Capitulo 15: Reagrupándose.

Él la observó empeorar durante la semana siguiente. Había empezado a usar un encantamiento de glamour, porque ya no era capaz de esconder completamente los efectos de sus actividades nocturnas. Un cuerpo necesitaba tiempo para sanar, y los suyos no eran los poderes médicos de una Madame Pomfrey. O de un Severus Snape.

Hacía tiempo que él había aprendido a ver a través de esos encantamientos, por lo que podía observarla deteriorarse. El largo pelo, que antes era liso y brillante, se había transformado en una masa deslucida y espesa, los círculos bajo sus ojos eran tan negros que parecían profundos tuneles. Sus labios estaban resecos y resquebrajados. Contusiones a medio sanar llenaban su cara y manos.

Sus amigos no parecían notar el cambio, pero juzgando por su comportamiento, Severus dudaba mucho que se consideraran sus amigos en ese momento. Ambos habían escogido asientos tan lejos de ella como era posible, y se la pasaban lanzándole miradas acusadoras.

Ella tan sólo los ignoraba, jugando con su comida con la cabeza gacha y los gestos de una anciana. Examinándola de lejos, Severus se dio cuenta de que sus cálculos habían estado errados. O más bien habían sido demasiado generosos. Dos o tres semanas, no creía que le quedara más que eso.

Después, el agotamiento o la desesperación causarían que cometiera un error fatal. Los errores siempre eran fatales alrededor del Señor Oscuro. Severus sintió tristeza bullendo en su interior, una fúnebre pesadumbre, como si ya se estuviera despidiendo de ella.

Pero luego se dio cuenta de cuan inapropiado debía verse, mirando fijamente desde la mesa de los profesores a la chica de Gryffindor.

Fue más tarde ese mismo día, durante su clase de Pociones, que Hermione se quedó dormida. Severus la había estado mirando de reojo, observándola desde el momento en que había entrado al salón. Sus "amigos" estaban haciendo lo mejor que podían por ignorarla, y Draco estaba sentado en la mitad delantera de la clase, junto con los otros Slytherins, por lo que no tenía posibilidad de mirarla sin que todos lo notaran. Severus estaba bastante agradecido de que Draco aun tuiviese suficiente autocontrol para no volverse y mirarla, en todo caso, con lo Gryffindor que se había vuelto en estos días.

En consecuencia, Severus fue el único que notó cuando los ojos de Hermione se cerraron y su cabeza lentamente cayó sobre su pecho. Snape quedó helado de la sorpresa, pero se las arregló para esconderlo inmediatamente bajo un fiero fruncimiento de ceño.

¿Qué hacer? No podía dejarla dormir tranquila, dado que él era considerado con el poder de verlo todo y saberlo todo, y no iba a arriesgar su reputación por esta niña. ¿Pero gritarle?. ¿Hacer que toda la clase se diera cuenta de su estado? Muy mala idea.

Pasando al lado de Longbottom y su poción inevitablemente arruinada, Severus de pronto tuvo una idea. Mirando críticamente dentro del caldero, extrajo una par de hojas de uno de los bolsillos secretos de su túnica y los dejó caer en la poción verde.

"¡Señor Logbottom! Este no es ni remotamente el color correcto, aunque su falta de desarrollo parece reflejar bastante adecuadamente su actividad cerebral. ¡Por favor digame porqué en siete años no se las ha arreglado para - ¡por lo menos una vez! – preparar una poción correctamente!"

Como Severus había esperado, su voz enojada no despertó a la señorita Granger de su exhausto sueño. La explosión que tuvo lugar sólo medio minuto después, sin embargo, fue suficiente. Severus la despidió con el resto de la clase, siendo Neville la única excepción, quien – una vez más – tuvo que quedarse a limpiar el piso y deshacerse del caldero explotado. El chico era mucho más competente en esta parte de su clase de pociones que en el resto, sin embargo.

La imagen de Hermione Granger, durmiendose sobre su libro de pociones, se quedó con Severus aun después de que ella hubo salido del salón. Permaneció con él durante las tres lecciones siguientes del día, y cuando las clases terminaron, su intranquilo andar por los pasillos lo llevó cerca de la puerta secreta, como había ocurrido frecuentemente durante las ultimas semanas.

