AVISOS IMPORTANTES

Aviso1: Capítulo con más de 40 páginas

Aviso2: Capítulo doble

Aviso3: LEMON e intento de violación

Aviso4: Pañuelo a mano para las personas que sean muy sensibles


La última esposa

Voy a resucitar a Kohaku…

Voy a resucitar a Kohaku…

Voy a resucitar a Kohaku…

¡Resucitar a Kohaku!

La cabeza de Rin no paraba de dar vueltas, mientras repetía una y otra vez aquellas benditas palabras.

Resucitar a Kohaku…

¡¿Hablaba en serio?!

-¡¿Vas a resucitar a Kohaku?! –fue la voz de Sango la primera en escucharse con el tono de sorpresa-. ¡¿Lo dices en serio, Sesshomaru?!

El youkai la fulminó con la mirada.

¿Qué razón tenía él para gastar una broma tan pesada? Para empezar, él no era de esos y que aquella exterminadora lo pensara, resultaba una ofensa muy grande.

-Pero -comenzó hablar Rin, logrando que Sesshomaru le prestara toda la atención posible. Más que nada, porque en su tono, no había la emoción esperada, sino todo lo contrario-, eso es imposible –y que Rin pensara lo mismo, le dolía más-. Han pasado muchos años –bajando la vista deprimida- e Irasue-sama dijo en una ocasión que la vida de Kohaku no puede ser salvada.

-¿Kohaku? –repitió Irasue el nombre de aquel exterminador, como si le sonara a chino. Solo hasta que al asociar las palabras dichas por la joven, lo recordó. Con su sonrisita característica dijo- ¡Aah! Aquel muchacho humano que ya estaba muerto.

La falta de consideración por parte Irasue, hizo que algunos la miraran de manera al descubrir a quién había salido Sesshomaru realmente.

-Sesshomaru, ¿es que quieres resucitar a ese muchacho? –dirigiéndose ahora a su hijo-. ¿Para eso me has invitado a tu palacio, después de años sin hablarnos?

Viendo la personalidad de Irasue tan idéntica o peor que la de Sesshomaru, el grupo de Inuyasha podría imaginar las razones del Lord para no dirigirle la palabra.

-Tan confiado como siempre, que no doy entendido porque no has pensado en "¿cómo piensas hacerlo?". Esa jovencita que has mantenido –señalando a Rin- lo ha dicho: Han pasado muchos años y el joven ya estaba muerto cuando lo vi por primera vez.

A cada palabra que Irasue pronunciaba, las esperanzas de Sango y hasta las de Rin, que ingenuamente había comenzado a creer que Kohaku podría volver, se desvanecían completamente. Si la madre de Sesshomaru había conseguido lo imposible con ella, cuando Tenseiga no había podido resucitarla, debido a la norma de resucitar a una persona una sola vez, ¿por qué no se podía aplicar ese imposible a la resurrección de Kohaku?

-…

El silencio prolongado de su Señor, confirmaba más el hecho de que la resurrección de Kohaku solo había servido de castigo para ella. Ilusionarla para darle una patada en el estómago por la imposibilidad absoluta del asunto. El castigo perfecto por parte de un demonio como Sesshomaru.

-Se aplica lo mismo a la sacerdotisa y a las anteriores mujeres que Rin ha resucitado –habló Sesshomaru-. Ellas fueron mujeres que murieron hace años y Rin logró devolverlas a la vida.

Y las esperanzas volvieron a nacer en los cuerpos de la hermana y la amante del muerto, mientras que Irasue entrecerraba los ojos.

-Nunca lo habría considerado como posibilidad, de no ser por Rin.

Entonces, ¿la idea de resucitar a Kohaku venía de Rin? Pero, ¿por qué ahora? Se preguntaban algunos. Desde que Rin había resucitado a Kagura, había pasado mucho tiempo. Y lo más importante, ¿qué pintaba la madre de Sesshomaru en el proceso?

-Puede ser. Pero ese muchacho es distinto y lo sabes, Sesshomaru. Su alma estaba ligada a un fragmento de la Shikon no Tama. Y ahora ese fragmento forma parte de la perla completa. ¿Es que acaso pretendes romperla en pedazos para que la historia se repita?

Y por tercera vez, la desilusión acudió a Sango y a Rin. Aunque estuvieran ansiosas por revivir a Kohaku, no podían sacrificar el bien de la humanidad por alguien querido. Después de lo de Naraku, no querían que los seres que tanto apreciaban, volvieran a sufrir y pasarlo mal.

-Todas las almas, sin excepción, reposan en el Inframundo. Tú que tienes la Meidou Seki, no te supone ningún problema sacarlo de ahí, como has hecho con Rin.

¡Aah!

¿Así que para eso la necesitaba? Aunque más correcto era decir, solo la quería por la Meidou Seki.

Irasue miró de reojo al grupo de Inuyasha. Aunque la gran mayoría la observaban sin entender nada, debido a la ignorancia sobre la Meidou Seki, había una mujer que destacaba y la miraba con ruego y esperanza. Estaba claro que aquella mujer tenía un lazo muy especial con el muerto. La misma que la humana a cargo de Sesshomaru, y que por un instante, el mismo instante en que había visto a Sesshomaru mostrar cariño después de que Rin resucitara por segunda vez, había creído que su hijo sentía un afecto muy especial por aquella humana. Pero, inmediatamente lo había descartado por lo absurdo que sonaba. Sesshomaru, su hijo, era un demonio con cientos de años que le resultaba inimaginable que pudiera interesarse por una chiquilla de siete años sin ningún atractivo, como había ocurrido entre Inutaisho y la hermosa princesa humana Izayoi.

Y viendo el panorama actual, solo le quedaba pensar que su hijo había ejercido una especie de figura paternal sobre aquella joven humana. Eso explicaría la tristeza años atrás y su insistencia de ayudar a esa humana que había criado.

Una sonrisa surcó de sus labios y con toda la naturalidad contestó.

-¿Y si no me da la gana de hacerlo? -si su hijo solo la había llamado por la Meidou Seki, es que desconocía que su falta de atención podría ofenderla y mucho.

-…

Sesshomaru quedó inexpresivo. Desde luego no contaba con esa reacción por parte de su madre. Había esperado que accediera solo por la simple razón de joderle. Desde aquella ocasión donde Rin había resucitado por segunda vez gracias a la Meidou Seki, supuso que dado sus actos expresivos hacia Rin, su madre había descubierto que profesaba unos sentimientos más que afectivos por aquella pequeña humana convertida en casi una mujercita. Por lo que no le extrañaría que le resucitara solo para fastidiarle. Sin embargo, su respuesta cargante le sorprendía. Era como si tomase su venganza sobre algo, sin saber que su negativa podría beneficiarle, porque si él quisiera…

-¡POR FAVOR! –rogó Rin ante la sorpresa de todos, siendo Sesshomaru y hasta la propia Irasue los más impactantes. Jamás se imaginarían que aquella joven agachara la cabeza sumisa, implorando con lágrimas y desesperación- ¡RESUCITE A KOHAKU, POR FAVOR! ¡SI LO HACE, LE JURO QUE ESTARÉ HASTA LA MUERTE A SU SERVICIO! ¡DARÉ MI VIDA SI HACE FALTA! ¡O SI PREFIERE QUE SIGA CON SESSHOMARU-SAMA, LO HARÉ! ¡PERO POR FAVOR, RESUCITE A KOHAKU! ¡SU HERMANA YA LO HA PASADO MUY MAL! ¡Y… yo… también…!

Sesshomaru cerró los ojos, siendo él el primero en afirmar la veracidad existente en esas palabras. Pero una cosa era escucharlo mientras ella dormía, a escucharlo con aquel tono de desesperación y de amargura.

-Rin… -murmuró Sango conmovida.

Irasue observó a la joven humana inexpresiva. Aquella jovencita amaba tanto a aquel joven, que no le importaba dar su vida como pago. Sus orbes doradas se enfocaron en Sesshomaru y la aturdió verlo desconsolado.

¿Sería porque él no podía darle la felicidad deseada a su "hija"?

Desconociendo todo y creyendo firmemente que por Rin solo sentía un aprecio paterno, Irasue suspiró con fuerza. Aunque se encontraba molesta porque su tosco hijo solo la necesitaba para su conveniencia, seguía siendo su hijo querido. Y como a cualquier madre, le disgustaba ver a su hijo triste.

-Que se haga entonces.

Y su respuesta fue respondida con júbilo para todos los humanos y para el hanyou que ahí estaban. En medio de aquel júbilo, Irasue no se percató de cómo la tristeza de Sesshomaru se hacía más patente, así como no ver cómo el resto de demonios le sonreían débilmente a la humana que había estado con ellos durante tantos años.

.

Hasta que Kohaku no había abierto los ojos, el grupo de Inuyasha más Rin se habían quedado expectantes y cargando una pequeña parte negativa, donde no creían posible que su resurrección fuese cierta. La emoción de algo tan esperado, hacía que una parte oscura estuviese también a flote. Pero fue ver aquellos ojos oscuros como la noche parpadeando varias veces, para acostumbrarse a la luz del sol, que ante la extrañeza del joven, donde la magia había hecho que creciera hasta estar en su edad natural, que observaba a todos sin comprender nada de nada. Había sido el fuerte y efusivo abrazo de Rin, quién consiguió que olvidara el misterio y centrarse en el estado de aquella joven, que lloraba de alegría por volver a verlo.

Esa alegría unidas a la emoción, lo manifestaban también Sango, su marido Miroku, Kagome e incluso Inuyasha, quién solo sonreía feliz por su amiga. Tenía que reconocer que por una vez, su hermano mayor había hecho una buena acción, donde no solo la joven humana, sino que hasta Sango y el resto, él incluido, le estarían eternamente agradecido. Aunque claro, su agradecimiento no sería tan expresivo como el de sus amigos. Aún tenían su pequeña rivalidad y por puro orgullo, debían mantenerla hasta el final. Por lo que levantó la cabeza para verle y asentir con la cabeza con una sonrisa, pero…

Las orbes doradas de Inuyasha se abrieron por completo mostrando su sorpresa por lo que estaba viendo en su hermano.

.

A una cierta distancia, Irasue y Sesshomaru observaban aquello. La youkai simplemente asomaba una sonrisa de burla por la escena tan dramática que tenía delante y muy propia de los humanos.

-Bueno, Sesshomaru, ahora que he cumplido con tu petición, espero que me lo tengas en cuenta y me invites de vez en cuando a tu castillo.

-…

Irasue solo suspiró. Su hijo seguía siendo tan arisco que en ocasiones le recordaba a Inutaisho en sus años de juventud.

-… -Irasue arrugó los ojos de repente.

Aquel silencio era completamente extraño. Si había resucitado a aquel muchacho para contentar a la "hija" de Sesshomaru, al menos debería darle una respuesta con desprecio. Mirándole de reojo, su expresión solo pudo ser cómo la de su hijastro y murmurar de manera incomprensible:

-¡¿Sesshomaru?!

Ahí estaba el inuyoukai, parado, observando con fijeza a los humanos, concretamente a Rin llorando de emoción, aliviada y sonriendo risueña. Aquella sonrisa de antaño que tanto le gustaba y que solo le dedicaba al joven que había resucitado.

Él también las había monopolizado… pero antes de permitir que Kohaku entrara a su grupo. Incluso, en algunos momentos, había llegado a creer que durante los años en que el humano había estado muerto, había recuperado aquella sonrisa inocente. Pero ahora, viéndola, solo podía pensar que ya nunca más volvería a monopolizarla. Ya nunca sería solo suya. Ya nunca más… … …la volvería a tener en su castillo, escuchándola reír, cantar, oler su aroma…

Por primera vez en su vida, el corazón del youkai estaba tan roto, que no podía controlar su expresión, permitiendo que los demás pudieran verle abatido, derrotado y con la esperanza perdida.

-¿Sesshomaru? ¿Qué te pasa?

Escuchó la voz de su madre intrigada, mientras se acercaba a él. Sin duda, verle así, era algo tan inédito como extraño.

Sin ánimos de hablar con ella, se dio la media vuelta, escapando sus preguntas y de su reproche por haberse enamorado locamente de una humana que no le correspondía, pero sobre todo, se marchaba para no seguir viendo aquella escena donde todo lo que echaba de menos habían regresado por Kohaku.

Que Sesshomaru se marchara, sorprendía enormemente a Irasue. Lo había visto triste años atrás, pero dada su actitud, no lo había mostrado tan abiertamente, y sin embargo, ahora había sido todo lo contrario, dando la perfecta imagen de un cachorrillo abandonado y desanimado.

Como youkai se sentía desilusionada, pero como madre se sentía preocupada. Observó al pequeño sapo y al resto de sirvientes de su hijo, donde compartían el mismo sentimiento que su Señor, mientras miraban a Rin.

¿Por qué?

Y sin desear ser ignorante del tema, cautelosa se fue acercando al pequeño sapo.

-Pequeño youkai –Jaken le prestó atención. La depresión le hizo olvidar cuánto le fastidiaba que le llamara por ese mote-, la resurrección de ese muchacho no parecer alegrar a los youkais de aquí, y mucho menos a Sesshomaru, ¿sabes el por qué?

Jaken bajó la cabeza, la miró por unos segundos y después asintió lentamente. Claro que sabía la razón y además, al igual que sus colegas youkais, imaginaban las consecuencias que traería la resurrección de Kohaku.

.

Sesshomaru observaba el horizonte, tratando de olvidar la escena de Rin abrazando tan cariñosamente a Kohaku, igual que las veces en que lo hacía mientras ella dormía. Mientras que a él, aunque lo hubiera abrazado, no le había brindado ni una cuarta parte de ese cariño extremo.

Soltó una mueca divertida por lo patético que resultaba.

Ahora que la tenía perdida, se sentía celoso. Lo mejor de todo es que si la había perdido, había sido por su culpa. Si se hubiera callado, Rin jamás sabría que existía una posibilidad de resucitar a Kohaku, y aunque viviera el resto de sus años viendo como Rin lo confundía en sus sueños, al menos podría tocarla y seguir escuchando su voz cantarina. Incluso podría obligarla a qué se olvidara del humano y dijera su nombre. Era un poderoso demonio, donde todos le temían. ¿Qué le impedía obligarla a que dijera su nombre y que se olvidara del de Kohaku?

-…

Soltó un gran suspiro al sentir una presencia muy conocida a sus espaldas.

-Si has venido a agradecerme, ya puedes marcharte Inuyasha –le dijo recuperando su tono despectivo y sin dejar de observar el horizonte.

Quería estar solo y no quería que los demás le vieran tan destrozado. Suficiente tuvo con su madre, que no quería que su medio hermano lo viera también y se burlara de él. Sería la gota que colmaría el vaso.

-Te daría las gracias, de no ser por lo que he escuchado –Sesshomaru le miró de reojo, más que nada por su tono de voz, el cual aún conservaba la incredulidad-. Jaken le contó a tu madre que tú… -pero Inuyasha se sintió incapaz de seguir con la frase, porque sonaba muy raro.

-¿Qué yo, qué? –girándose para verlo con frialdad- ¿Qué siento algo especial por Rin? –Inuyasha lo miró con cierta compasión- ¿Acaso has venido a criticarme por haberme fijado en una niña vagabunda como Rin? ¿O acaso has venido a consolarme, ya que tú has tenido dos mujeres en tu vida, querido hermanito? –hablando con un desdén y un despecho, como en sus primeros días de conocerse.

-Al decir verdad, ya sospechaba que le hacías algo raro a Rin. Olía demasiado a ti.

-Porque me aprovechaba de ella –confesó con su tono altivo, como si quisiera ganarse el título de auténtico demonio ante sus ojos-. Ya debes saber que la fragancia una humana que está creciendo despierta los bajos instintos de cualquier youkai.

-Pero nunca le has hecho nada, al menos sin su consentimiento, ¿verdad? –sabiendo de sobra cuánto apreciaba su hermano a esa niña y tras escuchar toda la verdad, supo que Sesshomaru amaba de igual manera o quizás más, como él a Kagome. Por eso, nunca se había aprovechado de más.

-… -mirándole con rencor por esa gran verdad, Sesshomaru volvió a mirar el horizonte.

-Imagino que si has llegado a propasarte con ella, sería cuando ella duerme –solo hacía falta recordar lo irresistible que se ponía Kagome, para imaginar que su hermano también había caído en esa tentación-. Pero como Rin siempre ha pensado en Kohaku…

-¡Silencio, Inuyasha! ¡Detesto tener que escuchar consuelos de tu parte!

-Es que no te entiendo, Sesshomaru. Aunque soy partidario de Kohaku y enemigo tuyo por naturaleza, sé que esa niña te ha cambiado tanto que estoy convencido que si la ves correteando por ahí con Kohaku, tu ataque de celos provocará que tú mismo acabes matando a Kohaku.

-¿Ataque de celos? –repitió inexpresivo al tiempo en que lo miraba fijamente.

-¡Pues claro! ¡¿No irás a negar que si te has marchado, ha sido porque te disgustaba ver a Rin abrazando a otro?!

Sonrió irónico ante otra de las razones por las que se había marchado. Sin embargo, lo que más gracia le daba, es que quién dijera esas palabras fuera precisamente su medio hermano, aquel con el que llevaba peleándose por su naturaleza hanyou.

Parece mentira estar conversando con Inuyasha sobre temas amorosos donde el afectado resultaba el mayor.

-Me disgusta Kohaku –confesó ante la sorpresa de Inuyasha- y su forma de acercarse a Rin, robándome lo que me pertenecía –su sonrisa, su cariño, su alegría, su inocencia…-. Pero Rin le ha escogido y si solo con él es feliz, yo le daré la libertad.

