LA LEYENDA

por Asiant y Uriel

CAPÍTULO CXLIV

EL JUEGO DE LOS PODEROSOS

USS Enterprise (Puente de Mando)

El general Winfield Scott recibió de muy mal humor las últimas noticias. Le habían garantizado que todos los sistemas de armas en la Churubusco serían desactivados, que el grueso de los soldados enemigos abandonaría el combate en medio del caos y el pánico generados por el ataque sorpresa, y que además sería una batalla corta. Desafortunadamente para los atacantes, ninguna de aquellas promesas hechas por Cariolano, MacDaguett y los Hombres de Oscuro, se había cumplido. La nave insignia de la flota alienígena había iniciado un repentino contraataque que ponía en jaque toda la estrategia inicial denominada "Awe and shock" y las fuerzas de la Alianza Estelar no parecían dispuestas a ofrecer la rendición, mucho menos a salir huyendo.

Los comandantes de la flota terrícola insistían en mantener el optimismo a pesar de que la situación había dado un vuelco inesperado, pero Scott deseaba estrangular personalmente a los Hombres de Oscuro una vez que los tuviera enfrente. Las cosas no estaban saliendo como ellos habían asegurado y eso le provocaba una terrible irritación que amenazaba con transformarse en un ataque de ira.

—¿Han logrado encontrar al agente K? —preguntó a los técnicos de comunicaciones que seguían repartiendo órdenes a toda la flota—. ¿Dónde demonios está mi enlace? ¡Respondan!

—Lo lamento, señor, pero no hemos logrado hacer contacto —se disculpó un operador con la mano todavía presionando el audífono de su auricular—. Los Hombres de Oscuro no han respondido a nuestros llamados y tenemos reportes de que algunos cazas enemigos han entrado a nuestro perímetro defensivo. Tampoco hemos podido contactar con el almirante Cariolano.

—Maldición —murmuró Scott—. ¿Qué no saben darme más que malas noticias?

Scott dirigió su mirada hacia el enorme ventanal de observación. Desde ahí la batalla se veía como una celebración de fuegos artificiales y pirotecnia del 4 de Julio en Washington. Las naves estelares, distanciadas entre sí por kilómetros, intercambiaban continuos disparos de turboláser, mísiles y ráfagas rail. La flota de la Tierra todavía mantenía la ventaja, pero ¿por cuánto tiempo? Sí las naves que Cariolano había despachado a lo lejos con engaños regresaban de súbito, la batalla entraría en una fase donde sería muy complicada ganarla. Tras meditar unos instantes en aquella posibilidad, Scott suspiró en un intento por apaciguar la ira que crecía dentro de él con cada segundo que transcurría.

—Señor, nos está llegando información proveniente del Kauffman y del Arleigh Burke y no son buenas noticias —anunció uno de los oficiales más jóvenes desde otro extremo del Puente de Mando—. Dos escuadrones de cazas enemigos han comenzado a perseguir a nuestros EA-6B Prowler. Las naves E-2C Hawkeye han confirmado estos últimos reportes.

Aquello era lo menos que Scott necesitaba escuchar. El general jugueteó con la llave cuadrada que colgaba de la cadena en su cuello. No tenía tiempo para hablar con los demás comandantes de la flota e iniciar un debate sobre consideraciones éticas o humanitarias respecto a los conflictos. Scott, como todo buen militar americano, era un devoto admirador del General Sherman y, al igual que éste, profesaba la creencia de que mientras más cruentas fueran las guerras, más pronto terminarían. Había llegado la hora de poner el dedo en el gatillo de las armas más poderosas de la flota y convertir la batalla en un infierno donde los aliens se quemarían.

—Sí derriban a esos Prowler, perderemos las medidas electrónicas que causan interferencia y las naves enemigas recuperarán las comunicaciones entre sí. Lo mejor será que adelantemos el uso de los mísiles de uso táctico Minuteman-12.

—Pero, señor —protestó el oficial—. Tenemos bastantes tropas involucradas en la batalla y sí utilizamos mísiles Minuteman-12, todos morirán.

Los LGM-30F Minuteman-12 eran proyectiles balísticos blindados con una longitud de casi veinte metros y un diámetro de dos que portaban varias ojivas termonucleares de 16 megatones cada una. Estaban equipados con modernos ordenadores de navegación que guiaban al mísil durante toda su trayectoria y eso les hacía totalmente inmunes a cualquier influencia desde naves enemigas o fenómenos astronómicos.

—Estoy consciente de ello —dijo Scott con indiferencia, sacándose la cadena que pendía de su cuello para tomar la llave y luego se aproximó a un panel de control en donde había un miniteclado numérico junto a una pequeña ranura—. Sin embargo, estoy convencido de que los mísiles Minuteman-12 deberán ser usados. Cualquier cosa es preferible que ver ganar a esos asquerosos alienígenos. Den aviso a la flota de que usaremos armas termonucleares para que todo mundo se prepare —hizo una pausa y miró fijamente la astronave Churubusco a través del ventanal—. Acerquen el Enterprise a posición de disparo y luego apunten contra la nave insignia de la maldita flota extraterrestre. Será la primera en ser destruida. En caso de que los cazas enemigos amenacen con interferir, enviaremos a los Predators y a los X-45C. Estos últimos pueden llevar mísiles de medio alcance con capacidad nuclear.

Scott introdujo la llave en la ranura y la hizo girar. Después tecleó una secuencia numérica y pulsó el botón de introducción de datos. En la consola de mando se abrió un pequeño compartimento del que se elevó un botón rojo iluminado. Los mísiles Minuteman-12 ahora estaban listos para ser lanzados.

—Es hora de jugar a ser Dios —murmuró el general con satisfacción.

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En el espacio, Black entró en ángulo de ataque. Trató de fijar la retícula sobre un FS-22 Raptor, pero se trataba de una nave stealth y eso le impedía fijar correctamente el blanco en la computadora. Tenía que acercarse hasta quedar a pocos metros para lograr apuntarle correctamente a cualquier Raptor y eso complicaba las cosas para todo piloto por más experimentado que fuera. Los potentes motores del Lightning V-4 aceleraron con fuerza cuando pulso los mandos, pero el piloto del FS-22 reaccionó aumentando también su velocidad para alejarse.