Severus la escuchó cuando estaba aun a tres vueltas de él, y frunció el ceño ante su descuido. Ocultándose dentro de un salón vacío cerca de la entrada al pasaje, observó su llegada. Hermione revisó los cuartos, pero tan descuidadamente que no lo habría visto aun si no hubiese usado un encantamiento ocultador tan fuerte, y eso si que aumentó su preocupación.

Que ella lo hubiera dejado verla y oírla, sin siquiera notar que estaba ahí…

"Sácala de tu mente inmediatamente!", se ordenó severamente, dio la vuelta y se fue a su recámara, Ella no es tu responsabilidad. Búscate algo de trabajo ¡maldito seas!

Pero la tranquilidad, tan absolutamente necesaria para el complicado arte de preparar pociones, lo eludiría esta noche. Severus podía reconocer una causa perdida después de muchos años de esfuerzos fallidos, y esta tarde era una de ellas.

En vez de ello, limpió su laboratorio a fondo, paseándose por sus cuartos y moviendo un objeto, tocando otro, todo para distraerse del nerviosismo que sentía. Finalmente, luego de que la ridiculez de su propio comportamiento ya no podía ser ignorada, se dispuso a leer. Algo ligero, algo para mejorar su humor.

Whitman, entonces. Escogió un sillón cerca de las enormes ventanas y abrió el pequeño volumen. El patriotismo de Whitman y su necio romanticismo siempre lo alegraban. Hojeó los libros, leyendo un pasaje aquí y allá, hasta que sus ojos encontraron uno de los poemas más famosos que Whitman jamás había escrito. Uno de los más patéticos, en lo que a Severus concernía.

¡Oh Capitán, mi Capitán!
terminó nuestro espantoso viaje,
el navío ha salvado todos los escollos,
hemos ganado el premio codiciado
ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas
ya el pueblo acude gozoso,
los ojos siguen la firme quilla
del navío resuelto y audaz;
mas ¡Oh corazón, corazón, corazón !
¡Oh, las rojas gotas sangrantes !
Ved mi capitán en la cubierta
yace frío y muerto.

¡Oh corazón efectivamente! Severus siempre había odiado ese poema, y ahora recordaba porqué. ¡La insolencia! Él sabía perfectamente que Whitman lo había escrito poco tiempo después del asesinato de Lincoln, y que había querido ser un homenaje al caído estadista. ¿Pero quién había oído de un capitán sacrificándose por su tripulación?

No había sido Lincoln quien había ganado la guerra por si solo. Había sido ganada en la retaguardia por miles de hombres, niños y mujeres. Miles de soldados, esclavos y espías. Pero a ellos nadie los veía.

Nadie veía las caras ocultas y las espaldas torcidas de aquellos que trabajaban para la Orden tampoco; todos los ojos estaban concentrados en las dos brillantes figuras al frente: Albus Dumbledore y Harry Potter. Si ellos ganaban, o más bien, sobrevivían exitosamente lo suficiente para que el señor Potter recordara sus responsabilidades, a ellos dos iban a mirar las masas.

Si Whitman hubiera sido seleccionado para una Casa, pensó Severus burlonamente, hubiera quedado de seguro en Gryffindor.

Pero aun así, algo lo hizo seguir leyendo, tal vez sólo el miedo de demasiado tiempo en sus manos y nada que hacer.

¡Oh Capitán, mi Capitán!
levántate y escucha las campanas;
levántate, para ti flamea la bandera,
para ti suena el clarín,
para ti los ramilletes y guirnaldas engalanadas,
para ti la multitud se agolpa en la playa;
a ti te llama la masa móvil del pueblo;
a ti vuelven sus rostros anhelantes;
¡ Ea Capitán!
¡Padre querido!
¡Que tu cabeza descanse en mi brazo!
Esto es un sueño: En la cubierta yace frío y muerto.

Severus sintió rabia bullendo dentro de él. Por un momento se preguntó por qué este poema podía conmoverlo tanto, cuando simplemente lo había dejado a un lado todas las otras veces. Pero la rabia rápidamente reemplazó estos pensamientos.

