Notas iniciales: Y aquí se termina esta historia. Desde ya millones de gracias a cada mensaje dejado, son esos que hacen que tenga ganas de ir a donde sea que estén, para abrazarlos personalmente.

Harry Potter le pertenece a Hermione Granger, Hermione le corresponde, es la mentalidad delusional y estoy feliz con ello.

Críticas constructivas me entero en el review, si envías estando registrado, te contesto con las opciones del site. Juro que no es mi intención tardar en actualizar o responder. Besos y abrazos a montones.

Este fict trata sobre el paso de dos personajes por los elementos que conforman un mundo y la consecuencia de esta travesía.


Los Cuatro Elementos

Capítulo 04: Aire


En el transcurso de aquellos minutos el crepitar de la chimenea fue el sonido que gobernó en aquel salón. La lluvia lentamente estaba cesando, apenas dejando escuchar el débil golpe contra el techo. Aparte de esto, el reino pertenecía al silencio total, entregándole a la situación un místico encanto.

Harry se pasó una mano por la frente, sintiendo pegajosa su piel a causa del sudor que lentamente se secaba mientras intentaba recuperar el ritmo normal de su respiración. Ni cuando jugaba Quidditch sudó tanto ni se agitó en demasía, mucho menos se hallaba tan feliz como se sentía ahora.

Por una extraña curiosidad Harry extendió una mano y la cerró en un puño, recordando la sensación de atrapar entre sus dedos una esquiva snitch, luego la abrió, sintiendo con mayor claridad, esa misma mano recorriendo un camino resbaladizo, empapado, caliente y tembloroso. Y más aún, cuando sus dedos le abrieron las puertas al templo de su cuerpo, permitiendo que él lo profanara.

Quiso reír por unos instantes, incrédulo de lo que había vivido. Con ganas de no despertar nunca de la fantasía.

Cuando invitó a Hermione a tumbarse en el pasto a ver las nubes, honestamente sólo imaginó, a lo mucho, tomarla de la mano. Con un poco de suerte quizá lograría darle un casto beso y (si aún ella le hablaba) posiblemente una cita para el día siguiente a ver una película muggle. Nunca imaginó que todo quedaría como terminó. No se lo había sospechado ni en sus más voladas fantasías con ella. Y precisamente no se estaba quejando.

Harry se lamió los labios, aún sintiendo en ellos el sabor de los labios y la piel de Hermione, y los latidos de su corazón se aceleraron nuevamente al recordarla aferrada a su cuerpo como si su vida dependiera de ello.

Respiró profundamente, tratando de tranquilizarse y no abalanzarse nuevamente sobre ella para repetir la experiencia, no era el momento para eso, no aún.

Harry intentó coordinar sus pensamientos, tratando de volver a su plan original de hablar con ella, de decírselo. La cuestión era de cómo llegar a ese punto saltándose el tomarla de la mano porque con sólo rozarla sentía que era capaz de dibujar figuras sin sentido en su piel y perderse en ella una y otra vez.

Él volvió a respirar con profundidad, sintiendo en esta ocasión un nudo estancarse en su garganta, pues por más que abrió la boca, tratando de sacar algo de voz, no logró emitir ni un sonido.

Le faltaba la respiración.

¿Qué se supone debía decirle ahora? «Hermione, fue una excelente sesión apasionada y quiero repetirla por el resto de mi vida contigo ¿Aceptas?» No. ¡Patético y poco romántico! ¿Cuáles eran las palabras que había planeado decirle? ¿Cómo comenzaba? «Hermione, ¿Sabes? Desde hace tiempo que estoy pensando en que siento algo por ti y que no había podido descifrar bien» ¡Argh! Eso se supone que era antes de lo que habían hecho. Bien hecho, Potter, por controlar tus hormonas.

Harry se contestó en su mente, con las razones válidas que su cuerpo le dictaba. ¿Quién se iba a resistir con esa forma de besar? ¿Habrá sido la lluvia golpeándolos? ¿El tenerla sobre sí mismo? ¿La respiración de ella chocando contra él?

Por toda la magia del mundo ¡¡Qué ganas tenía de volver a besarla!!

