Oi! Aqui estoy con un nuevo fic. Esta inspirado en la cancion 'Back to your heart' de los BSB, que por cierto me encanta. La inspiracion me llego una noche, mientras escuchaba esa cancion.

Este fic es MI version del -tan famoso- supuesto divorcio de Yamato y Sora. Aunque honestamente, dudo que asi sea, pero bueno, la gente que cree en eso esta en todo su derecho.

Esta es la primera parte, ya que iba a ser un one-shot, pero se me alargo mucho. Enjoy!

Por fis, leanlo y dejen reviews!


"Back to your heart."

(De vuelta a tu Corazón.)


Capítulo I

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El sonido de las olas, chocando contra las rocas, resultaba bastante relajante. Y en esos momentos, lo que más necesitaba era relajarse. Él, que siempre supo cómo mantener la calma, hasta en los momentos más difíciles, estaba a punto de tener un colapso nervioso. Y es que, simplemente, no lo comprendía. Él, Ishida Yamato, con veintiocho años, estaba nuevamente cayendo en su propia oscuridad, en su propia miseria. Él, un hombre exitoso, casado desde hace ya seis largos años con una mujer maravillosa, con la cual tenía una adorable niña de cuatro años y que en unos días más cumpliría cinco, con unos excelentes amigos… Y a un pequeño paso de divorciarse.

Volteó hacia su izquierda, observando la carpeta que contenían los documentos del divorcio. Todo lo que tenía que hacer era firmarlos, enviárselos a su mujer, esperar a que ella los firmara, enviárselos al abogado y listo; estarían divorciados, al menos ante los ojos de la ley, y aunque ellos se casaron ante la iglesia también, no existía ningún registro de que alguna vez alguien se haya divorciado ante la iglesia, por lo tanto no era muy relevante… Solo tenía que firmar, no podía ser más simple, solo poner su firma en esos papeles… Entonces… ¿Por qué le resultaba tan difícil hacerlo?

Suspiró y llevó su vista hacia el oscuro cielo. Sabía que era su culpa, siempre lo supo. Él y su trabajo, él y su falta de valentía para enfrentar los problemas cuando debía hacerlo. Tuvo la oportunidad de evitar todo esto, cuando los problemas comenzaron, cuando empezó a poner su trabajo por sobre su familia; pero en lugar de enfrentar la situación, de decirle a su jefe que no podía estar en órbita por más de tres meses, porque tenía una familia que cuidar; decidía huir, aceptando todos los viajes que le proponían, utilizando su trabajo como una vía de escape. Sabía que lo que hacía estaba mal, pero no quiso admitirlo cuando pudo, en lugar de eso la culpó a ella, diciéndole que no lo apoyaba lo suficiente… Cuando lo cierto era que siempre lo apoyaba en todo, sin protestar.

Pero las cosas se salieron de control después de su último viaje al espacio, hace ya dos años, y que había durado dieciocho largos y agonizantes meses. Cuando lo asignaron a ese lanzamiento, su mujer le había dicho que no lo hiciera, que era demasiado tiempo, pero él, tan terco como siempre, le dijo que iría sin importar lo que dijera, que necesitaban el dinero, aunque eso no era del todo cierto, nunca les había faltado el dinero, pero en ese momento no se le ocurrió nada más que decir. Y ahí comenzó su discusión. Ya ni se acordaba que fue lo que se dijeron. Al día siguiente, se fue en el despegue. Estuvo un año y seis meses pensando que hacer para arreglar las cosas, y tomó una decisión. Al llegar a tierra, fue a hablar con su jefe y le explicó la situación, pero contrario a lo que había esperado, su jefe lo comprendió, diciendo que no se preocupara, que él también tenía familia, por lo que sabía lo que pasaba. Su jefe le dijo que vería una forma de trasladarlo a la sede central de la NASA en Tokio, pero aun así tendría que realizar algunos viajes, aunque estos se reducirían al mínimo.

Luego de esa charla, se fue directo a su hogar, a darle la buena noticia a su adorada esposa. Pero esa noche, al llegar ahí, la realidad a la que había estado escapando, lo golpeó fuertemente en el rostro…

"Sora…"- susurró.

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Entró a su habitación, encontrándose con Sora, quien estaba empacando unas maletas. Yamato sabía que ella había notado su presencia, ya que no había sido silencioso al entrar.

"¿Sora?"- la llamó.

No recibió respuesta alguna, entonces supo que estaba realmente molesta.

"¿Qué haces?"- intentó nuevamente.

