Disclaimer

Rurouni Kenshin no me pertenece, este fic es por mero entretenimiento.

-Summary-

UA K/K-Amigos de la infancia. Vecinos de la vida. Separados inútilmente. Como un no vidente, vi la vida escaparse de mis manos. La felicidad eterna a tu lado, como en El Parque de las Hadas. RR


El Parque de las Hadas

By: O.o Kaoru-chan o.O

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Cuando la impotencia inunda tus ojos.

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Cuando la verdad se hace presente

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Cuando despiertas de aquel dulce sueño...

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Sentado en uno de los asientos del parque de las Hadas. Veo como fue pasando el tiempo. Haciendo un flash back de todos los acontecimientos que comenzaron en este lugar.

El parque de las Hadas... te encantaba este lugar. Aquí fue donde te conocí. Estabas cantando detrás de unos árboles y yo me acerqué al escucharte. Cantabas bien.

- hola... me llamo Kenshin...

- Yo Kaoru.

- Lindo nombre.

- ¿Puedo llamarte Ken?

- Claro, serás la única.

Y me sonreíste, como en varias ocasiones.

Cuando éramos pequeños siempre cantabas allí. Por las tardes cuando volvíamos de la colonia. Estaban nuestros amigos también. Aoshi, Megumi, Misao, Sanosuke.

Y nos cantabas. Con aquella voz tan dulce y armoniosa que tenías...

A la noche te dejaba en casa y yo iba a la mía. Vecinos de toda la vida.

- neh, Ken, nos veremos mañana¿no?

- Claro que si, sí somos vecinos.

Hasta el día de hoy no me di cuenta del significado de esas palabras.

Aún así, seguimos estando juntos.

Hasta que empezamos la secundaria.

Allí todo cambio.

En primer año, terminé enamorado perdidamente de Tomoe Yukishiro. Alta y elegante, hermosa y grácil.

Algunas veces estabas celosa porque no te dedicaba el mismo tiempo de antes. Ya casi no íbamos juntos al colegio, porque pasaba a buscar a Tomoe.

Y cuando nos pusimos de novios, directamente no nos vimos.

Mi relación con Tomoe duró hasta terminar la secundaria.

Hasta el día de la graduación.

Fue cuando fui a buscar unas bebidas que encontré a Tomoe y a Akira besándose.

Las copas se rompieron estrepitosamente.

Tomoe intentó explicármelo. Pero no quería escuchar nada.

Terminé en el parque, mirando el lago. Y de pronto apareciste. Sonriente y con un pedazo de chocolate... mi favorito... ¿Cómo pudiste recordarlo después de tantos años?

No hicieron falta las palabras. Estaba destrozado, y tu semblante se endureció al verme así. Me tomaste por mis hombros y me empujaste hacia ti. Permitiéndome llorar. Cantando una canción que hasta el día de hoy recuerdo.

Finalmente todo acabo. Adiós a la secundaria y a Osaka. Mis padres decidieron mudarse y vivir en Tokyo, así iba a la universidad de allí. Nos despedimos en verano, con un casto beso en la mejilla.

Cinco años pasaron y te volví a ver.

Pero no en persona, sino en la televisión cantando.

Te habías convertido en una figura, un modelo a seguir para varios jóvenes. Te veías sonriente, firmando autógrafos y dando conciertos. La misma sonrisa, llena de inocencia y pureza, que me dabas cuando era pequeño.

Cuanta melancolía. Finalmente habías cumplido tu sueño de cantar, recorrer el mundo y ser reconocida.

Siempre habías dicho que preferirías ser recordada en una canción, porque cuando uno muere es olvidado.

Pensé darte una sorpresa, y fui a uno de tus conciertos. Pregunté por ti, y a pesar de que no se fiaban mucho de mí, logré que por lo menos me nombraran. Estaba seguro que no me ibas a atender, que ni siquiera me ibas a recordar o que no te iban a decir nada. Parecía un idiota con un ramo de flores en la calle esperando.

Finalmente apareciste. Sonriente como siempre y saltaste a abrazarme. ¿Feliz de verme?

Me hiciste entrar a tu camerino, lleno de flores, fotos y cartas de admiradores.

Te miré por un instante. Ya eres toda una mujer adulta. Tal vez no de estatura... serías siempre igual de petiza como yo. Pero mantenías la misma inocencia de siempre. Esa sonrisa alegre, ese brillo en los ojos... ese carisma pegajoso... por eso te hiciste famosa.

