Hola a todos!! Bueno, chicos, es el final… es la última vez que voy a escribir que los personajes salvo los míos de de Rowling, y eso ya sabéis que significa que no gano nada con escribir estos fics salvo el placer de divertirme y que os divirtáis vosotros.

La lista de los últimos reviews… este fic va dedicado especialmente para vosotros… Y vosotros sois:

Duciell, Luna Black21, majiss, Quid Morgan, mica-prongs, LoreSsS, Maby, Pauly­Prongs, SandritaGranger, camila, Analeth, DaIUu, YoungLadyPotter, hiromi koizumi, sofrigryffindor90, RoryGranger, noiraaa, RubbyMoon-chang-Sly, trini – la – blake, Chibi-Lily-Evans, Nimue-Tarrazo, tsu Asakura, JaviGotita, Josefa, Rizel, karlablackM, Y0misma

Otra cosita antes de que se me olvide…a ver… algunos de vosotros me habéis enviado vuestros email para que os agregue a mi MSN pero lo escribís todo junto y cuando recibo el correo no se ve, así que no puedo hacerlo porque no puedo leerlos…

Los que habéis hecho esto, enviadme un mail o un review dándome la dirección de esta forma: por ejemplo: "nikachan123 arroba hotmail punto com" así sí podré leerlo y os podré agregar, de acuerdo?

Lo que hace una para retrasar el inicio de este capítulo, ¿verdad?

En fin… señores, señoras… adelante… el último capítulo es vuestro… espero que sea de vuestro agrado y como siempre… nos leemos abajo…

Capítulo 42. Epílogo. El fin de una época.

Se le hacía extraño estar allí sentada sabiendo que sería la última vez que lo estaría. La última vez que se sentaría en aquel banco, la última vez que tendría los estandartes sobre sus cabezas, la última vez que vería el techo encantado del Gran Comedor… Se le hacía terriblemente extraño pensar que se había acabado una época de su vida… Sonrió a medias mientras deseaba que aquel sentimiento de nostalgia no durara eternamente; después de todo, al día siguiente, se irían a sus casas…

-¿Estás bien? –Se giró hacia la derecha desde donde Sirius la miraba y sonrió mientras asentía a modo de respuesta.

-Bien –le contestó-. ¿Por qué?

-No has probado tu cena… -comentó él señalando con su propio tenedor el plato donde la verdura y el puré acompañaban al pescado al horno.

-Es nuestra última cena… -suspiró la rubia. Sirius sonrió.

-¿Y piensas fotografiarla o llevártela y por eso no la tocas? –preguntó burlón.

Ella le dio un golpe suave en el brazo antes de sonreírle.

-No seas payaso, Sirius… es sólo que… extrañaré todo esto… -suspiró-… las clases, los profesores, incluso a ti haciendo el idiota… -añadió.

-Eso tiene fácil arreglo –contestó él guiñándole un ojo y antes de que ella pudiera decir nada más, Sirius se había levantado y se había subido a la mesa mientras que Remus y Peter viendo las intenciones de su amigo habían apartado los platos. Sirius miró a James y tuvo que carraspear ligeramente para que James le prestara atención y dejara de besar a cierta pelirroja-. ¡Atención, chicos, tengo algo que decir!

El ruido del Gran Comedor se fue apagando cuando se dieron cuenta de que Sirius Black iba a hablar. Los mayores porque tenían ganas de saber qué iba a decir, los pequeños por la admiración que sentían hacia aquel grupo de Gryffindor.

-¡Señor Black! –gritó la profesora McGonagall poniéndose en pie.

-Déjales Minerva –apoyó Dumbledore a sus alumnos-. Esta noche es su última noche aquí… y es suya… -miró a Sirius que le hizo una reverencia exagerada-. Adelante, señor Black… será interesante…

-Gracias, director… Bueno, Colagusano, sube aquí y di algo –Peter le miró enarcando una ceja desde su posición-. ¡Oh, vamos! Es la última vez que vas a poder hacer algo así, ¿acaso quieres que digan que los merodeadores son unos cobardes? –insisitó.

A regañadientes y más por la insistencia de Sirius y James, Peter obedeció con una sonrisa en los labios, una sonrisa que se ensanchó más cuando el silencio en el Gran Comedor se hizo.

-Yo… bueno… sabéis que no se me dan bien las palabras… en realidad, eso es mejor para Sirius o para Remus y no me digas que no, Cornamenta –avisó cuando el chico de gafas iba a protestar-, te has pasado siete años sin encontrar las palabras adecuadas para que la pelirroja te mirase siquiera –añadió con sorna y diversión-. Así que yo… -suspiró y sonrió sinceramente-… Supongo que lo único que puedo decir es gracias. Gracias a vosotros chicos –miró a James, Remus y Sirius-… me aceptasteis cuando nadie más lo hacía, me hicisteis formar parte de vuestro grupo, me disteis seguridad, confianza y amistad… Y aunque me habéis metido en bastantes líos… -sonrió cuando se escucharon ocasionales carcajadas por el lugar-… siempre habéis estado conmigo… Si hay algo que echaré de menos en Hogwarts, no serán los ronquidos de Canuto, ni la maniática manía de Lunático con su orden ni el despertar porque Cornamenta susurre en sueños el nombre de Lily –rió divertido-… pero sí echaré de menos el modo en que Remus siempre me ayuda cuando se me dificulta algo, la manera en que Sirius me ha ofrecido su protección siempre y la forma en que James siempre ha sabido animarme y darme valor… Gracias chicos…

Emily fue la primera en aplaudir cuando Peter ya estaba bajando de la mesa. Luego Remus, Ann, Lily, James y Dani seguida de Sirius… Poco después el Comedor entero estalló en aplausos ante las palabras del más pequeño merodeador.

