El canto de la Sirena -

¡Hola! Los personajes de esta obra pertenecen a CLAMP ante todo y la historia me pertenece.

Espero que disfrutes el nuevo capítulo y me escribas algún Review.

¡Opina! y ¡Disfruta!

- Capitulo XVIII –

- La decisión de Ceto –

OoOoO Dedicado a GreenBoy2008O oOoOo

Había una vez una sirena que mientras jugaba con un par de delfines vio como un barco en la superficie ardía en llamas, con la curiosidad que le habían regalado, emergió del agua y observó como el navío de madera ardía. Al principio se sintió maravillada ante el danzar de las altas llamas que carbonizaban lo que habrían sido unas inmaculadas velas. El crujido que provocó el mástil del barco al caer la asustó, pero no podía irse porque la curiosidad que sentía no podía ser sofocada.

Los descombros que flotaban a su alrededor hacían que de vez en cuando la sirena desviase su atención, pero lo que si que logró distraerla por completo fueron unas toses. Era un humano que había sobrevivido. La sirena con curiosidad se acercó a él y descubrió que al contrario que ella no sabía respirar bajo el agua. Le tomó entre sus brazos y le arrastró a la superficie, era un hombre varón de oscuros cabellos.

La sirena estuvo a su lado toda la noche velando su sueño sobre unas rocas que quedaban expuestas sobre la superficie, el humano no había fallecido porque ella notaba su pausada respiración. Contempló las sombras que se marcaban en su cara tallada a cincel. Era el ser más hermoso que había contemplado jamás, sentía su corazón acelerarse cada vez más. Acarició sus cabellos hasta que se secaron, y sintiéndose enamorada cantó su hermosa melodía.

Cuando empieces a escuchar

Las canciones de las sirenas que cantan a la felicidad,

Ya que al fin brillan ya los siete mares.

El milagro de la vida, es el dulce amor.

Sabes que yo lo quiero contemplar.

Con este ser… al que yo…

Amo y amaré…

Y al que suavemente un beso…

Le podré dar…

Besó sus duros labios y aún con el corazón estremecido se escondió entre las rocas. Otros humanos habían entrado en la escena, y le llamaron Príncipe. Y ella siendo princesa sonrió para sí ante sus hermanas al contarles sobre su amor. Ellas no lo aprobaron, y la sirena enfurecida se presentó frente a una hechicera e hizo un trato. A cambio de su hermosa voz le concedería el privilegio de salir del mar con un par de piernas sobre las que apoyarse, y no contenta con ello le hizo prometer, que si no se casaba con el príncipe moriría convertida en espuma de mar.

La sirena no se amedrentó y fue tarde para sus hermanas que nadaban hacia la morada de la hechicera para evitar que su hermana pactara su futuro. Llorosas llevaron a su querida hermana hasta la superficie y rezaron por ella. La sirena encontró al Príncipe y se sintió feliz. Él no la recordaba, pero se sentía bien al lado de su nueva amiga. La acogió dentro de su palacio y la invitó a su boda, que se celebraría en tres días.

La sirena comprendió que jamás estaría con el humano al que amaba y fue con sus hermanas, que se reunieron con la hechicera. La hechicera les dijo que la única manera sería apuñalando al humano y arrancarle el corazón. Las hermanas tomaron el puñal que le ofreció la bruja y fueron al encuentro de su hermana que esperaba con la mirada llena de dolor. La sirena tras escuchar la única solución que tenía para regresar al mar junto a sus hermanas, tomó el puñal entre sus manos.

E internándose en las galerías del palacio llegó hasta los aposentos del príncipe que dormía plácidamente. El rencor y el dolor que sentía en su corazón se disipó al contemplar de nuevo la luna sobre aquel rostro esculpido a cincel, el hombre del que se había enamorado no era para ella, y pensó que la dueña del corazón de su amor se sentiría triste si el Príncipe moría. No quería arrancarle el corazón a la única persona que había amado.