-¿La libertad? –pestañeando varias veces confuso por esas palabras-. ¿Qué quieres decir? –su cerebro trabajó segundos después, con una posibilidad en mente- ¿Es que piensas…?

-¡SESSHOMARU-SAMA!

Y feliz como unas pascuas, ajena a todo lo que Sesshomaru sentía, Rin llegaba tan risueña como cuando era niña. Pasando por el lado de Inuyasha, como si no lo hubiera visto, se paró frente al youkai con aquella sonrisa que Sesshomaru había echado tanto de menos.

-¡Sesshomaru-sama, muchísimas gracias por resucitar a Kohaku! –sin embargo la ferocidad de la humana al hablar, le impedía a Sesshomaru anunciar su decisión- ¡Le juro que siempre estaré en deuda con usted! ¡Haré lo que sea, hasta lo imposible! ¡Ah! ¡Y Kohaku-kun también se lo recompensará!

-No es necesario –cortó bruscamente. Lo que menos deseaba ahora era seguir escuchando Kohaku por aquí y Kohaku por allá. Pero le repateaba que SU Rin se dirigiera a aquel humano de manera tan cariñosa, mientras que a él, seguía tratándole con tanto respeto, como si fueran dos simples conocidos. Vale que no quisiera que le llamara Sesshomaru-kun, porque no quedaba nada bien y le producía grima tanto a él, como a cualquiera que lo escuchara. Pero al menos que le llamara simplemente Sesshomaru como su medio hermano, como la mujer de su medio hermano, como su madre, como las antiguas futuras esposas que Rin resucitó…

-¡¿Cómo que no?! –dijo Rin frunciendo el ceño molesta de que no le dejara pagar aquella deuda. La resurrección de Kohaku significaba la felicidad total para ella y su vida plena, de poder estar con la persona que le había dado la vida y del hombre que amaba.

-Rin –comenzó el youkai con voz firme y autoritaria- te marcharás con Kohaku a la aldea de Inuyasha.

Y lo que Inuyasha sospechaba se convirtió en una realidad. Imaginaba que su medio hermano lo hacía para evitar el sufrimiento de tener que ver a diario a la joven contenta con otro hombre. Si él tuviera que ver a Kagome con Koga, por poner un ejemplo, antes se arrancaría los ojos y se cortaría las orejas.

-¡NO QUIERO! –y para sorpresa no solo de Inuyasha, sino también de Sesshomaru, Rin había contestado tan claramente, como si el marcharse del palacio del inuyoukai le disgustase más que el ver morir a sus seres queridos- ¡NO QUIERO VIVIR CON LOS HUMANOS! ¡QUIERO QUEDARME AQUÍ CON USTED Y LOS DEMÁS! –gritando como una niña caprichosa.

Aunque las palabras eran de agrado para el youkai, Sesshomaru sabía que si solo quería quedarse con él, era por su fobia hacia la raza humana, aunque hubieran varias excepciones, siendo Kohaku el primero de todos ellos. Y de verdad que eso le entristecía internamente.

-¿Piensas arrastrar a Kohaku a este mundo solo por tu capricho de no estar con los humanos? –impasible por el dolor que le provocaba la presencia de ese humano con Rin en su palacio, Sesshomaru estaba dispuesto a convencer a Rin de que debería marcharse. ¿Qué sentido tenía si ella solo era feliz de verdad al lado de ese humano? Él no quería verlo. Suficiente había tenido con todos los años transcurridos donde la joven no había dejado de pensar en él.

-¡No es un capricho, Sesshomaru-sama! ¡Usted sabe cuál es mi razón para no estar con los humanos!

-Pero simpatizas con Inuyasha y su grupo –girándose para darle la espalda-. Lo mejor para ti, ahora que puedes… … …comenzar una vida con… Kohaku, es que tengas la libertad –costaba tanto admitirlo en alto, que aún era un misterio que no lo dijera en un tono despectivo. Odiaba tanto a ese humano por habérsela robado…

-¡¿Y QUÉ PASARÁ CON USTED?! –gritando pero esta vez desconsolada. Ahora ella no se enfocaba en su propia vida, sino en la del youkai. Si estaba viva, era gracias a él, un todo poderoso demonio que despreciaba a los humanos, menos a ella. Todo eso en conjunto, le hacía ver que antes que ella, estaba él- ¡NO PUEDO DEJARLE SOLO! ¡PROMETÍ QUE SIEMPRE ESTARÍA A SU LADO! ¡QUÉ PAGARÍA CON MI VIDA LA VIDA QUE USTED ME HA DADO! ¡MI VIDA LE PERTENECE!

-…

Sesshomaru cerró los ojos. No se esperaba que Rin fuera tan tozuda y solo veía una solución para que ella se largara, y era gritárselo con furia y desprecio, aunque eso supusiera ganarse su miedo y el odio.

Inuyasha, intuyendo la creciente ira de su medio hermano, se adelantó hacia Rin para convencerla.

-Rin escucha, debes entender que tu lugar no está aquí. Tienes una vida por delante y que compartirás con Kohaku.

-Puedo… No –rectificando-. Kohaku-kun y yo podemos hacerla aquí… con Sesshomaru-sama –le dijo con ojos llorosos e implorantes. No quería separarse del inuyoukai y le disgustaba que hasta Inuyasha estuviera de acuerdo, cuando lo normal es no darle la razón.

-… -ver a una mujer llorar no es algo que a Inuyasha le gustase, además, debido al parecido que Rin mantenía con Kagome, la debilidad podían hacerlo ceder.

-Rin –dijo la voz de Kagome, que había aparecido y que había escuchado todo-, escucha, tú eres muy joven y necesitas aprender cosas que los demonios no entienden.

-Pero… -¿Por qué hasta Kagome le insistía?

-Además, Kohaku no está acostumbrado a vivir entre demonios. Ni los demonios pueden convivir con él. Es un exterminador de demonios, ¿lo has olvidado?

-Yo… -agachando la cabeza avergonzada, acordándose de ese pequeño, pero importante detalle-. Pero –aún así, desesperada había hurgado en su mente para darle una respuesta lo más racional posible- pero Kohaku jamás dañaría a Sesshomaru-sama y a los demás. Y yo…

-¡BASTA, RIN! –escupió Sesshomaru tocando límite, con sus ojos cubiertos por su flequillo. Si no lo decía por las malas, Rin no se iría. Ya estaba perdida, por lo que, qué más daba ganarse su temor y su odio- ¡ENTIENDE DE UNA MALDITA VEZ QUE ESTOY HARTO DE TENER QUE CUIDAR DE UNA HUMANA! ¡TENER QUE CUIDAR A UN DÉBIL EXTERMINADOR DE DEMONIOS Y A TODA VUESTRA CAMARADA SERÍA EL COLMO Y UN INSULTO HACIA MÍ! ¡¿NO ENTIENDES QUE ESTOY APROVECHÁNDOME DE LA RESURRECIÓN DE KOHAKU PARA DESHACERME DE TI?!

Escuchar todo eso supuso un gran golpe para Rin. Jamás le había hablado en ese tono y esa novedad la hería enormemente. Pero lo que más daño le provocaba era saber que todo y cuánto había hecho por él, le había supuesto un estorbo. Tan shokeada estaba, que no pudo contener las inmensas lágrimas que acariciaban y humedecían sus mejillas, tampoco notó como Kagome, con suma gentileza, había posado sus manos sobre sus hombros.

-Rin, vamos –empujándola con suavidad, mientras le pasaba un brazo consolador. Sabía que el impacto era tan fuerte, que ahora necesitaba de alguien que pasase por una situación similar para entenderla.

Una vez que las dos mujeres ya no se encontraban en el lugar, Inuyasha miró a su hermano, quién había vuelto a darle la espalda, seguramente para ocultar su dolor. Suspirando con fuerza ante lo hecho, solo dijo antes de alejarse él también.

-Te prometo que la cuidaré para que tenga una vida feliz.

Una vida feliz…

Una vida feliz… pero sin él… era el tormento del youkai, donde se sentía tan frustrado, tan impotente, que ya no tuvo ganas de nada.

Incluso, por primera vez en su vida llegó a considerar la posibilidad de morir y maldecirse por su longevidad.

Pero no lo haría…

Tenía muchos años para superarlo… o más bien, intentar superarlo…

Quizás podría superarlo cuando la muerte se llevara a Rin.

Y fue en ese momento, cuando se dio cuenta que aunque tuviera una relación con Rin, solo se daría en unos pocos años. Ella era una humana con un tiempo muy limitado y él un demonio con siglos aún de vida.

Sería una relación muy corta, donde además él tendría que ver cómo envejecía.

Por esa razón, ya no tendría que existir las relaciones entre un demonio y un humano.

.

Varios meses después…

Kagome se encontraba alimentando a su bebé a la luz del sol de aquel claro, permitiendo que sus otros dos hijos corretearan libremente ante la atenta observación de Inuyasha, quién estaba sentado con las piernas cruzadas a su lado.

Desde que habían salido del palacio de Sesshomaru con Kohaku en su grupo, todo parecía ir sin problemas. Rin, aunque al principio se había sentido destrozada y hasta asustada por tener que vivir con los humanos, poco a poco y el hecho de tener a Kohaku la habían animado bastante. Ellos también, tras lo sucedido con Kikyo, habían afianzado más su amor y Kagome ya no pudo sentir más temores sobre si realmente era un reemplazo de aquella miko o si la quería por ser ella misma. Ni hablar de Miroku y Sango. Aparte de que su matrimonio iba viento en popa, Sango se encontraba completamente feliz de tener a su hermano con ella. Además, según Miroku, era un perfecto canguro para así poder seguir intimando con su mujer.

Y Sesshomaru… había sido el gran misterio de la vida. Lo único que sabían es que Irasue había decidido quedarse en su palacio, pero de Sesshomaru, no volvieron a saber de él. Y aunque Rin parecía haberlo superado, durante la noche se escapaba de la choza donde se hospedaba para quedarse observando con gran pena la luna, como si aquel astro le recordara al youkai.

-Mamá, mamá, mira qué flores más bonitas –le dijo su hija, trayéndole un pequeño ramo silvestre.

-¿Flores? ¡Bah! Si se marchitarán enseguida –dijo con desprecio su primogénito de carácter tan parecido a Inuyasha que le provocaba gracia.

-Pues bien que dices que tía Rin está guapa cuando se queda cogiéndolas.

-Porque ella las coge con mucho cuidado y además, es toda una dama. Por algo estuvo muchos años en un palacio tan majestuoso con tío Sesshomaru.

-Pero no por eso, me convertí en una dama y por eso me echó de allí –añadió Rin apareciendo tras los pequeños.

-¡Tía Rin! –corearon los dos pequeños abrazándola.

Inuyasha y Kagome observaron con cierta pena, como a pesar de haberles dicho aquella broma, la joven sonreía con naturalidad, ocultando la pena que eso le embargaba. El tiempo les había enseñado que frente a ellos se esforzaba en dedicarles una sonrisa, mientras que de noches se entristecía y lloraba amargamente.

-¿Ya volviste de tu cita con Kohaku?

-Así es.

-No habéis estado mucho tiempo juntos, ¿verdad? –objetó Kagome, mientras acomodaba a su pequeño, quién ya había terminado de comer.

-Ya… -sentándose a su lado con la marca en su cara donde denotaba inquietud- Kagome-sama, me gustaría preguntarte algo importante.

Viendo que se trataría de un tema privado, Inuyasha se levantó con pesadez.

-A ver criajos, que vuestra madre no puede atender a todo. Vamos a recoger esas hierbas de una condenada vez.

-¡Jo! ¡Papá! ¡Aguafiestas! –fue la queja de Kyo.

-Ahora que la cosa se ponía interesante –le siguió Izayoi, quién se había acomodado para escuchar el problema amoroso de Rin.

-Vamos –apremió Inuyasha. Aunque fuera un patán para ciertas cosas, podía entender que Rin necesitaba estar asolas con Kagome para charlar cómodamente.

Viendo a Inuyasha marcharse con los dos pequeños, Rin no pudo evitar sonreír entre agradecida e impresionada.

-Inuyasha-sama es muy considerado.

-Sí, bueno… A veces le dan esos ataques de consideración –riéndose brevemente, solo hasta observar que su amiga no parecía compartir el chiste, ya que observaba la marcha del hanyou y de sus hijos con cierta melancolía y nostalgia-. Dime, Rin, ¿qué te pasa?

La joven la miró, donde su rostro pasó a ser inexpresivo y luego, se centró en sus manos posadas sobre sus rodillas.

-Kagome-sama –comenzando a juguetear con sus extremidades superiores-, ¿alguna vez te has cansado o te has desilusionado con Inuyasha-sama?

La extraña pregunta cogió por sorpresa a Kagome, quién viéndola, solo pudo intuir lo que pasaba.

-¿Es que te sientes cansada estando con Kohaku?

-Cansada y desilusionada –confesó.

-¿A qué te refieres exactamente con cansada y desilusionada?

-Cansada en el sentido de estar con Kohaku-kun. Siento como si debería forzarme en mostrarme feliz, cuando en realidad, no siento esa pasión que creía. Por eso también estoy desilusionada.

-¿Cómo que "esa pasión que creías"? –repitiendo sus palabras con sorpresa-. Pero, Rin, ¿acaso me estás diciendo que cuando Kohaku estaba muerto creaste un amor ideal con Kohaku?

-Es lo normal… -confesó con cierta timidez, pero viendo la boca abierta de Kagome al escuchar su respuesta positiva, se sintió poco convencida de lo que había hecho- ¿No?

-¡CLARO QUE NO! –espetó alucinada por completo. Su alteración, provocó que el bebé comenzara a berrear con fuerza- ¡Oh! ¡Vaya! ¡Tranquilo! ¡Tranquilo! –acunándolo, mientras intentaba tranquilizarse.

-¡Vaya! Yo creía que… -prosiguiendo con más vergüenza por el error en el que había estado creyendo desde la muerte de Kohaku- …que crear una relación en tu mente con la persona querida, se haría en la realidad.

-Rin no estamos hablando de crear historias con dos personajes manejados a tu conveniencia, sino de Kohaku y de ti que fuisteis pareja y tuvisteis vuestros días de relación. Es más normal y lógico recordar esos momentos que crear algo ficticio.

-En realidad… -mirando hacia otro lado avergonzada por lo que iría a decirle-. No llegamos a pasar ni un día como pareja, así que no tuve ningún momento con él.

-¡¿Cómo?! –levantándose bruscamente anonada por semejante revelación-. Pero, supongo que aunque llevarais poco, fuiste tú quién le confesó sus sentimientos, ¿no? –porque sino, no entendería la actitud de Rin durante los años de muerte de Kohaku.

-No… fue él…

Alejados de las dos mujeres, Inuyasha se encontraba con la oreja bien puesta, mientras sus dos hijos recogían las hierbas medicinales. La revelación de saber que Rin llevaba poquísimo tiempo de pareja con Kohaku, siendo además iniciativa del propio muchacho no encajaba en su actitud desesperada que había visto.

Dio gracias a que Sesshomaru no llegara a escucharlo, seguro que se hubiera sentido insultado y más ofendido de lo que estaba ahora mismo.

-A ver, Rin –a Kagome estaba a punto de darle un ataque por la frialdad del sentimiento que tenía Rin hacia el amor. Dejando al bebé en la cesta que estaba a su lado, intentó ir punto por punto para saber dónde estaba el fallo-, antes de que Kohaku muriera, tú solo llevabas un día de relación con él.

-Sí…

-Y él se te declaró y tú lo aceptaste, ¿no?

-Así es…

-Y ahora te sientes cansada y desilusionada con él, ¿no?

-Mucho…

-… -Kagome suspiró, solo había una solución para ello. Tomando aire y soltándolo con fuerza, preguntó- ¿Sentías algo por Kohaku antes de que se te declarara?

-La verdad… es que nada…

-¡¿ENTONCES, POR QUÉ ACEPTASTE LOS SENTIMIENTOS DE KOHAKU SI NO LO AMABAS?!

-Bueno… … …como Kohaku era el único que me conocía y me dijo cuánto me quería, a pesar de cómo era, pensé que estaría bien si le decía que sí.

En otras palabras, si otro macho con esas mismas características, como Sesshomaru, le hubiera dicho que la quería, ella diría inocentemente que sí, porque estaba bien.

Kagome miró a Rin, quién estaba completamente avergonzada de su teoría y que hasta el día de hoy había creído firmemente. Viéndola tan voluble y tan inocente, le hizo recordar que nunca había tenido a nadie, ni siquiera un ejemplo, que pudieran decirle lo que era el verdadero amor. Debió suponerlo cuando quiso resucitar a Kagura y a las otras, porque pensaba ingenuamente que si ellas amaban a Sesshomaru, a Sesshomaru le ocurría lo mismo. Aunque Kikyo fuera la excepción.

Viéndolo desde ese punto de vista, podría entender su cansancio y su desilusión. Ella había creado un amor que le gustaría vivir, pero con la persona equivocada.

-Rin, eso no es amor –comenzando a explicarle-. Si aceptas a Kohaku porque sí, te estás engañando a ti misma y provocar lo que te pasa y en consecuencia, dañarías el corazón de la persona que te ama.

-Y entonces, ¿cómo sabes que sientes amor hacia alguien?

-Cuando te preocupas mucho por esa persona y deseas que no le pasa nada malo –al decirlo, recordaba con la nostalgia de la típica colegiala, los momentos vividos con Inuyasha en su búsqueda con Naraku.

-Pero eso me pasa con todos vosotros –siguiendo sin entender el término.

La respuesta vacía de Rin, rompió la ensoñación de Kagome, quién parecía haberse quedado sin justificaciones válidas que la ayudaran a entender.

