Disclaimer

Rurouni Kenshin no me pertenece, este fic es por mero entretenimiento.

-Summary-

[UA] K/K-Amigos de la infancia. Vecinos de la vida. Separados inútilmente. Como un no vidente, vi la vida escaparse de mis manos. La felicidad eterna a tu lado, como en El Parque de las Hadas.

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El Parque de las Hadas

By: O.o Kaoru-chan o.O

Epilogo

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Las luces estrepitosas de la mañana llenaron la habitación. Abrió los ojos con desgano. Sus parpados pesaban toneladas todas las mañanas. Reincorporándose lentamente, dejó que los rayos del amanecer penetraran sobre su cuerpo. A paso lento avanzó hasta el baño.

Se lavó la cara repetidamente, y se miró en el espejo. El reflejo le devolvió la cara anciana de un joven antes muy apuesto. Su cabellera antes completamente roja ahora se perdía entre los mechones blancos de la edad, aunque ahora lo llevaba más corto, su piel formándose arrugas, acentuándose alrededor de sus ojos, que brillaban con un violeta furor. Tal vez lo único que quedase de recuerdo de su juventud. Sentía un poco de temblor en sus manos y sus pies se movían con desgano.

La verdad es que la edad lo estaba consumiendo poco a poco. Tan lentamente, que su existencia lo único que lograba era impacientarlo. Pero ese día, estaba bien.

Volvió a su habitación y encontró las ropas que había dejado la noche anterior preparada sobre una de sus sillas. Al lado de su escritorio. Sonrió al ver la laptop encendida. La noche anterior se había olvidado de apagarla, tan concentrado en descansar después de haber escrito el último capitulo de su novela.

Su vida había sido una gran circunstancia de cambios. Desde chico había soñado con ser abogado y lo había logrado. Había sacado las mejores notas en una de las más prestigiosas universidades de derecho. Había logrado, gracias a sus excelentes notas, trabajar en una conocida firma de abogados. Y ya esta, su carrera profesional acababa allí. Habiendo logrado todo lo que quería a la edad de los 28. Pero las cosas habían cambiado. Tan simultáneamente que todavía estaba sorprendido.

Una mañana, en su día libre, despertó tarde. Dándose el lujo de hacerlo. Estaba acostado en la cama, y no tenía deseos de levantarse a hacerse el desayuno. Estaba tan cómodo. Entonces se quedo y prendió el televisor. ¿Noticias? No ese día quería estar alejado del mundo, ¿novelas? Todas terminaban igual, con un final digno de una tragedia griega. ¿Comedia? La vida era una risa. Y paró en el canal de música.

Los flashes, periodistas, cámaras y una gran mesa en el medio donde varias personas estaban sentadas 'una conferencia de prensa' pensó Kenshin dispuesto a cambiar de canal. Pero un abucheo proveniente del televisor le intrigó. Había fanáticos, gritando histéricos por la aparente llegada de una persona. Y Kenshin se mantuvo mirando expectante.

- por favor démosle un aplauso al a nueva cantante pop que ha logrado en un mes llevarse el disco de plata.

Kenshin escuchó como un aplauso masivo recibía a la cantante. Y sus ojos se abrieron de la sorpresa.

- Muchas gracias – saludó una jovencita de estatura mediana, haciendo una leve reverencia, antes de sentarse en el medio de la mesa. El público abucheó más ante semejante comportamiento.

- Muchas gracias por venir hoy señorita Kamiya.

- Ha sido un placer – contesto Kaoru con una sonrisa.

¿Kaoru Kamiya? Se preguntó impactado en ese momento Kenshin. Sin darse cuenta se había reincorporado de la cama y avanzó hasta el televisor. Si, cabello largo, ojos azules grandes e impactantes, y sonrisa tímida. ¡Era Kaoru!

¡Kami sama! ¿Cuantos años habían pasado desde la última vez que la había visto? Tenía 28... Entonces... ¡hace 10 años que no la veía! 10 años y ¿ya era cantante? Sin embargo, a pesar del impacto, no pudo dejar de sonreír, a fin de cuentas, cuando eran niños Kaoru tenía una voz increíble.

Subió el volumen del televisor y se quedó escuchando. Informándose de los sucesos que le habían pasado a Kaoru en esos 10 años. Había terminado de estudiar en la universidad, y el día de la graduación un agente la había escuchado. Así había empezado. Había hecho pequeñas giras por las zonas interiores de Japón, y finalmente un video musical que se había transmitido por televisión nacional.