Se enjugó las lágrimas con su manga y besó por segunda vez en su vida los labios del Príncipe. Y con un suspiro se convirtió en burbujas de mar sobre el lecho. El príncipe al despertar empapado solo pudo encontrar el colgante que había llevado su nueva amiga. Lo tomó entre sus dedos y lo guardó en su cajón, esperando poder devolvérselo a la mañana siguiente, pero ella jamás volvió a aparecer…

- Pero esa historia no es real.

- No, claro que no lo es, pero es muy parecida a la historia que me has contado tú.

- Es muy triste.

- También lo fue la tuya mi querida sirena.

Sakura suspiró, había pasado horas desde que se encontró finalmente con Ceto. Le había contado con todo detalle su historia, desde que nació hasta que la encadenaron en aquella roca, estaba nerviosa porque sabía que debía morir, y ella había pensado que iba a ser la suya una muerte rápida, que no lo notaría. Pero Ceto no parecía tener ganas de acabar con ella, le preguntó sobre muchas cosas que ocurrían en el mundo de los humanos, sus ojos se llenaron de lágrimas al cantarle de nuevo mi canción, la carta que le había escrito a Shaoran y había dejado sobre su escritorio.

Me preguntó a qué sabían muchas comidas que había probado, que le describiera las flores, los colores y sus olores. En el mar no existen los olores y aunque tiene una belleza sin igual, el sol no llegaba a las profundidades. Las tonalidades que reinaban eran la de los azules, aunque la arena bajo el sol se tornase plateada, y los corales de un rojo intenso, no tenían nada que ver con los bellos colores que existen en la tierra.

Le describí también la belleza de algunos edificios, las estructuras modernas y el sobrecogimiento que sentí cuando observé las pinturas en la pared del viejo templo de los cerezos, las hermosas sirenas que estaban dibujadas eran propias de un maestro. Le hablé también sobre la tecnología que tenían, del miedo que había sentido cuando pensando descubrí que el ser humano se hacía más sabio con forme avanzaban los minutos en un pequeño reloj. Le hablé también sobre que habían pisado la luna, y volví a explicar el temor que sentí cuando vi que si eran capaces de tocar las estrellas, ¿Cuánto tiempo tardarían en repasar el fondo del mar?

Ceto frunció el ceño y rápidamente cambió de tema y me relató una historia que se había contado de generación en generación sobre nosotras las sirenas en el mundo humano. Pensé en esa sirena y me pregunté si realmente había existido. ¿Sería posible que yo no fuera la única sirena que se había fijado en los humanos?, estoy segura que si esa historia se hubiera relatado entre nosotras habría sembrado el pánico en la corte de las sirenas y tal vez ella nunca habría subido a la superficie aquel día, no habría salvado a Shaoran de morir ahogado y no se habría expuesto a perder el alma y la razón por culpa del hombre del que se había enamorado.

Pensar en Shaoran la entristeció profundamente, no estaría tranquila hasta que se dieran dos casos, que muriera desapareciendo así de su vida y más tarde él localizar entre los suyos a la mujer que se le había destinado desde que nació; o hasta llevárselo hasta sus brazos. Shaoran pese a lo que le habían dicho, sentía que era de ella, sentía que era lo que sus dioses habían provocado destruyendo en el principio de los tiempos al ser Andrógino, incitando que los hombres y las mujeres buscasen su otra mitad entre la multitud y no entre ellos mismos.

- Shaoran…- murmuró su nombre para sí.

El quererle significaba vivir dentro de una contradicción, si bien sabía que él no había nacido para estar con ella, que debía dejarle marchar y guardar el recuerdo de ese tiempo tan maravilloso que vivió junto a él, en lo más profundo de su corazón no quería eso ni mucho menos. Imaginó una vida junto a él bajo el mar, jugando entre los arrecifes, enseñándole todo sobre la humanidad que tenían registrado las sirenas. Le mostraría todas las especies marinas que no conocía el hombre, los grandes galeones hundidos en el bajo fondo de los acantilados marinos. Le enseñaría la belleza del mar y le enseñaría también a amarla.

Sería una vida feliz, y si fuera posible, una eternidad a su lado no sería equiparable a toda la felicidad que podrían almacenar dos almas humanas que se aman y se vuelven a amar después de renacer.

