Nota de la autora/ disclaimer: los personajes que aparecen en esta historia no me pertenecen, por mucho que los pida por navidad, yo sólo los utilizo para mis pequeños placeres privados, y de momento no se quejan.

aviso: este fanfiction contiene slash, si no te gusta no se que haces aquí todavía.

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Escalofrío

-No, si al final llegaré tarde –digo en voz alta contemplando el montón de ropa que hay encima de la cama y esparcida por el suelo y los muebles -la única cosa que me pide y no puedo hacer ni eso, soy un caso.

Me rasco la cabeza¿qué me pongo¿algo arreglado? Ppff, si solo vamos al cine del centro comercial y seguramente pillaremos unas pizzas o algo ¿algo informal, entonces? Aah...todavía hablamos de Jean-Paul ¿no? madre mía, que desastre, y la ropa buena la tengo sucia, me llevo las manos a la cara, no quiero ni mirar...

Bueno, por lo menos aún tengo tiempo para decidirme, hemos quedado dentro de...hace 10 minutos.

Bien.

Vale.

Calma Drake, no es para tanto, solo estas aquí plantado en calzoncillos mientras el hombre con la paciencia mas corta del mundo espera bajo para llevarte al cine.

-A la mierda –y dicho esto cojo los vaqueros más limpios que tengo y la primera camiseta del montón, esa azul que me he estado poniendo y quitando toda la tarde pero todavía no acaba de convencerme, agarro el abrigo y tras un vistazo rápido en el espejo marcho escaleras abajo.

Y allí está él. Una palabra: Guau.

Pantalones grises, camisa negra (muy ajustada!), informal pero elegante, un aspecto que solo él podría lograr, y yo con estas pintas.

Me planteo seriamente volver a subir y cambiarme de ropa cuando Jean-Paul levanta la cabeza y se fija en mí.

Me sonríe.

Vaya.

¿a que ha venido ese escalofrío? Quiero decir que, claro que esta guapo, esta MUY guapo, y sus ojos azules brillan un montón, vaya que si brillan ... debe ser producto de los focos del recibidor que harían sexualmente atractivo a un babuino...dejémoslo correr.

-Llegas tarde. –afirma, pero no deja de sonreírme y eso me da la pista de que no está enfadado, lo que es bueno porque no querría tener que soportar a un Jean-Paul cabreado toda la tarde, ya tengo bastantes problemas.

-Perdona. ¿tu coche o el mío? –veis, no he llorado, aunque eso de tu coche o el mío ha estado peligrosamente cerca de sonar a otra cosa...

-El mío, vayamos con estilo. –dice mientras avanzamos hacia el parking

-¿qué tiene el mío de malo? Es un clásico

-Si con clásico quieres decir viejo, claro.

-te lo perdono porque eres canadiense y no sabes de lo que hablas – lo peor es que lleva razón, ES un clásico, pero era de mi padre cuando era joven...

-Vaya, gracias por tu magnanimidad...- y se inclina para abrirme la puerta del coche haciendo una reverencia, yo le devuelvo la reverencia y entro.

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Tres horas más tarde nos encontramos sentados en la pizzería delante de cuatro pizzas, una para mí, tres para él. Si vierais la cara que ha puesto el dependiente...

-Ese hombre es un genio! –exclama llevándose otra porción a la boca

-Lo sé, todavía no me puedo creer que no la hubieras visto.

-Que escenas! La del complot del vendedor de chicles! – gesticuló con las manos riendo

-y la del consejero espiritual en busca de la docena de huevos perfectos...

-...con la chica del laboratorio de inseminación artificial!!! Jajaja!

Y no podemos parar de reírnos los dos, aunque ni si quiera es tan gracioso en realidad.

Hasta el momento la noche ha ido bien: sin explosiones, ni invasiones alienígenas o masas de gente furiosas exigiendo nuestras cabezas y, bueno, magneto no nos ha atacado, lo que siempre es algo positivo.

Si, definitivamente esta siendo una buena tarde, Jean-Paul tiene razón (pero no se lo digáis o se le hinchará más el ego) tengo que sacar la cabeza del congelador más a menudo, y raptarlo para que haga algo conmigo porque cuando no se comporta como un estirado Estrella es bastante entretenido, incluso simpático.

El centro comercial está lleno de gente que carga con bolsas repletas de productos que casi seguro no necesitan, se pasean arriba y abajo y de cuando en cuando miran hacia nosotros, bueno, hacia Jean-Paul. Hay que reconocerle que sabe captar la atención de la gente, con esa camisa ajustada y esa sonrisa de suficiencia que siempre suele llevan en la cara. Claro que él parece ajeno a toda la gente que le mira y sigue comiendo y comentando la película como si tal cosa. Que mono.

¡¿mono¡¿qué mono?! No Drake, no vallas ahí, ni se te ocurra empezar a pensar en un tío en términos de "mono", de hecho ni se te ocurra empezar a pensar en tíos, punto. Es ya lo que me faltaba. Yo no...

-Robert!

