YOU CAN'T HIDE IT SEGUNDA PARTE

"Si eso es lo que quieres, entonces persígueme.

Este beso es un tatuaje rojo,

un tatuaje que graba una profecía del destino.

Lo sabré con sólo una mirada,

hay un tatuaje que hiere en la forma de tus labios;

no puedes esconderlo.

Es la venganza de la Luna..."

Moon Revenge

Shingo Yabuki

Había pasado toda la tarde en el living del departamento de Kyo. Mirando televisión, hojeando revistas... Pero Shingo no lograba apartar la pregunta de su mente: ¿Qué demonios le había pasado anoche a Kusanagi-san? Al menos estaba casi seguro de una cosa: lo de su desmayo después de la comida no había sido accidental...

Sin que lo esperara, Kyo salió de su cuarto ya rondando las cuatro de la tarde.

- ¡Kusanagi-san! No ha comido nada, ¿verdad? Le preparé algo ahora mismo. – dijo Shingo preocupándose por su joven maestro. Pero no era sólo eso. En realidad también quería retenerlo para conseguir explicaciones.

- Descuida, Shingo. Estoy bien así. – Kyo se acercó a la puerta de salida. – Te prometo estar de vuelta para... la cena, ¿de acuerdo? -

- Kusanagi-san... – Una pregunta estaba a punto de salir de la boca de Shingo, pero por alguna razón se contuvo y formuló otra. - ¿Lo promete? -

Kyo sonrió, pero con un dejo de tristeza: - Sí, lo prometo. –

Y Shingo se encontró otra vez solo en aquella sala de estar, que comenzaba a parecerle triste y aburrida. De pronto tuvo una idea, pero su mente enseguida la rechazó. Luego volvió a pensar y la retomó... pero al pensarlo mejor la desechó. Y luego... lo carcomía la duda... ¿Qué tan mal estaría revisar la habitación de Kyo? Muy mal, pero... ¡necesitaba una respuesta! Tal vez Kusanagi-san se las daba durante la cena, tal vez no... ¡tal vez volvía a desaparecer! Shingo se sentó en el sofá, casi temblando por la indecisión. Sabía que lo que lo retenía era el gran respeto que le tenía a su sempai. ¿Y si revisaba y no encontraba nada? ¿Y si...?

- ¡Al demonio! – Shingo se puso de pie bruscamente y en un arrebato se dirigió al cuarto de Kyo. Primero observó: cama destendida, una taza en la mesa de luz, un par de revistas en el suelo junto con algunos papeles... Habitación estereotipo de alguien al que no le gusta esforzarse.

Dio unos pasos y después se detuvo. "¡No, no...! ¡No encontraré nada y luego me sentiré muy mal!" Estaba a punto de dar marcha atrás a su plan pero algo encima de la cama revuelta llamó su atención.

- Esto es... ¡el uniforme de preparatoria de Kusanagi-san! – dijo tomándolo entre sus manos. - ¿Para qué lo querría? También se llevó mis guantes... – Shingo estuvo varios minutos reflexionando, pero nada coherente se le ocurrió... hasta que por pura casualidad notó algo en la remera blanca del uniforme, que tomó con sus dedos índice y pulgar.

- ¿Un cabello rojo?... ¡Y-Yagami...! -

Iori Yagami

Por más que lo pensaba, no lo entendía. No entendía como rayos había pasado todo. Iori se llevó una mano al rostro. Le dolía la cabeza. Desde que Kyo se había ido, había permanecido ahí en la cama, tal y como Kusanagi lo vio antes de irse. Ni siquiera sabía que hora era, ni cuanto tiempo había pasado...

¿Por qué no lo había matado? ¡Porque quería matarlo en un combate! ¿Entonces por qué toda esa pantomima? ¿Porque quería que Kusanagi se enfadara...? ¡Sí, que su furia sea tal que sea él quien quiera buscarlo para combatir! Pero Iori ni siquiera sabía hasta que punto se creía eso... De todas formas, si ese era el objetivo, el resultado había sido totalmente lo contrario...

De repente, creyó encontrar una solución, una forma de ordenar sus pensamientos de una buena vez. Algo que llevaba a cuestas desde que era un niño: matar a Kusanagi. Pero ahora.

Se levantó deprisa y se vistió. Miró por la ventana y vio que el cielo estaba completamente nublado y caía una pequeña llovizna.

Iori sonrió con malicia: - No volverás a ver el sol, Kyo... –

Kyo Kusanagi

Caminó y caminó sin rumbo fijo. Con seguridad había pasado más de una hora desde que salió de la casa y ya estaba completamente empapado. De todas formas qué importaba... El cielo estaba tan nublado y gris, pero la tristeza del ambiente no era nada comparada a la que Kyo sentía.

