28 Días

(28 Days)

Por Rozefire

Traducido por Inuhanya e IR-CHAN

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Capítulo 17

Termina una vida, Comienza otra

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Inuyasha entró tranquilamente a la habitación de Kagome, una llave sujeta firmemente en su puño derecho. Cerró la puerta sonoramente y avanzó directo hacia la ventana para cerrar las cortinas a medias para que ninguna luz brillante interfiriera con su trabajo.

Kagome despertó al minuto que lo escuchó meter la llave en la cerradura al lado de su cama. "Inuyasha…?" ella frunció y trató de voltear y verlo.

"Buenas tardes." Saludó él, dudando un momento en alcanzar el cajón para sacar la jeringa.

Kagome miró su sospechosa postura y frunció. "Qué estás haciendo?"

Él dudó otra vez… antes de suspirar y alcanzar adentro para sacar la jeringa, levantándola para que la viera.

"Xycrophobin?" supuso ella.

"Sedantes." La corrigió él.

Kagome le dio una asustada mirada. "Sedantes… para mi?"

Él asintió en silencio.

"Aliviará… aliviará el dolor?" ella se relajó ligeramente con una mueca, como si reforzara el dolor en el que estaba.

"Lo quitará completamente." Le dijo él gentilmente.

"Pensé que no ibas a hacerlo…" susurró ella.

"Las cosas han cambiado." Dijo él simplemente.

"Pareces horriblemente abrupto de repente." Ella le frunció. "Estás asustado?"

"Tú?"

"Estaría mintiendo si dijera que no…" ella hizo una mueca. "Lo estoy… un poco, supongo."

"No lo estés…" Él pasó una mano por su cabello. "Te hablaré por todo esto…"

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"Dónde está la enfermera en jefe, Kikyo?" le preguntó el oficial de policía a la Doctora Fei mientras llegaba ante él y unos pocos de sus compañeros oficiales.

"Está detenida arriba por los directivos médicos." Les dijo la Doctora Fei estoicamente, no complacida del todo por el comportamiento de la joven. Ella comenzó a guiarlos fuera de la sala de espera, a través de la masa de pacientes. "Por favor, Kagome Higurashi está por acá."

Sango y Miroku observaban en silencio mientras los oficiales pasaban por el escritorio, bajando por el corredor en dirección del pabellón de las salas del personal. Miroku fue el primero en hablar. "Parece que alguien hizo algo ilegal."

"No fuiste tú, verdad?" Ella lo miró con cautela.

"Bueno… nada recientemente ilegal." De repente se vio preocupado. "Aunque recientemente conecté cable porno gratis en la sala de arriba de recreación… para los pacientes."

Sango lo miró.

"De acuerdo… sólo para el personal en la sala de personal…"

Ella continuó mirando.

"Está bien - lo conecté en el TV de la sala de calderas para mi - feliz!"

"Estás enfermo." Sango volteó sus ojos.

"Eso es por qué estoy en un hospital." Respondió él, volviendo a su papeleo.

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"Suena simple…" Kagome observó mientras Inuyasha movía la jeringa, moviendo todas las burbujas de aire hacia arriba y sacándolas para que no hubiera riesgo de meter aire en sus venas.

"Porque es simple, Kagome." Dijo él tenso, bajando la jeringa cerca a su brazo. "Estás lista?"

Kagome inhaló un continuo respiro de aire y su mano alcanzó para agarrar su mano libre. Él la apretó tan fuertemente mientras ella apretaba la suya. "Inuyasha…" gimoteó ella en un tono ligeramente asustado.

"No te preocupes, no será doloroso." Él sonrió levemente. Tuvo que retirar su mano de la suya por un momento mientras insertaba cuidadosamente el extremo de la jeringa en la aguja intravenosa en su mano. Pero al momento que lo hizo regresó a tomar su mano fuertemente. "Estaré aquí contigo todo el tiempo…"

"Lo sé…" ella sonrió levemente, aunque un sudor frío había bañado su rostro y brazos desnudos. "Cuidarás de mi… siempre lo hiciste…"

Él sonrió y apretó su mano otra vez. "Te amo mucho. Eres tan fuerte."

"También te amo…" ella suspiró y cerró sus ojos. "Ahora todo estará bien…"

"De acuerdo?" él esperó por su permiso para continuar.

"Sí…" asintió ella levemente.

Inuyasha no vaciló como Kikyo lo había hecho, tenía todo el coraje que necesitaba para hacer esto ahora. Él presionó el pistón y observó como el líquido en el tubo se deslizaba hasta que la jeringa estuvo vacía.

Le tomaría unos momentos.

Pero mucho podría pasar en esos momentos. La puerta se abrió de repente y su madre entró con las peores personas en el lugar en ese momento. La Doctora Fei llegó a un alto, bloqueando momentáneamente a los hombres tras ella. Ella dio una sorprendida mirada desde su hijo, a la jeringa en su mano, la botella vacía de sedantes que no había sido retirada… y al fin a Kagome, justo a tiempo para verla tranquila en su cama, su cabeza caía fláccidamente al lado.

"Qué has hecho!" preguntó su madre en un tono agudo de voz.

Los oficiales fueron rápidos en descifrar lo que había pasado, y de una vez pasaron a la Doctora Fei mientras se lanzaban por Inuyasha. No se molestó en forcejear o protestar, cuando agarraron sus brazos y lo alejaban de la cama para mantenerlo a un metro de los pies.

"Llegan muy tarde." Les dijo él con un movimiento de hombro.