-¡¿que?! – no puedo evitar dar un salto en asiento- Dios mío! Sehadadocuentasehadadocuenta...

-Solo te preguntaba si sabes donde queda el baño en este centro comercial. Estas muy raro¿te encuentras bien? Estabas normal hace un segundo.

-Si, estoy bien, no es nada, nada en absoluto, nop. – y ahora le suelto mi sonrisa de 2000 watios y seguro que cuela.

-Vale, lo que tu digas –me parece que no ha colado, pero se levanta de todas formas y lo deja correr- me dices donde están los aseos o tengo que buscarlos por mi mismo?

-Al volver la esquina, los verás sin problemas.

-D'accord, ahora vuelvo¿me pides el postre?

Que miedo, el chico de la barra si que va a tener trabajo hoy.

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Ya de vuelta en el instituto, entramos intentando no hacer ruido.

Todo esta muy oscuro ¿qué hora será? Nos hemos entretenido tanto hablando durante la cena que nos han cerrado el puesto de las pizzas y casi cierran el centro comercial con nosotros dentro, el tiempo se nos ha pasado volando conversando sobre los x-men, los estudiantes, los...

-Ahhg!

¡Plaf!

-¿Robert?

-¿Si?

-¿Estas bien?

-uuh...no estoy seguro.

Jean-Paul enciende la luz, y ahí estoy yo: tendido en el suelo con cara de susto, las piernas liadas entre un montón de abrigos, y con el largo soporte metálico de estos descansando sobre mi pecho. Me imagino el aspecto que tengo y me da la risa, y en una fracción de segundo Estrella se me une, y sin parar de reír me tiende una mano y me levanta del suelo. Creo que me he reído más hoy que en los últimos dos meses.

-Bueno, ahí queda nuestra entrada silenciosa. ¿seguro que no te has hecho daño?

-Solo tengo herido el orgullo, y el culo un poco dolorido.

-Y mas que te va a doler como no recojas el abrigo de Emma del suelo, esas pieles son caras¿sabes?

-Como si ella no pudiera permitirse cuarenta de estos... – digo, pero vuelvo a colocar el abrigo todo lo rápido que puedo, enfadar a la reina blanca no es nunca una buena idea.

Para cuando me doy la vuelta Jean-Paul ya está sentado en un sofá encendiendo la tele.

-¿No tienes sueño?

-Un poco –contesta cambiando de canal a gran velocidad- pero quiero comprobar el estado de mis acciones antes de irme a dormir.

-Estooooo...no se como decírtelo estrellita, pero son las tantas de la madrugada, todavía no ha abierto la bolsa...

-La Inglesa sí –contesta, gira la cabeza para mirarme y levantar una ceja – y si vuelves a llamarme "estrellita" te mando allí de una patada en el culo.

-Touché- y me tiró de espaldas sobre mi lado del sofá, yo estoy que me muero de sueño y se me escapa un bostezo, pero por raro que parezca no me apetece irme a la cama mientras él esté despierto, hace tanto tiempo que no hablo con nadie tan a gusto.

-Y dime "Estrella" – procuro que note como remarco la palabra- ¿los hombres son tan complicados como las mujeres?

Sigue mirando la pantalla en silencio y tras unos segundos me responde.

-No te sabría decir –me guiña un ojo- nunca he salido con ninguna mujer. Pero creo que sí, no me parece que sea cuestión de genero, sino que los asuntos del corazón son complicados de por sí. ¿por qué lo preguntas¿Es que con todo lo de Lorna te estas planteando cambiarte de acera?

-No!!! – vale, mala respuesta, eso ha sonado fatal.

-Tranquilo, era broma, ya se que no eres gay – tiene cara de preocupado

-Perdona...-la has cagado Drake- no es culpa tuya, es que estoy un poco raro últimamente.

-Me hago una idea. –y vuelve la vista a la pantalla.

-...

-...

-¿y como dices que van tus acciones?

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La playa es uno de mis lugares preferidos: con toda esa arena para hacer castillos, las olas y el agua. Pero esta en concreto es preciosa, ver nevar en una playa es algo único.

Un momento, alguien sale del agua. Debe estar mal de la cabeza, se va a helar. Se acerca. Es un hombre: alto, moreno, y, oooh, que pectorales. Tiene los ojos azules y ¿orejas puntiagudas? Creo que lo conozco pero no consigo recordar donde.

-Bonjour, Robert. –¿Acento francés? Me suena, me suena mucho- ¿no hace un día estupendo para nadar? Nada conmigo.

Me coge de la mano y me guía hacia el agua antes de que tenga tiempo de responderle.

-¿estas loco¡pero si esta nevando! –se para y se vuelve para contestarme a pocos metros de la orilla.

-Ya se que está nevando, no debería molestarte, al fin y al cabo eres el hombre de hielo.

-Cierto -¿cómo se me ha podido olvidar?- pero tu vas a ponerte enfermo.

-Moi? Que va, soy muy resistente a las temperaturas extremas, cosas de la genética, ya sabes.