Miré a Ceto que observaba las ondas que hacían las olas en la superficie, las ráfagas de luz que nos regalaba el sol eran espectaculares. Si Ceto finalmente me tragaba como estaba obligada a hacer, echaría de menos la vida y a las personas que conocía, tal vez si pudiera soñar que poseo un alma reencarnada como la tienen los humanos, solo tal vez la muerte no sería tan definitiva, renacería y me reencontraría con Tomoyo, quizás en unos siglos, tal vez en milenios, las reglas que prohíben el contacto humano no sean tan rígidas, y si fuera esa la situación, saldría a la superficie en busca del alma de Shaoran.

¿Qué sería la muerte para una sirena?

Para los humanos la muerte es una situación trascendental, que te lleva según muchas de sus tradiciones a un paraíso donde encontrarás la felicidad eterna, otros piensan que es un mundo de oscuridad, pena y sufrimiento donde estarían hasta redimir todos sus pecados, otros, sin embargo manifiestan que, con la muerte todo se acaba. Pero yo sé que eso es incierto, no por algo las sirenas somos inmortales y de humanos sabemos lo suficiente antes del cataclismo que ocurrió en las edades oscura y media, donde las sirenas fueron cazadas como pescado que se vende al por mayor en los muelles de las ciudades humanas.

Fuimos masacradas y vendidas como objetos de colección. Aunque yo no había nacido por aquel entonces, sé que las sirenas guardan un especial rencor a los humanos por ello. ¿Qué fueron de las almas de aquellas que fueron asesinadas?, ¿El círculo de la vida las trataría igual que a mí, que di mi vida solamente por el amor de un humano?

¿Cuáles serían las leyes por las que se rigen el lúgubre río de Estigia allá en el inframundo? Si dependiera de Dóride, seguro que me mandaría hasta lo más profundo del río y me ataría con cadenas impidiendo que avanzase hasta el final. Si realmente las sirenas tuvieran alma y destino de espíritu, ¿Haría Dóride eso por ella?

- ¿Qué está pasando por tu mente en estos momentos pequeña sirena?

- Ceto, señora mía… ¿A qué está esperando realmente para devorarme?

Ceto miró con cierta sorpresa el atrevimiento de la pregunta de la sirena. Sus facciones se tensaron y sus ojos serios se clavaron en ella, por un momento Sakura pudo ver el poder del tiempo a través de aquellos ojos maduros que habían visto pasar milenios. Ceto, la de blancas mejillas dirigió su mirada por un momento en los grilletes que ataban a la sirena a la roca y sus facciones se tranquilizaron.

- Sabes que lo que has hecho está prohibido ¿Verdad?

- Sí.

- Pero para ti es imposible el no romper las reglas ¿No es así?

- Así lo es mi señora.

- Durante toda mi existencia he visto pasar por mis ojos historias de amor, que por lo general acaban en tragedias, tu caso no es excepcional querida Sakura, ya pasó otras veces.

- ¿Hubo una sirena que se enamoró de un humano?, Como la protagonista de la historia que me acabas de contar…

- Sí, se llamaba igual que un ángel y se enamoró de un humano, solo que en la realidad sí apuñaló al humano y le sacó su corazón.

- ¡Qué horror!

Sakura se quedó atónita, tanto que sintió que sus ojos se iban a salir de sus órbitas. Otra como ella se había fijado en un humano y lo había amado tanto que por despecho le había sacado su corazón palpitante. Por un momento cayó en la cuenta, que esa historia no la conocía y quería saber más sobre ella, por lo que decidió preguntarle a la deidad.

- ¿Y qué pasó con ella?

- Se la enjuició como a ti y fue castigada a dormir en el templo de Poseidón, y como se negó, se escapó entre las olas y jamás volvió a ser vista.

- ¿Por eso se dice que se convirtió en espuma de mar?

- Correcto.

- Vaya…

- Por esa razón han sido tan excepcionalmente duros contigo querida Sakura, temen que tú no seas capaz de arrancarle el corazón al humano y escapes, promoviendo que otras nereidas como tú salgan a la superficie en busca de humanos con los que unirse, y eso provocaría que se desvelase nuestro secreto.