-Siempre habrá alguien por encima de los demás –y ante su sorpresa, aparecía Inuyasha. No podía seguir quedándose escuchando sin decir nada, así que advirtiéndole a su hijo Kyo que cuidase de Izayoi, regresó al lado de las dos humanas para hablar claramente-. Por ejemplo, si solo pudieras salvar a una persona, ¿a quién salvarías: a Sesshomaru o a Kohaku?

-¡A Sesshomaru-sama, naturalmente!

La respuesta tan rápida y sin vacilar, dejó sin palabras a Kagome. Todo lo contrario a Inuyasha, que habiendo escuchado todo y por todo lo sabido y sentido, sospechaba lo que fallaba realmente. Rin se había mentalizado una relación a su gusto, pero por culpa de su medio hermano al aprovecharse de ella, mientras dormía. Estaba totalmente convencido que ella sentía tan bien aquello, que obligaba a su subconsciente a sustituirlo por Kohaku, porque ella lo había escogido como su pareja.

-Dime una cosa más, Rin, ¿verdad que soñabas con Kohaku y muchas veces te encontrabas en la habitación de Sesshomaru como no debería ser?

-¡Inuyasha! –le reprendió Kagome por la pregunta con segundas intenciones.

-¿A qué se refiere con cómo no debería ser? –repitió Rin sin entender bien la pregunta.

-Por ejemplo, vivir lo soñado como real.

-¡Sí! –contestó con total convicción- ¡Siempre ocurría eso cuando soñaba con Kohaku! Aunque casi siempre era en mi habitación.

-¿Y esos sueños te gustaban?

Kagome contenía la respiración por las preguntas tan descaradas de su marido, pero efectivas, ya que entonces…

-¡Claro que me encantaban! ¡Si hasta me sentía feliz y protegida! Por eso –apagando su tono-, sigo sin entender lo mío con Kohaku.

El hanyou la observó un rato más. Él ya había hecho todo lo necesario y aunque le daría una alegría a su hermano, no sería por iniciativa propia. No sería apropiado y además, ya se encargaría Kagome.

-Marcho, que tengo que vigilar a los renacuajos –volteándose, mientras cruzaba las manos detrás de la cabeza.

Aunque se había quedado de piedra ante la confirmación de sus pensamientos, Kagome no podía creer que su marido cortase ahí el tema cuando todo resultara tan obvio. La propia Rin lo estaba diciendo, pero al parecer algo la impulsaba a no querer aceptarlo.

-¿Kagome-sama? –y la marcha del hanyou no hacían más que confundir a Rin, quién no daba entendido todo aquella tropa de preguntas, como si adivinase todo lo pasado y comprendido para dejarla con la misma duda que tenía al principio.

-Tranquila, aunque no lo parezca, Inuyasha me ha ayudado a entenderte –cogiéndole de las manos con suavidad-. El principal problema es que no has tenido a nadie quién te enseñara lo que es el amor y eso ha llevado a tu confusión –Rin la miró con más interrogante, sin comprender qué había dicho para que todos entendieran su problema-. En realidad, eso forma parte de tu inocencia y creo que esa actitud es lo que a "él" le ha llevado a interesarse por ti.

-¿"Él"? ¿Kohaku?

Kagome negó suavemente con la cabeza y asomando una dulce sonrisa, apretó levemente sus manos y le dijo.

-Como dijo Inuyasha, aunque sea partidaria de Kohaku, tus sentimientos verdaderos son más prioritarios.

-¿Mis verdaderos sentimientos? –volviendo a repetir.

-Tú no lo sabes, porque desconoces lo que es el amor. Pero… -y antes de decirle que ella de quién estaba realmente enamorada, era de Sesshomaru, se detuvo.

.

-…Pero Rin, ¿por qué no puedes ser tú la mujer de Sesshomaru?

Y la pregunta provocó una respuesta silenciosa, con el único sonido de los pajarillos cantando por el cielo despejado. La pregunta había sido tan directa, que hasta dejaba a Inuyasha sin palabras, por no hablar de Rin que la había cogido tan de sorpresa que miraba boquiabierta a su amiga.

Repentinamente, y para sorpresa de la pareja, la joven rompió a reír estrepitosamente.

-Ese es un chiste muy bueno, Kagome-sama –dijo entre risas.

-¿Chiste? –inquirió la sacerdotisa con extrañeza.

-Claro que sí. Es inimaginable que yo sea la esposa de Sesshomaru-sama –decía, mientras intentaba contener la risa.

-¿Y por qué? –insistía Kagome.

-Porque yo solo amo a Kohaku.

.

La verdad es que en aquella ocasión, debido a su buena respuesta no había insistido más. Pero ahora las cosas eran distintas, ella no amaba a Kohaku.

Aunque… pensándolo bien, que se riera tan estrepitosamente, ante la idea no le resultaba muy normal.

-¿Qué ocurre? –preguntó Rin ansiosa de que Kagome se quedara tan callada y viéndola tan fijamente le producía incomodidad.

-Rin… -¿por qué te parece tan descabellado ser la mujer de Sesshomaru? Quería preguntarle, pero entonces, ¿por qué no lo hacía?

-¿Sí?

Kagome no dejaba de mirarla y de luchar consigo misma sobre qué pregunta hacer. Si le decía aquello, corría el riesgo de que Rin lo asimilara y pensase que estaba enamorada de Sesshomaru. Pero por otro lado, creía que su inocencia la salvaría a la hora de relacionarlo. Pero, si se inmiscuía en la razón, no corría el riesgo de que se quedara impactada por la noticia y sufriera más, porque después de todo, Sesshomaru la había echado de su vida para siempre. Un auto castigo para concederle la libertad a Rin. Una libertad en la que ella no era feliz.

Suspiró con fuerza, viendo una opción.

-Rin, echas de menos a Sesshomaru, ¿verdad?

-Muchísimo –confesó inmediatamente.

Kagome volvió a suspirar.

-Ve a verle. Él te dará la respuesta.

Rin parpadeó varias veces. Por una parte se sentía emocionada al verle, pero por otra, deprimida, porque él no quería verla jamás. Solo había sido un estorbo en su vida y estaba harto de cuidarla.

-Rin –notando cómo la joven estaba a punto de llorar, seguramente al recordar las palabras crueles del inuyoukai-, olvida lo que te dijo y ve a verle.

-Pero…

-Él te dijo todo eso, para que desistieras de quedarte y vivir tu vida con los de tu especie libre y feliz.

La verdad es que recordaba que se había puesto tan taciturna y peor que una niña pequeña, que entendía que Sesshomaru tocase fondo y le dijera aquellas palabras.

-Tú ve tranquila –la animaba Kagome- porque Sesshomaru también te ha echado de menos, más de lo que te imaginas.

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Regresar de nuevo al palacio de Sesshomaru suponía dos tipos distintos de perspectiva. Por un lado, estaba el de la alegría inmensa. Poder ver, después de tanto tiempo, a Sesshomaru, a Jaken y a los demás youkais, suponía una emoción tan grande que Rin no podía dejar de caminar. Sin embargo, por otro lado, estaba la controversia, y era la extrañeza y hasta temor. Antes de que se marchara, recordaba que había luz y sus jardines estaban cubierto por el verde manto con sus diversos colores adornándolo. Ahora el castillo estaba envuelto en un halo lúgubre y sus jardines tenían las flores caídas y el verde se había convertido en un verde gastado.

-¡¿RIN-SAMA?!

La voz inconfundible de Lyon la sacó de su ensimismamiento y viéndole cerca de la entrada impresionado por su presencia, hizo que apurara el paso hasta llegar hasta él.

-¡LYON-SAN! ¡¿Cómo has estado?! ¡No has cambiado nada!

Ver al demonio león le producía una sensación de nostalgia y de sentirse verdaderamente en casa.

-¡¿Qué hace aquí, Rin-sama?! ¡Creí que nunca volveríamos a verla! –exclamaba el demonio con la misma emoción que la joven. Aunque para los demonios un par de meses fuera un instante para sus vidas, eso no dejaba que fuese un tiempo que había transcurrido lentamente.

La joven sacando la lengua pícaramente, le sonrió.

-Yo tampoco creí volver, pero Kagome-sama me animó. Después de todo, yo también os echaba de menos.

-¡¿RIN?!

Rin se giró escuchando aquella voz masculina tan gastada que nunca olvidaría. Si con Lyon se había sentido feliz, ver al pie de la entrada a Jaken fue como si hubiera resucitado por tercera vez y poder ver a aquel sapo que, aunque le regañara constantemente, no dejaba de tener su corazoncito.

-¡JAKEN-SAMA! –dispuesta a correr hacia él, pero una tercera presencia colocándose al lado del demonio sapo, la detuvo.

Irasue, la madre de Sesshomaru, fulminaba a Rin con aquellos ojos dorados, tan idénticos a los de su hijo, abrumando a la joven, la cual recordó con absoluta claridad las últimas palabras de su señor.

-¿Qué haces aquí, humana?

Y el tono empleado, ayudaba a revivir aquel terrible momento.

Bajando la cabeza sumisa, se encontró con los ánimos de su amiga Kagome, instándola a ver a Sesshomaru. Además, él tenía la respuesta sobre la persona a quién amaba. Era lo normal, había pensado durante su camino. Después de todo, si había alguien que pudiera conocerla bien, ese era Sesshomaru, el único con el que había estado toda su vida y desde luego, no iba a ponerle punto y final a esa relación.

-He venido a ver a Sesshomaru-sama –declaró con firmeza, levantando la cabeza.

La youkai entrecerró los ojos ante la determinación de aquella muchacha que había lastimado a su hijo, convirtiéndolo en un youkai débil y voluble.

-Sesshomaru se encuentra indispuesto.

-¿Es que le ha pasado algo malo?

En respuesta, tanto Lyon como Jaken miraron hacia otro lado, queriendo aguantarse para no gritarle la verdad.

-Si no, no estaría aquí cuidando su castillo –fue toda respuesta de Irasue.

"Menos el jardín" quería contestarle, pero eso significaría una falta de respeto grandísima.

-El jardín ha sido cosa de Sesshomaru, quién ha prohibido su cuidado –añadió la youkai con naturalidad, como si le hubiera leído la mente, a lo que Rin se abochornó-. Sesshomaru lo ha dispuesto así, parece que no quiere tener nada que te recuerde.

-… -entonces… ¡No! Ni aún así se iba a dejar avasallar- ¡Quiero ver a Sesshomaru-sama! –volvió a declarar- ¡Por favor!

Irasue hizo una mueca con la boca y dijo.

-No puedo permitírtelo –contestó.

-Pero…

-Antes debo añadir un par de cosas. Soy su madre, y aunque no lo parezca, me preocupo por él –pero, ¿eso significaba que después podría verle?-: La primera de todas, no quiero que le hables de lo feliz que eres con ese muchacho llamado Kohaku.

-Pero si en realidad, yo no… -quería contradecirla, pero Irasue era demasiado elocuente.

-Segundo, te prohíbo que le digas que te encuentras a gusto con los de tu especie.

-Pero si no…

-¡Y tercero! –volviendo a acallarla para proseguir-. Quiero que me contestes a esto, ¿qué significa Sesshomaru para ti?

Rin la miró confusa sin entender, porque de repente todo el mundo parecía vincularla con Sesshomaru como si de repente se dieran cuenta de que él era algo muy importante en su vida.

-Sesshomaru-sama es alguien muy importante para mí –contestó sin hurgar en que tan importante era para ella.

-… -la madre la escudriñó con la mirada, como si a pesar de aquella respuesta tan llana, pudiera entenderlo todo. Pudo haber estado equivocada, pero es que le resultaba impensable que un demonio se fijara en una niña humana, por lo que seguro que a la humana le ocurría lo mismo-. Ve a verle –concediendo.

.

Rin se sentía nerviosa, pero más emocionada.

¡Iba a ver a Sesshomaru-sama!

¡Vería de nuevo a Sesshomaru-sama!

Decía una vocecita de niña pequeña llena de ilusión que habitaba en su interior.

Su corazón bombardeaba con tanta fuerza, que le recriminaba por no pasar a sus aposentos, en vez de quedarse parada y debatirse sobre qué decirle cuando le viera. Pues, tenía que recordar que la última vez que se habían visto, él la había echado con un rostro de ira y fastidio, imposibles de olvidar.

Pero Kagome le había dicho que todo aquello había sido una máscara contra su cabezonería, y Rin creería en las palabras de la mujer.

Tomando una gran bocanada de aire, y dejándose llevar por lo que sentía en su corazón, Rin se adentró en los aposentos del que antes había sido su Señor.

Se encontró al youkai sentado informalmente sobre el alféizar con su mirada distraída puesta sobre el horizonte. Su corazón bombardeó más que nunca. Verle después de tanto tiempo, le producían unas ganas locas de gritar a los cuatro vientos mientras le abrazaba.

-¡Sesshomaru-sama! –siendo lo único en hacer.

Y para su sorpresa, el youkai parecía despertar de algún trance, porque no se había percatado de su presencia hasta ahora.

-¿Rin? ¿Qué haces aquí? –girando a verla, donde en su rostro parecía dibujarse una ligera capa de asombro.

-¡Tenía ganas de verle! –acercándose a él con rostro feliz, denotando en sus palabras la veracidad, aunque también hubiera venido por otra razón.

El inuyoukai agrandó los ojos ante aquella revelación. Analizándola con cuidado, parecía que la humana se encontraba realmente entusiasmada por verle de nuevo. Sin embargo, también lucía más alegre y sin ningún tinte de tristeza en sus ojos. Todo eso por Kohaku, creyó.

Pero ahora estaba entusiasmada por él, se recordaba con prepotencia, teniendo el deseo de ganarle en algo a aquel muchacho que tanto despreciaba.

Pero…

Ella solo estaba de visita.

Pronto volvería con los de su especie… al lado de aquel muchacho…

La arrogancia que se había creado murió de golpe y volviendo a asomar su rostro neutro llegando a la característica de tristeza, Sesshomaru fijó su mirada hacia el paisaje lúgubre, como su corazón y con voz provista de sentimientos, le dijo.

-Ya me has visto, así que puedes marcharte con Kohaku.

-¿Eh? No, si no vine con Kohaku –creyendo que se refería al hecho de que Kohaku había venido con ella-. De hecho, él no sabe que vine a verle.

-… -¿Debía alegrarse por eso o no?

-Además… -titubeando un poco, por lo que Sesshomaru la miró de reojo-… en realidad… también vine por otra cosa.

-…

Es decir, que realmente había venido a verle por esa segunda razón. No podía evitar pensar negativamente y tomar su entusiasmo como una ilusión creada por su cerebro.

-Resulta… -y antes de que pudiera continuar, Rin recordó la advertencia de Irasue: "No mencionar a Kohaku en su presencia". Pero entonces, ¿cómo podía abordar el tema, si no podía contarle su problema coherentemente?

-…

¿Por qué su antigua protegida se había callada? Esa era la pregunta interna del youkai, quién seguía manteniendo su posición. En aquel tiempo que habían estado separados, donde para él parecía ser solo un día, la humana no había cambiado ni una pizca. Seguía siendo igual de abierta y sin importar mostrar su personalidad ante aquellos que la veían y que la tomarían por una loca por sus muecas diversas, como si estuviera hablando consigo misma.

-Digamos que… -comenzó Rin, tras pensar en cómo decirlo, donde solo veía una única forma de comentárselo sin tener que mencionar a Kohaku- no me encuentro a gusto con lo que pensaba.

-¿Con lo que pensabas?

-Así es. Por ejemplo, tuve sueños que me encantaban, pero ni comparación con la realidad.

-… -casi desilusionado por "semejante" problema, Sesshomaru volvió a voltear su mirada-. Los sueños son solo creaciones de nuestro subconsciente, o almacenamiento de recuerdos que deseamos volver a vivir.

-En mi caso es lo primero –sentándose encima de él. Había sido un hábito típico de cuando vivía con él, que no se había percatado de que había provocado tensión en el cuerpo del youkai-. Y eso me produce desilusión. Se lo consulte a Kagome-sama y aparte de dejarme con más dudas, pero con la firmeza de que todos estos años he estado equivocada, me ha dicho que usted tiene la respuesta.

¿Respuesta a qué? Se preguntaba el demonio.

Había estado medio ausente sobre su relato, que no entendía nada de nada. Lo único que sí sabía es que le incomodaba que Rin estuviera sentada encima suya y tan cerca. Seguía oliendo a flores naturales y tenerla tan vulnerable, tan próxima, le invadían unas ganas locas de continuar donde lo había dejado la última noche que ella estuvo en su castillo… concretamente en aquel mismo cuarto, donde la había visto desnuda y que por poco…

-Luego entendí que es verdad –mirándole-, ya que usted es el único que me conoce mejor que nadie. Incluso mejor que Kohaku.

Nombre tabú.

Rin al darse cuenta de que lo había nombrado, se tapó la boca con ambas manos y el deseo de Sesshomaru se esfumó al escuchar aquel nombre tan traumático.

-¡Perdone! ¡Lo siento mucho! –disculpándose desesperadamente, al observar cómo se había vuelto tan inexpresivo que hasta era imposible descifrar qué decían sus ojos, ya que los tenía ocultos tras su flequillo-. ¡Ya me dijo su madre que no quería escuchar el nombre de Kohaku! –siendo algo que le extrañaría, de no ser que estaba más preocupada en que el youkai se hubiera molestado con ella. ¡No quería eso! ¡No quería que Sesshomaru se enfadara con ella!-. Le prometo que no volveré a mencionarlo.

