Risky

Atención: Fullmetal Alchemist es © de Hiromu Arakawa, Square Enix, MBS, ANX, Bones

Autora: YukaKyo, el fic es © de mi Propia Autoría. Mis fics No se Prestan Ni se publican en Otros sitios amenos que Yo misma lo haga. De no ser así, te obligare a que dejes de publicarlo.
Pareja: Roy x Ed
Categoría: Yaoi a Hard Yaoi, Romance, Drama y Angst

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10.- Youwa (Armonía)

Un rechinido suave llamó su atención. Una tenue luz apenas y salía de la habitación que se estaba abriendo, el paso suave de una pierna y el duro de la otra resonaron contra el suelo de madera curtida y la menuda figura del rubio enfundada en telas blancas emergió ante sus ojos. Lo vio detenerse en el umbral de la puerta achicando los ojos dorados en un intento de distinguirlo bien.

Parecía que la falta de una suficiente luz en su habitación lo había encandilado. Los corredores y las demás habitaciones estaban por demás, muy bien iluminadas.

Lo vio levantar su mano humana dirigiéndola a sus ojos para tallarles con la misma. No pudo evitar sonreír por aquel gesto con sencillez y esperó paciente a que terminara. Abrió sus ojos dorados enormes y esta vez supo que podía enfocarlo del todo. Mas fue hasta que salió a la completa luz cuando pudo notar del todo, el atuendo blanco que el rubio llevaba. No era más que su camisa, esa misma que le había puesto algunos minutos atrás, mientras aun dormía profundamente contra su cuerpo. Vaya, por un momento había pensado que al despertar, simplemente se la quitaría y volvería a vestirse con sus acostumbradas ropas.

Pero estaba ahí, frente a él vistiendo su camisa y tal vez debajo de la misma solo llevara los interiores.

Se quedaron mirándose algunos segundos en silencio y fue hasta cuando el rubio abrió la boca para decir algo cuando el pelinegro le dio la espalda continuando con lo que hacia.

Arrojó lo que quedaba del cigarrillo por la ventaba y la cerró sin correr las cortinas. Edward con paso vacilante se acerco a él, pero tuvo que seguirlo, resignado con la vista al verlo alejarse hacia el comedor cercano. Notando entonces, la mesa dispuesta. Había suficiente comida para dos personas, tal vez un poco mas, charolas con fruta, pan y jarras con jugo, leche y una oscura botella de vino.

Y al ver todo aquello, no pudo evitar que le gruñera el estomago.

No había comido más que unos cuantos bocados en el desayuno mientras agitado preparaba todo lo indispensable para su partida de central y después de haber visitado a Mustang aquella mañana, no había tenido apetito alguno durante la mayor parte del día y ahora con solo notar una minúscula migaja de pan, llegaba a hacérsele agua la boca.

— Ya se que pasa de la hora de la cena pero, no he comido nada en todo el día — musitó de pronto Roy, desviando la atención del rubio de la mesa, mirando su amplia espalada — Y supongo que tal vez, tendrás hambre —

— Algo — aceptó Ed, notando hasta ese entonces que el pelinegro no vestía más que un fino y casual pantalón y estaba descalzo. Sintiéndose así, muy cómodo en la privacidad de su departamento.

— Bien, toma asiento entonces — Roy le señalo su lugar terminado de acomodar los cubiertos.

— ¿No falta nada mas? — Preguntó Edward acercándose a la mesa donde Roy aun colocaba una copa vacía, otra con agua y un vaso de fino cristal — Puedo ayudarte ¿sabes? —

— Ya tengo todo listo —

— Umff— soltó como bufido decepcionado Edward, viendo la mesa por completo.

Siempre había sido una de sus costumbres ayudar con algo cuando comía en un lugar ajeno. Para él constituía un pago por la comida dejando así, saldadas las cuentas con la persona que amablemente le había ofrecido la misma. Aunque eso, muchas de las veces no era un intercambio equivalente, justo como ahora.