Ahí estaban de nuevo, todas esas buenas personas con sus vidas cubiertas de azúcar, luchando una guerra y dejándola ser ganada por otros. Después mirarían a las victimas que habían hecho lo necesario, hombres y mujeres valerosos a quienes les habían importado menos sus vidas que las de otros, y actuarían un impresionado "Ups – ese no fui yo ¿verdad?. ¡Que tragedia! Pero su sacrificio jamás será olvidado."

Trompetas y tambores, cintas y vitores. ¡Un fraude!

¡Todos olvidaban a los espías! La señorita Granger luchaba día y noche en silencio; había renunciado a todo lo que había significado algo para ella, y sus amigos ni siquiera se daban cuenta de que había cambiado. Probablemente culpaban por ello a los exámenes. ¡Sería todo para el noble sacrificio!

Mi Capitán no responde
sus labios están pálidos e inmóviles
mi padre no siente mi brazo,
no tiene pulso ni voluntad,
el navío ha anclado sano y salvo;
su viaje, acabado y concluido
de horrible viaje el navío victorioso
llega con su trofeo,
¡Exultad, oh playas, y sonad, oh campanas!
mas yo con pasos fúnebres recorro la cubierta
dónde mi Capitán yace frío y muerto.

Severus jamás lo admitiría a nadie, pero el poema lo había atrapado. Una imagen se formó en su mente, la de una inmensa nave, desgastada y despedazada, sin nadie a bordo más que dos figuras solitarias, una yaciendo inmóvil en la cubierta, la otra de pie junto a ella, con la cabeza gacha.

Vio a las multitudes vitoreantes rodeando al barco, pero le daban la espalda, y sus ovaciones no iban dirigidas a esas dos figuras. Ni siquiera las veían. Probablemente estaban aclamando a algún Harry Potter de las Guerras Civiles.

Y Severus se acercó. De algún modo, no le sorprendió encontrar que la cara de la figura en el suelo no era masculina. Era joven, demasiado joven para sus líneas de pesadumbre y la amarga curva de su boca. La cara de la señorita Granger. Fría y muerta.

Severus podía imaginar su funeral. Un día no regresaría, y tras una espera razonable, Albus informaría a la escuela que la chica había sido capturada por Mortífagos. Tal vez nunca encontrarían el cuerpo. Tal vez desearían nunca haberlo encontrado, porque Severus sabía como trataban a los traidores.

Y luego, tras un mes o dos, la sepultarían. Y Albus no le diría a nadie. Desearía evitarles el dolor a Potter y a Weasley, y a toda la escuela. Así que ella sería enterrada y recordada como Hermione Granger, la inteligente amiga del Niño Que Vivió, Gryffindor sabelotodo y una victima inocente más de la guerra.

Sería sepultada sin que nadie jamás supiera en quién realmente se había convertido, ni lo que había sacrificado para mantener a salvo a aquellos que amaba. Y Harry crecería, entraría en cordura por la muerte de su segunda mejor amiga, derrotaría al Señor Oscuro, y todo el mundo sería feliz. Sólo Hermione ya no podría serlo. Y nadie jamás iba a recordarla.

Pero Severus llevaría su luto. Él sabía lo que ella había hecho, lo que había tratado de lograr. Él jamás olvidaría su valentía, su sagacidad y su brillantez. Él…

Severus levantó la mirada de su libro; sus ojos se encontraron con su propia cara sobresaltada reflejada en los vidrios de la ventana.

Por todos los demonios. Minerva tenía razón. A él realmente le importaba Hermione.

Severus maldijo, saltó de su silla, y tan sólo su respeto absoluto por los libros lo detuvo de lanzar el pobre Whitman a la otra esquina del cuarto. ¡Eso era lo que pasaba cuando uno se metía con americanos!

Pero ya el shock del descubrimiento se desvanecía y su cerebro entraba en acción. Severus sabía lo que tenía que hacer ahora, finalmente. Y tras un momento de pensamientos silbantes y tranquila claridad, supo como hacerlo, además.

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Otra noche, otra revuelta con los Mortífagos.

