Hola! Sé que tardé muchísimo en actualizar, y pido perdón a aquellos que sigan la historia, pero tengo que admitir que la señorita inspiración no se dignaba a aparecer, y unos cuantos examenes se interpusieron en el medio, supongo que son cosas que pasan... Intentaré actualizar dentro de poco, porque ya tengo básicamente planteado el próximo capítulo. Espero que les guste y que me dejen algun review que otro... mi gran motivación :)

Ya no incordio más con mis comentarios, hasta prontito


Capítulo 15: Lluvia y frío

El pelo negro le caía sobre la cara, y sus ojos astutos buscaban a lo largo de la mesa alguna forma de entretenimiento. Alumnos de todas las casas ocupaban las mesas con libros y cuadernos, intentando acabar con sus deberes en una cantidad mínima de tiempo.

Su amigo Remus se encontraba a poca distancia de él, aunque ese espacio que los separaba era territorio de papeles doblados y libros amontonados, que parecían competir por saber cual ocupaba más. A pesar de tener tanto trabajo como Remus, su concentración no estaba muy dispuesta a ayudarlo ese día; su mente vagaba, intentando encontrar algún tipo de distracción.

Sus ojos grises se fijaron en una chica de pelo negro que entraba al comedor, y la siguieron todo el camino hasta que se sentó con un grupo de gente en la mesa de Ravenclaw. Se rió para si mismo, y recordó que había salido con ella en quinto, quizás fuera cuarto, no estaba seguro. Su emoción fue bastante menor de lo que esperaba que fuera cuando ella accedió a salir con él. Ella lo había rechazado un par de veces, haciéndose la interesante, según Sirius.

- Pero de interesante - analizó él entre carcajadas cuatro días después, cuando terminó su relación con ella - no tenía nada.

Estiró la mano para alcanzar uno de los papeles que Remus había arrugado. Con sus largos dedos fue rompiéndolo en pequeños pedazos, que luego se convirtieron en bolitas, que luego pasaron a ser misiles. La primera le pegó en la nariz, la segunda en la oreja y la tercera pareció esquivarlo, porque cayó directamente al suelo.

- Quizás tengas que conseguirte un pasatiempo, Sirius - le comentó Remus algo molesto, devolviéndole la pelotita. Parecía molesto, aunque Sirius pensó que no debía de ser por su culpa.

- Sabes que tirarte papeles es uno de los mejores entretenimientos que puedo conseguir en este lugar en este mismo momento... ¿o no lo sabes?

- No lo sabía, pero gracias por la información - ironizó - la próxima vez que me pegue una pelota de papel voy a suponer que es intento de matar tu aburrimiento, ¿te parece bien?

- Me parece perfecto - aceptó Sirius, volviendo a pegarle en la nariz - Me acabo de dar cuenta de que mi puntería es mucho mejor de lo que yo creía. Es... - continuó él, pegándole de nuevo - ¡Fantástica!

- Si estás aburrido buscate una novia - le dijo Lupin sin mirarlo. Su mano volvió a recorrer la hoja velozmente, y sus ojos volaban de un lado al otro, buscando algún posible error. Le pareció que Sirius sonrió ampliamente. Su amigo le robó otro de los papeles, pero esta vez se dedicó a jugar con él, tirándolo al aire y volviendo a atraparlo.

- Hablando de novias... - empezó Sirius - ¿Qué tal te va con la tuya? - La pelotita subía y bajaba siempre al mismo ritmo, marcando el compás. Remus lo miró con los ojos entrecerrados y una cara cómica, aunque todavía se veía en ella esa molestia que Sirius no sabía que era.

-¿No vas a aburrirte nunca? - preguntó desviando nuevamente la mirada a su redacción - supongo que en algún momento vas a tener que cansarte...

- ¿cansarme?

- Si

- ¡Eso no va a pasar! así que por ese tema no te preocupes, siempre me vas a tener ahí para apoyarte en tu relación con tu novia...

-Sirius, tengo una pregunta que hacerte - habló Remus pareciendo tranquilo, y dejando su pluma suavemente sobre la mesa. Su amigo lo miró sonriente, como si supiera lo que le iba a decir, y siguió jugando con la pelota, arriba, abajo, arriba, abajo.

- Te escucho - su sonrisa se agrandó, la bola de papel volvió a subir

- ¿Me vas a decir en algún momento quién es esa chica que llamas mi novia? - Sirius soltó una risita, su juego desde hacía un par de días. Desde el primer momento en el que había visto a Remus charlando tranquilamente con Caroline Williams, ésta había pasado directamente a ser su novia oficial, aunque solo fuera una broma para Sirius y un chiste molesto y repetitivo para Remus. Black volvió a sonreír y se sacudió el pelo - no estaría nada mal conocerla...

- la chica esta de pelo rojizo, mmmhh, Caroline - dijo haciendo un gesto gracioso con una mano a la vez que fingía no recordar el nombre, mientras con la otra aprovechaba y lanzaba la pelota a la cabeza de su amigo - Que puntería tengo, por favor...

- quizás mis reflejos no son lo bastante buenos - comentó Lupin intentando fastidiar a su amigo

- ¡Ohh! ¿le estás quitando méritos a mis habilidades como lanzador de bolas de papel, Moony? - exclamó Sirius levantándose del banco - vas a tener que disculparte inmediatamente, antes de que...

- ¿de qué...? - interrumpió Lupin siguiendole el juego

- ¡Antes de que le diga a tu novia que estás con otra! - dijo él muy resuelto, con una sonrisa triunfal en la cara y una carcajada entre los dientes. Lupin lo miró desconcertado durante un segundo y luego cambió su cara a una de fastidio.

- Como quieras - dijo él - aunque parece me voy a quedar sin mi novia antes de tenerla... ¿serías capaz de eso? - Lupin habló con una cara apenada y el gesto contraído. Sirius lo miró con los ojos muy abiertos durante casi medio minuto, procesando e intentado entender lo que le acababa de decir.

- ¿De verdad Lupin? - preguntó Sirius dando un saltito - ¡y yo que me lo tomaba solo como una broma! bueno, no te preocupes que no le voy a decir eso si temes por tu relación... - Sirius parecía realmente emocionado y contento, Lupin tenía una cara extraña - ¿eh, Remus? - Éste pensó que Sirius parecía un niño de siete años al que le regalaron una escoba nueva.

Remus lo miró con los ojos muy abiertos, haciendo un esfuerzo sobrehumano para aguantar la risa y no terminar antes de lo que él quería con la broma. Sirius volvió a sentarse y lo miró con una cara soñadora e ilusionada, mostrando que había conseguido demostrar aquello que tanto esperaba y suponía.

