ATENCIÓN: Este capitulo tiene escenas fuertes de violación, si sos sensible te recomiendo saltearte la úiltima parte.


Chapter 20: cicatrices.

Aunque cicatrizado y destruido,

Nos aferramos a la esperanza.

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La última vez:

Los ojos de Kenshin se abrieron grandemente cuando sintió a Kaoru caminar hacia él y presionar sus manos en su espalda. Gentilmente, ella descansó su frente contra la base de su cuello, su suave respiración hacía que sus cabellos se pararan.

"Por qué?" Su voz fue un mero susurró.

"No lo se."

"¿Que sabes?"

"Que quiero protegerte." La voz de Kenshin era suave y profunda de una manera que ella nunca había escuchado. "Que no quiero que nadie te toque. Que no quiero nunca lastimarte."

"¿Lo harías?" su pregunta fue igual de suave, "¿Lastimarme?"

"No lo se." Suspiró. "Quiero protegerte pero mi único propósito es destruir. Y si Katsura quiere que vos-"

"¿Siempre vas a obedecerlo?"

"Si." El bajó la mirada. "Ese es el camino que elegí. Si me voy ahora, todas esas vidas..." pausó. "Todas esas vidas que tomé serán en vano."

"Ya veo."

El cerró sus ojos y ella quedó en silencio, su frente todavía presionada en la base de su cuello.

"Himura-san!" la voz de un chico de pronto rompió el silencio. "Himura-san, le estuve buscando por todos lados!"

Aunque Kaoru se mantuvo inmóvil, la cabeza de Kenshin se volvió cuando alguien comenzó a acercarse a ellos a través de los árboles.

"¿Por qué?" Su demanda era como un latigazo.

"Katsura-san quiere verte," el hombre bufó, bajando la velocidad y comenzando a trotar cuando se acercaba.

"¿Katsura?" Levantó una ceja, "¿Y quien eres?"

"¿Yo?" el hombre pregunto, deteniéndose, "Kyosato. Yo soy Akira Kyosato."

"Kyosato," el asesino gruñó, su mano alcanzaba la saya de su espada mientras se ponía en posición de un silencioso combate. "Tu vida es mía."

"¿Qué?" el hombre exclamó, desconcertado.

Kenshin sacó su espada y avanzó hasta el sorprendido hombre. Una suave tirada de la parte de atrás de su remera lo paró. Él miró sobre su hombro hacia la chica.

"Vuélvete" la voz de Battousai era fría y mandona.

Su agarre se hizo más fuerte en su ropa mientras se apoyaba en él. "No, Kenshin," ella susurró.

Su mano dejó su espada por un momento, Battousai la tomó desde el cuello de sus ropas. "Dije," él gruñó. "Vuélvete." La lanzó hacia atrás contra un árbol, donde ella se hundió bajo sus rodillas, con los ojos grandes.

"Ni siquiera tu puedes intervenir entre mi obligación y yo," él gruñó amenazadoramente. "Soy un destructor." Él se volvió, su mano en su espada en una posición de combate. "Akira Kiyosato, prepárate para morir."

"Kenshin!" ella medio sollozó cuando él le dio la espalda.

Pero su llanto fue perdido entre las brillantes explosiones de los fuegos artificiales sobre ellos.

Y cápitulo 20 (cicatrizado) continua:

Kaoru miró más allá de la espalda de Kenshin hacia Akira Kiyosato. Sus ojos se abrieron incrédulamente cuando su postura cambio abruptamente. Su postura se relajó a una de confianza, una mano descanso en la espado a su lado.

"¿Morir? Tu fingida espada no hará tal daño, me temo," La voz de Akira se oscureció, "Pero la mía si"

Ikumatsu se paró al lado de Katsura, mirando el cielo prenderse de brillantes explosiones.

"Señor," preguntó ella, "¿Fue ese Akira Kiyosato?"

"Si lo fue." Los ojos de Katsura no abandonaron la vista de los fuegos artificiales.

"¿Porqué cree que es necesario mandarlo con Himura-san?"

"Por que Himura estará en su mejor momento. Cuando Kiyosato lo encuentre, Himura seguramente estará con Kamiya, Entonces, los gemelos deseos, de destruir y proteger trabajan juntos."

"Katsura-san," su escolta pregunto, "¿Porqué siente la necesidad de proteger si va a matar a Kiyosato-san?"

"¿No sabes que tipo de hombre es Kiyosato, Ikumatsu?"

"No se nada de él, señor."

"Kiyosato es peligroso por dos razones. Primero, es un firme y público partidario del Bakufu." Katsura se detuvo.

"¿Y segundo?" Ikumatsu preguntó, volviendo su mirada hacia el perfil apuesto de Katsura,

"Es un asesino de gran habilidad."

"¿Kiyosato?

Katsura miró el pasto. "Uno debe maravillarse con su genialidad. Hasta el momento, Kiyosato ha logrado mantener su perfil público y mantener sus asesinatos."

"¿Es eso posible?"

"Si, por supuesto. Si nadie sobrevivo del asesinado, nadie puede decírselo a nadie."

"Ya veo," Ikumatsu pensó en voz alta, "Entonces, teme que Kiyosato-san pueda ser un oponente más fuerte que Himura-san. ¿Tal vez sus armas son más efectivas?"

"Al contrario," Katsura la corrigió. "Serán perfectos contrincantes. Kiyosato, como Himura, usa la larga espada japonesa como su arma."

"¿Himura-san usa una espada??" Ikumatsu frunció el ceño, "¿No será obvio quien es el asesino entonces?"

"Mira alrededor tuyo, Ikumatsu," el hombre respondió. "Casi todos los hombres llevan una espada. Algunos no serán de verdadero uso pero," Pausó para apuntar con discreción a las espadas de los hombres parados delante de ellos. "Apuesto que esos son reales. Puedo apostar que muchas personas estan cargando espadas reales."

"Entonces," Su escolta dijo, "¿Uso a Himura-san en esta misión porque usa una espada?"

"Elegí a Himura," Katsura bajó el tono de vos, "Porque es el único de nuestras fuerzas que podría derrotar a Akira Kiyosato."

