O.o Kaoru-chan o.O


-Disclaimer- Rurouni Kenshin no me pertenece, este fic es por mero entretenimiento.

-Summary-

UA-Sexy, fogosa, hermosa, sensual y extrovertida. Así se podía describir a Kaoru Kamiya. Irresistible por naturaleza, Kaoru es una agente de viajes capaz de llevarte al mismo cielo pero ¿que pasa cuando no es posible tocarla?


Masoquismo.

Capítulo I

Un petizo pelirrojo de impactantes ojos violetas con algún que otro rasgo ámbar, caminaba tranquilamente por las calles de Tokyo. Aquel era Kenshin Himura, un joven de veinticinco años, guapo, divertido, y con una sonrisa capaz de derretir a cualquier mujer. Capaz de tener a cualquier mujer entre sus brazos, Kenshin vivía en un departamento a sólo, quince cuadras de su trabajo y como todas las mañanas las caminaba.

Delante de él un grupo de colegialas caminaban tranquilamente. Ellas levantaron la vista hacia él y se sonrojaron. Juntaron sus cabezas y comenzaron a cuchichear, cuando pasaron sobre él, levantaron la vista nuevamente. Kenshin solo les guiñó el ojo y ellas rieron tontamente.

Las miró alejarse. Kami, como les gustaba las colegialas. El aire a inocencia, la pollerita corta, las piernas largas... Kenshin sonrió perversamente mientras otro grupo de colegialas se aproximaba.

Por eso le gustaba tanto su trabajo. Una agencia de viajes era muy popular entre los estudiantes, que siempre querían tomarse unas vacaciones con sus amigos. Y la empresa en la cual trabajaba, era bastante popular entre los jóvenes. Siempre había una que otra chica que pasaba a preguntar. Tímidas, sumisas y muy pero muy colegialas... Obviamente, Kenshin siempre estaría allí para atender a una linda colegiala. Y por si fuera poco, la agencia quedaba a solo dos cuadras de un colegio, que según la humilde opinión de Kenshin, tenían un atractivo uniforme.

Creo que por eso caminaba hasta el trabajo y no se tomaba el colectivo que paraba enfrente de su departamento.

Sonrió seductoramente ante otro grupo de chicas y entró a la agencia. Hitten Travels. Liderado por Hiko Seijuro, tío de Kenshin. Aquel era un pervertido de primera mano. Galán con las chicas y egocéntrico entre las masas. Tal vez, el haber sido criado bajo su tutela lo había hecho lo que es, pero ¿Quién sabe?

Sus padres estaban muertos y mucho no le afectaba. Habían muerto cuando él tenía dos años. Dime ¿llorarías por alguien a quien apenas recuerdas¿Llorarías por tu tatarabuelo que murió antes de que nacieras? Me inclino a pensar que no, y ese era el caso de Kenshin. No lo sentía para nada la muerte de sus padres, pero sí les estaba muy agradecidos por la cuenta bancaria que le habían dejado.

Saludó a la recepcionista con una sonrisa seductora, quien le devolvió una sonrisa pícara y llegó hasta el ascensor. Apretó el botón y espero que bajara. Al lado de él se detuvo una mujer de unos veinte años. Kenshin la estudió de arriba abajo. Zapatos con tacos altos, piernas largas, pollera corta, grandes pechos y cabellos cortos. Tenía los labios pintados en un leve rosa y tenía ojos color verde. Sonrió al verlo inspeccionándola. Las puertas del ascensor se abrieron y Kenshin le dio el paso. Tal vez para ser caballeroso o para verle la parte de atrás. Esperaba que ella creyera lo primero.

Kenshin se apuró apretar el séptimo botón y ella no hizo ninguna señal de ir a otro piso. Kenshin sonrió internamente, era su día de suerte. Se aproximó a su lado. Ella llevaba una carpeta entre sus brazos y Kenshin pudo leerlo claramente. Contabilidad. Aquella información solo incrementó su ego. Contabilidad estaba en el cuarto piso, no en el séptimo. Tendría que aprovechar la ocasión.