Se reprendió mentalmente, pues se supone que estaba tratando de encaminar la situación para una plática pero las palabras parecían huirle como nunca antes en la vida.

Nervioso, se pasó la mano por el rostro, descubriéndose aún sudoroso y con la piel ardiendo aún. Se sentía sofocado y un poco de aire no le vendría mal en su situación, pues si seguía así sin duda alguna se asfixiaría.

– H... e... r... m... i... o... n... e... – musitó tan débilmente que por un instante no sabía si algo de voz había resonado en el silencio de la mansión.

Si en verdad logró decir algo o fue su masculino rostro vuelto hacia ella, lo que fuera, Hermione inspiró una profunda cantidad de aire y tardó más en soltarla antes de volverse hacia él.

Ambos lograron sonreír entre el nerviosismo y la incredulidad al verse mutuamente empapados del sudor del otro y con la agitación haciéndoles latir el corazón más rápido que lo normal.

Una mano fina encontró a la de Harry, quien automáticamente la envolvió entre sus dedos, acariciando la palma y el dorso de ella sin distinción alguna.

En menos tiempo, sus labios se encontraron con los de ella, redescubriendo, reconquistando, volviéndose adicto a su suavidad, entendiendo a la perfección la frase de «Matar por un beso», por uno de Hermione, Harry lo sentía plenamente, con ella «siempre» es una palabra que refleja poco tiempo, y «todo» es nada en relación a lo que desea darle.

Harry estaba siendo plenamente consciente que con Hermione nada es suficiente. Él lo ha sabido desde lo profundo de su ser, desde hace tanto tiempo que no sabe qué era la vida.

Pero de ahí, a sentirlo de forma física, era como estar bebiendo una enorme fuente de conocimiento: tantas emociones, tantos suspiros, tanta agitación provocada por ella. Definitivamente con Hermione no existe lo suficiente.

Las palabras se formaban en su mente, buscando coordinarse entre sí para sentirse liberada de la prisión de sus labios, sin embargo no conseguía soltarlas porque su boca se deslizaba deliciosamente lenta por la piel temblorosa de la joven, sintiéndola a la vez salada y dulce.

Las manos de Harry recorrían el cuerpo de Hermione, como si estuviesen despojándola de la ropa, como si ella no estuviese desnuda, su cuerpo reflejando la luz de las llamas de la chimenea.

Dos palabras batallaban por salir de los labios de Harry, casi sentía ahogarse y al mismo tiempo no podía encontrar otro instante en que fue tan feliz. No, sí lo sabía, fueron instantes anteriores.

El cuerpo de ella se arqueó contra el de él, en una clara búsqueda de una cercanía más profunda, los pezones erectos de la castaña rozaron con el pecho del de cabello oscuro, las manos de Harry se deslizaron por las piernas de ella, encantándose nuevamente por la suavidad de su piel.

Hermione abrió los ojos, sintiendo la mirada verde de su amante sobre ella, y sonrió, deslizando una mano sobre el hombro de Harry, recorriendo su cuello hasta posarse en su mejilla. Harry volvió el rostro para besarle la palma y los dedos, Hermione aprovechó la cercanía para delinearle los labios.

Ella casi no podía creerlo, el momento es real, Harry Potter, con virtudes y defectos, está con ella, poseyéndola tanto física como emocionalmente, entregándose a ella de una manera que nadie más comprendería ni aceptaría.

Encajaban tan perfectamente que no parecía de este mundo.

El tiempo pareció detenerse cuando los labios de Harry se abrieron, Hermione inspiró una fuerte cantidad de aire, conteniéndola dentro de sí misma.

– Te amo – dijo Harry, sin más vueltas ni pretextos ni justificaciones del por qué, cuándo o dónde.

Hermione asintió, soltando el aire que había estado conteniendo y ampliando más su sonrisa. Alzó un poco el rostro para besar los párpados de Harry, sintiendo cómo los labios de él se posaban en la piel de ella.

La joven deslizó sus labios hasta la frente de Harry, pasando por su cicatriz, bajando hasta su oreja, y mordisqueándola antes de susurrarle «Yo también te amo»

En un movimiento más, Hermione permitió que Harry formase parte de su cuerpo otra vez, el roce de sus pieles casi parecía escucharse por estar concentrados en el otro, en las sensaciones placenteras que provocaban.