—¡Demonios! —exclamó Joseph—. El sistema de radar no funciona bien a menos que me aproxime. No te vas a escapar, miserable.

De pronto, un FS-18 Hornet y varios cazas drones Predator se colocaron detrás de Black y le dispararon una lluvia de mísiles Siderwinder que accionaron todos los sensores de proximidad en la cabina del Lightning.

—¡Ah, no! —exclamó Joseph—. ¡A mí no me darán!

Black accionó la palanca con la letra B en su tablero y su Lightning cambió de modalidad, convirtiéndose en guerrero Battroid. Cuando uno de los mísil estaba a punto de golpearlo, el enorme robot lo derribó con los disparos de su arma y luego acribilló al FS-18 Hornet y a los Predators que lo perseguían hasta que destruyó a hasta la última de las naves enemigas. Joseph hizo que su Mecha se volviera hacia una formación de EA-6B Prowler que volaban escoltados por drones Predators y les disparó continuamente, alcanzando a un Prowler y destruyéndolo. Las acciones del líder del escuadrón Wolf permitieron que otro Lightning se acercara desde arriba para acabar con un segundo Prowler usando un mísil MRM de medio alcance.

Wolf-1, ¿me copia? —preguntó Emily por el intercomunicador.

—Lo copio, Megaroad —El fusil del Battroid de Black disparó ráfagas de luz en contra de ocho Predators y derribó a cuatros de ellos en el acto. Las restantes naves enemigas se dieron a la fuga—. Todavía hay mucha interferencia, pero puedo escucharlos. Tenemos las manos un poco llenas por este lado. ¿Cuándo nos van a mandar algo de ayuda?

—Acabamos de contactar a la Churubusco hace unos cuantos minutos —dijo Emily—. Nos informaron que sufrieron un sabotaje interno y eso paralizó temporalmente sus sistemas de armas y comunicaciones, pero ya lo remediaron y pronto enviarán a todos sus cazas disponibles a la batalla.

—Eso se oye bien —dijo Black.

—Sin embargo necesitamos que tú y tu escuadrón despejen el área sobre los muelles de embarque o los tipos malos no permitirán que los cazas despeguen. Tal parece que las fuerzas enemigas planean algo porque incluso una de las naves más grandes está avanzando hacia la Churubusco.

—Enterado —repuso Black, tirando de una palanca para regresar su Lightning a la modalidad Fighter y luego puso los motores a máxima potencia—. Veremos lo que se traen entre manos. Wolf-1, fuera.

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Planeta Adur.

Las naves terrícolas lanzaron varios proyectiles contra la capital aduriana, que explotaron entre los edificios y las calles repletas de gente. Los vehículos voladores estallaban y caían hacia tierra luego de recibir disparos. Por lo menos unas mil personas murieron con los primeros ataques. Un ruido ensordecedor llenó el cielo cuando los enormes bombarderos BS-52 Stratofortress comenzaron a dejar caer sus bombas y las defensas antiaéreas de la ciudad abrieron fuego contra ellos.

Mientras las bombas estallaban y los mísiles Paveway III guiados por láser impactaban en los blancos seleccionados, la emoción inundó a los marines, quienes, alegremente, empezaron a cantar:

"By doors are opens

The job almost done

Killing those aliens

We are having some fun"

El entusiasmo de los artilleros norteamericanos era mayúsculo. Los gritos al estilo Cherokee y las apuestas no se hicieron esperar. Los proyectiles MK-84, mejor conocidos como bombas electromagnéticas, y los mísiles JSOW funcionaban a la perfección. Los marines festejaron el lanzamiento puntual y preciso de más de siete mil bombas y mísiles sin detenerse a pensar si los destinatarios de tales artefactos eran niños, mujeres o ancianos.

Una docena de columnas de humo negro se elevaban hacia un cielo donde no corría el viento, extendiéndose hasta formar una nube oscura sobre la ciudad. Había personas bajo los escombros; se oían gritos, llanto, chillidos de pánico y había heridos por todas partes. Los cuerpos destrozados de las victimas habían caído en las más raras y antinaturales posturas. Había mujeres sollozando y corriendo en todas direcciones, cada cual respondiendo a sus necesidades más urgentes, apurándose por encontrar a sus seres queridos, a sus hijos, a sus padres, al novio, convencidas de que lo habían perdido por aquel ataque terrícola.

La destrucción se iba esparciendo por todo el planeta como una enfermedad mortal, pero de momento Cadmio no podía pensar en otra cosa que no fuera ganar la dura batalla en la que Saulo y él estaban involucrados contra el general Azrael.

Tras evadir la rápida técnica del príncipe de Endoria y contraatacar, Azrael alzó su pierna derecha hacia atrás, hasta que la punta de su bota golpeó la barbilla de Cadmio con tanta fuerza que éste cayó de espaldas al piso rocoso, quedando totalmente desorientado y aturdido.

—Sus esfuerzos no sirven de nada —dijo Azrael con serenidad, con sus espadas en lo alto—. Dejen de luchar y ríndanse ante mí. El Imperio de Abbadón jamás tendría piedad con ustedes, pero yo podría concederles un final sin dolor y sin deshonra.

—No nos interesa tus ofrecimientos, traidor —replicó Saulo, mientras se lanzaba en un nuevo asalto con toda la fuerza de su Chi concentrada en los puños y añadía—: Es hora de que conozcas toda la furia del... ¡Falcon Fire!

Mientras la contienda entre Azrael y el príncipe Saulo continuaba su marcha, Cadmio se tomó unos instantes para replantear su estrategia. Era la tercera ocasión en que Azrael lo hacía morder el polvo y lo cierto era que no buscaba una cuarta. Hasta el momento, ningún de sus ataques había logrado algo que se pareciera remotamente a un éxito, pero Saulo tampoco gozaba de mejor suerte a pesar de sus técnicas. Tenían que hallar un modo de recuperar la ventaja o ambos terminarían siendo derrotados.