-…

-Es que –colocándose a horcajadas, para poder tenerlo de frente más cómodamente, sin sospechar que, aunque para ella aquello fuese natural, para el youkai no lo era en absoluto-, tengo que mencionarlo porque lo que me pasa tiene que ver con él. Ya que resulta que durante todos estos años estuve equivocada –y como era de esperar, el youkai no decía nada, ya que los comentarios estúpidos sobraban. Eso era lo que Rin pensaba en esos momentos como justificante a su silencio-. Creía que amaba a Kohaku, pero no es así –agachando la cabeza triste y como si buscara consuelo, apoyó su cabeza sobre su pecho libre de su dura armadura-. Parece que yo misma me he creado un amor ideal o eso es lo que me dijo Kagome-sama –suspiró con fuerza, mientras sentía inocentemente una de las manos del demonio sobre su cintura-. También me dijo que usted tenía la respuesta sobre a quién amaba realmente. ¿En serio lo sabe? –mirándole directamente.

Sin embargo, Rin se encontró con sus ojos aún ocultos por su flequillo, mientras que aquella mano que había estado en su cintura, subía lentamente por su costado. La joven no pudo evitar sentir un ligero cosquilleo por toda su piel. Cuando pensó que se detendría debajo de sus axilas, aquella gran mano siguió su camino. Subiendo por su pecho, hasta llegar a su cuello desnudo, deteniendo la palma justo en esa zona.

Sesshomaru no solo sentía aquel corazón humano latir locamente, sino que a la agitación de la muchacha, sentía su piel ardiendo ante su contacto. En realidad, desde que Rin le había dicho que no estaba enamorada de Kohaku, admitiéndole su error, había medio atendido a lo dicho después. Saber que durante tantos años le estuvo martirizando por una mentira, lo ponía furioso. Por su culpa, había hecho el mayor de los ridículos y ardía en deseos de hacérselo pagar, matándola. Pero por otra parte, la más instintiva, teniéndola sentada encima de él, de esa manera, vulnerable, a su merced, sin quejarse de esa mano tan provocativa, con sus sentidos humanos reaccionando, lo volvían loco. Irguiéndose un poco de su posición para acercarse a la humana, quién no rompía el contacto visual, siguió subiendo su mano por su cuello. Si quisiera, solo tendría que hacer presión para matarla, así su orgullo herido quedaría salvado. Pero en esos momentos, sus instintos primitivos eran más poderosos que su orgullo. Subiendo un poco más, llegó hasta su mentón y luego a sus labios entreabiertos.

Volvió a detenerse.

Con sus dedos largos y sus uñas afiladas, perfiló aquellos labios tan sabrosos y exquisitos que había probado en más de una ocasión, mientras ella dormía. En sueños, a ella le gustaba, solo porque creía que era Kohaku. Ella jamás supo que los actos que tanto le encantaban, se los provocaba él.

-…

En un movimiento veloz, con la mano que tenía libre, la posó sobre su cintura, acercándola a él tanto como pudiera. La mano que estaba en sus labios, descendió hasta su mentón, guiándola y obligándola a que los labios femeninos chocaran con los suyos en un beso brusco y demandante.

Los ojos de Rin estaban abiertos de par en par, por aquel beso que Sesshomaru le daba. Cuando el demonio paseó su lengua por sus labios, queriendo entrar en su cavidad bucal, Rin dejó de pensar para sentir. Aquel beso le era tan familiar que le encantaba. Sin poder evitarlo, colocó sus brazos alrededor de su cuello, intentando corresponder a aquel beso tan profundo que la ponía a cien. De repente, se sentía muy bien en aquella posición. Una posición, donde sentía algo grande chocar contra su centro y que le producía las mismas cosquillitas que cuando soñaba.

Es más, todo lo que estaba disfrutando y sintiendo, desde ese lado posesivo hasta el hecho de sentirse segura y protegida, eran idénticos a sus sueños con Kohaku. Incluso, podía asegurar que cuando tocaba el cabello de Kohaku era igual de sedoso que el de Sesshomaru, ya que en sus sueños, Kohaku lo tenía suelto. Y en sus sueños, el cuerpo de Kohaku era más grande y musculoso, el doble que el suyo, como el de Sesshomaru.

¡Un momento!

Y Rin detuvo el beso, abriendo los ojos al darse cuenta por fin de todo.

Al quedarse quieta, Sesshomaru también se detuvo solo para mirarla inexpresivamente, sin culpa, sin arrepentimiento, simplemente observaba como ella parecía darse cuenta con quién lo estaba haciendo y quién era el verdadero responsable de que disfrutara de esa manera.

Rin seguía mirando a Sesshomaru como si estuviera viendo a un fantasma. Y ciertamente, en sus sueños, mientras soñaba despierta es lo que había estado haciendo, soñando despierta. Y todo lo que Kagome e Inuyasha le habían dicho cobró sentido en su cabeza.

.

-Por ejemplo, vivir lo soñado como real.

-¡Sí! –contestó con total convicción- ¡Siempre ocurría eso cuando soñaba con Kohaku! Aunque casi siempre era en mi habitación.

-¿Y esos sueños te gustaban?

-¡Claro que me encantaban! ¡Si hasta me sentía feliz y protegida!

.

-…El principal problema es que no has tenido a nadie quién te enseñara lo que es el amor y eso ha llevado a tu confusión –Rin la miró con más interrogante, sin comprender qué había dicho para que todos entendieran su problema-. En realidad, eso forma parte de tu inocencia y creo que esa actitud es lo que a "él" le ha llevado a interesarse por ti.

.

Entonces… entonces… eso significa que a ella… y él…

Y la amargura que había sentido durante los años de muerte de Kohaku, mezclándose con sus estúpidos intentos de buscarle una novia de Sesshomaru, la hizo percatarse de algo más horrible.

¡Había jugado cruelmente con los sentimientos de Sesshomaru!

Llevándose una mano a la boca por la atrocidad cometida y con la vergüenza rodeándole por todo su cuerpo, se sintió incapaz de seguir tan cerca de él y mucho menos, tener el coraje de verle a los ojos. Las palabras de disculpa murieron en su boca y cobarde, sin saber cómo enfrentar su vergüenza, huyó de sus aposentos sin mirar adelante y sin mirar atrás.

¡Todo este tiempo…!

Y él con gran paciencia y tragándose su orgullo herido, no había dicho nada. Solo sufriendo. Y ella que lo veía, jamás pensó que pudiera ser por su culpa.

Las lágrimas cayeron de sus ojos cerrados.

¡¿Qué había hecho?!

¡¿QUÉ HABÍA HECHO?!

Había sido fría, tonta e ingenua.

Nunca llegó a considerar que Sesshomaru estuviera enamorado de ella, a pesar de las evidencias tan claras. Y lo peor de todo, es que como ella jamás llegó a considerar tal enlace por tantos obstáculos, que no solo lo sustituyó por Kohaku que también lo había ofendido al buscarle mujeres que no amaba.

¡Ella solo deseaba verlo feliz y que no estuviera solo!

¡No quería que estuviera solo como ella, porque le importaba!

¡Porque… hubo un tiempo muy atrás y que había enterrado en que… lo había amado!

En medio de aquel bosque por el que corría, Rin cayó al suelo.

-¡Tonta! ¡Soy una tonta y una estúpida! –se recriminaba, mientras golpeaba con sus puños la tierra con fuerza y desesperación, sin dejar de llorar de rabia y de vergüenza, deseando que la propia tierra se la tragara, deseando haber muerto aquella vez en que los lobos la habían matado. Porque después de que sus ojos se abrieran en una nueva vida que "él" le había dado, lo había visto tan fuerte y apuesto como el príncipe azul de sus sueños. Y eso mismo había sentido la segunda vez que había vuelto a la vida. "Él" siempre había estado en todos sus despertares profundos. "Él" siempre la había observado de una forma tan dulce, que en su mente de niña inocente llegó a pensar que pudiera sentir algo por ella y tener algo juntos. Pero ver su comportamiento hacia Inuyasha, por ser hanyou y compartir parte de su sangre, la hizo caer de su burbuja, escondiendo sus sentimientos, hasta el punto de olvidarlos.

Desconsiderada, tonta, aprovechada e ingenua. Eso es lo que había sido después.

Sentándose, encogió sus piernas sobre su pecho, haciéndose un ovillo, mientras no paraba de desear su muerte.

.

-Pero, ¿cómo pudisteis dejarla ir junto a Sesshomaru, sola? –fue la reprimenda que Sango le lanzaba al hanyou y a su mujer, enfrente del palacio del mencionado, a la espera de ser atendidos.

-¡Rin ya no es una niña y sabe defenderse! –fue la respuesta del hanyou mosqueado.

-¿Y por qué Rin quería ver a Sesshomaru? –preguntó esta vez Kohaku sin gustarle demasiado.

-Pues… ya sabes que le echaba de menos… -respondió Kagome soltando risas nerviosas-. Como estuvo viviendo con él durante su adolescencia…

-Siempre le echa de menos –no pudo evitar murmurar con amargura.

-¡Venga, cuñadito! ¡Quita esa cara! ¿Has olvidado cómo se puso de feliz y contenta cuando resucitaste? –intentaba animar Miroku. Aunque parecía ser en vano y tanto Inuyasha como Kagome temían que el joven descubriera de los verdaderos sentimientos de Rin.

-¿Se puede saber qué hacéis aquí?

Y después de casi diez minutos, Jaken había aparecido por la entrada con su báculo sobre su mano derecha.

-¡Venimos a buscar a Rin! –Sango, brava como era y defensora incondicional de su tímido hermano pequeño, fue la primera en hablar- ¡Le dijo a Kagome que volvería antes del anochecer y todavía no ha llegado!

-Rin ya no está aquí.

-¡Eso lo supe nada más oler toda la pestilencia de demonios! –alegó el hanyou con desprecio.

-¡¿Estás buscando pelea, maldito hanyou?! –preparando su báculo en modo ofensivo.

-¡Cuando quieras, renacuajo! –colocando su mano sobre la empuñadura de su espada, listo para pelear.

-¡Basta, Inuyasha! ¡Tú también, Jaken! –pidió Kagome colocándose en medio.

-Si Rin no está aquí, es porque Sesshomaru le ha hecho o dicho algo malo –murmuró el más joven de todos.

-¿Qué le ha hecho Sesshomaru a Rin? –preguntó Miroku, apoyando la teoría de Kohaku, siendo lo más justificante a que la humana no estuviera en la mansión del youkai.

Y a la contienda de Inuyasha, Kohaku y Miroku contra Jaken, se sumó Sango. A pesar de que el pequeño se encontraba en inferioridad, no retrocedió un paso, aunque eso no dejaba que se sintiera nervioso y frustrado de que ningún demonio de los que allí había, saliera en su defensa.

¿Dónde estaban todos esos cobardes cuando más los necesitaba?

-¡Por favor! ¡Deteneos! –Y Kagome seguía en medio, sintiéndose en parte culpable. Si estaban allí, era porque ella misma había alentado a Rin para que viniera.

-¿Puede saberse por qué hay tanto jaleo, pequeño youkai?

Irasue apareció en escena, con su fachada tan tranquila como despreocupada. Los atacantes del grupo de Inuyasha se sintieron ligeramente abrumados por la fuerza que desprendía el alma de aquella mujer tan parecida a Sesshomaru.

-¡Honorable Señora! –clamó Jaken, corriendo hacia ella y casi escondiéndose tras sus faldas-. ¡Esos miserables quisieron atacarme sin más!

-¡¿Cómo que atacarte sin más?! –repitió Inuyasha alucinado.

-¡Vosotros preguntasteis por Rin! ¡Yo respondí! ¡No estuvisteis contentos con la respuesta y ya quisisteis atacarme!

-¿Quieres callar de una vez, pequeño youkai? –pidió Irasue con su voz tan tranquila, que logró no solo intimidar al aludido, sino también al resto de los allí presentes-. En cuanto a vosotros, si ya sabéis que esa niña no está aquí, ¿puede saberse que más buscáis?

-¡Solo ayuda! –pidió Kagome, la más racional de todos en aquel momento.

-¡Kagome! –exclamaron Inuyasha y los demás, ante semejante petición.

-Tanto usted como Sesshomaru pueden percibir sin ningún problema a Rin –seguía Kagome, ajena al disgusto de sus amigos, por no mencionar el de Inuyasha, ya que prácticamente lo ofendía al no valorar su olfato-. No les estamos pidiendo que nos ayuden a buscarla, solo queremos saber la dirección en la que se encuentra.

-¡Pero Kagome…! –estaba a punto de contrariar Inuyasha.

-¡Cállate, Inuyasha! –le ordenó-. ¡Es más importante la vida de Rin que un estúpido orgullo herido! ¡¿O no, Kohaku?! –mirándole duramente, donde el muchacho iba a contradecirla también.

Pero recordar que la vida de Rin era importante, les hizo ceder y permitir que aquella youkai de rostro frío les ofreciese su ayuda… si ella quería, por supuesto.

Irasue observando la petición y la actitud de la humana, no pudo por más que entrecerrar el cejo. Estaba claro que de todo aquel grupo, la única que se preocupaba de verdad por la humana extraviada, era aquella joven. Incluso más que el joven llamado Kohaku, donde a leguas se le veía molesto de tener que estar en el palacio de su hijo. Aún así, ella no le debía nada a ningún humano, no después de que uno de ellos le quitara y arrastrara a la muerte a su querido esposo.

Estaba por denegar su ofrecimiento, cuando una nota mental acudió a su mente. La muchacha extraviada era importante para Sesshomaru.

Y por lo que había olido en esencia, su hijo se había propasado un poco y luego la muchacha había huido como alma que lleva el diablo. Aunque desconociese los detalles, aquella joven se había escapado por su hijo. Y su estúpido hijo seguía en su sitio, como si nada, donde si algo le llegara a pasar, sería incapaz de seguir viviendo y acabaría en el mismo lugar de su padre, compartiendo el mismo sino.

-Dirección noreste, a casi diez kilómetros.

-¡Muchísimas gracias, Señora! –agradeció Kagome con una inclinación respetuosa de cabeza.

-¡Para ti, Honorable Señora! –la recriminó Jaken siguiendo tras las faldas de la youkai.

Y la gran dama, estiró hacia atrás la mano, golpeando la mandíbula del demonio sapo, callándolo de la manera más rápida y efectiva. Algo que observaron Inuyasha y los demás, entendiendo cuánto se parecía Sesshomaru a su madre.

-Todavía sigo sin entender porqué Sesshomaru tiene a ese demonio tan inepto –murmuró con desdén, agitando su garra para borrar el pequeño rastro de sangre que había quedado tras golpearlo.

Y era cierto.

Era una incógnita muy grande.

Pero ahora no tenían tiempo para averiguar la razón de algo estúpido.

Agradeciendo una vez más, Kagome se montó sobre Inuyasha, mientras Sango hacía lo propio con Kirara, quién retrasada, se mantenía a la espera. Miroku y Kohaku irían corriendo por sus propios pies. No tardaron en perderse a través del espeso bosque que rodeaba el palacio e Irasue suspiró, pensando que su hijo estaba con compañías que rompería los nervios a cualquiera, comenzando por la propia humana que había criado y que amaba con una pasión superior a la de su padre hacia Izayoi o hacia ella misma.

-Quizás no debí dejarlo marchar solo para que se fortaleciera durante tanto tiempo siendo tan joven –expuso con voz de mártir, al tiempo que lo tomaba como una posible razón a esa pasión que su hijo sentía.

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-Oe, despierta. ¿Quieres despertar?

Escuchaba Rin como alguien le decía, al tiempo en que la movían con fuerza. Por una fracción de segundo, pensó que debido al tono y la brusquedad, debía de tratarse de Inuyasha. Despertando perezosamente, sintiendo sobre sus mejillas la humedad de las lágrimas, vio aquellos pies desnudos y ligeramente oscuros, por culpa de la noche. Medio adormilada, se imaginó que el hanyou y seguramente los demás, habían salido a buscarla, preocupados de que todavía no regresara.

Ahora debía enfrentarlos…

Se decía, despertándose poco a poco…

Pero…

Parpadeando varias veces, completamente desvelada, Rin se fijó que aunque esa persona tenía los pies descalzos, no tenía el pantalón rojo, propia de la vestimenta del hanyou, sino que hasta las rodillas, tenía las piernas desnudas.

-¡Oe jefe! ¡Mira que muñequita más linda he encontrado!

Y desde luego esa voz tan macabra y burlona no se parecía a la de Inuyasha. Levantando la cabeza, se encontró con un hombre casi sucio, pero con ropa de combate y al fondo, llegando con la luz de las antorchas, más hombres como él, aunque el que más resaltaba era uno montando a caballo, y bien vestido…

Rin palideció al reconocerlos.

Aquel hombre que llegaba en medio de los demás, era el mismo demonio que había visto la otra vez. Y aquellos hombres, los mismos subordinados de entonces. Por lo tanto, aquella gente que la había rodeado…

¡ERAN LOS ASESINOS DE SU FAMILIA!

¡SU PEOR PESADILLA!

Incapaz de pensar en nada coherente, olvidándose que había sido entrenada por Sesshomaru, logrando tener algo de fuerza, capaz de enfrentarse a aquellos verdugos, Rin comenzó a temblar de tal manera, que hasta se escuchaba el castañear de sus dientes.

Aquel demonio bien vestido, se bajó del caballo y con una sonrisa arrogante, se dirigió hacia Rin. A cada paso que daba, Rin sentía que su final estaba a la esquina.

¿No era eso lo que había pedido?

Sí, pero…

Pero si tenía que morir, era Sesshomaru quién tendría que ejecutarla, porque su vida le pertenecía y también porque era el perfecto castigo por haberlo humillado.