-Bien, bien, Lunático, te toca –dijo entonces Sirius dejándole el puesto de la mesa libre al chico en cuestión.

Remus sonrió entre avergonzado y divertido por la situación y mientras se subía a la mesa no pudo evitar que los demás escucharan lo que dijo:

-¿Es que ni siquiera el último día puedes comportarte, Sirius? –estallaron en carcajadas y Remus sonrió pacientemente-. Bien… a ver… Hogwarts… para muchos es la mejor escuela de magia y hechicería de Londres, para otros es simplemente un colegio… para mí… para mí ha sido la mejor oportunidad de mi vida. No sólo me han aceptado –miró significativamente a Dumbledore que asintió sonriendo-, también he encontrado la amistad y el amor de quién menos lo esperaba –hizo una inclinación hacia Dani que le sonrió dulcemente-, y no importa lo que la gente de ahí fuera diga o quiera decir… nosotros somos los que vamos a tomar nuestra vida en nuestras manos, no ellos… así que, chicos… puede que Hogwarts sea algo que vamos a dejar atrás, pero es algo que nunca vamos a olvidar.

Una ola de aplausos lo siguieron mientras bajaba de la mesa con elegancia y agilidad, besando a Danielle antes de sentarse de nuevo a su lado.

-Vamos, Cornamenta, has sido el más alborotador en este castillo, creo que es justo que hables –comentó divertido Sirius.

James suspiró y sabiendo que no se libraría de aquello, le dio un beso fugaz a Lily antes de subirse a la mesa al tiempo que Remus se bajaba de la misma. Varios aplausos y silbidos hicieron que el merodeador sonriese halagado y más aún cuando alguna chica atrevida gritó algo parecido a "guapísimo" que hizo que Lily estrechara sus ojos.

-No más que tú –convino el chico en cuestión sonriendo, para nada incómodo al ser el centro de atención-, bueno, ¿qué queréis que os diga? -el silencio se hizo paulatinamente-. Bueno… Peter y Remus ya lo han dicho casi todo… excepto quizá… Hogwarts ha sido y será siempre mi segundo hogar, así que si me vuelve a ver por los pasillos, no se sorprenda, director –dijo sonriendo en dirección a la mesa del profesorado-. No, ahora en serio… echaré de menos todo esto… las travesuras, los pasadizos, las escapadas, las incursiones, las bromas… las serpientes… –comentó distraídamente. Dumbledore sonrió pero carraspeó y James contestó a su sonrisa con otra igual-. ¿Qué? Es cierto… Usted no sabe las veces que hemos estado dentro de su sala común sin que lo supieran –añadió divertido al ver la cara de Malfoy y Snape-. Han sido los siete mejores años de mi vida. Vinimos siendo niños y aquí nos hemos convertido en hombres y mujeres, aprendiendo el valor de la amistad y aprendiendo que en la vida, hay que luchar por lo que se quiere y demostrar que uno nunca se va a rendir hasta tener lo que desea… -sonrió-. Eso es lo que he aprendido en Hogwarts... y es algo que espero no olvidar nunca.

Varios aplausos más se sucedieron cuando el merodeador bajó de la mesa sentándose junto a su novia para besarla con dulzura y suavidad, atrayendo varios comentarios pícaros a su alrededor a los que los dos, ignoraron completamente.

-Bueno, sólo me queda a mí deciros algo, si es que aún queréis seguir escuchando –comentó Sirius sonriente-. Cornamenta, James, mi hermano… ha dicho que Hogwarts ha sido su segundo hogar… para mí ha sido el primero –afirmó-; aquí encontré un hermano y una hermana, amigos, el amor y profesores que me guiaron y me enseñaron que puedo ser quien yo quiera ser, no quien los demás esperan que sea –el director sonrió-. Todos vinimos aquí sin saber cómo era esto, y esta es nuestra última cena… Quizá muchos de nosotros no nos vemos… quizá sí… Lo que es seguro es que todos tomaremos caminos diferentes pero pase lo que pase, nadie ni nada nos podrán quitar estos siete años que hemos estado juntos… Así que no olvidéis nunca Hogwarts porque Hogwarts no nos podrá olvidar nunca a nosotros… Y ahora… propongo un brindis –alzó su propia copa con zumo de calabaza-… por los alumnos que se han ido, por los profesores que nos han aguantado, por los despertadores que nunca van a volver a sonar para nosotros en este castillo, por los alumnos que se quedan y por los que llegarán y sobretodo por nosotros –sonrió-, porque sin nosotros, Hogwarts no podría existir. ¡Salud!

Un gran coro repitió su saludo antes de que varias copas chocasen entre sí entre ocasionales sonrisas y risitas sinceras; incluso en Slytherin el brindis había hecho su presencia, de forma moderada por supuesto y, bajo el juramento de que pasara lo que pasara ninguno diría nunca que la idea había sido de Sirius Black.

Ann le miró y suspiró internamente. Tenía el brillo. Aquel brillo en los ojos que indicaba que iba a hacer algo; se giró para encontrar el mismo brillo de diversión y travesura en los ojos de Peter, James e incluso en los de Remus. Arqueó una ceja cando él bajó de la mesa y no se sentó.