—No puedo creer que un ciego me esté dando una paliza —murmuraba el Celestial, acariciándose la quijada—. ¿Qué es lo que me diría el Maestro Aristeo en un momento como este? Ah, sí, "Cadmio, debes ver a través de los ojos de tu enemigo para anticipar sus acciones" —hizo una pausa y entornó la mirada—. Pero mi enemigo es un maldito ciego y sus ojos están cerrados todo el tiempo. Otro ejemplo que evidencia que la práctica no se lleva con la teoría.

Pero Cadmio recordó que había muchas formas de ver, y no todas se basaban en el sentido de la vista. En una ocasión, Aristeo le había vendado los ojos y después le instó a usar sus demás sentidos como el oído, el olfato e incluso el tacto para orientarse durante un entrenamiento que consistía en eludir rocas. Sí Azrael no podía usar la vista, entonces debía depender de otro sentido e incluso el Chi para orientarse y "ver" lo que había en su alrededor. Algo muy sabido por todos era que cuando un sentido está ausente, se agudizan los demás y Cadmio finalmente había hallado un modo de retomar la iniciativa.

—Humm, Azrael debe estarse orientado usando los oídos —murmuró el Celestial, contemplando el enfrentamiento entre Saulo y Azrael—. Y sin duda su intuición le indica también la presencia de mi Chi, así que tendré que confundirlo para luego acercarme y darle su merecido.

Tras esperar a que Saulo hiciera una pausa en el combate y se distanciara de su adversario para reponer fuerzas, Cadmio comenzó a correr en derredor de Azrael lanzando veloces ráfagas de energía con las dos manos. Los disparos impactaron una y otra vez el suelo alrededor del general y causaron fuertes detonaciones que por un breve instante lo desconcertaron.

—Tu puntería es tan mala como tus técnicas —se burló Azrael, mientras las descargas explotaban a sus costados y levantaban una cortina de humo y escombros que saltaban por los aires—. Yo podré ser ciego, pero jamás he fallado tanto en darle a un blanco. ¿Qué es lo que pretendes, inútil Caballero Celestial?

La lluvia de disparos empezó a intensificarse y la sonrisa de confianza que Azrael exhibía pasó a transformarse en una expresión de perplejidad. El ruido provocado por los estallidos de los ataques de Cadmio era tan intenso, estridente y continuo que había comenzado a dificultarle oír los latidos y la respiración de sus dos adversarios. Si no podía oír con claridad, tampoco lograría saber por dónde lo atacarían, pero afortunadamente todavía lograba sentir el Chi de Cadmio, Saulo y de todo ser vivo cercano y eso compensaba la falta de visión y oído.

—Eso no te ayudará, Cadmio —murmuró Azrael, colocando en diagonal una de sus espadas llameantes en dirección a Saulo—. Todavía puedo sentir la presencia de ambos y así jamás podrán sorprenderme. Admito que fue una buena idea, pero es inútil contra alguien que puede percibir el aura de sus enemigos.

Cadmio formó una esfera de Chi en sus manos, dio un rápido salto en el aire y la arrojó hacia un lado; luego disminuyó el nivel de su energía interna hasta el mínimo al tiempo que caía, justo sobre Azrael. Éste percibió que la energía de Cadmio se alejaba, hacia la derecha, y se volvió hacia donde aguardaba Saulo. De pronto, el sexto sentido tan desarrollado que le había proporcionado su duro entrenamiento le advirtió del peligro, aunque ya era demasiado tarde.

Un directo de derecha se estampó contra la cara del general, seguido de un poderoso gancho izquierdo que lo hizo soltar una de sus espadas. Cadmio se aprestó a recoger el arma y cargó inmediatamente contra un desorientado enemigo que apenas logró defenderse. La expresión de Azrael distaba mucho de la sonrisa de seguridad con la que había iniciado la pelea y ahora tenía que esforzarse mucho para defenderse de los ataques de Cadmio.

Azrael intentó echarse a un lado para tomar ventaja, pero un veloz Falcon Fire disparado por Saulo le sirvió para recordarle que luchaba contra dos contrincantes igual de peligrosos.

—¡Está vez vas a perder algo más que la vista! —clamó Cadmio, atacando con un rápido movimiento de izquierda a derecha que Azrael apenas logró contener—. ¿De qué te sirve ahora tu arrogancia? ¡Vas a tragarte todas tus palabras!

Azrael consiguió hacer distancia entre él y su enemigo, pero Cadmio empezó a perseguirlo en una veloz embestida. Las hojas llameantes chocaron con fuerza y ambos permanecieron frente a frente con las espadas enzarzadas.

—¡Tú quieres derrotar al Imperio y me llamas ciego! —dijo Azrael con rabia.

—Al menos no moriré con un disparo por la espalda como lo han hecho todos los que sirven al Imperio. ¿Crees que N´astarith dejará que tú y Azmoudez sigan vivos cuando todo esto de la guerra termine? Si eso es lo que piensas, eres más estúpido de lo que siempre me pareciste.

—¿Tratas de confundirme? —Azrael tuvo que retroceder cuando Cadmio lo empujó hacia atrás, pero mantuvo la guardia en alto mientras ambos adversarios giraban uno alrededor del otro en espera de hallar una oportunidad—. Azmoudez me dijo que los Celestiales y sus aliados dirían todo tipo de mentiras, pero que debía ignorarlos para no dejarme engañar. No me agrada N´astatith o alguno de los Khan si eso es lo que crees, pero colaborar con el Señor de Abbadón es la única forma de asegurar mi propia supervivencia y la de mi mundo.