La Doctora Fei se apresuró a la cama y agarró la jeringa que él había soltado. Estaba vacía… había administrado una dosis completa… ella miró con horror a su hijo. "Cómo pudiste…?" ella asimiló su determinada y puesta expresión antes de precipitarse furiosa hacia él para agarrarlo por el frente de su camisa. "No eres mejor que un asesino!"

"No es asesinato! Estoy ayudándola!" gritó Inuyasha. "No entenderías - no hay tiempo!"

"Qué?" ella lo miró, frunciendo con disgustada confusión. "No lo creo… es enfermo… esto está MAL!"

El labio de Inuyasha se curvó levemente y forcejeó ligeramente, tratando de soltarse del agarre de los oficiales de policía, pero eran seis hombres grandes y muy fuertes.

Un repentino y fuerte jadeo sonó de Kagome y todos miraron bruscamente a la cama para ver a la inconsciente joven comenzar a convulsionar. La Doctora Fei no le prestó más atención a su hijo mientras corría hacia la cama y miraba alrededor las máquinas pitando fervientemente. "Mierda - Inuyasha!"

"No la toques!" Inuyasha forcejeó algo más. "No interfieras!"

"Lo siento - es mi trabajo!" espetó ella furiosa a su hijo.

Las alarmas ya habían disparado una llamada de emergencia a la recepción momentos antes, y justo entonces unas enfermeras llegaron a la escena, Aki junto con ellas.

"Qué sucede?" preguntó Aki, dando un vistazo a la habitación ante la preocupada vista del Doctor Inuyasha siendo sujetado por la policía.

"Sobredosis de sedantes." Dijo la Doctora Fei cortamente, causándoles a las enfermeras darle una temerosa mirada a Inuyasha. "Retira sus almohadas y sábanas, Umiko."

La enfermera más joven obedeció de una vez, retirando gentilmente la ropa de cama del contorsionado cuerpo de Kagome.

"Déjenla!" espetó Inuyasha.

"Llévenlo afuera!" ordenó la Doctora Fei, obviamente sus sentimientos hacia su hijo no eran un asunto cuando se refería a trabajo y deber.

Inuyasha maldijo bajo su respiración cuando la policía comenzó a arrastrarlo hacia la puerta. Realmente esperaba que lo valiera. Cuando fue sacado por la puerta escuchó las máquinas acelerar el paso y miró sobre su hombro preocupado.

"Vamos." El oficial de policía en su brazo izquierdo le dio un tirón.

"Oye - la dama dijo llevarme afuera - no llevarme lejos!" protestó Inuyasha. "Voy a quedarme justo-"

Él cerró su boca cuando el incesante pito dentro de la habitación cambió de intermitente a un continuo zumbido. Su corazón se atascó en su garganta y se volteó de repente para mirar sobre su hombro para ver lo que estaba pasando. Sólo escuchó la leve voz de su madre sobre el fuerte ruido del monitor cardíaco. "Tiene línea llana - comiencen RCP!"

"Suéltenme!" Inuyasha se soltó repentinamente de su agarre y regresó a la habitación. De alguna forma consiguió reunir la fuerza para forzar la puerta tras él contra los seis hombres, y asegurar la gran cerradura que los mantendría afuera.

"Fuera Inuyasha!" gritó su madre mientras empujaba duro contra el pecho de Kagome. Ella pausó un momento para permitir a una de las enfermeras soplar en la boca de la joven.

"Se suponía que esto no iba a pasar!" espetó Inuyasha, moviéndose hacia la cama.

"De qué hablas - esto es lo que querías, verdad?" le espetó ella enojada.

"Quítense!" él hizo a un lado a su madre. "La RCP no va a funcionar - traigan los electrodos."

Aki dudó sólo un momento antes de voltear para rodar la máquina desfibriladora. Inuyasha retiró los electrodos y miró a su madre. "Carga a trescientos."

Ella lo miró cuestionante. Sin entender más sus motivos. Efectivamente había matado a su paciente… y ahora estaba intentando revivirla… no tenía sentido. Pero ella no discutió - su interés era revivir a Kagome - hacer las preguntas vendría después. Ella se movió y giró los botones de la máquina para cargar a trescientos voltios, escuchando el chillido que producía mientras comenzaba a cargar.

"Aki - trae el gel y retira su ropa." Inuyasha miró a la enfermera, sosteniendo los electrodos bien lejos de él.

Aki agarró las almohadillas debajo de la cama, pero titubeó en remover la bata de hospital de Kagome. Inuyasha miró a la joven impaciente. "Aki!"

"Nunca he hecho esto antes!" protestó ella, retirándose levemente.

"Ahora no es momento para ser tímida con nosotros!" gruñó Inuyasha. "Quítale la bata, AHORA!"

Aki hizo una mueca ante su tono de voz y rápidamente hurgó por el tirante detrás del cuello de Kagome y desató el nudo. En cuestión de segundos la bata estuvo suelta y la bajó hasta la cintura de Kagome, desnudando su alto cuerpo, pero no removiendo completamente la bata para darle algo de modestia.

"Baja las almohadillas." Gritó Inuyasha.

Aki rápidamente colocó las almohadillas entre los senos de Kagome después de que la enfermera a su lado colocara algo de gel sobre la piel en preparación. Inuyasha bajó los electrodos sobre las almohadillas si titubear. "Despejen!"

Todos retrocedieron mientras él presionaba el botón en ambos electrodos, enviando un corrientazo por Kagome que casi la hace caer de la cama. Aunque no ayudó a su corazón. Inuyasha tomó un profundo respiro, como si intentara calmarse. "Otra vez - quinientos esta vez!"