En silencio, Hermione siguió a los Mortífagos que la escoltaron al Círculo de Aparición. El Señor Oscuro había sido piadoso esta noche, si uno podía imaginarlo abrigando tal sentimiento.

Había exigido resultados, nuevamente, y su furia por la inhabilidad de Hermione de deshacerse del traidor Snape había aumentado. Pero tal vez hasta él había notado el estado en que se encontraba la chica, o Lucius lo había indicado en una de sus conversaciones privadas, porque se había abstenido de lastimarla mucho.

Hermione estaba sorprendida por su moderado comportamiento. Por supuesto que no se escapó de una buena paliza, el Circulo Interno se había encargado de eso, pero ya no podía tomarse eso en serio. Ya conocía la diferencia entre una paliza y dolor de verdad.

Mientras se aparecía de vuelta al borde del Bosque Prohibido, ya había empezado a meditar acerca del otro problema, más significativo, que se le había presentado esta noche. ¿Cómo fingir éxito en lo concerniente a su querido Maestro de Pociones, alias Snape el traidor? No podía esperar su cooperación, y algún tipo de resultado visible era lo mínimo que tendría que presentar en las semanas siguientes.

Lentamente, cojeó de vuelta al castillo mientras consideraba sus posibilidades. ¿Quizás de verdad podría poner algo un su vaso?. ¿Un veneno suave, algo que lo mantuviera bastante infeliz por unos días? Se lo merecía, después de todo…

La sombra de su antigua sonrisa traviesa se asomó por un momento, cuando súbitamente su subconsciente le gritó una advertencia. Se giró rápidamente, su túnica ondeando a su alrededor como una criatura de la oscuridad, y atrapó a la figura oscura a su izquierda entre el tronco de un árbol y su varita, apuntando directamente a su garganta.

"¿Quién eres?", su fría voz, carente de toda emoción, atravesó el silencio, "¡Si haces un solo movimiento, estarás muerto antes de que lo termines!"

"Admirable precisión, señorita Granger", una sedosa voz respondió a su amenaza y sus ojos crecieron de incredulidad, "No es, sin embargo, aconsejable que continúe su maniobra. Honestamente no sé cuántos puntos perderá por asesinar a un profesor."

"¿Qué diablos cree que está haciendo, apareciéndose así", silbó Hermione, tan furiosa y aliviada al mismo tiempo que sentía ganas de colapsar al suelo. Reluctantemente, bajó su varita, pero la mantuvo lista en su mano.

Una luz creció en la punta de la varita de su Profesor, y Hermione finalmente pudo ver la cara de Snape. Lo cual significaba que él también podía ver la suya, con su nuevo ojo amoratado y todo. Demonios, como si importara ya mantener las apariencias con él.

"La he estado esperando, señorita Granger", contestó él tranquilamente.

Hermione dio un resoplido, "Eso es obvio, Profesor. ¿Hay alguna razón en particular sobre la cual le gustaría explayarse o ya puedo entrar?"

"Le pediría modales, pero sé porqué la han abandonado", contestó él. Para la sorpresa de Hermione, las palabras carecían de la calidad punzante a la que se había acostumbrado.

"No es exactamente fácil de decir…. Pero he venido a disculparme. Y a hacer una proposición."

Hermione se quedó mirándolo, sin creerle, pero su cara estaba oculta por las sombras. No había sonado como una broma. Pero debía serlo, de seguro. ¿Él no… se disculparía?

"Bien", dijo ella secamente, "Eso lo arregla. O bien usted es una alucinación o yo he perdido la cabeza más pronto de lo que pensaba. En cualquiera de los dos casos, debería ir a buscar una cama en la cual morir."

"Me siento halagado de que no haya mencionado la posibilidad de una pesadilla", su voz tan seca como la de ella, "Pero hablaba en serio, señorita Granger. Y le pediría que al menos me escuchara, aunque sé que no tengo derecho a exigírselo."

Hermione ponderó esto. Por una parte, ella no tenía el más mínimo deseo de permanecer parada aquí, en el frío, con toda su espalda doliendo, y escucharlo probablemente una vez más explicar porqué no debía regresar a Voldemort.

Por otra parte… él se lo había pedido, no exigido. Y educadamente además.

