Disclaimer: Esta historia, que ya está terminada, pertenece a Sionnain. Yo me limito a traducirla. El original se titula "Ice" y está en inglés. Lo que reconozcáis es de JK, WB y blablabla.

N/A. Bueno, llevo unos días que me apetece empezar a traducir una historia larga. He estado revisando algunas que me gustaron mucho cuando las leí, pero que posiblemente tenga problemas para conseguir que los autores me dejen porque son muy viejas, así que vuelvo con Sionnain. Ahora estoy con una historia suya algo bloqueada porque es más complicada que los demás, así que empiezo esto jeje. Voy a leerla como vosotros, a medida que vaya traduciéndola. Me la han recomendado encarecidamente, y tengo la seguridad de que me gustará. A vosotros, si os gusta un poco cómo maneja a sus personajes, pues seguro que también ;) Yo creo que es que ella tiene un fic largo para cada hermana Black (Ice, Fire y Frost), pero el único que está terminado es éste creo, así que aquí empezamos.

Joanne

HIELO

CAPÍTULO I

Cuando era joven, la hermana de Narcisa, Bellatrix, había entrado en su habitación y cerrado la puerta, mirándola a continuación con sus ojos oscuros y serios.

-Narci –dijo, usando su apodo favorito (el resto de la familia la llamaba Cissa, pero Bellatrix siempre tenía que hacerlo todo a su manera)-. Tengo que decirte algo muy importante.

Narcisa había fijado sus ojos de un azul profundo en ella sin decir nada. Interrumpir a Bellatrix sólo traería problemas; su hermana tenía un carácter impredecible y era mejor dejarlo estar. Así que había permanecido callada esperando impaciente qué conocimiento iba a impartirle su hermana en ese extraño momento de seriedad.

-No puedes dejar que sepan que eres inteligente, Narci –dijo Bellatrix, cogiendo su mano y contemplándola con una mirada intensa-. Piensan que yo soy la rebelde, pensarán que Andrómeda es la lista, pero no deben sospechar nunca que tú eres algo más que hermosa y obediente. No les dejes que sepan que eres inteligente, hermana.

Narcisa era lo suficientemente honesta para ver la verdad en lo que Bellatrix le había dicho. Sus padres estaban bastante ocupados con sus dos vivaces hijas: la pasión de Andrómeda por lanzarse de cabeza a vivir había dado como resultado algunas interesantes aventuras, y el deseo de Bellatrix de hacerlo todo a su manera había causado innumerables conflictos en la familia Black. Atacaron la vida con la pura fuerza de sus personalidades. Todos los que las conocían eran atraídos inexplicablemente a su red, y los padres de Narcisa no eran una excepción. Mientras ellos luchaban, suplicando y engatusando a sus dos francas hijas, Narcisa fue abandonada para observar, escuchar y aprender. En estas cosas, ella sobresalía por encima de los demás. La familia Black no la enseñó a comportarse como una dama y a ser la encarnación de la perfección Sangre Limpia; la enseñaron a aprender cuando fuese prudente hacerlo. Era una vergüenza que nunca se las hubieran arreglado para inculcar esto a sus otras hijas, pero apenas era sorprendente. Al fin y al cabo, nadie se había propuesto enseñarle a Narcisa esa lección.

No tenía dudas respecto a que sus padres la apreciaban, pero no la veían semejante a sus hermanas. Era el contraste; donde Andrómeda era testaruda y animada, Narcisa era sumisa y contemplativa. Donde Bellatrix era poseía por el fervor de sus creencias y un inquebrantable sentido común de lo que era correcto, Narcisa estaba dispuesta a comprometerse. Sus padres pensaban cosas de ella que no eran ciertas. Narcisa no era el modelo de hija perfecta que sus padres creían. Mayormente, podían felicitarla mientras corrían a arrastrar a Andrómeda fuera del problema en el que se hubiera metido o a calmar a Bellatrix después de uno de sus terribles ataques de furia. Gracias a Dios que Narcisa tiene sentido común, dirían.

Narcisa quería a sus hermanas, pero a veces la molestaban con su comportamiento. La inclinación de Bellatrix a causar problemas acabó en innumerables peleas a gritos que resonaron por toda la casa Narcisa a veces envidiaba la sonrisa fácil de Andrómeda y su agudeza, sin mencionar su ilimitado entusiasmo, pero era perfectamente consciente de la cantidad de tiempo que sus padres empleaban en resolver los desastres que inevitablemente ocasionaba. Era fácil leer los libros de Artes Oscuras que su padre les prohibía, por ejemplo, cuando sus padres andaban ocupados tras sus hermanas y no malgastaban ni una mirada a la pequeña chiquilla rubia acurrucada en el sofá de cuerpo junto al fuego, dicho libro sujetado despreocupadamente por sus delicadas manos.