Una llamarada de colores alumbro el cielo, distrayendo cualquier tipo de conversación.

"Entonces es como yo sospechaba," Ikumatsu se asombró, "Himura-san es un asesino de las sombras de Choshu.

En la oscuridad, una par de ojos se alumbraron triunfantes.

"Debes ser uno de los asesinos de Choshu," dedujo Akira, cambiando a una postura de combate como la de Kenshin, "Debo admitir, eres más pequeño de lo que imaginaba"

"¿Que sabes de Choshu?" preguntó Battousai agresivamente, ocultando su shock

"No mucho." El tono de voz de Akira se hizo más conversador, "Pero ya habíamos sospechado que Choshu había estado secretamente opuesto al Bakufu pora algún tiempo. Estuve intentando encontrar uno de sus asesinos de las sombras por un tiempo. ¿Podrías ser esa persona por casualidad?"

"No hablo con hombres muertos," gruñó Battousai, midiendo a su oponente.

"Bueno," Akira rió suavemente, "No soy un hombre muerto. Tu lo eres." Miró detrás de Kenshin, hacia Kaoru. "Desafortunadamente, no dejo testigos."

"¡No tendrás que hacerlo!" En el instante que Akira miró detrás de él, Battosai se lanzó hacia adelante y sacó su espada de su saya en un rápido destillo de metal.

"Oh, oh," comentó Akira, mientras detenía el ataque de Battousai con su espada, "¿Estamos entusiasmados no?"

Doblando, Akira lanzó la espada de Kenshin lejos de la suya. Se apresuraron hacia cada uno simultáneamente, sus espadas chocaron ruidosamente.

Kaoru se paró, sus ojos azules estaban horrorizados mirando al par pelear. Akira y Kenshin estaban envueltos en una profunda pelea, el sonido del metal era incesante. En sus ropas tradicionales parecían actores en una vieja película actuando en una elaborada coreografía de una escena de pelea. Pero Kaoru sabía que cada pasó era potencialmente letal. Su respiración se apresuró. Kaoru podía ver que Akira Kiyosato era un partidario tan bueno como ella había visto a Kenshin antes luchar. Con dientes apretados y ojos entrecerrados en una concentración obvia, los dos guerreros volaron hacia los otros, sus espadas borrosas en la moción.

Akira apuntó con su espada hacia abajo y Kenshin obvio el camino del metal. Se detuvo delante de Kaoru, su respiración elaborada.

"Hay rumores," Akira comenzó con lentitud a enderezarse y blandir su espada. "Sobre un asesino frío y sin piedad que caza con una espada."

Battousai se mantuvo impasible, también enderezándose, su espada brillando en la oscuridad a su lado.

"Si eres ese hombre," continuó Akira lentamente, "Entonces ¿Quién es esta mujer?"

"'No es de tu incumbencia!" gruñó Battousai.

Los dos se lanzaron hacia ellos mismos rápidamente, sus espadas listas. Metal se encontró con el metal luego de cada golpe. Kaoru vio lo que verdaderamente significaba el juego de espadas. El sonido del metal, ella vio con terror, la velocidad en la que los dos hombres iban detrás de ellos con sus espadas filosas. Los golpes de Akira eran poderosos, casi empujando la espada de Battousai hacia atrás con un rocío de chispas. Pero Kenshin era rápido, siempre librándose de la presión y esquivando dando otro golpe. Era la legendaria velocidad de los dioses del destructor.

Y luego el momento decisivo.

La mandíbula de Akira comenzó a caerse mientras luchaba por fuerza. El demonio atacándolo no tenía piedad y sus ataques eran demasiados rápidos para que un ojo no entrenado lo anticipara. De toda su energía, Akira comenzaba a agotarse. Si se volvía lento...

El hombre depronto se lanzó con un nuevo golpe de energia, sorprendiendo hasta a Battousai.

"No puedo morir aquí.," gritó lanzando hacia adelante.

Kenshin eludió el ataque defensivo. Kiyosato comenzó a lanzar ataques salvajes en un desesperado intento de empujar a Kenshin. Frunciendo el ceño, el pequeño asesino brevemente se preguntó porqué su oponente, al comiendo frío y peligroso, ahora se parecía más a una bestia desesperada.

Mientras tanto, una silueta, alumbrada por el camino de los fuegos artificiales, de una mujer lentamente hacia su camino hacia ellos.

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Ikumatsu miró el rostro de Katsura desde la esquina de sus ojos. Aunque su cara estaba vuelta hacia el cielo, sus ojos estaban casi cerrados en pensamiento.

"Señor," preguntó, "¿Cuál es el problema?"

"Nada, Ikumatsu," replicó lentamente, sus ojos todavía cerrados al mundo.

"¿No está disfrutando de la exhibición de los fuegos artificiales?"

"Este tipo de cosas no me interesan particularmente, querida."

"Entonces," su escolta preguntó, "¿Qué le interesa?"

Los labios de Katsura se levantaron en una especie de sonrisa. "No necesitas entretenerme, Ikumatsu."

Ella levantó los hombros. "Es lo mismo para ti como lo es para mi."

"Oh, oh," dijo él, volviéndose a verla. "Esas son las palabras más honestas que hay caído de tus labios en todo el tiempo que te he conocido."

"Nuestro tiempo juntos es casi por terminar, señor." Se negó a mirarlo.

"Eso es cierto," rió, "Y debo agradecerte con tu trabajo con nuestra querida Kamiya-san. Debe haber sido un deber muy duro."

"He tenido peores asignaciones," Ikumatsu respondió gravemente.

"No lo tuvimos todos."

La mujer miró el suelo mientras el hombre miró el cielo.

"El mundo es cruel," murmuró ella, "Lo extrañaré, señor, y a la mujer-niña."

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"Akira!" La mujer alta llamó mientras caminaba por el camino de los árboles de cerezo.

La mujer elegante, quien se abanicaba con un abanico de papel, era tan delicada como un abedul. Sus ojos, que buscaban, eran serios pero amables. "Akira, ¿Dónde estás?" ella llamó otra vez con su voz acampanada y suave.