"Cinco minutos", dijo la chica finalmente, enojada consigo misma, "Y si no me gusta lo que escuche, me iré aun antes."

"Justo y razonable", aceptó él. Preparándose para lo que tendría que hacer ahora, Severus dijo: "Nuestra última reunión no terminó exactamente… armoniosa."

Hermione sólo resopló en vez de responder.

"Me he disculpado sinceramente por lo que hice. Sé, sin embargo, que fue imperdonable en muchos sentidos. Pero espero que usted haya entendido que mi comportamiento subsiguiente no provino de mi naturaleza hostigadora sino que del profundo deseo de protegerla de mayores sufrimientos. Saber lo que usted hace y lo que… se siente me llevó a la creencia de que debía ser detenida, y que yo era quien debía detenerla. Cuando el Director ignoró mis peticiones para su seguridad, sin embargo, decidí que yo no sería parte en la destrucción de una niña inocente."

Otro resoplido, esta vez enojado, y Severus vio que Hermione se estaba dando la vuelta para irse.

"Finalmente me he dado cuenta de que esta decisión, y mis creencias, estaban erradas. Usted no es una niña inocente ni necesita protección, al menos no de la forma que yo quería dársela. No es una niña inocente sino una mujer con el potencial de convertirse en un espía maestro. Usted no necesita a alguien que la salve, sino que a alguien que la apoye y le cuide las espaldas. Eso es lo que le ofrezco hacer."

Sus palabras fueron seguidas de silencio. Obviamente, Hermione se había olvidado de que los cinco minutos ya habían pasado. Parecía totalmente perpleja. Confundida.

"¿Le estoy entendiendo bien?", preguntó finalmente, el escepticismo fuerte en su voz, "¿Me está ofreciendo una asociación?. ¿Conmigo espiando y usted sentado en casa esperando para armarme de nuevo?

"Una asociación entre dos iguales. Dos espías", asintió él, "Yo puedo estar fuera de servicio, gracias a usted", dijo con ligereza, pero ella aun podía notar en su voz que estaba dolido, "Pero sé más sobre este trabajo que todos los demás en la Orden. Y usted necesita a alguien de su lado."

La idea de Snape a su lado y apoyándola en su lucha por el lado bueno la hubiera hecho reír histéricamente, de no ser por la profunda seriedad que cargaba su voz, y el cansancio y dolor que la invadían.

Alguna parte de ella se daba cuenta de que él tenía razón. Ella no podía hacerlo sola. Lo había sabido semanas atrás durante la detoxificación, y lo sabía ahora. ¿Podía costear rechazar la ayuda que se le ofrecía?

Pero era Snape quien la ofrecía. Snape, quien la había traicionado. Quien había peleado con ella, la había criticado y se había burlado de ella tantas veces que no podía contarlas. Snape, quien la había herido más que lo que cualquier Mortífago habría podido. ¿Ofreciéndole ayuda?

"¿Por qué está haciendo esto?", preguntó Hermione, y la desconfianza era evidente en su voz.

Snape vaciló. Revelar sus razones era contrario a su naturaleza. Él nunca le daba a nadie más información que la que necesitaban para actuar de acuerdo a sus planes. ¡Deseaba que simplemente le pudiera ordenar aceptar! Ella era una estudiante, después de todo.

Pero no, no lo era. Ella estaba en un nivel completamente diferente. Independiente, con un orgullo y una… voluntad propia que defendía fieramente. Si quería trabajar con ella, tendría que tratarla como si fuera él. Él nunca había obedecido muy bien órdenes, y ella tampoco lo haría.

Ella no aceptaría sin esto. Y era vital que aceptara. Por ella misma, y por la guerra.

"Porque recuerdo como se sentía ir allí, cada noche, sin nadie a quien le importara si volvía vivo", respondió tras un momento, y aunque había planeado esta respuesta como la mejor estrategia para ganar la confianza de Hermione, se dio cuenta con sorpresa de que era la verdad, "Porque finalmente entendí que no era mi trabajo hacer su vida aun más difícil o luchar contra usted en el camino. Que yo, al contrario, puedo ayudarla con la carga que lleva. Y he venido a decirle que – si esta dispuesta a hacerlo, eso es – puede contar con mi ayuda."

