El siguiente Fan Fiction fue escrito por "El Vigilante" (q.e.p.d) del 12 de diciembre de 2002 al 10 de Septiembre del 2003, quien acreditó por mi persona la publicación de su fan fiction, que a su vez, está basado en la obra "Harry Potter" de J. K. Rowling quien posee derechos de autor sobre su obra y en ningún momento dio su consentimiento para la realización del mismo, por lo que esta historia se ha realizado sin fines lucrativos con el único fin de entretenimiento.


Hogwarts

Un hombre bastante alto y corpulento caminaba impaciente de un lado a otro. No es que debiera importarle la conversación que se suscitaba en el despacho del Director con los profesores, después de todo él es solo el conserje, pero no podía evitar ponerse impaciente, estaban hablando del chico y por más que ha deseado no involucrarse cuando se trata del muchacho no lo ha logrado hasta el momento por el cariño que le ha tomado.

Se detiene y con una mano se alisa la barba. Rayos, debieron de haberlo invitado a la plática, aunque sea el conserje, también es uno de los instructores desde hace dos años. Recordó en ese momento que cuando escuchó decir sobre la importante junta que Dumbledore haría, no lo querían por temor a que afectara la terapia siendo él quien estaba en más contacto con Harry, y que el saber el motivo de la junta podría derrumbar el plan porque saben qué aunque sea una buena persona, Hagrid el conserje no es alguien muy callado.

La oficina de juntas se abrió y los profesores, enfermeras y más personal salieron seguidos de un anciano vestido pulcramente en un traje gris, un hombre agradable a primera vista con gafas de media luna con una boina y una barba blanca que recordaba a un Santa Claus delgado.

—Hagrid —lo llamó el anciano—. Espero que comprendas el motivo por el que no quería que estuvieras presente.

—Si Director Dumbledore, pero… ¿no podría decirme algo de lo que piensan hacer?

—Me temo que por el momento no Hagrid. Acompáñame.

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Mientras tanto, un hombre robusto de bigote se acercaba por la avenida hasta llegar a ver un gigantesco edificio con una loza que rezaba "Hogwarts, Instituto Psiquiátrico Infantil y Juvenil" odiaba ese sitio y todo lo que tenía que ver con él, pero no podía evitar estar un poco preocupado por la salud de su sobrino quien ha estado internado por cuatro años en él.

—Espero que tengan buenas noticias. —se dijo recordando cuando lo llamaron por la mañana.

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—Hagrid —Preguntó Dumbledore al hombre alto y robusto mientras caminaban por los blancos pasillos entre enfermeros y pacientes— Tú eres quien fuiste por Harry hace cuatro años para traerlo. ¿Qué impresión te dio?

El tipo alto meditó un poco la pregunta antes de contestar.

—Me pareció un buen muchacho, con problemas, pero bueno. Sabe que no soy psicólogo ni nada por el estilo director, pero… parecía que había abandonado la realidad completamente, no era capaz de decir una sola palabra y miraba cualquier cosa con intriga.

—¿Quieres decir como apartado de la realidad?

—Sí. ¿Ha visto los dibujos que hace? Cuando los veo siento que veo lo que él mira.

—Sí los he visto. Me ha dibujado a mí con una túnica y un gran sombrero, creo que me hace parecer al Mago Merlín.

—Je, tiene mucha imaginación. Cuando miro, veo que me dibuja como a un gigante melenudo.

—Ese es el problema. Tiene una gran imaginación que ha adoptado como la realidad dejando este mundo en el sentido psicológico.

Escucharon un golpe detrás de ellos y se volvieron, se trataba de un chico con una bata blanca que había tropezado y caído, pero se levantó al instante como si nada y algo nervioso.

—Pobre Neville. —susurró Hagrid.

Continuaron caminando hasta detenerse frente a una habitación, la abrieron y observaron con soslayo a un muchacho cerca de cumplir los quince años. Tenía el cabello alborotado y llevaba lentes, quizá lo que más remarcaba su apariencia eran unas cicatrices en la frente en forma de tres líneas paralelas inclinadas hacia la derecha.

—Dentro de poco vendrá su tío a recogerlo Hagrid —Decía Dumbledore— Por favor alístalo.

—He, sí.

Tras retirarse Dumbledore, Hagrid se le acercó al muchacho quien mantenía su cabeza fija al suelo.

—Harry… —le susurraba— dentro de poco vendrá tu tío a recogerte.

El muchacho vestía un pijama blanca y la bata la tenía amarrada hacia atrás del cuello en forma de capa, la imagen era algo deprimente, sin prestarle atención, le dio la espalda al hombre alto vestido como conserje y se dirigió a la ventanilla para ver el reflejo de sus cicatrices lineales en él.

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Harry, el joven mago observaba a través del espejo de su habitación la cicatriz en forma de rayo, había dejado de dolerle. Trató de ya no pensar en eso, tenía la cabeza echa un lío desde su enfrentamiento con Voldemort y la muerte de Cedric. Ya se había cambiado de ropa y tenía la vestimenta del colegio con la capa puesta. En su reflejo apareció la figura de un hombre que era el doble de alto que él, un sujeto robusto vestido con las prendas propias de un guardabosque, era su amigo y profesor del Cuidado de las criaturas Mágicas, Hagrid.