La repercusión había causado conmoción entre los más jóvenes, poco a poco convirtiéndose en una idol. La forma en la que Kaoru sonreía, y además lo educada que podía llegar a ser, tenía un carisma pegajoso y una personalidad impactante.

No era la típica idol hueca, o rebelde. Era diferente.

Antes de que se diera cuenta, estaba componiendo un CD para su fans (si, ya tenía un club de fans). Más tarde, tenía conferencias de presas como aquella, donde hacía la presentación a su próxima gira en Tokyo.

'¿Tokyo?' pensó Kenshin. Tal vez podría verla. Digamos, ¡Tokyo! Él vivía en Tokyo... además, ¿Dónde decían que iban a tocar? Ah, si, en el teatro Empire...

¿Que día? El 14 de septiembre. No tenía planes para ese día... ¿no? Bueno, ¡no los haría! Buscó su agenda y comenzó a revisar. No, no tenía planes... es más era su único día libre en el mes... un momento... era... septiembre. '¡DEMONIOS ES HOY!'

- El recital se llevará a cabo el día 14 de septiembre a las 14 horas en el teatro empire...

'¡¡Son las 12!!' pensó alarmado. Corrió al baño y desde su habitación se escuchó el agua correr.

- Señorita Kamiya ¿Quiere decir algo más?

Kenshin volvió rápidamente, con el pecho desnudo y la parte de abajo del pijama. Se apresuró a subir el volumen y miró atento el televisor.

- Muchas gracias Takana-san – respondió Kaoru educadamente. Varios fans gritaron entusiasmados. Kaoru les sonrió – Me gustaría responder a una pregunta que me escribieron en una carta en mi último recital. – Kaoru sacó una carta de su bolsillo y comenzó a leer – "Kaoru-san Sus canciones de amor son muy profundas, y especialmente las dos últimas 'Amor' y 'Nacer otra vez entre tus brazos' ¿En que se inspiró?"

Kaoru miró al público y a las cámaras – La verdad es que recibí varias cartas con esta misma pregunta. Me inspiré poco después de terminar mi primer concierto. Todavía sentía la adrenalina por mi cuerpo, y el cambio de sonido... cuando estaba en el escenario escuchaba el abucheo y los gritos de mis fans, me podía escuchar cantar y los sonidos de los instrumentos, pero cuando entré a mi dormitorio. Había un silencio desconcertante, todavía escuchaba el eco de los fans. Era una sensación extraña. En ese momento me puse a cantar, y las letras salieron solas. Esa misma madrugada desperté a Hoshimaru-san para comentarle sobre el nuevo tema, y al día siguiente ya estaba planeando el lanzamiento de un nuevo CD.

'Muchas gracias Srita Kamiya. Ahora la última pregunta... si, el señor de TBC '

'Srita Kamiya, muchos dicen que sus canciones son hermosas, pero son sus letras las que cautivan al público, algunos dirían que las escribe una persona muy romántica o muy enamorada. Srita Kamiya, está usted enamorada?'

La sala se inundó de silencio, hasta sus fans esperaban expectantes la repuesta. Kenshin por su parte, prestó atención a Kaoru, sus ojos se iluminaron de la misma forma que lo hacían cuando eran niños, no pudo evitar sonreír al percatar que no había cambiado en nada. Vio como respiró profundamente y tomaba con fuerza el micrófono entre sus manos.

'Vivo enamorada' replicó suavemente, sonriendo a las cámaras.

Al instante los flashes inundaron la sala y los gritos de sus fans opacaban las preguntas insistentes de los periodistas.

'¿Es alguien de la farándula?'

'¿Su representante?'

'¿Es su fotógrafo Satoshi?'

'¿Quién es Srita Kamiya?'

'¿Es correspondido?'

Kaoru se detuvo y miró al periodista que le había preguntado. Sonrió y dijo 'Eso es un secreto'

La conferencia de prensa había terminado.

Y Kenshin se apresuró a bañarse.

Kenshin sonrió al recuerdo de lo que había sucedido hace muchos años atrás. Salió del baño y avanzó hasta su habitación, se vistió con ropas casuales y se preparó un café en la cocina. Avanzó hasta la entrada y tomó el periódico. Hojeó la primera hoja, leyó algunos titulares y cerró el diario antes de llegar a los deportivos.