Mantuvimos contacto por un buen tiempo. Me sorprendía que tuvieras tiempo y que no parecieras cansada. Yo lo estaba, ser abogado para una firma era agotador. Pero venías a visitarme, disfrazada, con pelucas y a veces vestida de hombre...

Y me gastabas bromas...

- ¡KENSHIN HIMURA?

- ¿si?

- ¡Tu eres él que abusó de mi nena!

- ¡ORO! No debe ser una equivocación...

- ¡Equivocación mis cuernos! Te mataré.

Pero tus chistes siempre terminaban con tu risa. Se te era imposible aguantar.

Me contaste que te habías mudado de Osaka para Tokyo, que a tus padres no les había gustado mucho la idea y que a duras penas te habían dado su bendición.

Estudiabas psicología, y cuando estabas terminando la carrera, conseguiste un trabajo. Pero en una noche, entraste a un canto-bar y te escuchó un representante. Al día siguiente todos tus sueños se habían hecho realidad.

Así pasó un año, de visitas frecuentes. Te comentaba de mis relaciones, que había una mujer en el trabajo que me interesaba, Shura. Me hiciste todo un interrogatorio y reprobé cuando no te respondí de qué color eran sus ojos y me miraste con una cara cuando te describí su cuerpo.

- Ken... eres un hentai... a ver dime¿De que color son mis ojos? – y los cerraste sonriente.

- Ah, pero eso sí lo sé. Tus ojos son azules. – volviste a abrir los ojos contenta.

- Ahora cierra tu los ojos – renuente lo hice – dime¿Cómo estoy vestida?

- emmh... pantalones negros... mmh... zapatos sin tacos y... eh... ¿blusa blanca?

- abre los ojos Ken – los abrí y me reía. Llevabas una pollera blanca con una musculosa rosa y unas sandalias. – Eres un desastre.

Si, como me arrepiento de no haberte visto mejor. Me hubiese encontrado con una mujer.

Te despediste diciéndome que te vería la semana siguiente.

Y no fue así.

Apareciste en mi casa a la medianoche.

El timbre me había despertado y estaba de mal humor. Dispuesto a echar a patadas al que haya osado a despertarme. Mi mal humor se disipo al verte en la puerta de mi apartamento, con los ojos inundados en lágrimas.

- Kao...ru –

Te tiraste a mis brazos y lloraste amargadamente. Intenté consolarte pero no sabía como. A duras penas pude llevarte hasta el sillón y sentarte ahí. Y tú seguías llorando desconsoladamente.

Mis nervios se crispaban y no sabía que hacer. Me apresuré hasta la cocina y preparé té para ambos. Me senté al lado tuyo. Ya te habías calmado un poco.

- ¿Qué ocurrió? – pregunté temeroso.

Volviste a cerrar tus ojos y lágrimas comenzaron a brotar nuevamente. Me maldije por tener tan poco tacto.

- Mis padres... murieron...

Abrí mis ojos de sorpresa. ¿Muerto? Pero si hacía horas me habías dicho que los llamaste diciéndoles que pasarías a verlos en las fiestas.

- ¿Co... Como?

- En un accidente de tráfico... – dijiste en un susurro. Y te desmoronaste. Tus hombros caídos, tu llanto continuo, tu semblante triste. Era la primera vez que te vi así y esperaba que fuese la última.

Te levanté y te acompañé hasta mi habitación. Te quité los zapatos y te recosté. Estaba dispuesto a dormir en el sillón, cuando tu mano me detuvo.

- Ken... ¿Puedes dormir conmigo? No quiero estar sola... – tu mirada suplicante y tu tono ronco debido al llanto y al sueño.

- Claro – sonreí acostándome al lado de tuyo. Te acomodaste en mi pecho y suspiraste profundamente. Toqué tu cabeza con cariño y deposité un beso en tu frente.

Estuvimos un tiempo recostados. Ninguno de los dos decía una palabra, yo te tomaba por tu cabeza, y tú me abrazabas, tu cara enterrada en mi pecho. Pero el silencio fue roto por tu voz.

- Ken...

- hmm?

- ¿Puedo... Puedo besarte? – todavía tenías tu cabeza en mi pecho, e intentabas ocultarme tu cara. Tu pregunta me tomó por sorpresa, pero...

- Si.

