Esta es una fanficción sin más pretensiones que el entretenimiento y la práctica literaria. Todos los personajes tomados de la serie Buffy the vampire slayer son propiedad de Joss Whedon y de Mutant Enemy Inc. (Dios los bendiga). El resto del destrozo es responsabilidad mía únicamente y San Joss no tiene culpa de nada.

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PRÓLOGO

El lago parecía negro aquella noche.

Muchas generaciones antes, los Hombres de piel oscura habían habitado esos terrenos en compañía del lobo y el bisonte. También de algunos espíritus.

Y demonios.

Pero la lucha había estado igualada. Y ello proporcionaba armonía a la tierra que todos tenían que compartir. Los antepasados de Moon Ala de Cuervo caminaban entre los cielos y la tierra, entre las estrellas y el agua. Entre las Dos Bocas, manteniendo el equilibrio. Y la vida florecía a su alrededor.

Sólo cuando el Gobierno permitió a los Kighetawkigh (aunque los blancos seguían llamándoles iroqueses) regresar a sus antiguas tierras habían podido recuperar una mínima porción de la vieja sabiduría. Esa había sido la tarea encomendada a su abuelo, el último chamán; y a su padre, el último aprendiz. Y la suya, desde que era una niña. Recuperar, replantar, reconstruir. Observar. Y esperar.

Ahora la espera tocaba a su fin. Los nuevos habitantes estaban a punto de llegar. Los nuevos maestros. Los que habían sobrevivido a la Boca del Oeste. Y las chicas llegarían también.

Y poco después, ella vendría a su encuentro.

La chamán vertió las arenas y las maderas rituales en las llamas, que iluminaron la superficie de plomo del lago por un instante. Dio gracias a los espíritus del cielo y de la tierra, al puma y al ganso, sopló sobre las llamas para invocar al viento, introdujo los dedos en la orilla del lago, los sacudió sobre la fogata para homenajear al agua, y elevó las manos.

Rezó por la muchacha y por las más jóvenes, y por todos ellos. Por que volviera el equilibrio. Pero los dioses solían tener siempre sus propios planes.

Moon Ala de Cuervo se estremeció por primera vez desde que era una niña.

- Vendrá de todos modos- dijo la mujer mirando a su tótem: la luna pálida apenas brillaba en el cielo, como si el miedo de la mujer fuera también el suyo.