Bellatrix quizá se hubiese enfadado, pero siempre era muy perspicaz. Nadie vio a Narcisa nunca destacar en el colegio, no vieron sus notas excelentes en Pociones, ni su extraordinaria actuación en Encantamientos. Sólo veían a la belleza: el pelo rubio ceniza, los ojos azul medianoche, la perfección de porcelana de su rostro. La grácil, agradable figura, y esos encantadores gestos que tan fácilmente adoptaba.

En Hogwarts, estaba en Slytherin, y, aún ahí, sus hermanas la eclipsaban, de forma que nadie se preguntó por qué el Sombrero Seleccionador la había puesto ahí. Andrómeda era vista como la inteligente, a pesar de que Narcisa la superaba constantemente. Aunque bastante popular, Bellatrix era una agitadora, pues tenía la habilidad de coaccionar a los estudiantes para hacer travesuras, y resultaba un verdadero azote para los profesores. Bellatrix era una amiga solicitada; pocos podían resistir su encanto. En años posteriores, la maldad se colaría en sus ojos de ébano, y su voz resonaría con un innegable tono de fanática; pero, en Hogwarts, Bellatrix era la preferida de la casa Slytherin. Ambiciosa, arrogante y astuta; representaba todo lo apreciado por ésta.

Narcisa pasó los años de colegio sin mezclarse de ninguna forma significativa ni profunda con sus compañeros de clase. Estudiaba sus caras, la forma en que las chicas se movían, la manera en la que los chicos hablaban y miraban alrededor con furtivas y rápidas miradas. Hizo un estudio de la gente, observando sus reacciones, y se hizo un hábito el sentarse en la Sala Común de Slytherin o en el Gran Comedor para contemplar a los grupos hablar en voz baja, e imaginarse que era de lo que de verdad estaban hablando. A medida que se hizo mayor se cansó de los estudiantes, pues sus secretos eran bastante sencillos de averiguar –relaciones rotas, infidelidades-, nada que pudiera interesarla durante mucho tiempo. Se terminó concentrando en los profesores, y se dio cuenta que eso requería toda su habilidad.

Cuando regresaba al colegio de las vacaciones, su familia la alababa por su belleza. No decían nada de sus notas o de los comentarios de los profesores sobre ella: excelente intuición. Nuestra Cissa hará un buen matrimonio, dirían mientras acariciaban su pelo de esa manera ausente que tenían cuando se trababa de su hija menor, y Narcisa sonreiría. Nunca se le ocurrió decir que odiaba el nombre de Cissa o que prefería su nombre completo, o, incluso, Narci, antes que el apodo que sus padres usaban. Despreciaba esos golpecitos en la cabeza, como si fuese tan estúpida como para ser aplacada por esos gestos triviales. Narcisa sabía que esa debilidad era algo horrible, aunque nunca estuvo seguro de dónde había aprendido esa lección, pues era la cosa por la que más la elogiaban. La hacía enfurecerse cuando se paraba a pensar sobre ello.

Cuando Bellatrix se casó con Rodolphus Lestrange, sus padres tuvieron que esforzarse por sonreír y fingir que aprobaban el matrimonio. Los Lestrange eran Sangre Limpia, pero desde luego no del más alto nivel de la sociedad. Sus padres habían tenido planes para atar a Bellatrix a una familia más rica, y hubo emotivos berrinches y apasionados argumentos durante meses por la situación. El de Bellatrix y Rodolphus era un matrimonio por amor, o quizá se atrayesen el uno al otro como una polilla a la llama, con las mismas posibilidades de sobrevivir a la unión que de destruirse en alguna gloriosa confrontación. Apasionados y devotos, se peleaban ferozmente y se reconciliaban de la más dramática de las maneras. Tenerlos a su alrededor a menudo cansaba a Narcisa.

Bellatrix siempre busca una forma de desahogar sus manías. Es como una antorcha ardiendo, y se quemará a sí misma. Él también es una antorcha. Juntos, producirán más luz, pero quemarán la madera el doble de rápido. A Narcisa nunca le sorprendió que se uniera a Voldemort -¿cómo no iba a hacerlo la quintaesencial chica mala?-, o que fuese una de las pocas que proclamó su lealtad y que juró esperar en Azkaban hasta que el Señor Oscuro regresase. Bellatrix no es otra cosa que leal. Su hermana finalmente había encontrado la causa a la que dirigir su furiosa devoción, y Narcisa era la menos sorprendida de que Bella hubiera terminado en prisión por sus acciones al lado de su marido.

Y Andrómeda... ¿Cómo podían sus padres estar tan sorprendidos de que hubiese huido con ese Muggle? ¿No podían ver que Andrómeda ansiaba hacer algo diferente, algo que le diese esa atención que ella sentía que le debían? Eso sin mencionar que estaba fascinada por el mundo Muggle prohibido para ellos desde una edad temprana. ¿No podían fijarse en su dificultad al respirar cuando hablaba de "televisiones" o "dibujos que se movían" y el resto de cosas extrañas que había aprendido en Estudios Muggles? Andrómeda podía autoconvencerse de que la Luna era naranja si eso le daba algo dramático, algo por lo que luchar, algo que contrastara con Bellatrix. Por eso, se convenció de que el mundo Muggle estaba lleno de delicias desconocidas que esperaban a que las descubriera. Mientras Bellatrix atendía a sus reuniones con el Señor Oscuro y encontraba una causa que mereciese la pena para verter su considerable energía, Andrómeda se escabullía al Londres Muggle y se divertía con todo lo que su hermana Bellatrix despreciaba. Desde siempre había habido rivalidad entre ambas; no era una sorpresa.