Con mis manos levanté tu cara. Tus mejillas sonrojadas, tus ojos brillantes, tu cabello suelto. Todo te hacia verte más hermosa. Lentamente te fuiste acercando, sentía tu respiración y tus latidos. Tomaste tu cara entre mis manos, y con toda la delicadeza que pude, tomé tus labios entre los míos. Eran tan dulces y suaves, como pétalos de rosas, como la misma miel.

El simple contacto con ellos, desencadenó una ternura en mi ser, sentí como un calor extendiéndose por mi cuerpo. Pero en mis manos, cayeron dos gotas calientes. Abrí los ojos sorprendidos y noté que estabas llorando. Pensé que era por tus padres, entonces te solté. Te separé de mi, me alejé de tus labios y te volví a recostar.

- Shh... todo estará bien – te susurré, pero seguías llorando, sentís tus lágrimas caer en mi pecho.

- Gracias – me respondiste con voz ahogada. Yo solo pude abrazarte más fuerte. Al poco tiempo de tranquilizaste y te dormiste.

Al día siguiente sonreías al despertarme. Maravillado por tu recuperación, me diste los buenos días y me acercaste una taza de café. Pero aunque intentarás ocultarlo, tus ojos seguían melancólicos. Aún así, no te dije nada sobre el beso, pensé que no querías recordarlo. Me callé y ahora entiendo que fue lo peor.

Ese fin de semana fue el entierro, y te acompañé. Estuviste todo el tiempo seria, mirando como los enterraban. Al final quedamos nosotros dos, frente a sus tumbas. Y te acercaste, les depositaste una rosa y les cantaste una canción.

Tu voz era hermosa. Angelical. Armoniosa. Pero sumamente triste. Varias personas se dieron vuelta a verte. Maravillados por tu voz pero al mismo tiempo tristes al saber que estabas destrozada.

En esos días pasaste una semana en mi casa. Para recuperarte. Habías cancelado todos tus conciertos y la mayoría lo había entendido. Vivimos bien, cómodos y contentos.

Y la semana se acabó.

Debías irte de gira.

- Gracias por todo Ken.

- Nos vemos cuando vuelvas.

- ¡Claro!... Ken?

- ¿si?

- Cuando vuelva¿vamos al parque de las hadas?

- ¿Al parque de las Hadas?

- ¡si!

- ¿Porque?

- quiero mostrarte algo.

- ¿no puede ser ahora?

- no, no. esta allá.

- bueno... esta bien.

- ¿Iremos?

- si, si

- ¡Gracias Ken!

Pero nunca nos volvimos a ver... al menos no en persona.

Ahora estoy sentado en uno de los viejos bancos del parque de Hadas.

Ya no hay nada que pueda hacer.

Si sabía que ese avión...

De entre todas las personas...

- moshi-moshi?

- ¿Ken?

- ¿Kaoru?

- si, si

- ¿no estabas en viaje?

- Estoy a punto de abordar. Pero quería decirte algo antes de partir.

- ¿Qué ocurre?

- No quería decírtelo por teléfono, pero ya no lo puedo aguantar más.

- Kaoru, no me asustes.

- No de enserio. Ken... en verdad, yo estoy enamorada de vos.

- ...

- ¿Ken?

- ¡Kaoru con esas cosas no se bromea! – espeté enojado.

- ¡No estoy bromeando Ken!

- si, si. Sabes, tienes un sentido del humor muy feo Kaoru.

- Pero Ken... – 'el vuelo 512 rumbo a París esta abordando. Repito, el vuelo 512 rumbo a Paris esta abordando...'

- Ahí esta tu vuelo. Que tengas un buen viaje. ¡Y deja de hacer ese tipo de bromas pesadas Kaoru!

- ¡Espera Kenshin! – pero te corté. Estaba enojado. ¿Por qué siempre tenías que bromear con esas cosas?

No me di cuenta hasta que era tarde que me habías llamado por mi nombre.

¡Maldición!

No creía que las cosas irían de esa manera. No pensé que todo terminaría así.

Yo...

De verdad lo siento mucho.

Han pasado días y días desde que desperté de aquel sueño. Alegría, diversión, felicidad, fantasía, magia, cielo, amor...

Viajé hasta Osaka como me lo habías pedido. Y senté en la base del mismo árbol donde nos habíamos encontrado. Ausente, comencé a tocar la tierra, y sin que me diera cuenta, estaba cavando. De pronto, mis dedos tocaron una superficie dura, con mi corazón palpitante, cavé empujado por un sentimiento extraño. Encontré una caja de madera familiar.

