10-Epílogo

La luz entraba a raudales por la ventana mientras Hermione Jane Granger terminaba de arreglarse el cabello en un elegante pero desenfadado moño. Sentada delante de un enorme espejo, terminó de sujetar los mechones rebeldes y se deslizó dentro del vestido de satén azul. Estaba a punto de comenzar a pintarse los labios cuando unos suaves golpes sonaron en la puerta.

-Vengo a ver si necesitas... Wow.

El hombre que acababa de entrar quedó congelado, con una mano todavía alzada contra la puerta y la boca abierta. Ella no pudo evitar sonreír ante el halago.

-Ron, cierra la puerta, por favor, hay corriente. Y la boca también.

Ron cerró la puerta y sonrió. Fue hacia la cama y se dejó caer, sin cesar de mirar a Hermione.

-Ginny te va a odiar.

Hermione alzó las cejas, sorprendida. -¿Porqué?

-Porque estás muchísimo mas guapa que ella.

La joven se echó a reír suavemente. Le sacó la lengua al pelirrojo y le tiró a la cara el cojín de la silla, que él evitó con facilidad.

-¿Hermione Jane Granger, Doña Prefecta y Premio Anual del Colegio, acaba de sacarme la lengua?

-Oh, deja de decir tonterías ya de una vez, Ronald Billius Weasley Guardián del equipo de Quidditch de Gryffindor y ayúdame a abrocharme el vestido.

Ron se puso en pie tan rápido que Hermione creyó que se caería. Se quitó la elegante túnica de gala azul oscuro y la chaqueta, y se quedó en mangas de camisa. Cuando se acercó a ella para ayudarla, casi se arrepintió de haberle pedido ayuda.

Porque no era buena idea tener a Ron tan cerca, con su suave aroma a limpio y varonil, en mangas de camisa, con el cabello rojo peinado distraídamente, mirándola con aquellos ojos azules profundos que la hacían perderse del mundo entero. No, definitivamente no era buena idea que Ron se acercara a ella y deslizara sus grandes manos sobre la tela del vestido, buscando cada botón con delicadeza, enganchándolo a su correspondiente ojal con una paciencia infinita que le hacía hervir la sangre.

Tampoco era buena idea que Ron fuese subiendo las manos lentamente hacia su cuello, mientras abotonaba el vestido; ni que apoyara los labios en los hombros desnudos de ella, haciendo que cada respiración que exhalaba rozase su piel y le provocase pequeñas descargas eléctricas.

-Ron... –trató de quejarse ella débilmente.

-Hmmm.

Notando como el cabello pelirrojo de él le hacía suaves cosquillas en las mejillas, Hermione luchaba por controlar el impulso de darse la vuelta y besar a Ron hasta quedarse sin fuerzas.

-Ron... Harry nos matará... –pero Hermione no pudo seguir protestando.

Mientras Ron depositaba suaves besos en el cuello de Hermione y ella trataba de permanecer impasible, las manos de él se posaron en los brazos de ella y comenzaron a acariciarlos suavemente.

-Sabes a chocolate.

Aquello fue como una señal de rendición. Sus sentidos la abandonaron, sus brazos y piernas dejaron de responderle, su mente dejó de funcionar. Lentamente se dio la vuelta, para quedar justo frente a Ron, y lo miró con intensidad durante unos minutos que le parecieron eternos. Las manos de Hermione subieron lentamente por el torso del pelirrojo, notando a través de la camisa su pecosa piel. Ron dejó escapar un sonido parecido a un suspiro.

Los dedos morenos de la joven subieron hasta la nuca del chico y acariciaron su pelo describiendo suaves ondas. Las manos de Ron estaban ahora en la cintura de Hermione y apretó el menudo cuerpo de ella contra el suyo, como temiendo que ella se deshiciera entre sus dedos. La nariz aguileña de Ron estaba ahora apoyada en la mejilla de la joven y sus labios recorrían suavemente el camino del cuello a los labios.

Cuando sus bocas se encontraron al fin, fue como si una corriente eléctrica los sacudiera. El cuerpo de Hermione tembló un instante, mientras los labios de Ron se abrían para dejar paso a su lengua, y mientras la necesidad de besarlo crecía más y más, Hermione se descubrió a sí misma desabrochando los botones de la blanca camisa de él.

-Vamos a llegar tarde –consiguió susurrar Hermione entre beso y beso.

-Muy tarde –la ronca voz de Ron contra sus labios la hizo sentirse todavía más vulnerable, y se apretó contra su cuerpo.

