Nota de la autora/ disclaimer: los personajes que aparecen en esta historia no me pertenecen, por mucho que los pida por navidad, yo sólo los utilizo para mis pequeños placeres privados, y de momento no se quejan.

aviso: este fanfiction contiene slash, si no te gusta no se que haces aquí todavía.

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Escalofrío

El sol ya se está poniendo y noto como desciende la temperatura en un momento, siento un escalofrío.

¿y que tiene de especial? Os preguntareis. Pues nada, pero resulta gracioso si tenemos en cuenta que por estos lares me llaman "el hombre de hielo" ¿enciende alguna luz? De ser así supongo que no tendré que deciros que soy un mutante, un superhéroe y un contable (vale, no tiene mucho que ver pero llena el currículo).

¿y que narices haces sentado en el tejado de ese edificio tan enorme? Os pregutareis también. La respuesta es sencilla: nada. Nada en absoluto, ni siquiera estoy pensando, bueno, ahora sí pero hace un momento no.

Hace unas cuantas horas subí aquí para estar solo, pero solo de verdad, no como cuando estoy ahí bajo, que estoy igual de solo pero tengo que pretender que no lo estoy, para que la gente no se de cuenta y poder seguir estándolo...¿tiene acaso sentido?

En resumen: que subí hace un buen rato, y desde entonces aquí sigo.

Ya han salido las estrellas, y empiezo a plantearme seriamente cambiar a mi forma helada para no notar el frío que me entumece las manos, pero últimamente me cuesta cada vez más hacerlo, me da auténtico pánico la mera idea de no poder volver a descongelarme.

Ah¿no lo sabías? Mi pecho se esta convirtiendo en hielo 24 horas al día, y, bueno, no me siento tan graciosillo como antes... claro que no debía de ser tan bueno cuando la gente no ha notado el cambio...

Desde aquí arriba hay una vista excelente, y puedo ver las luces de un coche que se acerca y aparca, en cuanto su dueño da dos pasos fuera de coche puedo reconocerlo.

Vosotros también lo pillarías enseguida si lo vierais andar...tan arrogante, tan altivo, tan...tan Beaubier.

-¡Robert! –oigo desde arriba como me llama con ese acento francés suyo que me pone de los nervios- ¿qué haces ahí?

Y no bien ha acabado de pronunciar estas palabras me lo encuentro cara a cara.

Si ya sabíais quien era yo, supongo que también sabréis quien es él, y no tendré que deciros que es un mutante y que entre sus poderes se encuentra la supervelocidad y ¡anda, mira! La capacidad de volar.

Me mira con cara extrañada y se sienta a mi lado sin esperar si quiera a que le invite, aunque, claro, este es un tejado público.

-¿qué haces aquí? –me repite

-tomar el sol¿no es obvio?

-...

-vamos, hombre¿es que no sabes reirte?

-si, pero solo lo hago cuando algo me hace gracia.

-oh! -y me llevo las manos al corazón sobre actuando claramente.

Este gesto hace que relaje los hombros y le provoca una leve sonrisa, la verdad es que cuando no esta tenso parece otra persona, claro que no pasa muy a menudo y es una pena porque así está más guapo.

-aún no me has contestado.

-no hacía nada en particular, solo disfrutar de las vistas.

-así que interrumpo un momento de profunda reflexión personal.

-no creo que yo sea capaz de "profunda reflexión personal", pero gracias por sugerirlo.

-en serio Robert, últimamente estas distinto, como más...serio.

vaya, pues parece que alguien sí que lo ha notado después de todo.

-¿qué es lo que te preocupa?

No puedo evitar el mirarle con cara de extrañeza; aquí tengo al gran Jean-Paul Beaubier, que sólo baja de su pedestal para reñir a los críos y demostrar su superioridad al resto del mundo, preguntándome por lo que me preocupa.

-¿porqué me miras así?