Posó su mano en la silla que le tocaba y justo cuando iba a correrla, el pelinegro se dignó a girarse y mirarlo al rostro. Estaba tranquilo y por un momento se quedó pensando mientras lo observaba. Desvió su mirada por un momento del rubio y la dirigió entonces a la ventana donde minutos antes había estado de pie contemplando las calles casi vacías frente al edificio en que vivía. Su taza ya fría y seca de café llamó su atención y supó entonces que podía hacer el fullmetal.

— Puedes ocuparte del café si gustas —

La cafetera ya estaba preparada, solo bastaba presionar un botón y en pocos minutos una jarra de café recién hecho estaría lista. Una tarea simple y fácil que podía realizar aquel rubio sin problema alguno.

— Esta bien — El rubio sonrió satisfecho y de inmediato se dirigió a la cocina, no muy alejada del comedor y solo oculta tras una pared falsa que la separaba del mismo.

Roy escuchó entonces los ruidos en su cocina, las cajoneras que eran abiertas buscando tazas, cucharas y demás. Solo le faltaba prender la cafetera y en aquella ruidosa búsqueda pudo escuchar aunque muy tenuemente, el tarareo alegre de una canción que apenas y abandonaba los labios de Edward.

Lo dejo hacer, mientras terminaba de darle los últimos toques a la mesa y se servía una copa generosa de vino tinto en una de las finas copas de cristal cortado. Apenas e iba a darle un pequeño sorbito a la misma cuando un fuerte sonido de algo salpicando, llenó el silencio de las habitaciones, acompañado de una maldición y varios quejiditos de dolor.

— ¿Ed? —

Fue poco lo que tardó Roy en llegar hasta la cocina, para encontrarse la cafetera hecha un desastre, con el café tirado en la cocineta, suelo y sobre el rubio, que apenas y sujetaba una taza en su mano de metal, mientras la humana levantada casi sobre su hombro, era agitada mientras e quejaba en silencio y tenia el rostro comprimido en un claro gesto de dolor.

— ¿Te has lastimado? — le preguntó suavemente y notó como el rubio daba un saltito de impresión, tal vez creyendo que no se había escuchado todo el alboroto que había provocado y mas aún, sin pensar que el pelinegro iría hasta ahí para ver lo que sucedía.

— Es solo un poco de café en la ropa, nada más — le aseguró dejando la taza que intentaba llenar de café, sobre la cocineta blanca.

Buscó con sus ojos dorados una friega para limpiar lo que había hecho, pero Roy se le adelantó y tomo una toalla mientras empezaba a limpiar el desastre. Aun así el rubio tomo la tela roja que había visto y se arrodillo frente al pelinegro ayudándole a limpiar el suelo.

— Te quemaste los dedos — afirmó Roy cuando desvío la mirada de lo que hacia y observó la mano humana del rubio. La piel tostada que se había coloreado de rosada y ahora pasaba a rojiza, afortunadamente solo se había quemado muy tenuemente y no era nada de consideración.

El rubio había soltado el trapo y había escondido por reflejo su mano tras la mecánica ocultándola de la vista del pelinegro.

— Un poquito no es nada — susurró sin mirar al pelinegro y se echó para atrás inconcientemente cuando la mano del mismo quiso llegar a él.

— En serio que estoy bien — le aseguró levantando la vista contemplando la mirada incrédula del coronel sobre su persona.

Vio que hizo el intento de acercarse y se levantó de golpe del suelo. No estaba acostumbrado a que el pelinegro se preocupara por él, al menos no tan directamente como ahora lo hacia. Tuvo que contener la respiración cuando Roy se levantó también y lo acorraló contra la cocineta impidiéndole alejarse por donde fuera.