- Lo sé y por esa parte lo siento, pero para mí, el amar a Shaoran me es tan vital como el aire que se concentra en el mar para poder vivir, tan fuerte como la afirmación que la tierra es redonda y que el sol nos da calor.

- Pero… ¿Y tu humano te quiere tanto, y tú lo quieres tanto como para morir?

- Si me ves atada en esta roca, tu segunda pregunta la tienes contestada.

- Si pero, ¿El humano te ama tanto como para dar su vida por ti?

Sakura la miró a los ojos y vio en ellos que la respuesta que diera decidiría su destino, por ello debía de ser sincera con ella y con su corazón. Shaoran era posible que no la quisiera tanto como para dar su vida por ella, en esos momentos estaba segura que la estaba odiando como no había odiado a otro ser que pisa sobre la tierra.

El dolor hace que nuestros corazones se pierdan en la niebla intensa de la ocuridad del rencor. Tampoco sabía si antes cuando eran felices Shaoran daría su vida por ella. Sabía que la quiería, que el sentimiento que compartían era bastante fuerte, ¿Pero hasta cuanto lo era? Nunca se lo había preguntado.

- Sinceramente… no lo sé, no le he preguntado nunca.

- ¿Por qué no?, ¿Tanto ha cambiado el honor de los hombres? Antaño el amor que yo vi, volvían ciegos a los hombres, varios se enfrentaron conmigo por el amor de la mujer que habían elegido, claro que entonces me conmovían y los dejaba marchar.

- Shaoran luchó contra su madre por estar conmigo.

- ¿Y ganó?

- Eso yo… tampoco lo sé.

- ¿Por qué?

- Porque me reclamaron para venir, ya te lo conté antes, tenía que aprobar todas sus asignaturas en la universidad para poder estar conmigo. Me fui antes de saber si lo consiguió o no.

Ceto resopló y se peinó los cabellos con los dedos. Observaron juntas y en silencio como un banco de peces volaban por las corrientes y el color plateado de sus lomos chispeaban gracias a los rayos del sol, menudo espectáculo el que formaban. La risa de los peces se escuchaban con ligeros ecos mientras iban y venían.

La deidad marina observó a la sirena y le habló con su característica franqueza.

- Tu historia es muy triste, y sé que nadie debería ser condenado por amar. El amor a veces hace que dos seres de mundos completamente diferentes entren en la misma rueda elíptica del destino y se unan para siempre. No me gustaría tener que devorarte, más cuando sé que ya no tienes lágrimas qué llorar.

El corazón de Sakura dio un vuelco en su pecho, sentía como latía más lento y pesado que de costumbre, sentía también cómo se aceleraba y la ansiedad la consumía por completo, conocer el veredicto de Ceto le estaba rompiendo sus nervios y aunque le escocían sus ojos y tenía ganas de llorar y llorar, no podía hacerlo, tal y como había dicho la deidad de blancas mejillas.

- Eres buena persona y tus sentimientos son tan claros como el agua de la lluvia, pero tienes que comprender que tu situación es bastante grave y si te han condenado de esta forma es porque piensan que eres un caso perdido ya.

- No puedo…

- Déjame terminar- la interrumpió-. No voy a ejecutarte, pero quiero que sepas que si Dóride se entera que no he cumplido con su veredicto es posible que si te atrapa seas ejecutada de otra forma y hay formas peores de morir, pequeña mía.

Las palabras se agolparon de pronto en la garganta de la sirena, quería decirle tanto y sin embargo no salía de su boca más que balbuceos atropellados y gemidos. Se tapó la cara con las manos y cayó al suelo rendida. Miró a la deidad agradecida de todo corazón, tal vez si que hubiera una oportunidad para ella.

- Gracias mi señora, estoy tan conmovida por su compasión que no me salen las palabras para expresar…

La sirena no pudo terminar lo que quería decirle a la deidad del mar porque se desmayó, toda la tensión que había acumulado durante tanto tiempo, su cabeza descansaba inmóvil sobre la roca y ante aquella tierna escena, Ceto no pudo evitar sonreírle al destino y acariciar los rizos que se posaban sobre sus ojos, ya solamente le quedaba rezar por qué no descubrieran lo que había hecho, y que la pequeña Sakura no saliera más herida de lo que ya estaba.