-Pero mirad que linda criatura acabamos de encontrar –comentó aquel demonio, una vez frente a ella, colocándose a su altura. El resto de los hombres, solo pudieron evitar reírse por el chiste de su jefe-. Y si no fuera porque está toda sucia, diría que es toda una dama –acariciando sutilmente uno de sus mechones.

La cara de Rin no podía estar más blanca. Incluso las lágrimas estaban presentes sobre sus ojos agrandados del terror.

-Pues jefe, si está sucia, ¿no deberíamos considerarla como tal? –preguntó uno de ellos, relamiéndose los labios.

-Podríamos… -tomándolo como una posibilidad sobre lo qué hacer con esa humana, hasta que la observó con atención, como si le resultara familiar. Luego aproximó su nariz, donde Rin, pensando en lo peor, solo atinó a cerrar los ojos-. ¡Pero, esto…! –lo escuchó decir con gran sorpresa. Sin dejar de temblar y con temor, abrió sus orbes castañas- ¡Menuda coincidencia! –levantándose para soltar una gran risotada- ¡Muchachos, a esta chica la conocemos! –y cogiendo una de las antorchas de sus subordinados, la acercó demasiado a Rin para enfocarla claramente- ¡Resulta que esta joven es aquella niña que se nos escapó hace años! ¡¿Recordáis?! ¡Es aquella niña que estaba siendo desesperadamente abrazada a aquella mujer que imploraba con que perdonaran a su querida niña y que luego fue arrastrada por su hermano, para salvarla, muriendo él, en el proceso! –apartando la antorcha, el demonio la cogió de los pelos, para tirarla al centro de la pista, impidiendo alguna posible huída-. ¡Y a pesar de haber recibido las flechas en su espalda, logró salvar a su querida hermanita! ¡Al final tuvo la misma muerte que su estúpido padre!

Escuchar el relato sobre cómo había muerto su familia, la transportó hacia aquel pasado tan doloroso que mezclado con aquel presente, resultaba un verdadero infierno.

-¡Y a pesar de que la estuvimos buscando como locos, la niñita consiguió escapar… para después de tantos años, poder terminar el trabajo!

-¡Genial, jefe! Entonces, ¿podemos hacerle lo mismo que a su madre? –preguntó otro de sus hombres.

-¿Por qué no? Después de todo, huele a demonio. Parece no importarle quién le meta mano –alzando su mano, para mayor horror de Rin, quién se imaginaba un millón de cosas y ninguna buena-. Y es un buen castigo por haberse escapado de nosotros.

Un castigo…

Y Rin pareció acordarse de Sesshomaru…

Y cuando aquel demonio pasó rápidamente su garra, Rin volvió a cerrar los ojos.

-¡Sesshomaru-sama! –llamándolo con desesperación.

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Antes de que Irasue pudiera entrar al palacio de su hijo, un olor a sangre la detuvo. Observando hacia la dirección en que el grupo de Inuyasha se había marchado, entrecerró el cejo, reconociendo aquel aroma sin dudas.

-¡Pequeño youkai! –llamó la demonio a Jaken, quién intentaba reponerse del golpe-. Ve a avisar a mi hijo inmediatamente. Dudo que ese estúpido que anda en su mundo se haya percatado de que su humana está en peligro.

-¿Ha dicho su humana? ¿Rin? –preguntó repuesto del todo, como si la noticia lo espabilara.

-¡Calla y corre! –ordenó con más fiereza.

-¡Ahora mismo, Honorable Señora! –corriendo hacia el interior del palacio para avisar a su amo.

Aunque a Irasue le disgustara los humanos, aunque no tuviera nada con aquella joven que no había hecho otra cosa que martirizar a su hijo, su hijo seguía queriéndola y si supiera que algo malo le había pasado, a saber de lo qué sería capaz.

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Inuyasha levantó la cabeza, percibiendo el mismo olor que Irasue hace unos momentos.

-¿Qué ocurre, Inuyasha? –preguntó Kagome.

-¡Huelo a sangre!

Y con eso ya dijo todo, puesto que el resto no hacía falta que entrara en detalles sobre lo que sucedía.

-¡Maldición! –murmuró Kohaku y ante la sorpresa de los demás, como si le hubieran suministrado algún tipo de fuerza especial, empezó a correr más rápido que los demás, adelantándose.

-¡Kohaku! –exclamó su hermana.

-¡Keh! ¡Maldito mocoso! ¡No sabe que allí hay un demonio!

-¿Cómo que un demonio? –preguntó Miroku.

-¡Inuyasha, déjame con Sango y Kirara y sigue a Kohaku!

-¡Pero, Kagome…!

-¡Si voy encima de ti, estaré retrasándote! ¡Vamos, rápido! ¡Date prisa!

Sin replicar más por la veracidad en sus palabras, Inuyasha retrocedió unos pasos hasta situarse al lado de Kirara y sin abandonar la carrera, Kagome fue traspasada de la espalda de Inuyasha al lomo de Kirara con la ayuda de Sango. Después de eso, Inuyasha comenzó a correr rápidamente, dejando a sus amigos atrás.

-¡Esperemos que lleguen a tiempo! –decía Miroku preocupado.

Kagome también lo deseaba, porque en parte, se sentía culpable de todo aquello.

-Rin… aguanta…

.

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Sentirse en el infierno era poco. Debido al miedo, su cuerpo pareció haberse quedado quieto, como una muñeca. Sin poder defenderse y sin poder gritar, Rin permitía como aquellos energúmenos, utilizaran sus afiladas armas contra su cuerpo, rasgando su kimono y provocándole heridas superficiales, donde aquellos hombres lo hacían con el único propósito de hacerla sufrir, antes de ir a lo que querían y que se evidenciaba en sus apestosas caras. El jefe de aquel grupo de bandidos, se encontraba cómodamente sentado sobre una piedra, bebiendo del vino que habían robado en la aldea anterior, tras matar a sus aldeanos y observando con una sonrisa de satisfacción lo que sus vasallos le hacían a aquella joven.

-¡Qué curioso! ¡No se queja! ¡Debe de gustarle el sado! –agregaba uno con tanta malicia que más que mirarla a la cara, observaba aquel cuerpo con descaro.

-¡Será por haber estado con un demonio! –comentaba otro, bebiendo del cántaro, donde más de la mitad se escurría por su barbilla. Una vez terminado de beber, se acercó a ella con su espada en mano- ¿Qué pasa, mocosa? ¿Es que no has encontrado humano que sepa montarte que buscas a los demonios para que lo hagan? –acariciando las partes visibles de su cuerpo.

-¡Ju! Es que un demonio sí que sabe complacer a sus hembras –dijo aquel demonio y tiró el cántaro donde bebía el vino- ¡Y si le gusta lo fuerte, así se lo daré! ¡Traédmela!

Y el que la manoseaba, la arrastró con intenciones de llevársela hasta su jefe.

Pero, de repente a aquel humano se le cambió la cara, ante el desconcierto de los demás y cayó al suelo inconsciente.

-Pero, ¿quién…?

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-¡HONORABLE SEÑORAAA! –gritaba Jaken, saliendo a su encuentro.

-¿Qué ocurre, pequeño youkai? ¿Ya avisaste a mi hijo?

-¡No pude, Honorable Señora! –jadeando cuando estuvo ante ella-. ¡Sesshomaru-sama no está en sus aposentos ni en el palacio!

Extrañada de no haberse percatado de su marcha, Irasue quiso asegurarse de que el demonio no se equivocaba.

-¿Estás seguro de que no está dentro?

-¡Segurísimo, Honorable Señora! ¡Incluso he preguntado al resto de los sirvientes, pero nadie sabe de él!

Y el olfato afinado de la youkai la hizo ver que era cierto. Sesshomaru no estaba en palacio, sino que había acudido…

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La caída del hombre que arrastraba a Rin a junto de su jefe, provocó que todos se enfocaran en el causante. Rin también lo hizo. Y la sorpresa en todos fue grande.

La persona que había atacado a su compinche era nada más y nada menos que un jovencito adolescente. Jadeando, supuestamente por alguna carrera que había hecho, llevaba en sus manos el arma del crimen, manchado de sangre.

Rin a pesar de ver a Kohaku, quién había acudido a su rescate, no pudo evitar sentir una punzada de decepción.

Sesshomaru no había acudido a ayudarla, como había hecho siempre.

¿Sería ese parte de su castigo? ¿Olvidarla para siempre?

Kohaku observaba a Rin, la cual le devolvía la mirada en una extraña mezcla de miedo y sorpresa. Pero lo peor para el muchacho era ver el estado en el que se encontraba. Apretando su hoz contra demonios, se encaró valientemente contra aquellos monstruos indeseables.

-Un estúpido humano –murmuró el demonio, levantándose de la piedra-. Parece dispuesto matarnos por haber abusado de su amiguita –mencionó divertido-. Démosle una lección –entrecerrando los ojos.

Para sorpresa de Kohaku, vio como aquel, que era el líder, había alargado sus dedos, convirtiéndose en afiladas cuchillas.

-¡¿No eres un humano?!

-¡Muy tarde para darte cuenta! –abalanzándose hacia él con suma rapidez.

-¡Viento cortante!

El ataque de Inuyasha obligó a aquel demonio a retroceder y a observar con cierta rabia al recién llegado.

-¿Qué…? ¿Qué ha sido eso? –balbuceaba atónito uno de los humanos.

Inuyasha con Tessaiga preparada, se posicionó al lado de Kohaku, dispuesto a dar guerra a aquellos mercenarios.

-¡Keh! Parece que vamos a tener problemas. Todos los que hay aquí son humanos y tenéis suerte de que no pueda mataros. ¡Pero tú! –señalando con el filo de la espada- ¡Tú eres un demonio rastrero que está condenado!

-¿Qué estoy condenado? –repitió como si le hubiera contado un buen chiste-. ¿Y eso me lo dice un hanyou?

-¿Un hanyou? –mencionó otro de los humanos a su servicio.

Inuyasha arrugó la nariz y dejó descansar su espada sobre sus hombros.

-Un medio demonio –le explicó aquel demonio-. Aunque tenga una espada de demonio, un medio demonio jamás podrá contra un demonio puro. Y aún tiene la caradura de decir que estoy condenado –mofándose.

-Me parece que no has entendido lo que te acabo de decir –añadió Inuyasha con una sonrisa maliciosa-. Aparte de que no soy un hanyou cualquiera, y el que hayas atacado a esta humana te convierte en demonio muerto para muchos, en especial para uno.

Aunque hablase enigmáticamente, Kohaku comprendió enseguida que la mención especial era referida a Sesshomaru. Entonces supo, que al igual que él, de los sentimientos del inuyoukai hacia Rin. El muchacho apretó la hoz fuertemente, intuyendo que si Inuyasha lo sabía, entonces Kagome también. Y Kohaku supo la verdadera razón por la que Kagome instó a Rin a que viera a Sesshomaru. Pero, el que Rin se hubiera marchado, ¿significaba que le espantaba saber la verdad? Sería demasiado bonito para que fuera real. Pero…

-¡Rin! –la llegada de Kagome y del resto, donde se enfocaban directamente en la joven, lo sacó de sus ensoñaciones. Y entonces, se regañó a sí mismo por haber pensado en esas cosas en aquel momento- ¡Dios mío! ¡¿Estás bien?! –exclamaba Kagome espantada de cómo estaba.

Y por el rostro de Rin descendieron lágrimas. Todos sus amigos habían venido. Pero él no.

-¡Rin! –viéndola así, Kagome la abrazó dulcemente.

-¡Malditos! –murmuró Sango, quién al igual que Miroku se unieron a Inuyasha y a Kohaku- ¡¿Cómo podéis hacer una monstruosidad así?!

Y el comentario de la exterminadora, pareció ser un halago para aquellos humanos, quiénes sonrieron lascivamente.

-¡Eh, jefe! ¿Qué tal si matamos a esos tres críos y nos quedamos con las mujeres?

-¡Será por encima de nuestro cadáver! –amenazó Miroku furioso de que alguno de aquellos tocara a su querida esposa.

-Que así sea –dijo el demonio, siendo las palabras de inicio de la batalla.

Aquellos humanos se lanzaron en tropel sobre Inuyasha y su grupo. El hanyou, saltando ágilmente por encima de ellos, llegó hasta donde estaban los caballos de los bandidos y cogiendo uno de los kimonos que tenían guardados, seguramente para venderlos y obtener dinero fácil, se lo lanzó a su mujer.

-¡Kagome! –la sacerdotisa, entendiendo, cogió aquella prenda para colocárselo a Rin. La noche era muy fría y aunque Rin parecía desentender el clima, eso no quitaba que a la mañana tuviera consecuencias.

Luego de pasarle la prenda, Inuyasha volvió a saltar y encarar al demonio en un uno contra uno. Sin embargo, aquel demonio parecía no gustarle los enfrentamientos directos, ya que se situó entre sus vasallos para que fueran a por el hanyou.

-¡Mierda!

El demonio viendo como el resto de los aliados del hanyou sabían defenderse, pero se ocupaban más de mantener a sus subordinados inconscientes que matarlos, imaginó que mientras estuviera rodeado por ellos, aquel hanyou no se atrevería a volver a lanzar aquel ataque demoníaco.

-¡Maldición! –perjuraba Sango, dándole a uno con su boomerang, dejándolo inconscientes- ¡Son demasiados!

-Si pudiéramos… -decía Miroku esquivando el ataque de una espada- eliminar a su jefe…

Y es que parecía haber adivinado su punto débil, y eso fastidiaba tanto a Inuyasha como a los demás.

Kagome tampoco se libraba del ataque, pero Kirara se encontraba a su lado para protegerla. Entonces, le llegó una idea a la cabeza.

-Kirara, protege a Rin –le dijo, a lo que la gran gata asintió.

Mientras que Kagome comenzó a trepar por el árbol más cercano.

Solo podrían derrotarlos si mataban a su líder. Y solo había una forma de hacerlo. Dando gracias a llevar consigo su arco y sus flechas, Kagome llegó hasta una rama lo suficientemente gruesa y que pudiera soportar su peso. Cogiendo sus armas, se centró en apuntar a aquel demonio, donde a diferencia de otros contra los que había peleado, no era tan rápido. Podría darle. Podría…

Pero aquel demonio se dio cuenta de sus intenciones, y antes de que pudiera disparar la flecha, se vio sometida a su ataque.

-¡Kagome!

La sacerdotisa pudo esquivarlo, pero la rama también fue víctima de su ataque y Kagome comenzó a caer con gran peligro.

-¡Kagome! –gritó Inuyasha, dirigiéndose hacia ella rápidamente.

Kagome fue salvada por su marido por los pelos. Pero estando todavía en situación crítica, no contaron con que los que estaban inconscientes, volvieran a levantarse y rodearan a todos con el peligro de que si hacían un movimiento en vano, la espada de atrás les atravesaría el pecho y luego la siguiente.

-¡Mierda! –maldijo Inuyasha, con un brazo protegiendo a Kagome.

-Parece que todo acaba aquí –dijo victorioso el demonio-. Si hubierais tenido más sangre fría y matado a mis hombres, no estaríais así. Ese es el mayor problema de los humanos, vuestro estúpido y débil co… -y el demonio se detuvo bruscamente, al ver como misteriosamente uno de sus hombres había caído muerto. Luego otro y otro. En ese momento, Inuyasha sintió un aura bien conocido y se giró viendo sobre el mismo árbol donde había estado Kagome a…

-¡Sesshomaru!

Los ojos de Rin se abrieron como platos que antes de que pudiera girarse, ya tenía al youkai delante de ella, donde su cuerpo le impedía ver a aquellos indeseables que la habían hecho sufrir.

-Sessh…

-Rin, cierra los ojos –fue la orden del youkai.

La orden de Sesshomaru fue escuchada por todos, quiénes intuyendo lo que pretendía hacer, fue Kagome la que se adelantó a gritar.

-¡No lo hagas, Sesshomaru!

Pero sus palabras habían sido en vano, porque en cuestión de segundos, Sesshomaru con su látigo de luz se deshizo con suma habilidad de todos los humanos, dejando expresamente a aquel demonio, que se había encontrado oculto sobre uno de sus vasallos y que ahora mostraba signos de terror ante el poder de aquel demonio, que lo miraba con tanto odio, como si hubiera cometido una atrocidad donde lo había involucrado directamente.

¡La humana! Dedujo.

Pero jamás pudo saber la razón, porque de repente vio aquel demonio en cuatro y después ya no sintió su corazón respirar.

Ver aquella carnicería no era agradable para Inuyasha y los demás. Kagome no había podido evitar esconder su rostro en el pecho de Inuyasha, mientras que el resto, evitaban por todos los medios no mirar aquel atrocidad y a su verdugo. Un verdugo que miraba aquello con total inexpresividad. Desde el momento en que había sentido el olor a sangre de Rin, no había tardado en volar hasta llegar donde estaba. Sin embargo, había sido una sorpresa descubrir como aquel muchacho que amaba a SU humana, había llegado con una rapidez asombrosa, donde los sentimientos del muchacho eran iguales a los suyos. Pero Rin no lo amaba, ella misma se lo dijo. Y a juzgar por cómo se había marchado después del beso, seguramente a él tampoco.

La miró de reojo, donde no había acatado su orden y seguía con los ojos abiertos, puestos sobre su figura. Sus lágrimas acariciaban sus mejillas y le miraba boquiabierta. Lo peor era su vestimenta original, completamente rasgada y que era cubierto por aquel kimono que alguien le había puesto por encima. Así es como la recordaría. Porque si ella no le quería, no iba a obligarla, como tampoco sobrepasarse con ella, aprovechándose de su fuerza como demonio. Jamás lo haría porque… la amaba y solo quería que fuera feliz, aunque eso fuera con otro. Igual que ella había pretendido hacer con él.