Fue delicado ya hasta cierto punto tierna, la forma en que el coronel le había sujetado de su mano arrancándola de la de metal y sus ojos la habían recorrido con suavidad examinándola con detenimiento. Edward había dejado salir el aire en un gemido doloroso cuando sintió el fino toque del pelinegro sobre sus dedos, pero el mismo fue cambiado por un suspiro de alivio cuando la fresca saliva le humedeció los dedos.

Y no pudo evitar sonrojarse con fuerza cuando noto la húmeda lengua de Mustang lamiendo con lentitud sus dedos y sin poder evitarlo tampoco, soltó un gemido lleno de placer cuando los labios terminaron besando su piel finalizando aquel trato.

Roy lo miró entonces y el rubio no pudo más que entrecerrar los ojos sintiendo las mejillas excesivamente calientes, mientras respiraba de forma entrecortada y casi gruñó de disgusto cuando el pelinegro separó sus labios de la piel que atendía regresándole la mano a su dueño.

— Así estará mejor — musitó tranquilo Roy y levantó una de sus manos llevándola hasta la mejilla del rubio.

El color carmín, casi cereza en rostro le hizo sacar una sonrisa al pelinegro y estuvo tentado a besarle mas se contuvo. Delineó suavemente la mejilla antes de apartarse, pero ni siquiera había podido terminar de alejar la piel de sus dedos cuando aquella mano lastimada se poso sobre la suya impidiéndole moverse.

Edward se había acercado hasta él y había presionado su cuerpo contra el suyo mientras le observaba con los ojos entrecerrados y soñadores. Sintió que dejaba de sujetarle de la mano para luego echar ambos brazos tras su cuello obligándolo a encorvarse hasta donde él estaba y cerrando los ojos comenzó a besarle tenuemente en los labios.

Roy lo sujetó entonces de la cintura, colocando apenas sus manos sobre la misma mientras correspondía con suavidad el rose de los labios del rubio. La tímida lengua de Edward había salido y le delineaba los labios y casi gimió cuando la de Roy salio a su encuentro. El que había empezado como un inocente beso, aumento de intensidad hasta hacerse desesperado y demandante. Aunque en esta ocasión era disfrutado por ambos.

Incapaces de continuar quietas las manos del pelinegro se movieron, deslizándose hacia el redondo trasero del rubio y cuando sus dedos se deslizaron por la suave curva bajo la camisa, Roy no pudo más que morderse los labios soltando un gemido complacido al notar la suavidad única de su piel desnuda.

— No llevas nada más que mi camisa — siseó con la voz ronca nublada por el deseo y no pudo acallar un gemido de sorpresa entremezclado con placer cuando el rubio terminó echándose contra él haciéndolo sentirlo por completo.

— Si — susurró Ed quedamente mientras sus ojos inyectados de inocencia contemplaban al pelinegro y con lentitud comenzó a desabotonar tres de los cinco escasos botones que tenia la camisa — ¿La quieres devuelta? —

Roy tragó saliva y mareado en excitación atrapó los labios del rubio. Había pensado jugar un poco con el rubio, provocándole, pero jamás había pensado que Edward empezaría a jugar a seducirlo de aquella manera y maldita sea, lo había logrado. Los brazos del rubio se habían enroscado tras su cuello y respondía con la misma necesidad a los labios de Mustang.

Gimió con fuerza rompiendo el contacto con sus bocas, cuando Roy le tomo de las nalgas y lo sentó en la fría loza de la cocineta, mas no pudo reclamarle por ello, la húmeda lengua del pelinegro se encargaba ahora de lamer provocativamente su cuello y bajaba hasta la clavícula donde mordió sin sutileza alguna la suave piel.

Sus piernas se enroscaron entonces a las caderas del pelinegro volviéndolo a acercar a él, mientras le tomaba de los cabellos, siendo ahora él quien le tomara los labios en un beso urgido. La batalla entre sus bocas era deliciosamente adictiva y aún y cuando la falta de aire comenzaba a hacerse latente, no dejaron de besarse hasta que el mismo se les hubiese terminado por completo.