- Me parece realmente bien… yo que creía que no era verdad… ay,ay,ay… - Sirius se levantó de su asiento y caminó descaradamente sobre la mesa pasando al otro lado para sentarse al lado de su amigo. Para cualquiera que lo mirara desde afuera, Lupin parecía estar tenso por haberse quedado sin su gran secreto, aunque la realidad era que su tensión se debía al trabajo que le estaba costando contenerse y no reírse. Black estaba contento, realmente feliz de haberle arrebato por fin el gran secreto a su amigo. Remus siguió elaborando su trabajo con la vista concentrada en él, sin pararse a mirar la cara de curiosidad que había logrado provocarle a su amigo.

Esa mañana había amanecido lloviendo, una vez más. Gracias a eso el patio estaba completamente vacío, a excepción de ella y su pensamiento. Un sábado a la mañana como aquel la mayoría de los alumnos estaban durmiendo, como hacían sus amigas, o estudiaban y hacían deberes en la biblioteca, como debería hacer ella. Pero le gustaba sentarse ahí, sentir que el viento frío cargado con alguna gota le sacudiera el pelo, y notar la humedad del aire. Jugaba con su larga bufanda mientras miraba la poca nieve que quedaba de la que había caído la noche anterior. Las pequeñas montañitas se armaban y desarmaban con el aire y con las grandes gotas que se empeñaban en despiezarlas.

Llevaba un par de días meditando sobre todo lo que le había dicho James el día que se había desmayado. Él, gracias a que estaba intentando mantener una conversación con ella, la había atajado y había evitado que se llegara a golpear la cabeza. Ella, gracias a que en ese momento estaba un poco alterada por el desmayo, se había comportado de una forma muy inusual con James, algo que él había notado y se había tomado de una forma equivocada.

De repente, mientras ella volvía a anudarse la bufanda que había descolocado aquel viento inquieto, un relámpago iluminó el cielo, haciendo que ella se sorprendiera y apretara la bufanda demasiado fuerte, y provocando que la oscuridad desapareciera por un instante.

En algún lugar del castillo, aquel enorme colegio de piedra, un muchacho de pelo negro siempre revuelto, salía de su cómoda cama para buscar a su pelirroja preferida. Ella, que con sus discusiones y gritos había intentado domarlo en vano, había sido el centro de sus sueños durante toda la noche, y cada una de las situaciones había girado en torno a ella. Por esa misma razón se permitió el lujo de madrugar un sábado lluvioso, porque sus sueños con Lily, y las maneras con las que ella se movía y le hablaba, lo habían despertado temprano y de un humor maravilloso, cosa que su amigo Sirius Black no compartía y le demostró, a base de arrojarle su almohada, repetidas veces.

Esperaba encontrarla en la sala común, como había ocurrido en su primer sueño de la noche. Lily estaría sentada en el sillón de la derecha, ese que estaba más cerca de la chimenea y que era su preferido, con su verde mirada perdida en algún lugar de la gastada alfombra. Con los dedos jugaría a enroscar y desenroscar su pelirrojo pelo, mientras que de su boca saldría el suave tarareo de alguna canción nueva y pegadiza. Ella lo miraría con aquellos ojos, y le sonreiría por unos segundos, esos pocos segundos que le iba a llevar recordar que Potter había dejado nuevamente sus botas de quidditch embarradas manchando la alfombra, esa misma que antes sus ojos miraban, concentrados.

-Potter – diría ella, cambiando la cara de dormida contenta por la de dormida molesta.

-Buenos días, mi amor – la saludaba James en aquel sueño, con ese tono tan particularmente suyo, que hacía que más de una chica se sonrojara al oírlo, y que provocaba que Lily Evans se sintiera fastidiada casi instantáneamente.

-No dejes tus botas asquerosas en la sala común – le escupió - ¿no ves que contaminas el ambiente, y además manchas la alfombra? – a James le brotó una gran carcajada, una de esas que uno nunca espera pero que siempre son bienvenidas, y que suelen provocar una reacción similar en las demás personas, a no ser que entre esas personas haya una llamada Lily Evans. Ella, que ya estaba acostumbrada a que Potter fuera imbécil (aunque no muchos compartieran su opinión), lo miró sin cambiar la expresión, esperando saber la respuesta de James, que siempre la sorprendía, aunque fuera por su estupidez (siempre desde su punto de vista) .

-¡No sabía yo que fueras un elfo doméstico! ¿cómo haces, de día te dedicas a todas las demás cosas que no tienen nada que ver conmigo y de noche lavas los platos? – Lily lo miró furiosa. A él le sentaba bien su buen humor por las mañanas, mientras que a ella la sacaba de sus casillas. Lily volvió a sentarse, y fijó nuevamente la mirada en la alfombra - ¡Lily! ¿te enojaste? No me digas que te enojaste… - susurró al final James, y tomó asiento al lado de su compañera. El tono de él cambió radicalmente, pasó de ser aquel tono burlón que usa con todo el mundo (a excepción de Lily), a ser ese tono suave que no usa con nadie( que no sea Lily).

-Dejame en paz, Potter – le ordenó ella, auque su voz no sonaba para nada convincente, y sus ojos evitaban mirar a James.

-¿Me perdonas por haberte dicho eso? – le pidió él suavemente. Lily, despacito, giró la cabeza y lo miró durante unos segundos, meditando si tenía que demostrarle a James que lo había perdonado o sino debería. Finalmente se decidió, y le habló:

Si – dijo demasiado rápido, aunque se notaba que su enojo a esa altura no era más que una mentira – aunque no hagas esas cosas, que me hacen mal – admitió, elevando sus hombros y dejándolos así .James, aprovechando la situación, la abrazó pasando su brazo por los hombros de ella.

-Te lo prometo – susurró él, y solo ella pudo oírlo.

Pero al bajar a la sala común no había miradas clavadas en la alfombra ni dedos jugando con el cabello, y aquel suave tarareo se desvaneció en su memoria. Entre las pocas cosas que ocupaban a esas horas la sala común se encontraban las ya quemadas cenizas que descansaban en la chimenea, cansadas después de una larga noche de frío, y aquella luz que entraba ocasionalmente por la ventana cada vez que un relámpago decidía iluminar el cielo. Pero no había rastros de Lily, y las ilusiones de que su sueño se cumpliera regresaron al lugarcito que les correspondía en su cuerpo.