Sin saber exactamente cómo, los dedos de Ron desabrochaban los botones que habían abrochado tan sólo unos instantes antes, la camisa de Ron cayó a un lado, y ambos habían caído sobre la cama, demasiado ocupados en ellos mismo como para darse cuenta.

Las manos de Ron bajaban peligrosamente por la espalda ahora parcialmente descubierta de Hermione mientras ella cubría de besos el cuello del pelirrojo, cuando...

-¡RONALD, MÁS TE VALE ESTAR YA VESTIDO Y PREPARADO!

La potente voz de la Señora Weasley en el pasillo los hizo dar un respingo. Se miraron, incapaces de decir nada, blancos como el papel. Unos golpecitos se escucharon entonces en la puerta cerrada del dormitorio.

-¿Hermione, querida, estás lista? Ginny te espera en su habitación.

Hermione tardó diez segundos en reaccionar.

-¡Emh, esto... s-sí... ahora mismo voy, señora Weasley!

Un suave "de acuerdo" les llegó desde detrás de la puerta, y los pasos de la señora Weasley se perdieron por las escaleras. Un minuto después ambos estallaron en carcajadas, tratando de sofocar la risa para no levantar sospechas.

-Odio a mi familia –murmuró Ron tratando de disimular la risa mientras Hermione escondía la cara sonrojada en su pecho. Ambos se pusieron en pie, y mientras Ron se volvía a vestir completamente, ella terminó de arreglarse y se rehizo el moño que se había deshecho un poco.

Hermione posó la mano en el picaporte, y justo cuando lo hacía girar para abrir la puerta, pudo escuchar la voz de Ron en su oído, en un susurro ronco:

-Seguiremos más tarde...

OoO

-¿Me permites este baile?

Ginny se dio la vuelta, sonriente, pero sin deshacerse del abrazo de Harry.

-Empezaba a preguntarme cuando vendría mi querido hermanito a intentar separarme de ti, Harry –dijo ella con una sonrisa. Ron le sacó la lengua.

-Creo que para él no es suficiente que estemos casados, Ginny –Ron frunció el entrecejo mientras Harry sonreía –aunque eso no parece importarle tanto cuando es él quien besa a Hermione.

-Oh, cállate, Potter –espetó Ron malhumorado mientras tendía el brazo a su hermana. Harry no pudo contener la carcajada que le bailaba en los labios y observó como su esposa se recogía la falda y bailaba elegantemente con su hermano.

-No me digas que tu mujer te ha dejado solo –la alegre voz de Hermione lo sorprendió.

-Me ha abandonado y se ha ido con su hermano. ¿No es horrible? –Harry y Hermione estallaron en carcajadas.

-No puedo permitir que el novio esté aquí parado, así que baila conmigo.

-¡A sus órdenes! –Harry y Hermione se lanzaron hacia donde la musica sonaba y giraron alegremente entre las parejas que allí danzaban: Tonks parecía más tranquila que nunca y la sonrisa en el rostro de Remus nunca había sido tan sincera; los señores Weasley bailaban muy juntos, llenos de felicidad y recordando su juventud; Moody se esforzaba por no pisar el vestido de McGonagall y Fred y Angelina realizaban una especie de danza imposible, llena de giros.

-¿No estarás intentando quitármelo, ahora que ya no puede escapar? –Ginny fruncía el ceño en dirección a Hermione, pero la sonrisa que intentaba ocultar era tan evidente que pronto abrazó a su amiga.

-Por supuesto que no, señora Potter –Hermione sonrió y pronto Ron llegó hasta ellos con cuatro copas de hidromiel.

-Por los tres mejores amigos del mundo... y Ginny que se nos pegó y no pudimos quitárnosla de encima.

-¡Ron! –gritó Ginny, furiosa, y Harry intentó contener la risa.

-Déjame intentarlo, Ron –dijo el moreno con una sonrisa, y alzó su copa –Por los Potter... y los futuros Weasley.

Cuatro copas entrechocaron tintineantes entre risas.

Mucho rato después, Ron y Hermione charlaban animadamente con Seamus Finnegan, Luna Lovegood y Neville Longbottom. La charla era tan animada que pronto se unieron Charlie, el señor Weasley, el profesor Flitwick y George Weasley. Riendo y hablando entre tanta gente, Hermione se vio de pronto conducida hacia fuera del círculo de la charla. Se volvió para ver quién se la llevaba.

-¡Señora Weasley¿Qué...? –preguntó sorprendida, pero Molly puso un dedo sobre sus labios, pidiendo silencio y guiñó un ojo. Ladeó un poco la cabeza y miró más allá del cercado de la Madriguera, hacia un enorme manzano que crecía cerca de la carretera.