—No puedo creer que te tragues esas mentiras —replicó Cadmio antes de saltar, embistiendo y golpeando la defensa de su adversario, pero éste consiguió resistir tenazmente a pesar de que tenía problemas en su intento por retomar la ofensiva. El Celestial profirió un grito de guerra y extendió un puño, disparando una veloz ráfaga de Chi que le dio a Azrael en el hombro derecho, quebrando la hombrera de su armadura e hiriéndole por primera vez.

El general reculó unos pasos hacia atrás. La sangre comenzó a escurrir a través de su brazo y empezó a gotear en el suelo.

"Bien hecho, Cadmio ", pensó Saulo, animando a su amigo y siguiendo la batalla con la mirada como si fuera él quien estuviera luchando con Azrael. "Has conseguido herirlo".

—Déjame decirte un par de cosas sobre N´astarith —dijo Cadmio, contemplando a su adversario mientras éste retrocedía y fruncía el rostro en una mueca de dolor—. Ese sujeto es un experto en prometer cosas porque sabe que jamás las cumplirá. ¿Crees que eres el primero al que le ofrece seguridad, riquezas o inmortalidad a cambio de ayuda? ¿Qué me dices del príncipe Ferrer o de su padre? Ellos confiaron en N´astarith y lo perdieron todo, incluso el planeta Megazoar.

—Ellos dos lo traicionaron primero —contrarrestó Azrael, alzando su espada de nuevo—. Sí hubieran mantenido su alianza con el Imperio, ahora mismo estarían vivos. No trates de manipular los hechos porque sé bien cómo sucedieron las cosas.

—El príncipe Ferrer se dio cuenta que había cometido un error. Tanto él como su padre hicieron un trato con N´astarith para evitar más conflictos en la galaxia, pero lo único que consiguieron fue un mayor sufrimiento para todos los meganianos y otros seres de distintos universos. ¿Dónde quedó la paz, la justicia y la prosperidad que les prometieron? ¿Qué le sucedió a los meganianos?

Inesperadamente, Azrael asestó un golpe de espada tan fuerte que Cadmio apenas logró contener, pero aún con ello sintió como se hundía todo el suelo bajo sus pies debido a la fuerza del mandoble.

—¡Cállate! ¡No quiero seguir escuchándote!

—¡Los poderosos únicamente usan a los demás! —Cadmio atacó de nuevo y dejó caer la hoja que sostenía sobre la de Azrael. Con un movimiento defensivo, Azrael alcanzó a cubrirse con su espada, pero las embestidas de Cadmio eran cada vez más poderosas y las cosas se complicaban para el general—. No creo que seas tan tonto para no darte cuenta que todos aquellos que detentan el poder sólo usan a los demás para sus fines y luego los desechan como si fueran basura —añadió el Celestial—. ¡Ese es el juego de los poderosos como tu amigo N´astarith!

Los contrincantes se alejaron de nuevo.

—¿Y cual es la alternativa que me ofreces, Caballero? —reviró Azrael—. ¿Una batalla heroica con un desenlace trágico? ¿La angustia de marchar contra un enemigo infinitamente superior a sabiendas de que la victoria es imposible? ¡Que final por demás tan patético!

—Las alternativas te las debes dar tu mismo —El Celestial retrocedió, avanzó, golpeó y desvió una estocada de su enemigo—. Yo elegí vivir, pelear y morir a cambio de la libertad y la paz de aquellos a quienes sirvo dentro de la Alianza Estelar. Bien podría hacer lo mismo que tú, pero elegí otra alternativa, la de servir a los demás y proteger a los débiles en vez de ser el peón de alguien más poderoso.

—¿Qué hay de malo con servir a un poderoso? El Imperio de N´astarith traerá la paz, ¿no lo entiendes?

—¿Cómo puedes hablar de paz? —inquirió Cadmio—. ¿Qué no te das cuenta de todo lo que sucede a tu alrededor? ¡El planeta Adur está siendo atacado y sus habitantes están siendo masacrados! —gritó el Celestial, a la vez que se precipitaba sobre su enemigo con un fuerte mandoble—. ¡Ellos son inocentes! ¡Jamás habrá paz en algo que ha sido maldecido por la Oscuridad!

El general apenas tuvo el tiempo justo para levantar su hoja y desviar el golpe de su adversario. Pero la espada que Azrael sostenía quedó partida en dos y las llamas que la cubrían se apagaron.

—Estás desarmado y herido, Azrael —le dijo Cadmio—. Ríndete ahora.

—¡Esto no me detendrá, estúpidos Caballeros Celestiales! —rugió Azrael, furioso, y empezó a concentrar todo el Chi que era capaz de reunir para realizar su más poderoso ataque. Tras lanzar al suelo su espada rota, elevó ambas manos al cielo como si fuera a realizar una plegaria—. No importa lo fuerte que seas. Tú jamás podrás resistir la fuerza de la poderosa técnica del Dragón Supremo.

—Ahora sabrás lo equivocado que estás, Azrael —lo animó Cadmio, clavando la espada en el piso y luego juntó ambas manos a un costado de su cuerpo. El Chi del Celestial empezó a elevarse hasta que todo su cuerpo se vio envuelto por un halo de luz blanca—. He dejado que la furia y el orgullo me cegaran, pero ahora comprendo que ser un Celestial está más allá de todo eso. ¡Te demostraré la técnica que aprendí gracias al príncipe Jesús Ferrer!

Azrael respondió golpeando el suelo con sus palmas abiertas. El suelo pareció explotar cuando el general saltó por el aire formando un remolino de energía que tomó la forma de un dragón de luz, que se abalanzó directamente sobre Cadmio.

¡Dragón Supremo!

¡Rayden Sha-Ma-Sha!

Sin más, el Celestial contraatacó, convirtiendo su Chi en un potente relámpago que chocó contra el ataque de su enemigo y consiguió detenerlo en medio del aire. La lucha de poderes era tan impresionante que atrajo la atención inmediata de varios Shadow Troopers, gárgolas del Ejército del Mal y gnomulones inorgánicos.