Volvió a mirar al frente y sin decir palabra, emprendió la marcha a paso calmado.

-¡Ah! –murmuró Rin, levantándose, pero instantes después, se vio rodeada por Kagome y los demás.

-Rin, ¿estás bien? –preguntó Kohaku.

-Ya ha pasado todo –le decía Kagome.

Pero Rin apenas escuchaba, estaba más centrada en la dirección en la que Sesshomaru se había marchado.

Marchado…

¿Y por qué tenía la extraña sensación de que si lo dejaba marchar no lo volvería a ver?

¡No!

¡Otra vez no!

Esta vez, dijera lo que dijera, no se rendiría. O se quedaba con él o moriría.

Ignorando las frases sobre su estado, Rin se levantó y corrió en la misma dirección en la que se marchaba Sesshomaru. Sabía que eso ocasionaría daño en Kohaku; sabía que algunos como Miroku y Sango no lo verían bien; y sabía que Kagome e Inuyasha la reñirían por lo que tenía en mente, si se quedaba con él. Pero no podía dejar las cosas así con Sesshomaru. No le importaba haber visto con sus propios ojos la auténtica naturaleza del demonio que era. Pero tenía que darle las gracias por haber venido a ayudarla; tenía que confesarle sus sentimientos, aunque sonase falso, después de lo ocurrido; pero era por eso, que lo seguía, para quedarse con él y pedirle que la castigara como él lo viese oportuno.

A los pocos segundos, logró ver su espalda y con una sonrisa imposible de ocultar.

-¡Sesshomaru-sama!

El youkai se detuvo, pero no se giró, sino que volvió a caminar.

-¡Espere, por favor, Sesshomaru-sama!

Volviendo a correr desesperada hasta poder darle alcance.

-¡Espere, por favor! ¡Por favor, no se vaya! –corriendo más- ¡Yo quiero darle las gracias y pedirle perdón!

Sesshomaru volvió a detenerse, como si sus palabras le sorprendieran, pero eso no bastó para que se girara y le hablara. Todo lo contrario, siguió su camino.

-¡Por favor, Sesshomaru-sama! ¡Le ruego que al menos me escuche! ¡Sé que todo lo que hice estuvo mal y le herí en todas las formas posibles al creer que estaba enamorada de Kohaku! ¡Por eso no busco su perdón, porque no me lo merezco! ¡Por eso le pido que me castigue, aunque eso suponga que mi muerte!

Y ahora no solo consiguió detenerle, sino que además, obtuvo el efecto deseado, que la mirara con ligera sorpresa.

Rin también se detuvo y jadeante, lo miró con súplica.

-Soy consciente de que le he humillado y he jugado con sus sentimientos descaradamente. Y no busco su perdón, solo quiero que me castigue por mi osadía. Sea lo que sea, lo aceptaré sin ninguna queja, se lo prometo.

-…

Sesshomaru la observó de arriba abajo. Parecía ser sincera en sus palabras y estar enteramente sometida al castigo.

Sea lo que sea, repitiendo en su mente aquellas palabras, mientras observaba el atuendo debajo de aquel kimono que ayudaba a que no pasase frío y a tapar su cuerpo.

Sin ninguna queja, le había dicho.

Una sonrisa maligna surcó en sus labios durante unas décimas de segundo.

-Sígueme –le ordenó.

Si quería castigo, castigo iba a darle.

.

Rin caminaba detrás de él como víctima que llevan al matadero. Desde el momento en que Sesshomaru le había ordenado que la siguiera con una voz glaciar, no había podido evitar pensar que de lo enfadado que estaba, el castigo sería terrible.

No tenía derecho a quejarse. Ella misma se lo había buscado, así que, fuera lo que fuera, tragaría sus quejas y se sometería sin llorar. Después de todo, el sufrimiento que le había ocasionado a Sesshomaru había sido largo y tortuoso.

¡Te lo mereces por aprovechada!

Le decía una voz en su interior.

Silenciosa, Rin se percató de que se estaban acercando hacia un templo, que a juzgar por su aspecto oscuro y siniestro, parecía estar abandonado.

Allí es donde la estaba llevando para su castigo, un lugar donde nadie podría verles y apartado de toda civilización.

Entraron en aquel templo de paredes y puertas ligeramente gastadas, donde en su interior el frío se hizo más patente que afuera, por lo que Rin se abrigó más con aquel kimono que tenía puesto por encima.

-Quédate ahí de pie –volvió a ordenar el demonio, mientras que él seguía caminando.

Tiritando tanto de miedo como de frío, Rin dejó la mente en blanco sin querer en teorizar sobre qué castigo le impondría Sesshomaru en aquel lugar tan alejado. Lo vio llegar hasta el fondo y girándose para estar frente a frente, el youkai se sentó cómodamente.

Ahí comenzaba el castigo y suspiró con fuerza, preparada para recibirlo del ser que tanto amaba.

-Rin –la llamó después de unos lentos y tortuosos segundos. La joven le sostuvo la mirada, prestándole toda la atención deseada-, es verdad que me has humillado. Tú, una simple humana sin ningún renombre, has conseguido más que cualquier enemigo contra el que me he enfrentado –la acusó con severidad.

-Lo sé –agachando la cabeza avergonzada.

-¿Acaso crees que al pedirme que te castigue, vaya a ser compasivo y acabe perdonándote?

-¡No! –levantándola para volver a verle- ¡Claro que no! ¡No busco eso, enserio!

-Entonces, ¿a qué se debe tanta sumisión a que te castigue? Ignoraba que fueras tan masoquista –se burló.

-Usted lo ha dicho, le he humillado y… -volviendo a bajar la cabeza- e hice daño a la persona que realmente amaba.

-¿Qué me amas? ¿Qué estuviste confusa? –repitió con desdén-. ¿Quieres decirme que todo lo que sufriste y lloraste por aquel humano era falso y ahora por unos cuantos besos que te di, descubriste que en realidad estabas enamorada de mí?

-Así es… -contestó con timidez y el rojo cubriendo las mejillas.

-En otras palabras, que durante todos estos años estabas enamorada de mí y ni te habías dado cuenta, pero sí creías estarlo de Kohaku.

-Sentía algo muy especial por usted… -confirmaba- Pero como usted era un demonio… Odiaba a los humanos… Odiaba a los hanyous… Y yo era una niña con una diferencia grande de edad… No quise ilusionarme más y… enterré esto que sentía…

-Para sustituirme con Kohaku.

-… -la respuesta no podía ser más que obvia.

-Realmente es deprimente –murmurando para sí mismo-. Un youkai de mi categoría interesado en una niña como tú, hasta el punto en que despertabas mis bajos instintos. Pero podía controlarlos, porque odiaba que pensaras que quién te provocaba todas esas sensaciones era Kohaku –acusándola con más frialdad.

-… -más vergüenza sobre la muchacha.

-¿Sabes cuántas noches me calentabas y me la bajabas al llamarme Kohaku?

-…

-¿Tampoco sabes cómo me sentía de humillado al ver que habías escogido a mujeres de tal calaña para mí?

-…

-Y ya que estás tan dispuesta a recibir un castigo, comenzaré por aquellos momentos que me calentabas y luego me apuñalabas al confundirme con aquel mocoso.

Rin levantó la cabeza y lo vio con los ojos entrecerrados, mirándole con tanto odio que parecía matarla. Estaba claro que con su acto equívoco, los sentimientos que Sesshomaru había tenido por ella, habían muerto.

Y dolía… dolía más que la sentencia que le había impuesto.

-Te aviso que no pienso ser condescendiente, Rin –apoyando una mano sobre su mejilla, para observar sus reacciones con especial atención-. Voy a cobrarme todos esos momentos, hoy, una y otra vez. También, mañana, pasado y así, hasta que me canse. Y será como yo quiera. Si te doy duro, aunque llores, no pienso detenerme. Si te pido cosas que te resulten repulsivas, te obligaré a que lo hagas. ¿Aún sigues dispuesta a recibir el castigo?

-… -cerrando los ojos con fuerza.

-Te estoy dando la oportunidad de marcharte, porque después de lo que me has dicho, ya no tengo nada más pendiente contigo.

-Pero marcharme significaría no volver a verle. Y Kagome-sama y los demás, harían lo imposible para animarme. Eso provocaría un pequeño gramo de felicidad que no me merezco.

-¿Insinúas que prefieres someterte al castigo, sin importar que solo te esté usando para después dejarte tirada o para que te mate cuando estés inservible?

-Mi vida… -mirándole con determinación- desde el principio siempre le ha pertenecido. Así que… puede disponer de ella como usted quiera.

-… -una respuesta que le complacía- ¡Quítate el kimono que tienes debajo y mantén el que tienes puesto por encima!

La soga ya estaba sobre su cuello. Mirándole, sin pensar en nada excepto en él y con sumo cuidado, Rin comenzó a quitarse el kimono que tenía rasgado. Primero se desató el obi verde que lo rodeaba, lo único ileso.

Una vez en el suelo, el kimono rasgado pasó a convertirse en una especie de manto como el que llevaba por encima. Se lo quitó, donde la prenda aterrizó en el mismo lugar que el obi.

Una vez que estuvo con aquel kimono que tenía por encima, Sesshomaru podía apreciar perfectamente su feminidad, así como las formas donde estaban sus senos. Sus pezones se habían erizado al contacto con el frío y seguramente, también por miedo.

-Acércate y siéntate a mi lado.

Rin acató la orden. Sus pies desnudos caminaron sobre aquel suelo cubierto de piedrecitas, que le provocaban un ligero dolor sobre la planta, pero ninguno se compararía al que sufriría en cuestión de minutos.

Sentada a su lado, esperó pacientemente a la siguiente orden.

-Aligérame las ropas.

Soltando otro suspiro, Rin se acercó y con dedos temblorosos los colocó en ambos pliegues de la parte superior, sin saber muy bien a qué se refería con aligerarlo. Si quería que le quitara toda la ropa o solo dejarlo medio vestido. Optó por la segunda opción. Si quería que lo desnudara, ya se encargaría de ordenárselo.

Volvió a suspirar con fuerza y lentamente y con cuidado, comenzó a desatar el lazo del pantalón para poder sacarle la prenda superior y así que su pecho estuviera más al descubierto. Una vez hecho, se ruborizó al ver su cuerpo musculoso y bien ejercitado. Resultaba curioso, cómo cambiaban los actos, una vez que descubres los sentimientos hacia la otra persona, pues esa no era la primera vez que lo veía medio desnudo y viceversa.

-Ahora, siéntate encima mía y trata de excitarme.

Y si pudiera los colores la invadieron totalmente. Sus dos peticiones eran demasiado provocativas para ella. La primera, debido al momento en que él la había besado, había sentido su miembro duro bajo su kimono, provocándole un millón de sensaciones familiares, las mismas de su sueño. Y la segunda, porque su experiencia en ese campo solo abarcaba la que había tenido durante sus sueños… con él, podría decirse…

En un acto totalmente desprevenido, Sesshomaru la cogió bajo las axilas y la colocó encima suya, exasperado de que no hubiera acatado su orden.

-Si estabas dispuesta a cumplir tu castigo, cúmplelo y no me hagas esperar estúpidamente –su amenaza tan fría como sus ojos, la hicieron temblar. Definitivamente, había perdido todo rastro de amor que había sentido por ella. Otro castigo que se sumaba- ¡Muévete! –ordenó con fiereza, al ver que volvía a quedarse quieta.

Sentada sobre él, Rin se acomodó, imaginando que si su feminidad hacía contacto con su miembro, a través de la tela del hakama, lograría encenderlo. Y al sentirlo grande y duro, por sus sueños, supo que ya estaba bastante excitado. Centrándose en ese punto, Rin comenzó a moverse hacia adelante y hacia atrás, sin perder el contacto. No sabía si estaba haciendo efecto en él, pero en ella, lograba las mismas sensaciones que en su sueño y que unos grititos quisieran salir de su garganta, clamando su gusto por aquello.

-Solo así no me haces nada –murmuró Sesshomaru en un tono neutro.

Y Rin le miró. ¿Eso significaba que quería que lo besara? Pero viéndole el pecho y recordando su petición anterior, imaginó lo que quería. O eso, o es que estaba jugando con ella como parte del castigo para hacerla sufrir.

Guiándose por sus pensamientos, Rin comenzó a acariciar aquel pecho tan tonificado y tan perfecto, que muchas matarían por tocarlo. Y ahí estaba ella, tocando el fruto prohibido por culpa de un castigo. Un castigo que no le parecía tan terrible, después de todo.

Y fue en ese momento, cuando las cosas comenzaron a ponerse agresivas para la humana. Con una mano sobre la cabeza de Rin, la estampó contra su pecho de forma violenta.

-He dicho que así no me provocas nada. Y di algo, que con Kohaku, gritabas su nombre como una zorra en celo.

¡Ahí estaba el castigo! La soga sobre su cuello, comenzaba a apretar con fuerza.

-¡Usa tu boca de una vez! –demandó con su rostro todavía pegado a sus pectorales.

Tampoco es que tuviera que pensarlo como algo desagradable, ¿no? Era Sesshomaru y no ninguno de aquellos bandidos o aquel demonio que la habían sometido.

Pensando en positivo, Rin acató su orden sumisa. Sacando su lengua comenzó a lamer aquellos pectorales fríos que a su contacto, comenzaron a subir y a bajar a un ritmo acelerado. Escuchándole respirar por la boca, Rin supo que debería estar gustándole, así que trabajó aquel fuerte pecho con su lengua y con sus manos, sin dejar de hacer fricción contra su miembro.

-Sigues… callada… -protestaba el youkai con voz entrecortada- ¿Acaso… estás… pensando en…?

-¡Nunca, Sesshomaru-sama! –interrumpió Rin. Si decía aquel nombre, seguro que le sentaría mal- ¡Solo pienso en complacerlo y que disfrute como desee!

-Pero estás muy callada. ¿Es que tengo que incentivarte? –preguntó con toque malicioso, arrimándola más a él.

-Pues… -¿Qué contestar en esas circunstancias?

-¡Voy a enseñarte cómo se hace! –exclamó en amenaza, quitándole la única prenda que cubría parte de su desnudez.

Y en un arrebato, los pechos de Rin se vieron cubiertos por la boca y por la mano del youkai, provocando un grito agudo en la muchacha por el contacto de sus colmillos y uñas afiladas. A pesar de la sensación punzante, y el pequeño hilo de sangre descendiendo por su piel, la boca y la garra del demonio hacían un trabajo realmente increíble. Su cuerpo que seguía subiendo y bajando, ahora lo hacía con más intensidad, profundizando lo más que pudiera, mientras se frustraba en que aquel miembro no entrara dentro de ella. Lo anhelaba. Quería que algo amortiguara ese cosquilleo que tenía en su entrepierna.

-Sessh… shomaru… sama… -gimiendo su nombre inevitablemente. Aunque sus colmillos y sus uñas rozasen su piel haciéndole ligeros raspones o el sangrado, el pensar en aquello desde otra perspectiva, la ponían caliente y la hacían olvidar que aquello era un castigo. Que solo la estaba usando para satisfacerse. Que eso solo era simple y puro sexo.

Y cuando su feminidad tuvo la atención deseada, Rin suspiró divinamente, clamando el nombre del demonio una y otra vez. La mano que tenía libre, la usaba para estimularla hábilmente, donde la humana volvió a moverse a su compás, tomando los hombros masculinos como soporte para poder ir más rápido.

Sintiendo tantas sensaciones al mismo tiempo, comenzó a moverse más rápido de lo habitual…

Repentinamente, tanto las garras que la acariciaban expertamente como la boca del demonio, se detuvieron bruscamente, dejándola tan necesidad que estuvo a punto de quejarse de que continuara, de que terminara, de que no la dejara así.

-Si tanto lo deseas –separándose un poco, lo suficiente para contemplar su rostro cargado de rabia, por haberla dejado así-, busca otra forma para calmarte.

Aunque hubiera más de una opción, Sesshomaru estaba interesado en saber qué haría. Era parte del castigo, lo reconocía. Pero al separarse de esa manera, se castigaba él también, al tener aquella erección todavía sin ser atendida como era debido.

Aunque le hubiera gustado ver cómo la humana se debatiría sobre cómo hacer, movió su cuerpo disimuladamente, de manera que su erección volviera a chocar contra la intimidad empapada de Rin.

Fue como si se percatara de ello, que Rin lo vio como única alternativa en esos momentos. Dirigió sus dedos hacia su hakama con la intención de liberarlo, pero antes, lo miró como si eso estuviera dentro de las posibilidades.

-Si lo quieres, tendrás que metértelo tú sola.

La idea era un tanto macabra, sobre todo porque era la primera vez de Rin. Pero era un castigo, ¿no? Y ya dijo que no iba a tener contemplaciones con ella.

Para su sorpresa, Rin no desistió de su tarea y liberó aquel miembro erecto, al tiempo en que lo admiraba golosamente.

¡Interesante!

Y torpemente, como si no supiera bien por dónde meterlo, como si el agujero de su feminidad fuese demasiado pequeño, Rin intentaba por todos los medios, metérselo.

Quizás porque al sentir la punta vacilante en su entrada, le irritaba, o porque quería que el castigo fuese inolvidable, que Sesshomaru, sin previo aviso, la empujó hacia abajo. Su expresión al sentir las paredes estrechas rodeándole deliciosamente su miembro contrastaba con la cara que tenía Rin.

Le había dolido mucho. Y hasta había comenzado a llorar de dolor. Pues su miembro había tocado fondo en ella.