-no pensé que te importara en lo mas mínimo lo que me pueda estar pasando Jean-Paul.

Se calla y mira al frente fijamente, cuando vuelve a hablar lo hace sin dejar de mirar el paisaje.

-claro que me importa, al fin y al cabo no puedo despreocuparme del sufrimiento de un compañero, no?

Se me escapa una risita.

-creo que "sufrimiento" puede ser un poco exagerado.

-pero reconoces que te pasa algo.

-no, de hecho ni siquiera se en que te basas para decir que estoy más serio.- y le ofrezco la mejor de mis sonrisas despreocupadas, una que manejo a la perfección después de años de práctica.

-pues ayer, sin ir más lejos, te cruzaste con Alex en el comedor, le diste con el codo y le pediste disculpas. D.I.S.C.U.L.P.A.S¡a Alex!- y pone cara de asombro¿tan obvio es que no trago a ese tío?- Y luego te fuiste como si nada.

-eso solo demuestra que soy una persona educada.

Y él levanta un ceja indicándome que no se lo traga.

-además, mírate.

Por un momento creo que va a señalar las bolsas debajo de mis ojos, producto de sucesivas noches en vela, pero sus manos señalan mi torso, y respiro aliviado.

-llevas puesta una camiseta negra.

-¿tienes algo contra este color?

-yo no, pero tú sí. Desde que he llegado a este lugar, jamás te he visto llevar algo de un solo color, y mucho menos negro.

La evidencia se nota en mi silencio, y con un suspiro me rindo. Además ¿qué importa si alguien sabe que me pasa algo? No quiero que la gente sepa lo del hielo pero...tal vez un poco de compresión no me haría daño ¿verdad?.

Lo que sí me resulta muy raro es que sea Estrella quien esta aquí sentado conmigo, sacándome información y no Scott, Hank o Warren.

-Bobby... si no quieres hablar conmigo, lo comprendo, pero...llevas semanas así, ya es hora de que te desahogues con alguien, va a ver a tus amigos,-pero llegados aquí no puedo evitar cortarle con un risa sarcástica- ¿qué¿qué he dicho¿Te has peleado con ellos o algo?

-No, que va, pero creo que tienen mejores cosas de las que ocuparse.

-así que es eso, te sientes solo.

Me mira fijamente, intentando adentrarse en mi mente para buscar la respuesta, y por un momento me gustaría que lo lograra para no tener que explicárselo, porque, seamos francos, decir en voz alta que estoy asustado es demasiado patético hasta para mí.

-Si. Bueno, no...solo en parte. Es largo de contar.

-yo no tengo nada mejor que hacer.

No se como lo hecho pero me ha convencido para hablar con él, y aquí estamos los dos, sentados en la cocina cerveza en mano, y yo procuro evitar su mirada todo lo que puedo, porque sé que me observa con esos ojos azules que, Dios me valga, la verdad es que imponen bastante.

-¿y bien¿vas a contarme algo o tengo que adivinarlo yo?

-mira Estrella, yo no...

-Jean-Paul.

-¿perdona?

-mi nombre es Jean-Paul.

-ah, si claro, perdona...lo que te decía es que no estoy seguro de que esto sea una buena idea.

-estoy seguro de que yo no estoy en la lista de personas con las que hablar de tus asuntos personales pero, sinceramente Robert, llevas semanas así y no voy a dejar que acabes sumido en un circulo vicioso de auto-compasión y miseria.

Me quedo parado un momento mientras digiero lo que me acaba de decir¿semanas¿auto-compasión? Este tío es un telépata y no nos ha dicho nada a nadie.

-Cierra la boca Robert, se te va a secar. –y yo obedezco, y espero- como veo que no cooperas, iré deduciendo...veamos...¿esto tiene algo que ver con Lorna?

-No. Bueno...sí, solo en parte.-le pego un trago a la cerveza, uno muy largo, lo voy a necesitar.

-creo que eso ya te lo he oído antes...