-¿En qué estáis pensando? –preguntó la rubia.

-¿Nosotros? –la voz que fingía inocencia hizo que Emi mirara a Peter-. En nada.

-James… -amenazó la voz de la pelirroja.

-Oh, está bien… -concedió el chico con una ligera reverencia hacia Peter-. Adelante, Colagusano, haz los honores.

-… En nuestra primera cena, armamos un buen escándalo –dijo Peter levantándose y tomando la mano de Emily de forma discreta mientras empezaba a caminar.

-… cosa que hemos estado haciendo bastante seguido… -corroboró Remus cuando Dani le sonrió y se levantó con él.

-…así que nada mejor que terminar las cosas… -añadió Sirius cogiendo a Ann sin que ella pudiera hacer nada al respecto.

-… como empezaron… -James vio como los chicos caminaban hacia la salida de forma distraída, casi por descuido y se unió a ellos arrastrando a la pelirroja-. Chicos… Uno…

-Dos… -susurró Sirius sacando su varita.

-Tres… -Peter abrió la puerta y empujó suavemente a Emi y Dani.

-Por los merodeadores –dijo Remus empuñando su varita- ¡Locus Manjare!

Dumbledore soltó una carcajada cuando el pastel de fresa y nata que había en la mesa de profesores empezó a levitar hasta estrellarse contra el pecho del profesor de Astronomía; las bandejas llenas de comida pasaban de una mesa a otra volando y tirando su contenido sobre los chicos que tomándoselo con buen humor empezaron su propia guerra de comida entre ellos. Desde el pasillo, la estruendosa carcajada de los merodeadores llegó hasta él y suspiró. Sí. Echaría de menos a aquellos chicos.

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Se acercó despacio hasta ella. Lily estaba de pie, abrazada a sí misma, recargada con el hombro contra el tronco del árbol, con la mirada perdida en el lago… Sonrió y la abrazó por la cintura mientras colocaba su mentón sobre el hombro de ella cuando Lily giró la cabeza con una media sonrisa para mirarle.

-Buenos días… -le susurró ella como si temiese de algún modo romper la paz de aquellas horas.

-Buenos días… -le contestó él besándola levemente-. Es hermoso ¿verdad?

Ella sonrió. Sí, lo era. Un amanecer perfecto… el último amanecer que vería en Hogwarts. Suspiró. ¿Cómo podía seguir todo igual? Hacía pocos días que había estado secuestrada por un loco maniático al que su novio se había enfrentado; hacía pocos días que Sirius había estado a punto de pasar a formar parte del lado oscuro de la familia Black y hacía pocos días que todo era un perfecto caos… Y sin embargo, todo estaba igual… el mismo cielo teñido por los colores del amanecer, la misma brisa suave de verano anunciando el final de un curso, el mismo lago sereno turbado sólo por las ondas causadas por el Calamar Gigante… todo estaba igual…

-Creía que no te levantabas nunca antes de las diez de la mañana –bromeó la chica para aligerar la melancolía de quien se saber que nunca volvería a ver todo aquello del mismo modo, dejando el árbol olvidado y recargándose en el pecho de su novio. Escuchó la suave risa del chico al tiempo que el aliento de él llegaba caliente hasta su cuello y el lóbulo de la oreja y se estremeció.

-Me desperté y no estabas… así que salí a buscarte.

-¿Cómo sabías que estaba aquí?

-Te vi desde la ventana –contestó él quitándole importancia-. ¿Estás bien?

-Sí –contestó ella de forma rápida.

-Te prometo que no te pasará nada… -le susurró él-… aunque tenga que protegerte con mi propia vida, Lily… no dejaré que él se acerque a ti de nuevo…

Sintió como la chica se estremecía ante aquellas palabras, antes de refugiarse más en sus brazos, brazos que él apretó en torno a su pequeña cintura, como si de algún modo, quisiera afianzar sus palabras de que nada le iba a ocurrir.

-¿Cómo sabías que estaba pensando en…

-Sonrió y la besó en la cabeza.

-Te conozco demasiado para no saber en qué estás pensando Lily… -contestó él divertido por la expresión en el rostro de la pelirroja-. Eres como un libro abierto para mí…

Silencio. Un silencio entre los dos. Calmado, pausado… tranquilo… Un silencio que se vio roto cuando James abrió la boca.

-Voy a ingresar en la orden –anunció.

Lily esbozó una media sonrisa y llevó su mano hacia atrás, por encima de su hombro para acariciar la mejilla del chico que estaba detrás de ella, como siempre había estado, listo para cuidarla, listo para protegerla. James besó la mano de ella antes de que Lily la devolviera a su propio regazo.

-Lo sé –dijo calmadamente.

-¿Lo sabes?

-Bueno, tú también eres un libro abierto para mí James… Te conozco lo suficiente para saber que no puedes dejar que muera gente inocente sin que tú hagas algo…

James sonrió, satisfecho de que ella le conociera tan bien y la besó en el hombro.

-¿No te importa?

Lily sonrió.