"Estoy empacando. ¿Qué no ves?"- le dijo fríamente.

Su tono de voz lo tomó por sorpresa. Ella jamás le había hablado así, por muy molesta que se encontrara. Entonces comenzó a molestarse. Él había llegado con todas las intenciones de solucionar las cosas ¿y recibe su frialdad a cambio?

"¿A dónde irás?"- preguntó.

"Yo no iré a ningún lado."

"¿Qué se supone que significa eso?"

Sora se volteó para responder, pero una vocecita la interrumpió.

"Papi…"

Ambos voltearon hacia la puerta, para ver a su pequeña hija parada junto al marco de la puerta, con una expresión somnolienta en su rostro.

"Llegaste…"- dijo la niña, el sueño presente en su voz.

Sora caminó hasta ella, agachándose a su altura. "Haruko, linda, ve a dormir que es muy tarde para que estés en pie…"- dijo tiernamente.

La pequeña bostezó. "Quiero que papi me lleve a dormir…"

Sora miró a Yamato de reojo. El rubio se les acercó y tomó a la niña en sus brazos, llevándola a su habitación. Sora lo observó hasta que se perdió en el pasillo, se llevó sus manos al rostro.

"Dios… No quiero hacer esto, pero ya no tengo otra opción… Por favor, dame fuerza para soportarlo."- susurró.

Mientras tanto, Yamato estaba arropando a su hija.

"Papi…"- dijo la pequeña, mirándolo con sus lindos ojitos azules.

"¿Si?"

"¿Te vas a ir?"

"Pero si acabo de llegar."- dijo riendo.

"No decía eso."

"¿Entonces qué?"

Haruko lo miró un momento. "¿Nos vas a dejar… a mami y a mí?"- preguntó.

Yamato la miró sorprendido. "Por supuesto que no. ¿Qué te hace pensar eso?"

La niña le sonrió. "Nada. ¿Me prometes que nunca nos dejarás?"

"Te lo prometo."

"Buenas noches, papi…"- susurró, cerrando sus ojitos azules.

Yamato besó su frente. "Buenas noches, cielito…"- murmuró.

Salió cuidadosamente de la habitación de su hija, dirigiéndose a la suya. Ahí vio a Sora, sentada en la cama, cubriéndose el rostro con las manos. Se acercó a ella preocupado, tenía el leve presentimiento de que lo que vendría no le gustaría para nada. Y no se equivocó.

"Sora…"

La pelirroja respiró profundamente, no quería hacer lo que iba a hacer, pero ya no había otra alternativa, Yamato la había obligado a tomar esa decisión y ahora no se echaría para atrás.

"Quiero el divorcio, Yamato."- dijo sin mirarlo, sabía que si lo veía, no podría seguir adelante y se retractaría.

Esas palabras, derrumbaron su mundo, esas simples palabras, a las que siempre les había temido, se convertían en su cruel realidad.

"¿Por qué…?"- susurró. "¿Ya no me amas?"

Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no llorar, él se oía tan… destrozado. "No… no es eso."- dijo.

Yamato ocultó su sufrimiento mostrando su enfado. "¿Entonces qué?... ¿Acaso hay alguien más?"- dijo, comenzando a desesperarse.

"No hay nadie más."- dijo, poniéndose de pie.

"¡Entonces por qué!"- gritó.

"¡Porque estoy cansada, Yamato, cansada!"- gritó encarándolo.

El rubio permaneció en silencio.

"Estoy cansada de que dejes a tu familia de lado por tu trabajo, estoy cansada de que huyas cada vez que hay problemas entre nosotros, estoy cansada de que te comportes como un niño caprichoso… Estoy cansada de que no cumplas con lo que dices…"- dijo, susurrando la ultima parte.

Yamato permanecía en silencio, sin atreverse a mirarla. Sora continuó.

"Me lo prometiste… Prometiste que jamás dejarías de lado a nuestra familia, pasara lo que pasara… Pero al parecer, para ti las promesas no valen nada…"

"Por favor, Sora…"- trató de suplicar, pero no hubo caso.

"Toma tus maletas y vete."- dijo, dándole la espalda.

Yamato no quería creer lo que estaba pasando. Iba a suplicarle que no lo hiciera, que le diera otra oportunidad. Pero su orgullo fue más fuerte que él.

"¿Es eso lo que quieres?"- preguntó, pero no obtuvo respuesta. "Muy bien, entonces. Será como quieras."- dijo, tomando sus maletas, para marcharse.

