Transmisión I

Feliz Cumpleaños

-¿Por qué las mujeres son tan complicadas? – se preguntaba Rick Hunter, recostado en su cama con los brazos en cruz debajo de su cabeza - ¿Lisa enamorada de mí? que tontería.

No hacía más de una hora que una de las conejitas del puente le había asegurado que las constantes preocupaciones, reprimendas y retos que la Capitana Lisa Hayes desahogaba en él, no eran otra cosa sino un claro indicio de "amor".

-Vaya imaginación – dijo Rick, levantándose de la cama para ir hacia la cocina –. Si Lisa sintiera algo por mí, lo sabría con tan sólo mirarla a los ojos. Además, ella no es del tipo de mujeres que se anden con secretos – afirmó, sirviéndose una taza de café.

El Líder del escuadrón Skull bebió plácidamente de su taza preferida, una que su "novia-hermana-amiga" Minmei le había obsequiado como recuerdo de su última gira por una lejana colonia Zentraedi denominada "Mauzel", y que llevaba grabada la leyenda "I love Minmei" alrededor de la cerámica.

Miró de reojo el calendario colgado en la pared, uno elaborado con fotografías exclusivas y ligeramente atrevidas de su "novia-hermana-amiga" Minmei.

A decir verdad, Rick estaba harto de no saber cómo llamarla. Ante la prensa, Rick significaba un simple amigo, "casi un hermano" para ella. Pero a solas, la hermosa cantante no se cansaba de repetirle cuánto lo quería, lo extraña, y no precisamente como a su hermano mayor.

Rick levantó la ceja intrigado. El calendario que miraba con detenimiento marcaba la celebración de una fecha especial justo ese día, y que al parecer había olvidado por completo.

-¿Mi cumpleaños? – preguntó, dudoso -, pensé que sería hasta la próxima semana.

Ya ni siquiera era consciente del paso del tiempo a causa de la enorme carga de trabajo que llevaba a cuestas. Un halo de tristeza y melancolía enfrió su corazón al pensar que si Roy estuviera vivo, ya se hubiese encargado de organizarle una escandalosa e inolvidable noche de juerga.

-Quizás haya algo interesante en la televisión – concluyó, encogiéndose de hombros y resignado a conmemorar su cumpleaños número veintitrés completa y absolutamente solo.

Ocho minutos después, cuando Rick se encontraba cómodamente sentado frente a la pantalla con un bote relleno de palomitas de maíz y un refresco de cola, el timbre de la puerta sonó de improviso.

-¿Max? – preguntó Rick, al observar por la mirilla el característico cabello azul de su compañero de vuelo.

-¡Buenas noches, Comandante! – saludó Max, animosamente – ¿Llego en mal momento?

-En absoluto – respondió Rick, abriendo la puerta e invitándole a pasar – ¿Pero qué haces aquí tan tarde?... ¿Y qué traes ahí? – añadió al descubrirle un paquete en las manos.

-¡Feliz cumpleaños, Rick! – sonrió Max, extendiéndole su obsequio – ¿Creíste que me olvidaría? Jamás. No es gran cosa pero fue hecho con mucho cariño.

-¿Hecho?

-Sí, Miriya lo cocinó para ti.

Rick hizo lo humanamente posible para disimular el gesto de aversión que le causó la revelación de Max. Si había algo peor que un Zentraedi enfadado y dispuesto a destruir el planeta tierra, era una Zentraedi llamada Miriya Sterling metida en la cocina.

-Gracias – asintió con media sonrisa, cogiendo el regalo como si sujetara una bomba a punto de estallar – ¿quieres algo de tomar, Max?

-Una cerveza está bien, gracias.

De la mesa de la cocina donde dejó su "apetitosa" tarta, Rick llegó al refrigerador para sacar un par de cervezas y festejar con Max por unos instantes su cumpleaños, dado que el Teniente debía regresar a casa lo antes posible para salir al cine con su esposa.

-¡Porque cumplas muchos años más, jefe! – brindó Max, chocando su botella contra la de Rick.

-Amén – consintió él, con desgano.