El hombre era su fuente de consuelo y angustia. Lo amaba. Con todo su alma, lo atesoraba. Aunque él trataba de ocultar su otra vida de ella, ella sabía cuando él desaparecía en medio de la noche. Deseaba que fuera por algo insignificante, apostando o aún por otra mujer, pero Tomoe sabía. Ella veía la mirada cazada en sus ojos. Ella veía la sangre del metal en su lavadero. Ella sabía que él les llevaba la muerte a los otros en la oscuridad de la noche. Ella sabía que él estaba consumido por su deber de ayudar a su adorado líder, Ieyasu Tokugawa del Bakufu.

Y lo odiaba. Le temía – a una vergonzosa muerte en la calle. Aun cuando se abanicaba su pálido rostro, ella temía por él.

El abrusco sonido de metal hizo que su sangre se helara. Ella se volvió hacia el camino de los árboles, su abanico tirado en el suelo. Mientras subía el camino miró a través de los pétalos rosados, y su corazón se paró.

Como si estuviera tomando aire de su amor. Akira Kiyosato miró hacia eel camino. Sus ojos se encontraron con los de su esposa, su corazón se revolcó violentamente en su pecho. En ese momento helado, vio como volaba su cabello negro, como sus pestañas parpadeaban, y la suave subida de su pecho mientras exhalaba.

"Tomoe." El nombre escapó de sus labios como un rezo desesperanzado.

No molestándose por volverse a ver que había distraído a su adversario, Battousai se lanzó, su espada baja. Con un perdón, Kiyosato volvió su vista, casi bloqueando la espada del asesino con su segunda, guardada corta espada. La funda golpeó la espada y se rompió, exponiendo el filo del metal. Akira saltó hacia atrás con una espada en cada mano.

"No puedo morir aquí." Su voz fue silenciosa.

"No tienes opción"

Como los dos combatientes hicieron el último ataque final, Tomo se lanzó en una corrida salvaje hacia ellos, un grito estrangulado en su garganta. Si tan solo el asesino pelirrojo no estuviera entre ellos, los amantes estarían corriendo hacia los otros.

Pero todo lo que Tomoe podía escuchar era el sonido de metal cortando carne y hueso, mientras su esposo y el asesino se pasaban. Todo lo que ella podía ver a través de la cortina roja era la visión de su amor arrodillado en el suelo, su brazo tomando su estómago lleno de sangre. Cayó sobre su estómago una sangrienta mano alcanzando hacia donde ella estaba. Ella ni se dio cuenta que había caído de rodillas.

"Tomoe." Su nombre fue su último aliento.

Ella tomó su rostro en ambas manos, sus lágrimas pasando a través de sus dedos. No vio a Battousai pararse sobre su amante caído y perforar su cuello contra el suelo mojado con su larga espada. Ella no vio las pupilas de su marido rodar hacia arriba y cerrar los ojos. Ella no podía ver las lágrimas que se mezclaban con la sangre que lo cubría.

El victorioso asesino dio un paso hacia atrás del cuerpo, dando un movimiento de su espada antes de guardarla. Una joven mujer se levantó de su posición contra un árbol y se apresuró a ir a la escena, solo para ser detenida por la mano estirada de Battousai. Lo miró cuestionante a la cara, luego inhaló severamente. Sus ojos dorados se volvieron a ella custionantes. Sus dedos se ondearon con sobre su mejilla izquierda y él presionó su palma hacia ella suavemente. Mirando hacia abajo, vio una línea de sangre en la palma de su mano. Battousai frunció los ojos.

"Fuiste cortado."

Bajando su brazo e ignorando su pregunta, Kenshin avanzó con propósito hacia mujer. Desenvainó su espada y la apuntó, la punta en el cuello de la mujer.

"Kaoru."

Los ojos de Kaoru cayeron sobre la mujer. Lágrimas silenciosas caían sobre sus mejillas.

"Tomoe," susurró.

"No digas mi nombre." Su voz dulce era baja y llena de dolor. "Solo matame."

"Hazlo ahora," advirtió Kenshin, "O la mataré."

Kaoru miró los ojos fríos de Kenshin sin creerlo."Pero-"

"Ahora," amenazó Battousai, empujando la punta de su espada más cerca del cuello de Tomoe.

Kaoru suspiró, cayó de rodillas, se inclinó y extendió una mano hacia Tomoe. De pronto, los largos dedos de Tomoe se cerraron sobre su muñeca.

"Esto también lo matará a él, el hombre al que amas," Tomoe susurró con ferocidad.

Sorprendida, Kaoru abrió la boca al ver el pedido en los ojos de la mujer.

"¿Dejarías que tomaran su vida de esta forma?"

"Kaoru," Kenshin gruñó su última advertencia.

Su mano avanzó con temor, sus dedos deslizando hacia la frente de Tomoe. Kaoru se inclinó hacia adelante, Tomoe cayó de espaldas ante el inconsciente peso. Las dos mujeres estaban una arriba de la otra en el frío suelo. Kenshin caminó alrededor de ellaas mirando en caso de movimiento.

Unos momentos más tarde, Kaoru se levantó sobre sus codos, todavía sobre el cuerpo inerte de Tomoe. La vio respirar profundamente y le permitió un minuto para volver a si misma.

"Vámonos," ordenó Kenshin, guardando su espada con un click y dándose la vuelta. Luego, de pronto, en un rápido movimiento del viento, estaba en el aire. Dándose media vuelta en el salto, aterrizó frente a Kaoru y la mujer caída. Kaoru estaba inclinada de cuclillas, su mano extendida y en su mano todavía estaba la daga ensangrentada con la que ella lo había atacado.

"Kaoru," exhaló, sorpresa registrándose en sus grandes ojos abiertos. Su mirada cayó en la mujer quien yacía detrás de Kaoru, sus ojos abiertos y su garganta abierta.

"No digas mi nombre," Kaoru gruñó, levantándose despacio con su cabeza baja.

"La mujer," Kenshin respiró, sus ojos examinando a Kaoru, "Kaoru, la mujer está muerte. La mataste."

"Ella quería morir." Su voz era fría. "Yo quiero morir"

"Tu-"

"Pero," levantó su cabeza, sus ojos azules ardiendo, "¡No después de haberte matado!"

