entiendo, sólo con haber pasado una mañana de ése acoso constante ya me sentía agobiadísima. La verdad es que en la terraza se estaba muy bien. Pasaba un poco de aire, pero daba el sol. Mientras almorzábamos me preguntó si querría ir al entrenamiento.

-Tal y cómo están los ánimos, no quiero que vuelvas sola a casa. El entrenamiento tampoco dura demasiado, y si ésas histéricas te molestan siempre podemos cerrar la puerta y no dejar entrar a nadie.

-Te lo agradezco, pero el abuelo se va a preocupar. Además...

-Además nada, no puedes irte sola, y yo no puedo saltarme el entrenamiento.

-Oye, deja de comportarte como un hermano mayor.

-Es que soy tu hermano mayor, recuerdas?

Era agradable no comer sola. Y Kaede se preocupaba por mi, y era buen conversador, aunque no os lo creáis.

-¿Siempre te escondes aquí solo?

-No siempre solo.

-¿Ah no?.¿Y con quien subes aquí arriba?- pregunté con tono pícaro.

-A veces mientras hago la siesta sube Sakuragi. Supongo que cree que no lo sé, pero no tengo el sueño tan profundo como parece. Desde que empezamos segundo que a él también lo acosan bastante.

-¿Cómo supo como subir?

-Una vez ahora hará un par de años, estábamos en el parque jugando, cuando un grupo de chicas nos descubrió. Tuvimos que irnos a la carrera huyendo de sus gritos incontrolados. Cuando llegamos a la playa, me preguntó. ¿Cómo diablos aguantas esto cada día? Entonces yo le conté mi secreto. Desde entonces que a veces sube a descansar aquí. Pero nunca cuando estoy despierto. Supongo que no quiere tener que hablar conmigo- dijo tristemente.

-Kaede,- dije abrazándole. -Quizá no quiere pelear, y por eso evita encontrarte despierto.

-Pero que esté despierto no significa que tengamos que pelear.- se quejó él.

-¿Por favor Kaede, olvidas que os he estado observando cada sábado desde que empezó el curso?

-¡Creí que solo nos dibujabas!

-Sí bueno, para ello es necesario observar bien a los modelos. Y cada vez que la pelota no estaba en juego, discutíais. No sé que decíais porque estaba demasiado lejos para oírlo, pero se veía en vuestras caras.

-Ya te dije que no nos llevamos muy bien.

Finalmente, esa tarde, como todas las que siguieron, fui al gimnasio a ver el entrenamiento. Las primeras semanas todas las chicas del instituto me perseguían, pero con el tiempo se cansaron que no les hiciera caso, y nos dejaron en paz, tanto a Kaede como a mi. Los muchachos del equipo me recibieron muy bien. Eran todos encantadores, y prácticamente todos estuvieron encantados de que el club de fans de Rukawa se disolviera casi por completo. Pero no todos se alegraron. Contrariamente a lo que creí, las peleas entre el capitán y Kaede no cesaron. Él no me lo decía pero yo podía notar que no estaba feliz. Supongo que esperaba que Sakuragi dejara de lado de una vez ésa estúpida rivalidad. Sin eso nunca podrían ser ni siquiera amigos. El primer sábado, Sakuragi no se presentó en el parque. El lunes cuando Kaede le preguntó por su ausencia él solo dijo:

-Lo siento se me olvidó- y siguió a lo suyo. No hizo faltaba más que ver la cara de Kaede para saber lo hondo que esa daga le había dado. Kaede siguió entrenando cada sábado en el parque, pero el pelirrojo solo venía a veces, y sobretodo los sábados que yo no acompañaba a Kaede. Él estaba triste, y yo había notado que necesitaba pasar un tiempo solo. Así que dejé de acompañarlo al parque, y Sakuragi volvió a ir. Estaba claro que era yo quien no le simpatizaba. Y eso que al principió creí que le caía bien.

Por otra parte enseguida me hice amiga de Haruko, la chica que Kaede decía que le tenía el corazón robado a Sakuragi. Ella se había convertido en la preparadora física del equipo, y yo le ayudaba. El tiempo pasaba deprisa, y pronto se acercaron los siguientes exámenes trimestrales. El día antes de que estos empezaran estuve hablando con Haruko mientras los chicos se duchaban.

-Sabes- me dijo ella- no te ofendas pero, desde que Kaede empezó a salir contigo, y perdió su club de fans, parece un poco abatido.

-Sí. Está cansado de tantas peleas. Creo que todos pensábamos que al saberse, no te ofendas tú, pero al saberse que él no estaba interesado en ti Sakuragi debía dejar las peleas. Yo creía que era por ti que se peleaban tanto, pero quizá simplemente a Sakuragi le caiga mal Kaede.

-¿Pero qué dices? Sakuragi en realidad no creo que nunca haya estado enamorado de mi realmente. Le gustaba, pero de eso ya hace mucho tiempo. Cuando acabamos primeroo me pidió para salir, pero yo le dije que no, y desde entonces somos solo amigos.

-Pero que no te lo haya dicho no quiere decir que no siga enamorado de ti.

-No es de mi de quien él está enamorado, créeme. Como tampoco tu lo estás de Kaede.

-¿Qué?- pegunté muy sorprendida.

-No sé a que viene esta farsa, pero ni a ti te gusta Kaede, ni tu le gustas a él. No me malinterpretes Abigail, pero con todo esto habéis hecho sufrir a terceros, que no se lo merecen.

-¿Qué sabrás tu de mi amor por Kaede?- le dije, un poco enfadada por que nos había descubierto.

-Nada, pero no es por ti por quien él lleva tres años suspirando. Y no sé porqué creo que tú ya lo sabías.