No olvidaría jamás cómo lo miraba la gente aquella mañana soleada. Se había levantado temprano y tras tomar una larga ducha humeante, se había vestido y más tarde desayunado a la hora que indicaban las normas en su casa. El desayuno con su familia había resultado más violento que la mayoría de las veces, su madre apenas le había dirigido una mirada y sus hermanas no habían dejado de parlotear un minuto. Si pensaban que de esa forma lograrían que Sakura abandonase mi mente, estaban muy equivocadas.

Sakura estaba pegada a su alma, y dudaba mucho que volvería a amar con la misma intensidad con la que la había amado ella… eso si volvía a amar a alguien alguna vez. Se dirigió de su habitación con su mochila negra al garaje, donde se puso su chupa de cuero, guantes y casco. A continuación se subió a la moto y tras ponerla en marcha y esperar a que la puerta del garaje se terminase de levantar, se marchó a toda velocidad a la universidad.

Apostó en el aparcamiento de motos, y echó un vistazo a un ciclomotor que estaba aparcado justo donde él solía aparcar siempre, el amago de sonrisa que cubrió sus labios fue tan amargo como le resultaban ahora todos los recuerdos felices que había pasado junto a Sakura. Suspiré e intenté sacar fuerza de flaquezas y paseé por el campus de la universidad hasta llegar a mi facultad de matemáticas. Durante el camino desvié la mirada cuando veía parejas pasar agarradas de la mano, esquivé a otras dos que se besaban y con cierto apuro llegué al hall de mi facultad, donde cruzó en mi mente cierto pensamiento.

Me quedé quieto, viendo como el bullicio de gente pasaba a mi alrededor, los que estaban más cercanos a mí, los veía caminar muy lento, los que estaban más alejados, apenas eran sombras que veía difuminarse a lo lejos. Volvía a estar solo, y esa realidad dolió más de lo que me imaginaba. Sakura me había engañado y no volvería, se había ocupado de desaparecer sin dejar rastro alguno, parecía como si no hubiera existido jamás, que mi corazón me había engañado mostrándome a la persona perfecta para mí, mi otra mitad. Que todo había sido un sueño.

La cama volvía a ser ancha y fría para mí, el sol no quemaba mi piel y el viento parecía ser más frío, a pesar de que los termómetros marcasen buenas temperaturas en primavera, debían de estar estropeados. La soledad, es recordar tus ojos cuando al despertar me miraban; Soledad, respirar el aire que expulsabas cuando al besarnos tomábamos aire; Soledad es no tenerte entre mis brazos; Ansiedad tu despedida, soledad… yo.

Un individuo chocó conmigo devolviéndome a la realidad, miré aturdido a mis manos y al alzar la cabeza descubrí que varias personas me miraban con compasión. Seguramente habían leído las noticias de la prensa del corazón y se habían enterado de que Sakura me había abandonado, intenté pasar de ellos pero no pude evitar poner mala cara, varias de las chicas que cuchicheaban mientras me miraban se rieron y del brazo desaparecieron tras la esquina, otros hicieron como que no me habían visto, pero el disimulo estaba presente. Bien, si querían a un Shaoran Li derrotado, aquí lo tienen.

Las horas del día pasaban rápidamente, puedo decir que doy gracias al cielo porque mi facultad tuviera una serie de asignaturas a las que no se le daba corte por los exámenes, y gracias a ella y al tiempo de estudio, se me pasó el día y apenas pensé en nada que no fueran los cálculos y formulas que debía usar. Algún día en esta vida daré gracias a mi madre, gracias a ella me centré al cien por cien en los estudios, aunque mi primera meta fuera por estar junto a Sakura. Sentía que podía aprendérmelo todo y que fallaba muchísimo menos que antes, por esa razón dejé de estudiar y me dediqué a pasar a limpio una asignatura completa.