—Harry, dentro de poco partirá el tren.

—Lo sé. No tardo.

—Apresúrate, el profesor Dumbledore quiere que te encamine.

Eso no le extrañó al muchacho, en esos días Harry había estado muy susceptible a todo. Muchos temieron que fuera a intentar hacer una locura.

—Hagrid.

—¿Sí?

—¿Nunca te has preguntado si tu vida es un sueño?

El gigante se desconcertó con aquella pregunta, aunque se daba una idea a lo que venía.

—¿En que sentido?

—No puedo creer que todo esto haya ocurrido. Quiero decir, Cedric, Volde… ya sabes. No soporto esto, quisiera que todo esto se tratara de un sueño del que pudiera despertar, solo una pesadilla.

El gigante extendió sus brazos y Harry se abrazó de él. Nuevamente comenzó a llorar.

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En la oficina del Director de la Institución esperaba pacientemente Vernon Dursley mirando su reloj a cada instante esperando que el Director apareciera de una vez. La puerta se abrió y el amable anciano hizo su presencia.

—Señor Dursley, es un placer verlo.

—Sí, bien. Vine por mi sobrino.

—En un momento lo traerá Hagrid.

—¿Quién?

—Ha, es nuestro… —estaba a punto de decir el conserje, pero se corrigió a tiempo— instructor de terapia con animales.

—¿Terapia con animales?

—Sí. Traemos mascotas entrenadas: perros, gatos, aves, y las usamos como terapia para los chicos. Los ayuda a convivir con la naturaleza, da buenos resultados.

Dursley vio un gran perico rojo en el perchero del Director extrañado.

—¿Eso fue lo que quería decirme¿Terapia de animales?

—Oh, por supuesto que no.

Dursley notó un poco de nerviosismo en el Director del Instituto al comenzar a hablar como si se tratara de algo delicado lo que le fuera a decir.

—Hace unos días falleció uno de los chicos que estaban internados.

—¡Qué!

—Fue una gran tragedia, se electrocutó en… bueno, eso no importa. Su sobrino vio este accidente y… mostró una reacción interesante.

—Explíqueme.

A partir de ese punto el señor Dursley le dio toda su atención al Director.

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—Dios Santo.

Cornelio Fudge, jefe del departamento de policía veía el suelo de la bodega abrumadamente al lado de unos de los doctores del instituto, Sergio Snape de farmacología.

—Fue aquí donde se supone falleció el joven Diggory. —Decía Snape.

—Se supone que este manicomio es el mejor de toda la ciudad¿Cómo es que pudo suceder esto? Y tuvo que ser uno de los profesores los que ocasionaron esto.

—Moody traía buenas referencias. Se veía algo excéntrico pero no creíamos que fuera tan irresponsable para haberle dado la llave a Diggory y a Potter de la bodega. Este lugar es peligroso para los internos.

—Por cierto, como está el chico Potter. No lo empeoró el accidente.

—Todo lo contrario.

—¿Cómo?

—Hubo una reacción inesperada de su parte. Por momentos el chico Potter reaccionó de forma inesperada. Salió con el cuerpo de Diggory al patio pidiendo ayuda, pero su expresión, no parecía la de un chico que sufriera paranoia esquizofrénica. Era la de un chico asustado pero sano. Aunque no ha mostrado otra reacción parecida su comportamiento ha cambiado y parece más… cuerdo.

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Harry vio a sus amigos Ron y Hermione detrás de él. Parecía que querían cuidarle la espalda. Seguían muy preocupados por él. Harry vio al frente y se encontró con su tío Vernon.

—¡Nos veremos el próximo verano! —Le gritó Hermione.

—Claro.

Luego se dirigió hacia su tío cargando su baúl y la jaula donde llevaba a su lechuza Hedwing.

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Vernon vio a su sobrino acercársele, y pese a lo que habló con Dumbledore, no le veía ninguna mejoría, lo veía igual de retraído. Atrás de él vio a dos chicos, uno era un pelirrojo en una silla de ruedas que no parecía tener perspectiva de la realidad como su sobrino, al lado de él una chica de cabellos castaños que por las características de su rostro debía tener Síndrome de Down.

Harry se detuvo frente a él observándolo cargando su pequeña maleta y la jaula donde llevaba el pequeño gorrión que le obsequió hace cuatro años el conserje.

—Descuida. Solo estarás dos semanas con nosotros. —Le dijo Vernon.

Mientras salían del Instituto, Dumbledore miraba por la ventana al chico. Esperaba que hubiera mejoras en su casa y que su problema se arreglara pronto.

Recuerda que es un caso muy especial. Cuando tenía solo un año se accidentó con sus padres en un auto por la carretera, ellos murieron pero el pequeño se estrelló contra el parabrisas sobreviviendo milagrosamente. Todos pensaron en ese entonces que el único defecto de aquello serían las cicatrices de la frente sin imaginar que el daño también fue interno. Ahora estaba la posibilidad de borrar esa cicatriz interna para darle la bienvenida a la realidad, aunque su mayor pregunta era. ¿Cómo se le pude decir a una persona que ha vivido en un mundo diferente? Que todo lo que ha visto en su vida era falso hasta ahora.

—Buena suerte —Murmuró— Harry Potter.


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