Sora, al escucharlo decir eso, perdió esa pequeña esperanza que guardaba, por si Yamato le decía que no quería llegar a esos extremos.

Soltó un sollozo ahogado. "Mi abogado te llamará dentro de unos días, para empezar a hacer los preparativos del divorcio."- dijo.

Yamato emitió un quejido. "Como sea."- se dirigió a la puerta.

"Hiciste que se repitiera la historia…"- susurró Sora, haciendo que el rubio se detuviera. "Me hiciste exactamente lo mismo que tu padre le hizo a tu madre."

Eso le dolió mucho, pero no dijo nada, solo salió de la casa lo más rápido posible.

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Ya habían pasado seis meses desde ese entonces. Y aun le costaba creer que estaba viviendo su peor pesadilla. Se alquiló un departamento en la ciudad, donde pasaba la mayor parte del día. No tenía que trabajar, puesto que su jefe le había dado un merecido descanso. Le había dado esa dirección a Sora, para que lo pudiera ubicar si necesitaba algo.

Yamato sabía que Sora tenía razón en lo que dijo. Pero él no quiso aceptarlo en ese entonces. No quería aceptar el hecho de que se estaba convirtiendo en su padre. No había querido admitirlo, hasta esa mañana, pero ya era demasiado tarde.

Esos seis meses habían sido toda una agonía para ambos, pero ninguno fue lo suficientemente valiente como para admitirlo. Al principio de esos meses, solo se vieron en dos ocasiones, para discutir unos asuntos sobre el divorcio; o al menos eso se decían, queriendo creer que no había otra razón, pero lo cierto era que si había otra razón y esa era el simple hecho de que deseaban verse. Pero después de lo que pasó en su tercer encuentro, hace dos meses, dejaron de hablarse, siendo controlados por su propio dolor, permitiendo que sus abogados terminaran de arreglar los asuntos del divorcio.

Volvió a mirar la carpeta con los documentos, esta vez con desprecio. 'Necesito aire…' pensó y salió al balcón.

Le resultaba curioso el hecho de que estaba en la playa, en pleno invierno, en la cabaña que había comprado el año en que nació su hija, que estaba ubicada frente al mar. Pero no se le ocurrió otro lugar en donde pudiera aclarar su mente, despejarla de todos sus problemas por unos momentos y así poder pensar con claridad. Además, la brisa marina siempre lograba relajarlo. Había llegado al medio día, y desde entonces, había estado encerrado en esa habitación. Pero el estar ahí, solo le hacía recordar todos esos momentos, en los que había escapado junto con Sora a ese lugar, solo para pasar tiempo a solas, lejos del mundo, lejos de la realidad. O las vacaciones que pasaron ahí, junto con su hija, en familia. Y esos recuerdos no le ayudaban en lo absoluto.

"¿Por qué tenía que terminar así?"- susurró.

Miró su mano izquierda, donde tenía la única prueba que le decía que aun estaba casado: Su anillo… Pero muy pronto, ya no sería así…

"Pude decirte la verdad ese día, pero no lo hice… Fui un cobarde y huí, lejos de ti…"- dijo.

En su último encuentro, hace dos meses, habían decidido cenar; mejor dicho, él había insistido en ello. Durante la cena, él comenzó a beber de a poco unas copas de vino y, sin darse cuenta, bebió más de lo necesario. Al terminar la cena, era más que obvio que él no estaba en condiciones de conducir, por lo que Sora condujo. Ella no tenía su auto, así que lo llevó a su casa, que aun era de los dos. Pero al llegar ahí, sucedió algo que ninguno de los dos esperaba, pero que ambos deseaban con todo su corazón. Era cierto que él estaba ebrio, pero no lo suficiente como para olvidar lo que pasó. Lo recordaba todo, todo lo que hicieron, todo lo que se dijeron, todos los Te amo que Sora le susurró al oído y todos los que él le respondió. Recordaba todo, y era precisamente por eso, que aun le dolía tanto su destrozado corazón.

A la mañana siguiente él había despertado con la esperanza de que todo entre ellos hubiera cambiado para bien. Pero no encontró a Sora a su lado. Luego de vestirse, salió a buscarla y la encontró en la sala. Estaba llorando. Entonces se preocupó y la llamó, algo dudoso; pero su duda era el por qué de su llanto. Pero lo que escuchó luego, fue lo que hirió profundamente su corazón.

"No, Yamato… Lo de anoche nunca debió ocurrir, nosotros no debimos haber hecho eso, solo fue un error… Un terrible error… Ahora vete, por favor, no quiero verte…"- fue lo que Sora le dijo, mientras lloraba sin descanso.