-¿Pero y tú que sabes de todo esto?- pregunté al fin no pudiendo negar la evidencia.

-Mira Abigail, llevo tres años de mi vida observándoles. Todos saben lo que siento por Kaede, y Hanamichi es una persona muy especial para mi. Tres años es mucho tiempo, como para no darse cuenta de cómo se miran.- dijo tristemente.

-Quieres decir que...

-Sí. Y si quieres te lo demostraré en cuanto acaben los exámenes.

-¿En que estás pensando Haruko?

-En una tarde los cuatro juntos.

Cuando iba a contarme su plan, llegaron los chicos de la ducha. Haruko se fue con Hanamichi y Kaede me acompañó a casa.

-¿Os habéis hecho muy amigas tu y esa niña, no?- me dijo con fastidio.

-Es muy agradable. No entiendo porque te cae tan mal.- Me gané una mirada de zorro como Sakuragi las llama- vale vale, no he dicho nada. Creo que sigue enamorada de ti.

-¡Pues mira que ilusión!- dijo sarcásticamente.

-Pero tranquilo sabe muy bien que tu corazón ya te lo robaron.

-¿Porqué te gusta torturarme de este modo?- me dijo cuando llegamos a casa- Eres una retorcida.

La semana de exámenes me fue muy bien. Esta vez saqué matrícula en francés, arte y también en japonés. Yo estaba muy contenta, me sentía orgullosa de mi misma. Para celebrarlo, hicimos una cena con el abuelo y Kaede la noche del último día de exámenes.

-Kaede, Haruko me dijo si querríamos ir al cine mañana por la tarde. Como ya han acabado los exámenes...- le comenté después de los postres.

-La verdad con esa chica no me apetece mucho, ve tú si quieres.

-Pero es que Sakuragi también irá. Y yo ya sabes que no le caigo muy bien. Me sentiría mejor si me acompañaras.

-Ya deja de poner excusas idiotas Abigail. Sabes que si Sakuragi va yo iré. ¿Pero para qué queréis que vayamos nosotros dos si solo haremos que pelear? Luego no os quejéis si no podéis ver la peli tranquilamente.

-Haruko pensó que sería una buena idea salir los cuatro juntos. ¡Una cita doble!- dije sonriendo.

-¡Oh vamos! Una cita doble idiota. Sabes perfectamente que nosotros tres hacemos un triangulo amoroso patético, y tu tendrás la cabeza en Francia.

-Bueno si lo prefieres les digo que no. Yo sola no iré. Pensé que querrías pasar una tarde diferente con él, pero quizá no fue buena idea.

-No te enfades Abigail, es solo que...

-Que las peleas no han cesado y estás desesperado.

-Yo no diría desesperado pero..

-Oh vamos Kaede, no te hagas el valiente, que hasta Haruko se ha dado cuenta de lo triste que estás últimamente.

-¿Qué?- dijo él abriendo los ojos- ¡Pero si ella ni siquiera puede ver más allá de su nariz!

-Eso no es del todo cierto. Te sorprenderías de la de cosas de las que se da cuenta.

-¿Me estás diciendo que dentro la cabeza de esa chica hay algo más a parte de serrín?

-¡Kaede!. ¡No seas tan grosero, Haruko no ha hecho nada malo para merecer tu desprecio!

-¿Ah no?- dijo él enfadado, aludiendo el echo que ella era la que había enamorado al pelirrojo.

-¡Si crees que puedes tratarla así solo por quien se ha enamorado de ella, o por haberse enamorado de ti, como puedes quejarte de que Sakuragi no te trague!- le recriminé yo.

-Hasta aquí hemos llegado- dijo él poniéndose de pié y saliendo de casa corriendo.

Me sentía mal por haberle hecho poner más triste, pero no podía seguir culpando a Haruko por todo su dolor. Preferí dejarlo solo. Ya le había herido demasiado como para herirle el orgullo corriendo tras él, no creía que quisiera llorar delante mío. Y yo sabía perfectamente que en estos momentos él estaba llorando. Llamé a Haruko.

-Hola Haruko, soy Abigail. Acabo de hablar con Kaede.

-¿Y que, va a venir?

-No lo creo. Lo siento, nos hemos peleado, y no creo que mañana quiera siquiera verme.

-¿Cómo que os habéis peleado?. ¿Qué ha ocurrido?

Entonces oí de fondo una voz grave que decía "¿quien se ha peleado?"

-Nada, solo le puse un par de cosas claras, y se enfadó conmigo. Nunca le han gustado mis críticas.

-¿Pero que le dijiste?

-Haruko no creo que sea el mejor momento para hablar de esto, creo que no estás sola, y...

Entonces volví a oír esa voz grave de fondo: "pregúntale dónde está"

-Tranquila, él estará bien. ¿Ha vuelto a casa?- preguntó Haruko.

-Supongo, salió corriendo, no tuve tiempo ni de pedirle perdón.

-Vaya. Tranquila seguro que mañana se le habrá pasado.

Luego colgó el teléfono. Pero volvió a sonar dos minutos más tarde. Era Haruko:

-¡Coge la chaqueta y ve a la playa, nos vemos en frente de la cafetería en cinco minutos!

-¿Haruko qué ocurre?

-¿Te dije que te demostraría que Rukawa no es el único que está enamorado aquí, verdad?

-Sí pero,..

-En cinco minutos allí.

Y volvió a colgar.

Cinco minutos más tarde nos encontramos delante de la cafetería. Haruko llegó un minuto más tarde que yo.

-Ven,- me dijo cogiéndome del brazo.

-¿Haruko, qué...?