Aquello fue una pequeña decepción para James, aunque en el fondo él sabía que las cosas con Lily nunca habían sido ni llegarían a ser así de sencillas. A pesar de todo, la motivación con la que había amanecido aquella mañana seguía siendo mucho más fuerte que la pequeña decepción, por lo que decidió que lo mejor que podría hacer sería seguir buscando.

Se sentía estúpida. ¿Estaba realmente planteándose darle una oportunidad a James Potter? La había fastidiado desde el mismísimo primer día de clase. Era un presumido, un idiota. ¿Realmente estaba pensándolo? Se rió sola, no estaba planteándose nada, lo único que le pasaba es que seguía conmocionada por la caída y la extraña forma de comportarse de James, eso era todo. Se convenció a sí misma y sonrió, como si algo dentro de ella hubiera terminado de entender lo que pasaba. Nada más. Otro rayo iluminó el cielo, y a Lily le pareció una confirmación de sus pensamientos. Dicen que el roce hace el cariño, pensó Lily, sin realmente querer aceptar que en el fondo, James Potter siempre la había atraído de un modo que no comprendía. Nunca había sido en ese estúpido sentido amoroso que el intentaba darle a la relación con ella( si realmente la palabra amoroso era la adecuada) ; nunca se había planteado salir con él, eso si que era mala idea. No congeniaban, él era EL idiota, ella no quería tener nada que ver con él, las constantes discusiones la habían resentido, ¿por qué insistía él? No estaba dispuesta a preguntarle, ya que sabría que respuesta recibiría (¡es que te quiero Lily!) y sabía que eso no era más que una mentira, la había utilizado con medio colegio (Siempre caen, sabes , le había oído explicarle a su amigo Peter en una ocasión) .

Harry descansaba en su cama, no tenía ningún motivo de peso para levantarse. Los estudios no contaban, los trabajos tampoco. Al llegar repentinamente a aquella época, y al darse cuanta de que época era, nunca se le había pasado por la cabeza que semejantes problemas pudieran presentársele. ¿James Potter odiándolo? Nunca. Miles de veces había imagino como sería estar con él un rato, aunque nunca había pensado que pudiera ser tan complicado lidiar con un adolescente celoso, caprichoso y presumido, que encima de todo eso, poseía una gran capacidad para hacer que la gente quedara en ridículo con unas pocas palabras y un breve movimiento de varita. Y la sonrisa, esa sonrisa que él no poseía, esa sonrisa volvía al colegio loco, a todo el colegio salvo a la única persona que le interesaba que se volviera loca por él. Todo aquello que quisiera podía conseguirlo con la sonrisa. Harry no le suponía ninguna traba en su camino, no era más que un mero entretenimiento, un pequeño obstáculo que molestaba pero que no tenía importancia. James podía con todos… ¿o no?

-¿Te gustaría volver a ver a tu amiguito? - leyó Hermione por quinta vez - Mañana. Campo de quidditch a las 18.

-¿Qué es esto, Ron? – preguntó asombrada. Ron levantó los hombros, ninguno de los esperaba que Malfoy volviera a la carga. Había ansiado que alguno de los estúpidos amigos de Potter intentaran vengarse de él, pero aparentemente no tenían intención de hacerlo. Eran pasivos, eran estúpidos, pero Draco no había acabado con su juego. Si, aquello era un juego, nada más, pero no quería dejarlo a medias. Le hubieran hecho un favor intentando vengarse, pero no lo habían hecho, por lo que la iniciativa tuvo que ser suya, de nuevo.

-No me dejaste vengarme de Malfoy, Hermione, eso es esto. Aparentemente quiere seguir con el tema, parece tener ganas de que le parta la cara. – Hermione lo miró entre reproches, pero no sabía realmente que hacer. Ella también quería que Malfoy pagara, pero no le parecía que el modo correcto fuera seguirle el juego, no. Ron estaba ansioso por presentarse a la mañana siguiente y pelearse con Malfoy. ¿Ron ansioso por una pelea? Parecía una broma.

-Esa misma mañana una de las lechuzas del colegio había llamado a la ventana de Ron con insistencia. El pequeño animal cargaba con un sobre, dentro del que encontró esa carta, y nada más. No estaba indicado el remitente, pero estaba claro que no era una broma, sino que era tema de Malfoy.

-¿Qué vamos a hacer con esto? – cuestionó Hermione dejando su taza nuevamente sobre la mesa del comedor – Ron, hay que mostrarselo a Dumbled….

-No – interrumpió él – Dumbledore no. Dumbledore no está interesando por Harry ya al parecer – el pelirrojo sonaba molesto, realmente harto del comportamiento del director y de la manía de su amiga de protegerlo y de acudir a él – esto tenemos que arreglarlo nosotros Hermione, Dumbledore no parece querer que Harry vuelva.

-¡Esto ya lo discutimos Ron!

-Ya sé que lo discutimos – el fastidio estaba dominando a Ron, ¿acaso nadie quería que Harry volviera?- no importa lo que digas, Hermione, voy a ir mañana y ver que pasa.

-¡No sabemos que intenciones tiene Malfoy! Podría hacerte cualquier cosa… - Hermione lo miraba entre apenada y asustada. En el futuro también llovía.

-Malfoy tiene sus intenciones… pero no conoce las nuestras – Ron intentaba sonar astuto, con un plan, aunque realmente carecía de uno, y su amiga lo sabía.

-¿y cuáles son esas intenciones nuestras Ron? Si pueden saberse, claro… - Ron se encogió de hombros y desvió la mirada. Realmente no sabía que haría. Malfoy lo superaba con la varita, eso lo tenía claro. Si le había ganado a Harry, no sabía lo que tenía preparado para él.¿ Hasta dónde sería capaz de llegar? Malfoy carecía de límites – tu gran plan de presentarte y ver que hace Malfoy es inútil, Ron. No va a ser él que salga perjudicado.

-¿Entonces lo mejor es sentarse a esperar a que el gran Dumbledore se digne a aparecer y a mover un dedo para hacer algo? En ese caso si que tendremos que esperar… - Ron guardó silencio por un minuto que se les hizo eterno, durante el cual devoró una tostada. Creyó sentir nauseas. El comedor estaba lleno de gente que reía y hablaba, ajena a la verdadera situación, nadie en el colegio sabía realmente que había sido de Harry Potter.

Ron imagino que en algún lugar en la mesa de slytherin, Malfoy estaría mofándose de ellos, realmente disfrutando. Lo buscó. Lo encontró. Ahí estaba él, con su rubio pelo y su cara de felicidad, aunque no los mirara. Comía y reía, rodeado de sus estúpidos amigos-guardaespaldas. Ron lo insultó para sus adentros. Gracias a él su amigo había terminado en otra época, y parecía estar siendo capaz de hacer que él y Hermione discutieran un poco más de lo que lo hacían normalmente; genial. Realmente carecían de un plan, pero si eran dos contra uno… podrían tener esperanzas.