-Claro que me importa… Sé que me volveré loca de preocupación, sé que esperaré nerviosa tu regreso cada vez que ocurra algo y sé que miraré el correo de lechucería unas trescientas veces antes de que tú me envíes una carta… -le contestó la chica-… Pero también sé que si no lo haces, no serás tú mismo… -se giró sin romper el abrazo y le miró con suavidad-… James… me preocuparé por ti porque te quiero… pero no voy a pedirte que no lo hagas… Porque sé que si no lo haces, te sentirás culpable y llegarás a odiarte a ti mismo y me odiarás a mí por haberte pedido que no lo hagas.

-Nunca podría odiarte, Lils –aseguró él apretando su abrazo.

-Pero lo harás si te digo que te quedes… y que no lo hagas…

-Lils…

-No –atajó ella-. No sería justo ni para ti ni para mí… James… me enamoré de ti… De tu inteligencia, de tu cariño, de tu amor por mí… no sólo me gusta el James responsable, también me gusta el bromista, el que se escapa a medianoche para ayudar a sus amigos, el que nunca da la espalda a quien le necesita, me enamoré de James y también de Potter…-negó con la cabeza mientras sonreía-. No, no tengo ningún derecho a pedirte que no lo hagas… Y mucho menos cuando yo también lo voy a hacer.

-¿Qué? –preguntó parpadeando un par de veces. Ella rió-. ¿Qué has dicho?

-He dicho que yo también voy a ingresar en la Orden. No quiero preocuparme por ti a cientos de kilómetros… Quiero estar donde estén mis amigos… -le besó suavemente-… quiero estar donde estés tú…

James la miró.

-¿Y tus padres?

James le sonrió.

-Lo entenderán… además, si recibo entrenamiento como auror estarán más protegidos que si tengo los simples conocimientos de una bruja de séptimo curso –sonrió.

Él rió divertido y risueño.

-Nunca tendrás los simples conocimientos de una bruja corriente, Lils… -la alabó. Ella le sonrió.

-¿Sabes? Pedí un deseo antes de empezar el curso… -dijo él entonces-… y mi deseo se ha cumplido.

-¿Qué pediste?

-Ser feliz… Deseaba ser feliz a tu lado… -la besó brevemente-… y soy muy feliz.

-Mi deseo también se hizo realidad –le confesó ella.

-¿La racional y lógica Evans pidiendo deseos? –se burlo él.

-No, la enamoradiza y romántica Lily pidiendo deseos –le contestó ella. Los ojos de James preguntaron en silencio-… Desee enamorarme y que se enamoraran de mí…

-Fue un deseo perdido –dijo James. Ella le miró-… yo ya llevaba mucho tiempo enamorado de ti, Lils…

Ella sólo le sonrió, sonrojada.

El sol brillaba y el cabello de Lily se veía más brillante y rojizo que nunca; lleno de vida…. Y sus ojos verdes… James supo enseguida que querría pasar el resto de su vida con aquella chica… viendo aquellos ojos despertarse cada día y cerrarse cada noche… No lo pensó. No necesitaba hacerlo.

-Cásate conmigo.

Lily le miró y parpadeó levemente, mirando sus ojos para enfrentarle temiendo que aquello fuera una broma por parte del buscador de Gryffindor.

-¿Qué? –preguntó con esfuerzo notando la garganta seca.

James le sonrió.

-Cásate conmigo–repitió él-. Lils… sé que no tengo ni un anillo ni nada ahora mismo, sé que tu padre me matará por hacer esto sin que esté él delante y sé que Sirius se estará burlando de mí toda la vida –sonrió divertido-, pero no quiero separarme de ti… No quiero que me olvides, no podría soportar la idea de pasar una vida sin ti… He hecho locuras, demasiadas, pero sé que esto no lo es… Quiero casarme contigo, quiero ser feliz y sólo voy a serlo contigo…

-James… ¿te das cuenta de que es una locura? –le preguntó ella con tranquilidad.

James sonrió a medias.

-¿Una locura? Bueno, Lils, tú siempre has dicho que el amor es locura… tú me enseñaste lo que era amar a alguien… déjame enseñarte lo que es cometer una locura… -le pidió con suavidad acariciando la mejilla de ella.

Lily cerró los ojos. ¿Por qué las caricias de James hacían tanto efecto en ella? Era como si su cuerpo reaccionara por sí solo… como si de algún modo, ambos estuvieran destinados a estar juntos… Sonrió… se sentía bien estar a su lado… siempre se había sentido bien… ¿Por qué había tardado tanto tiempo en darse cuenta?

-James…

-Te quiero –le dijo él con sencillez-. Te quiero Lils… cásate conmigo…

Le miró. Hablaba en serio. Sus ojos marrones la miraban con algo más que deseo; se veía en ellos la diversión, el orgullo, la picardía… pero también la inteligencia, el amor y el cariño que él la profesaba… que siempre la había profesado… Sonrió. Y cuando habló, supo que había tomado la decisión correcta.

-Sí –dijo simplemente.

No le dio tiempo a decir nada más. James la tomó de la cintura y empezó a dar vueltas con ella en brazos mientras reía, feliz, como un niño pequeño que ha obtenido un nuevo juguete.

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-¿Sabes? No me arrepiento de haber faltado al baile de anoche… -comentó ella sonriendo.

Remus la besó en la cabeza mientras jugaba con sus dedos y los de ella. Estaban desnudos, bajo aquellas sábanas de seda, en aquel colchón mullido y suave, disfrutando de la soledad de aquella habitación que había sido testigo de su primer beso… nervioso, desesperado, testigo de muestras de cariño y amor. Él estaba semi incorporado, sentado con la espalda en la cabecera de la cama que había conjurado especialmente para ellos dos aquella última noche en Hogwarts; ella estaba recostada sobre su pecho; la mano de él la abrazaba por la cintura, sobre las sábanas; la mano de ella, entrelazada a la de Remus; ambos prodigándose caricias y susurros.