A las fosas nasales del demonio le vino el aroma de sangre.

¡Ahora sí que era toda suya!

Entonces el demonio se quedó sorprendido, cómo a pesar de que le dolía, Rin comenzaba a moverse arriba y hacia abajo, de una manera tan tortuosa que le encantaba.

-¿Está… está… a su gusto? –preguntó, mientras seguía lo que le decía el instinto. Sí que dolía. Dolía, a pesar de que estaba tan mojada, que el miembro de su señor resbalaba de manera que se escuchaba los sonidos que estos provocaban. Pero aquel miembro era demasiado grande y gordo para aquella cavidad tan pequeña que tenía. Aún así, si Sesshomaru le había hecho, dio por sentado que era parte del castigo, por lo que tenía que seguir complaciéndole.

-… -sin palabras, Sesshomaru solo observaba el esfuerzo que Rin realizaba. El mismo esfuerzo que había visto de pequeña para poder sobrevivir a su lado. Cerrando los ojos, volvió a mostrar su rostro impasible-. Aún… -pero dios, la sensación de poseerla de esa manera era increíble- sigues… sin usar tu… -¡Maldición! Perjuraba el youkai para sí mismo. Quedarse quieto sin moverse y dejar que Rin lo llevara sola, era una completa tortura, porque para él sus movimientos eran muy lentos- tu… boca…

Y lo fulminó cuando usó como única alternativa sus labios contra los suyos, besándolo con la misma pasión que hace unas horas.

¡Ya no pudo más con aquel ritmo!

Empujándola para que quedara bajo de él y colocando sus manos sobre sus caderas, Sesshomaru comenzó a embestirla con una ferocidad que sorprendía a la humana y que se quejaría de no ser por el beso que ahora llevaba Sesshomaru, donde le impedía articular palabra. A eso, se le sumó las garras calientes de Sesshomaru apretando sus caderas con fuerza. Rin olió a quemado y sintió su piel ardiendo. Entonces supo que Sesshomaru estaba usando sus garras venenosas contra ella.

Quería quejarse. La estaba lastimando a un grado mayor. Quería apartarlo, sacarlo de encima. Dolía cómo entraba y salía de ella, como si la estuviera desgarrando; ardía su vientre bajo como si tuviera llamas sobre ella, danzando sin que nadie pudiera apagarlas.

-¡Sigues siendo una hipócrita! –insultó Sesshomaru- ¡Dijiste que no te quejarías y lo aceptarías todo con sumisión!

Recordar sus propias palabras, hizo que Rin se detuviera. Dejó de intentar resistirse y Sesshomaru volvió a atacar sus labios y a embestirla cada vez más fuerte.

Dolía todo, sentía que iba a morir. Lo sentía porque ya conocía a la muerte.

Y el mismo demonio que le había dado la vida, se la arrebataría en ese momento. Y antes de caer, sintió un líquido espeso recorriendo su interior y que se escurría hacia fuera.

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Sentía su cuerpo desnudo, pero no frío. Aunque sí dolorido, en especial de cintura para abajo y su espalda. Rin comenzaba a desperezarse, tomando nota sobre el lugar y cómo estaba. El amanecer se colaba a través de una de las puertas abiertas y ella se encontraba acostada sobre el suelo, con el kimono intacto cubriéndola. Sentándose, sintió un pinchazo que la hizo encorvarse.

¿Eso significaba que no estaba muerta?

Sintiendo el frío de la mañana, Rin intuyó que no.

Pero… ¿Y Sesshomaru?

Lo buscó con la mirada y sin hallarlo en el interior, divisó parte de su silueta en el exterior.

Suspiró aliviada. Aunque dejarla sola, ahí tirada, habrían sido un complemente perfecto para su castigo, el que estuviera, la dejaba un poco más tranquila.

Rin hizo un sobreesfuerzo por levantarse e intentando no quejarse del dolor que sentía sobre su feminidad, se colocó el kimono encima y se acercó al inuyoukai.

Lo encontró con su típico rostro inexpresivo cara al horizonte y desnudo de pecho para arriba. Cuando se giró, sus ojos no cambiaron ni un ápice.

-¿Qué haces levantada?

-Ahm… ¿Molesto si estoy aquí?

-Haz lo que quieras –dijo volviendo a mirar al frente-. Pero por la tarde seguiremos.

-Lo sé –soltando una gran bocanada de aire con fuerza-. Le prometo que esta vez no me quejaré si me hace daño.

¡Masoquista!

¡Era una masoquista!

Le decía la voz de su subconsciente.

Pero Sesshomaru también había aguantado el dolor que le había causado durante años. Le recordaba la voz de la razón.

¡Estúpida! Le recriminaba su subconsciente.

Durante los días siguientes, Rin sufría de los abusos sexuales del demonio. A cada día, algo nuevo se sumaba, y más fuerte y duro, como le había prometido, le estaba dando. Sin embargo, nunca faltaba sus garras venenosas sobre sus caderas, quemándola tanto por dentro como por fuera y las corridas del lord en su interior.

Con el paso del tiempo, Rin comenzaba a creer que una nueva vida estaba naciendo en ella. Kagome se había ocupado de explicarle de dónde y cómo se hacían los niños. Pero, no sentía ningún síntoma de los que su amiga le había explicado, ni siquiera algo dentro y eso que ya habían pasado tres meses.

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Fue a partir de la décimo sexta semana, que las cosas dieron un giro completamente inesperado.

Como todos los días, Rin despertaba cansada de la sesión de sexo que el día anterior Sesshomaru le daba como castigo. Y como siempre, su bajo vientre dolía por las embestidas rápidas y feroces que le hacía. Sin embargo, últimamente había empezado a sobrellevarlo e incluso a mantener aquel ritmo incansable que parecía tener su señor.

Era un demonio después de todo, y ella una débil humana.

Suspiró con fuerza, sin querer recordar cómo había estado viendo su verdadera naturaleza últimamente. Fijándose en el mismo sitio del exterior, Rin esperaba ver a Sesshomaru mirando el horizonte. Sin embargo, esta vez no encontró silueta. Extrañada y hasta asustada, Rin ignoró el dolor punzante que le provocaba su bajo vientre y sin pararse a colocar el kimono por encima, buscó a Sesshomaru por todas partes.

-¿Sesshomaru-sama? –mirando afuera con más atención.

¡Nada!

Creyendo que ya se había cansado y que la había dejado abandonada, supuso un gran dolor para Rin, quién ya tenía sus ojos impregnados en lágrimas.

Aunque fuera un castigo, preferiría morir que vivir sin estar a su lado. Podría estar permanentemente soportando aquella tortura, que al menos, podría verle y disfrutar de su presencia en las mañanas en las que él no le hacía nada. Solo mirar el horizonte, mientras ella estaba sentada a su lado, ocultando la felicidad que le embargaba aquel momento.

-¡¿Sesshomaru-sama?! –volvió a llamarlo, mientras recorría el perímetro que rodeaba el templo.

Desesperada, comenzó a correr, rogando de que estuviera al otro lado de la esquina, el único que quedaba por ver.

Y lo encontró…

Pero…

No de la forma que le hubiera gustado…

Con los ojos en blanco y sin ningún sonido que su garganta pudiera emitir, Rin se fue acercando a Sesshomaru, quién estaba postrado en el suelo con una herida sobre su pecho y con sus dos espadas poderosas a un lado. Ignoró ambas katanas. Para Rin era más importante ver que aquel cuerpo estaba como la primera vez que lo conoció, al borde de la muerte, pero que con descanso y sin necesidad de sus cuidados, había logrado sobrevivir. Así es como tenía que ser ahora también, se decía, mientras las lágrimas acariciaban su rostro, negándose a creer que él… que Sesshomaru…

-No… no… -murmuraba temblorosa.

Cuánto más cerca estaba, más claro veía la profundidad de la herida y el rostro blanco del lord, con un hilo de sangre cayendo por su labio inferior que estaba separado del superior. Con su cabeza virada hacia un lado y sus ojos rojos, Rin lo veía cada vez más idéntico como la primera vez.

Entonces, estaba vivo, ¿no?

Sentándose sobre sus piernas, Rin tragó saliva antes de acercar sus dedos temblorosos hacia su piel.

Solo estaría herido, entonces ella lo cuidaría y volvería a castigarla hasta matarla y…

-¡No! –pero cuando sintió su piel helada, Rin dejó los condicionalismos y desesperada, comenzó a agitarlo- ¡Sesshomaru-sama, por favor, despierte! ¡POR FAVOR! ¡NO SE MUERA! -¿Qué hacer? ¿Qué hacer?- ¡POR FAVOR! ¡ABRA LOS OJOS! –llorando a lágrima perdida, notando como el aire no salía de sus fosas nasales- ¡NOOO! ¡USTED NO! ¡SOY YO LA QUE DEBERÍA MORIR, NO USTED! ¡NOOOO! –llorando desconsolada sobre su pecho.

Es entonces, cuando se percató de Tenseiga. Ella podía usarla, sabía usarla. Sin más, la cogió e intentó concentrarse para ver a los guardianes de la muerte.

-¡Por favor! –implorando al no ver ninguno. Se concentró con más ahínco, pero nada. Siguió sin ver nada- ¡POR FAVOR! –creyendo que su falta de visión se debía a que no se concentraba como era debido, Rin comenzó a blandir la espada de un lado hacia otro, con la esperanza de acertar a ciegas. Pero el color de Sesshomaru no cambió y Rin se rindió ante lo evidente. Cayó de rodillas como peso muerto, lamentándose de su muerte con la espada en mano.

Sesshomaru había abandonado el mundo de los vivos. No había llegado a construir su imperio. No le había podido reconstruir su orgullo al terminar su castigo. Y ya no lo vería nunca más.

-Nunca más… -no podía soportarlo. Eso sí que no. Cuando Kohaku había muerto, había tenido el consuelo de Sesshomaru, la persona que tanto estimaba y que lo pondría por encima de todos. Pero ahora, sin él, su vida no tenía sentido.

Con la mirada perdida, observó a Tenseiga. No viviría más de un minuto sin él. Si él había muerto, ella también lo haría.

Depositó a Tenseiga debajo del cinturón de su señor, como símbolo sagrado y majestuoso y que no debería mancharse con su sangre. Cogió a Bakusaiga, agradeciendo que estuviera ahí, la miró con una sonrisa triste, viéndola perfecta para su decisión. Antes, volvió a mirar a Sesshomaru por última vez.

-Sesshomaru-sama, siento muchísimo todo lo que le hice –acariciando su rostro por última vez-. Debido a mi insistencia de castigo, nunca tuve la oportunidad de pedirle perdón como tenía que haber sido. Aunque no serviría de nada. Pero ya dije que aceptaba lo que fuera, porque le amo y le he amado en todos estos días que he sido mancillada cruelmente por usted. ¡Soy una tonta que incluso pasándolo mal me sentía feliz! –cerrando los ojos, intentando asomar una sonrisa feliz, la última que le dedicaría-. Y porque usted ya se ha ido, que no puedo vivir en esta vida sin usted. Usted es y ha sido mi todo, mi vida y mi alma. Ojalá pudiéramos volver a aquel día en que lo vi como el príncipe de mis sueños y no ignorar lo que sentía hacia usted –pero eso solo era un sueño, una ilusión-. Y pensar que no verle, ni en el otro mundo… -llorando de disgusto- ¡No puedo! ¡Me duele mucho! –abrazándole nuevamente, pero esta vez con cariño y amor siendo también la última vez. Separándose, viéndolo con gran atención, se irguió y probó sus labios por última vez. Lo último de lo último.

Apretó la katana y sin pensar en nada más, se la clavó en la zona del pecho y cayó muerta sobre él.

FIN

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EPÍLOGO

Rin movía sus párpados ligeramente. Se sentía cómoda, demasiado cómoda. No recordaba sentirse así en sus anteriores muertes. De hecho, no recordaba que pudiera sentir algo después de muerta.

Abrió los ojos y se encontró con un techo de color blanco. Estaba tapada y más abrigada que cuando había estado en aquel templo. De hecho, se sentía bien de salud, sin ningún dolor en su bajo vientre ni nada.

Recordar la causa, hizo que recordara al causante.

-¡Sesshomaru-sama! –sentándose. Entonces se percató que el lugar donde se encontraba eran sus antiguos aposentos, cuando vivía en la mansión del demonio.

-Por fin despiertas –pronunció una voz femenina cargada de frustración.

Rin se giró y para mayor sorpresa se encontró con Irasue, la madre de Sesshomaru.

-Has estado durmiendo casi cinco días –levantándose con la intención de dirigirse a la puerta. Corrió la puerta, donde ahí estaba postrado uno de los tantos sirvientes de su amo-. Que traigan eso.

El youkai asintió al tiempo que hacía una reverencia.

-¿He estado dormida? Pero creí que había muerto… -murmuraba Rin sin entender nada de nada.

La mujer se giró para mirarla con gravedad.

-Los amigos de mi hijastro te encontraron y te salvaron a tiempo –Rin se sintió disgustada por ello. Pero… si a ella la habían salvado…

-¿Y Sesshomaru-sama? ¿Él también…? –preguntaba esperanzada, dejando ahí la pregunta.

-… -la youkai la miró con frialdad.

-¿…se ha salvado…? ¿Verdad?

Pero dada la mirada acusatoria que le lanzaba, parecía que la pesadilla aún seguía bien viva.

-¡No…! ¡NO! ¡ESO ES IMPOSIBLE! –volviendo a llorar desconsolada.

No era justo que ella viviera y que él estuviera muerto. Se suponía que debía ser al revés. Se suponía que los demonios vivían tantos años, que podrían cuidar a sus descendientes durante más de treinta generaciones.

-¿Honorable Señora? –hablaban al otro lado de la puerta, como si pidieran permiso para pasar.

-Adelante.

Rin no se fijó en las youkais que habían entrado con un traje de gala, blanco con detalles rosas con bordados de flores en verde. Parecía casi una mezcla de los ropajes que Irasue y Sesshomaru portaban, pero hecho a medida para Rin.

Sumergida en su mundo, Rin parecía una muñeca, donde las youkais se encargaban de vestirla apropiadamente y arreglarla.

Es que todavía no daba crédito a la noticia. Sesshomaru muerto. Además, no lo entendía. Su amo se había convertido en el demonio más poderoso, cuando Bakusaiga había aparecido junto a su brazo perdido. ¿Cómo era posible que hubiera perdido contra otro demonio? Si es que su rival había sido un demonio. Y lo más importante, ¿cómo podían estar todos tan tranquilos? ¿Es que no lloraban la pérdida de su Señor?

-¡BASTA! –resistiéndose a que siguieran vistiendo con aquellas ropas, lo que sumaba su desconcierto- ¡¿CÓMO PODÉIS ESTAR TODOS TAN TRANQUILOS DESPUÉS DE LA MUERTE DE SESSHOMARU-SAMA?! ¡¿SOBRE TODO, USTED QUE ES SU MADRE?! ¡¿Y POR QUÉ ME VISTEN COMO SI FUERA A UNA FIESTA?! ¡NO TENGO GANAS DE NINGUNA! ¡SIN SESSHOMARU-SAMA NO QUIERO NADA, SOLO MORIR! –llorando a lágrima viva.

-Sesshomaru está muerto –hablaba Irasue con suma naturalidad, que erizaba a Rin-. El mundo no se ha acabado por ello y la vida sigue. Y ahora que él no está, alguien tiene que hacerse cargo de este castillo. Yo tengo mis propias responsabilidades, así que deberás encargarte tú, como nueva Señora del Oeste.

¡¿CÓMO?!

-He escuchado que fuiste entrenada por Sesshomaru y tu poder sobre pasa al resto de los youkais en palacio. Incluso puedes usar a Tenseiga –señalándola, la cual estaba depositada a un lado-. Creo que Sesshomaru hubiera aprobado mi decisión de encargarte de su palacio como Señora absoluta –alegando con una sonrisa de autosuficiencia.

-¡NO QUIERO! ¡HE DICHO QUE QUIERO MORIR!

-Escucha, humana –cambiándole la cara-. Este castillo y todo lo que rodea es propiedad de Sesshomaru. Si el resto de demonios se entera de que no hay nadie custodiándolo, se armaría un completo caos, donde los humanos jamás podrán vivir en paz en sus casas. Y dado que ese idiota no tuvo descendencia youkai, solo quedas tú para sustituirlo. Por supuesto, el hanyou que tengo por hijastro y su mujer sacerdotisa, se quedarán a vivir en este castillo, como guardianes tuyos. Como eres una humana con un límite en tu existencia, el hanyou ocupará tu lugar, después de muerta.

-¡¿POR QUÉ INUYASHA-SAMA NO PUEDE LLEVAR EL CARGO AHORA?! ¡YO NO QUIERO! ¡NO PUEDO!

-Porque ahora mi hijastro tiene a su mujer. Pero cuando mueras, ella ya no estará y no tendrá nada –contestaba con tanta frialdad, que Rin estaba a punto de exasperarse y a insultarla por su poca delicadeza. No estaba de humor para tonterías, solo quería morir, no podía seguir respirando aquel aire donde la sofocaba por la falta de Sesshomaru-. Además, es voluntad mía y de Sesshomaru –agregó.

Pero… ¿Por qué no entendía que sin Sesshomaru, no podía hacer nada?

-Proseguid. Vamos con retraso –ordenó Irasue a las sirvientas, al tener a la niña tan callada, que creía que ya no tenía más argumentos para debatirla.

¿Por qué nadie entendía que su muerte le afectaba más que la de Kohaku, donde solo pensaba en volver clavarse la espada en el corazón?

-¿Cómo murió…? –preguntó en un hilo de voz.