Su madre cambió los números en el desfibrilador y cargó. Inuyasha bajó los electrodos. "Despejen."

Todos retrocedieron otra vez cuando una gran sobre tensión pasó por Kagome. Medio se levantó de la cama como si fuera empujada desde abajo, pero pronto bajó otra vez.

"Otra vez - seiscientos!" el volumen de la voz de Inuyasha aumentaba mientras se desesperaba más.

Esta cargó y él sacudió a Kagome de nuevo, pero una vez más, no tuvo efecto.

"Otra vez!" ordenó él.

Su madre dudó por un momento antes de cargar. Inuyasha colocó los electrodos pero no recibió más que un espasmo de su cuerpo.

"Otra vez!"

"Inuyasha-" su madre intentó tocar su hombro pero él la rechazó bruscamente.

"Otra vez!" espetó él.

Ella inhaló aire y volteó para cargar la máquina una última vez. El desfibrilador chilló e Inuyasha colocó los electrodos.

Pero entonces todo cambió. El monótono pito al fondo irrumpió en pequeños sonidos y aquí gritó. "No la sacudas! Regresó!"

Inuyasha se echó hacia atrás, habiendo estado a un segundo de oprimir el botón y efectivamente, atacar el corazón de Kagome para matarla otra vez. Ese no hubiese sido un buen movimiento.

Él reubicó los electrodos y volteó hacia la cama, a tiempo para ver a Kagome despertar e inhalar un laborioso respiro, ojos miraban alrededor desesperadamente. Nada podría haber descrito lo aliviado y feliz que estaba de verla despierta.

"Está despierta…" Era el asombroso talento de Aki para declarar lo obvio.

"Kagome - Kagome!" Inuyasha agarró una de sus agitadas manos y la haló por su cuerpo hacia él, para que su brazo cubriera su pecho para darle algo de cubrimiento. "Puedes escucharme? Me conoces?"

Le tomó unos momentos calmarse antes de asentir rápidamente, varios músculos en su cuerpo aún se contraían después de las extremas corrientes de electricidad que habían sido destelladas por ella.

"Recuerdas dónde estás?" preguntó él rápidamente.

Ella asintió otra vez. Él sonrió ampliamente aliviado.

"Funcionó…?" preguntó ronca ella, casi inaudible.

"Sí… funcionó…" él cepilló su cabello.

Kagome miró alrededor a las caras perplejas antes de notar algo diferente. Miró bruscamente a Inuyasha. "Estoy desnuda…"

"Me conoces… cualquier excusa." Él le dio una sonrisa, mientras levantaba una sábana para cubrirla. "Nos tenías preocupados…"

"Yo… dijiste que podría morir…" ella asintió. "Morí?"

"Sí, sólo por un momento y-"

"Un momento!" La Doctora Fei interrumpió de repente, marchando para tirar de la oreja de Inuyasha y alejarlo de la cama. "TU tienes muchas explicaciones que dar! No puedo creer que arriesgaras su vida así - tomar ventaja de su débil estado mental para tener su permiso para-"

"Para qué?" espetó él, soltándose. "Para curarla!"

"Camelo!" frunció su madre. "Trataste de matarla!"

"No lo hice! Y Kikyo tampoco!" Inuyasha frotó su ofendida oreja y miró a Kagome. "La maldita enfermera lo descubrió primero - No creo que-"

"Qué?" gritó Fei bruscamente, no entendiendo lo más mínimo.

"La razón de por qué el virus reaccionó tan violentamente a los sedantes era porque estaban atacando el virus - aunque parecía como si estuviera matándola." Inuyasha regresó al lado de Kagome quien estaba luchando por mantener sus ojos abiertos y permanecer despierta. Se agachó a su lado y retiró su cabello de su rostro y tomó su mano, aliviado de que no temblara más. "Kikyo debe haber descubierto lo que estaba pasando cuando vio los primeros resultados de sangre después de que accidentalmente le diéramos sedantes…"

"Pero… por qué se lo guardó?" preguntó la Doctora Fei.

"Eso es lo que me gustaría saber…" dijo Inuyasha distraído, apretando la mano de Kagome. "Cómo te sientes?"

"Como…" ella entrecerró sus ojos. "Como si recientemente hubiera tocado una cerca eléctrica. Mi cabello está parado?"

"Nah…"

"Entonces está bien…" ella sonrió débilmente. "Todo está bien ahora?"

"Sí…" él sonrió. "No morirás…"

"Me recuperaré?"

"Lo veremos…" él no iba a hacer ninguna promesa. El daño a su cuerpo podría ser irreparable. Podría no poder caminar otra vez… podría no poder pensar claramente otra vez.

"Inuyasha… realmente estoy cansada…" murmuró Kagome, cerrando sus ojos dudosa.

"Está bien, puedes dormir." Le dijo él gentilmente.

"Gracias…" ella se durmió prontamente, cayendo en un profundo sueño. Inuyasha se enderezó y sintió la mano de su madre en su hombro. Él miró su expresión levemente perturbada. "Qué?"

"No lo terminaste… verdad?" preguntó ella, sus cejas juntándose en un leve frunce. Estaba hablando sobre su relación con Kagome…

"No… pero no importa más." Él volteó para irse.

"Tienes menos y menos sentido cada día - y a dónde vas ahora?" preguntó ella mientras él abría la puerta y revisaba cautelosamente por oficiales de policía.

"A encontrar a Kikyo." Inuyasha se encogió de hombros y miró a Aki y a las otras dos enfermeras. "Vigílenla - asegúrense de que esté bien. Regresaré en unos minutos."