En lo único que pensaba era en que Iori era un infeliz. Ya sabía que Yagami solía manejarse por instinto y casi con certeza no había pensado demasiado al hacer lo que hizo. ¿Simplemente tuvo ganas de hacerlo y ya?

"Maldito bastardo..."

No era que se sintiera usado, sólo que... ¡él amaba a Iori! Y por como había reaccionado antes de que lo dejara solo, era muy evidente que Yagami pensaba que todo había sido un gran gran error. ¡Todo por su maldito honor! Desde hacía mucho tiempo estaba muy claro que Iori, un Yagami, jamás se involucraría de forma alguna con un Kusanagi. Ambos clanes eran rivales desde hacía miles de años y así debía seguir siendo, hasta que alguno de los dos muera...

A Kyo esa idea siempre le había parecido tonta. En un principio no había querido pelear, pero desde que Iori lo perseguía a todos lados buscando enfrentarlo no le había quedado otra opción. Además Kyo era demasiado arrogante como para negarle un combate y jamás lo había hecho... pero eso cambiaría la próxima vez que se vieran. ¿Qué clase de entusiasmo podía tener ahora al pelear contra Yagami si apenas la noche pasada se había dado cuenta de que lo amaba?

Siguió caminando unos cuantos pasos más y se sentó desconsolado en el frío y mojado banco de un parque.

- ¡Kusanagi! ¡Ponte en guardia y pelea si no quieres morir! -

Kyo levantó la vista de inmediato.

- ¿Ya-Yagami...? ¿Acaso... saliste a buscarme otra vez? -

- Claro que sí, para matarte. – Iori invocó sus llamas púrpuras que ya rodeaban su mano derecha. – Esto terminará hoy. -

Kyo se puso de pie pero se quedó inmóvil como una piedra. Miró a Iori y lo único que pudo ver fue furia y odio en aquellos profundos ojos escarlatas.

- ¿Por qué insistes, Iori? – dijo Kyo con tristeza. – Lo de anoche... ¡no fue un error! ¡Tú también...! -

El puño de Yagami en su rostro lo hizo callar.

- Lo borraré de mi mente y tú morirás aquí. – dijo Iori con una expresión casi demente. - ¡¡¡Nunca habrá pasado! – Y con la rapidez que lo caracterizaba, volvió a golpear a Kyo, ésta vez en el estómago.

Kyo apoyó sus rodillas bruscamente en el suelo doblando su cuerpo hacia delante, pero enseguida se levantó y buscó la mirada de Iori: - No podrás esconderlo... no de ti... Y no pelearé contigo, Yagami. Nunca más. –

Iori acentuó su enojado semblante y se lanzó velozmente sobre Kyo hasta aprisionarlo contra las húmedas baldosas del parque. - ¡¿Por qué...! ¿Por qué no quieres pelear? ¡Deberías sentirte igual que yo! – Y al decir esto último Iori tomó a Kyo del cuello de su chaqueta blanca y lo golpeó rudamente contra el suelo.

Kyo habló despacio y resignado, con su cabeza y su mirada levemente hacia un costado, como si lo que decía no tenía importancia ya que Iori nunca lo comprendería: - Porque... te amo, Iori. –

Las pupilas del pelirrojo se dilataron. ¿Qué tan cierto podía ser eso? ¿Amar a alguien que durante años sólo se había dedicado a perseguirlo por mar y tierra para matarlo? Pero ese momento se hizo eterno y Iori pensó en la última vez que alguien había dicho que lo amaba. ¿Había sido su madre tanto tiempo atrás cuando él era sólo un pequeño niño? El cariño de una familia, la preocupación de un verdadero amigo, el amor incondicional de una persona especial... Casi ni recordaba todo eso...

De repente las palabras de Kusanagi le parecieron llenas de sinceridad.

- Demo... – se encontró diciendo con algo de confusión – El Sol y la Luna... nunca pueden estar juntos... – Miro a Kyo, quien había cerrado los ojos, y sintió como su pecho subía y bajaba ligeramente con cada aliento. Jamás había visto a su rival de esa forma, tan calmo y sumiso. Y no pudo evitar recordar cuando fue sólo suyo, cuando tocó su piel y besó sus labios una y otra vez la noche pasada. Se inclinó más sobre Kyo hasta llegar a su boca y besarlo.

Kyo ni siquiera pensó en la posibilidad de que luego Iori se arrepintiera. Se levantó apenas y lo abrazó con fuerza, correspondiendo el apasionado beso.

- Perdóname... por haber mentido... – Iori no miró a Kyo hasta que hubo terminado la frase y le alcanzó su pañuelo para que limpiara la sangre que salía de su nariz por el golpe.

Kyo trató de no perderse en el hermoso aroma del pañuelo del pelirrojo y lo escuchó con una sonrisa.

"La verdad es que... en el atardecer y en el amanecer... el Sol y la Luna si pueden estar juntos."

OWARI

POR: Mitsudani / Agosto 2004

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