Lentamente, Severus movió la punta de su varita hacia su cara, de manera que sus rasgos fuesen tocados por la luz. Hermione podía ver la honestidad en sus ojos, el ruego por comprensión. Pero el era un espía maestro, y la había engañado antes.

"Todo esto es muy conmovedor", comentó ella esa voz suya, tranquila y controlada, "¿Pero por qué diablos debería confiar en usted, Profesor? Usted no ha fomentado exactamente ese sentimiento."

"Eche un vistazo", respondió Severus simplemente e inclinó un poco su cabeza, de manera que Hermione podía alcanzarlo más fácilmente con sus manos.

"¿Qué?", puro shock estaba escrito claramente en su cara, e incredulidad ante lo que Severus la había invitado a hacer, "Quiere decir que…"

"Me doy cuenta de que la he herido profundamente, señorita Granger. La he abusado en un modo que… he jurado nunca volver a usar. Yo no confiaría en mí bajo tales circunstancias. Por lo tanto, la única posibilidad de remover esos obstáculos es asegurarse a sí misma que no hay falsedad en mi proposición."

Hermione negó con su cabeza.

"Lo siento, pero no puedo hacer eso, Profesor. Mirar las memorias privadas de otra persona…"

Por un momento, la cara de Severus se cambió a la severa expresión que siempre tenía cuando alguien fallaba en obedecer sus órdenes. Luego, la comprensión se abrió lugar.

"Probablemente recuerda como se sintió usted", dijo pensativamente, "Pero esto es diferente, señorita Granger. Yo le estoy permitiendo hacerlo, de hecho, se lo estoy pidiendo. No habrá barreras que romper en mi mente ni será necesaria la violencia. Proceda, por favor."

Hermione aún vaciló, pero cuando vio que Severus hablaba completamente en serio, asintió lentamente.

Cuidadosa, tentativamente, puso sus manos en las sienes de Severus y miró sus oscuros ojos brillantes. Luego, se sumergió en su mente con la facilidad de un nadador de práctica en un lago calmado. Severus apenas sentía su toque suave como una pluma en su mente, y ella comenzó a buscar en su memoria. Con una discreción de la que él no hubiera creído capaz a nadie, Hermione evitó todas las memorias de un tipo más privado, concentrándse sólo en las que le incumbían a ella.

La primera clase después de las vacaciones de verano, los nuevos Gryffindors y Slytherins reunidos. Severus dando su discurso como lo hacía cada año, mientras sus ojos se fijaban en una persona en el salón. Harry Potter, luciendo exactamente como su padre, James Potter, la ruina de sus años escolares.

Interrogando a Potter, notó a la niña a su lado prácticamente saltando en su asiento para dar las respuestas. Otra pequeña sabelotodo, pensó frustrado, ignorando los esfuerzos de la chica.

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Corrigiendo los primeros ensayos de la clase, se encontró con el de ella. Por mucho más largo que los otros, escrito en una letra meticulosa y ordenada que cubría cada trozo del pergamino. Mientras leía, se sintió atónito ante el conocimiento de la chica y sus habilidades para expresarse.

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Hermione madurando en una rápida serie de recuerdos, año tras año, sus ojos brillando con emoción e interés y la voluntad de aprender, mientras su precipitación disminuía un poco.

Snape observándola, maravillándose ante su proceso y temiendolo al mismo tiempo. Ella era tan parecida a él a esa edad. Segura de si misma y brillante, los que la rodeaban no eran un reto para su inteligencia. Él no dejaría que la arrogancia fuera su perdición.

De modo que la criticó, resaltó con malicia aún los más mínimos errores en sus trabajos, que de otra forma hubiesen sido perfectos, la riñó y agobió. Ella lo aceptó todo sin enojarse. Severus empezó a corregir sus trabajos según estándares universitarios, no escolares. Hermione no se quejaba, aunque el brillo en sus ojos le decía a su Profesor que ella sabía lo que estaba haciendo, y trabajó aun más duro. Snape comenzó a darle tareas diferentes a las del resto de la clase, forzándola a producir pociones mucho más avanzadas. Ella aceptó su decisión y dobló sus esfuerzos.