Me coge de la muñeca esta vez y vuelve a andar.

-Espera un momento!-y me paro apretando con fuerza los talones contra la arena –ni si quiera llevo bañador!

-Si que lo llevas.

Tiene razón, miro hacia abajo y veo que lo llevo puesto, pero aquí hay algo que no cuadra...mi pecho...esta intacto¡No hay hielo!

-Pero si no quieres bañarte no pasa nada –oigo que me dice- podemos hacer otras cosas.

Y de repente hay manos en mi pecho. Mi corazón se desboca, y al ver la sonrisa de su cara me doy cuenta de lo que pasa: me quiere besar. Este hombre tan endemoniadamente guapo quiere besarme, eso esta mal ¿o no? Se me acerca más. ¿debo dejarle que me bese¿quiero que me bese? Le miro a los ojos y se me despejan las dudas.

Siento la calidez de un fuego, ya no estamos en la playa, estamos en mi casa (bueno, en casa de mis padres) ¿porqué esta puesto el árbol de navidad?

¡Oye¿eso no es el camión de bomberos con escalera extensible¡el que tira agua de verdad! Solo han tardado unos veinte años en traérmelo ¡pero que más da! Vuelvo a dejarlo junto al árbol y me giro en busca de mi misterioso acompañante, que está subiendo las escaleras y se dirige hacia mi cuarto, lo encuentro sentado en mi cama observando la decoración.

-Muy bonito, es tan...americano.

-Es sarcasmo eso que detecto en tu voz.

Una sonrisa y solo una sonrisa basta para hacer que me tiemblen las rodillas.

-Como me conoces...pero si no te gusta lo que digo a lo mejor deberías probar a callarme, non?

-aaah...-ay Dios, que se levanta de la cama!

-Solo quiero que me digas una cosa. – sus dedos acarician mi cuello y siento que de un momento a otro me voy a desmayar, seguro. -¿quieres esto¿quieres besarme? No me gustaría que te sintieras obligado...-su sonrisa le delata, ya sabe lo que le voy a contestar- quiero oírlo de tus labios.

Pero yo no puedo decirlo, si lo digo lo haré real, será cierto que me gusta, esto no será lo mismo que besar a un desconocido cuando llevo dos copas de más en el cuerpo, todos estos años... pero si no lo digo...sé que si no lo digo se acabará todo, quizá no tenga otra oportunidad.

-Bésame.

Contengo la respiración, se inclina sobre mí y cierro los ojos.

Siento sus manos en mi cintura, sujetándome con delicadeza, como para no dejarme escapar, cosa que quizá debería hacer, esto es tan aterrador y a la vez tan maravilloso.

Y entonces sus labios rozando los míos, con infinita ternura. Saben dulces, y cálidos, como estar debajo de las mantas comiendo bombones en un día de invierno.

Siento algo dentro de mí que no puede ser real, algo que no había sentido nunca.

Una mano juega con mi pelo, casi del mismo modo que su lengua juega con mis labios: lentamente, haciendo que cada terminación nerviosa de mi cuerpo se encienda a su tacto.

Nos separamos lentamente y yo tomo aire, pero el calor sigue dentro de mí, una sensación tan etérea que no puede ser real. Puedo ver la felicidad en su mirada y estoy seguro de que él ve lo mismo en la mía.

-¿qué te ha parecido?

-ge-genial

-¿te gustaría repetir?

-ya lo creo

En cuanto me acerco siento como la fuerza de la gravedad se apodera de mí, el escenario ha cambiado otra vez, ahora estamos en la sala común, tumbados en el sofá frente a la tele encendida.

Tiene los ojos cerrados, y me doy cuenta de hasta que punto me apetece besarle y estos sentimientos ¿han aparecido de la noche a la mañana? No puede ser. Mis labios rozan los suyos y en mismo momento de hacer contacto siento que algo no va bien, hay algo distinto en esta escena, todo estos es mas...real.

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Madre del amor hermoso! Estoy besando a Jean-Paul!

Rompo el contacto lo más rápido que puedo y me aparto hacia atrás, el movimiento le despierta y muy despacio abre los ojos, y parpadea.

Por favor Dios mío, por favor Señor, que no se haya dado cuenta de lo que ha pasado...

Me quiero morir.

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Bueno sé que he tardado bastante en acabar este capi, pero para compensar también es más largo.¿que os ha parecido la escena del sueño? A ver si Bobby se aclara de una vez, que su subconsciente ya le esta enviando señales!

Atenea Jones: me perece que el que ha sufrido más en la cita ha sido el pobre Bobby que tiene la cabeza echa un lío!

Kannary: que me sonrojo!

MAndrew : a ver si es verdad y empiezas a escribir!!! a mi lo de la flojera me va por temporadas, hay días que solo escribo un línea y otros hago un par de páginas de un tirón. Es cuestión de aprobechas los días buenos!

Y para el próximo capi : la reacción de Jean-Paul ¿se habrá dado cuenta del beso de Bobby?