- Disculpa – dijo en un tono muy cortés con una sonrisa en la cara – Pero me pareces familiar¿nos conocemos?

- No, no lo creo – le respondió educadamente la mujer, devolviéndole la sonrisa.

- Que extraño – Kenshin fingió sorpresa. Era un increíble actor – tu cara me resulta familiar, tal vez te vi en algún lado ¿eres modelo o actriz?

La mujer rió alegremente. Un punto para Kenshin – No, no lo soy. Trabajo aquí. – le respondió sonriéndole con la mirada divertida.

- ¿De enserio? – la nueva expresión fingida de Kenshin era: desconcierto. – No puede ser. Alguien tan bella como tú ya la tendría vista y la habría invitado a salir. – Kenshin sonrió galantemente. Dos puntos

La mujer rió con ganas y alargó su brazo hasta tocarle el hombre. – Créeme – dijo casi en un susurró – No nos conocemos.

- Bueno, tal vez deberíamos hacerlo – se apresuró a contestar Kenshin mientras le tomaba su mano entre las suyas. Sintió algo extraño, pero no le dio importancia. Apunto de cantar su tercer y último punto y máxima victoria, una voz le interrumpió.

- ¡HIMURA!

Ambos se volvieron. Ninguno de los dos se había dado cuenta que ya habían llegado al séptimo piso. Delante de Kenshin, estaba el hombre con el que nunca se metería. Unos ojos ámbares centellantes de furia le devolvieron la mirada. 'Demonios' pensó Kenshin. Era Hajime Saitou

- Saitou... ¡Que bueno verte! – contestó sonriente Kenshin. Pobre baka...

- Quita tus sucias manos de Tokio – dijo fríamente Saitou matándolo con la mirada.

Kenshin miró sus manos y, en efecto, estaba sosteniendo las manos de aquella mujer. Las soltó como si aquellas estuvieran quemándole las manos.

- Hajime... – sonrió la sensual mujer caminando hasta el hombre hirviendo de rabia – Himura-kun y yo estábamos hablando, nada más.

- ¿Y desde cuando hablar requiere contacto corporal y un espacio de tres centímetros de cada uno, Tokio? – preguntó ácidamente Saitou depositando toda su furia en la mujer a su lado.

- Es solo que Himura-kun quería ver mi anillo de compromiso – añadió la mujer colocando su mano, donde estaba el anillo, en el pecho de Saitou - ¿A que no me queda lindo? – preguntó juguetonamente. Saitou, instintivamente, colocó su brazo alrededor de su cintura y la atrajo hacia él.

- ¿Eso es cierto, Himura? – preguntó Saitou mirándolo severamente. Kenshin sintió un frío glacial recorrer su cuerpo.

Kenshin solo pudo asentir.

- Bien – sentenció Saitou mirándolo unos segundos más antes de darse vuelta y alejarse con Tokio.

- Hasta luego, Himura-kun. – saludó sonriente Tokio.

- Hasta luego Tokio-cha...-san – añadió al ver la cara asesina de Saitou.

Como si hubiese salido de una burbuja, Kenshin suspiró profundamente.

- Esta vez si que lo haz hecho enfadar – bromeó una voz delante de él.

Kenshin levantó la vista y se encontró con su mejor amigo, Sanosuke Sagara. Sanosuke era su compañero de universidad, los dos se dedicaban a salir todos los fines de semana a disfrutar del único deporte que les encantaba y disfrutaban: cazar mujeres.

Eran los matadores de la universidad. Famosos por tener novias distintas cada semana y por ser, claro esta, los más apuestos. Las mujeres se volvían locas por ellos. Mataban por ser sus novias y por pasar las noches con ellos. Claro, que ninguno de los dos podía permitir un suicidio masivo o de bellas señoritas asesinas. No señor, ellos eran caballeros. Así que salían con todas.

Las cacerías terminaron el último año. Cuando un sábado por la noche, durante la cacería, Sanosuke conoció a Megumi. Según él, había sido amor a primera vista. Y Kenshin lo reconocía, cualquiera que mirase a Megumi se enamoraría. Tenía un cuerpo...