Con las mejillas enrojecidas y abriendo la boca intentando llenar de aire los pulmones, fue nuevamente Edward quien rompió el beso y un pequeño hilito de saliva brillante trajó de nuevo al pelinegro hasta sus labios que lamió con suavidad recorriéndolos. La camisa ya estaba completamente abierta, pero no había sido separada de su cuerpo.

Los dedos largos del coronel le recorrían, excesivamente despacio, como si disfrutara de bocado a bocado, cada línea de su cuerpo. Casi al instante las piernas del rubio se abrieron para él, sus dedos habían bajado ya hasta las finas caderas y sabia que de ahí se deslizarían hasta sus muslos donde jugarían con la sensible piel de los mismos.

— Me volverás loco — susurró el coronel contra el oído del rubio escuchándolo suspirar. Aquello le regocijó y mordiendo la suave piel del lóbulo empezó a deslizar sus dedos.

Más Roy se detuvo inesperadamente.

Él no quería tener simple sexo casual, aunque sabía mas que bien que se trataba solo de ello. Pero se había prometido no pensar en nada de aquello desde hacia algunos momentos atrás. Aunque fuese una mentira que después le lastimaría, deseaba pasar las ultimas horas de aquel día viviendo con Edward el efímero amor que por él sentía, dándole al rubio un poco de lo que todo aquello que había soñado si una relación amorosamente normal entre ambos se hubiese dado.

Así que…

¡Nada de sexo en aquella parte de la cocina!

Le haría el amor sobre la cama, igual o infinitamente mejor a como se lo había hecho la primera vez en que se habían acostado. Por una vez mas le demostraría lo enamorado que le tenía y descansaría entre sus brazos soñando con un mañana juntos que simplemente, jamás llegaría.

Sacudiendo aquellos pensamientos de su cabeza, tomo a Edward entre sus brazos y se estremeció por completo cuando el rubio se abrazo a él con excesiva suavidad mientras escondía su rostro en el nacimiento de su cuello. Mientras avanzaba por el corredor, sintió claramente como el rubio le besaba con suavidad la piel que tocaban sus labios y aunque una de sus manos se aferraba a su cuello, la otra no hizo más que recorrer lentamente sus hombros, hasta llevarlos a sus cortos cabellos oscuros donde los enrosco levemente.

Edward suspiro abrazándose más a Mustang. Exactamente no sabía porque ahora necesitaba su cercanía, la cual era más importante que el satisfacer su excitación interrumpida. Pero él estar ahí entre sus brazos le era mas que suficiente. Se apretó mas contra él sintiendo su calor y deseo quedarse entre sus brazos indefinidamente.

Más tuvo que separarse a regañadientes de él cuando lo deposito con sutileza sobre la cama. La frescura de las mantas traspasó la camisa que aún llevaba puesta y lamió su pierna desnuda. Más no tuvo mucho tiempo de pensar en aquella sensación cuando la calida presencia del coronel se subió a la cama junto a él.

Cuando los ojos de Roy le observaron, no pudo más que estremecerse. Aquella mirada azul oscuro brillaba añorante, calida e incluso pudo ver mas allá de lo que Mustang se propina. Aunque recordaba ese brillo lleno de adoración que le llenaba las pupilas. Solo una vez había visto aquello en los ojos de Roy, una sola vez que no volvió a repetirse hasta aquel momento.

Al momento en que los labios del pelinegro se posaron con suavidad sobre su piel besándola, pudo sentir una oleada de calor que invadió por completo su cuerpo, misma que le hizo suspirar entrecortadamente y se sintió más sensible que nunca cuando sus dedos comenzaron a recorrerle la piel. Cada caricia estaba hecha para ser realmente sentida, que incluso podía traspasarle hasta los mismos huesos por cada centímetro que recorría.