-¡Shhhh! Calla y escucha.- me dijo sacando de su bolsillo un walki talkie. Nos escondimos detrás de un banco, sentadas en el suelo, y ella encendió el aparato. Se oían pasos de alguien corriendo. De pronto se oyó una voz grave, como de lejos.

"¿Kaede, dónde estás?"

Luego más pasos.

-Hanamichi lleva el otro encendido en su bolsillo.- me dijo al ver mi cara de perplejidad.

-¿Pero y si nos oye?- pregunté asustada.

-Están rotos, este solo recibe señal, pero no emite. ¡Escucha!- dijo volviendo a poner el walki entre nosotras.

Entonces los pasos se detuvieron. Solo silencio, y entonces otra vez pasos, pero esta vez pausados, sigilosos. No andaba en suelo firme.

-La arena- me dijo ella.

-¿Están en la playa?- pregunté, a lo que ella me hizo que si con la cabeza.

"Hola Kitsune" dijo Sakuragi con suavidad.

"Lo que me faltaba" le contestó él rudamente

"¿Puedo sentarme?"

"Haz lo que quieras, de todas formas lo harás igual" la voz de Kaede sonaba apagada.

"¿Que te ocurre zorro?.¿Te peleaste con la novia?" Ese comentario estaba lleno de resentimiento.

"¿Has venido a reírte de mi?" su voz sonaba a punto de quebrarse.

"No." dijo Sakuragi en un susurro "¿Tanto la amas?"

¿Qué iba a contestar a eso? Yo sabía que Kaede no quería mentirle a Sakuragi. ¿Pero se atrevería a decir la verdad?

"La quiero mucho. Abigail es muy importante para mí Do'aho" Yo sonreí tristemente. Sabía que eso era verdad, pero decirlo de este modo no iba a ayudar a solucionar nada.

"¿Cómo lo izo?.¿Cómo consiguió robarte el corazón?" ¿Era tristeza lo que se intuía en esa voz?

"Ella no" Kaede vaciló un momento "Abigail no me ha robado el corazón Do'aho, ella.. "volvió a detenerse. ¡Venga Kaede díselo, dile que sólo soy tu hermana, que sepa la verdad de una vez! Pensé yo.

"¿Pero no la amas?" preguntó confundido.

"No, no la amo. Le quiero mucho, pero no la amo"

"¡Eso es...!. ¡Cerdo¿!. Cómo sigues con ella si no la amas?. ¡Eres un cabrón!" dijo enfadado Sakuragi. ¿Pero era decepción lo que oímos Haruko y yo?

"Yo no estoy con ella Do'aho..." intentó explicar Kaede.

"¿Cortasteis?. ¿Por eso lloras?" le cortó Hanamichi. ¿Su voz sonaba ansiosa?

"No Torpe, yo NUNCA he estado con ella"

"¿Cómo que no?. ¿Si yo mismo os he visto!" exclamó.

"¿Qué has visto eh? Dime, has visto que la abrazaba, has visto que la protegía... ¿Pero quizá viste alguna vez que la besara, o que la tocara?" dijo exaltadísimo Kaede.

"No, pero siempre llegas con ella y te vas con ella. Te espera al acabar el entrenamiento. Coméis juntos en la terraza. Le llevas la bolsa cuando pesa mucho, hasta le sonríes, y ella sí te abraza a ti" es voz sonaba increíblemente triste.

"¿En ese caso, tú sales con la hermana de Akagi desde hace muuuucho tiempo, no?" preguntó Kaede casi gritando, y otra vez con la voz a punto de cortársele.

"No" dijo en un susurro Hanamichi.

Volvieron a quedar callados. Se oía el susurro del mar de fondo.

-¿Qué hay entre vosotros?- me preguntó Haruko

-Kaede es mi hermano mayor- contesté.

-¿Qué!- exclamó ella.

-¡Shhhh!- intenté calmarla.

"¿Entonces porque lloras?" escuchamos que Sakuragui le preguntaba.

"Es complicado" contestó intentando eludir el tema.

"Seguro que no lo es tanto" intentó Sakuragui para que él le contara que le ocurría.

"¿A qué viene éste repentino interés?" interrogó Kaede.

Esperábamos una respuesta, pero volvieron a callar. Entonces decidimos mirar por encima del banco para ver que ocurría. Hanamichi y Kaede estaban sentados en la playa, uno al lado del otro, mirándose fijamente. Sus rostros se acercaban peligrosamente.

-¡No!- dejó ir un gemido Haruko. Y volvió a esconderse.

Yo no recordaba que ella estaba enamorada de mi hermano. Y el pelirrojo era su mejor amigo. Me agazapé otra vez a su lado y le abracé. Las dos sabíamos que eso tenía que ocurrir, pero para Haruko era un duro golpe. No hacía ni diez segundos que eso ocurriera que oí una desagradable voz en mi cuello. Y una mano se posó en mi boca.

-Hola muñeca. ¿Qué haces tan tarde por estos lares?

Mi piel se erizó de miedo. Haruko levantó la cabeza, pero antes que pudiera reaccionar uno de ellos la cogía por detrás tapándole la boca. Nos separaron, y nos levantaron.

-¿Qué tenemos aquí?- dijo el cabecilla -¿Las novias del dúo dorado de Shohoku?. ¿Qué hacen dos damiselas de tan alto rango solas a estas horas de la noche?. ¿Eh chicas?- dijo acariciándome la mejilla. Yo moví mi cara intentando apartarme de ese contacto.- ¡Uuuuhh!. Veo que seguimos con las mismas eh gatita. Pero ahora no tienes a nadie que te salve- dijo lamiéndome la mejilla. A lo que yo reaccioné convulsionándome en los brazos de mi captor, intentando liberarme.