Y ahora quedaba solo Kenshin cazando. Y estaba contento, había más opciones.

- ¿Cómo se supone que iba a saber que era su prometida? – argumentó Kenshin comenzó a alejarse junto con su amigo de la multitud que se había formado alrededor de ascensor por el espectáculo.

- Te lo dije ayer por la tarde. – respondió el castaño sonriendo al ver que su amigo le sonreía a cada una de las mujeres que le miraban o pasaban a su lado – Pero estabas haciendo exactamente lo mismo que ahora.

- ¿Qué? – preguntó Kenshin. No había escuchado ni una palabra de lo que había dicho.

- nada, nada – dijo Sanosuke moviendo su mano como si espantase alguna mosca invisible. – Tu tío te esta buscando. Se lo ve muy emocionado por algo¿sabes?... esta algo... loco

- oh, eso no es nada nuevo. – comentó Kenshin encabezándose hasta la oficina de su tío. Pero algo lo detuvo.

Delante de él había algo muy tentador. Agachada en cuatro, con una pollera escocesa muy corta y una camisa blanca estaba la mujer más bella que Kenshin alguna vez hubiese visto. Kaoru Kamiya. Si, Kaoru Kamiya en una posición que llenaba cada una de sus fantasías.

Caminó hasta depositarse detrás de ella. Sonrió de satisfacción con semejante visión. 'demonios... que buen-'

- No me importa que mires, Kenshin, pero al menos podrías disimularlo un poco¿no crees? – vino la suave replica de la mujer que estaba abajo suyo.

Kenshin volvió en si y miró hacia abajo, específicamente su cara, unos increíbles y divertidos ojos azules le devolvieron la mirada. Kenshin sonrió y se agachó junto a ella.

- ¿Qué buscas? – preguntó Kenshin con una sonrisa en la cara.

- Se me cayeron unos cuantos papeles debajo del escritorio y uno está allí en el fondo y no puedo alcanzarlo. – dijo Kaoru visiblemente aliviada con la aparición de Kenshin.

Kenshin le sonrió y se agachó un poco más hasta quedar debajo del escritorio. Ella, por su lado, aprovechó aquella oportunidad para observar el panorama.

- No está tan lejos – respondió Kenshin emergiendo segundos después del escritorio y extendiéndole el papel a la mujer

- No, - reconoció Kaoru sinceramente – pero me pareció que habías visto suficiente y que era mi turno – la mujer sonrió con picardía.

- Ya veo, eres una niña muy mala Kaoru – fue la respuesta de Kenshin mientras la miraba intensamente.

- Si lo soy – fue la tentadora respuesta de la mujer. Kenshin se tomó unos segundos para observarla de frente.

Kaoru Kamiya era como Kenshin pero femenino. Con su espectacular cuerpo, Kaoru tenía bajo su dominio a cualquier individuo con progesterona. Hasta muchas mujeres estaban enamoradas de ella. Su sensual sonrisa, sus insinuantes ojos y sus carnosos labios eran suficiente incentivo para arrinconarla contra una pared y besarla hasta morir asfixiado.

A sus veintidós años de edad, Kaoru se encontraba en el pico de su sensualidad. Hermosa, sexy e inteligente. Una combinación muy peligrosa. Varios hombres se habían visto envueltos por su telaraña. Aquella mujer, según los rumores, era capaz de mostrarte el mismo cielo en sus citas. Y el mismo infierno si hacías algo que pudiese enojarla.

La lista de hombres con los que había salido era muy reducida. Pero no por carencia sino porque ella, de por sí, era muy selectiva. No cualquiera podía salir con ella. Con el último que había salido era Soujiro Zeta, el famoso fotógrafo de sonrisa ganadora. Con él, Kaoru había sido reconocida mundialmente. Su belleza había cautivado a varios y Soujiro le hizo un par de fotos para algunas revistas. Claro, que ella no le gustaba la farándula y cuando sus citas eran observadas por cámaras de paparazis, cortó con Soujiro.

El pobre Soujiro había quedado bastante deprimido. Y en la última revista de Nipón Ai, se había comentado que había perdido su musa inspiradora y que se tomaría un año sabático. Deprimente.