La abrí, y encontré una fotografía. Una chica de ojos azules, sonriente y cabellos hasta la cintura, y al lado un chico, un poco más alto, pero de impactante cabello rojo, con grandes ojos violetas. Sonreí con tristeza. Esa foto lo habíamos tomado el último verano antes de comenzar la secundaria. Dejé la foto a un lado y miré el interior de la caja. Solo había dos cartas.

Mis manos me tiemblan... dos cartas, una vieja y una mucho más nueva, ambas dirigidas a mí.

En ese momento entendí el significado de tus palabras. Querías que lo leyera allí. Donde nos conocimos por primera vez.

Como quisiera verte una vez más.

Recuerdos de la persona que me despertaba todas las mañanas para ir a la primaria. De la persona que me sonría cuando me quedaba dormido en las clases. De la persona que saludaba en los recreos. Durante clases... de la persona que me consolaba cuando Tomoe me dejó.

Ahora lo sé.

Sé quien es la persona más importante para mí. Sé cual es la persona que hace latir mi corazón. Sé que siempre fuiste tú.

Lamento tanto haber sido tan ciego. Siento tanto haber tardado tanto. Cuantos años nos podríamos haber ahorrado. Cuantas desgracias nunca hubieran ocurrido...

Cuanto pagaría para volver a verte. Cuanto deseo volver a verte, aunque sea una vez más, para poder decirte lo que siempre debía haberte dicho.

-

-

-

- ¿y tu que pondrás Ken?

- No se que poner...

- mmmh... ¿que te parece un foto de nosotros dos?

- oh, eso estaría bien. ¿Y tú que pondrás?

- Una carta.

- ¿Una carta?

- Si.

- ¿Y que dice¿Puedo leerla?

- No Ken. No puedes leerla.

- ¡Pero Kaoru!

- Te la mostraré, pero no hoy. Más adelante.

- ¿Cuando?

- Cuando... cuando... me quieras.

- ¿Pero que dices? Si yo te quiero.

- Eso ya lo sé baka... es solo que... mejor déjalo así. Te la mostraré mas adelante.

- De acuerdo, pero ¿Me lo prometes?

- Hai, Hai...

- No puedes faltar a una promesa Kaoru.

- Lo sé Ken, te juró que algún día leerás mi carta.

- Bien...

-

-

- Kaoru... yo te a...

Y una brisa de verano llevó las palabras al mas allá. Donde perdura aquel dulce sueño.

Notas de la autora:

Canción Africana.

Fuego de Amor

Aunque sea nuestro destino

El fin del sueño.

El parque de las Hadas.

Cuatro fics, la mayoría one-shots, con finales tristes. Hoho, deben pensar que soy una insensible sin corazón, fría como Aoshi. Pero bueno... no era mi intención. La culpa la tiene mi amiga Roro, ¬¬, a ella le gusta los finales tristes y cosas bien dramáticas... me contagió.

Además de eso, gran parte de mis finales tristes se deben a que siempre tuve ganas de escribir algo bien triste, además como que me siento con el ánimo de escribir cosas así. No puedo escribir mucha comedia... tal vez este triste... no se. Aunque este no salió tan, pero taaan triste como quería. Ya tendré otra oportunidad.

Maté a Kaoru, y Kenshin quedó solito. Si, deben querer matarme... Pero bueno, no todo tiene un final feliz.

Ahora, no se porque, pero este one-shot, me suena mucho a alas, plumas y violín. Siempre quise escribir algo sobre plumas blancas. Suaves, delicadas, hermosas y angelicales. Mientras escribía este fic, pensaba en ellas. Además escuchaba 'I talk to the rain' de Tsubasa Chronicle. (Ejem... léase, próximo titulo de mi próximo one-shot... próximamente en cartelera)

Creo que eso es todo. Debo decir que todo este one-shot ha salido de mi cabeza. Todo, todo esta escrito y pensado por mí. No puede haber nada que les recuerde a algo... 100 Kaoru-chan (No se porque digo esto... pero suena más cool...)

Eso es todo. Ojala que les haya gustado, que me dejen un review y que tengan un lindo día.

Ah, si ¿Quieren leer la carta no? Bueno, todo dependerá de los reviews... hohoho, si soy muy mala.

Cuídense. Besos.

O.o Kaoru-chan o.O