Se volvió hacia Kenshin, la daga tomada del kimono de Tomoe a lo alto. Kenshin giró, bloqueando su muñeca. Kaoru giró, balndido la daga.

"Para," gruñó, "¡Vuelve en si!"

"No hasta que estés libre," ella gritó, pinchándolo ferozmente.

"No estás siendo tu!" le gritó, bloqueando sus ataques con su envainada espada.

"Nunca soy yo!" gritó desesperada, lágrimas volando de sus ojos cristalinos.

Kaoru pausó un momento, intentando entender su llanto ¿Quéle había mostrado la otra mujer? No parecía ser solo el renacimiento de los recientes sentimientos de Tomoe Kiyosato.

No tuve tiempo para pensar en ello ya que Kaoru se lanzó violentamente otra vez. Esa vez, estaba tan distraído que se volvió un micro segundo más tarde. La punta de la daga rozó su mejilla izquierda, marcando otra línea en su suave piel. Mientras Kaoru luchaba por sacarle la cabeza, él se puso de cuclillas y estiró su pierna haciéndola caer. Cayó de espaldas, quitándole el aire y ka daga de sus dedos. no gastando un momento, Kenshin la tomó de las muñecas y la mantuvo sobre el suelo.

"¿Qué te está pasando?" demandó.

"Estás sangrando," notó Kaoru.

"¿Qué," Kenshin repitió, dándole énfasis a cada palabra, "te está pasado?" Gotas de sangre de su nueva cicatriz en forma de cruz cayeron sobre la mejilla de Kaoru.

"Quitate!" Kaoru intentó soltarde debajo de él, moviendose freneticamente.

"¿Que fue lo que esa mujer te mostró? Kenshin soltó, luchando por mantenerla abajo.

Ella se detuvo, sus ojos aclarándose. "Una misión"

"¿Qué?" preguntó incrédulo.

Ella volvió su cara hacia adelante, las lágrimas cayendo de sus ojos. "Estamos atrapados así. Morir es ser libre."

"La muerte no es libertad," replicó gravemente, "Es solo el final."

"Quiero que esto termine. Por ti. Por mi."

"No con la muerte," Kenshin negó con la cabeza. "No te mientas. Tomoe Kiyosato no podía encontrar otra cosa por la cual vivir. Por eso quería morir. Tu," Kenshin pausó, su voz volviéndose suave. "Tu no puedes terminar tu propia vida. ¿Que lograrías con eso? Nada!"

Kenshin soltó el agarré de las muñecas de la mujer y ella lanzó sus brazos alrededor de sus hombres y lloró en su cuello. Ella empujó contra su pecho, meciéndola lentamente y acariciando la seda de su espalda.

Ella lloró, susurrando incoherentes disculpas en su piel.

"Debemos irnos."

Kaoru estaba parada frente a los dos amantes, un puñado de pétalos en su puño. A su insistencia, movieron los cuerpos, colocándolos lado a lado. Kenshin se paró detrás de ella, ansioso por irse.

Kaoru se inclinó hacia los muertos, sus ojos húmedos. Extendiendo su brazo, abrió el puño y dejó que los pétalos bañaran lentamente el sus cuerpos.

Y luego el asesino y la empath se apresuraron a llevar al complejo de Katsura, ansiosos por estar fuera de las localizaciones sospechosas.

"¿Está hecho?"

"Si señor."

Katsura suspiró. "¿Entonces la mujer está muerta también?"

"Ella lo quería"

"Muy bien," Katsura replicó asintiendo con la cebza. Miró detrás de Kenshin a la chica en la esquina.

"¿Y Kamiya-san?"

"No fue tocada."

"Pero," notó Katsura, "tu no."

Kenshin se tensó cuando Katsura miró su cicatriz en forma de cruz todavía sangrante.

"¿Era tan buen espadachín, Himura?"

"No," fue la respuesta baja de Kenshin, "Solo desesperado."

"Debe haber sido una batalla traumática." Avanzó un paso hacia Kaoru. "Llévala a su habitación. Y no," se volvió para responder los ojos cuestionantes de Kenshin, "No te quedarás con ella." Levantó una mano para detener las protestas. "Ikumtsu se quedará con Kaoru. Es mi decisión."

Kenshin se mordió el labio y puso a Kaoru de pie, llevándola fuera de la habitación. Caminaron lado a lado por el pasillo.

"¿Estarás bien?"

Ella se volvió sorprenda para ver su perfil. "¿Lo siento?"

"¿Estarás bien?"

"Acabas de -"

"Obviamente no lo estás ya que no puedes comprender la simpleza de-"

"Estoy bien!" ella lo interrumpió, "Solo estoy sorprendida. Esta tarde casi me hablabas. Esta noche me besas. Y ahora me estás preguntando como estoy?"

Kenshin casi rueda sus ojos. Pararon frente a la puerta de shoji del cuarto que Ikumatsu y Kaoru compartirán esa noche. Él fue hasta su cinturón, sacó una espada corta y se la entregó.

"Tomala."

"No tocaré esa cosa sucia," Kaoru resopló, empujando la pequeña espada lejos de ella.

"Solo tómala," ordenó Kenshin, empujando el arma en su pecho.

"¿Por qué?"

"Hay algo que no está bien."

"¿Esto es como intuición asesina u otra cosa?"

"Pareces que has recuperado tu sentido del humor bastante rápido."

"No voy a tomar eso."

"Tomalo," comandó Kenshin. Se sacó la capa que cubría sus hombres y lo arropó sobre Kaoru, empujándola hacia adelante por los extremos del material. "Porque quiero que lo hagas." Guardó la pequeña espada entre los lazos de tela.

Kaoru rodó los ojos. "Bueno, cómo sea." Pausó, luego miró las cicatrices de su mejilla.

Kenshin encontró su mirada y banda que cubría su herida. Presionó sus dedos hacia sus labios, "No piensas en ello,"

"Sabes," dijo sorprendida en voz alta mientras él presionaba su frente con al suya, "La cicatriz te queda – de una manera muy rara."