Edward gimió cuando sus piernas fueron separadas y tembló con fuerza al sentir los besos del pelinegro sobre su cuerpo, exactamente en cada una de sus cicatrices que recorrió con esmero, como si adorara cada golpe que le hubiese dado la vida a su joven cuerpo y al mismo tiempo se lamentara por no haber estado ahí para evitarlo.

Las palabras calmadas del coronel empezaron a escucharse calmadas y dulces contra su oído. No había frases cortantes ni insultantes, Roy simplemente le decía una y otra vez lo hermoso que era, lo dulce que sabia su piel e incluso que tan adorable se veía ahora con el fuerte sonrojo que le coloreaba las mejillas en aquellos momentos.

Sus manos se aferraron a las costillas del pelinegro asiéndose a él cuando le sintió entrar con suavidad en su interior. Ni siquiera había sentido a Roy preparándole para recibirlo y en medio de un beso largo y pausado, lo había sentido como nunca antes completamente adentro duro y caliente.

Las envestidas fueron suaves, constantes, haciéndole sentirlo y al mismo tiempo preocupándose más por darle solo placer al rubio . Pero Ed podía sentir, el complacerlo a él era más estimulante para Mustang, pues aumentaba su excitación e incluso las descargas eléctricas que le repartía por todo el cuerpo, lograban hacerlo contraerse para Roy apresándolo dulcemente en su interior mientras este le penetraba.

El rubio volvió a aferrarse al cuello del mayor, cuando terminó sentándolo sobre él. La penetración fue mas profunda y las manos sobre sus caderas le ayudaron a moverse con facilidad. Pero más allá del placer que los movimientos de Roy en su interior le provocaban, adoraba mas el sentir los calidos sentimientos que solo una vez le habia brindado. Ahora le estaba mostrando con cada roce cuanto le amaba, que lo quería. Edward cerró los ojos y volvió a esconder su rostro en el cuello de Mustang.

¡La primera vez que lo había hecho con Roy, él le había hecho el amor!

Las anteriores tan solo se habían tratado de sexo casual y ahora…

Y ahora ¡Roy le estaba haciendo el amor de nuevo!

Lo sentía, era diferente, más sincero tan profundo que cada vez más y poco a poco sentía latir su corazón llenándose de una desesperación que le embragaba. Porque ahora se daba cuenta, del enorme error que había cometido. Los sentimientos de Mustang habían sido sinceros desde el principio y él los había ignorado por completo desde el principio centrándose únicamente en el provecho que tendría el utilizarlo y que lo utilizara a su antojo.

Roy se había negado porque lo amaba y él lo había obligado a ignorar sus sentimientos y a pensar primitivamente solo para saciar sus deseos. Había aceptado tomar los riesgos que fueran para devolverle a Al lo que había perdido y ahora se daba cuenta que le había hecho pagar a Roy un precio demasiado elevado por tenerlo consigo.

Ahora entendía su odio, su frustración y su enojo. Roy lo había amado y él…

— ¿Te estoy lastimando? — escuchó que el pelinegro le preguntaba intentando apartarlo de él y entonces el rubio lo notó. Había empezado a derramar sus lágrimas contra la piel desnuda del militar.

— ¡No! — casi lo gritó Edward, aferrándose mas al coronel evitando que lo mirara, sabia que sus lagrimas continuaban bajando y que por el momento no se detendrían.

— Ed —

— Estoy bien— le aseguró y comenzó de nuevo a moverse sobre el pelinegro apresándolo candorosamente en su interior, mientras su abrazo se volvía mas apretado.

Roy no lo estaba lastimando, era él quien lastimaba a Mustang con cada una de sus acciones. Roy le amaba y no se había dado cuenta de ello, así como tampoco se había dado cuenta de algo importante, pues justo en ese momento la revelación caía ante sus ojos humedecidos, él también lo amaba..

Mucho más de lo que creía.