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Azmoudez abrió los ojos desmesuradamente por la impresión. Lo que estaba mirando era sencillamente inconcebible y si no lo estuviera viendo en persona nunca lo habría creído. ¡Hikaru Shidou continuaba viva! Las mangas del Seifoku que vestía la Guerrera Mágica habían sido parcialmente desgarradas y tenía algunos rasguños en su rostro y las manos, pero fuera de esto no tenía heridas de consideración.

—¿Cómo es posible? —exclamó el general—. ¡Tú deberías estar muerta luego de recibir mi ataque!

—No seré vencida tan fácilmente como piensas —repuso Hikaru, mientras se levantaba lentamente y se sostenía en su hoja—. Esta espada fue creada por Presea y está hecha de un material muy especial que no te será fácil destruir, Azmoudez.

—Tengo que admitir que me has dejado bastante sorprendido, Hikaru —reconoció el general con sinceridad. Tras una leve pausa, levantó sus manos y añadió—: No creí que esa espada que usas fuera tan resistente, pero no volveré a subestimar ningún arma mágica creada en el mundo de Céfiro. Tal vez han peleado con valor, niñas, pero ninguna de ustedes tiene la fuerza suficiente para derrotarme y sólo es cuestión de tiempo para que las elimine una por una o todas a la vez. ¿Por qué no mejor se rinden?

Tanto las Guerreras Mágicas como las Sailor Senshi se pusieron en guardia. Sailor Saturn hizo girar su Silent Glave y apuntó su brillante hoja contra el pecho del general.

—Tontas —murmuró Azmoudez, levantando una mano—. Que no se diga que no tuvieron oportunidad.

—Me parece que las estás subestimando, Azmoudez —dijo una voz a espaldas del general—. Si todas ellas fueran oponentes fáciles de vencer, ya las habrías matado, pero aún están de pie y su determinación es más grande que antes.

Todos giraron sus cabezas para ver llegar a Trunks. Expresiones de alegría iluminaron los rostros de las Sailor Senshi y las Guerreras Mágicas.

—Trunks —murmuró Azmoudez de mala gana—. Estás vivo todavía.

Sailor Jupiter corrió hasta Trunks y lo abrazó tiernamente. Ahora sentía una especial cercanía entre los dos que atribuyó al momento y a la desperada batalla que todos libraban. Empero detectó un cambio en el Guerrero Zeta cuando ambos se miraron a los ojos, una esencia distinta que parecía radiar su corazón.

—Trunks, que bueno que hayas venido —dijo Sailor Jupiter.

—No pensarías que iba a dejarlas luchar solas, ¿verdad? —murmuró él con gentileza.

Azmoudez, furioso, cerró los puños y entornó la mirada. La última vez que había visto a Trunks, éste libraba una dura batalla junto con otros en contra de un musculoso alienígena de nombre Garlick Junior, quien no se cansaba de cacarear una y otra vez que poseía la vida eterna.

Pero parecía que ni eso le había servido para vencer a sus enemigos ya que Trunks continuaba vivo.

El general supuso que No.18, Karmatrón, Piccolo, Shilbalam, Shiryu, Hyoga, Firia y los demás también habían sobrevivido a la pelea con Garlick Junior y que muy probablemente ahora mismo se estarían disgregando por el campo de batalla para derrotar al resto de los aliados de N´astarith. Las cosas no estaban marchando bien para los planes de Azmoudez.

—Sailor Jupiter, te daré una última oportunidad —advirtió Azmoudez, extendiendo una mano hacia la Inner Senshi, quien lo miró con desprecio—. Ven conmigo y me aseguraré de que salgas con vida de todo esto y regreses a tu mundo.

—Ella no irá contigo a ninguna parte —replicó Trunks severamente, dejando que toda la fuerza de su Ki fluyeran en torno a él y luego se convirtió en un Súper Saiya-jin con una intensa explosión de luz—. Azmoudez, no sé cómo has podido traicionarnos, pero vas a pagar por eso, maldito.

Azmoudez no respondió ni una palabra. Imbuido por el poder de su propio Chi, el general dio un salto hacia Trunks y le atacó con una veloz andanada de fuertes puñetazos que volaron con una velocidad imposible de seguir para el simple ojo humano. El Súper Saiya-jin reaccionó bloqueando o esquivando todos los ataques de su adversario y se las arregló para devolver varios golpes que Azmoudez repelió igualmente usando sus manos y brazos o esquivándolos.

De repente las manos de Azmoudez se aferraron al cuello de Trunks, quien reaccionó lanzando una violenta patada de gancho contra el abdomen de su rival, obligándole primero a soltarlo y luego a retroceder lentamente mientras trataba de recuperar el aire.

Trunks permaneció quieto por un instante y miró atentamente cómo Azmoudez, todavía doblado hacia delante, se sujetaba el estómago e inhalaba violentamente. El general dobló una rodilla y posó una mano en el suelo para apoyarse mientras alzaba la mirada.

—Necios estúpidos —murmuró Azmoudez, jadeando—. No lo entienden, ¿verdad? Quizá lograron acabar con ese payaso de Garlick Junior y tal vez algunos de ustedes puedan escapar de esta batalla, pero lo que no saben es que mientras combatimos aquí en este planeta, algunos de los agentes de N´astarith se infiltraron en la Churubusco para robar las Gemas Estelares y es muy probable que ya lo hayan conseguido.

—¿Qué estás diciendo? —inquirió Trunks con el entrecejo fruncido.

Azmoudez esbozó una leve sonrisa de burla y comenzó a incorporarse lentamente.

—Sólo es cuestión de tiempo para que N´astarith reúna las doce Gemas Estelares y entonces obtendrá el máximo poder de la Existencia. Cuando eso suceda, ni siquiera la fuerza combinada de todos ustedes podrá derrotarlo. ¿Lo entienden, gusanos? ¡Están solos contra el poder de Abbadón y nadie podrá ayudarlos!