Ese era otro misterio que tenía. No podía creer que perdiera contra un demonio y todos ellos, estuvieran tan tranquilos que no estaban preocupados en darle caza.

-Por protegerte de un demonio –más para su conciencia-. Aquel día, Sesshomaru regresó aquí a palacio para buscar sus espadas y casualmente, un demonio pretendía devorarte mientras dormías. Sesshomaru había llegado a tiempo, pero en un descuido estúpido por protegerte, perdió la vida.

Más motivos para suicidarse.

Agachando la cabeza, Rin solo vio que ocasionaba más problemas de lo que pensaba.

Había humillado a Sesshomaru.

Había sido la causante de su muerte.

Quizás… quizás hubiera sido mejor no haberlo conocido…

Ella estaría muerta… y él podría seguir viviendo como el demonio orgulloso y poderoso que había conocido…

-Ya hemos terminado, Honorable Señora. En seguida procederemos a peinarla –comentó una de las sirvientas.

Y él no habría muerto por su culpa… como había sucedido con su padre, el cual, paradójicamente había resultado una situación similar a la suya. Solo que la madre de Inuyasha tenía a su hijo…

-¡Esperad! –deteniendo a las sirvientas. Acercándose a la humana, se sacó el adorno que tenía sobre uno de los mechones y se lo colocó a ella-. Sesshomaru hubiera preferido que tuviera el pelo suelto. Colocadle un velo blanco y llevadla a la sala.

Como a Sesshomaru le hubiera gustado…

Era increíble como una frase en pasado lejano resultara tan dolorosa.

-¡No quiero! –volvió a repetir en bajo- ¡HE DICHO QUE NO QUIERO! ¡NO PUEDO VIVIR EN ESTE MUNDO SIN SESSHOMARU-SAMA! ¡NO SOY CAPAZ DE HACER NADA SIN ÉL!

-Lo acabarás superando.

-¡NUNCA! –exclamó enfada y mirándola borrosa- ¡NUNCA VOY A OLVIDARLE! ¡Y NO QUIERO LA COMPASIÓN DE NADIE! ¡Por favor…! ¡Dejadme morir…! –pidiendo una vez más.

Justo en ese momento, alguien llamó a la puerta y una voz se escuchó a través de ella.

-Irasue-sama, ¿puedo pasar?

¡Kohaku!

Reconoció Rin enseguida.

¿Qué hacía él aquí?

-Adelante –aceptó la mujer.

No…

No quería verlo…

Pues con su confusión no solo había dañado el corazón de Sesshomaru, sino también el del propio Kohaku al ilusionarlo.

Y ahí apareció él, mirándola directamente con cierta pena, pero adornando su cara con una pequeña sonrisa.

-Estás preciosa, Rin.

Rin desvió la cabeza entre triste y avergonzada. Ahora más que nunca quería morirse.

-A propósito, el muchacho también se quedará en palacio y si lo deseas, puedes comprometerte con él. Sesshomaru ante todo quería tu felicidad –mencionó Irasue.

Y esa noticia la devastó aún más. No quería ningún futuro con nadie. No quería ese futuro que le estaban anunciando como Señora del Oeste. Solo morir… Quizás… si pedía estar sola, podría aprovechar para clavarse la espada con más certeza y así morir tranquila.

-Irasue-sama, podrían dejarme un momento a solas con Rin.

-… -la youkai escudriñó a Kohaku y luego a Rin-. Solo un momento –concedió, para poder retirarse en compañía de las sirvientas.

Cuando estuvieron a solos, Kohaku no dejaba de observar a Rin. Aunque estaba hermosa con aquel traje de parecido al de Sesshomaru, sus ojos estaban impregnados de lágrimas, vacíos y tristes. Tenía una vida donde muchas chicas y hasta demonios femeninos la envidiarían, pero a ella no le hacía ninguna emoción. La pérdida de Sesshomaru le afectaba demasiado. Según su hermana, ni cuando él había muerto, le había llorado de manera semejante.

Suspiró con fuerza.

-Lo siento, Rin. Que estés así es por mi culpa.

La joven le miró sin entender. Se supone que ella tenía la culpa y la que tendría que disculparse. Pero estaba cansada de llorar y aturdida, aunque firme a morir.

-Antes de declararme, sabía lo que Sesshomaru sentía por ti –soltando una mueca triste-. Después de todo, te miraba como lo hacía yo. Creo que con más afecto y deseo. Y tú… -mirando hacia el exterior que la única ventana le ofrecía-. Tú correspondías esa mirada con cariño y felicidad –dijo como si pudiera verlo en el horizonte-. Entonces, supe que lo amabas, pero que algo te detenía a expresar abiertamente esos sentimientos. Por lo que me adelanté –mirándola, donde tenía la boca abierta de la impresión-. Yo te amaba y sabía que si no me declaraba cuanto antes, te perdería ante Sesshomaru. Él no tardaría en cortejarte y… -bajando la cabeza-. Por eso, aprovechando que Sesshomaru no estaba, te confesé todo lo que sentía. Aunque debido a mi desesperación, me quedé corto de lo que realmente significas para mí. Pero fue tu respuesta a mis sentimientos, que tuve que obligarte.

-¿Mi respuesta?

-¿Acaso no lo recuerdas? Cuando te dije que te quería, tú me dijiste inmediatamente…

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-Creo que debería consultarle a Sesshomaru-sama, si él está de acuerdo en tener una relación contigo…

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-No sé si lo utilizaste como pretexto, porque no sabías como rechazarme, ya que Sesshomaru de saberlo, no lo toleraría o lo dijiste inconscientemente, pensando en que si él lo sabía se aferraría más a ti. De cualquier modo, yo no quería aceptar el rechazo porque te quiero mucho Rin. Tú eres la única capaz de hacerme feliz con tu cálida e inocente sonrisa, y capaz de perdonar el pecado de haber matado a mi propia familia. Quería que me ayudaras a superarlo, como yo te ayudaría a superar tu trauma familiar. Por eso, desesperado, te dije todo lo que sentía y te obligué a que fueras mi pareja.

-…

-Y cuando resucité y te vi, junto a mí, llorándome de felicidad, creí que había conseguido tu corazón. Pero cuando estuvimos en la aldea de Inuyasha, descubrí que no era así. Tú eres la clase de persona que necesitan sentir la seguridad de alguien y no eres capaz de consolar a los demás. Y Sesshomaru es el único compatible en este caso.

-…

-No lo veas como algo malo. Sesshomaru te ha criado así, arropada y protegida. Es normal que lo veas cómo alguien maravilloso y hayas acabado enamorado de él. Después de todo, él te ha dado todo lo que nadie pudo darte.

-Y así ha terminado… por mi culpa… -aunque sus palabras fuesen bonitas, la realidad seguía siendo aquella.

-Esas cosas pasan, Rin. Pero estoy seguro que él no te culpa, porque si ha muerto, lo ha hecho para proteger a la mujer que tanto amaba y… -parándose unos segundos, los justos para acercarse a ella y sentarse a su lado- proteger a esa vida que está dentro de ti.

Rin abrió los ojos como platos.

¿Eso significaba que ella…?

Inconscientemente, llevó ambas manos a su vientre.

¡Dios!

-Cuando te encontramos, Irasue-sama detectó en ti un aroma distinto y entonces descubrimos que estabas embarazada. Por eso, no puedes pensar en morirte. No puedes echar por borda lo que Sesshomaru quiso proteger: a su mujer y a su hijo. ¿Por qué sino crees que eres la Señora del Oeste?

-… -¿Un hijo? ¿Estaba llevando un hijo de Sesshomaru? ¿Cómo había sentirse? ¿Feliz o triste? Si estuviera Sesshomaru estaría feliz, pero… no estaba…

-Sesshomaru te hizo suya con el único propósito de convertirte en su mujer. Jaken me ha explicado que así es como funciona en el mundo de los demonios.

-…

Kohaku dejó los hombros caer, como si se hubiera liberado de una gran carga.

-Aunque te sigo amando, ya me he resignado a que en tu corazón solo estará Sesshomaru. Y como soy el culpable, no necesito que me pidas perdón. Me quedaré aquí protegiéndote y también a tu hijo.

-…

-Así que debes vivir por su bien y que no caiga en el mismo destino que tuvo Inuyasha.

-… -¿Vivir? ¿Cómo podía decirle eso cuando no podía dejar de pensar en morir? Pero tenía razón, no podía hacerle a su hijo, al fruto de Sesshomaru.

Otra vez pensar en Sesshomaru hacía que las lágrimas volvieran a descender como si todavía le quedaran más.

-¿Rin?

-No puedo… -confesó y antes de que Kohaku lanzara alguna queja-. Pero tampoco voy a destruir la vida de mi hijo… Entiende Kohaku, no puedo vivir sin él… Todo me recuerda a él… Y pensar que ya no está, me duele… Duele mucho, que no puedo soportarlo…

-¿Y qué piensas hacer?

-El mundo de los demonios hace muchos milagros… Estoy segura que habrá alguna manera de sacar el feto y que lo conserven… No creo que a Inuyasha-sama y a Kagome-sama les importe cuidarlo…

-Pero Rin… ¿Cómo que sacar el feto…?

-¡No puedo aguantar más seguir viviendo! ¡No puedo estar nueve meses así! ¡Podría afectar al bebé! ¡Y no me veo con fuerzas para soportar este dolor tanto tiempo! ¡Si no muero ahora, moriré igualmente, pero de pena!

-… -Kohaku cerró los ojos, suspirando fuertemente y la miró-. Creo… creo que en los aposentos de Sesshomaru-sama debe haber algo que pueda ayudarte. Si estás tan segura de que quieres morir… aunque insisto, a Sesshomaru no le hubiera gustado tu decisión. Él querría que vivieras feliz y sonriendo como siempre.

-Si él no está, no puedo sonreír. Él era mi razón para sonreír.

-Es una pena que te dieras cuenta tarde –levantándose-. Aunque muchos ya sabíamos que tú eras la luz que iluminaba el corazón de Sesshomaru. Si te lo hubiéramos dicho, en vez de temer y quedarnos sorprendido por el hecho de que una niña fuera con él… y si yo me hubiera callado, ahora mismo estarías con él y ese hijo que llevas, ya habría nacido y estaría en tus brazos.

-…

-Al menos si te he perdido, lo he hecho contra alguien imposible de ganar –ofreciéndole una sonrisa de ánimo-. Así que haz lo que tengas que hacer. Yo me ocuparé de retrasar la ceremonia.

-Kohaku… -llamándolo antes de que se fuera-. Lo siento, de verdad y gracias.

-… -ampliando su sonrisa-. Adiós.

Después de que Kohaku abandonara la estancia, inmediatamente apareció Irasue.

-Es la hora –dijo-. Vámonos.

Cabizbaja, Rin se acercó hasta la Tenseiga y la cogió con ambas manos. Aquella espada había hecho tantos milagros, que ahora la veía como un objeto maldito. Para Sesshomaru había sido una katana sin valor y que jamás había usado, hasta que la había visto muerta. Fue ella la afortunada en ser resucitada mediante Tenseiga, ella, una humana. La especie que más aborrecía su amo. Aquella espada había cambiado a aquel demonio de máscara fría, convirtiéndolo en alguien compasivo y poderoso. Todo gracias a Tenseiga.

-¿Humana?

-¿Podría estar unos minutos asolas? Quisiera tomarme un tiempo para tranquilizarme.

-… -y se dio la media vuelta-. No tardes.

Rin volvió a mirar a Tenseiga, viéndola con otra perspectiva. No era tan maldita como pensaba. Era una espada milagrosa que cambiaba vidas y que ahora entendía por qué Inutaisho se la había legado a Sesshomaru. Lo que viene después del milagro es un destino que uno mismo forja. Ella había decidido suprimir sus sentimientos, pensando erróneamente que Sesshomaru jamás la vería como mujer y ese había sido el fatal desenlace. Tenseiga no tenía culpa, simplemente le había dado la oportunidad de vivir una vida con un demonio con un corazón cargado de afecto que comenzaba a crecer.

Colocándola sobre su obi, salió de la habitación, dispuesta a dirigirse a los aposentos de Sesshomaru. Allí la dejaría y buscaría la forma para salvar a su bebé.

Abriendo la puerta corrediza, Rin quedó como una estatua, mientras el asombro la rodeaba cuerpo entero.

-No…

¡No podía ser! Se decía.

¡Era un sueño! Se decía.

Pero el hecho de sentir sus lágrimas frías rozando sus mejillas eran la prueba de que lo que estaba viendo era verdad.

-¡SESSHOMARU-SAMA!

No pensó en nada, simplemente al verlo allí en su propio habitación, sentado sobre el alféizar, mirando por donde ella había entrado, corrió todo lo que sus pies le daban. Echándose a sus brazos, no pudo reprimir su felicidad y sus lágrimas de alegría. Lo miró con tanta alegría que cuando sintió una de sus manos acariciándole dulcemente su larga cabellera debajo del velo con aquella mirada suavizada, volvió a echarse sobre él, aferrándose con fuerza, temerosa de que desapareciera en cualquier momento.

-¡ESTÁ VIVO! ¡ESTÁ VIVO! –era lo único que podía repetir.

-Formaba parte del castigo –habló, mientras la sentaba sobre él y sin dejar de acariciarle el pelo.

-¡¿El castigo?! –mirándole- ¿Entonces, nunca estuvo muerto?

-Yo jamás moriría a manos de un demonio –que era lo que Rin no daba entendido-. Le pedí a Inuyasha que me dejara malherido –algo que por cierto, había disfrutado-, para un demonio como yo es fácil hacer creer a un humano que estaba muerto.

Aunque debería sentirse molesta por el comentario, ver que estaba vivo, era suficiente.

-Además, quería probarte si realmente me querías y si valías para ser la esposa de un demonio.

-¿A qué se refiere?

-Mi supuesta muerte, era un castigo hacia ti y también una prueba para comparar entre mi muerte y la de Kohaku –secándole las lágrimas que aún adornaba sus ojos-. A Kohaku le llorabas día y noche, pero a mí… -todavía impresionado de lo que había hecho- llegaste a sacrificarte al instante, sin importar nada –deslizando su mano hacia su mejilla húmeda y mojada por las lágrimas que había desprendido por él-. Y escuchando todo lo que decías, aún insistías en volver a morir, todo por mí. Estabas dispuesta a lo que sea, incluso a sacrificar lo que tendrías en tu vientre.

-¿Tendría?

-No estás embarazada, Rin. Fue algo que acordé con mi madre y con Kohaku para que te dijeran y saber qué harías ante semejante situación.

-¿No lo estoy? –repitió sintiéndose decepcionada. Ahora que sabía que Sesshomaru estaba vivo, le entristecía descubrirlo.

-Eres joven, Rin. Y yo quiero recuperar el tiempo perdido asolas contigo.

-Pero mi vida pasará rápido. Y entonces…

Sesshomaru dejó de acariciarle su largo cabello y llevó esa misma mano hasta sus caderas, en la misma zona donde ejercía sus garras venenosas.

-Ahora no –y Rin lo miró sorprendida y sin entender-. Al tiempo que con mis garras destruía el óvulo de tu interior para evitar el nacimiento de una criatura, fortalecía tu sistema para que fueras inmune al veneno demoníaco. Necesitaba que cada parte que estaba dentro de mía se mezclara con la tuya, para que te transformara en algo parecido a un hanyou.

Por eso, las últimas veces ella era resistente a aquel veneno.

Por eso, él la hacía sangrar con sus colmillos y sus uñas, mientras que creía que era provocado por la desesperación.

Por eso, él se corría dentro de ella, cuando estaba tan húmeda.

-Como sigas pensando en esas cosas, juro que te arrancaré esa ropa y volveré a hacértelo, sin importar que estén mi madre, Kohaku y los demás –amenazó el youkai con lujuria-. De ahora en adelante, controla tus instintos si no quieres que me abalance, ahora que sé lo que sientes por mí y lo bien que resistes al sexo.

-¿Y si no puedo controlarme? –preguntó inocentemente y sin quererlo.

-¡Hn! Me parece que estás buscando una excusa para posponer la ceremonia, que por cierto, es para presentarte como mi esposa y Señora del Oeste.

-¡¿En serio?! –inquirió emocionada por esas palabras-. Entonces –rodeándole el cuello con sus pequeños brazos-, creo que no les importará esperar un poco más. Porque todos ya saben quién es la esposa del gran Sesshomaru-sama. Y además, he estado muy de bajón por su muerte.

-¿Quién tiene la culpa realmente? –preguntó pícaramente, colocándola mejor para lo que harían.

-Los dos por callarnos lo que verdaderamente sentíamos –respondió Rin, para atrapar sus labios en un beso posesivo. Un beso que fue correspondido de igual manera y que ahora tendrían todo el tiempo del mundo para amarse.

Ya no existía un tercero que los separaba. Ya no existían más esposas. Ya no tenían ningún obstáculo para vivir felices como marido y mujer hasta el fin de sus días.

AHORA SÍ, ¡FIN!


Notas de la autora:

Pues fic terminado y que espero que os haya gustado cómo ha quedado. La verdad, a pesar de que tenía todo esto pensado, no imaginé que llegara a ser tan largo. Y con tantas cosas encima, me ha costado mucho poder escribirlo y finalizarlo.

Debido a mi falta en la promesa, en vez de posponer el epílogo para otro día futuro, lo incluí directamente en este, así como lemon para que me perdonéis.

Y esto es todo en este fic. Muchas gracias a todos por vuestro paciencia y a los nuevos lectores, gracias por seguirlo y por los ánimos.

Nos veremos en los otros fics pendientes o en futuros oneshoots que publique.

Besos, abrazos y gracias a todos.

'Atori'