Ese era uno de los mejores casos, no todos los que salían con Kaoru terminaban bien. Era como tocar el cielo y después ser negado y enviado al infierno.

Básicamente, así era Kaoru. Pero era imposible enojarse con ella. Su sonrisa angelical, el comportamiento de nena que usa en muchas oportunidades. El tono que pone en su voz cuando esta apenada... no, era IMPOSIBLE enojarse con Kaoru. Ninguno de sus antiguos 'novios' –si con esa palabra se puede resumir a todos lo que estuvieron con ella- habían cortado relación con ella. No, todo lo contrario, le llamaban, le enviaban regalos y muchas cosas más.

Kaoru Kamiya era como la reencarnación de la Diosa Afrodita. Un ángel caído del cielo. Era única entre todas las mujeres.

Sexy, fogosa, hermosa, sensual y extrovertida. Aquellos eran los adjetivos calificativos que describían a Kaoru Kamiya. Irresistible por naturaleza, Kaoru es una mina de oro para los hombres. Y Kenshin Himura no es nadie para negarlo. Un increíble reto para él.

Llevaba los tres primeros botones de su camisa desprendidos, dejando ver gran la redondez de sus grandes pechos. Estaba sentada en el piso, con las piernas ligeramente abiertas pero sin dejar nada a la vista. Aunque, con esa pollera podía ver sus largas piernas. Volvió su vista a su cabeza. Tenía su largo cabello negro amarrado en una coleta alta y lo llevaba despeinado, tal vez porque estuvo debajo del escritorio. Un vago pensamiento cruzo la mente de Kenshin... él podría despeinarla de otra manera... Luego, posó su vista en sus labios. Carnosos y ligeramente abiertos, como si lo estuviera incitando a tomarlos. Además los llevaba pintados de rojo, lo que hacía verla aún más sexy. Despegó la vista de allí, con sumo esfuerzo, y se volvió a sus ojos. Brillantes ojos azules. Chispeantes de diversión y de pasión. Kenshin sonrió maliciosamente internamente. Cuanto desearía romper su camisa, haciendo saltar varios botones, tumbarla en aquel mismo piso y subir sus manos por sus piernas, tocando su piel, levantando su pollera...

- No se tú, pero por alcanzarte este papel, creo que merezco una recompensa – sonrió Kenshin pícaramente.

- ¿No fue suficiente la vista? – preguntó coquetamente Kaoru.

- Creo que no... Me parece que necesito más incentivo... tal vez una salida esta noche...

- Oh, - sus labios formaron un circulo, sumamente provocativo que Kenshin deseo tomar sus labios – no puedo. Tengo planes.

- Pues seguro que los puedes cancelar – la voz de Kenshin era grave, en un tono ronco y sumamente sexy. Lentamente se fue acercando a Kaoru, hasta aquellos labios que le pedían a gritos ser tomados por él.

- ¡KENSHIN!

Kenshin levantó la vista bastante enojado. Era la segunda vez que lo interrumpían y esperaba no tener más problemas. Sus ojos se encontraron con los de su tío. Al parecer muy entusiasmado por algo porque la sonrisa no abandonaba su cara.

- Ya veo porque te demorabas tanto en pasar por mi oficina. – bromeó pícaramente Hiko.

- Lo siento mucho Hiko-san – dijo la mujer reincorporándose apenada. Otra increíble actriz.

- No tienes porque disculparte, ángel – dijo Hiko, tomando a la mujer por sus hombres y abrazándola – Mi sobrino puede ser un verdadero casanova cuando se lo propone¿no es así? – le preguntó sonriéndole de la misma manera que miles de mujeres caían rendidas a sus pies.

- Tío, no tienes que decir eso. ¿Qué va a pensar? – respondió Kenshin levantándose lentamente mientras le sonreía de una manera seductora a Kaoru.

- Pues la verdad. Que intentabas levantártela – respondió sinceramente Hiko como si estuviera hablando del clima del día siguiente.

- Oh, no. Kenshin solo me estaba ayudando a recoger unos papeles. – se apuró a contestar la mujer.