Pero Roy ya no estaba dispuesto a amarlo y sabia que el decírselo no seria bien recibido por el coronel, aun y cuando este se lo transmitiera en cada caricia o mirada que le profería. Si para él estaba bien no decirlo más que de aquella manera, a regañadientes Edward tendría que aceptarlo.

Alejando su rostro del cuello donde estaba escondido, Edward se atrevió a mirar por un interminable segundo al coronel. Vio su pregunta silenciosa por las pequeñas lágrimas que aun caían por sus mejillas, mas no rechazó al rubio cuando sus labios estuvieron sobre los suyos.

No lo diría con palabras, pero de una u otra forma lo haría. Lo amaba y aunque fuese con un simple beso. Se lo susurraría también.

Te amo Coronel

Roy abrió levemente los ojos en medio del beso delicado que acero le brindaba. Por un momento incluso había creído escucharlo hablar, pero era mas que imposible, teniendo sus labios ocupados en aquella suave pero demandante caricia. Mentiría si dijera que no se había emocionado con ello, pero sabía que sus locas fantasías jamás se harían realidad con ese rubio.

De eso en aquellos momentos era de lo único que estaba seguro.

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Roy se había negado a abrir los ojos, la calidez que le rodeaba era sencillamente acogedora y estaba disfrutando increíblemente de aquellos dedos que con ternura le acicalaban la cabeza una y otra vez. Apretando un poco más el agarre de sus brazos se echo más contra el pequeño cuerpo sobre el que estaba.

Oyó quejarse al rubio y sonrío sobre la calida piel de su pecho donde descansaba. Mas las atenciones a su cabello no pararon, al contrario ahora el pequeño rubio estaba regalándole pequeños besos sobre su cabeza con excesiva suavidad. Pensando tal vez que no se había despertado aun.

Cuando otro beso iba a ser depositado en su cabeza, levanto el rostro y fueron sus labios los que capturaron a los del rubio. Ed se había sorprendido, pero no se había negado a corresponder el beso y el mismo había sido terminado demasiado rápido para el agrado del rubio.

Mas sin embargo no pudo quejarse en lo absoluto, ahora era Roy el que lo sujetaba entre sus brazos. Acunándolo con cuidado en su pecho. Las sabanas habían sido alzadas hasta cubrir sus cuerpos que, continuaban desnudos.

Sobre el pecho de Roy y abrazado a su cintura, el tiempo pasaba relativamente lento, cada vez un poco mas, mientras los largos dedos del militar jugueteaban con sus cabellos sueltos. Sonrío apretando más su mejilla contra el níveo pecho del hombre. Nunca se hubiese llegado a imaginar una situación como aquella. La calma y la tranquilidad de ambos, se mezclaba perfectamente en una armonía perfecta, que combinaba exactamente cada momento vivido entre ambos, sin importar que tan gris u oscuro habia sido.

Y aunque en aquellos momentos hubiese algo de dolor, los minutos como aquellos en relativa calma, lo valían.

En algún momento su mano de acero y la del coronel se habían unido, entrelazando sus dedos suavemente y aunque no podía sentir nada con aquella extremidad ortopédica, cierto era que la calidez de aquellos dedos comenzaba a caldear el acero y lo sentía con claridad en los nervios unidos a las extensiones eléctricas que lo componían.

Sus miradas se habían encontrado por breves momentos y fue la mano de Mustang la que había terminado recorriendo con sus yemas, la calida piel de su rostro y fue ahora Ed quien lo había besado, como un contacto tímido a la vez juguetón que fue cambiando al gusto del pelinegro. Le había dejado sin aliento cuando sus dedos habían comenzado una vez mas a perderse sobre su piel, demostrándole la adoración que por su cuerpo sentía.

Y el contacto sensual y perfecto termino con una suave lamida tras la oreja del rubio que le robó más de un suspiro. Las mejillas del rubio se colorearon de rojo mientras el pelinegro volvía a besarle los pómulos coloreados y entonces la revelación volvía. Él amaba a Roy, amaba demasiado a ese hombre. Aunque jamás podría ser suyo, aun y cuando lo deseara y necesitara quedarse con él.