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Hermione en su quinto año, terminando una tarea especialmente difícil sin la más mínima vacilación o error. El corazón de Severus lleno de orgullo al mirarla trabajar; y cuando ella embotelló la poción lo miró y sonrió, con una sonrisa de tal deslumbrante belleza que lo hizo sentir vergüenza. ¡Ella merecía un mejor profesor!

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Snape, Hermione y Draco en la oficina del Director. La cabeza de Severus zumbando con el descubrimiento de que le había fallado, de que la había dejado caer en los brazos del Señor Oscuro. ¿La había hecho trabajar demasiado duro?. ¿Qué la había llevado al lado oscuro?

Luego, las revelaciones, y el horror de Severus al comprender. ¡Ella era la causa de su libertad! Era sobre la espalda de la chica que él disfrutaba de los placeres de la vida. ¿Qué demonios estaba pensando ella cuando arriesgó todo sólo para entrar en el juego?

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La primera crisis de alucinaciones de Hermione, después de que él la había atormentado con la carta de Lucius. Severus la sintió estremecerse al mirar su propia cara, contorsionada de dolor y miedo, casi retirarse de horror cuando la Hermione de la memoria se le ofreció a él. Luego, el asombro de la chica lo invadió cuando ella vió a Severus arrodillándose a su lado.

Hermione sintió la rabia, el shock y el dolor de Severus ante su estado. Pero no lastima. Ella era demasiado inteligente para tenerle lástima.

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Snape sentado en su sofá después de haber invadido su mente por segunda vez. Ningún pensamiento aliviaba la agonía de su mente. Vergüenza, culpa y remordimiento quemándolo todo. Luego, repentinamente, un fiero sentimiento de protección hacia ella surgió dentro de él. ¡No iba a permitirlo! No la dejaría convertirse en lo mismo que él se había convertido. Él la salvaría.

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La decisión de Severus de venir aquí esta noche. La sintió ahondar más en esta memoria, testeando su precisión, de alguna forma examinándola críticamente como un potencial comprados manejaría bienes preciosos, dándole vueltas de formas que él nunca antes había encontrado. Severus no habría sido capaz de esconderle nada, aun si hubiera querido, y sólo ahora se dio cuenta de lo excelente que era la Legeremencia de Hermione.

Cuando hubo examinado la memoria a su satisfacción, Hermione intentó retirarse, sin siquiera rozar las otras imágenes mentales que bailaban alrededor de ella, pero Severus no iba a dejarla irse así. Ella necesitaba saber más, por lo que él empujó otra escena al frente, se la ofreció a la chica sin abrumarla, dejándole la opción y permitiéndole entrar en ella cuidadosamente, muy despacio.

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El orgullo de Severus al arrodillarse a los pies del Señor Oscuro, finalmente aceptado en el Círculo de los Mortífagos. Su horror, cuando súbitamente una muggle desnuda fue arrojada dentro del círculo, torturada y violada, "Mátala, Severus", una oscura voz susurró en sus oídos, "¡Para ser uno de nosotros, sólo tienes que matarla!" Sus gritos interiores al apuntar su varita hacia ella, con la punta temblando ligeramente, y disparando el Maleficio Asesino.

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Severus, más joven, arrodillado ante Dumbledore, llorando amargamente, enterrando su cabeza en la túnica del anciano mago, "Perdoneme" murmuraba una y otra vez, "Por favor perdoneme, Director…"

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Llegando a las reuniones de los Mortífagos nuevamente, por primera vez como espía, sus manos y espalda humedas de sudor. Su profunda revulsión cuando una chica muggle fue empujada hacia él, "¡No puedo hacer esto!. ¡Dios, no puedo hacerlo!", le gritaba su propia mente, pero sus manos se mantuvieron firmes cuando le lanzó el maleficio asesino. Una parte de él murió con ella.

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Patrullando alrededor del laberinto de setos que había sido erigido para el Torneo de los Tres Magos, esperando desesperadamente que el mocoso de Potter no se las arreglara para matarse, cuando, de pronto, un agudo dolor hirviente brotó en su brazo.

