GEISHA NO AI

POR SAORI-LUNA

EPÍLOGO

EIEN

Le parecía increíble encontrarse allí de nuevo, y poder asomarse por aquella ventana, observando los hermosos rosales blancos… pronto habría de cumplirse 15 años desde aquel día en que su destino había sido decidido, aunque tal vez entonces ella no se había dado cuenta. Sin poder evitarlo, una solitaria lágrima cayó por su mejilla.

-Por qué lloras mami?

Tomoyo se sobresaltó y giró para encontrarse con una menuda figura que la observaba preocupada.

-Por nada en especial Ayumi, es sólo que esta casa me trae muchos recuerdos.

-Pero mami, esta casa es nueva, cómo puede traerte recuerdos?

Antes de poder contestarle, una voz grave la interrumpió:

-Ayumi, por qué no vas a darle de comer a Spinel mientras tu madre y yo terminamos de desempacar?

-Ehh… sí, papá- dijo la niña comprendiendo que sus padres deseaban estar solos.

-No debiste haberla sacado así de la habitación Eriol – dijo Tomoyo reanudando la tarea de sacar sus ropas de la maleta.

-Es demasiado pequeña para que comience a hacer preguntas en los momentos inapropiados- contestó el inglés.

-No puede evitarlo, es tu hija.

Los ojos zafiros se entrecerraron momentáneamente mientras su dueño se acercaba y tomaba las prendas de las manos de su esposa.

-Qué haces? Aún tengo mucho por acomodar.

Las protestas de Tomoyo se detuvieron al encontrarse envuelta dentro de un abrazo que no pudo rechazar. Suspiró al sentir la firmeza de sus brazos sobre su cintura y otra lágrima recorrió su mejilla.

-No llores, pequeña.

-Lo siento, creí estar preparada para volver, pero no puedo evitarlo, son demasiados recuerdos.

-Shhh, no te preocupes, quieres que regresemos a Londres, o tal vez que visitemos a los Li?

-No, eso está fuera de consideración- dijo Tomoyo rompiendo el abrazo- fui yo quien te dijo que quería volver a Gión, y ahora que la casa está completamente reconstruida es un buen lugar para que Ayumi crezca. No te preocupes por mí, sólo estoy algo melancólica. Estaré bien. – le aseguró con una sonrisa – Iré a buscar a la niña.

Eriol asintió calladamente mientras miraba por la misma ventana en la que Tomoyo había estado momentos antes. Ella tenía razón, eran demasiados recuerdos. Después de la guerra su casa había sido completamente destruida y hasta aquel día en que se había reencontrado con Tomoyo, él nunca había pensado en reconstruirla. Recordaba ese día como si hubiera sido ayer.

Su intuición le decía que Shaoran le había estado ocultado algo. Esas excusas para que demorara su visita a China no tenían fundamento alguno, y más cuando sabía que su prima estaba ya allí.

Por eso, sin decirle nada había decidido llegar sin avisar, después de todo qué sería aquello que le impedía ser bien recibido en la casa de los Li?

Alcanzó a asustarse al ver a Shaoran en el muelle, no era posible que hubiera podido adivinar sus intenciones, pero al desviar un poco la mirada había encontrado todas las respuestas.

Tomoyo.

La habían encontrado y estaba en China, o por lo menos lo había estado los días pasados. Su corazón se dividió automáticamente en tres: por un lado quería ir a pegarle a Shaoran por ocultárselo y enfrentarse seriamente a Nakuru por ser su cómplice; por otro lado quería abrazarla desesperadamente, pero su lado más firme le indicara que tuviera paciencia hasta que pudiera aclararlo todo.

Desde el momento en que había recuperado la conciencia aquel día en Gión había sabido que Kaho había conseguido su objetivo. Nakuru le había dicho que lo había encontrado inconciente en un futón, con la pelirroja riéndose histéricamente. No le cabía duda que Tomoyo los había visto, pero la amatista no aparecía por ningún lado.