-Hermione – llamó a su amiga, aunque no fuera necesario, ya que ella no había apartado su mirada de la cara de él en ningún momento. – Mañana – hablaba calmado, aunque hacía demasiadas pausas, cosa que estaba volviendo a la chica loca – voy a ir, quieras o no. Y no vamos a decirle nada a nadie, no es necesario. Si pasara cualquier cosa… ahí si habría que avisar, pero no va a pasar nada.

-Está claro que no voy a dejarte ir solo a que te encuentres con ese desquiciado, Ron – Eso se salía del mínimo plan que había tramado Ron en ese minuto.

-¿Qué?

-Que no vas a ir solo Ronald. Esto es algo que nos afecta a los dos. – Hermione parecía haber cambiado de actitud – yo te acompaño a que le partas la cara – y una sonrisa amplia de seguridad le iluminó la expresión.

Tenían planeado un entrenamiento para la tarde siguiente. Contaba con que ya las cinco de la tarde era de noche, por lo que el entrenamiento de tarde sería más bien temprano. Sí, era domingo, pero era el único momento que había conseguido en el que el campo estuviera libre. A pesar de que hubiera una salida planeada a Hosmeade aquella tarde, a James realmente no le importaba; el podía siempre que quisiera, sus amigos también, por lo que no se preocupó por los demás: el equipo era más importante que una pequeña excursión a aquel pueblo que se sabían de memoria. Estaban en pleno diciembre ya, hacía frío y daban nieve para el día siguiente. Una tarde perfecta para entrenar, ironizó James para si mismo.

Metió las manos en los bolsillos del pantalón y caminó por el pasillo solitario. Una mujer de uno de los tantos cuadros que adornaban el castillo le dio los buenos días, él la saludó con la mano y una sonrisa.

-Que chico más encantador – le escuchó murmurar al cuadro. James rió. El colegio era suyo.

Una gran corriente de viento jugó con su bufanda al salir al vestíbulo. Aquella noche, en la que tanto había soñado con su pelirroja preferida, la había visto ahí. Ella esperaba apoyada contra la pared, justo al lado de la puerta del comedor. Al verlo se le escapaba una mueca que a él no me gustaba que le dirigiera, una sonrisa irónica seguía a la mueca, luego la mirada se desviaba a las otras personas que pasaban, dispuestas a desayunar, que la adelantaban sin apenas reparar en ella. Él se acercaba, ella soltaba un pequeño bufido.

-¿Esperas a alguien? – bromeó él. Estaba claro que esperaba a alguien. Ella lo miró durante dos cortos segundos, luego volvió a mirar a la gente.

-¿Cuántas veces tengo que pedirte que no me hables? – había rencor en sus palabras, James no entendió a que se debía, no se habían peleado, no había pasado nada.

-Siempre hará falta una más – sonrió él. Ella no lo miró. Volvió a bufar. El pequeño avance que había hecho, lo estaba perdiendo, no podía ser, no.

-¿Estás bien, Lily? ¿Te hice algo? – James se había acercado demasiado. Lily rió de una forma extraña, luego se enderezó y de un empujón alejó al muchacho.

- Me fastidia que me mires, que me hables,¡que existas! – le gritó. James se quedó bloqueado por un segundo, luego reaccionó: ella no hablaba en serio, solo intentaba esconder lo que sentía por él.

-Los dos sabemos que eso no es verdad, Lily… - ella lo miró muy molesta. No se había percatado, pero su anterior intervención no había sido exactamente un susurro: la gente que pasaba los miraba y murmuraba.

-Genial – murmuró ella para si misma –ahora parece que estamos teniendo una discusión de pareja – James sonrió.

En ese mismo momento, el sueño cambiaba. Ella se acercaba a él con una amplia sonrisa - ¿Te lo creíste? – reía. Rodeaba con sus brazos el cuello de James; él no podía creerlo – nunca te diría eso en serio, James, nunca nunca. Nunca – estaba tan cerca… creyó que podía contar las pecas de su cara, y así lo hizo. Él se sintió en una nube de felicidad, aún no sabía que todo eso era un sueño. La gente ya no los miraba, de hecho, Potter creyó que nadie los rodeaba.

Te quiero Lily – le susurraba él. ¿Estaba diciéndolo en serio? No podía creerlo. La sonrisa de ella se volvió todavía más grande al oírlo. Lily se acercó al oído de él.

No – murmuró – yo te quiero, James Potter – y solo él pudo oírlo.

Son sueños, no profecías, se recordó a si mismo un James desilusionado al entrar al vestíbulo. Nadie esperaba contra la pared, ninguna mirada verde se perdía en el espacio a la búsqueda de él. Solo aquella ráfaga de viento lo recibió, y se sintió triste. Luego recapacitó. Sabía que Evans no lo aguantaba, sabía que no le diría que lo quería ni siquiera si la emborracha, nunca nunca nunca, pensó, y la voz del sueño sonó en su cabecita.

Harry decidió levantarse. Ante el primer paso se encontró con un suspiro de Sirius: dormía profundamente, Harry sospechó que no se despertaría hasta bien entrada la mañana. Sintió envidia por la paz en la que dormía su futuro padrino. Sonrió. Deseó que nada hubiera cambiado, que todos hubieran podido ser así de felices, y a pesar de que tenía el poder para hacer que todo aquello que iba a pasar no pasara, no se atrevía, realmente no sabía si las cosas podrían ser aún peores. No hace falta conocerte nada para darse cuanta de tu cobardía, le había dicho una vez Peter, aquella tarde no muy lejana en la que le había roto la nariz de un golpe. Quizás tuviera razón, no lo sabía. Desde aquel día, Peter había pasado al grupo de gente que odiaba a Harry junto con James; no le había vuelto a dirigir la palabra a no ser que fuera muy imprescindible y no le quedara otra opción. A Harry no le importaba Peter, a pesar de que aún no había hecho nada, era un traidor en potencia, no merecía nada bueno. Lo veía con los demás merodeadores, sentía una gran irritación cada vez que sus ojos se posaban en él.

-Por fin alguien muestra señales de vida en esta habitación – la voz provenía de la cama de Remus. Al parecer llevaba despierto en la cama largo rato, al igual que Harry.

-Estaba despierto en realidad, hace un buen rato – murmuró. James no estaba en la cama hacía bastante, Sirius dormía, Peter roncaba.