Mirando a la silueta de una calavera y una serpiente que se formó en su pálida piel, su cara torcida de cólera y miedo, le tomó un momento darse cuenta de las implicancias de la agonía que sacudía su cuerpo.

El Señor Oscuro había regresado. Tendría que volver a él. Sintió que el dolor lo inundaba, por un momento aplastándolo, y cayó sobre sus rodillas, tomando su brazo punzante con la otra mano. "Dios ¿por qué no hay piedad en este mundo?" murmuró, inclinando la cabeza.

Luego se enderezó, con los gestos de un anciano, y se apresuró en busca del Director.

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Otra noche con los Mortífagos. Regresando a Grimmauld Place poco antes de medianoche, asegurandose de que su hombro sangrante estuviera oculto por su capa antes de abrir la puerta de entrada. Un amargado Sirius Black lo esperaba.

"Están en la cocina", le informó secamente, "Esperando a su majestad el Mortífago reformado. ¿Te divertiste esta noche, Snivellus?"

La cara de un niño apareció ante sus ojos, de apenas seis años, y gritando de terror.

"Solamente tu podrías llamarlo diversión, Black. Ahora sal de mi camino", el cansancio y el dolor causaban que sus palabras sonaran asperas.

"Te diré una cosa, Snape", le murmuró peligrosamente el animagus, tomándolo de su hombro lastimado y empujándolo contra una pared. Severus hizo una mueca de dolor, esperando que su gruesa ropa no dejara pasar la sangre a la mano de Black. No iba a avergonzarse en frente de él. "Yo sé que tu corazón todavía está con ellos. Puedes redimirte todo lo que quieras, pero eres un maldito Mortífago y lo seguirás siendo por el resto de tu vida. No me importa lo que piense el Director, para mi nunca serás más que un pedazo de basura."

"Lo tendré en mente, Black", susurró Severus, su voz como seda escondiendo una hoja de acero, "Cuenta con ello."

Y fue a la cocina, temblando de dolor y una fiebre que aumentaba lentamente, con un solo pensamiento en su mente: Lo más duro de las palabras de Black era el saber que muchos en la Orden estarían de acuerdo con ellas.

Finalmente, la loca danza de imágenes terminó, y Hermione se retiró de su mente, Regresando a la realidad, Severus la encontró mirándolo, con lágrimas brillando en sus ojos.

"¿Por qué…?", susurró la chica, y el le sonrió, una sonrisa abierta y cálida que ella nunca le había visto.

"Tiene derecho a saber", respondió Severus simplemente, "Ahora. ¿Me dejará hacer mi trabajo?"

"¿Y cuál es su trabajo, exactamente?", la voz de Hermione aun estaba nublada de emociones, pero ya no quedaba desconfianza en ella.

"Bueno, por ahora, consiste en llevarla a mis habitaciones en una sola pieza, curar sus heridas y ofrecerle un excelente té de especias de la India", dijo él.

Sus ojos no mostraban más que honestidad y el deseo de ayudar. Algo dentro de Hermikone le gritaba que debía escapar lo antes posible, que estaba aceptando una asociación para la cual no estaba ni remotamente lista.

¡Intentará controlarte, trataba de discutir otra parte, ¡Intentará convencerte de que dejes de espiar, y cuando no lo hagas te lastimará de nuevo!

Hermione consideró rechazar su propuesta, lo pensó larga y seriamente. Él no hizo nada para seguir convenciéndola.

Pero era Snape. Era el espía más brillante del que había escuchado. Le había permitido ver sus memorias. Le ofrecía ayuda. Y el té de especias no sonaba muy mal.

"Creo que puedo dejarlo hacer eso", asintió la chica. Severus notó que el cansancio se apoderaba de su cuerpo y le ofreció su brazo para apoyarse.

Los ojos de Hermione buscaron la cara de Severus, como si aun no pudiera creer lo que había cambiado entre ellos esta noche; luego tomó su brazo y lo dejó ayudarla.

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Nota de la Traductora: ¡Hola! Esto se demoró un dia mas de lo que les tenía prometido, pero ya está! Personalmente, este capítulo es uno de mis favoritos, espero que les guste.

Gracias, como siempre, por sus reviews y todo su apoyo, Besos a todos!