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Tierra-616
Stark Industries (Cuarteles de Tony Stark)

Los Illuminati eran una organización secreta compuesta por varios de los héroes más poderosos de la Tierra: el Hechicero Supremo Doctor Strange. Black Bolt, Rey de los Inhumans. Charles Xavier, fundador de los X-Men y activista por los derechos mutantes. Reed Richards, miembro fundador de los Fantastic Four. Namor, Regidor de Atlantis y conocido como el Submariner e Iron Man, miembro fundador de los Avengers.

Estos seis hombres habían trabajado juntos durante años para dar forma al status del Súper humano y el mundo que lo rodeaba.

Para mantener la confianza entre los miembros del grupo, la existencia de los Illuminati era secreta para todos, incluso sus compañeros y familiares.

En una enorme pantalla, Tony Stark había hecho aparecer una imagen de la atmósfera de la Tierra siendo alcanzada por una estela brillante compuesta por una energía poderosa. No era inusual que el planeta tuviera contacto con energías originadas en las profundidades del espacio exterior. A diario la Tierra era bombardeada por oleadas de radiación cósmica y tormentas magnéticas generadas por su propio Sol, pero a diferencia de aquellos fenómenos astronómicos propios de la naturaleza, la energía que se mostraba en el monitor no provenía del Sol o de algún otro punto lejano del universo, sino que había surgido de una fisura en la misma continuidad del espacio-tiempo.

Tanto la fisura como la misteriosa estela de energía habían aparecido y desaparecido en apenas una fracción de segundo, y por lo mismo únicamente había sido captada por algunos cuantos seres con habilidades especiales o por medios tecnológicos superiores a los convencionales.

—Como les comenté anteriormente —dijo Stark—, los satélites de mi compañía pudieron obtener una lectura breve de esta emanación de radiación bastante enigmática. La energía estaba modulando constantemente a múltiples frecuencias con picos y valles fuera de toda escala conocida.

Hasta entonces, Stark no le había mostrado a sus compañeros nada que no supieran ya gracias a sus propios medios. Reed Richards miró en forma pensativa la pequeña tableta computarizada que sostenía entre sus manos y cotejó sus propias observaciones compiladas en un fichero informático. No había nada más que pudiera deducir de aquel extraño fenómeno salvo que se trataba de una fuerza extremadamente poderosa. ¿Qué o quién había originado semejante despliegue de energía tan poderoso como para rasgar el espacio y el tiempo? ¿Acaso se trataba de algún tipo de amenaza potencial para la Tierra? ¿Se repetiría de nuevo en lo futuro? ¿Qué implicaciones traería ese fenómeno en el corto plazo?

Ésas y otras más eran las preguntas para las cuales Mister Fantastic no tenía una respuesta todavía. Mientras que Richards continuaba meditando en sus propias teorías y conjeturas y Stark seguía mostrando imágenes en sus pantallas, Namor levantó su mano derecha para tomar la palabra.

—¿Alguno de ustedes dos tiene idea de dónde vino esa energía? —preguntó el Regidor de Atlantis con interés—. Estoy seguro de que Richards y tú podrían hablarnos por horas de todas las cuestiones científico relacionadas con esa misteriosa energía, Tony, pero lo que me interesa en realidad es averiguar si este fenómeno representa un peligro real para nuestro mundo.

Black Bolt asintió con la cabeza para expresar que se hallaba de acuerdo con lo dicho por Namor. A pesar de que era más poderoso que cualquier otro Inhuman, el soberano de Attilan estaba forzado a permanecer en silencio para evitar que su poderosa voz destruyera a cualquier otro ser que estuviera cerca.

Se produjo un tenso silencio mientras los miembros de los Illuminati se miraban entre sí.

—Por desgracia, no —terminó diciendo Reed Richards—. La información de la que disponemos resulta insuficiente para determinar el sitio exacto de donde se originó la energía que detectamos, pero lo que si puedo decirles, casi con seguridad, es que no pertenece a nuestro universo.

—¿Estás diciendo que vino desde otra dimensión? —preguntó Charles Xavier.

—Exactamente —confirmó Stark—. He revisado los datos que tengo y lo que Reed acaba de decirnos concuerda con mis conjeturas. Esa energía no sólo curvó el tiempo y el espacio, sino que los rebanó literalmente hablando.

El Doctor Strange inclinó su cabeza, pensativo, y finalmente dijo:

—El Ojo de Agamotto tampoco ha podido determinar la procedencia de esta misteriosa fuerza, pero ciertamente he podido saber dos cosas: Una es que no vino de la dimensión de Dormammu o de la de Set y la segunda es que la energía poseía una cierta naturaleza mística, aunque no se trataba de magia.

—Quizá deberíamos reunir a todos para decirles lo que sabemos —propuso Charles Xavier luego de pensarlo un poco—. Tal vez Thor, el doctor Banner, Quasar, Sersi, el Silver Surfer o alguien más pueda ayudarnos a obtener información sobre este fenómeno.

—O podríamos alarmarlos innecesariamente —opinó Strange.

—Más bien sería todo lo contrario —replicó Richards, girando su tableta computarizada para que todos pudieran ver las gráficas que la pantalla mostraba—. Antes de venir aquí, programé las computadoras del Edificio Baxter para que hicieran un escaneo del espacio y así determinar hasta que punto había llegado la ola de energía. Pues, bien, de acuerdo con mis cálculos, no sólo golpeó la Tierra, sino que se expandió a través de la galaxia y es bastante probable que incluso se haya extendido por todo el universo.

La expresión amenazadora característica de Namor se convirtió en una mueca de perplejidad cuando comprendió las implicaciones de lo que Richards había dicho. Sí la ola de energía se había expandido por todo el universo quería decir que poseía una fuerza extraordinaria, casi infinita.

—Por el Vishanti —murmuró el Doctor Strange.

—Tiene que haber una equivocación —afirmó Stark, sorprendido y un tanto alarmado—. ¿Estás seguro de qué hiciste bien tus cálculos, Reed?

—Los revisé dos veces, Tony —precisó Mister Fantastic.

—Entonces debemos actuar —dijo el soberano de Atlantis—. Tenemos que decirles a los demás lo que hemos averiguado y prepararnos para lo peor. ¿Creen que debamos llamar también al Squadron Supreme?