-Yo tampoco… -le contestó el chico.

Danielle rió.

-¿Hubieras imaginado que esto sería así? –preguntó ella de pronto-. Es decir, todo lo que ha pasado… ¿lo habías creído posible ante de que ocurriera?

-No… -contestó él-… enamorarme de ti, casarnos, discutir, que fueras a buscarme… -le reprendió con el último comentario mientras la miraba de forma reprobatoria.

-Ya hemos hablado de eso…

-Sí, lo sé… -la abrazó con más fuerza-… es que cada vez que pienso que te podía haber pasado algo…

-Lo sé… -le sonrió-… a mí me pasa lo mismo contigo…

-He estado pensando… -dijo Remus.

-Eso no es ninguna novedad –dijo ella-. Tú y Lily siempre estáis pensando… A veces creo que harías mejor pareja con ella –añadió.

Remus sonrió.

-Que James no te escuche decir eso o me mata –dijo divertido.

Danielle frunció el ceño.

-No lo has negado… -protestó.

-¿El qué?

-Que harías mejor pareja con Lily….

Danielle se giró como un resorte para mirarle. En aquel momento, Remus hubiera jurado que nunca había visto a Dani tan bonita… Desnuda, con el cabello perfectamente peinado, las mejillas sonrojadas y los ojos abiertos mirándole con sorpresa. No, definitivamente no había nadie más bonita que ella en aquellos momentos.

-No creí que fuera necesario… -contestó él-… Es contigo con quién estoy casado y es a ti a quién quiero… Además, no funcionaríamos…

-¿Por qué no?

Remus enarcó una ceja.

-Quiero decir, a los dos os gusta pasear, a los dos os gustan los libros, sois amantes del silencio, os gusta estudiar…

-Te olvidas de algo que nos hace completamente incompatibles, cariño.

-¿Y qué es eso?

Remus sonrió.

-Bueno, que yo prefiero a las morenas antes que a las pelirrojas y que Lily prefiere a los chicos que llevan gafas y a ser posible se llaman James –contestó bromeando.

-¿Qué ha pasado con tu varita? –preguntó de repente ella.

Remus rió gravemente. Sólo Danielle podía pasar de un tema a otro de forma tan rápida y sin que pareciese algo extraño y extravagante.

-¿Qué? –preguntó ella.

-Nada… nada… -siguió riendo él divertido-… Mi varita… -ella asintió-… sí, mi varita… bueno, Ollivanders me envió una igual antes de los exámenes, si no, no podríamos haberlos hecho, ¿no te parece?

-¿Cómo has conseguido eso? Creía que era necesario que el director lo supiera.

-Bueno, el nombre de Potter y Black abre muchas puertas y además… tengo la sospecha de que Dumbledore sabe tanto de la historia como nosotros mismos –añadió.

-Siempre lo sabe todo, ¿verdad?

Remus se encogió de hombros.

-A veces me da la sensación de que a él no le gusta saber tanto… -contestó Remus. Danielle se estremeció-. ¿Tienes frío? –preguntó mientras la tapaba más con las sábanas al tiempo que la abrazaba con ambos brazos.

-No… ¿sabes en qué he estado pensando? –preguntó la chica.

-¿En que me quieres locamente?

-Aparte de eso… -contestó Dani antes de que Remus la besaba.

-¿En qué? –preguntó el chico.

-En mi hechizo… -él la miró-… Ya sabes… el bote gigante de aspirinas…

Remus rió.

-¿Qué pasa con él?

-Que no sé qué hechizo es –dijo ella-. Podría ser que fuera inmune a un expelliarmus o a un serpensortia o a un hechizo de magia oscura…

-¿Y eso te preocupa?

-Bastante –confesó ella-. ¿No habrá algún modo de saberlo?

-No hasta que ese hechizo entre en contacto contigo y no –dijo al ver que ella abría la boca-, no pienso lanzarte todos los hechizos que se me ocurran para ver cuál es –ella resopló-. Dani, lo sabremos cuando ocurra algo, aunque preferiría no saberlo nunca…

-¿Por qué?

-Porque saberlo significaría que tú estuvieras en peligro… y no quiero que lo estés…

-Te quiero… -dijo ella por toda respuesta.

-No sé cómo pude tardar tanto en darme cuenta que yo también te quería… -contestó él.

Estaba todo dicho. No necesitaban nada más. No era necesario. Ambos se entendían perfectamente. Ambos se amaban. No necesitaban nada más para ser felices. Al menos, no de momento.

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-Me encanta despertarme contigo al lado –dijo Sirius levantando la cabeza del cuello de la chica que acababa de abrir los ojos.

Ann sonrió perezosamente y sonrió cuando él la beso, sonriendo de nuevo cuando el chico desvió su boca para besarla, esta vez en el cuello; Ann dejó escapar una risita leve.

-Lo que a ti te gusta es despertarme… -protestó ella-… Estaba teniendo un sueño realmente dulce…

-¿Ah si? –preguntó él dispuesto a prestarle toda la atención del mundo.