- Seguro que si – respondió Hiko, sonriendo – Ahora, ve a hacerme unas copias de esto muñeca, después pasa a mi oficina. – mandó Hiko guiñándole el ojo. La mujer sonrió y comenzó a alejarse meneando caderas sensualmente.

Ambos hombres se quedaron mirando hasta que desapareció. Suspiraron simultáneamente y recuperaron el habla.

- Esa mujer esta fatal – comentó Hiko. La sinceridad era uno de sus más grandes virtudes, como verán.

- Si lo esta. – afirmó Kenshin recordando como subía y bajaba el pecho de Kaoru cuando respiraba. Si, también era una virtud de Kenshin.

- No hay duda de que hice una buena elección al contratar a Kamiya. A penas apareció las ventas se triplicaron¿sabes?

- No me sorprende – respondió Kenshin mirándolo. - ¿Para que me buscabas?

- Quería mostrarte la nueva raqueta de tenis que me compré

- ¿Y para que te compraste una raqueta? – preguntó Kenshin al tiempo que caminaba hasta la oficina de su tío.

- ¿Porque voy a empezar tenis? – preguntó Hiko a la nada sarcásticamente, como si la respuesta no fuese obvia. Kenshin abrió sus ojos en sorpresa. Hasta donde tenía entendido, a su tío no tenía mucho tiempo libre, y el que tenía lo aprovechaba en fiestas rodeado de bellas mujeres y sake.

- ¿Tenis¿Por qué tenis? – preguntó pensando en cual podría ser la razón para que hiciera tenis.

- ¿Acaso no viste como se visten las mujeres? Con esas polleritas cortas y todas vestidas de blanco. Además saltando y corriendo de un lado a otro... para no agregar que la profesora esta que mata... no se compara a Kamiya, pero es más fácil... – Hiko siguió hablando mientras abría la puerta de su oficina y entraba,

Kenshin entendió el porque su tío había comenzado tenis. La verdad es que no tenía remedio. Suspiró resignado y cerró la puerta tras de sí.

O o o O

Notas de la autora: jajajjajaj¿Qué les pareció? Bueno, yo me reí bastante. Me gusto mucho escribirlo, fue sumamente divertido. En fin¿no que esta interesante la trama? Y el titulo me gusta mucho, porque resume muy bien lo que tengo planeado escribir.

A ver, Masoquismo, esta inspirado en un informe que leí, sobre Katsura, el mismo que hizo I"s. Katsura, escribió un manga de 50 hojas, que hoy en día, es muy complicado de encontrar. Así que si alguien la escuchó hablar, (se llama M) sepan que mi fic esta inspirado en eso. :)

Ah! Antes de que me olvide, en este fic no va a ver otras parejas, solo Kenshin y Kaoru son los protagonistas. Creo que no hace falta aclarar que soy una obsesiva fanática maaal de esta pareja... pero bueno... :P yo los amo. K&K FOREVER.

Eso es todo. Prometo que este es el último fic que publico, de ahora en más intento terminar alguno de los que tengo. Pero es que se me ocurren ideas e ideas... es más tengo uno en la cabeza en este momento... mmmh... no, no! Tengo que terminar al menos uno... ok, ok... tal vez pueda escribir un prologo... o el primer capitulo... pero no lo subiría... aunque es tentador... basta!... ups... no estoy loca eh! O.o!

Y por último, de los últimos fics tristes que escribí recibí un par de reviews diciéndome que por favor no matara a nadie :P, creo que ahora tienen una idea equivocada de quien soy. No soy TAN mala... de en enserio! Pero bueno, no se preocupen, en este fic... nadie va a morir. Va a ser comedy/lemmon.

En fin, ojala que les haya gustado y que me dejen un review. Si¡a vos te hablo!

Un beso a todos, con un abrazo y un kilo de helado de chocolate... mmmh... chocolate...

Bai Bai :)

Please review so you'll update soon and makes me happy :)

Por favor review de esa manera actualizaré más rápido y me hace feliz :)

O.o Kaoru-chan o.O