"¿Es así?" Tomó la base de su cuello y la empujó hacia adelante, chocando sus narices y presionando sus labios suavemente por un momento. "Recuerda," respiró, "Me perteneces." La soltó de pronto, se volvió y se marchó.

Kaoru inhaló profundamente, sus dedos tocando inconcientemente sus labios. Suspiró y se volvió para abrir la puerta. Entró silenciosamente a la oscura habitación, notando la forma de Ikumatsu dormida. Dormir vendrá fácil esta noche. Extraño, se preguntó brevemente antes de dormirse, como las muertes se estaban convirtiendo en parte de una macabra rutina,

Kenshin se sentó en la base de la ventana, una mano presionando firmemente la herida de su mejilla. Su espada yacía sobre su hombre, siempre cerca. El cielo se volvió nublado luego de todos los fuegos artificiales – que afortunado su anfitrión. Kenshin mró el cielo, las nubes oscuras ocultando la luz de las estrellas.

Kaoru había intentado matarlo.

Kenshin se sacó la banda y observó la perfecta. 'X' roja.

Kaoru había intentado matarlo y, él sospechaba, que había sido algo que quería desde hacía un tiempo. Con lo que tenía a mano, ella había asumido la furia y la angustia de Tomoe Kiyosato, así también con la visión que sería mejor morir bajo la mano que te ama que la de un asesino de las calles. Podía solo adivinar, pero especulaba que Kaoru había intentando liberarlo de su debes como un asesino de las sombras – en un camino asesino.

Tiró la banda lejos, volvió la mirada hacia su reflejo de la ventana. Lo que Kaoru había dicho era cierto. Curiosamente, la cicatriz en forma de cruz parecía complementar sus rasgos. Extraño, pero cierto.

Al menos, pensó a su pesar, las personas no lo confundirían con una chica.

Era dificil tragar. Sin abrir sus ojos, sabía que no estaba cerca de amanecer. Pero, de pronto, Kaoru estaba despierta. Sucorazón comenzó a latir más rápido. Se sentía como si había despertado de una pesadilla, el miedo apretando su corazón con fríos y duros dedos. Sus propios dedos duros a centímetros de la pequeña espada que yacía debajo de la capa de Kenshin. Como sus dedos se cerraban en la empuñadura, lo escucho: el suave sonido de alguien respirando, respirando cerca.

Bajo instinto, Kaoru sacó su espada de su escondite para ubicarla en una posición de bloqueo. En el siguiente latido de corazón, ella estaba mirando detrás de la daga a los ojos de su atacante. El asaltante estaba encima de ella, empujando la daga hacia delante, intentando llevarla a casa. Kaoru intentó mantener el agarre de su espada contra la de su contrincante. Desesperada por acabar con el lento pero firme ataque de la daga, ella giró y golpeó la cola de su espada en el estómago de su enemigo. La daga de su oponente cayó sobre su futón mientras Kaoru rodaba fuera. Se volvió en cuclillas, su espada en posisión defensiva.

"¿Quién eres?" susurró con dificultad.

La forma femenina de su atacante se pasó, moviendo su corta espada. "Esto segura que lo sabes Kamiya-san."

Los ojos de Kaoru se agrandaron y tartamudeó, "¿Ikumatsu?"

La escolta se inclinó levemente. "Perdoname. Pero es mi deber."

Ikumatsu voló hacia Kaoru, golpeando y clavando con su larga daga. Kaoru se movió en círculos, esquivando cada estocada. Se movieron alrededor de la habitación, solo a centímetros de cada una, Se giraron y se volvieron en un baile mortal, sus pisadas eran calculadas y suaves sobre el piso de madera.

"¿Porqué no envainas tu espada??" La voz de Ikumatsu era serena a pensar de su combate.

"No quiero," respiró Kaoru, todavía en profunda concentración. Esta pelea estaba siendo mucho como su previa pelea con Kenshin, pensó secamente entre cada jadeo.

"Morirás si no lo haces."

Ikumatsu se movió rápidamente, apuntando hacia la yugular de Kaoru. Kaoru se movió para atrás intentando esquivarlo. La punta de su espada, sin embargo, cortó la piel de su cuello, una línea de sangre salió de ella. Se movió para atrás, tomando la pequeña herida que había amenazado su vida. Ikumatsu se enderezó, sus músculos visibles bajo la luz de la ventana detrás de ella.

"Por favor, desenvaina tu espada Kamiya-san." La voz de Ikumatsu se endureció.

"¡No lo haré!" dijo Kaoru entre dientes.

Detrás de ella, la puerta de shoji se abrió con un rápido movimiento.

"¿Qué está pasando acá?" la voz robusta de Kaatsura llenó la habitación. Al lado de él, Kenshin estaba con su espada brillando a su lado.

Ikumatsu se inmovilizó e inclinó su cabeza. "Katsura-san, Himura-san."

Kenshin tomó un paso amenazador en la habitación "¿Quién eres en verdad?"

Nuevamente Ikumatsu se inclinó, sus puños blancos de la presión en el agarre de su daga. "No puedo decirtelo."

Cuando Kenshin iba a gruñir otra demanda, Ikumatsu empujó su daga hacia su lado izquierdo. Sus ojos cerrados y sus dientes apretando su labio inferior, sacó su espada de su abdomen para luego girarla hacia arriba en un último instante. Ikumatsu cayó sobre sus rodillas, sus ojos abriéndose en un angustioso pedido. En un instante Battousai estaba a su lado, su espada detrás de ella.

Con sus pies helados sobre el suelo, Kaoru se mordió el puño, luchando por el grito que amenazaba salir cuando vio la hermosa cabeza de Ikumatsu rodar y su cuerpo caer al suelo. Kenshin blandió su espada y la guardó rapidamente. Sin mirar hacia atráas, avanzó hasta Kaoru y puso su cuerpo duro entre sus brazos. Aún cuando presionó su cabeza contra su pecho, sus ojos seguían abiertos del horror.

"Hara-Kiri," dijo Katsura, "El ritual del suicidio."

"Si, señor."