-Ajá –contestó la chica-. He soñado que podía pedir todos los deseos que quisiera a una estrella y que se me cumplirían –contestó-. Ha sido divertido ver como Malfoy era vapuleado de un lado a otro por el Calamar Gigante y sus tentáculos mientras gritaba "¡Socorro!" –añadió riendo suavemente.

Sirius rió gravemente y se apoyó en un codo para poder mirarla mientras su otra mano se colaba por debajo de la sábana y se quedaba en la cintura de ella, no como una exigencia, sino simplemente porque parecía pertenecer allí.

-¿Crees en los deseos que se cumplen? –preguntó él.

-Bueno, yo pedí uno antes de empezar el curso y se me ha cumplido… -contestó ella-. En realidad creo que fueron dos… –añadió mientras lo pensaba frunciendo un poco el ceño.

-¿En serio? –ella asintió-¿Qué pediste?

-Olvidarme del inhalador y que tú te olvidarás del físico –contestó la chica risueña-. ¿Qué pedirías tú?

-Mmmm quieres decir además de que tú estés conmigo para siempre, ¿verdad? –Annie rodó los ojos indicando que eso era más que evidente-. Pues mmm…. Es que ya se me ha cumplido también.

-¿El qué?

-Que mi familia me desheredara de una vez para no tener que ver nada con ellos…

-Sirius…

A pesar de que había sonado a tinte divertido, Ann había apreciado en el color de la voz de su novio un deje de decepción… después de todo… quizá no había sido una familia espectacular y fantástica, pero había sido la única familia que había conocido. Decidió cambiar de tema.

-¿Qué pasará ahora? –preguntó la chica.

Sirius la miró, aliviado en su mirada el cambio de tema; ella le sonrió.

-¿A qué te refieres?

-A esto… -Sirius la miró-… A nosotros… quiero decir, acabamos Hogwarts y…

-No pienses que voy a dejarte escapar –contestó él interrumpiendo la línea de pensamientos que estaba siguiendo Annie-. He tardado mucho tiempo en darme cuenta de que te quiero, y no voy a perderte ahora que te tengo… -la besó suavemente-. Seguiremos juntos. Continuaremos con nuestros estudios… yo auror con James y tú medibruja como quieres ser… Luego nos casaremos, James y Dani serán nuestros padrinos de boda, luego viajaremos a todos los países que queramos y más tarde tendremos hijos… niñas rubias como su madre y niños fuertes como yo… todos guapísimos. Nos compraremos una casa y un perro, o quizá dos y viviremos juntos y felices hasta que seamos dos ancianitos –dijo muy convencido.

Tan convencido y con tono tan solemne que Ann no pudo evitar reírse suavemente, bien por la visión del futuro que Sirius había planeado en la que la incluía y en parte por la forma en que lo había dicho… completamente seguro de que eso sería así y de que las cosas pasarían como él había dicho que debían pasar.

-¿Eso es lo que va a pasar con nosotros? –preguntó la chica.

-Por supuesto… es más… -se dio la vuelta en la cama, tanteó debajo de la misma y sacó un paquete que dejó sobre el regazo de ella-. Podemos empezar ya mismo a planearlo juntos –le dijo.

Ann enarcó una ceja; Sirius sonrió, instándole a que lo abriera; las manos blancas de Annie se movieron con delicadeza y elegancia mientras desataban el nudo del lazo rojo; apartó el papel dorado y se llevó una mano a la boca para ahogar un gemido de exaltación.

Una pequeña esfera, un pequeño globo terráqueo apareció delante de ella. El mundo… Ann recordó algo y sonriendo, no pudo evitar que una lágrima rodase por su mejilla.

-¿Annie? –preguntó el chico mirándola y asustándose al ver que ella sonreía pese a que tenía los ojos brillantes por las lágrimas-. Cielo, ¿estás bien? Si no te gusta… sé que es una estupidez pero pensé que podíamos mirar los países que ambos queremos visitar y…

-No, no es eso… -sonrió cortando el discurso de Sirius-. Mi abuela me dijo una vez que sabría quien es el hombre perfecto cuando él me regalara el mundo y lo pusiera a mis pies… -sonrió con la voz rota por la risa-… Y tú acabas de…

Sirius sonrió alegre al comprender lo que ella quería decir y sin perder la sonrisa se sentó bien en la cama y atrajo a Ann hacia él con suavidad haciendo que la chica quedase sobre él, desnuda, cubiertos ambos por la sábana rojiza, el cabello de ella cayendo sobre su hombro hasta rozar su propio pecho provocándole cosquillas que le hicieron sentirse en el cielo, como siempre ocurría cuando estaba con ella.

-Quizá yo te haya dado el mundo, nena… pero tú eres mi mundo… -le declaró Sirius.

Ann frunció el ceño.

-Odio que me llames nena –le replicó.

-Lo sé, pero a mí me encanta llamarte así, nena… -repitió con relativa lentitud intencionada. Sus manos se apoderaron de la cintura de ella-. Así que… ¿qué vas a hacer para impedírmelo?

Ella sonrió divertida.

-Algo se me ocurrirá –aseguró.

-¿En serio? –preguntó él inclinando la cabeza para atrapar con sus labios parte del pecho de ella que se arqueó ante el contacto del chico-. ¿A qué hora tenemos que irnos? –preguntó juguetón.

Rodaron bajo las sábanas; a ella no le importó quedar bajo el cuerpo del muchacho que la miraba con adoración.