-Como yo entonces. Me desperté cuando se fue James, cosa rara que él madrugue… - la voz de Lupin sonaba cansada. Harry se preguntó si ya se acercaría nuevamente la luna llena, había estado demasiado preocupado por otros temas para contar cuanto tiempo había pasado desde la última vez que lo vio mal, pero en realidad, eso no importa ya que él no sabía nada, para sus compañeros no era más que "ese chico nuevo que tanto se parece a James Potter", de ninguna manera nadie podía sospechar que hubiera viajado en el tiempo y que conociera los acontecimientos que sucederían en un futuro no tan lejano.

Harry no contestó con nada más que con un encogimiento de hombros. Se encaminó al baño, pero tropezó con una montaña de ropa que se interpuso en su camino. Maldijo por lo bajo y eso pareció sentarle bien. Se encerró en el baño y se metió en la ducha. Le pareció oír al otro lado de la puerta los quejidos de Sirius porque lo habían despertado. Luego risas, al parecer Black también había notado raro a Lupin, y optó por la estrategia de hacerlo reir; y al parecer, funcionaba.

Salió del baño con el empapado pelo chorreando y la toalla en una mano. Buscó por toda la habitación sus zapatillas, pero no las encontró hasta se agacho y miró debajo de su cama. También vio ahí aquel baúl donde había escondido tanto su mapa del merodeador como el de esa época. Supuso que alguno de sus compañeros de habitación, probablemente James o Sirius, había dado con el baúl pero no habría sido capaz de abrirlo,ya que no estaba exactamente en el lugar donde él lo había dejado. Harry sabía que había pasado de ser potencialmente sospechoso de la desaparición del mapa., a ser el ladrón. Lo disimulaban, pero los merodeadores realmente echaban en falta aquel viejo pedazo de pergamino para sus excursiones nocturnas.

Procuraba mantener la cicatriz de su frente lejos de la vista de todo el mundo, ya que no era una cicatriz normal y corriente, aunque siempre podría inventarse un extraño accidente que hubiera tenido como resultado esa extraña marca. Agradeció que el cabello le creciera a esa velocidad sorprendente, lo que le permitía taparse la frente con el pelo. Se miró en el espejo y se encontró gracioso con semejante flequillo. Nunca, desde que se encontraba allí, había tenido sueños extraños ni dolores en la cicatriz, su unión con Voldemort.

-Mañana hay entrenamiento – le recordó Sirius al verlo. Black tenía una cara de dormido impresionante y la voz ronca – y el próximo partido… ¡en dos semanas! – exclamó contento. El entusiasmo del equipo era considerable, se encontraban en una buena situación si se comparaban con el resto de las casas. A pesar de que James no quisiera aceptarlo, Harry le había venido realmente bien al equipo; atrapar la snitch se le daba de maravilla. Aunque no contara con una escoba propia, seguía siendo mucho más rápido que los demás buscadores, los que les deba considerable ventaja.

-No lo sabía – contestó secamente. Nadie se había tomado el trabajo de informarlo.

-Bueno, entonces ya lo sabes – bromeó Sirius, volviendo a meter la cabeza entre las sábanas.

-Mañana va a nevar – acotó Remus distraídamente, fijando sus ojos en la ventana. A pesar de que hacía ya bastante tiempo que había amanecido, fuera parecía plena noche - suerte que tengo de no estar en el equipo – soltó entre risitas – Sirius murmuró una burla que no llegó a oírse, pero que Lupin pareció comprender ya que rió.

-Mmm… no cuenten con que yo vaya a verlos tampoco, se está más calentito en el castillo… ¿a qué si Remus? – la voz de Peter sonó de repente, al parecer ya había dejado de roncar gracias a la conversación poco silenciosa de sus compañeros de habitación. Se sentó en la cama y se estiró ruidosamente.

Sirius murmuró algo parecido a traidores y se dio vuelta en la cama. El quidditch era algo importante para él, pero todavía más para James. El resto de los merodeadores nunca había mostrado mayor interés que el de asistir a los partidos, o ir a ver en entrenamiento de sus amigos (siempre y cuando no nevara). Lupin, quien muy a menudo se encontraba mal físicamente no se había permitido ni siquiera presentarse a las pruebas.

-¿Para qué? – Se había defendido- la mitad de las veces no van a poder contar conmigo - alo que James respondió con un ligero golpe.

- Nadie dijo que fuéramos a entrenar en plena luna llena – contestó simplemente aquella vez. Lupin se encogió de hombros. Agradecía el esfuerzo que sus amigos hacían por él, pero no quería llamar más la atención de lo que ya lo hacía.

Harry, después de los pequeños encontronazos que había tenido con James, se había planteado incluso abandonar el equipo, no sabía bien por qué se había presentado a las pruebas, y le extrañaba que James no lo hubiera echado a patadas del equipo cuando empezó a odiarlo con intensidad. Sus amigos, Ron y Hermione, le había aconsejado que no pasara tiempo con ellos, pero esa petición era imposible de cumplir, la intriga y el deseo de conocerlos era mucho mayor que una advertencia de "no hay que cambiar nada", por lo que Harry no se esforzaba demasiado por mantenerse alejado. Tampoco tenía contacto con sus amigos, ellos habían logrado comunicarse con él, quién sabe como, un par de veces a través del espejo de Sirius, pero no habían vuelto a hablar, ya que varias veces no era Harry quien tenía el espejo en el momento en el que sus caras aparecían en el espejo.

Sirius le sonrió con picardía. No hacía falta nadie más que el equipo para un entrenamiento, ya acudiría el público en el momento de humillar aplastantemente al rival de turno, Hufflepuff. Desde que llevaban en el equipo, Gryffindor no había perdido ni una vez la copa de las casas. El año anterior, sin embargo, habían tenido que luchar bastante para conseguir la victoria en el último partido, en el que gracias a la brutalidad de los cazadores del equipo contrario, varios jugadores de Gryffindor habían acabado en la arena, entre ellos Sirius, siendo imposible que terminara el partido debido a un fuerte dolor en el hombro.

-Siempre te gustó la lluvia – oyó Lily a sus espaldas. No fue necesario que se diera vuelta para saber a quien pertenecía aquella voz. Él se sentó a su lado, donde el agua de la lluvia no podía alcanzarlo. Ella no se giró; hizo como si nada pasara, como si ningún chico de pelo grasiento acabara de sentarse a su derecha – Me acuerdo, sí, que me contaste que te había regalado aquellas botas de agua y lo feliz que te hacían, aunque creo que nunca llegue a verl…

-Lily dio vuelta la cabeza violentamente para mirar a Severus Snape. Ella ya no toleraba su presencia, no podía creer como había cambiado aquel chico; ella había pasado de ser su única amiga en todo el colegio a ser una sangre sucia más. Llevaba tiempo sin hablarle, de hecho, había decidido que nunca más volvería a dirigirle la palabra, pero hizo una excepción.