-¿Qué sucede? – preguntó Max, arrugando el entrecejo – ¿No ha sido un buen día, Comandante?

-Únicamente te diré que deseo que termine pronto – respondió, apurando su bebida.

-¿Se puede saber por qué?

-Max – dijo Rick, con los codos sobre la mesa – ¿tú entiendes a las mujeres?

-Bueno… - dudó, Max – casi nunca, pero supongo que a ellas les sucede lo mismo.

-¿No nos entienden a nosotros?

-No – negó Max con la cabeza – quise decir que ellas tampoco se entienden a sí mismas.

-Genial.

-Vamos, Rick, anímate – le alentó el piloto –, el que no las comprendas no quiere decir que no puedas relacionarte con ellas. Mírame a mí.

-Miriya es distinta – refutó Rick, antes de tomar un hondo suspiro – viene de otro planeta y supongo que ustedes…

-Todas las mujeres vienen de otro planeta, jefe – interrumpió Max, mirándole con indulgencia –. Aunque hablemos el mismo idioma, no hablamos el mismo lenguaje. Ya deberías estar acostumbrado.

-¿Quién podría? – inquirió Rick, desesperado.

-Ya verás que pronto todas las cosas tomarán su lugar – aseguró Max, quitando la envoltura del pastel – y podrás aclarar todos los malos entendidos con la Capitana.

-¿Quién dijo que estaba hablando de Lisa?

Max respiró profundamente para luego mirar a Rick con infinita paciencia. El chico era más transparente que el cristal pero creyó oportuno limitarse a encender las velas del pastel y escucharlo quejarse un par de veces más sobre "el inexorable cerebro femenino". Confió en que muy pronto, el Comandante Hunter vislumbraría por sí mismo no sólo los pensamientos de las mujeres que lo asediaban, sino también su corazón.

-Bien, ya está – dijo Max, terminando de prender la última vela – pide un deseo.

-Mmh… - musitó Rick, gesticulando con aire pensativo – ¿sólo uno?

-Uno por año, jefe.

-De acuerdo – exhaló, pesadamente – deseo que…

-¡Pero no lo digas en voz alta! – le impidió Max, con alarma – piénsalo y será suficiente.

-Está bien – obedeció Rick, a regañadientes.

El Comandante Hunter cerró los ojos por unos segundos, repasando su deseo. Max lo observó con detenimiento, preguntándose hacia dónde apuntaba aquel deseo. ¿Hacia cierta cantante de largos y oscuros cabellos que se pasaba la vida ignorándolo, o hacia una solitaria pero atractiva militar del SDF-2 que le proclamaba su amor incondicional sin que Rick se diera cuenta?

-Ya está – anunció Rick, antes de soplar con fuerza para entinguir las velas de su pastel color morado.

-Las apagaste todas de un solo intento – dijo Max, complacido – felicidades, tu deseo ha sido concedido.

Rick le devolvió una mirada llena de incredulidad y diez minutos después, los compañeros de escuadrón se despidieron con un abrazo en la puerta.

-¿Deseo concedido? – se preguntó Rick a solas, meditando seriamente si debía o no arriesgarse a probar el pastel de Miriya – lo único que quiero es que todo mundo diga realmente lo que piensa, tal como yo. De esa forma la vida sería más sencilla.

Rick Hunter apagó la luz de la cocina en seguida de probar un ínfimo trozo de pastel y se fue a su habitación decidido a olvidarse del mundo, en especial de las mujeres, por ocho horas contínuas. Concluyó que los deseos de cumpleaños a su edad no tenían ningún sentido y que no había sido mas que una pérdida de tiempo jurar desde ese día que al menos él, no volvería a decir una mentira más.

Continuará...


Notas:

Hola! Gracias por haber leído este primer minicapitulo, espero les haya gustado y me dejen su crítica para seguir adelante con más ánimos. De antemano un abrazo por su confianza y compañía. ¡Este es mi primer escrito de Macross y estoy nerviosisíma!. Como esta anunciado en la introducción, esta historia estaba basada en la premisa de la película "Liar, liar" con Jim Carrey... sólo en la premisa, NO en la historia.

Kioskete...Ja na.

Emera