-A media mañana… -le contestó ella-… y apenas está amaneciendo…

-Bien… tenemos tiempo de sobras para que me demuestres… -su mano bajó desde la cintura de ella hasta la cadera recorriéndola con suavidad-…qué vas a hacer para impedírmelo…

Y ella sonrió. Y él la besó. Y el mundo quedó olvidado para los dos al otro lado de las cortinas.

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Era una gran habitación. Extraño. Estaba completamente iluminada. No dejaba de ser irónico… Iban a pasar a formar parte de las filas de quien se consideraba el mago oscuro más grande de todos los tiempos y estaban esperando ser llamados en una enorme sala iluminada.

Era su último día en Hogwarts, se suponía que deberían de estar aún en la cama, acurrucados, susurrándose palabras y riendo, recordando que sería la última vez que despertaran en Hogwarts… y sin embargo, estaban allí. Severus Snape les había ido a buscar con un traslador. Ni él ni ella sabían el lugar exacto donde estaban, tampoco les importaba demasiado.

La fila en la que aguardaban se movió un paso y él lo siguió sin soltar la mano de Emily que estaba detrás de él, con la mirada más fría, segura y calculadora que nunca. Suspiró.

-Matthew era mi hermano –le dijo Emily-. Yo tengo un motivo para estar aquí… tú…

-Tú eres mi motivo, Emi –le dijo mirándola fijamente mientras le tomaba la mano-. Deseé parecerme a los chicos, deseé tener novia y entonces… entonces te tuve a ti… -se encogió de hombros-. No voy a dejarte sola Emi. Pase lo que pase.

Emily le apretó la mano en señal de agradecimiento. No podía hacer más. Estaban siendo observados, lo sabían; miró a su alrededor y no le sorprendió reconocer en los rostros que le rodeaban a aquellos que habían sido, en su mayoría, Slytherins.

Peter tembló inconscientemente. Todo iba a cambiar. Para siempre. Todo. No podría volver a mirar a la cara a sus amigos del mismo modo en que lo había estado haciendo hasta el momento. No podría volver a dejar que ellos viesen su brazo. No podría volver a reír las bromas de Sirius con la misma alegría de siempre ni podría estar cerca de Remus odiándose a sí mismo y nunca más podría admirar la valentía de James deseando ser como él cuando ni siquiera podía atreverse a decirles quién era, por qué lo era y qué había ocurrido.

Un paso más.

Emily exhaló el aire mirando a su alrededor. A Ann le encantaría aquella habitación… tan luminosa, tan llena de vida… las chicas… ¿qué pensarían de ella? Quizá debió decirles lo que iba a hacer… No, ellas no lo hubieran entendido; hubieran intentado convencerla de lo contrario y ella no lo podía permitir… por algún motivo, por alguna razón, sentía que aquello era lo correcto. Como si una fuerza invisible la estuviera empujando para hacer lo que estaba a punto de hacer. Mortífaga. Iba a convertirse en mortífaga… No sabía cómo iba a volver a mirar a Lily y Annie a la cara cuando iba a estar del lado de aquellos que apoyaban su muerte por ser hijas de muggles… no sabía cómo iba a volver a mirar a Dani o incluso a Black cuando ellos dos habían renunciado a la magia negra por estar con sus amigos…

Un paso más adelante.

Peter se estremeció. Tenía miedo. Sería un estúpido si no lo admitiese. Sería un estúpido si no lo tuviese. Nada iba a volver a ser igual.

Mentiras. Sus vidas se llenarían de mentiras, de falsas premisas, de falsas sonrisas… nada sería real… Tendrían que fingir durante el resto de sus días odiar a quienes siempre habían querido y admirado, fingir durante el resto de sus días querer a quiénes odiaban, fingir durante el resto de sus días ser personas que no eran en verdad…

Un paso más hacia la oscuridad, un paso más lejos de la verdad.

Un paso más lejos de lo que habían sido toda su vida y un paso más cerca para convertirse en lo que siempre habían odiado.

Las grandes puertas forjadas en hierro negro aparecieron a la vista de ambos chicos. Temblaron de forma involuntaria. Aquella era la frontera entre lo que siempre habían creído y lo que siempre habían despreciado. La frontera que no podrían volver a atravesar. Una marca en su brazo. Aquello era todo. A aquello se reducía todo.

El bien. El mal. La oscuridad. La esperanza… Sólo eran palabras… pero el sentimiento de culpabilidad, de temor, de responsabilidad, de vergüenza, de odio hacia sí mismos… todo eso… todo eso era cierto… todo eso era real… Como real era la muerte de Matthew… Como real iban a ser todas las muertes causadas por sus propias varitas tarde o temprano… como irreal iban a ser sus vidas a partir del momento en que atravesaran aquellas puertas.

Un paso más. Peter estaba delante. La próxima vez que se abrieran sería para recibirle a él. En silencio. En el más oscuro silencio. Silencio… ¿cuántas cosas iban a tener que callarse desde aquel momento? Demasiadas seguramente.

Peter se giró para mirarla y sonrió. La luz que iluminaba la sala rodeaba a Emily como si un halo blanco la envolviera. Sus ojos estaban fríos y mostraban indiferencia y aún así, brillaban más que nunca.

Tenía miedo. Estaba asustado. No volvería a ver a sus amigos del mismo modo. No volvería a vivir su vida de la misma manera. Nada sería igual. Todo iba a cambiar. La oscuridad sería su nueva forma de existencia… Pero no importaba. Nada de aquello importaba. Iba a estar con ella, como ella lo iba a estar con él. La única persona que lo había amado sin réplicas ni condiciones, sólo por ser él. Había prometido no dejarla sola nunca y nunca la iba a dejar.