-Dejame en paz – gruñó retirando de nuevo la cara

-Me desperté temprano y salí a dar una vuelta… te vi por la ventana – comentó casualmente a la vez que señalaba una de las ventabas que daban al patio, desde la que la había observado un buen rato antes de animarse a bajar y hablar con ella. Lily jugaba a que Snape era invisible y que no estaba escuchando nada más que el murmurar del viento – Hace mucho que no hablamos, Lily.

-Claro, porque te dije que no volvieras a hablarme, Snape, ya no somos amigos – anunció ella tranquila, como si nada de aquello la afectara - por eso es que no volvimos a hablar, porque yo no quiero hablarte, ¿no te quedó claro? – la última frase sonó llena de rencor, aunque ella seguía sin mover la vista.

-No me hables como si fuera idiota – Lily contuvo una carcajada,¿a qué venía todo aquello?

-Lo pareces – dijo secamente. Snape se llenó de rabia. Se había disculpado millones de veces con Lily, pero ella no quería saber nada de él, y en parte tenía razón. Ahora, simplemente se dedicaba a rechazar su compañía cada vez que intentaba dirigirse a ella. La pelirroja nunca le había faltado el respeto como lo hacía ahora.

-Seguro preferirías que otro idiota estuviera en mi lugar, ¿cierto? – preguntó él lleno de rencor. Ella no le había hecho caso cuando le avisó las intenciones de James Potter, y sin embargo, parecía estar cada día más cercana a él . Quizás sea ella la idiota, pensó Snape para sí mismo.

¿Qué? – dijo ella, mirándolo de repente.

-Seguro que preferirías que hubiera sido Potter el que se había sentado a tu lado ahora – Lily se sorprendió por un segundo, luego aquel comentario le causó gracia.

-Eso no es algo que te importe, Snape – sabía que le dolía que lo llamara por su apellido, como a un enemigo.

-Eso es un sí, entonces – concluyó él

-Si, por supuesto que prefiero a James Potter antes que a tu estupidez – soltó ella sin meditarlo tan solo un segundo, luego se arrepintió un poco de haber dicho aquello, ya que no era cierto… ¿o lo era? – Así que dejame tranquila.

-¿Qué vas a hacer si no lo hago?- ¿Snape estaba amenazándola? - ¿Vas a llamar a tus nuevos amigos matones?

Todo aquello parecía una broma. De hecho, Lily rió, no pudo evitarlo, no sabía si aquello era una escena de celos o si Snape se había vuelto más anormal de lo que era desde la última vez que lo había visto. Volvió a reír, en ese mismo momento, se sintió como sabía que se sentía Sirius Black cada vez que se burlaba de alguien. Volvió a reír, esta vez para si misma.

-Mmm… no creo que me haga falta, ya te humillan todo lo que quieren siempre que se les da la gana… - Lily estaba burlándose descaradamente de él, aquello era algo nuevo para Snape. Ella se sentió extraña, no sabía si estaba defendiendo a James Potter, no podía creerlo - ¿Sabes? - dijo de repente, cambiando drásticamente el tono de su voz - no puedo entender cómo fue que desperdicié tanto tiempo intentando defenderte, si hubiera sabido como eras desde un principio… ni siquiera te hubiera dejado acercarte ni un poco a mí, no, hubiera sido como si no existieras… creo que hubiera sido mejor.

Aquello le sentó a Snape como una puñalada. Había aceptado que se había portado de la peor forma que se puede portar un amigo, sabía que la había perdido, y como conocía a Lily, sabía que nunca más recuperaría su confianza, pero aquello le parecía increíble: Lily Evans parecía otra. Nunca antes había tolerado que los "Grandiosos merodeadores" se burlaran de él, y todavía menos, lo había… celebrado, si, parecía estar celebrando el egocentrismo de aquellos presumidos, autodeclarados reyes del colegio, con derecho a todo y sobre todos. Esa no era Lily Evans.

-Quizás sea mejor – argumentó en cuanto logró comprender lo que ella le decía – no pensé que fueras a pasar a ser parte de su selecto grupo –ironizó - Te felicito Evans, lograste ser igual que el resto.

Lily no se inmutó, sabía que había herido el vapuleado orgullo de Snape, y que éste, acto seguido, la dejaría sola desapareciendo como una sombra; y así lo hizo. A ella no le hizo falta girarse para saber que ya estaba sola, únicamente acompañada con el murmurar del viento.

Decidió que ya era hora de entrar al castillo, el incansable viento estaba dejándola helada. Pensó en una calentita taza de café y se alegró, no sabía que hora era pero esperaba que ya se estuviera sirviendo el desayuno. Al entrar al cálido comedor constató que así era, y bastante gente se juntaba ya a lo largo de las mesas. Buscó en la mesa de Gryffindor pero no encontró ni a Caroline ni a Susan, tampoco Harry estaba, ni rastro de ninguno. Seguirán durmiendo, se dijo a sí misma. Localizó, sin embargo, a James Potter sentado solo, y casi instantáneamente, percibió a Snape en la mesa de Slytherin, con la mirada clavada en ella. Y no pudo evitarlo, no sabía bien por qué iba a hacer aquello, pero lo hizo.

Caminó y ocupó el lugar que solía ser de Remus Lipun, justo al lado de James, a pesar de que el final de la mesa estaba prácticamente vacío. Antes de que él tuviera tiempo a girar para ver quién era aquella persona que no era Lupin, ella lo saludó con un simple "hola", y estiró la mano para llenar una de las tazas con café caliente. Dio un trago y se quemó la lengua; notó como el caliente líquido recorría su cuerpo.

James percibió el perfume de Lily, un agradable olor frutal, característico de ella; era fuerte, como ella. La vió tomar café y tiritar debido al contraste de temperaturas. Ella no se giró a mirarlo.

-Buenos días – la saludó él enérgicamente. Aquello le resultaba extremadamente raro, pero no iba a quejarse, además, parecía rematar la noche que se le hizo corta, en la que en cada uno de sus sueños ella se había aparecido con su sonrisa llena de gracia. Ella le echó un breve vistazo y siguió tomando café – Que… raro – le comentó él honestamente. Ella posó su taza y lo miró con una cara tranquila.