-¡Ohhh!. Esta quiere guerra jefe- dijo la voz de mi captor en mi oído.

-¡Al callejón!- ordenó el cabecilla. Intenté gritar, y liberarme pero como más me movía más fuerte me agarraban. Miré a Haruko que me veía con la cara blanca y seguía llorando. El cabecilla vio nuestras miradas, y dijo.

-No te preocupes muñeca, tú amiga vendrá para los postres, ¿verdad chicos?- En un último esfuerzo para evitar que me llevaran, conseguí morder la mano de mi captor, que al final me dejó la boca libre, y grité a todo pulmón:

-¡KAAAEEEEDEEEEEE! AYUUUD- Pero la mano asquerosa de ese tipo volvió a ponerse en mi boca. Entonces el cabecilla me pegó en la barriga. Me faltó el aire. Y esos tipos aprobecharon para arrastrarme hacia el callejón de detrás e la cafetería. Estaba oscuro, y el suelo estaba húmedo. Mientras todavía me costaba respirar, el cabecilla se acercó.

-Te has portado mal muñeca. Ahora tendremos que castigarte- diciendo esto puso una de sus mugrientas manos en mi pecho.

-¡MHHHHHhhhhhh!- intenté gritar con la boca amordazada. ¿Pero quien iba a oírme?

Esa mano estaba empezando a desabrochar mi chaqueta. Unas lágrimas rodaron por mis mejillas. Cerré fuertemente los ojos para no tener que ver su cara, sus ojos. El olor de perfume barato que desprendía ese tipo me daba arcadas, me impedía pensar. Todo el cuerpo me temblaba violentamente.

Cuando mi chaqueta ya estaba en el suelo, y empezó a desabrochar la camisa, mi piel se erizó. Pero el contacto de su mano con la piel desnuda de mi vientre me hizo reaccionar. Hacía rato que había dejado de pelear, por lo que mi captor también se había relajado. Eso me permitió con un movimiento brusco soltarme de un brazo, con el que tomé la cabeza del cabecilla y la estrelle en mi rodilla. Me hice daño, pero más le dolió a él.

El chico que me sujetaba por detrás volvió a cogerme fuertemente. Y en cuanto el cabecilla pudo levantarse se acercó a mi y tras una bofetada, otra vez me golpeó en el estómago. Dolía. Pero no podía curvarme, por lo que mi peso quedó todo en los brazos del que me sujetaba, quien no pudo con eso, y ambos caímos al suelo. Él me soltó, pero yo no podía moverme. Todo lo que pude hacer fue doblarme, y quedarme en el suelo cogiéndome la barriga y llorando. Entonces oí unos ruidos extraños. Levanté la cabeza y vi a Kaede golpeando a ese par de mal nacidos. Cuando ambos cayeron al suelo él se acercó corriendo a mí. Se arrodilló y me abrazó.

-Ya está Abigail, ya ha pasado.

Yo me abalancé sobre él llorando desconsoladamente.

-Tenía tanto miedo, Kaede.- Gemía sollozando con la cara escondida en su pecho.- Ellos, ellos...

-Ya Abigail, ya pasó.- me susurraba él, mientras acariciaba mi cabeza. Entonces tuve un flaix:

-¿Y Haruko?. ¿Dónde está ella?. ¿Está bien?

-Tranquila, ella esta a fuera con Hanamichi.

-¡Oh no!. ¿Os estropeamos el beso verdad?- Le dije mientras él me levantaba en brazos.

-Hablaremos de eso más tarde. Ahora debo llevarte al médico.- me dijo sin mirarme a la cara.

-Oh Kaede, lo siento tanto, yo no quería hacerte llorar, y luego... yo...soy una idiota.- En esos momentos me sentía tan mal.

-No se lo digas a nadie, pero tengo debilidad por los idiotas- me susurró en el oído antes de salir a la luz de la calle. Yo me abracé a él más fuerte, y entonces lo vi. Ése cabrón acercándose rápidamente con algo en la mano.

-¡KAEDEE!. ¡Cuidado!- grité. Pero ése cabrón fue muy rápido. Kaede me soltó y se giró para enfrentar a su atacante, pero el chico iba armado con una navaja, y Kaede no. La hoja afilada rasgo su brazo derecho.

-¡NOOO!- Gritamos Sakuragi y yo a la vez. El pelirrojo dejó a Haruko, y corrió hasta nosotros.

-¡Hijo de ...!- empezó a gritar Kaede al ver la sangre en su brazo. Iba a pelear, cuando el pelirrojo pasó por su lado saltando directo sobre el cabecilla. La navaja voló hasta mis piés. Y Hanamichi empezó a golpear al muchacho. Estaba completamente fuera de si. El muchacho desfalleció ante tal avalancha de golpes. Entonces Kaede le gritó.

-¡Ya!. ¡Hanamichi detente que le matarás!- Pero el pelirrojo parecía no sentirlo.

Teníamos que pararle o acabaría matándolo de verdad. Kaede le rodeó por detrás cogiéndole fuertemente los brazos.

-Ya es suficiente, por favor- le susurró al oído. Eso tuvo un efecto inmediato. Hanamichi dejó de golpear al muchacho semi inconsciente en el suelo. Todos quedamos parados. No habíamos tenido tiempo de reaccionar, cuando las luces y el sonido de una sirena nos hizo despertar. Haruko había llamado a la policía.

Todo pasó tan deprisa que apenas recuerdo nada. Los de la ambulancia se nos llevaron a Kaede, a mí y a Hanamichi para curarnos las heridas. Haruko se acercó a los agentes y les contó lo que había pasado. Luego se llevaron a esos energúmenos, a nosotros nos llevaron a casa.