No fueron las palabras lo que realmente lo hirieron. Fue el arrepentimiento que había en su voz lo que le lastimó en lo más profundo de si, como jamás imaginó lo haría. Pero cuando se estaba yendo, quiso decirle la verdad, quiso decirle cuanto la amaba. Pero una palabra de esos labios que tanto adoraba lo detuvo. Un Adiós lo hizo huir como un cobarde.

Desde entonces, el recuerdo de ella lo atormenta. Aun así, su terco y lastimado corazón, se rehusaba a comprender que ya no había vuelta atrás, pues aun conservaba esa pequeña esperanza, aferrándose a ella para no dejarse creer que todo estaba perdido. Incluso después de recibir los documentos del divorcio esa mañana.

Comenzó a percatarse de que no lograría despejar su mente, por lo menos no por esa noche, así que decidió que lo más saludable sería dormir. Ya mañana firmaría esos papeles, ya que por el momento, no se sentía preparado para eso. Se quitó el suéter y se dejó caer sobre la cama pesadamente. Estaba agotado, necesitaba dormir en paz. Cerró sus ojos, esperando poder conciliar el sueño y deseando, al menos por esa noche, no soñar con ella. Y lentamente fue adentrándose en las tierras de Morfeo.

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Sentada en la sala de su casa, en la oscuridad de la noche, se encontraba Ishida Sora. Estaba triste, desesperada y muy confundida. No sabía qué hacer. Se había pasado casi todo el día llorando desconsoladamente y aun así, no podía detener las lágrimas que seguían cayendo sin descanso. Tenía veintiocho años de vida y se sentía más débil que un anciano a punto de morir. Agradecía a su madre, que hace unos meses decidió llevarse a Haruko a vivir con ella por un tiempo, hasta que todo se calmara, y hace un mes aproximadamente se habían ido de vacaciones a las montañas por unas cuantas semanas. Le estaba realmente agradecida, ya que, en esos instantes, no quería que su hija la viera en ese estado, no quería que la viera como algo que no era: Una mujer débil.

Volvió a tratar de detener las lágrimas, fallando miserablemente. Seis meses de sufrimiento, estaban a un paso de terminar, y de la única forma en que no quería que terminara: El divorcio. Desde el momento en que Yamato salió de esa casa (hace seis meses), había estado lamentándose el haber tomado esa estúpida decisión. Pero en ese entonces, ella no había encontrado otra solución; y aun ahora, no la encontraba. Más de una vez, después de que Yamato le diera su nueva dirección, estuvo tentada a ir a disculparse, pedirle que la perdonara y que regresara con ella, que olvidaran todo el asunto y que siguieran con su vida juntos; pero tenía miedo… tenía miedo de hacer eso y que Yamato le dijera que él ya no la quería, tenía miedo de que la rechazara. Y ese miedo le impedía actuar a su corazón. Y las tres veces que se juntaron a hablar del asunto, el miedo se hacía más y más grande. Pero fue después de su último encuentro, donde las cosas se salieron de control, escapándose de sus manos… Esa noche, Yamato la sedujo, y ella no hizo nada para detenerlo, al contrario, se dejó seducir…

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Después de cenar, Sora, a duras penas, metió a Yamato en su auto. Luego, ella se sentó en el lugar del conductor, y encendió el vehículo. Salió del estacionamiento y se encaminó a su casa.

"¿A dónde… me llevas?"- peguntó el rubio, seguido de un bostezo.

"A casa."- le respondió.

"Nuestra casa."- susurró, para luego dormirse.

Sora lo vio de reojo, sonriendo ligeramente. Siempre le encantó verlo dormir, ya que en esos momentos, Yamato parecía un pequeño niño indefenso, tan lindo y tierno. Agitó su cabeza y se concentró en conducir, dejando de lado esos pensamientos, no quería tener un accidente por distraerse con esos recuerdos. Al cabo de unos minutos, llegaron a la casa. Sora despertó a Yamato y lo ayudó a entrar, afortunadamente, el rubio, a pesar de estar medio dormido, podía caminar casi por sí solo. Al entrar, se quitaron los zapatos, aunque Yamato se tardó más. Se dirigieron al segundo piso.

"Yamato, dormirás en el cuarto de invitados."