Con esa última orden volteó y se fue. Pero no planeó irse por mucho tiempo…

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"Dios… todos son idiotas…" Kikyo exhaló un gran suspiro y continuó contando baldosas del techo desde su posición en el sofá de la sala de personal, de espalda por supuesto.

La puerta se abrió de repente y Kikyo se sentó y abrió su boca para hablar, titubeó levemente cuando vio que era Inuyasha. Sin duda iba a estar especialmente molesto… síp… tenía una expresión inusualmente calmada - una obvia señal de que algo cercano a una erupción volcánica estaba moldeándose bajo la superficie.

"Y…" comenzó Kikyo, viendo cómo Inuyasha no iba a hacer ningún movimiento para comenzar una conversación. "Qué le pasó a tu bata?"

"Por qué lo hiciste, Kikyo?" preguntó Inuyasha sin rodeos.

"Ah - verás, la cosa es…" ella se movió con una débil sonrisa. "Sé que esto suena extraño pero no estaba intentando matar a Kagome - estaba intentando salvarla-"

"Lo sé." Él se encogió. "Pero por qué no me dijiste que encontraste la cura? Pudiste habernos ahorrado todo este desastre con la policía."

La sonrisa de Kikyo se desvaneció levemente. "Qué? Debía decirte sobre mi descubrimiento y luego dejarte recibir todo el crédito Sr. Doctor?" ella resopló. "No soy estúpida…"

Inuyasha frunció de repente. "Y qué si te hubieses equivocado - qué si no hubiera sido la cura después de todo? Qué si la hubieras matado por accidente - necesitas MI permiso para hacer cosas como esa, Kikyo!"

Kikyo se levantó para enfrentar su rabia. "Repito - NO soy estúpida Inuyasha - sólo porque soy una enfermera no significa que tengo un bloque académico que pone mi cerebro justo debajo del de los doctores! He sido una enfermera por años! SÉ mucho más que tú y también he VISTO mucho más! Sabía lo que estaba haciendo! Además! Tenía las neuronas para ser doctora - no fue mi culpa que mis padres no fueran lo ricos suficiente para pagar la escuela médica! Sé tanto como Miroku o alguien más!"

"Debiste decirle a alguien!"

"Sabes la definición de una enfermera estos días!" preguntó Kikyo cortamente. "Las despreciadas - sobreexplotadas - malpagadas - succionadoras del hospital! A diferencia de los doctores, nosotras nos PREOCUPAMOS por nuestros pacientes! Deberíamos continuar luchando para recibir un mejor trato - pero no lo hacemos! Porque eso dañaría a los enfermos!"

Inuyasha la miró por un momento, parpadeando. "En realidad la definición de diccionario de una enfermera es una persona empleada para cuidar enfermos-"

"Cállate! Estás escuchando mi punto!"

"Tienes uno?"

Kikyo gruñó y empujó sus dedos en su cabello para presionarlos contra su cabeza. Él era exasperante… "Mi punto es… la hubiera curado… y todos estarían dándome palmaditas en la espalda - no a ti!"

"Momento - esto no es que estás vengándote de mi por rechazarte después de ese beso, verdad?" Inuyasha de repente lucía presumido. "Porque lo siento, pero si aceptara los afectos de cada chica que se me lanza entonces sería un polígamo. Tendría chicas en Europa si eso fuera-"

"Sacarías tu cabeza de tu trasero por un minuto y dejarías de ser tan vanidoso. Esto no tiene nada que ver con ese beso!" Kikyo estaba sonrojada de alguna manera. "A propósito… no veo a nadie lanzándose a ti…"

"Sólo porque no lo ves, no significa que no pase." Dijo él arrogante.

"No ha pasado, verdad?"

Inuyasha inhaló aire como si fuera a protestar, pero lo dejó pasar. "No… no realmente…"

Kikyo volteó sus ojos y se sentó en el sofá con su espalda hacia él y la puerta. "No importa… tú solo has descubierto la cura y fuiste y la salvaste. Todos te felicitarán ahora…"

Inuyasha frunció y se movió incómodo. "Bueno… no la habría descubierto si tú no lo hubieras intentado primero…"

"No necesito tu compasión." Gruñó Kikyo.

"No es compasión." Le dijo él cortamente. "No te engañes, la gente sabe que eres una buena enfermera. Eres amable con los pacientes… a diferencia de mi… las personas lo notan."

Kikyo lo miró un poco esperanzada.

"Y… descubriste la cura antes que yo." Inuyasha hizo una mueca. "Supongo que eso te hace más inteligente que yo."

"Sí." Kikyo no tenía que ser modesta.

"Realmente… lo único en lo que apestas es en archivar." Le dijo honestamente. "Para decirte la verdad, Miroku hace mejor el trabajo femenino."

"Mm…" dijo ella, mirando su regazo.

"Bueno, en cualquier caso, estás libre de cargos de asesinato y bla, bla, bla." Él aligeró su tono. "Eres libre de regresar a trabajar y puedes decirle a todos que encontraste la cura primero si quieres."

"Me dejarás?" ella le parpadeó sorprendida mientras se levantaba.

"Síp. No es que me importe." Él se encogió despreocupadamente. "Voy a ver cómo va Kagome. Sólo vine a decirte que está curada… vivirá gracias a ti."

Un sonrojo se levantó en sus mejillas otra vez. "Gracias, Doctor."

Él se detuvo a medio camino de la puerta y le sonrió. "Sólo llámame Inuyasha."

"Qué?" Dijo Kikyo tras él sorprendida, pero ya había salido por la puerta.