Stark se acarició la barbilla.

—No veo razón para no hacerlo, Namor. Quiero decir, Hyperion y los otros todavía se hallan atrapados en nuestro universo y cualquier cosa que amenace la Tierra, también les afectaría a ellos. Sé que hemos tenidos varios altercados con el Squadron Supreme en el pasado, pero en este asunto creo que todos debemos estar del mismo lado.

—De acuerdo, reunamos a todos —aceptó Reed, consultó su tableta una vez más y luego recorrió con su mirada los rostros de sus compañerosantes de preguntar—: ¿En casa de quién haremos la reunión?

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Zambia, África.
Complejo de Planetary, 1999, 16:23 hrs.

Todo empezó como siempre: extraño.

La vida siempre es así cuando trabajas para Planetary. El Doctor Benjamin Kwelo lo sabía. Siendo un talentoso astrofísico, había sido contratado por Elijah Snow en 1992, antes de que "el otro bando" aprovechara sus talentos o decidieran borrarlo de la faz de la tierra. Como africano, Kwelo nunca había soñado realmente con el trabajo que desempeñaba en Planetary. De todas las oficinas, instalaciones, laboratorios y complejos científicos con los que la organización contaba alrededor del mundo, el de Zambia era uno de los mejor equipados para la observación espacial, contando incluso con un espaciopuerto. Y el Doctor Kwelo era el jefe de esa estación, supervisando todas las observaciones de anomalías registradas en el espacio y monitoreando las actividades de las especies extraterrestres conocidas en orbitar el planeta Tierra.

Pero esa tarde, lo extraño se trocó en abstruso e insólito.

De frente a la gran pantalla que mostraba diagramas del 95% de las regiones de la Vía Láctea, el Doctor Kwelo observaba unos extraños indicadores que indicaban una anomalía en La Brecha. Habían empezado hacía unas horas, pero a cada momento se hacían más alarmantes las mediciones que aparecían en la pantalla.

La Brecha es, por supuesto, la realidad donde se accede a las demás. Si el Multiverso es el conjunto de esas realidades, la Brecha es la estación de trenes que forma parte de ese Multiverso, pero que a la vez permitía accesar a cualquier parte de él. Incluso a las partes que no eran consideradas realidades propiamente dichas. Y, ahora, según lo que aparecía en la pantalla, algo raro pasaba dentro de ella. Y si algo pasaba en la Brecha, afectaba por ende al Multiverso.

—Esto no pinta nada bien —dijo el Doctor Kwelo a sus asistentes—. Será mejor localizar al señor Snow y al resto del equipo de campo cuanto antes. Sólo ellos podrían entender qué pasa aquí.

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La Brecha (el Carrier, viajando entre el mar de las realidades)

El Carrier, una enorme aeronave inteligente de ochenta kilómetros de largo, viajaba a poca velocidad. Jenny Sparks se encontraba en uno de los muchos miradores de la enorme nave, fumando un cigarrillo y contemplando con aire ausente los haces de luz roja a su alrededor. Cada uno de esos haces era una vía, una autopista que llevaba a un universo diferente. Y Jenny, el Espíritu del Siglo XX, la protectora de la humanidad, se preguntaba si en alguno de esos universos la Tierra no sería un montón de basura como la que ella protegía.

—Jenny, habla Shen. Te necesitamos en el puente del Carrier ahora —dijo Shen Li Min por el nanocomunicador que cada miembro de The Authority tenía injertado en su cerebro—. Hay algo que debes ver.

—Maldición, Shen, ¿tengo cara de querer atender algo ahora? ¿No puede esperar un momento?

—Eh, Jenny, creo que ya no es tan necesario que vengas al puente. Tan sólo asómate hacia el frente de la nave... .

Intrigada y fastidiada, Jenny caminó hacia las ventanas que daban al frente. Lo que ahí vio la dejó pasmada. La Brecha, por su naturaleza, no podía tener fugas, ni rupturas. Y, sin embargo, ante el Carrier se encontraba una enorme fisura que lentamente engullía todos los haces rojos que llevaban a otros universos. Era como si La Brecha estuviera implosionando.

—Esto no puede ser —murmuró Jenny.

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Atalaya, satélite de la Justice League (en órbita sobre Tierra-0)

Para cuando por fin los invitaron a entrar, Zatanna, Raven y el Doctor Fate no perdieron ni un segundo y se introdujeron a la amplia Sala de Reuniones. La habitación era ovalada y al fondo había una pared con una serie de grandes ventanas panorámicas de observación tras las cuales podía verse la mitad iluminada del planeta Tierra, suspendido como una brillante joya de color azul sobre el aterciopelado negro del espacio.

En el centro de la sala, ocho héroes, todos reconocidos por sus grandes hazañas, una valentía excepcional y su gran determinación, aguardaban sentados alrededor de una mesa de conferencias. Eran los miembros fundadores de la Justice League, aquellos que con el paso del tiempo se habían convertido en un símbolo, en una inspiración para toda la comunidad heroica que luchaba en favor de la humanidad bajo los ideales de paz, libertad y justicia: Superman, el Último Hijo del planeta Krypton. Batman, el Caballero Oscuro de Gotham City. Wonder Woman, Princesa Guerrera de las Amazonas de la isla Themyscira. Black Canary, poseedora de un Grito Sónico capaz de destrozar el acero. Aquaman, soberano del reino submarino de Atlantis. Flash, el hombre vivo más rápido del mundo. Green Lantern, portador del mítico Anillo de Poder y J´onn J´ozz, último sobreviviente del planeta Marte y mejor conocido entre los terrestres como el Martian Manhunter.

El Último Hijo de Krypton se levantó de su asiento para saludar a los recién llegados.

—Sean bienvenidos, amigos. Lamento que los hayamos hecho esperar, Zatanna, pero Hal y Barry estaban ocupados en otra parte y ustedes pidieron que todos estuviéramos presentes.