La amaba. Nadie podría dudarlo. Iba a abarcar la oscuridad por ella sin que ella lo hubiera pedido… no importaba nada… Nada más que él… nada iría mal mientras estuviese con él… nada debía ir mal…

Las puertas se abrieron. Una mirada de despedida a su vida pasada. Una sonrisa cómplice entre los dos, una caricia aterciopelada.

-¡Peter Pettigrew! –gritó alguien llamándolo desde la oscuridad.

Peter dio un paso, la mano que tenía entrelazada con Emily se desprendió con suavidad. Ella lo dejó ir unos segundos, sabiendo que pronto volvería a estar con él y que todo iba a ser diferente pero que entre ellos, todo sería siempre igual.

Un último paso… Un paso que lo acercaba a la oscuridad y lo alejaba de la luz.

El último paso que lo condenaba a la oscuridad para siempre, el último paso que lo separaba de todo aquello que había sido hasta el momento… La puerta se cerró tras él, y con ella, toda posibilidad de escapar de la boca de la serpiente donde él mismo se había metido.

-Peter Pettigrew… acércate… -susurró con una sonrisa malvada.

Peter respiró profundamente. Absolutamente nada volvería a ser como siempre.

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Albus Dumbledore suspiró cansado. Se acercaban tiempos difíciles y oscuros y ni siquiera él podía evitarlo… Sólo le quedaba una última carta escondida, una última carta que jugar… rezar a todo lo que conocía, a los magos, brujos, muggles y dioses… rezar a la naturaleza, rezar a los cuatro elementos y al mismo cosmos… rezar porque una esperanza naciera, sin saber si sus oraciones servirían para algo…

Porque el Destino está predestinado… porque el Destino lo puedes cambiar tú mismo… Porque la Esperanza es lo último que se pierde y porque sólo alguien con la capacidad de amar podría perdonar al mago oscuro más temible de la historia… Una nueva generación debía nacer… Voldemort debía morir y en una nueva generación debía nacer esa esperanza… y aunque tuviese que sacrificar a peones, y él mismo se encargaría de que esa esperanza naciera.

FIN: TRAVESURA REALIZADA

Sí, chicos… Este es el final.

Es el momento de despedirse… al menos por ahora, de estos personajes a los que les he cogido un cariño especial… ¿Sabéis? Están basados en personas reales… bueno, los merodeadores no, pero sí sus personalidades… y las chicas también… algunos son amigos incondicionales, de esos a los que puedes llamar de madrugada para desahogarte con ellos sabiendo que no vana colgarte el teléfono… otros son ahora conocidos pero en su momento fueron amigos también… Me da lástima decirles adiós pero como ya dije una vez… todo lo que empieza, debe terminar porque cuando un fic se inicia, desde la primera palabra, está condenado a tener un final y este, ya ha llegado la suyo, después de más de un año escribiéndolo.

Más de 1000 mensajes… apenas puedo creerlo… cuando empecé a escribirlo no me imaginaba que pudiera llegar a tener esta aceptación entre vosotros… pero la ha tenido…

Es curioso… En cuanto tenía un rato libre aprovechaba para escribir porque más que la necesidad de escribir que yo pudiera tener, tenía la sensación de que debía hacerlo por vosotros… y lo hacía por eso… Y os he de confesar algo… cuando se me estropeó el ordenador no pensé en las horas de trabajo perdidas, ni en los apuntes olvidados ni en los trabajos de clase no entregados… pensé en los fics, en los capítulos que había perdido y que os iba a tener que negar a vosotros… Otra cosa más por la que daros las gracias, por vuestra paciencia.

¿Cuántas cosas más tengo que agradeceros?

Gracias. Gracias por vuestros mensajes. Gracias por vuestra paciencia. Gracias por vuestro apoyo. Gracias por vuestros halagos. Gracias por vuestras críticas constructivas. Gracias por leerme. Gracias por ser fieles a mi historia. Sólo… Gracias por estar al otro lado de la pantalla.

Sin vosotros, este fic no había existido nunca.

Sí, amigos… Este mensaje es un mensaje de agradecimiento dedicado especialmente a todos vosotros que me habéis leído tantas veces… no importa si habéis dejado mensajes o no, habéis estado ahí y con eso, muchas veces, es más que suficiente… pero ahora que ya ha llegado a su fin… haced algo por mí… dejad un mensaje aunque sólo sea para decir "he estado aquí" o "te he leído"…

A veces las personas se sienten solas, a veces yo me siento sola… y cuando eso pasa y la inspiración se me va, me basta con mirar los reviews recibidos para animarme, recordándome que hay alguien al otro lado de la pantalla de un ordenador que está ahí…

Así que, ¿qué os cuesta? Y a mí me haríais muy feliz :D

Bueno, ahora sí. Chicos, chicas… es el final del fic. Espero veros en mis otras historias futuras y si no, en las ya pasadas… pero espero seguir viéndoos y leyéndoos porque en serio, habéis sido unos lectores fantásticos.

Gracias una vez más… ahora alzaré mi varita y pronunciaré esas dos palabras que cerrarán este mapa a un rincón imaginario…

Sed felices siempre y no os olvidéis nunca de sonreír…

Travesura… realizada…

FIN