Volvió a su habitación y abrió las ventanas, la vista de la playa frente a él. Tomó un trago de café mientras la brisa le acariciaba sus facciones. Oh, que bien se sentía.

Cerró los ojos maravillado por el sentimiento de la brisa. Ni fría y caliente, tan solo cálida. Era envolvente, como dos finas manos de seda acariciándole, como si un cuerpo le abrazara y le proveyera aquella comodidad y aquel apoyo que necesitaba que le recordaran día a día. Como si sus labios tocaran el agua dulce del desierto. Como si fuese...

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido del teléfono. Avanzó hasta la mesa de luz al lado de su cama.

-Himura.

-Himura, Shinomori al habla.

-Aoshi, ¿Ha ocurrido algo malo? – su amigo no era de llamar a menos de algo muy urgente

-Todavía no, pero ocurrirá sino terminas ese libro. Los publicistas están algo impacientes.

-Ayer terminé el último capítulo.

-Perfecto. Tráelo así lo imprimimos.

-No, todavía no está terminado. Queda el epílogo.

-Kenshin, los publicistas no quieren esperar más.

-Diles que esperen una semana más. Solo necesito una semana para terminarlo

Kenshin se imaginó del otro lado del teléfono a Aoshi titubear, finalmente suspiró y dijo – De acuerdo Kenshin, pero solo una semana más sino lo terminas para ese entonces no lo publicaran.

-Si, lo sé.

-Bien. Nos vemos Himura.

-Espera Aoshi.

-¿Qué?

-Tu tienes la contraseña ¿no?

-Si ¿Por qué?

-Solo pregunto.

-... Si estás pensando en hacer alguna tonterí-

-No, por supuesto que no. Es solo que la memoria me falla y no sabía si te lo había dado – dijo algo apresurado para ser verdad.

-Mnh, si, claro. En una semana quiero verlo terminado Kenshin.

-Si Aoshi.

-Adiós. – cortó antes de darle tiempo a Kenshin de despedirse.

Menos mal, después de todo, no le gustaban las despedidas. Nunca le gustaron.

Volvió enfrente de la ventana disfrutando del paisaje, queriendo, inconcientemente, volver a sentir aquella brisa, pero sabía que era inútil. La misma brisa no pasa por segunda vez.

Terminó su café y se sentó en el escritorio delante de la notebook, aprovecharía aquella tarde para corregir y revisar el último capítulo.

Hace casi 25 años que había dejado de ejercer la abogacía, renunciando a su firma de abogados y convirtiéndose en algo diferente.

A decir verdad, le habían obligado a renunciar. Durante sus últimos años de abogado había tomado diferentes caminos al resto. Trabajo gratis varias veces, salvo casos que no debería, tomó casos que no debió haber tomado y ayudó en orfanatos. Finalmente, cuando sacó un libro sobre las verdades detrás del orden, se vio obligado a presentar su renuncia.

Habían sido tiempos duros, su primer libro le sirvió como presentación. Una introducción a lo que se especializaba el joven Kenshin Himura. Pero su segunda aparición en los estantes no fue tan asombrosa como la primera.

La primera había sido influenciada por el escándalo de su carrera. "Joven abogado contra la ley" o "Abogado en corte" o peor aún "El Robin Hood de la Corte"

Con aquellos titulares en los noticieros y en los diarios su libro estuve entre los más vendidos. Pero su popularidad cayó después de ese. Sin tanto revuelos y tantos problemas que lo lanzaran a la luz, el segundo libro no llegó a ser tan conocido, sus ventas se mantuvieron pero la popularidad no estaba a su favor.

Finalmente algo perdido con la escritura y pensando seriamente en volver a ejercer la abogacía, en una noche de pura indecisión se sentó en la playa plena tarde. Su mente era un torbellino, las ideas de qué hacer lo tenían abrumado. Quería dejar de trabajar en la abogacía, era un trabajo demasiado oscuro... para su gusto, pero también debía admitir que la paga era demasiado buena, y aunque no le gustaba de dónde venía ese dinero o todos los sacrificios o juegos sucios que se hicieron para pagarle, debía comer. Volver a ejercer la abogacía implicaría ser 'odiado' por sus seguidores y maltratado en su trabajo... pero, necesitaba el dinero. Nunca había estado tan perdido.