-¿Dónde quieren que les deje muchachos?- había preguntado el agente

-A la calle de las cerezas numero veintitrés.- dijo muy seguro de si mismo Kaede.

-¿Y al resto?- preguntó el agente. Pero no tuvimos tiempo de contestar cuando Kaede dijo.

-Vamos todos juntos.- dijo con un tono frío que no admitía replicas.

Nadie le contradijo. Subimos los cuatro en la mono-volumen de la policía, yo iba abrazada a Kaede, aún con rastros de lágrimas en mis mejillas, y Haruko iba sentada al lado de Hanamichi estrechándole la mano fuertemente. Hanamichi le pasó el brazo por los hombros en un abrazo protector, y finalmente Haruko empezó a llorar. Lagrimas silenciosas corrían por las mejillas de ambas. Al llegar delante de la casa de Kaede el policía les dijo a los chicos:

-Han pasado una experiencia horrible. Un poco de té y dormir les irá muy bien. No sean muy duros con ellas.

-Gracias por traernos agente- dijo fríamente Kaede. Luego abrió la puerta y nos acompañó a la sala. –Sentaos, voy a poner agua al fuego.

Medio minuto después volvió y nos dijo:

-Venid, os daré algo limpio para que podáis cambiaros.- Yo me levanté y tomé de la mano a Haruko para que me siguiera. Kaede nos acompañó a su habitación y sacó del armario cuatro camisetas de manga larga, y cuatro pantalones de chándal y nos dio uno a cada una.- No tengo nada de vuestra talla, pero esto servirá. Si queréis el baño es esa puerta. Hay toallas limpias en el armario. Cuando estéis listas bajad. Tenemos que hablar. –Luego salió con las otras dos camisetas y pantalones de chándal y cerró la puerta.

Ambas nos desvestimos en silencio. Nos dimos una ducha, y volvimos a vestirnos con la ropa de Kaede.

-¿Qué les diremos cuando nos pegunten que hacíamos allí?- le dije antes de salir de la habitación.

-No lo se.- dijo ella- pero no podemos decirles la verdad. Ellos deben arreglar lo suyo primero, no podemos decírselo nosotras. Yo no puedo.

-Te entiendo, pero yo no puedo mentirle a Kaede. Se lo prometí.

-Pues ya le mentiré yo.- dijo ella fríamente. Estaba ya con la mano en el pomo de la puerta cuando se giró y me miró directo a los ojos.- Entiende, que no puedo ir al chico que me gusta y decirle que la persona por la que él suspira desde hace tres años también le ama, pero que no se lo dice por miedo. No puedo hacerlo. No seré yo quien se interponga entre ellos, pero no me pidas que les lance el uno a los brazos del otro.- dos gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas. ¿Que podía decirle yo? Ella tenía razón, no podía esperar que hiciera tal cosa.

-¿Qué vamos a hacer?

-Ya se me ocurrirá alguna cosa, tranquila.- me dijo mientras salíamos de la habitación cogidas de la mano.

Cuando bajamos nos encontramos a Hanamichi sentado en el sofá, vestido como nosotras con ropa de Kaede. Unos minutos más tarde Kaede apareció con una bandeja con cuatro tazas, Galletas, una tetera, leche caliente, y un tarro con colacao.

-¿Kaede no vas a cambiarte?- le pregunté, un poco temerosa de su respuesta. Hacía poco que nos conocíamos, hasta ahora había sido muy bueno conmigo, pero no sabía como podía reaccionar enfadado como estaba.

-Cuando acabemos.- dijo fríamente sentándose en una butaca. -Haruko, Hanamichi ha llamado a tu casa para decirle a Akagi que no se preocupara.

-Yo he hablado con él. Mañana por la mañana vendrá a por ti.- añadió el pelirrojo.

-Gracias- dijo muy cohibida.

-¿El abuelo..?- empecé a preguntar

-Él sabe que estás aquí.- Contestó Kaede.- Aunque yo no se muy bien CÓMO hemos llegado aquí.- añadió mirándome fijamente.

-Kaede, yo...- no sabía qué decirle- nunca creí que pudiera pasar nada malo. Lo siento.- añadí bajando la cabeza.

-¿Chicas sois conscientes de lo que pudo haber pasado?- preguntó Hanamichi- ¿Por qué me seguiste Haruko?

-Yoo- Haruko vacilaba- ¿no podemos hablar después?- le dijo a Hanamichi implorando con la mirada que no le hiciera contestar a esa pregunta. ¡No delante de Kaede por lo menos!

-No- contestó fríamente Kaede- No hablar claro desde el principio fue lo que nos trajo aquí. Así que nadie saldrá hasta que aclaremos todo.

-¿Todo Kaede?- pregunté yo con segundas.

-¿Abigail, conoces algún otro significado de la palabra todo?- contestó muy enfadado.

-Muy bien, si se trata de decirlo TODO quizá que empiece por aclarar quien es quien.

-Creo que ya nos conocemos, diría yo- me interrumpió sarcásticamente Hanamichi.

-Eso es lo que TÚ crees, que no lo que es en realidad- contesté yo a su burla.

-¡Ya basta!- gritó Kaede.- Es verdad él no lo sabe, pero no es culpa suya, así que ya basta los dos. No quiero volver a oír una palabra hostil entre vosotros. Ya no más.

-¿Que ocurre Kitsune?- siguió en tono hiriente Hanamichi- ¿tus oídos son demasiado sensibles para oír verdades?

-Hanamichi, ya basta.- dijo Haruko.