Katsura suspiró. Caminando hacia el cuerpo, sacó un pañuelo de su manga y tomó la daga ensangrentada. Cuidadosamente limpió la empuñadura, dejando el filo ensangrentado. Luego, goloeó la ventana con la cola de la daga, rompiendo el vidrio. Suspiró nuevamente y soltó la daga al suelo.

"Esta es otra situación." Gruñó en otro suspiro.

"¿Para quien crees que ella trabajaba?" preguntó Kenshin, todavía masajeando calor al cuerpo rígido de Kaoru.

"Probablemente Bakufu. Aunque puede seer cualquiera." Katsura frunció el ceño. "Creo, aunque, es poco probable que fuera capaz de transmitir información alguna."

"¿Qué hacemos?"

"Tu y Kamiya deben irse inmediatamente. Cubriré esto."

"¿Y cuando volvamos?"

"Mantén el perfil bajo y fuera de la atención de todos." Katsura se paró sobre el cuerpo, mirando al rostro que todavía seguía siendo hermoso a pesar de la muerte. "Una pena. Ahora," mandó, mirando hacia arriba, "Vayanse. Rápido."

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"Y así," Katsura señaló a su anfitrión, Ieyasu Tokugawa, "Así es como los encontramos. No tengo idea de quien pudo haber hecho algo tan horrible."

Tokugawa avanzó hasta al ventana, mirando profundamente los vidrios rotos. "Ya veo. Entonces cuando viniste a la habitación, un hombre ya había matado a la mujer y estaba saltando a la otra. Luego, voló a través de la ventana."

"Eso es lo que pasó. Mi colega ya ha llevado a la otra mujer a la ciudad, para ser tratada en un hospital."

"Podrías haber esperado. Tengo un doctor en mi staff."

"Tal vez," Katsura levantó los hombres con cuidado, "Pero luego, no pensé que tendrías uno. Después de todo, la seguridad debió haber sido poco estricto para que un asesino haya entrado al complejo."

Tokugawa lo ignoró, eligiendo mirar la decapitada cabeza. Sus ojos viajaron por sus refinados ojos, nariz y labios gruesos. Una gota de sangre caía de su mentón hasta sus labios. Notando que un diente estaba bañado en sangre, pensó que se había mordido muy fuerte.

"Señor," vino la voz de su ayudante, Kazuma Ishigawa, "¿Nos diría el nombre de la otra mujer? Podríamos enviarle un regalo disculpándonos por nuestra falta de seguridad."

Katsura frunció el ceño. "No se su nombre. Era la escolta de mi colega."

"Entonces," preguntó Ishigawa, con fingida educación, "Denos el nombre de su colega. ¿O es un misterio para ti también? En cualquier caso, estoy seguro que los otros invitados sabrán su nombre."

Sonriendo peligrosamente, Katsura respondió cortante, "Kenshin Himura."

"No estoy familiarizado con ese nombre."

"Claro que no." Katsura se volvió a su anfitrión. "Ahora, si me disculpan, deseo irme mañana por la mañana."

"Si, si, por supuesto." Tokugawa observó la espada de su visitante. "Por cierto, ¿Sabías que hubo otro asesinato esta noche?"

Katsura se detuvo en la puerta.

"Un hombre bajo el nombre de Akira Kiyosato fue asesinado bajo los árboles de cerezo," Tokugawa continuó, "¿Sabes algo sobre eso?"

Katsura se volvió. "Por supuesto que no."

Cuando la puerta se cerró y los pasos no se escucharon más, Ishigawa habló su desconfianza.

"No confío ninguna palabra de lo que él diga."

"Por supuesto que no deberías," replicó Tokugawa, "Todo alrededor nuestro es una mentira."

"¿Qué crees que pasó verdaderamente aquí?"

Tokugawa miró el corte abierto en el estómago de Ikumatsu. "Hara Kiri," respondió simplemente, "Se suicido de la forma más antigua pero honorable."

Ishigawa asintió con la cabeza. "Ikumatsu falló. Fue descubierta. Pero," Pensó en voz alta, "¿Quién lo completó por ella? ¿Quien la decapitó?"

"No estoy seguro. Pudo haber sido ese hombre, Himura. Pudo haber sido el verdadero asesino de las sombras quien mató a Akira. Solo un espadachín sabría eso."

"Ella ni siquiera fue capaz de comunicar la información."

"Una pena."

"¿Podemos usar esto en contra de Choshu?"

"No sin llamar la atención a mi seguridad," Tokugawa rió con amargura, "Katsura sabe este juego tan bien como yo. Pero creo que él está ganando."

"¿Crees que sabe que mandamos a Ikumatsu?"

"Lo debe sospechar," el hombre levantó los hombros, "¿Pero qué puede probar?"

"Todavía no estamos cerca de descubrir quien es su asesino entre las sombras." Ishigawa maldijo.

"Pero lo estamos," explicó Tokugawa mientras tomaba la daga, la limpiaba y la guardaba en su manga, "Envía un espía."

"¿A quién?"

"Kenshin Himura por supuesto," replicó Tokugawa, "Podemos encontrar algo a través de él. Y consigue toda la información que puedas sobre la otra chica, su escolta. Tengo un presentimiento que Katsura está escondiendo algo de ella."

"Enseguida, señor. ¿A quien deberíamos enviar?"

"Al mejor espía que tengamos."

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Cuando Kaoru y Kenshin entraron al departamento, las luces estaban encendidas y nuevamente, alguien los estaba esperando.

"No estoy aquí para envenenarte. Todavía."

"¿Qué estás haciendo aquí entonces?" demandó Kenshin, cerrando la puerta de un portazo.

Kaoru simplemente observó, sorpresa escrito en su rostro. "¿Megumi-san?"

"Hola mapache," Megumi sonrió, "¿Me has perdonado ya?"

Kaoru se resistió a sacarle la lengua. La mujer la conocía muy bien. "¿Qué estás haciendo aquí, Megumi-san?"

"Estoy aquí para darle atención medica," respondió, moviendo su cabello sobre un hombro y levantando una caja de la mesita de café. "Ven, siéntate."

Kaoru lo hizo, sentándose al lado de Megumi en el sillón como si fuera su hermana menor. "¿Qué queires decir?

"Es tiempo de una inyección, querida."