La vista comenzó a nublárseme y cuando volví a abrir los ojos estaba en mi cama descansando. Me senté sobre la cama y preguntándome cómo había llegado hasta allí solo pude llegar a tres conclusiones que eran más que evidentes: La primera era que yo mismo había desplazado mi cuerpo desde la biblioteca general del campus hasta mi casa; La Segunda que había dejado mis cosas tiradas por el suelo mientras andaba, y la tercera que me estaba volviendo loco de remate.

Pero esas tres se podían unir en una sola: Sakura.

Meneé la cabeza intentando borrarla como si mi mente se tratase de la típica pizarra mágica con la que juegan los niños pequeños, esa en la que cuando la agitas se borra lo escrito. Pero desafortunadamente así no funciona la mente del ser humano y el dolor por Sakura no se había disipado ni un ápice, seguía desgarrándome las entrañas. Me rasqué por inercia la cabeza y decidí meterme en el baño y darme una buena ducha.

Me desnudé observándome en el espejo sin ver nada especial. ¿Qué era yo si quitábamos carne y huesos? Nada, absolutamente nada. No sería nadie especial si su madre no hubiera sido una Li heredera del legado familiar, no sería nada si hubiera tenido un hermano varón más mayor que él. No había sido especial para nadie, porque todas buscaban lo mismo: dinero e influencias. Y Sakura pese a no llevarse ninguna de las dos, porque se lo dejó todo, y no había salido en ningún periódico hablando sobre mí. El último hecho creo que es el que me impide odiarla o sentirme más dolido de lo que estaba.

Dejé correr el agua unos segundos para que se calentase y así medio disfrutar el alivio que sentía cuando mojaba mi piel con el agua. Sentía que podía purificarme, pero esa sensación podía durar apenas unos minutos. Al salir todos mis problemas regresaban a trompicones en mi mente. Me sentía solo, Sakura se lo había llevado todo, se había llevado a mi mejor amiga, a mi amante y a mi amor y me había dejado absolutamente solo cuando tenía las defensas completamente de vacaciones. Con ella había sentido que era alguien especial, que era Shaoran y no Li. Que era más de lo que mi madre esperaba en ese conjunto, con ella me sentía capaz de todo, tenía una confianza en mí mismo que crecía con cada sonrisa que me regalaba.

Pero se había ido llevándoselo todo.

Entré en la ducha y cerré los ojos dejándome llevar. El agua empapaba todo mi ser, y me sentía tranquilo en el metro cuadrado de bañera. Ojalá no saliera nunca de aquí, pero sabía que eso era imposible, soy un hombre después de todo y no soy un cobarde. Tarde o temprano mi corazón volvería a tejer una red protectora y saldría de este agujero negro en el que me encuentro en estos momentos. Y si tengo que centrarme en convertirme en otro tipo de persona lo haré, seré lo que todos esperan que sea para así olvidarme de Sakura de una vez por todas.

Pasarían años antes de que eso se hiciera posible.

El despertador volvió a sonar con ese incansable pitido distorsionado despertándome en e proceso, giré la cabeza y me quedé mirándolo fijamente mientras seguía sonando sin parar, todo era una rutina. Me levanté de la cama y apagué el despertador, sonaba de esa forma desde que lo lancé contra la pared el otro día, mejor habría sido que se hubiera roto porque el pitido era insoportable. Me dirigí al armario y saqué de él unos vaqueros que hacía tiempo que no me ponía y una camisa blanca, al ponérmelos me di cuenta que había adelgazado, así que tuve que cambiar mi atuendo por completo si no quería parecer ridículo. Saqué otros vaqueros que me ponía más a menudo y una camiseta bastante normal.

Después bajé a desayunar con mi familia y mientras lo hacía me encontré con Nakuru, ella al pasar me regaló una débil sonrisa y me dio unas palmaditas en el hombro. Desde que se había ido Sakura estaba completamente apática, parecía que toda la vitalidad que irradiaba se la hubieran arrebatado por completo. Conocía bien esa sensación, pero para mí se multiplicaba por diez veces el dolor. La miré fugazmente y seguí mi camino, no era capaz de mirarla a la cara. Sakura había hecho demasiado daño a tanta gente que no sé si podría no guardarle rencor por ellos.