Hanamichi calló, por lo que Kaede le dirigió una mirada de agradecimiento a la muchacha que tras sonrojarse volvió a sumirse en el silencio. Hanamichi quedó mirándonos con cara de perro enjaulado, y Kaede volvió a su postura fría.- ¿Abigail sabrás continuar sin lanzar dagas afiladas por esa boca que tienes?

-¡Mira quien habla!- dije entre dientes.

-¿Decías?- contestó como si no me hubiera oído.

-Nada.– Respiré fondo y proseguí.- Como le dije a Haruko hace un rato- me detuve al recordar lo que había sucedido. Supongo que me puse blanca, porque de repente noté un mano en mi hombro. Kaede.- Kaede no es mi novio.

-Eso dice él también- dijo Sakuragi.

-Do'aho calla.

-¿Cómo dos personas que tras dos meses de ser vistos juntos a diario, pueden decir ahora que nunca han sido pareja? Pero se quieren mucho eso sí.- dijo Hanamichi mirando a Kaede al añadir eso último.

-¿Me has oído decir nunca que Abigail era mi novia a caso?- saltó enfadado Kaede.

-Cuando nos la presentaste.- dijo muy seguro de ello.

-Perdona pero cuando Kaede me presentó a todo el equipo, solo dijo: "Ella es Abigail. Abigail estos son"... os presentó a cada uno de vosotros hasta llegar a ti "y por último éste es Hanamichi Sakuragi el capitán". Luego me mandó a las gradas.

-Oí que los del equipo te preguntaban si ella era de verdad tu novia, y tú...

-No les respondí.

-¡Nunca respondes!. ¿Como vamos a saber si quieres decir que si o que no?

-¡Oh vamos Hanamichi!. ¿Después de tres años me dirás que no te conoces todos sus gestos?- interrumpió Haruko.- Cuando quieres sabes perfectamente bien lo que le pasa por la mente. ¡Sino como explicas vuestro juego, cuando ni siquiera en la cancha os habláis!

Hanamichi volvió a callar.

-Respecto a tu pegunta...- continué yo- no fuimos nosotros quienes empezamos todo esto. Esos ...- callé. Las imágenes de esa noche volvían a mi mente en forma de flashes.

-Esos tipos llevan acosando a Abigail desde finales del primer trimestre.- explicó Kaede por mi. -Por ese entonces nosotros casi ni nos conocíamos.- ante esa afirmación tanto Haruko como Hanamichi pusieron cara de no entender, pero Kaede continuó como si nada. -Una tarde los encontré acorralándola a la salida de clases. Cuatro contra uno. Pero ella no se encogió, les izo frente y escapó; ella sola. Luego me acerqué y les "advertí" que no quería verlos acosando a esa chica. Una semana más tarde iba hacia la cancha del parque cuando oí el grito de un chica. Volvían a ser ellos. Pero esta vez huyeron al verme.

-Ellos decidieron decir a todos que yo era su novia.- intervine yo.- Supongo que pensaron, si es que son capaces de tal cosa, que nos molestaría que algo así fuera de dominio público.

-¿Me estáis diciendo que hasta hace unos meses no os conocíais?- Dijo Hanamichi con incredulidad. Nos miró a ambos y luego más calmado añadió- Supongamos que os creo. ¿Cómo dos desconocidos aceptan seguir el juego de una mentira lanzada la vuelo por unos animales como esos?

-Cuando esa tarde la ayudé por segunda vez, me di cuenta que ella era especial, y...

-¿Y te enamoraste? – dijo Hanamichi.

-¡Yo no he dicho eso!- exclamó Kaede.

-Pero eso es lo que dicen todos cuando se enamoran "en ese momento me di cuenta que era una persona muy especial".

-Eres idiota.- Sentenció Kaede.

-Y tu un cretino, y nadie se ha quejado todavía.- replicó el pelirrojo.

-Hanamichi- volvió a intervenir Haruko- ella era especial porque es su hermana.

-¡Si venga!- dijo Hanamichi -¿Esto ya es cachondeo, no?- Pero luego nos miró. Ambos con el pelo negro, extremadamente liso, los ojos azules, aunque los míos escondidos detrás de unas gafas que me quité para que pudiera observarme mejor. Y esa mirada. Solo una persona podía mirarle de ese modo, pero ahora éramos dos.

-¡No puede ser!- exclamó.

-Eso mismo dije yo cuando mi abuelo nos lo contó.- le dije yo volviéndome a poner las gafas.

Entonces, entre preguntas de Haruko y Hanamichi, Kaede y yo relatamos lo que nuestro abuelo nos había contado.

-Nadie más lo sabe.- dije cuando acabamos la explicación- Y preferiría que siguiera sin saberse. Nosotros no deberíamos saberlo, y ese rumor le hace la vida mucho más fácil a todos los chicos del instituto. Empezando por mi hermano.

-No a todos- gesticuló Haruko mirándome a mi, y luego a Hanamichi.

Kaede que no había visto ese comentario, prosiguió.

-¿Ahora que ya sabemos quien es quien, podrías explicarme que hacíais los tres en la playa?

-Buscarte- dijo Hanamichi.

-Saliste de casa corriendo y...- intenté explicar yo.

-¿Cómo lo sabían ellos?- me preguntó mirándome directo a los ojos.

-Abigail me llamó.– Intervino Haruko- Quería decirme que no vendríais mañana al cine. Al preguntar porqué, ella me dijo que os habíais peleado y que no creía que mañana estuvieras de humor. Me contó que te habías ido corriendo.- explicó Haruko sin levantar la cabeza.

-Yo estaba en casa de Haruko, oí la conversación. Haruko estaba preocupada por ti. Decidí salir a buscarte. No iba a permitir que ellas vagaran por las calles a estas horas- Dijo Hanamichi mirando a Haruko. -¿Porque me seguiste? Te dije que te quedaras en casa.