-¿Raro? – preguntó ella. Seguía mirándolo, le sonría… ¿Le sonreía?¿Qué le había pasado a esa chica?

-Que te sientes conmigo – ella rió y asintió brevemente

- Ah, si… no sé – volvió a levantar la taza – estabas solo – Claro, era eso, no tenía con quien sentarse… aunque en realidad, Lily tenía amigos de todos los cursos, podría haberse decantado por cualquier otro que no fuera James (cosa que había ocurrido siempre, a excepción de esa gran mañana).

- Todos duermen…

- Menos nosotros, al parecer – acotó. Estaba comportándose de una forma demasiado amistosa con Potter, y sabía que se arrepentiría, pero desde la última vez que había hablado con Potter, él no la había incordiado, y encima, la había salvado de romperse todos los dientes debido a un inoportuno desmayo. Notó la ardiente mirada de Snape en su cara; sonrió.

- y… ¿ya estás bien? ¿No andarás desmayándote por el castillo sin que yo me entere, no? – bromeó él, la inusual situación lo había encontrado desprevenido, se sentía nervioso y desprotegido con ella. Ella soltó una pequeña sonrisa.

- No, claro que no… nunca haría semejante cosa – rió. Se percató de que si quería podía intentar llevarse bien con él, hasta que de repente, él revolvió el pelo de su nuca con la mano, como de costumbre, y ella se dio cuenta de que estaba haciendo eso para molestar a Snape, claro, en el fondo, Potter no hacía más que irritarla. Sabía que de un momento a otro, él soltaría una de sus grandes frases y ella querría pegarle, rogó que no fuera así.

- ¿Ya me extrañabas, eh,Lily? – y allí estaba su gran frase – no hacen falta excusas para que te sientes conmigo. Remus tiene la mala costumbre de sentarse ahí, pero, si quisieras, podríamos erradicarla fácilmente – bromeó, ella puso los ojos en blanco.

- Oh, si, extrañaba que te sintieras el rey de Hogwarts – ironizó ella – no te extrañaba – le aclaró con ojos serios – solo que, no sé, quise sentarme en este lugar – James sonrió satisfecho, pero se ahorró acotar nuevamente que no le hacían falta excusas - cuando no estás tirando gente al lado ni comportándote como un idiota, hasta pareces agradable - ¿Qué le pasaba aquella mañana? Sabía que se arrepentiría de cada una de las palabras que había cruzado con Snape y luego con Potter. Se planteó si realmente tendría que haberse levantado aquella mañana.

- Claro que soy agradable, solo que te empeñas en ver el lado negativo de mi gracia – ella no rió y maldijo el enorme amor propio de aquel chico. Ella solita se había metido ahí, quería que alguien viniera a interrumpir esa conversación. Y como si hubiera levantado la varita y hubiera pronunciado algún hechizo que lo atrajera , Sirius Black apareció luciendo una extrañada cara de dormido, y se sentó en frente de ellos. Sirius les dijo algo, una gracia que James consideró divertida pero que ella no escuchó, ya que, sin disimulo alguno se deslizó un par de lugares hacía la izquierda, para ponerse a hablar con un chico de quinto que apenas conocía. Cualquier cosa era mejor que esa irracional conversación que estaba manteniendo tan solo unos segundos antes.

Bajó las escaleras acompañado por Remus Lupin, pero permitió que el licántropo se adelantara, fingiendo haber olvidado algo en la habitación. No tenía ganas de que Remus intentara buscarle una explicación a la cara de tristeza y fastidio con la que había amanecido Harry, y al parecer esa era la única intención de su futuro profesor. Así que subió las escaleras y buscó su bufanda, aunque no fuera a necesitarla ya que no pensaba salir fuera, y volvió a bajarla para encontrarse con dos parlanchinas ricas. Susan lo miró, Carol le sonrió.

Te vimos subir y te esperamos – comentó. Harry asintió con pequeña sonrisa en la cara. Los tres caminaron y salieron de la sala común sin pronunciar una sola palabra. Harry se empeñó en no hablar, por lo que se limitó a escuchar los comentarios que las amigas se hacían sobre un trabajo que aparentemente tenían que hacer y del que Harry no se había enterado.

-¿Estás bien, Harry? – inquirió Caroline de repente, y él fingió no entender.

-Si,¿por?

-No dijiste una sola palabra en todo el camino – explicó Susan. Ya estaban en el vestíbulo.

-Supongo que estaría distraído – rió. Ellas parecieron estar conformes con la respuesta, y Harry se pasó todo el desayuno asintiendo sistemáticamente cada poco.

Faltaba poco para navidad. El colegio comenzaba ya a estar adornado; Hagrid se había encargado como de costumbre de arrastrar desde el bosque todos aquellos árboles que decorarían el colegio durante los días de fiesta. El colegio brillaba, luces y guirnaldas, incluso las armaduras parecían tener luz propia. Debido a la alegría que reinaba en el colegio, Peeves se daba constantemente el placer de jugarle alguna que otra broma a cualquiera de los habitantes del colegio, los profesores se volvían locos intentando controlarlo. Incluso los fantasmas del castillo parecían estar más contentos que nunca y se dejaban ver más que durante el resto del año.

En navidad se celebraría un gran banquete, como era tradición, para todos aquellos alumnos que no se fueran a casa durante esas vacaciones. Como de costumbre, el colegio quedaría prácticamente vacío, y Harry sintió que podría respirar tranquilo, nada de disimular por unos días. Nadie le diría nada si lo veía vagando solo por los pasillos porque no tendría con quien estar. Quizás alguna persona aún no acostumbrada a su existencia, lo confundiría y lo llamaría con el nombre de James por los pasillos, pero él haría caso omiso al llamado.

Recordó que había recibido la invitación de Susan de pasar las navidades en su casa. Susan Shadowfax era parte de la familia Potter; de hecho ella y James eran primos segundos, aunque nunca había tenido demasiada relación hasta que entraron en el colegio. Era normal en las familias de magos que todas terminaran estando relacionadas con todas. Al parecer aquel año tocaba celebrarlo en su casa, porque lo que podía invitar a quien quisiera. James, por su parte, se había encargado de convencer a sus amigos para que asistieran, cosa que no fue para nada complicada. Harry en un principio había aceptado la invitación, aunque más tarde se dio cuenta de que no tenía nada que hacer ahí. Quizás le hubiera gustado ver a gente que en un futuro sería parte de su familia, aunque lejana, aunque sabía que tenía que intentar entrometerse lo menos posible, con su mera presencia en el colegio ya era bastante.