La luz del sol era rojiza, ya que empezaba a atardecer, pero Hermione vislumbró el dorado destello sin ninguna duda. Emitió un pequeño "Oh" y su corazón se aceleró. Miró a Molly y ella le tendió un pequeño paquete envuelto en un pañuelo. Después le dio un pequeño empujoncito.

Con la luz rojiza tiñendo su vestido de morado, Hermione echó a andar.

OoO

-Joder, Granger, ya era hora.

Ladeó la cabeza al escuchar los pasos sobre la gravilla del camino, la miró con el entrecejo fruncido y se puso en pie mientras se sacudía el polvo de la chaqueta.

-Llevo cuarenta y cinco malditos minutos aquí sentado, esperando a que me vieras. Me duele el culo –protestó.

-Esa lengua, Draco Lucius Malfoy –lo reprendió Hermione con el ceño fruncido y las manos apoyadas en las caderas.

-Olvidas que soy el Heredero de la Noble y Ancestral Casa de los Malfoy y los Black –los labios del joven se curvaron en una sonrisa traviesa –además de Irresistiblemente Guapo y Encantador.

Antes de acabar la frase, los brazos de Hermione ya lo aprisionaban en un cariñoso abrazo. Draco enrojeció visiblemente y trató de zafarse. Hermione le revolvió el cabello con dulzura.

-¡Mirmione! –protestó Draco completamente rojo, y se deshizo de los brazos de la chica. A ella le recordó a Ron por un momento y sonrió.

-¿Has venido a verme? –pregunto ella pícaramente. Draco se puso aún más rojo.

-¡No! –exclamó rápidamente. Hermione alzó una ceja sin poder ocultar la sonrisa –Ehm... esto, bueno, sí... Pero es porque, bueno, porque quería despedirme y eso... Antes de irme, ya sabes.

Los ojos de Hermione se entrecerraron con dulzura. Se acercó un paso hacia el chico.

-¿Querías... despedirte¿De mi? –susurró suavemente. Draco se puso ligeramente nervioso.

-Sí bueno, Pansy y yo nos marchamos a Escocia, ahora que ambos hemos acabado con los juicios y hemos sido absueltos y eso... Queremos empezar allí una nueva vida, cambiar de nombre, ser personas nuevas, ya sabes... Y no creo que volvamos a vernos nunca más. Tú y yo.

Hermione asintió con la cabeza lentamente.

-Y sabía que estarías aquí, en la fiesta de boda de Potty y la pequeña de los Weasley. Al fin y al cabo no podías perdértela, es tu mejor amigo.

Hubo un momento de silencio, en el que sólo se escuchaban las hojas que se rozaban con el viento en el pequeño bosque. Ambos se miraban: Hermione de frente, Draco paseando su vista del suelo a la joven.

-Yo... yo... –Draco suspiró y miró a Hermione, esta vez sí, a los ojos. –Te he echado de menos.

Hermione no pudo reaccionar. Se quedó allí parada, mirando al joven con la boca abierta. Y fue Draco quien se acercó a ella con timidez y la rodeó con sus brazos, apoyando su cabeza de rubio cabello en el hombro de ella como un chiquillo. Al fin pudo ella reaccionar y lo abrazó dulcemente, con el cariño de una vieja amiga. Permanecieron así un rato, reconfortándose mutuamente con su calor humano. De pronto Hermione notó una humedad en su hombro.

-Draco –exclamó sorprendida, mientras se apartaba -¿estás llorando?

-¡Por supuesto que no! –exclamó él, indignado, mientras giraba el rostro para que ella no pudiera verlo -¡Por supuesto que no, Granger, que-que tonterías¡Cómo te atreves a...¡Claro que no!

Ella rió en silencio. Permanecieron así un rato más.

-Tengo que irme –dijo Draco de pronto, y por la tristeza de su rostro ella comprendió que no quería despedirse.

-Claro –la joven trató de sonreír y le tendió el paquete de la señora Weasley envuelto en un pañuelo–Molly me ha dado esto para ti, por cierto.

Los ojos de Draco se iluminaron al abrirlo. Pegó un enorme bocado y le habló a Hermione con la boca llena.

-Nadie hace tarta de arándanos tan deliciosa como Molly. También la he echado mucho de menos a ella –añadió sonriente.

-Puedes volver a por más cuando quieras, estoy segura –aseguró Hermione.