-No lo sé. Llamé a Abigail para decirle que no se preocupara, pero no pude. Decidimos salir a buscaros. Recordé que en tu chaqueta había el walkie talkie, cogí el otro y nos encontramos en el muelle.

-¿Llevaba un walkie en el bolsillo?- Preguntó Hanamichi con cara de asombro.

-Sí- dijo Haruko sin levantar la cabeza.

-¿Por qué no lo usasteis?- dijo Kaede.

-Lo intentamos, pero no funciona. Podíamos oír lo que decíais, pero vosotros no podíais oírnos.- Añadió ella.

-¿Por qué no vinisteis hacia la arena con nosotros?

-No quisimos interrumpir- dije yo.

-¿Interrumpir?- dijo el pelirrojo muy nervioso

-Hablabais sin pegaros por una vez en vuestras vidas.- dijo Haruko con la voz rota.

-Pensamos que quizá estabais arreglando vuestras diferencias- Añadí yo al ver que Haruko ya no podía decir nada más.

Hanamichi volvió a abrazar a Haruko. Le susurró algo en el oído que no llegué a escuchar, y luego le beso la cabeza y dijo.:

-Lo siento- muy bajito. Y volvió a abrazarla. Ella lloraba silenciosamente acurrucada en su pecho.

Yo empecé a sollozar, y Kaede me abrazó por detrás.

Luego con mucha suavidad, y ternura nos acompañaron hasta arriba. Nos arroparon en la cama de Kaede, y nos dejaron allí solas.

-Intentad dormir. Si queréis nada seremos abajo.- me dijo Kaede antes de irse.- Te quiero pequeña.

-Y yo a ti Kaede.- susurre antes que saliera de la habitación.

Poco después oí a Haruko llorar otra vez.

-¿Haruko estás bien?

Entonces ella se hecho a reír y entre lágrimas me dijo.

-No sabes cuantas noches soñé con algo parecido. Yo durmiendo en la cama de Kaede Rukawa, con ropa suya, y que en penumbras y a media voz dijera esas mismas palabras te quiero pequeña . ¡Y ahora desearía tanto que todo esto no hubiera ocurrido!- dijo volviendo a llorar.

Esa fue una larga noche. Haruko y yo lloramos juntas hasta quedar dormidas del agotamiento, en un sueño intranquilo y lleno de pesadillas. Despertamos a media mañana. Takenori Akagi esperaba a bajo a que despertáramos para llevarse a su hermana a casa. Los chicos ya le habían resumido lo ocurrido cuando bajamos. Haruko se lanzó a los brazos de su hermano, quien se la llevó a casa.

-¿Como te encuentras Abigail?- me preguntó Kaede mientras me preparaba un zumo de naranja.

-No lo sé. Quisiera borrar toda la noche de ayer.

-No toda espero.- Cuando se giró y le vi el rostro me di cuenta que estaba diferente. Algo en él había cambiado de la noche anterior a ahora.

-¿Oh Kaede que ocurrió anoche?- pregunté intuyendo lo que me iba a contar.

-Que tenías razón, y después de todo quizá Haruko no es tan boba como aparenta.- dijo con una bonita sonrisa en su rostro.

-Me alegro mucho por ti Kaede- le dije. No me contó lo que ocurrió esa noche, pero me dijo que finalmente él y Hanamichi habían arreglado sus diferencias. Eso significaba que por fin mi hermano se sabía correspondido. Me levanté y le abracé.

De repente oí la voz de Hanamichi detrás de mi.

-Abigail.- dijo para captar mi atención. Solté a Kaede y me giré.- Yo... quería pedirte disculpas por lo mal que te he tratado estos días. Mi comportamiento fue...

-¿Imperdonable?. ¿Poco caballeroso?. ¿Desagradable?- le interrumpí. La verdad no cero que él supiera qué contestar a eso.

-Vamos Abigail, no seas tan dura con él. Al fin y al cabo te acaba de pedir disculpas. Y créeme, eso no ocurre a menudo.- Me dijo Kaede para que no le machacara tanto.

-¡Oye¡Claro que no, porque no suelo equivocarme. ¿Olvidas que soy el genio Sakuragi?- dijo él en su tono de "yo soy el más mejor". Pero luego se puso serio- Pero me equivoqué contigo Abigail, y te pido perdón por ello.

Lo miré fijamente, quería que pensara que estaba sospesando mi veredicto, pero yo ya lo tenía muy claro desde el principio. Luego le hice una seña para que se agachara un poco. Y en la oreja, para que Kaede no lo oyera, le susurré:

-Te perdono, pero como le hagas sufrir demasiado corre antes que te coja.- luego me separé y le pregunté en voz alta -¿Trato echo?

Hanamichi puso primero una mueca de sorpresa, pero luego sonrió.

-No he querido nada más en muuucho tiempo.- dijo sonriendo todavía. Kaede nos miraba sorprendido. Hanamichi me tendió la mano, pero me la quedé mirando y luego se la estiré para acercarlo a mi, y así abrazarle riendo.

Kaede nos miró y sonrió ante mi aceptación. Se acercó a nosotros y nos abrazó haciendo un sándwich conmigo. Entre los dos me estrujaron un poco y empecé a chillar.

-¡Ehh que me aplastáis!

Entonces Hanamichi rió y besó a Kaede. Eran tan dulces. Me hicieron recordar a Madelein, una punzada en mi pecho y un nudo en el estómago me quitaron la respiración por momentos, pero me recobré pronto y les hice parar antes que la escena se volviera demasiado picante.