"¿Qué tipo de inyección?" preguntó Kaoru.

"Uno muy especial." Megumi evadió su pregunta y mojó el brazo superior de Kaoru con antiseptico.

"¿Qué tipo de inyección?" demandó Kenshin, parándose sobre ellos.

"Déjame decirte antes," dijo Megumi mientras revisaba la jeringa, "que estoy en contra de esto. Todo es cosa de Katsura."

"¿Qué inyección?" demandó Kenshin nuevamente.

"Medroxyprogesterona."

"¿Que demonios es eso?" Su paciencia estaba escaseando.

Megumi sostuvo el brazo de Kaoru. "También conocido como Depo-Provera." Rápidamente insertó la punta de la jeringa y luego la sacó. "Todo hecho Kaoru."

"¿Y qué," Kenshin dijo entre dientes, "es eso?"

Megumi se volvió para mirarlo. "Una inyección contra embarazo."

"¿Qué?" exclamaron tanto Kaoru y Kenshin al mismo tiempo.

Megumi levantó sus manos. "De nuevo, debo recordarles que esta no fue mi idea."

"Gad," murmuró Kaoru, cruzándose de brazos y bajando la vista para ocultar su sonrojo. "Ese viejo Katsura piensa en todo, no es así."

"Necesitas esta inyección cada tres meses mapache," explicó Megumi. "Aunque esto segura," movió el mentón de Kaoru, "que no serás estúpida."

"¡Megumi-san!"

"Bien." Ella se volviópara mirar a Kenshin. "Recuerda, que tengo un mezcla especial de venenos químicos solo para ti."

Kenshin ocultó su expresión aturdida detrás de un ceño fruncido. Megumi no espero a los dos niños-adultos a recuperarse. Tomó su caja y avanzó hasta la puerta. "Cuídate, Kaoru," llamó sobre su hombro, "Y lo digo en serio" La puerta se cerró detrás de ella.

Kenshin podría escuchar la respiración fuerte de Kaoru desde donde estaba parado. Estaba muy avergonzada.

"Iré a hacer la cena," anunció, avanzando hasta la cocina.

La noche vino lentamente como el tiempo que pasa lento cuando los momentos son incómodos. Y cuando era hora de dormir, Kaoru estaba preparada. Sentada con las piernas cruzadas en el centro de la cama, usando un top y pantalones cortos, reflejó los eventos del día. Un golpe en la puerta resonó en su habitación.

"¿Kaoru?"

Kaoru se mordió el labio. "¿Si?"

El pelirrojo abrió la puerta y entró hesitando. "¿Puedo hablar contigo?"

"Estás tan formal de pronto," sonrió a medias.

Se sentó en la punta de la cama, sus piernas colgando, "¿Estás incómoda conmigo?"

"Ahora mismo," admitió, bajando la mirada.

"¿Y porqué es eso?" preguntó despacio, tomando un mechón de su pelo entre su dedo pulgar e índice.

"Por que," miró al techo, sus ojos vagando, "se siente…" sus palabras se perdieron cuando él bajó sus dedos hasta la longitud de su cabello. "Se siente tan planeado."

"¿Esto se siente falso?"

"¿Que es 'esto'?" preguntó Kaoru, todavía mirando el techo.

Kenshin tomó su mejilla y la hizo volver a mirarlo. "Esto es 'esto'," respondió suavemente, inclinando sus labios hasta su mentón.

Kaoru exhaló suavemente, dejando que su aliento caliente bañara su cuello. "No," respiró, "Esto no se siente falso." Pausó, "Pero la inyección contra el embarazo, la cosa de la escolta, el incidente en la casa de te del otro día – todo se siente tan artificioso. Tan manufacturado.

"Yo lo llamaría circunstancias fortuitos," replicó el hombre mientras comenzaba a plantarle besos húmedos en su mandíbula.

Kaoru inhaló y llevó sus largos dedos hasta tomar su rostro entre sus manos. Presionó su nariz contra la suya y observó sus ojos dorados sin pestañar. "¿Me amas?"

Hubo una pausa. "Esa emoción-"

"No solo la emoción." Kaoru negó con la cabeza así sus mechones rozaban sus mejillas.

"¿Entonces qué?"

"No lo sé en verdad."

Kenshin sonrió. "Quiero protegerte." Posó una mano sobre su hombro. "Quiero estar cerca tuyo." Posó su otra mano sobre su cintura. "Quiero tocarte." Sus dedos jugaron lentamente con el tirante de su hombro. "No quiero que nadie más te toque." Los dedos de su otra mano apretaron a su lado. "Quiero que pienses en mi, que me desees." Su lengua recorriendo su labio inferior. "¿Es eso lo que querías saber?"

"¿Qué es lo de mi que tu-"

"Oh Kaoru," dijo él, sacuendo su cabeza a ella. "Es todo. Todo sobre ti"

Bajó su cabeza y sonrió, todavía tomando su rostro entre sus manos. Cuando levantó la cabeza, él pudo ver un trazo de esperanza en sus ojos. Besó la punta de su nariz y él resopló, claramente no impresionado. Ella ahogó una risa y presionó sus labios bajo su mentón. Tímidamente, abrió sus labios y dejó que su lengua tocara la piel de su cuello. Cuando él tomó un ahogado respiro, ella se tiró hacia atrás, sorprendida. Él la estaba mirando, sus ojos entrecerrados – pero no de ira. Se acercó y, sobre sus rodillas, tomó su rostro entre sus manos y la besó, sus labios moviéndose con urgencia contra los suyos. Ella se dejó, subiendo sus manos sobre sus brazos. Lentamente, con un brazo sobre su cintura, la bajó hasta su espalda. Jadeando suavemente, permitió que él hundiera su cadera con las de ella, mientras profundizaba su beso en pasión e intensidad. Sus labios se movieron hacia su cuello y comenzó a frotarse con ella.

Mirando hacia arriba, Kaoru vio las luces contra ella. El techo parecía demasiado cerca y las luces demasiado fuertes. Tragó saliva, su corazón latiendo violentamente. Ella comenzó a pelear por el aliento.