Entré en el comedor y extrañado por el silencio reinante alcé la cabeza, estaba completamente vacío. ¿Dónde estarían mis siempre puntuales y escandalosas hermanas? El tintineo de unas campanillas me llamó la atención y me obligaron a mantenerme alerta, no sería otro que Keroberos el gato diabólico. En pie y en guardia observé al gato que entraba y me miraba fijamente, como hacía siempre. Mantuvimos nuestras miradas esperando a que el más débil la desviase primero, normalmente era yo y no porque fuera débil, estaba comprobado que como el gato no tenía nada mejor que hacer podía por joderme la vida pasarse horas y horas mirándome sin apenas pestañear.

Sin embargo hoy no, desvió la mirada y con las orejas gachas se alejó de mí y se situó delante de la ventana. Le estuve observando durante unos instantes y me dio pena, seguro que también echaba de menos a Sakura, con ella se había comportado como un gato normal, incluso se mostraba empalagoso, pensé que la razón era porque se había dado cuenta que realmente Sakura me gustaba y competía por ella. Me acerqué a él con tiento y me arrodillé a su lado, al principio nos miramos con cierto grado de desconfianza, pero cedió y pude por primera vez acariciarle la cabeza.

- Tranquilo, todo irá bien- le prometí a Keroberos- todo irá bien, si ella no regresa saldremos adelante, te lo prometo.

Una aclaramiento de voz me avisó que el gato y yo ya no estábamos solos en el comedor. Dándole la última caricia que le recorrió desde el espinazo hasta la cola me levanté y me senté en la silla que presidía la larga mesa en el extremo izquierdo. Mis hermanas se sentaron unas frente a otras en el centro y hablaban entre ellas sin cesar. Callado las estudié una a una, estaban extrañamente diferentes. Parecían estar alerta, esperando y finalmente descubrí el motivo. Esperaban el momento en el que perdiera el contacto visual con ellas para mirarme con lástima. No me gustaba que me mirasen así, tenía orgullo. Pero en ese momento las comprendía.

Hasta yo mismo sentía lástima de mí, hacía unos momentos me había aliado con mi peor enemigo en mi casa y aunque estaba hablando con é, sinceramente no sé si aquella promesa se la estaba haciendo al minino o a mi propio corazón, que se encontraba oculto en algún lugar de mi anatomía. Suspiré a la vez que jugueteaba con los cubiertos esperando a que mi madre hiciera acto de presencia. La puerta volvió a abrirse, pero fue Uei quien entró. Nos miró uno a uno con su siempre mirada afable llena de sentimientos que no sabría describir y se quedó de pie junto a la puerta principal.

Las campanillas del tocado de mi madre nos avisó de su llegada, nos levantamos y Uei le abrió la puerta como acostumbraba hacer. Mi madre entró en la estancia e hizo una reverencia que todos le devolvimos a la vez, a continuación se sentó en su lugar frente a mí en el extremo opuesto de la mesa. La miré con atención sin faltarle el respeto, mi madre era una mujer muy hermosa, alta y delgada, de belleza regia. Tenía la piel blanca como la porcelana y los labios rojos como los rubíes, el pelo lacio negro brillante, larguísimo como marcaba la tradición familiar. Siempre vestía con la ropa ceremonial China y nunca se separaba de su Pai Pai blanco. Al sentarse, lo hicimos el resto también.

El desayuno no fue demasiado bien. Comí poco porque no tenía hambre, y me preocupé por mi madre. Aunque aún era joven pude vislumbrar que sus ojos estaban algo hinchados y había ojeras bajo ellos, parecía cansada y algo enferma. Aunque eso lo sabía yo porque era su hijo, si fuera otra persona no habría notado nada. Su enorme orgullo era su escudo protector y no admitiría jamás que no se encontraba bien, para ella lo primero estaban las obligaciones y después si daba tiempo venía el resto de cosas importantes.

De pronto se levantó de la silla indicando que el desayuno había concluido. Todos nos levantamos y le hicimos una reverencia que nos devolvió con respeto, se encaminó a la puerta no sin antes dirigirse a mí sin mirarme, ni siquiera de reojo.