—Lo entendemos, Superman, y les damos las gracias por haber accedido a esta reunión —repuso Zatanna tras quitarse su sombrero de copa—. Es probable que se hayan preguntado porqué les pedimos verlos con tanta urgencia y la razón es que todos y cada uno de nosotros detectamos una perturbación mística causada por la irrupción de una fuerza misteriosa.

—¿Una fuerza misteriosa? —repitió Black Canary, quien se sentía intrigada.

—Si y fue tan poderosa que perturbó los dominios de los Lords del Caos y el Orden —dijo Zatanna.

—¿Creen que se trate de algún tipo de amenaza potencial? —inquirió Superman con los ojos fijos en Zatanna, Raven y el Doctor Fate, asegurándose de que sus palabras le hicieran comprender a todos los presentes que el Hombre de Acero estaba dispuesto a actuar de ser necesario si hubiera algún peligro.

—No estamos totalmente seguros de eso, Superman —El Doctor Fate avanzó unos pasos—. Lo que sí sabemos es que la energía que atravesó los dominios de los Lords del Caos y el Orden surgió en un plano existencial diferente al nuestro. En otras palabras, se originó en otra realidad y también alcanzó a la Tierra por unos breves instantes.

Batman bajó la mirada y se llevó una mano a la barbilla en una actitud reflexiva y cuidadosa.

—Hummm.

Flash aguardó un momento y luego preguntó:

—¿Soy sólo yo o también ustedes piensan que el hombre murciélago va a decir algo importante?

—¿Qué sucede, Batman? —le inquirió Zatanna.

El Caballero Oscuro alzó su rostro antes de responder.

—Tal vez se trate de una coincidencia, Zee, pero antes de venir aquí estuve leyendo unos reportes acerca de un fenómeno astronómico que se reportó en uno de los laboratorios propiedad de Empresas Wayne. Un grupo de satélites detectó una intensa estela de radiación cósmica que pasó por la atmósfera de la Tierra y luego se adentró en el espacio profundo.

—Las computadoras de la Atalaya también registraron un flujo masivo de energía hace unas horas —dijo el marciano conocido como el Martian Manhunter, con sus dedos entrelazados encima de la mesa—. No tuve tiempo para hacer un análisis exhaustivo debido a la emergencia que asoló la costa de California, pero ahora estoy convencido de que se trata del mismo fenómeno del que habló Batman y la verdad es que no se parecía a nada que mi raza haya visto antes.

Raven se llevó las manos a su capucha oscura y la retiró de su cabeza. El cabello de Raven era tan negro como un cuervo y desafiantemente largo. Su rostro era hermoso y su cuerpo agradable a la vista, y su piel era tersa y blanca. Poseía poderes empáticos y curativos.

—Como seguro saben, soy la hija del demonio Trigon, quien mora en una dimensión demoníaca similar al Infierno donde sólo él gobierna —hizo una pausa y continuó—. Cuando percibí la intrusión de aquella fuerza misteriosa en los dominios místicos de los Lords del Caos y el Orden, sentí temor de que pudiera tratarse de algún plan orquestado por mi demoníaco padre y por esa razón estuve meditando por un largo rato para contactar la dimensión de Trigon.

—¿Y qué averiguaste, Raven? —preguntó Flash—. ¿Tu padre ha vuelto a las andadas?

La joven Titán negó con la cabeza.

—No, pero gracias a mi pequeño viaje astral, pude saber que la fuerza de la que estamos hablando también alcanzó la dimensión de Trigon. No puedo asegurarlo en este momento, pero sospecho que tal vez este inusual fenómeno se presentó en varios planos existenciales.

Aquellas palabras permanecieron flotando un rato en el aire.

—Lo que haya sido fue algo muy poderoso para manifestarse en tantas dimensiones al mismo tiempo —dijo el Doctor Fate—. Al igual que Raven, yo también hice un viaje astral y descubrí que aquella fuerza también fue percibida incluso en la dimensión de Ichthultu.

Se hizo el silencio, mientras los héroes asimilaban los hechos.

—Atenea, ilumínanos —murmuró Wonder Woman con preocupación—. Suena como si otra Crisis estuviera pronta a suceder.

—¿Creen que Darkseid esté involucrado en esto? —inquirió Aquaman.

Todos se volvieron hacia el Hombre de Acero para ver su reacción

—No me gusta como se oye todo esto —opinó el kryptoniano—. Lo mejor será convocar a toda la Justice League y contactar a la Justice Society, los Teen Titans, los Outsiders, los Freedom Fighter, los Metal Men, los Global Guardians e incluso a la Doom Patrol.

—Sería la mejor decisión, Superman —aprobó la voz de un hombre maduro—. Necesitaremos la ayuda de todos y cada uno de los campeones de este mundo.

Todos los héroes se giraron a un extremo de la habitación para descubrir a un hombre de rostro arrugado y barba blanca que los observaba tranquilamente. Iba vestido con un manto verde oscuro, tenía el cabello plateado y largo y sus ojos eran de un vistoso azul celeste. En su mano derecha sostenía un largo cayado de color blanco en el que se apoyaba.

—¡Gran Hera! —exclamó Wonder Woman, alzándose de su asiento con las manos puestas sobre su lazo mágico—. ¿Quién eres tú?

—Lantern, contenlo —indicó Batman de inmediato.

Hal Jordan levantó su brazo y extendió su puño hacia el inesperado visitante. Un rayo de color esmeralda brotó del anillo de Green Lantern, creando una prisión de cuatro gruesas paredes con barrotes para mantener cautivo al hombre de cabellos plateados, quien no hizo el menor intento por evitarlo.

—Te saludo en nombre de la Justice League Unlimited —dijo Superman—. ¿Quién eres y qué te trae aquí?

—Mi nombre es Aristeo —repuso el Maestro Celestial con voz profunda, franca y tranquila—. Soy el líder de la casi extinta Orden de los Caballeros Celestiales y he venido a este universo a solicitar su ayuda porque la Existencia entera está amenazada.

Continuará... .