Ayudar a sus amigos a sobrevivir a la guerra y a salir de Japón había sido su prioridad, después su tío había fallecido, y sólo hasta hacía poco había podido dedicar todas sus energías a buscarla entre el tumulto de gente desaparecida durante la guerra. Cómo había conseguido ella llegar a China?

Su lado reflexivo venció, devolviéndolo a su camarote y obligándolo a pensar cómo podía presentarse ante ella. La suerte lo favoreció en ese momento llevándolos a ambos a la ciudad donde todo había comenzado y permitiéndoles aclarar todo.

Habían pasado casi diez años desde el día de su reencuentro y ahora estaban de regreso nuevamente y para establecerse definitivamente allí. El distrito había terminado de recuperarse y la finca Hiragizawa había recobrado su esplendor, pero todavía podía ver una sombra de tristeza en los hermosos ojos de su esposa.

-Sucede algo Eriol?

-Nada en particular Sonomi- dijo el inglés dejando la habitación.

Sonomi Daidouji no suspiró. Lo había hecho muy pocas veces en su vida y esta sin duda no era una ocasión para hacerlo. Simplemente apretó los labios como estaba acostumbrada a hacer y recogió la ropa que había quedado sobre la cama y la organizó en el armario.

Desde que Tomoyo le había dicho que regresaban a Gión, Sonomi había sabido que eso significaría problemas. Le alegraba que lo hubieran hecho, después de todo ella no se encontraba satisfecha ni en Londres ni en China, ella pertenecía a Gión, y educar geishas era todo lo que sabía hacer, pero Tomoyo… había llegado a apreciarla como una hija aunque se cuidara muy bien de demostrarlo, y sabía que sería mucho para su gentil corazón enfrentarse a Gión nuevamente, pero dependía exclusivamente de ella y de Eriol hacer las paces con su pasado.

Quién habría pensado que ese inglés sería una pieza tan decisiva de su vida? había sido él quien la había encontrado en una pequeña aldea 3 años después de terminada la guerra, mientras trataba de encontrar a Tomoyo. Y la antigua geisha había decidido quedarse a su lado, más por conveniencia que por cualquier otra cosa; sí, a Sonomi nunca le había gustado vivir mal, además, muy en el fondo sabía que si alguien sería capaz de encontrar a su hija adoptiva sería él.

Por eso no se había sorprendido al verlos llegar juntos tras ese inesperado viaje a China. Los ojos de Tomoyo se abrieron completamente al verla y tras dudarlo un poco la abrazó.

Desde ese mismo día la relación entre ellas cambió, volviéndose más cercana, y llegando a su mejor punto el día de su boda.

Lejos de allí, otra persona también pensaba en el día de la boda de Tomoyo y Eriol…

Pronto se cumplirían 10 años desde ese día; Yue lo sabía más que nadie, 10 años desde que la había perdido para siempre. Suspiró observando las verdes praderas que se extendían a su alrededor.

Diez años había demorado él en encontrar la paz de su corazón, en entender que un amor no correspondido no era verdaderamente amor, en darse cuenta que lo que sentía por Tomoyo era simplemente una ilusión a la que se había aferrado como un náufrago a un trozo de madera.

Ahora, finalmente podía verla a la cara y sentirse feliz por su felicidad, y qué mejor momento que ahora, justo diez años después.

-Estás listo hermano?

-Si, Yuki, vamos.

-Estás seguro de que quieres ir?

-Claro – dijo Yue- después de todo debemos entregarle su regalo a Tomoyo, no crees?

Yukito sonrió ampliamente. Su hermano finalmente había alcanzado la paz que tanto anhelaba y quería demostrárselo a Tomoyo sin lugar a duda.

-Bien, entonces será mejor que emprendamos el viaje. Por lo menos dejamos todos los trajes hechos.