Vio como el cielo se oscurecía desde donde estaba sentado. Era verano y el cielo estaba estrellado, las pequeñas olas emanaban pequeñas brisas heladas que le hacían recorrer escalofríos por su cuerpo.

Se sentía cansado, agotado, apesadumbrado. Tal vez debería dejar sus buenas intenciones de lado, no lo llevarían a ningún lado y, por supuesto, no lo mantendrían con vida.

Podía vivir con el odio de terceros así como vivía, en lo más profundo de su ser, con el odio consigo mismo.

Jamás podría perdonarse completamente.

Fue aquella vez que sintió, tan latente, que estaba solo. Que no tenía dirección ni entusiasmo, que no tenía salida - que se encontraba en un callejón sin salida. Estaba tan perdido, tan solo. Aquel peso de soledad no se podía comparar con nada.

Y también fue aquella vez que sintió, como en todas las oportunidades que su mente divagaba en aquellos lados oscuros y renegados de sus pensamientos, un sentimiento cálido, algo que le apretaba el pecho y le causaba un dolor insoportable. Era tan insoportable como placentero, el dolor fue reemplazado por apego, así como la estima de algo que amas tener. Ese calor se iba extendiendo por todo su cuerpo, dejándolo flotar frente a numerosos pensamientos alentadores, pero como llegó, desapareció. Tan solo dejando el rastro de vacío en su interior, el dolor se intensificó el triple y sus pensamientos de dispararon así como sus sentidos, como si no hubiesen sido usados en un largo tiempo, que bien se podría traducir en tan solo diez segundos de paz y relajación.

Dolió, dolió tanto que sintió rebeldes lágrimas caer por sus mejillas. Su cuerpo estático, con miedo a moverse y sentir la realidad golpearle, pero era tarde. Vivía la realidad y aunque pareciese real, tan real, no lo había sido.

Tan real.

Podrá sonar cliché pero su mente se iluminó después de aquello.

Llegó a su casa de verano, se sentó en su escritorio, las luces apagadas y tan solo la luz de la pantalla de su notebook iluminando las teclas que sabía de memoria, y escribió. Escribió la historia más dulce y triste que alguna vez se hubiese imaginado. Tan apasionada, tan melancólica, tan oscura, tan amorosa, tan... real

Se acostó aquella vez cuado el sol estaba en lo alto y cuando los trabajadores comenzaban el día, los pajaritos cantaban y las gaviotas revoloteaban alrededor de las lanchas. Aquella vez, dejó la ventana abierta inconcientemente buscando aquella brisa que le golpeara fuerte en el pecho. Para dormir así, con ese sentimiento de paz y relajación que muy pocas veces había logrado sentir.

El libro había sido un éxito, llegando a los 10 más vendidos. Ayudó bastante que el autor sea un joven en sus treintas y con un impecable cabello rojo y maravillosos ojos dorados. Pero lo importante no fue aquello para Kenshin, sino encontrarse que su editor no era otro más que Aoshi Shinomori su amigo de la infancia y su socia no era otra más que Misao Makimachi.

-HIMURA!- había gritado aquella vez Misao saltando de la alegría.

-Misao, Aoshi, que alegría volver a verlos – había sonreído el pelirrojo contento. Hasta a Aoshi se le habían suavizado sus facciones.

Charlando sobre las casualidades de la vida, sobre los libros finalmente cayeron en el tópico de la infancia.

-Lamento mucho de lo Kaoru – había dicho Misao, su labio inferior temblando.- Sé que vos estuviste con ella antes de... me hubiese gustado al menos... – los hombros de Misao comenzaron a temblar – pero... yo... – grandes lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Misao. Inesperadamente Misao se vio envuelta en los grandes brazos de Aoshi, no tuvo tiempo para sonrojarse, ruborizarse, sorprenderse o siquiera tuvo tiempo de cohibirse, solo enterró su cara en el pecho de Aoshi, sin importarle mojarle la camisa. Kenshin sonrió con tristeza evidente al ver a Aoshi y Misao. Sintió una pizca de envidia al verlos justos, él hubiese deseado lo mismo, suspiró, no se merecía aquella felicidad, al menos no en esa vida. a pesar del dolor evidente de la habitación y no solamente por parte de Misao,

- Está todo bien, Srita Misao. Kaoru finalmente descansa en paz. – respondió Kenshin con ojos suaves. Misao limpió los rastros de lágrimas en sus ojos. Le observó detenidamente y sonrió.