Cortamente después que se fue el anciano desnudo pasó la puerta, guiñándole a Kikyo en la sala de personal. Ella miró mientras una multitud de guardias pasaba unos momentos después…

Dios… nunca se había dado cuenta de lo extraño que era este hospital…

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1 mes después…

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"Ahí está!" Miroku dejó el teléfono en su base cuando ubicó a Inuyasha pasando por las puertas en el área de espera. "He estado intentando localizarte en el teléfono - no lo tienes encendido?"

"Por supuesto que sí." Inuyasha volteó sus ojos mientras pasaba por la leve multitud de pacientes esperando.

"Entonces por qué no puedo localizarte - cada vez que te llamo responde una mujer hablando inglés." Miroku frunció.

"Eso será porque desvié todas las llamadas del hospital al reloj americano." Inuyasha sonrió levemente ante su propio ingenio.

"Sabes cuánto cuestan las llamadas de larga distancia?" Demandó Miroku.

Inuyasha resopló. "Duh, por supuesto que sí. Eso es por qué lo hice."

"Me rindo…" Miroku volteó sus ojos y regresó a lo que estaba haciendo. Rápidamente Sango apareció.

"Fuiste a Matalan como pedí? Recogiste el vestido azul?" preguntó ella rápidamente.

"No fui." Respondió él cortamente, mientras comenzaba a seleccionar plumas del lapicero en el escritorio del frente y los guardaba en su bolsillo. "No sería visto muerto en Matalan, tengo una reputación que mantener."

"Pero es el último día de las ofertas de enero!" chilló ella. "Ahora tendré que ir yo!"

"Adelante - no es como si tuvieras trabajo que hacer." Dijo Inuyasha.

"Tú eres quien habla." Respondió Sango y comenzaron una pequeña competencia de miradas.

"Señoritas!" Miroku movió su mano, rompiendo su contacto visual. "Ahora no, estamos muy ocupados para-"

"Miroku - no abras esa carta." Inuyasha le arrebató el correo que estuvo por abrir.

"Oye!"

Inuyasha la dejó caer al piso y se paró en ella antes de retroceder. Unos momentos después la carta estalló con un fuerte bang y un remolino de humo - muchos de los residentes en la sala de espera saltaron mientras el resto corría por las puertas o golpeaban el piso.

Inuyasha sonrió. "Carta bomba. Funciona aún mejor que gritar - Oh dios mío está esparciendo ántrax por doquier!"

Los pacientes que no habían salido ya, lo hicieron después de eso.

Inuyasha se alejó riendo para sí. Sango le dirigió a Miroku una plana mirada. "No creo que vayamos a deshacernos de él, verdad…?"

"No pronto…"

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"Kagome!"

A Kagome casi le da un infarto cuando alguien pequeño la agarró desde atrás, brazos la apretaban alrededor de su cintura. Ella se giró molesta para ver quién era, y su rostro se iluminó de una vez. "Souta - ya regresaste del campamento!"

"Síp!" él aflojó su agarre levemente para que pudiera retirarse de la ventana y agacharse para atraparlo en un abrazo de oso. "Te ves mucho mejor."

Kagome rió y lo miró de arriba abajo. "Te has encogido?"

"Sólo parece eso porque finalmente estás de pie." Él le dio un pequeño empujón, emocionado de que no se tambaleara como una débil. Ella regresó a ser su enérgica hermana mayor.

"Nop… definitivamente has perdido una pulgada o dos." Ella se levantó y despelucó su cabello. "Dónde está mamá y el abuelo?"

"Bueno, el abuelo está en una de las camas por el corredor." Le dijo Souta, mientras iba a investigar los contenidos de su habitación.

"Desde cuándo?" Kagome quedó boquiabierta.

"Desde que pensó que mezclar Gin y Sake era una buena idea." Dijo Souta planamente. "Su estómago se infló. Otra vez. Mamá está con él."

"Deberíamos comenzar a recibir un descuento en este lugar, huh?" Kagome volteó para mirar por la ventana. "Como las millas de aviadores frecuentes…"

"Kagome?" La incorpórea voz de Souta llamó desde el baño.

"Sí?"

"Qué le pasó a todas las toallas, jabón, gorros de baño y crema de afeitar? Y esos pequeños kits de costura?"

Kagome sonrió para sí. "Deben haberlos perdido."

"No, aquí están!" Dijo Souta cerca tras ella, pescando los artículos en sus empacadas bolsas. Desde cuándo se movía tan rápido entre habitaciones?

Kagome retiró sus manos y guardó de nuevo las cosas robadas en la bolsa. "Bueno no tengo gorros de baño-"

"O crema facial de afeitar." Añadió Souta.

"- En el nuevo apartamento." Kagome continuó. "No es como si el hospital los extrañará."

Souta volteó sus ojos y se trepó en la cama de hospital, desordenando las sábanas pulcramente dobladas. "Descubre el pastel Kag! Cómo es morir! Dos veces!"

"Como…" ella luchó por las palabras. "No sé… realmente no estuve ahí."

"No estabas asustada?" preguntó Souta.

"Posiblemente…" Kagome sonrió levemente. "Antes de que pasara Inuyasha me dijo lo que podía pasar si no funcionaba… me asustó un poco… pero ahora - se siente como si me hubieran dado un nuevo comienzo."

"Huh?"

"Parece que la única vez que comienzas a apreciar lo preciosa que es la vida, es cuando la muerte está mirándote a la cara." Dijo Kagome seriamente antes de alegrarse. "Estoy lista para tener un nuevo comienzo!"

