DOLOR

Un grito ahogado le despertó. Era de madrugada, faltaban pocas horas para el alba, medio dormido miró el reloj, que con números intermitentes marcaba las cuatro y media de la mañana. Entonces se dio cuenta de lo que pasaba y salió de su habitación corriendo. Su madre lloraba encima la cama con una mano marcada en la mejilla, y con la bata mal puesta. Había luz en el baño.

-¿Mamá estas bien? -le dijo preocupado por ella.

-Cariño, vuelve a dormir, estoy bien.

-¿Te ha vuelto a pegar?

-¡NO! Sí, pero él no quería hacerlo. Él...¿Hijo dónde vas? -gritó la mujer al ver que su hijo se encaminaba con paso seguro hacia el baño.

-¡Sal de ahí mal nacido! -gritó a la puerta. Ésta se abrió casi inmediatamente dejando ver un hombre de complexión grande y con cara de pocos amigos.

-Sara, dile a tu hijo que se calle y se vaya a dormir, si no quieres que acabemos mal -dijo el hombre saliendo del baño sin hacer el menor caso al joven.

-Cariño vuelve a tu cuarto.

-¡NO mamá!. ¡Él prometió no volver a pegarte! Lo pagarás hijo de... -pero no pudo decir nada porque el hombre ya se había girado y le había golpeado.

-¡Tsukihiro!

-Calla Sara o tú también recibirás. Él se lo ha buscado.

-Noo...- dijo con un hilo de voz la mujer.

-Levántate crío -gritó Tsukihiro.

-¿Como te atreves? -Dijo levantándose e intentando golpearle. Pero la barriga todavía le dolía. Y falló.

-¿Con que éstas tenemos eh muchacho? -Dijo el corpulento hombre dándole otro puñetazo, esta vez, de lleno en la cara.

-¡hhhhhhhh!

-Mujer, como te vuelva a oír le mato aquí mismo.

-¡NO! Por favor Tsukihiro... -La voz de Sara se perdió y quedó callada sin decir nada más.

El joven recibió durante un buen rato, hasta quedar inconsciente, y todo a su alrededor se volvió oscuridad.


·

Despertó a media mañana. Estaba en su cama, y le dolía todo el cuerpo. A bajo se oían pasos. Su madre. Entonces recordó la escena de la noche anterior. Se asomó a la ventana. El coche de su padrastro no estaba. Se dio prisa en poner en una maleta y su bolsa de deporte todo lo que creía imprescindible y todo aquello de lo que no quería separarse, y bajo las escaleras.

-¡Mamá!

-Cariño. ¿Ya te has despertado?. ¿Como te encuentras?

-Decidido mamá. Recoge tus cosas y vayámonos antes que él vuelva.

-¿Pero que dices hijo?

-Que tenemos que irnos.

-No podemos -exclamó la mujer.

-Claro que sí mamá. Será duro, pero sería peor quedarse. Anda ve a recoger tus cosas.

-Yo no puedo irme.

-Claro que sí mamá. Ya sé que le tienes miedo, pero eso va a cambiar, encontraremos otro lugar donde vivir, ya lo verás...

-¿Y de qué viviríamos amor, del aire?

-Tú puedes volver a trabajar y yo, yo puedo encontrar un trabajo. Eso es lo de menos ahora.

-Hijo, estoy convencida que crees que esto no está bien. Pero yo debo quedarme.

-¿Por qué mamá? -No entendía porque su madre no superaba su temor a ese hombre.

-Por amor.

-¡.¿Qué?.!

-Ya sé que tú no lo entiendes, hijo, pero sé que a su manera él me ama, y yo le necesito.

-¿Por eso te pega cada semana?

-Hacía mucho que no ocurría y ayer fue culpa mía. Yo me lo busqué.

-Tú no mereces que te pegue mamá. ¿Es que no lo ves?

-Hijo, no puedo irme. Deshaz las maletas anda, y vuelve a la cama que debes estar cansado. Hoy no es necesario que vayas a la escuela. Ya que es el último día.

-Mamá -con lágrimas en los ojos intentó serenarse antes de volver a hablar-. Ese hombre no te ama. De lo contrario no te pegaría. Escúchame, tenemos que irnos, o un día de estos te matará a ti, o a mí. Ya le oíste anoche.

-Pero anoche no sabía lo que se decía, en realidad no..., le necesito.

-Mamá...

-¡No! ya basta.

-Pero mamá, no ves que yo no puedo seguir así. Cada noche temiendo que te vuelva a pegar. Y cuando intento evitarlo solo consigo que me pegue más a mí y después a ti.

-¡Pues no te metas más hijo!

-¿Como quieres que...? mamá por favor. Yo te quiero. ¿No te das cuenta?

-Claro que sí amor, también yo te quiero, más de lo que crees, pero también le necesito a él.

-Le odio, le odio con todas mis fuerzas. No pienso quedarme en esta casa con él un minuto más. ¡No puedo mamá!. ¿No lo ves?

-¿Y que harás?. ¿Irte?. Muy bien hijo, ya eres mayor para tomar esa decisión, pero no me pidas que me vaya contigo. NO voy a dejarle y menos ahora.

-¿Que quieres decir con ahora?- dijo pasado un tiempo de las duras palabras de su madre.

-Hijo, estoy embarazada.

-¿Embarazada?. ¿De ese puerco?. ¡Tendrás un hijo suyo!. ¿Traerás al mundo a un monstruo como él?.- pero no pudo acabar la frase porque una cachetada le giró la cara.

De repente en esa pequeña cocina se hizo el silencio. Las lágrimas que pugnaban por salir hacía rato inundaron los ojos de Sara y los de su hijo.

-...

-Muy bien mamá. Si es lo que quieres, quédate. Pero yo me marcho.

-Hijo...

Pero él ya había salido de la casa con la maleta y la bolsa de deporte. Salió casi corriendo de esa casa, dónde de pequeño había sido tan feliz pero que de un tiempo para acá se había convertido en un infierno. Echaba tanto de menos a su padre. Y se sentía tan culpable de su muerte que su corazón se estrujaba casi ahogándolo. Luego su madre se casó con ese horrible hombre. Ese hombre le odiaba sin motivo, y se divertía usándolos a él y a su madre de sacos de boxeo. ¿Como podía su madre decir que ése hombre la amaba?. ¿No se daba cuenta que la estaba matando poco a poco?

Con una mano en la mejilla se derrumbo en medio de ese parque, quería llorar, su alma se había roto en mil pedazos con esa cachetada. Todo lo que dos años de golpes no habían conseguido lo había hecho ella en unos pocos segundos. Pero ni una lágrima acudía a el.

-Mamá...


Grissina: bueno espero que me perdonéis por tratarle tan mal, pero la vida es así.

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