Los alumnos se encontraban oficialmente de vacaciones. Sin embargo, la vuelta a casa no estaba planeada hasta el domingo a la noche, faltaba tan solo un día. La gente parecía feliz por los pasillos, y Harry creyó que algo de ese espíritu festivo se le había contagiado. Durante el desayuno recordó que no había avisado que no asistiría a esa fiesta de navidad, por lo que aprovechó para decirlo en ese momento.

Susan lo miró con cara extrañada, y le preguntó que por qué había decidido no ir. Harry le dio por respuesta un leve encogimiento. Ella le explicó que no se preocupara, que podía llevar a cuantas personas quisiera, pero ese no era el problema para él. Luego ella se dio cuenta del problema de Harry con James, y volvió a explicarse con que él era invitado de ella y que no iba a pasar nada, James y compañía estarían demasiado ocupados rondando a las invitadas de la cena como para reparar en que debían molestarlo.

-No es eso – se defendió él. En parte era cierto, solo sentía que no tenía por qué acudir – Voy demasiado retrasado con los trabajos y todas estas cosas – argumentó – es mejor que me quede – la miró fijamente y ella pareció entenderlo, por lo que desistió del tema. Era verdad que Harry no había hecho ni un solo trabajo de las montañas que le mandaban cada semana, pero tampoco tenía ninguna intención de hacerlo, ya que tendría que desaparecer en algún momento. Pensó en hacerle una pequeña visita al director y preguntarle si había averiguado algo.

Buscó al director con la mirada pero no lo encontró desayunando con el resto de los profesores. Quizás tuviera suerte y se lo cruzaría de camino a su despacho. Y así fue. Se despidió tranquilamente y abandonó el comedor sin ningún tipo de apuro. Caminó hasta el segundo piso y buscó la gárgola que escondía el despacho del director. Había tenido suerte, encontró a Albus entrando a su despacho, lo llamó. Dumbledore lo miró con una cara especial, le preguntó que tal estaba.

-Me gustaría hablar – fue la respuesta de Harry. El director le dijo que podrían charlar tranquilamente en su despacho. La habitación se encontraba exactamente igual que la última vez que había entrado. Entró al despacho circular y se sentó en frente del sillón del director cuando este lo invitó a que tomara asiento.

Te escucho – inició el diálogo el director. Juntó los dedos de las manos y las apoyó sobre la mesa. Harry realmente no sabía bien que era lo que tenía que decir. Se tomó su tiempo para pensar que decir, y Dumbledore se tomé ese silencio como una invitación a las preguntas - ¿Cómo te llevas con tus compañeros? - ¿Compañeros? No pensó que fuera a referirse a ellos con esa palabra. Harry dudó unsegundo.

-Bueno, estoy bastante bien con ellos, a veces me resulta complicado no decirles la verdad – se sinceró

-Te comprendo, no estás en una situación sencilla. Llegó a mis oídos que tuviste unos pequeños problemas con James Potter... – Harry levantó la vista. Creía que Lily no le había avisado a ningún profesor de la "caída" al lago, pero olvidó que Dumbledore podía enterarse de todo si quería.

-Si, no le caigo demasiado bien

-Y eso se debe a… - quiso saber el profesor .Harry se encogió de hombres.

-Piensa que me entrometo demasiado en sus cosas – meditó un segundo – no sé si teme que intente suplantarlo, o algo por el estilo – Harry se apresuró a cambiar de tema, no se sentía cómodo hablando de eso – yo quería saber si se sabe algo de cómo puedo volver – dijo Harry. El director no necesitó ni una palabra para expresarle que no había descubierto nada, de hecho, Harry dudaba de que hubiera intentado encontrar alguna respuesta.

Estoy trabajando en ello, Harry… paciencia – la voz de Albus sonaba calma, y ese era exactamente el estado que intentaba contagiarle al muchacho. El director no parecía tener ningún apuro por que Harry regresara a la época que le correspondía, y si se encontraba cómodo allí, no veía por qué él mismo habría de tenerlo.

-¿y qué se supone que debo hacer? – preguntó Harry un poco fastidiado. Dumbledore lo miró con sus grandes ojos azules.

-Nada. Aprovecha el tiempo – le recomendó – No hay nada más bonito que aprovechar el tiempo del que nunca dispondrás sino lo haces ahora – Harry no sabía si el profesor estaba tomándole el pelo. ¿Su recomendación era que aprovechara el tiempo? Eso era como pedirle un consejo a Sirius Black, era demasiado filosófico, demasiado de Albus Dumbledore. – Yo estoy intentando… Harry – llamó su atención – no estamos metidos en un asunto muy normal, es la primera vez que veo semejante situación.

-Hablé con mis amigos – Dumbledore no pareció entender que quiso decirle.

-Con tus amigos… del futuro – adivinó. Harry asintió. No se le había pasado por la cabeza contárselo al director, ya que él no había vuelto a hablar con el muchacho siquiera.

-Sí, no sé como lo hicieron… a través de los espejos conectados de Sirius y Remus… tampoco les pregunté demasiado, solo pudimos hablar un par de veces. Creo que fue el Dumbledore del futuro el que lo logró – Albus sonrió y asintió pero no dijo nada, parecía estar nadando entre ideas muy profundas, Harry creyó que ya no notaba su presencia en la sala. Pasaron unos minutos en el que el hombre no dijo nada, solo jugó con sus dedos, y cambió de posición varias veces.

Lo mejor – dijo de repente – será que yo me encargue de averiguar esto, no te preocupes por nada. Ahora estas de vacaciones, no pierdas el tiempo – La manía con el tiempo de Dumbledore estaba poniéndolo nervioso. Dumbledore le sonrió y le guiñó el ojo, estaba invitándolo a que se fuera.

Harry se levantó y caminó hacia la puerta. Hablar con el director no le había servido absolutamente de nada. Le pareció que se había comportado todavía de una forma más misteriosa de la que se comportaba normalmente, y eso le causó gracia, estaba seguro de que si no conseguía volver por si mismo, pasaría el resto de su vida viviendo allí, lo que sonaba bastante complicado y con poco sentido, comunicándose con sus amigos a través de un espejo que tenía que robar, escondiendo uno de los bienes más preciados de los merodeadores en un baúl debajo de su cama, y mintiendo sobre su nombre… aquello no tenía ni pies ni cabeza.

Salió al pasillo y un cuadro lo asustó cantándole canciones navideñas. Aquella mañana nada tenía sentido al parecer. Lo que Haarry no sabía era que todo aquello estaba por cambiar, y que iba a cambiar drásticamente.