-Me gustaría mucho. Lo intentaré –aseguró el joven. Ambos volvieron a mirarse en un silencio cómodo.

-Hazme un favor ¿quieres? –peguntó Draco muy serio –Molesta a Weasley por mí durante un rato.

Ella se echó a reír, aunque sus ojos estaban vidriosos: -Hecho.

-Cuídate mucho, por favor –susurró él, y alzó la mano como si fuese a acariciar la mejilla de la joven, pero en el último momento retiró la mano con rapidez, y retrocedió un paso, alejándose de Hermione. Ella comprendió que se iba a desaparecer.

-¡Espera! –le echó los brazos al cuello y ya no pudo impedir que las lágrimas se derramaran por sus mejillas. Y entonces, con la suavidad de una madre, Hermione depositó un beso en la mejilla de Draco –Sé feliz –susurró.

Justo después de apartarse, y un segundo antes de que él se desapareciera, Hermione vio cómo el rostro de Draco se bañaba en lágrimas mientras susurraba un simple "adiós".

El adiós que surgió de los labios de Hermione se perdió en el viento de la tarde.

OoO

La puerta del apartamento de Hermione se abrió con un siniestro chirrido, mientras ella y Ron entraban.

-Merlín, estoy horriblemente cansada.

-Sí, yo también. Y ni siquiera le he pegado a Potter por casarse con mi hermanita.

Hermione sonrió mientras miraba a Ron con reprobación. Se dejó caer en el sofá y se quitó los zapatos. Ron se sentó a su lado y comenzó a masajearle los pies.

-¿Era Malfoy? –preguntó de repente el pelirrojo -¿El que estaba en el manzano?

Los ojos de Hermione se perdieron en el fuego. Asintió con la cabeza, simplemente. Ron no dijo nada más. Al cabo de un rato, ella se puso en pie pesadamente.

-Será mejor que me vaya a dormir –reprimió un bostezo –Buenas noches.

Aún no había andado ni dos pasos cuando sintió como si la alzaran del suelo.

-¡Ron¿Qué...? –trató de protestar, cuando se dio cuenta de que él la llevaba como si fuera sólo una niña. Ella rodeó el cuello de Ron con sus brazos para sujetarse bien y él pasó uno de sus brazos por bajo de las rodillas de Hermione.

-Ah no, Señorita Sabelotodo, ni lo sueñes –la sonrisa traviesa que se dibujaba en su rostro pecoso la hizo reír –Todavía tenemos un asunto pendiente, tú y yo...

El fuego todavía crepitaba suavemente cuando la puerta de la habitación se cerró tras ellos.

Fin.

Y eso es todo, ahora sí. Lo he hecho lo mejor que he podido, y espero que os haya gustado. Me gustaría que mis últimas palabras en este fic que ha sido hecho con tanto cariño fueran para vosotros, mis queridísimos lectores, porque sin lectores no hay historias. Y ahora un abrazo, un beso de chocolate y un nos veremos pronto a:

Hollie17, lunnarys, klass2008, Natalia Ganger, Ana, Faithfrv, Mely Weasley, kornaMenta,, sel, avaly3, raiju, dana fox weasley, sonylee, ginn, Belu, IloveWeasleys, beba salinas, Annie, .DeadButterfly., Dafne13, LilGranger, Policp Malfoy, natty, Marieru Takaishi, Alma-del-Alma, pinklongbottom, Earwen Neruda, cervatilla, Ekishka, tridjia, biank Radcliffe, zaimadden, Verona d'Ascoli, Manzanita Roja, Hermy Evans, kmmy, Piby Weasley, norah, Poseí Dish, nue, Nath Solitude, Rosely, isabella riddle, Merodeadora-Chii, CoNnY-B, gracielle, Maytelu, atenea queen, -Demeure-, amsp14, Camille Nathair, RociRadcliffe, Tania Stratmann, harrymaniatica, Moon98, alesiiiiiita, Darkun Motomiya, pilipotter, Fran Granger PW, alexandra, yo, Arkham Moon, Salazar Lestrange, fda., Roci, labru252, Arsani, anabella black, atzweasley, karinita1919(karem y johanna), beautycien hp, Cissy Cardbuge, kathy, trinity, fabiana, maria paz, Antea, xAnabellaMalfoyx, anaterasu, HauntedCris, Lipi Weasley.

Os quiero tanto a todos casi tanto como al chocolate y a los merodeadores ;).

(Por cierto: DEJAD REWIEWS DE DESPEDIDAAAAAAAAAAAA!!!! QUE YA SON 200!!!!)