"Mm…"

Sora volteó a mirarlo y por un momento creyó que Yamato estaba dormido, pero no era así. Al pasar por la entrada de la habitación matrimonial, Yamato se detuvo. Sora no supo el por qué, pero pudo ver que el hombre ya estaba despierto. Y antes de poder articular palabra alguna, Yamato la arrinconó contra la pared, abrazándola fuertemente. Rápidamente el nerviosismo se hizo presente en ella.

"¿Ya… Yamato?"

Buscó sus ojos y al encontrarlos, se sorprendió. No necesitaba que Yamato le hablara, esos ojos azules, tan profundos como el océano, le dijeron qué era lo que él quería de ella en esos momentos y le aseguraron, también, que no aceptaría una negativa. Pero Sora no sabía qué hacer, ella estaba consciente de lo que pasaría y lo deseaba tanto como él, pero su razón no se lo permitía. Iba a hablar, iba a pedirle que se detuviera, pero Yamato la detuvo con un beso.

"Solo… déjate llevar… Y déjame… amarte… de nuevo…"- le susurró, sobre sus labios.

Yamato la estaba seduciendo, ella lo sabía, pero no le importaba, ya no, así que dejó que la sedujera. Sucumbió a su propio deseo, dejándose llevar por su corazón. Yamato la besó nuevamente, guiándola hacia el interior de la habitación. Y ahí, después de casi veinte y dos meses de estar distanciados, después de toda esa agonía y ese sufrimiento por el que pasaron, después de toda esa soledad y ese dolor que sintieron; volvieron a amarse…

…Y se amaron como nunca antes lo habían hecho, se amaron con cariño, con pasión, con locura, dando rienda suelta a todas esas emociones, liberando todos esos sentimientos que por meses habían reprimido, jurándose amor eterno una y otra vez, susurrándose un Te amo a cada instante, entre cada suspiro, entre cada gemido… Se amaron toda la noche, sin detenerse a pensar en el mañana…

Pero, lamentablemente, nada dura para siempre.

A la mañana siguiente, Sora despertó en los brazos de Yamato, permaneció varios minutos ahí, en ese refugio, disfrutando de la calidez que aquel varonil cuerpo le brindaba. Quiso volver a dormirse, pero no pudo, el sueño la había abandonado por completo. Tampoco quería levantarse, no pretendía hacerlo, pero necesitaba pensar; y estando ahí, de esa manera entre los brazos de Yamato, le dificultaba las cosas. Sonrió y dándole un tierno beso en la mejilla, decidió levantarse. Se levantó cuidadosamente para no despertarlo, y colocándose su bata, salió de la habitación, yendo a la sala. Ahí se puso a pensar.

Sabía que después de esa noche, las cosas entre ellos habían cambiado y esperaba de todo corazón que el cambio fuera para bien. Pero aun había algo que no la dejaba en paz, el motivo por el cual se había levantado. Trató de calmar el sin fin de sensaciones que aun se aglomeraban en su interior, en su corazón, debido a la noche anterior, lográndolo poco a poco. Comenzó a percatarse de que algo había cambiando dentro de ella, se sentía extraña, diferente, como si algo de esa noche le había devuelto lo que sentía que había perdido el día en que le pidió a Yamato el divorcio… Se sentía viva, ahora, después de tanto tiempo, volvía a sentirse viva y completamente feliz…

Pero esos sentimientos no le duraron mucho, ya que, al calmar completamente a su feliz y loco corazón, su cerebro comenzó a procesar todo lo ocurrido durante la cena hasta ese instante y, nuevamente, su razón volvió a hacerse presente, haciéndole ver la cruel realidad y recordándole el motivo por el cual Yamato estaba ahí, en su casa, que también resultaba ser el motivo por el cual, lo ocurrido la noche anterior, había sido posible. Y, entonces, empezó a caer en un abismo de oscuridad, del que temía no saldría jamás…

"Oh dios… Él estaba ebrio…"- susurró temerosa, llevándose las manos a la boca.

Y eso era lo que la estaba molestando. La noche anterior Yamato había bebido más de la cuenta. Lo cual significaba que lo sucedido solo fue por culpa del alcohol, él no sabía lo que hacía, ella pudo haber sido cualquiera… Entonces nada de lo que él le dijo era cierto, todo fue producto del licor y de la emoción del momento. Y, seguramente, para cuando despertara, él no recordaría nada. Pero aun así, su obstinado corazón mantenía una esperanza… Una esperanza, de que, tal vez, Yamato no había estado tan ebrio, de que había estado consciente de lo que hizo, y que si recordaría todo al despertar… Sin embargo, nada era seguro; el hecho de que el hombre que aun dormía en la habitación recordara algo, era tan probable como el hecho de que no lo hiciera. Solo le quedaba esperar a que él despertara, para ver su reacción. Porque no dejaría que el miedo la invadiera de nuevo, no sin un motivo concreto.