-¡Ehh!. ¡Que sigo aquí chicos!- dije. Un poco sonrojado Hanamichi se apartó. Y no pude evitar echarme a reír.

-¿De que te ríes?- me dijo un poco enfadado por el descaro reírme de él en su cara.

-De ti- dije intentando aguantar la risa por debajo la nariz.

-¡Pero tú eres una descarada!- me dijo enfadándose, pero creo que sin saber muy bien como reaccionar.

Allí sí que no pude aguantarlo más y estallé en carcajadas ante su enfado.

-Ay es que eres monísimo Hanamichi- conseguí gesticular mientras me destornillaba ante ellos. Estoy segura que Kaede casi se pone a reír conmigo, pero se contuvo, y al final se me escapó lo que estaba pensando de ellos.- Ahora entiendo porque a Kaede le gusta hacerte enfadar.

-¡Abigail!- Dijo, como si acabara de rebelar un secreto de estado, bastante avergonzando. Pero su enfado me hizo reír todavía más. Hanamichi nos miró y se echó a reír conmigo. ¡Eso sí le cabreó!

-¿Y se puede saber de que te ríes tú Idiota?- dijo con voz fría.

El insulto surtió efecto porque le hizo parar. Le miró a los ojos y dijo:

-No soy ningún Idiota.- también muy serio. En ese tono daban miedo. Se me cortó la risa de golpe.

-Pues te reías como uno.- contestó. Me asusté. ¿Y si se peleaban por mi culpa?

-De ti.- contestó serio. Parecía que Hanamichi no se dejaba asustar por la gélida voz de mi hermano.- Acababa de recordar algo que Abigail me dijo la tarde que la conocí– dijo el pelirrojo.

-¡Pero si desde el momento que te la presenté que no le has dirigido la palabra apenas!- estalló Kaede. Aunque con cierta razón. Pero luego recordé algo que el propio Sakuragi me dijo la primera vez que hablé con él, y entonces entendí de que hablaba.

-¿Qué?. ¿Esa tarde no, la que hablamos en el parque, te acuerdas?- me dijo. Ahora si la recordaba, fue cuando me dijo eso de que eran muy pocos los que podían sacar a mi hermano de sus casillas, y era verdad, solo reaccionaba así por lo que él o yo le dijéramos.

-Sí, iba a pedirle disculpas a Kaede, pero tú me detuviste. ¿Pero qué te ha hecho reír de lo que te dije?- le pregunté ella curiosa.

-Querías disculparte con él por haberle ofendido, y yo no te creí. No pensé que fueras realmente capaz de poder ofenderle. Pero acabas de hacerlo casi tan bien como yo. – dicho eso ambos nos echamos a reír otra vez al ver la cara de Kaede. Era tan fácil reír con Sakuragi como descolocar a Kaede.

Pero oh, oh, en cuanto nos oyó, se dio la vuelta y salió de la cocina dando un portazo.

Sakuragi y yo éramos un par de idiotas. Habíamos vuelto a enfadarle, y quizá nos hubiéramos pasado. Al igual que yo. Él puso enseguida cara de preocupado.

-¿Y si se ha enfadado de verdad? Tenemos que pedirle perdón.- dije dirigiéndome a la puerta.

Pero él me detuvo entes que tocara el pomo.

-Ya voy yo. Si vas tú te va a gritar.- abrió y salió de la cocina corriendo. Yo me quedé detrás de la puerta escuchando atentamente.

Oí pasos en la escalera, que se detenían de golpe, pero luego no oí nada más. Me esperé pero nada, solo silencio, me acerqué un poco más temiendo que hubiera ocurrido algo, cuando finalmente oí un gemido quedo. Me asusté y saqué un poco la cabeza para ver que estaba ocurriendo. Pero no debería, ambos estaban apasionadamente abrazados a media escalera, apoyados en la pared, las manos de mi hermano detrás la cabeza del pelirrojo, quien tenía las suyas en la espalda de Kaede. La escena era tan sensual que me puse colorada de golpe, y tan sigilosamente como pude me aparté y cerré la puerta de la cocina intentando no hacer ruido para darles un poco de privacidad.

Me senté en la mesa de la cocina, y esperando a que volvieran me dormí con la cabeza entre mis brazos.

Cuando me desperté un agradable aroma inundaba la cocina y los chicos estaban delante los fogones cocinando.

No sabía qué había ocurrido, ni cuanto tiempo había estado dormida, pero me daba igual, porque en la cara de ambos se notaba que rebosan de felicidad y eso es lo que cuenta.

Luego comimos, y les pedí dormir otro poco más. Nos tumbamos en la cama de Kaede, y como mínimo yo no tardé en quedar dormida de nuevo.

Esa misma tarde cuando los tres despertamos de la siesta, salimos al parque. Era sábado, ellos tenían un partido que jugar, y yo no quería perdérmelo. Antes de salir de casa Kaede me dijo.

-Me fijé que a veces traías una cámara. ¿Quieres que te preste la mía?

¡Una cámara digital como la que yo tanto había querido!. Esa tarde mientras ellos jugaron tomé las mejores fotografías. Me acerqué a ellos tanto como pude. Y les fotografié desde detrás del aro, desde la banda, de atrás, ... Pero estoy convencida que esas no fueron las mejores por la cámara sino por lo que acababa de ocurrir entre ellos.

eso... eso... esoes todo amigos

Sant Vicenç
Novembre 2005


Grissina: Bueno, la idea es que la misma historia puede variar sensiblemente vista desde el punto de vista de Abigail, Kaede, Hanamichi, incluso desde el de Haruko.

Aunque no les haya gustado los reviews siempre són bienvenidos, y si les gustó todabía más, que en época de exámenes cualquier aporte de energía positiva vale oro.