Narcisa había permanecido de pie a la salida de la biblioteca, olvidada como era habitual en el frenesí de actividad. Después del matrimonio de Andrómeda y su consecuente huida de la casa, la familia Black había entrado en un caos. Narcisa miró a Bellatrix gritar "traidores a la Sangre" y "traición" hasta que Rodolphus, susurrándola con furia, la sacó de la habitación. Los dos ignoraron a Narcisa. Bellatrix habían elegido no quedarse a la ceremonia para repudiar a Andrómeda, sin duda para ir corriendo a informar al Señor Tenebroso que la familia Black no toleraría traidores entre ellos. Bellatrix estaba furiosa, aunque Narcisa sospechaba que no era tanto por la traición de Andrómeda a la Sangre sino por la traición a sus lealtades. Bellatrix nunca había sido acusada de ser compasiva. Narcisa había pensado a menudo, en los últimos años, que Bellatrix había torturado en todo ese tiempo a las personas como si fuesen su hermana o el Muggle que se la llevó de su lado. Bellatrix y Andrómeda podrían haber estado eternamente en un conflicto de intereses, pero había un lazo entre ellas que había sido roto por la traición de ésta.

Sus padres estaban horrorizados, ambos por lo que Andrómeda había hecho y por lo que haría al nombre de la familia. No mencionaron el nombre de su hija, sino que meramente se limitaban a pronunciar el pronombre ella con un perceptible desagrado. Y luego, escuchó a su madre decir en voz baja, llena de alivio:

-Al menos no tenemos que preocuparnos por Narcisa. Nunca ha creado problemas; simplemente no los tiene dentro de ella.

Narcisa se había clavado las uñas en las palmas de sus manos lo suficientemente fuerte como para hacerse sangre. La oscuridad dentro de ella surgió esa noche como en la entrada de su ancestral casa, y quiso entrar ahí y hechizarlos, reprenderlos, gritarlos por ignorarla siempre, por no ver nunca que estaba ante sus ojos. ¿Creéis que es tan horrible que Andrómeda haya elegido a un Muggle? ¿Dónde estabais esos años que se escapaba al Londres Muggle? ¿Por qué estáis sorprendidos de que Bellatrix rechace tener hijos? ¿Qué puede amar más que a ella misma? ¿Por qué pensáis que me conocéis tan bien?

No obstante, se quedó en silencio. Ellos nunca la conocerían, y difícilmente cambiaría ella eso. Bellatrix puede que tuviese alguna idea, porque sino ¿cómo es que le había dado ese consejo años atrás? Los Black olvidaron por qué el Sombrero Seleccionador puso a Narcisa en Slytherin. Ellos no la conocían, y murieron sin conocerla a ella y a la oscuridad que se enroscaba en su interior como una serpiente aguardando para atacar. Era una cara bonita, un cuerpo adorable, y nada más que eso. Era la hija obediente que no se divertía con aspirantes a tirano o conductores Muggles de autobús. Era la última oportunidad de salvar la respetabilidad de la Casa Black. Toujours pur. Siempre pura, siempre la última esperanza restante de una familia asediada por la traición y la locura.

Podría haberse convertido en eso, en la perfecta hija que hace un perfecto matrimonio, trayendo de vuelta el honor perdido para siempre por una traidora y una mujer loca. Sin embargo, Narcisa encontraría a la única persona en el mundo capaz de conocerla de verdad, entenderla completamente, y entender todo el potencial de lo que era y de lo que podría ser en el fondo. Nunca sabría, en años posteriores, cuál hubiese sido el resultado preferible.

N/A. Bueno, ahora que he terminado de leerlo por primera vez, puedo decir que me ha gustado bastante. Como véis, va a tratar sobre Narcisa, aunque auguro que Bellatrix y Rodolphus tendrán un papel importante (esa frase en la que Bella grita y Rodolphus la saca de la habitación me encanta jiji sexe rody!), así como, por supuesto, Lucius. Este era más de introducción, un resumen a los años de infancia de Cissy (Bella la llama Narci porque Sionnain escribió este fic hace mucho, cuando aún no había salido el sexto) y de sus amistades en esa época, de cómo la veían.

Y poco más tengo que decir. Espero reviews, que, como ya sabéis, se los voy traduciendo a Sionnain para que sepa que os gusta su fic jeje, y de paso me animan a mi a seguir traduciendo : ) Una cosita más, como ya he dicho, está terminado, y tiene 20 xapis.

Joanne