Kenshin comenzó a besar debajo de su cuello, sus dedos levantando su remera. Sus ojos se abrieron y sus puños se volvieron blancos de la presión. El pulgar de Kenshin rozó su pezón y su visión se volvió gris.

Kaoru empujó a Kenshin lejos y rodó de la cama, corriendo en dirección al baño. Colapsó frente al inodoro y vomitó violentamente.

Lo escuchó acercarse y volvió su cara hacia el otro lado, avergonzada y penosa. Los dedos fríos alrededor de su cuello la sorprendieron, levantó la mirada y se encontró con un vaso de agua. Lágrimas oscurecieron su vista mientras lo alcanzaba. Él la ayudó a mantener el vaso sobre esus labios y tomar, empujando el sabor ácido debajodesu garganta. Recorrió sus manos sobre su cabello, limpiando las esquinas de su boca con una toalla húmeda.

Volvió la mirada a las luces encima de ella. Su cuerpo convulsionó en arcadas otra vez, su pecho girando como su cuerpo recordaba otras luces brillantes.

Las luces fluorescentes parecían moverse con ella mientras su cuerpo se movía mientras era reventado por otro. Palabras sucias eran susurradas en su oído pero su cara se mantenía impasible, volvió la mirada al techo. Estridentes risas llegaron a su oído mientras otro cuerpo entraba al suyo. Pero ella no vio quien era ahora el que estaba jadeando en su cuello. Sus ojos estaban en el techo, recorriendo la silueta del humo y de las manchas de agua. Mientras era destrozada y desgarrada, dejó que sus pupilas se quemaran con las brillantes e inhumanas luces arriba suyo.

Todavía estaba vomitando, el sabor ácido ahora estaba mezclado con el sabor salado de su llanto.

Estaban riendo. Riéndose con satisfacción, entre dientes, entre risitas, burlándose de su centro siendo destrozado, rasgado y mutilado. Ella se mordió el labio inferior, saboreando su sangre. Sus ojos todavía observando las siluetas del techo, notando que la mesa se sentía fria debajo de su espalda, que sus pies estaban perdiendo la sensibilidad que sus dedos estaban sangrando por haber clavado con fuerza sus uñas.

Kenshin miró como su rostro se deshacía en más lágrimas mientras sacaba la cabeza del inodoro. Se pasó sin estabilidad, abrió la canilla y mojó su cara con agua helada, lavándose la boca. Se paró detrás de ella, alcanzandole una toalla. Kaoru miró la toalla luego su rostro, buscando. Su aliento se apresuró y rompió en más sollozos.

"Lo siento," lloró destrozada, cayendo entre sus brazos, "Lo siento tanto."

Él la envolvió entre sus brazos y silenciosamente la estrechó lo más cerca posible. "No tienes que pedir perdón por nada." Le dijo gentilmente.

"Pero yo -" ella se atragantó, su cuerpo estremeciéndose contra el suyo.

"No es tu culpa," La interrumpió con firmeza. "Nada de esto es tu culpa!"

Sus piernas se cansaron y antes de que pudiera caer al suelo, la levantó y la llevó a la cama. Cuando lloró hasta dormirse, la arropó entre las sábanas y vio como su cuerpo subía y bajaba en el sueño. Kenshin luchó por mantener la furia que tenía en su cuerpo. Luchó por regular su respiración furiosa y salió hasta el living para realizar algunos ejercicios de espada. No quería nada más que destruirlos, aunque no sabía quienes eran. Lo volvería loco.

La siguiente mañana, fue otra vez, incómoda. Kaoru se había levantado para encontrar a Kenshin vestido y esperándola en su sillón. Ella se sentó en el sofá y lo miró, reacomodándose incómodamente. ¿Pensaba menos de ella como mujer después de la noche anterior? Bajó la vista, su corazón hundiéndose. Escuchó al asesino, quien había comenzado a volverse un tesoro para ella, levantarse de su asiento.

"Vamos." Su voz era baja y comandante.

"¿Dónde estamos yendo?" Ella miró hacia arriba.

En respuesta, él le lanzó su uniforme del colegio en su falda. "¿Te olvidaste que día de la semanaes?"

"¿A la escuela?" Kaoru entrecerró su ceño.

"¿Podemos," inclinó la cabeza hacia un lado, "ser normales por un día?"

"Pero pensé que Katsura-san había dicho mantener un perfil bajo-"

"Precisamente," dijo Kenshin, sus labios se movieron en una especie de sonrisa, "Estamos manteniendo la rutina y yendo al colegio una vez a la semana, como dijo." Estiró su mano callosa. "¿No querrías que las autoridades del colegio sospechen algo si no estás presente el día acordado, no?"

Kaoru sonrió, su alegría genuina en su rostro. Tomó su mano y permitió que él la empujara hacia arriba. Girando alrededor de su brazo, ella estalló en una risotada. "¿Alguna vez te escuchas? Autoridades del colegio," ella imitó su tono serio de voz, "presente en el día acordado... ¿Quién en todos los cielos te enseñó a hablar así?"

Las esquinas de los labios de Kenshin se levantaron, envolvió su cintura con un brazo y la hizo dar vueltas alrededor de la habitación. "¿Es tan fácil alegrar tu hurmo?"

Kaoru echó su cabeza atrás y rió mientras la habitación daba vueltas alrededor de ella. "¿Ves lo que digo?"

¿Que quieres decir? Los ojos del hombre cazador se suavizaron mientras daba vueltas a su enigma radiante y personal alrededor del apartamento. Ves que soy feliz cuando eres feliz. Que estoy furioso cuando estás triste. Que si fuera a matarte estaría solo.

Kaoru plantó un ruidoso beso en la cicatriz de su mejilla y fue a cambiarse.

No quiero estar solo.

Sus dedos persistieron en los suyas mientras ella danzaba lejos, tratando de alcanzar algo de su vida. Viéndola, presionó su palma en su mejilla, donde ella lo había besado.

Pero probablemente no esté en mi esa decisión.


Fin del capitulo 20. Continuará!

Notas de Kao: Las excusas no sirven pero solo diré que lamento muchisimo la tardanza.
Y este capitulo fue demasiado fuerte de traducir. Lloré tanto con la última parte ):