Sintiéndose como si regresara a casa luego de un largo y extenuante viaje, Harry se dejó envolver por el interior de ella, cálido, húmedo, resbaladizo, seguro, palpitante, firme, tal como se encontraba él mismo, y extrañamente sabiendo que Hermione sentía de igual manera, no más, no menos.

Harry descubrió que el pulso de Hermione latía en el cuello, y no pudo evitar caer en la irresistible tentación de besarlo, saborearlo, sentirlo. La joven le dio total acceso a su cuerpo, y él la complació en todo cuanto iba descubriendo de ella.

Ambos sentía el acelerado latir del otro, sus cuerpos no dejaban cabida para el aire, y el desfogue que necesitaban, lo expresaban con sus manos, movimientos de cadera, con sus almas comunicándose, y en palabras que debieron decirse hace tiempo atrás, pero que no lamentaban ante la silenciosa promesa de un futuro juntos.

Repitieron una y mil veces sus sentimientos, conforme sus cuerpos se reencontraban y se fundían en una danza que ha existido desde el inicio de la humanidad, pero que pocos pueden proclamar igual de mística.

Las manos se Harry se posaron en las caderas de Hermione, haciendo más intenso el fuego que recorrían sus venas, las uñas de ella se clavaron en la piel de los brazos de él mientras sus piernas lo envolvían. El sudor de sus pieles y la intensidad del momento provocaban torbellinos de aire caliente que los envolvía, transportándolos a un mundo de sensaciones inexplicables con palabras.

La conexión que mantenían visualmente se rompió cuando Hermione cerró fuertemente los ojos, sus piernas aferrándose más a él, manteniéndolo prisionero dentro de ella, sus labios temblorosos dejaron en libertad un ronco grito de excitación, mientras todo su cuerpo se tensaba. Con la liberación de ella, Harry sintió que su propio clímax llegaba a la par, buscando para ello sus labios y mordisqueándolo levemente, llamándola una y otra vez.

Las respiraciones de los dos jóvenes, profundas y jadeantes, se sincronizaban, mientras la felicidad seguía emanando de ellos. Pudieron transcurrir minutos, horas o siglos, ellos no lo habrían notado.

De a poco, Harry le dio espacio a Hermione para que el aire circulara entre los dos y refrescara sus sudorosos cuerpos. Hermione recostó su barbilla en el pecho de Harry, observando cómo tomaba la mano de ella y la posaba sobre sus labios.

–Si sigues... no vamos a detenernos – susurró ella, mordisqueándose el labio inferior ante la idea.

Harry se perdió unos instantes al verse reflejado en los ojos de ella, visualizándose tal como es, sin adiciones innecesarias.

–Sabes que es precisamente lo que planeo.

Hermione rió, mientras afirmaba sus desnudos senos en el cuerpo de Harry.

–Tenemos que recuperar el tiempo perdido.

Harry sonrió, aferrando sus dedos entre los de ella. Aún fascinado por cómo su fortaleza, complemento, su pasión, su liberación estaba entre sus brazos, demostrándole que la felicidad se consigue a base de esfuerzo continuo y confianza mutua.

–Me has leído el pensamiento.

El «otra vez» estaba de más.

Todo lo demás alrededor de ellos sobraba.

Fin del proyecto


Estaba en la tienda de campaña, tendido sobre una de las literas inferiores bajo un montón de mantas. Supo que estaba amaneciendo por la quietud y la calidad fresca y uniforme más allá del techo de lona.

Harry estaba empapado en sudor, podía sentirlo en las sábanas y mantas.

– Escapamos.

–Sí – dijo Hermione. –Tuve que usar un Encantamiento Levitatorio para meterte en la litera, no te podía levantar. Has estado… Bueno, no has estado muy...

Había sombras púrpuras bajo sus ojos color café y Harry advirtió una pequeña esponja en la mano de ella. Hermione le había estado enjuagando el rostro.

Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte. Capítulo 17: El secreto de Bathilda

Leyendo entre líneas... es demasiado grande para ocultarlo.