Volvió a recostarse en el pecho del pelinegro y escondió su cara en la mano que había puesto sobre el pecho del pelinegro. Sentía las mejillas calientes y los ojos muy húmedos. Silenciosamente ahogo un gemido. Si no podía estar con Roy entonces… no quería estar con nadie.

— Alphonse puede verse contigo en la estación ¿No? — le dijo Roy después de un rato, acariciando nuevamente los cabellos tras su espalda.

— Si — respondió casi turbadamente Ed aun entre el abrazo que Mustang le profería.

— Bien, entonces esta dicho — susurró quedamente el pelinegro — Yo te llevaré —

No había necesidad de que lo hiciera, ni obligación alguna. Pero al parecer Mustang en verdad deseaba hacerlo por su propio deseo. Edward no pudo evitar asentir suavemente contra su pecho mientras sonreía. Le gustaba esa amabilidad repentina que el pelinegro le brindaba.

— ¿Quieres desayunar? — oyó como el pelinegro le preguntaba levantándolo junto con él hasta quedar ambos sentados en la cama y con las sabanas deshechas.

— ¿Y esta vez lo lograremos? — le devolvió la pregunta el rubio mirándolo increíblemente dudoso.

Bueno, Roy no podía decir nada mas, después de todo la noche anterior ni siquiera habían podido cenar apropiadamente. Roy tan solo se limito a sonreír de lado, arrancándole una sonrisa igual de picara al rubio que a un lado de el estaba.

— ¡Al menos lo podemos intentar! —

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El insistente barullo de las personas alrededor, hacia que se escuchara poco o casi nada un orden coherente de palabras a su alrededor. Las conversaciones se mezclaban e incluso algunos gritaban a otros para hacerse escuchados. Estaba acostumbrado, desde los doce, había empezado sus viajes en trenes y los andenes atestados de gente se le habían hecho incluso hasta familiares en sus continuos viajes en locomotora.

Era por eso que, aunque el ruido a su alrededor fuese incesante, podía escuchar las pisadas suaves y calmadas del militar que tras de él caminaba tranquilamente. En el anden 9 se encontraba Alphonse, esperándolo ya seguramente desde mas de quince minutos antes.

No había sido fácil convencerlo de verse ahí, pero en cuanto el coronel básicamente le había arrancado el teléfono de la mano, después de soportar por más de veinte minutos las famosas tácticas de convencimiento extra rápidas del rubio que fueron en vano y tan poco fructíferas e inútiles eran a comparación de unas cuantas palabras dadas por el coronel a la armadura.

Y ahora solo bastaba atravesar los estrechos pasillos faltantes para llegar con él.

Sus ojos dorados brillantes lo reconocieron de inmediato. La alta figura de hierro a unos metros de él dándole la espalda era básicamente inconfundible. Una sonrisa se dibujo en sus labios mas de inmediato se borro al recordarlo, el llegar hasta Al, supondría entonces un viaje largo e intenso que duraría cuando poco dos meses o incluso muchos mas. Estaría lejos de Ciudad Central.

Lejos del coronel.

Contuvo la respiración al darse cuenta de aquello y soltó un suspiro casi ahogado cuando los pasos del pelinegro se detuvieron detrás de él. La colonia de madera y tierra seca le lleno los sentidos embriagándolo casi hasta marearle. Extrañaría aquello, en verdad que lo extrañaría.

Pero ¡Él mismo lo había así decidido! Ya no había vuelta atrás.

— Bueno, es hora de irme coronel — siseó el rubio, deteniéndose de pronto unos pasos atrás del militar que iba delante de él.

Roy asintió a las palabras del chico y por un momento parpadeo al notar el brillo dolido de los ojos dorados sobre él. Por un momento le dio la impresión de que Edward en realidad no deseaba marcharse y dejaba ver su deseo por mandar a la mierda aquel viaje y leve, pero muy levemente una suplica callada donde le pedía que le exigiera quedarse.