- Le entiendo – le respondió Misao. Él cargaba con el peso de su muerte.

Se acordaba de las últimas palabras que Misao le había dicho ese día.

- Espero que puedas encontrar una forma de vivir, Himura

Después de eso, no habían vuelvo a hablar del tema.

La tarde había pasado en tranquilidad y Kenshin cerraba la laptop habiendo terminado finalmente su novela. Sonrió en silencio y con los ojos cerrados. Avanzo hasta la puerta y salió cuando el sol bajaba y la marea del mar era baja.

Caminó por la arena con los pies descalzos. Vio como la playa comenzaba a vaciarse de personas. Los niños dejaban de jugar, las madres se llevaban a los más pequeños, los jóvenes salían del mar y las chicas comenzaban a marcharse al no poder tomar sol.

Kenshin bordeó la playa, hasta llegar a un acantilado. Se sentó en las rocas viendo el atardecer. El sol anaranjado manchaba las nubes a su alrededor, proyectando un cielo en el mar.

Tan gran y abundante.

Desearía plasmar imágenes así sin sentimientos en ellas. Así como los recuerdos que vivirían manchados por las emociones, creía ahogarse en un mar de memorias. Y en momentos así, sintiendo la arena sobre sus pies, la brisa de verano sobre su piel y el olor a agua salada sobre su nariz, podía sentir la tranquilidad y la falta de la abrumadora realidad.

Vio como el sol bajaba y los niños volvían de la mano de sus padres. Una sonrisa se formó en su rostro y sus ojos se cerraron.

Kenshin...

Si, su nombre en sus oídos. Su aliento en su cuello. Sus brazos en su cuerpo. Desearía que todo fuese real.

Las estrellas le dieron la bienvenida y la brisa helada lo obligó a levantarse. Sonrió ante el cielo estrellado y partió con pasos seguros.

Se dio un rápido baño y se cambió en sus piyamas. Abrió el archivo de notebook e imprimió su trabajo. Finalmente, 'El Parque de las Hadas' estaba terminado.

Con un agotamiento sobre su cuerpo, decidió no retrasar más. Necesitaba acostarse. Suspiró contento cuando sintió las sábanas bajo su cuerpo, sonrió cuando sus parpados se volvieron pesados y en su último trazo de consciencia escuchó la música de su celular, con el sonido de su cantante favorita.

La oscuridad lo envolvió.

Estaba despierto. Lo sabía. Pero no quería abrir los ojos. No escuchaba el ruido de las olas chocar, ni el sonido de los insectos a la noche. Sintió una brisa y sus ojos se abrieron cuando percibió el olor de ella.

Sonrió cuando notó quien estaba delante de él.

-Te estaba esperando.

Kenshin sonrió y tomó la mano de Kaoru entre las suyas. Le dio un apretón. – Lo siento. Tenía que hacer unas cosas antes de partir.

-Lo se. – le respondió ella sonriendo. Se levantó y lo ayudó a reincorporarse.

Tenía de nuevo 25 años. Su cuerpo lo delataba. Delante de él, estaba ella, tan hermosa como siempre. Y esta vez real. Con su mano, tocó su mejilla y miró con fascinación como ella cerraba los ojos ante el tacto.

-Te extrañé – susurró con cariño. – Te extrañé mucho Kenshin.

El nudo en su garganta le imposibilitó hablar, pero fue Kaoru, con sus suaves dedos, quien limpió su rostro de las lágrimas saladas.

-Nunca más Kenshin. No quiero esperar más.

Kenshin asintió con la cabeza y tomó sus manos con fuerza. Nunca más para él. Nunca más para los dos.

Con una sonrisa en su rostro y sin apartar la mirada de sus ojos azules, Kenshin respiró profundamente.

El cielo olía a jazmines.

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No saben la alegría que siento al poner este fic como COMPLETE. No se acerca mucho a como quería este final, pero teniendo en cuanta que perdí la linea del fic -porque lo dejé hace bastante- puedo decir que rescaté lo más importante. Gracias a los que leyeron, dejaron review, y me siguieron mandando reviews aunque no actualizara. El parque de las Hadas está terminado y Kao quiere seguir terminando sus otros fics. En especial Broken Pieces.

Gracias a todos.

PD: Querida mia, yo cumplí mi parte del epílogo. Ahora quedás vos. ¡Quiero leer tu epílogo!