"Bueno, la universidad dijo que te aceptarían, sin importar si vas dos meses tarde." Souta recordó las palabras de su madre. "Dijeron que en tanto como repongas el trabajo perdido estarás bien."

"Bien!"

"Pero mamá dice que si tienes algunas deudas… estás sola." Le dijo Souta malicioso. "Pero entonces con un doctor como novio escasamente tendrás que preocuparte por pagar deudas."

"Inuyasha no es más un doctor." Dijo Kagome distraída mientras comenzaba a reacomodar las bolsas empacadas que Souta había desordenado.

"Por qué no?" Souta quedó boquiabierto.

"Bueno… estarías enteramente cómodo si un hombre como Inuyasha fuera TU doctor?" señaló ella.

"Honestamente, no me molestaría."

Por supuesto que diría eso. Él pensaba que Inuyasha era lo mejor inventado desde el pan rebanado.

"Bueno… doctor e Inuyasha no son así de compatibles. Así que renunció." Kagome se sentó en la cama al lado de Souta y deslizó un brazo alrededor de su hombro.

"Idiota… todo el asunto de salir con él era porque podías quitarlo!" Le dijo Souta sin rodeos.

"Escuché eso."

Souta saltó de la cama cuando la puerta se abrió e Inuyasha entró dándole una malhumorada mirada en burla. "Qué estás haciendo aquí?"

"Recogiendo a tu hermana." Inuyasha se encogió sin rodeos y le sonrió a Kagome.

"Pero pensé que mamá iba a llevarla a Kichijoji…" Dijo Souta dudoso.

"Mejor ve a decirle lo contrario." Kagome codeó a su joven hermano con una sonrisa. "Sabes dónde está, verdad?"

"Sí." Souta salió de la cama y pasó a Inuyasha en su salida, sonriendo cuando el ex-doctor restregó su cabello. "Todos hacen eso…"

Una vez ido Kagome observó a Inuyasha con una sonrisa mientras cruzaba la habitación y se sentaba en la cama opuesto y tras ella. Con un pequeño suspiro ella se recostó contra su ancha espalda y rodó su cabeza sobre su hombro. "Dios, estoy tan aburrida… por favor dime que no estabas bromeando sobre llevarme a la universidad?"

"No es broma." Él tocó su cabeza levemente. "Oye…"

"Oye qué?"

"No has olvidado preguntarme algo?" preguntó él ligeramente, una sonrisa tocaba su voz.

Kagome abrió su boca, para preguntar lo que quería decir cuando sus cejas se levantaron y de repente se giró para agarrar su hombros. "Sí?" ella lo sacudió. "Lo tienes?"

Él sonrió para sí y buscó en su bolsillo para sacar su billetera. Se tomó su tiempo abriéndola y buscando algo mientras Kagome apretaba sus hombros fuertemente, casi bailando en nerviosa anticipación.

Eventualmente encontró lo que estaba buscando y levantó un sobre blanco sobre su hombro para que lo tomara. Ella lo aceptó golosa, lo abrió y sacó la tarjeta adentro. "Apreciado Sr. Inu le escribimos para determinar si le gustaría renovar su membresía anual en nuestro salón de belleza-"

"Oops!" Rápidamente Inuyasha le arrebató la carta y la guardó en su billetera. "Equivocada…"

Captando su extraña mirada él se encogió inocente. "Qué? No es para mí? Por qué necesitaría un tratamiento de Belleza para mi cabello… quiero decir… puede ser duro de manejar - pero no necesito un SALON para ayudarme… ya… ves?"

"Veo." Kagome intentó contener su sonrisa. "Y dónde está?"

"Aquí." Inuyasha le alcanzó un sobre diferente en el cual ella ahondó tan rápidamente como el último.

Ella pausó un momento para leer el contenido antes de gritar y abrazarlo fuertemente desde atrás, casi haciéndolos caer de la cama. "Sí! Sabía que podías hacerlo!" rápidamente lo soltó y salió de la cama para detenerse a su lado. "No hubo ningún problema?"

"Sólo de estar levemente sobre calificado." Él sonrió y tomó la carta. "Pero no podían decir 'sí' tan rápido."

"Esto es perfecto!" Kagome juntó sus manos alegremente. "De acuerdo - tal vez no es un grado de abogado - pero a caballo regalado no se le mira el colmillo."

"Oye!"

"Aunque tengo de cerca lo mejor." Ella se inclinó y lo besó gentilmente en la comisura de la boca. "Al menos estaremos asistiendo a la misma universidad."

"Gracias a Sango por darme la idea." Él colocó sus manos en su cintura y la acercó para un apropiado beso. Le hubiera gustado permanecer que eso, pero Kagome estaba llena de energía ese día y pronto estaba soltándose de su agarre para alejarse con una sonrisa.

"Y ese sería el beso número… qué… me has dado?" ella le sonrió mientras agarraba sus bolsas y comenzaba a deslizarlas sobre sus hombros.

"Perdí la cuenta. Tampoco me importa." Él sonrió y comenzó a retirar unas bolsas de sus hombros para que no le pesaran.

"Deja eso!" ella comenzó a tomar las bolsas que había agarrado. "Puedo cargarlas."

"No puedes."

"Sí puedo."

"No puedes! Apenas saliste de una enfermedad muy seria!"

"Eso fue hace un mes! Termina con el tiempo Inuyasha, eso fue el último mes." Ella comenzó una guerra de tire con él por la última bolsa. "Dámela!"

"Necesitas conservar tu energía!" discutió él, un poco perturbado de lo extrañamente fuerte que era ahora.