El militar se negó mentalmente. Aquello sin ninguna duda tan solo eran imaginaciones suyas sacadas de los deseos ocultos de su subconsciente. Edward estaba más que deseoso por largarse de una buena vez. Después de todo había cumplido con su parte del trato e incluso no había ninguna de sus atenciones, aun y cuando no tenia porque corresponder de forma alguna al derroche de emociones frágiles y cursis que le había demostrado desde la noche anterior y hasta algunas horas atrás.

Y ciertamente esta seria la ultima de sus locuras, el último de sus deseos.

Avanzó hasta el pequeño rubio y sin que este se lo esperara lo sujetó de una de sus manos. No fue ningún problema llevarlo casi arrastrando por el piso de ladrillo de la estación y terminó junto a él en un pequeño callejón alejado de las miradas curiosas. Aunque la única mirada curiosa que ahora sentía sobre él era la de aquellos ojos dorados que le observaban anonadados por lo que hacia.

Apresó el cuerpo del rubio, contra el suyo y la pared y se regocijo al notar el suave sonrojo que había vuelto a sacarle a acero y que ahora coloreaba tenuemente sus mejillas. Le robo un beso suave que tomo desprevenido al mayor de los Elrics, pero que el mismo poco después se torno agresivo y urgente por el propio rubio que se había atrevido a enroscar nuevamente sus manos en el cuello de Mustang.

La falta de aire fue la que los separo esta vez a ambos y la acción de Edward sorprendió al pelinegro, cuando levantando una de sus manos la coloco sobre la mejilla tostada que busco mayor contacto contra la palma de su mano frotándose contra la misma. Necesitando aquel dulce contacto.

— Ed — susurró el militar notando como los ojos del rubio le miraban brillantes al escucharle llamarle de aquella forma y lo vio abrir los labios finos de donde musito pausado.

— Roy —

Esta vez fue el tuno de Roy de sonrojarse, ganándose una sonrisa tierna por parte de Edward, más de inmediato se compuso. Alejándose lentamente de él, Roy le dio el suficiente espacio para componerse y cuando lo estuvo solo sonrío.

— Cuídate y regresa pronto — murmuro Roy con suavidad llevando una de sus manos a la cabeza del chico donde sacudió sus cabellos rubios cariñosamente.

— Entendido — soltó el chico, regalándole una enorme sonrisa mientras le brindaba un último saludo militar.

Giró sus talones y empezó a correr hacia donde estaba su hermano. Roy lo observo alejarse, perdiéndose entre las personas y pudo notar como la armadura que correspondía al cuerpo físico de Alphonse se giraba al escucharle a Edward llamarle.

Roy dio la vuelta entonces, dejando de mirarlos. No tenía mas tiempo que estar perdiendo ahí, después de todo aun tenia demasiado trabajo pendiente esperándole en su oficina del cuartel central.

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— Hermano ¿Avanzaron mucho en las investigaciones? — le preguntó Alphonse una vez que estuvieron sentados a dentro en los vagones.

Bueno, sentado él porque a lo que Edward se refería, estaba más que echado en los asientos frente a su hermano. Lo miró un momento y se quedo pensando llevando su mano de carne y hueso a su rostro, exactamente a sus labios. Los mismos que aun cosquillaban y estaban hinchados y húmedos por el último beso en que Roy y él se habían entregado.

¿Avances en las investigaciones?

En las investigaciones no, pero si los habían habido en otros ámbitos. Alejando sus dedos de los labios giro una vez más sus ojos a su hermano y le sonrío complacido.

— Si que los hubo Aru y tal vez cuando regrese — siseo mas que contento — Haya muchos mas —

TBC

N de Yuka: Hacia milenios que no actualizaba este fic, aqui un adelanto xD espero les haya gustado =)