Yue observó complacido a su alrededor. Su experiencia como vestidores los había convertido en los mejores diseñadores de Kimonos de la región y tenían siempre mucho trabajo, pero afortunadamente habían podido organizar sus encargos para asistir a la fiesta de aniversario de Eriol y Tomoyo.

Pero no eran los únicos que empezaban un viaje…

-Shaoran, apresúrate!

-Cómo esperas que me apresure cuando llevas tantas maletas, Sakura?

La esmeralda sonrió observando a su pobre esposo; era demasiado pedirle que aguantara un viaje tan largo con cuatro mujeres y 8 maletas, pero aún así él lo hacía con gusto. Bueno, la ocasión no era para menos… no podía creerlo, habían pasado diez años ya desde el matrimonio de Tomoyo y Eriol, bueno eso era casi tan increíble como pensar que habían pasado casi 14 años desde su matrimonio, y que su hija mayor ya era una señorita.

Todos los fantasmas del pasado se habían evaporado, sobre todo aquella fatídica noche en que habían escapado de un Gión rodeado de llamas, con Eriol semiinconsciente y Tomoyo perdida. Esa había sido la noche más terrible de su vida. Aún no podía creer cómo habían sobrevivido y llegado a la aldea siguiente; jamás dejaría de agradecerle a Eriol, quien a los dos días, y a pesar de estar herido, se había encargado de conseguirles transporte para llegar a China.

Tampoco olvidaría el recibimiento que le hizo su familia política; Ieran, la madre de Shaoran, estaba feliz por el regreso de su único hijo varón, pero las hermanas de Shaoran estaban sumamente emocionadas por conocer a su futura cuñada y por el regreso de su prima.

A partir de ese día, su vida de ensueño comenzó; en China se sentía mejor que en el mismo Japón, todos la hacían sentir querida y apreciada, y poco a poco, con el regreso de Touya, Nakuru y Eriol, sus preocupaciones fueron desapareciendo. Su única tristeza era que Tomoyo no aparecía y no había podido asistir a su boda, la cual fue magnífica, llena de ritos antiguos, trajes preciosos y muchos invitados, pero en el fondo ella sabía que todo iba a salir bien.

También todas las desdichas de su vida como maiko se habían ido, o al menos no en el sentido literal.

Tomoyo le había dicho que al establecerse en Gión, Sonomi se encargaría de un nuevo negocio y dejaría de vivir con Eriol y con ella. Sakura no sabía que pensar al respecto, puesto que la antigua geisha se había convertido casi en una madre para la amatista, pero supuso que sería lo mejor.

Mei-Lin… su casi cuñada era ahora su amiga más cercana en China y se llevaba de maravilla con sus 2 hijas, a quienes cuidaba frecuentemente. En el fondo Sakura pensaba que lo hacía sólo para resarcirse de sus errores del pasado, pero no por eso dejaba de llevárselas cada vez que quería salir a solas con Shaoran.

Y en cuanto a Kaho… la geisha había muerto finalmente, en la más profunda pobreza y completamente sola. Un final triste, no?

-Sakura, nos vamos?

La joven volvió a la realidad, encontrándose con los hermosos ojos ámbar de su esposo, aquellos ojos que la habían enamorado desde el primer momento que los vio. A su lado sus dos hijas la miraban interrogantes.

-Vamos, no podemos perder el barco.

Perder el barco… eso era exactamente lo que les había pasado a Touya y Nakuru…

-Ahora tendremos que esperar 2 horas más, qué molestia! Por qué tienen que celebrar su aniversario de bodas al otro lado del mundo!!! – decía la geisha molesta.

-Podríamos haber llegado a tiempo si no te hubieras demorado tanto arreglándote- respondió el moreno molesto también.

-TOUYA!! CUÁNDO VAS A APRENDER QUE UNA MUJER NECESITA DE SU TIEMPO PARA VERSE BIEN!!!