"Para qué? Golpearte en la cabeza después por pensar que no puedo cargar mi equipaje sin colapsar de cansancio!" ella pellizcó su mano y rápidamente tomó la bolsa cuando él la soltó con un grito ahogado. "Bien merecido lo tienes."

"Maldición… eres una perra violenta…"

Kagome volteó sus ojos y avanzó hacia la puerta. "Vas a venir o sólo vas a estar ahí todo el día insultándome?"

"Bueno, sólo si te quedas para ser insultada."

"No, tengo clases que atender -y tú tienes estudiantes dementes que ayudar." Ella le extendió su mano y sonrió cuando la tomó. "Tal vez seré una de tus pacientes."

"Ciertamente estás loca." Él le permitió señalar el camino fuera de la habitación y por el corredor hacia la recepción. "Pero viendo que viviré contigo - tendrás un descuento."

"Oh dios." Ella rió y entrelazó sus dedos con los suyos mientras se tomaban de las manos.

Cuando alcanzaron la recepción Miroku dejó salir un gran suspiro y miró a Sango que estaba sonriendo. "Bien… tú ganas…"

"Ganar qué?" Kagome se acercó al escritorio curiosamente. "Una apuesta?"

"Miroku dijo que te quedarías otra semana al menos." Explicó Sango antes de voltear hacia el cirujano. "Conoces el trato - paga."

"Cielos…" Miroku buscó en sus bolsillos y sacó varias plumas de colores surtidos antes de alcanzárselos a Sango molesto. "Escoge uno…"

Sango se tomó unos momentos, haciendo gran cosa al fruncir sus labios y decir 'ooh' y 'ah' antes de finalmente escoger una pluma color rosa. El mentón de Inuyasha se desplomó y levantó su mano para decir algo. Kagome sólo bajó su mano discretamente. "Con calma muchacho…"

"Pero el tiene-"

"Déjalo." Le dijo Kagome gentilmente antes de voltear hacia la enfermera y el cirujano. "Entonces puedo firmar mi salida?"

"Síp." Sango terminó y le alcanzó las formas que tenía que firmar. "Ahora vas a regresar a la universidad?"

"Sí - Inuyasha también viene conmigo." Kagome miró al joven a su lado quien estaba golpeando impacientemente su pie contra el escritorio.

"De vuelta a los días de escuela?" Sango le parpadeó sorprendida. "No para volverte abogado, verdad?"

"Nop. Va a volverse un consejero en el campus." Miroku sonrió.

"Copión." Murmuró Sango.

"Oye - es psiquiatría." Protestó Inuyasha.

"Tiene un título en psicología?" Señaló Sango.

Él se movió incómodo. "Quién necesita uno? Me pagan una bomba por sentarme en mi trasero todo el día para sólo escuchar los problemas de las personas."

"Pensé que odiabas eso." Dijo Miroku.

"Sólo cuando no me pagan por eso." Inuyasha volteó sus ojos. "Obviamente."

"Toma - terminé." Kagome le alcanzó las formas a Sango quien las tomó con una sonrisa y le dio un rápido abrazo sobre el mesón. Probablemente a Miroku le hubiese gustado recibir el mismo tratamiento, pero Sango desechó esa idea en llamas con una ardiente mirada. Inuyasha entró en acción y agarró a Kagome por los hombros para comenzar a conducirla a la salida.

"No pueden salir de aquí lo rápido suficiente, verdad?" gritó Sango tras ellos.

"No lo cerca suficiente." Dijo él sobre su hombro, abriendo su camino por la multitud con Kagome.

"Nos vemos Sango - Adiós Miroku!" gritó Kagome cuando alcanzaron las puertas. "Y dile a Kikyo que dije gracias por salvar mi vida - Otra vez!"

"Lo haré!" se despidió Sango.

"Te veo pronto, Kagome!" gritó Miroku.

Inuyasha la empujó por las puertas. "No tan pronto - nunca!" él levantó su mano hacia su frente para hacer la señal L. "Adiós para bien, LOSERS? (Perdedores!)

Inuyasha desapareció por las puertas y Sango suspiró son satisfacción. "Finalmente… es bueno ver que las personas mejoran. En realidad es bueno tener a Inuyasha fuera de nuestro cabello."

"Regresará." Comentó Miroku con suficiencia mientras volvía a archivar.

"Estás seguro?" Sango frunció.

"Síp. Especialmente cuando dejó las llaves de su chulo-móvil." Él levantó las llaves del auto que habían sido dejadas sobre el registrador y las sonó ante su nariz.

Ambos levantaron la vista cuando Inuyasha regresó con un frunce en su rostro mientras se dirigía hacia el escritorio. Ambos sonrieron cuando él arrebató sus llaves de la extendida mano de Miroku con un refunfuñante comentario que ellos no captaron. Comenzó a irse otra vez antes de retroceder unos pasos y tomar unas coloridas plumas del lapicero en frente de Sango.

Miroku abrió su boca para protestar pero Sango levantó su mano. "Sólo déjalo, chico grande."

Bueno… no era como si Inuyasha fuera a estar por ahí para tomar plumas en el futuro. Miroku decidió escuchar a Sango por una vez.

"Adiós Doctor Inu!" se despidió Aki mientras pasaba. "Tomándose el día?"

"Uh… no Aki, me retiro."

Ella asintió distraída y se alejó. "Eso es bueno. Lo veo mañana entonces."

Inuyasha movió su cabeza con disgusto, "De ahora en adelante sólo voy a tomar el servicio de salud público - Nunca voy a regresar a este lugar otra vez. Es demasiado loco."