- ¿Tienes ya los resultados de tus exámenes?

- Aún no, madre.

- Bien.

Y se marchó, me dejé caer derrotado sobre mi silla y cerré los ojos. Mis hermanas que se habían callado súbitamente se miraban entre ellas perplejas, mi madre y yo no nos dirigíamos la palabra y la violencia de la situación con el resto de habitantes de la casa se palpaba en el aire. Sé que se compadecían de mí por la marcha de Sakura, otros no querían desobedecer las órdenes que seguramente había puesto mi madre, y el resto de habitantes vivían trabajando ignorando el hecho que tenga problemas sentimentales.

- ¿Estás bien Shaoran?- me preguntó al fin una de mis hermanas, Tsue Fa.

- Sobreviviré- les dije a la vez que me levantaba y me dirigía a la puerta por donde había salido mi querida madre minutos atrás, allí me paré e hice el intento de sonreír- sé que estáis preocupadas por mí, tranquilas… pronto lo superaré.

Fuan Len, con su mirada ambarina me quiso decir varias cosas, entre ellas que no se creía que iba a superar tan pronto como prometía el abandono por parte de Sakura. La verdad es que me creía capaz de seguir olvidarme de Sakura y seguir mi vida, pero realmente no sé si seré capaz de querer olvidarla alguna vez. Sé que hay muchos que como yo fueron abandonados por los que creían el amor de su vida y retomaron su vida sentimental con otras mujeres, pero realmente en sus mentes siguen reviviendo una y otra vez los ojos, la sonrisa y las curvas femeninas de aquella mujer con la que perdieron el norte.

Fui al aparcamiento y salí de él subido en mi moto, di un paseo por el paseo marítimo porque pensé que me distraería, pero no fue así. El mar me ponía nervioso y era también por culpa de Sakura y su maldita carta. ¿Qué no me acercara al mar y así nos volveríamos a encontrar? De qué estaba hablando. Había leído su carta una y otra vez, y entre tantas cosas que escribía tan poco claras, esa fue la frase que menos entendió. ¿Qué tendría que ver el mar con la marcha de Sakura? Acaso ella se había ido por mar y no quería que siguiera sus pasos… tenía sentido puesto que o estaba dentro de Hong Kong en algún lugar remoto donde mis cuatro detectives privados no podían encontrarla, o se había escapado furtivamente en un yate y ahora se reía del pobre Li , al que obligó a amarla con su encanto y ahora lloraba su pérdida, mientras ella seguramente se estaba tomando un daikiri junto con sus amigos en aquellos momentos.

Eso posiblemente le volvería loco.

En las profundidades del mar, en la sala real del Shiromizu, dos nereidas fueron a ver a su soberana, Dóride. Tenían una noticia que darle y estaban ansiosas por decírsela. Tuvieron que esperar a que Dóride terminase una ceremonia del nombre de dos sirenas que se volvían adultas aquel día. No podía descuidar sus obligaciones aún estando Atargatis ocupando el trono. Finalmente se reunió con ellas en una sala que había habilitado para estar a solas.

- Madre tenemos noticias de Sakura.

Aquel nombre revolvió algo dentro de Dóride, cada vez que lo escuchaba se enfurecía.

- ¿Ha muerto ya?

- Al parecer sí, no hemos encontrado más que rocas, la deidad Ceto cumplió madre mía.

- Así que Sakura por fin ha muerto… bien… ahora las cosas van a cambiar.

- ¿Qué pasará madre?

- ¡Llama al guardián de las palabras! Tengo que dictar una nueva ley.

El guardián de las palabras, un tritón con aspecto bastante sabio entró con un gran pergamino de tela enrollado bajo el brazo, delante de Dóride lo abrió y tras él varias de las oceánides salieron con agujas e hilos dispuestas a escribir todo lo que su hermana Dóride dictaminase.

- Proclamo una nueva ley: Toda nereida que tenga contacto con un humano será condenada a muerte.

Segunda: Toda nereida que abandone el agua del mar con intención de no regresar será condenada a…


Konnichiwa! Aquí te dejo la décimo octava parte de mi fanfic, espero que te haya gustado.

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