-EL DÍA QUE TÚ APRENDAS QUE EL TIEMPO DEL MUNDO NO SE ADAPTA A TIEMPO!!

La pareja se observó con fuego en la mirada por unos minutos y terminó riéndose.

-Ven- dijo Touya tendiéndole la mano- vamos a tomar algo mientras esperamos.

Nakuru evitó su mano y fue directamente a rodear su cintura. Su relación era así, siempre había sido así. Estallando frecuentemente, peleando fieramente… al principio eso les había traído grandes problemas pero con el tiempo habían aprendido a sobrellevar sus temperamentos.

Touya había sido muy paciente con ella tras la muerte de su padre… hasta la tarde en que la sacó a rastras de la habitación y la enfrentó de nuevo con el mundo. Desde ese día, algo había comenzado a terminar de construirse; la atracción inicial que habían sentido en Gión floreció en Londres y finalmente, el día de la boda de Sakura, Nakuru había aceptado finalmente casarse con Touya.

Ahora, tantos años después, seguían ellos solos… a decir verdad, ninguno de los dos tenía la paciencia para tener hijos, por lo menos por ahora, y preferían disfrutarse mutuamente, como lo harían las próximas dos horas mientras esperaban el siguiente barco.

Quince días después…

De alguna forma todos habían conseguido llegar a tiempo… los Kinomoto, los Li, y los hermanos Tsukishiro… Eriol sonreía satisfecho mientras miraba a sus amigos, esperaba darle una sorpresa a Tomoyo, quien había seguido muy melancólica. Había contado con la ayuda de todos ellos para mantener el secreto, y la expresión en los ojos de Tomoyo le indicaba que había valido la pena.

La veía avanzar hasta él, del brazo de Yukito, igual que hacía diez años; tras ella su pequeña hija ayudada por las hijas de Shaoran llevaba la cola del vestido.

-Por qué no me dijiste nada?- le dijo la amatista al llegar a su lado.

-Habría arruinado la sorpresa, pequeña.

-Casi me muero cuando Yukito sacó el vestido.

-Te gustó?

-Es precioso.

El padre aclaró su garganta y ellos callaron, observándole atentamente.

-Estamos aquí reunidos, para reanudar los votos realizados por Tomoyo Daidouji y Eriol Hiragizawa tras diez años de feliz matrimonio.

Tomoyo y Eriol se miraron; a su alrededor Shaoran sostenía con firmeza la mano de Sakura, al igual que Touya y Nakuru. Sonomi, Mei-Lin, Yue y Yukito observaban a la pareja, percibiendo la grandeza de su amor, un sentimiento que sería…

Eterno.

FIN

NOTA DE LA AUTORA: Por fin!!! Lo sé, fueron demasiados meses de espera, y no tengo excusa para ello. Podría enumerar los múltiples trabajos en la universidad, problemas personales, y luego el compromiso con el concurso de drabbles, pero aún así no existe ninguna excusa. Gomen Nasai! Y por lo menos espero que les haya gustado, traté de resolver todos los cabos pendientes y si se me pasó alguno, mil disculpas. Con este epílogo termino lo que considero mi mejor historia de CCS hasta el momento. Como siempre, los personajes son propiedad de CLAMP, y la historia fue inspirada por "Memorias de una Geisha" de Arthur Golden. Gracias a ziann-schezard, sayuri-chan-aly, Tane-chan, Zaphi-chan, kagura haruno, Amboise R., crisisa, Allie-chan , nakuru-chaan, ohko Bennington, Lebel27, LulaBlack, Shami , Ayin , javiera , shi no hime, darthmocy, Undine , Basileia Daudojiu, gabi , sakura-hilary, Hikari no Hoshi, Shaery Hiroshi y Tomoyo por los reviews del capítulo número 10. Responderé los de este epílogo en mi blog: http:// saori-tsuki. Blogia. Com (retiren los espacios) Matta ne!