Sintió que la observaban y su corazón comenzó a latir violentamente. Solo entonces, se percató de que había estado llorando, pero ya no le importaba, solo quería escuchar lo que Yamato le diría. Y esperaba que fuera lo que ella quería oír.

"¿Sora?"

Esa palabra, por sí sola no le decía mucho. Solo la había llamado. Pero fue la duda que había en su voz, lo que la lastimó profundamente, rompiendo en pedazos su delicado corazón. La duda. ¿Por qué dudaba?... ¿De qué dudaba?... ¿Acaso dudaba lo que había sucedido la noche anterior?... ¿O dudaba si realmente había sucedido eso?...No debería dudarlo… ¡No podía dudarlo!... Las lágrimas comenzaron a caer con mayor intensidad… ¡Yamato tenía que recordarlo, tenía que…! Pero al parecer, no era así… Lloró con amargura…El tan solo pensar que Yamato no recordaba nada, provocó un sentimiento de arrepentimiento en ella.

'Una vez más… le entregué todo lo que tengo… y él no lo recuerda.' pensó.

El dolor y arrepentimiento que estaba sintiendo, la motivaron a hablar, sin detenerse a pensar en lo que diría. Y, nuevamente, le dijo cosas que no sentía, dijo palabras que lo hirieron, pero en ese momento, ella estaba demasiado cegada por su propio dolor y amargura, como para notarlo. Lo escuchó subir a la habitación, seguramente por el resto de sus cosas, y luego bajó, deteniéndose en el pasillo que conectaba la sala con la puerta de entrada. Ella sabía que si él permanecía ahí por más tiempo, no podría contenerse más e iría corriendo a sus brazos, sin importar que no recordara la noche en que se amaron, después de tanto tiempo. Pero su orgullo habló por ella.

"Adiós…"- susurró y, seguidamente, lo escuchó marcharse.

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Luego de eso, los días siguientes se convirtieron en un verdadero tormento, que continuó durante esos dos meses. Entonces comenzó a decaer rápidamente. Ella admitía que los primeros cuatro meses no cuidó mucho de su salud, pero en esos últimos dos meses se sintió muy mal. Decidió que lo mejor sería ir al médico y hacerse unos exámenes, un chequeo general. No fue con Jyou, que era el médico de todos los elegidos, ya que no quería que sus amigos se preocuparan, así que fue a otro médico. Esa mañana le entregaron los resultados, pero lo que el doctor le dijo que tenía, jamás se lo hubiera esperado. Y menos bajo esas circunstancias. El médico le dijo que lo más recomendable sería que fuera a su casa a descansar y que estuviera unos días en cama, en completo reposo. No podía correr el riesgo de agravar su salud, no ahora.

Cuando llegó a su casa, recibió una llamada de su abogado y este le dijo que ya le había enviado los documentos a Yamato, y solo faltaba que él los firmara, para que ella pudiera hacer lo mismo y así ya todo estaría terminado. Luego de recibir la noticia, comenzó a llorar, quiso evitarlo, pero ya no tenía fuerzas para reprimir más las lágrimas, no después de lo que el doctor le dijo. Sabía que, si no quería tener problemas con su actual situación, debía empezar a cuidarse y alimentarse bien; y llorar no le haría ningún bien, pero no podía evitarlo. Necesitaba a Yamato, lo necesitaba mucho. Pero, probablemente, él ya había firmado esos papeles, lo que significaba que quería el divorcio.

"Ya todo está perdido…"- susurró.

A esas alturas, ya no podía detener las lágrimas, que al menos ya no caían como antes, pero en cierto modo, no quería detenerla, sentía que, tal vez, de ese modo, aliviaría algo del dolor por el que pasaba. Leyó, una vez más, los resultados de los exámenes. Sabía que debía darse ánimos, para seguir adelante con su vida; debía hacerlo, por su bien, por el bien de su hija y por el bien de… Dejó los papeles sobre la mesa de centro y, lentamente, empezó a rendirse ante el cansancio, hasta quedarse finalmente dormida, en el sofá de la sala.


Continuará…


Listo! Espero que les haya gustado! Y un millon de gracias a las personas que estan leyendo SSM y que dejan sus comentarios, claro!

Nos vemos! Bye!

Edit: 09.29.08