"Tú eras lo que lo hacía loco, Inuyasha." Señaló Miroku. "Buena suerte en tu nuevo trabajo… tal vez te visitemos en algún momento."

"Por favor, sálvame." Inuyasha volteó sus ojos pero sonrió mientras se dirigía de nuevo hacia la salida. "Adiós muchachos!"

"Adiós." Ambos entonaron con grandes sonrisas hasta que finalmente se fue. Sango se acercó a Miroku discretamente. "Tú abre la champaña y yo traeré las copas!"

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"De acuerdo, primero lo primero." Dijo Kagome mientras Inuyasha se acercaba. "Venderemos tu viejo apartamento y usaremos el dinero para comprar un auto decente."

"No, vamos a conservar el auto." Dijo él firmemente.

"Pero - dijiste que lo querías para tomarlo ya!" protestó Kagome.

"Conservaremos el auto y usaremos el dinero del apartamento para comprar algo más." Él se encogió mientras abría la puerta del conductor y se desplomaba en el asiento. Kagome lo siguió en el asiento del pasajero.

"Como… grandes mosquiteros para las camas?" Supuso Kagome.

Inuyasha la miró.

"Qué? Tal vez ahora tengo una fobia a picaduras y a insectos que pican… eso es comprensible…" ella frotó su brazo tímidamente.

"Nah - estaba pensando que podríamos comprar algo mejor como… si también vendemos tu apartamento nosotros-"

"Quedaríamos sin hogar?"

"Déjame terminar!" la regañó él. "Estaba pensando que con ese tipo de ingreso combinado en realidad podríamos comprar una casa."

Kagome miró a Inuyasha mientras casualmente parecía encender el motor como si lo que hubiera dicho no fuera la gran cosa. "Estás diciendo… que debemos mudarnos a una casa de verdad… de verdad?"

"Seguro… ambos somos adultos maduros…" él pensó en eso. "Bueno, juntos hacemos un adulto maduro completo…"

"Una casa? Como - con una dirección real y número telefónico y - y una cocina!" prácticamente Kagome estaba balbuceando con alegría.

Inuyasha asintió con alivio, contento de que ella estuviera abierta a la idea. "Seguro." Él le sonrió.

"Y si yo demando al ex - novio de Kikyo como ella me dijo entonces podríamos usar ESE dinero para comprar una extensión!" ella sonrió.

"Espero que estés bromeando."

"No realmente. VOY a ser abogado."

Inuyasha tuvo que contenerse de temblar y hacer la señal del mal otra vez. Ella vio su agotada mirada y le dio un juguetón codazo en el brazo. "Vamos a regresar a nuestro apartamento por ahora."

"Suena bien para mi." Él comenzó a salir del puesto de parqueo. "Ahora, Kagome, mientras conducimos, trata de no ser muy malvada por los insectos que se estrellan en el parabrisas."

"Lo intentaré." Ella rió y volteó levemente en su asiento para que pudiera observarlo mientras conducía. No le tomó mucho ver lo que ella estaba haciendo.

Él le dirigió una divertida mirada. "Qué? Tengo salsa de curry en mi mejilla o algo?"

"No… sólo estoy pensando…" ella sonrió suavemente. "Que… gracias a ti atesoraré cada día de mi vida de ahora en adelante."

Su sonrisa se suavizó pero tuvo que mantener sus ojos en el camino. "Eso es dulce…" él sonrió. "Te besaría, pero entonces probablemente nos estrellaríamos y no tendrías muchos días que atesorar después de eso."

"Está bien." Kagome estaba contenta de sólo sentarse y admirar a su héroe. El hombre que había salvado su vida y hecho tener una nueva mirada de las cosas. Él la había regresado de la orilla de la depresión…

Ese día que estuvo en el techo y miró al suelo… había sido enserio. Habría saltado y acabado la miseria si hubiera sido dejada con sus propios consejos por unos minutos extra. Pero él había estado ahí, le había hablado inconscientemente del suicidio y aún así había salvado su vida, de sí misma.

Si realmente hubiera continuado, nunca habría sabido lo que perdería! Esto! Si hubiera tenido un doctor como Kouga desde el comienzo, estaba segura que estaría en su propio funeral en ese momento... o ya seis pies bajo tierra.

De alguna forma el doctor más extraño en la historia, el chico con la malgeniada actitud y los disgustantes tratos con los pacientes había sido su perfecto doctor… realmente la había salvado.

Y ella iba a asegurarse de retribuirle por el resto de su vida.

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FIN

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Nota de Inu: Bueno, otro final feliz para otra buena historia (sniff, sniff)… qué gusto el poder compartir todo esto con ustedes, muchísimas gracias por su apoyo hacia la autora y hacia nosotras y espero que sigan disfrutando de mucho más porque esto no termina aquí… jeje… Mil gracias por sus lindos comentarios y espero verlos pronto en la próxima historia… A ti, IR-CHAN, un saludo muy especial y muchas gracias por esa gran ayuda… Besos y abrazos para todos y hasta la próxima… Los quiero mucho!

Nota Ir chan: Los siento, ayer fanfiction net no servia. Habia un problema en el sistema. Si no lo hubiera cargado más rápido. Bueno espero que les haya gustado este capítulo tanto como a mi. A todas aquellas que me amenazaron de muerte sólo me queda decirles que aunque Kagome hubiese muerto yo no podia hacer nada ToT. Bueno y a todas las personas que dejaron un review se los agradesco y los esperamos en la próxima traducción de Rozefire. .